El blog de Mar Vicent Artículos destacados

El pisito

Es una realidad indiscutible que el problema de la vivienda amarga la vida de cantidad de familias  desesperadas por no poder asegurar una de las necesidades básicas. Tampoco que representa un contundente bloqueo vital para las nuevas generaciones que han de  seguir okupando la casa familiar no por deseo sino por obligación y, en muchos casos,  con desesperación.

Comprar una vivienda en los tiempos que corren es como un deporte de riesgo parecido a subir al Everest, por la dificultades y exigencias que comporta. Pero alquilarla, la solución intermedia y a veces definitiva en otros países europeos, también está fuera del alcance de la mayoría. Importante señalar que tal cosa no sucede porque el parque inmobiliario haya alcanzado sus límites de ocupación sino más bien porque son demasiadas las viviendas vacías que con sus persianas bajadas no contribuyen demasiado al progreso del país.

En Xàtiva hace poco las inmobiliarias dieron la voz de alarma ante el descenso en picado de las viviendas en alquiler que no superaban las 30. Una cifra ridícula a todas luces para una ciudad de casi 30.000 habitantes que pretende crecer en censo y servicios. Algo que se consigue ofreciendo un nivel aceptable de calidad de vida, lo que en todos los casos sin excepción, requiere tener un techo en el que cobijarse a un precio que no sea disparatado.

La mayor parte del importante número de viviendas vacías existentes son propiedad de  alrededor de treinta grandes empresas y cuatro bancos. También hay alrededor de 200 personas propietarias de más de 10 pisos a las que parece razonable considerar grandes propietarias. El Ayuntamiento de Xàtiva dio a conocer hace meses su intención de aplicar recargos del 30% del IBI para animarles a poner sus viviendas al servicio de la comunidad , por supuesto a cambio de una ganancia justa y con todas las garantías.

Y sobre todo está la SAREB , ese banco que empezó siendo malo y que sigue siéndolo a pesar de que cambiara su titularidad que ahora es pública. Y lo es porque las viviendas que posee seguían  sin ponerse a disposición de quienes lo necesitan, a la espera de decisiones como la que se ha hecho pública esta semana. Esa es la decisión que se anuncia ahora a bombo y platillo que py que complementa las medidas anunciadas en la futura Ley de Vivienda  que está recorriendo ya las últimas fases de su carrera para conseguir la aprobación.

Mas de un centenar de pisos son de su propiedad en Xàtiva y facilitarlas en régimen de alquiler con precios sociales, marcará sin duda,  una enorme diferencia.

Bienvenida sea la presión mediática si sirve para contar la realidad, reflejando la inquietud que se vive en la calle a causa de problemas reales que la política ha de resolver. Bienvenidos sean los socios de gobierno si sacan la parte más solidaria y progresista de sus compañeros de viaje.  Bienvenidas sean las elecciones, si ello implica decisiones. Y sobre todo, feliz día de votación para que pierdan unos pocos y ganemos todas.        

16 abril, 2023

Nos han robado la primavera

Sería un puntazo que en lugar de seguir rezongando por el calor que hace , de temer lo que nos espera cuando llegue el verano que ya se anticipa,  de protestar airados ante estas  temperaturas extremas que nos han robado la primavera. …fuéramos capaces de afrontar el problema de cara para ponerle solución.  Se nos da bien el parloteo, la queja furibunda, la protesta desnatada pero nos cuesta comprender  que no es un problema con el que podamos convivir eternamente porque si no acabamos con él, acabará él con nosotros. Y no es una peli apocalíptica para visionar relajadamente comiéndose un helado,  sino una promesa cada vez más real y menos virtual.

El verano de 2022 fue cinco semanas más largo que los anteriores, dice la AEMET, el más caluroso desde hace 107 años, causante directo o indirecto de la muerte de más de 4700 personas en España.  Las flores no brotan cuando toca, cada vez hay menos insectos que aunque nos mortifiquen son necesarios para la supervivencia y este mes la temperatura media de los océanos ha superado todos los registros históricos. Si nada lo remedia, el calor y la sequía podrían instalarse en España en 30 años dejando en Madrid un clima similar al del Marrakech.

El cambio climático es hoy el segundo problema del país y eso ayuda a modificar hábitos , como estamos haciendo indudablemente.

Pero  no todo  depende de nuestras modestas acciones relacionadas con el ahorro de agua o energía. No depende solo y en exclusiva de que reciclemos más o usemos menos plásticos. De que comamos menos carne o vayamos en bus o compremos bombillas de bajo consumo o nos compremos coches no contaminantes. Todo eso ayuda, claro que sí, y es imprescindible para conseguir invertir las prioridades poniendo por delante las necesidades del planeta y no las propias.

Pero ante la absoluta  unanimidad científica  que avisa de las gravísimas consecuencias del  aumento de tan solo 0’5 grados al llegar a final de siglo ( elevación del nivel del mar, extinción de los arrecifes de coral…) hace falta, sobre todo,  el compromiso responsable y coherente de los gobernantes de las potencias mundiales con las políticas de sostenibilidad .

Se trata pues de desalojar de los sillones del poder  -a empujones, a codazos, mayormente con votos que es lo más recomendable-  a quienes los ocupan y son perezosos, ignorantes o defensores de intereses ajenos a la mayoría. Gente como ese cretino senador republicano capaz de asegurar que el calentamiento global es beneficioso a menos que vivas en África. Quizás ese nos pille lejos, pero otros hay mas cercanos que afirman que el cambio climático que vivimos es natural , sin mayores consecuencias que algunos osos polares esqueléticos utilizados para  crear un alarmismo medioambiental injustificado.

Más cerca todavía, al alcance de nuestro voto y nuestra exigencia están las candidaturas autonómicas y municipales que en sus programas electorales deberían incluir inexcusablemente políticas verdaderamente contundentes y eficaces en materia medioambiental.

Se consiguen menos coches con más transporte público. Se reduce el gasto de energía si las calles son lugares habitables con sombras que permitan la supervivencia. Se ahorra agua si la red pública está en las condiciones adecuadas. Los árboles atemperan el ambiente, si no se les deja morir y pueden hacer su labor. La pintura blanca o la grava  frente al hormigón o el asfalto construyen ciudades aptas para la vida.

En época electoral la responsabilidad es compartida entre quien pide el voto y el que lo da. Hay que votar con responsabilidad, apostando por la sostenibilidad si no tienen otro planeta al que irse a vivir.

25 abril, 2023

Santa parálisis

Es esta una semana entre el todo y la nada, noticiosamente hablando. Porque más allá del tema monotemático de la Semana santa y el debate abierto sobre religión o cultura, es como si el país se paralizara y se abriera un gigantesco kit kat que a todo se superpone imponiendo una especie de respiro, que rompe las rutinas habituales.

Lo cierto es que seis de cada 10 personas, que son muchas, habrán acudido a algún desfile o procesión de las 15.000 que pasean las calles de todo el país, pero muy pocos asistirán a los oficios de Jueves o viernes Santo. Y tal vez se debería reflexionar sobre el interesante dato que habla de los casi tres millones de hombres  que componen las cofradías o hermandades en convivencia con un número muy inferior de mujeres que siguen teniendo dificultades para participar como costaleras o similar. Y eso pasa a estas alturas, si.

Los datos hacen pensar  que cada vez está más consolidada una España laica que sabe distinguir a la perfección entre la institución eclesiástica y la práctica religiosa sometida a dogmas, en situación de caída libre en cuanto a número de fieles practicantes, frente al vínculo emocional fruto del sentimiento y del respeto, de la fascinación y del aprecio a la belleza plástica e incuestionable de las tradiciones y figuras de la Semana Santa. Así se explican la abrumadora muchedumbre que llena las calles pero deja vacías las iglesias.

El país se divide pues entre los que se van de procesión y los que se van de viaje. Porque son días viajeros en las que abundan las opciones de viajes de más o menos distancia. Vale tanto irse al pueblo como tres días a Nueva York. Tan frecuente es destensarse a la sombra de los pinos, con buenas charlas, buen tiempo y buenos antidepresivos naturales como marcarse un viaje express a algún destino exótico para romper a martillazos  la rutina cotidiana. Todo vale para marcarse una aparición en las redes sociales dando a conocer, tanto a quien interese como a quien no, la ubicación y ocupación de esos días.

Son fechas  de alta saturación para las casetas y chalets de la contornada, no solo de Bixquert sino en un círculo mucho más extenso, que se perciben ocupadas hasta los máximos posibles e incluso recomendables. Así lo evidencian las docenas de coches aparcados y los griteríos atenuados por la distancia que se multiplican por todos los rincones. Se consumen toneladas de comida y bebidas como si no hubiera un mañana y multitud de pascueros y pascueras diseminados por caminos y senderos, con su longaniza y su mona de Pascua, dan identidad a estas semanas que transcurren con placidez.

No vienen mal para prepararse para la tempestad. La que nos espera en breve, con la vuelta a la estresante actividad habitual con sus tensiones y esfuerzos para superar cada día , más o menos exitosamente, es decir, con alegría y sin sufrir demasiado castigo . A lo que hay que añadir la fiesta de las elecciones que se avecina con su campaña, sus anuncios bomba, sus candidaturas , a veces sorprendentes a veces todo lo contrario.

Debemos considerarlas la fiesta de la democracia, a pesar de las decepciones, los desencuentros y los sonados fracasos que se les asocian. Pero solo hay que pensar en lo malo que era no poder elegir y tener que resignarse a que otros decidieran por nosotras para recuperar algo de la ilusión en dar nuestro voto a quien más nos guste o menos malo nos parezca.

Vayan calentando motores porque la fiesta empieza en breve.

26 abril, 2023

JUGANDO CON LA IGUALDAD

La Navidad es un paréntesis artificial pero secundado universalmente, en el que las rutinas habituales se trastocan asumiendo que durante las próximas semanas se asistirá a multitud de reuniones familiares, encuentros sociales o celebraciones de empresa, en los que se brindará unos cuantos miles de veces deseando salud y felicidad a todo bicho viviente.

En absoluto hay que desmerecer el esfuerzo de anteponer durante esos días la felicidad colectiva a las dificultades privadas que cada cual pelea como puede. No hay porqué cuestionar la sinceridad de esas felicitaciones que se reparten indiscriminadamente a la vecina insolidaria, al colega insoportable o al cuñado chismoso. Hay una tregua tácita pero sólida para aparcar momentáneamente los roces y discrepancias, que ya habrá tiempo de volver a ellos cuando se cierre el paréntesis.

A group of cheerful kids with their palms and clothing painted

Sin embargo, es preciso mantener vivas y activas ciertas creencias que defendemos a capa y espada durante el resto del año, pero que ahora olvidamos, fruto quizás de la vorágine consumista que nos atrapa a todos y de cierto atontamiento generalizado fruto de tanto festejo y comilona. No hay paréntesis posible, ni excepción aceptable en la defensa de principios que no se pueden dejar aparcados bajo el árbol de Navidad.

El jolgorio navideño no puede borrar nuestra firme creencia de que las mujeres y los hombres son iguales en derechos y oportunidades. No se puede actuar desde la más absoluta incoherencia al pretender contentar a la gente pequeña,  un empeño que honra al mundo de los adultos pero que no puede llevarse a cabo transgrediendo principios que defendemos habitualmente.

Sabemos que en sus primeros años, niñas y niños están formándose su propia composición sobre su lugar en el mundo, sobre sus límites, sobre lo que pueden o no hacer, lo que se espera de ellos y lo que tienen prohibido. A ambos hay que mostrarles, no por la vía del discurso sino de la realidad palpable del juguete que reciben, que ser niño o niña no les obliga a nada, ni les impone ningún comportamiento, ni les marca límites que no puedan superar según sus capacidades. No se trata de exterminar a las muñecas sino de que criaturas de ambos sexos aprendan igualmente la importancia de las tareas de cuidado. Los superhéroes forman parte del universo infantil, pero no son solo ellos los que poseen los poderes y protagonizan las hazañas.

Según el Estudio sobre estereotipos y roles de género en la publicidad de juguetes (Instituto de la Mujer, 2020), casi el 40% de la publicidad juguetera, muestra a niñas dulces y guapas dedicadas al cuidado de bebes calvos o muñecas casi tan grandes como ellas. Por el contrario, se muestra a los niños en roles de poder, construyendo edificios, solucionando problemas, ganando batallas. De ahí el acierto del acuerdo suscrito con el sector publicitario y juguetero para fomentar una imagen de los menores plural, igualitaria y libre de estereotipos. Es un gran paso adelante, a falta de que la elección personal de quien saca finalmente la cartera sea también responsable y coherente con la defensa de la igualdad.

Los juguetes que reciben en estas fechas son un factor esencial en su proceso de socialización y quien reste importancia a esta cuestión, quien pretenda minimizarla para que no contamine un escenario tan blanco y navideño como el que vivimos, no tiene más que acordarse de las 11 mujeres asesinadas durante el último mes del año que dejamos atrás.  Es evidente a estas alturas la íntima relación entre la violencia machista que mata y la desigualdad que convierte a las mujeres en víctimas. No hay tregua posible en esta cuestión.

Parir a la carta

Lo de parir con dolor se ha quedado francamente anticuado y en los días que vivimos las mayoría de las personas no considera en absoluto a pesar del mandato bíblico que el sufrimiento sea imprescindible para traer a las criaturas al mundo.

La ciencia avanza que es una barbaridad como decía la zarzuela y por eso hoy existen protocolos sanitarios para la atención al parto que no tienen nada que ver con esas escenas cinematográficas de parto realmente espeluznantes, llenas de gritos aterradores que rompían el tímpano de cualquiera y conducían directamente a la extinción de la especie.

Sin embargo el número de cesáreas se ha incrementado en nuestro país de forma exponencial incluyendo a la comunidad valenciana que además de ser la tierra de las flores, la luz y el amor, puede “presumir” de ser la autonomía con mayor porcentaje de cesáreas de todo el Estado debido, todo hay que decirlo, al número de éstas que se practica en los centros privados.

Una cesárea es una operación quirúrgica que se lleva a cabo cuando los profesionales deciden que el parto por vía vaginal puede ser peligroso para el bebe o la madre. Siendo una intervención mayor que conlleva sus riesgos, no debería realizarse por libre elección de la madre, ni ser una decisión médica que no esté avalada por el diagnóstico necesario. De hecho, la OMS considera admisible sólo un 15% de cesáreas del total de los partos, porcentaje altamente superado en España, según el reciente estudio publicado en los medios de comunicación.

En el Hospital de Xàtiva se produjeron 9575 partos en los últimos 10 años de los cuales el 21 % fueron por cesárea. Mucha mejor marca que el hospital de Ontinyent cuyo porcentaje es del 41.2 % e infinitamente preferible al de cierto hospital privado de Alacant que practica cesáreas al 60% de las mujeres que acuden allí a parir.

En cualquier caso, lo que debería primar en este proceso es el bienestar y la salud del nonato que quiere dejar de serlo y de su madre, que se deberían imponer a las ansiedades personales o la agenda . Lo que no parece recomendable es que los partos se conviertan en una especie de menú a la carta en relación a los cuales la futura madre elige parir con cesárea o de forma natural, como quien elige el color de los patucos. Como tampoco debiera fijar hora y día el especialista responsable que programa las cesáreas según su agenda personal por aquello de la organización del trabajo y no en función de razones médicas fundadas y objetivas.

Las causas de este fenómeno son variadas y diversas. Las matronas dicen, y con razón, que cada vez son menos en la sanidad pública a pesar de que su intervención es decisiva para que las cosas se desarrollen lo más pacíficamente posible. Pero con dos matronas por cada 10.000 habitantes, son difíciles de encontrar. También se habla del perfil de las embarazadas cada vez de mayor edad, lo que no facilita los partos naturales y sobre todo de cierta tendencia a medicalizar el parto exagerando la nota, porque una cosa es cargarse de plano el mandato del dolor y otra añadir riesgos innecesarios al nacimiento de las criaturas. Queda pendiente hablar de la episiotomía, palabro desconocido para muchos pero de fácil y doloroso recuerdo para muchas madres.

En todo caso, parece necesario revisar los protocolos de algunos hospitales y hacer pedagogía con las mujeres que están embarazadas pero no son idiotas para rectificar tendencias peligrosas y bajar el porcentaje. Ganará el sistema, las mujeres y sobre todo las criaturas.

Querida menopausia

En ocasiones da la sensación de que es una enfermedad vergonzosa como la sarna o la gonorrea. Funciona bien como insulto faltón y grosero. Estás menopáusica, les dicen a las mujeres de cierta edad cuando están malhumoradas, cuando enrojecen con facilidad, cuando engordan…Algo similar al uso perverso que se hace de la menstruación adjudicándole un poder limitante sobre las capacidades de las mujeres.

La menopausia como la menstruación son procesos que las mujeres han aprendido a disimular, como si fueran algo vergonzoso. Y sin embargo no son más que diferentes fases que se presentan en la vida de las mujeres. No son ni deberían suponer un problema para ninguna de ellas, porque la modificación de su equilibrio hormonal es un proceso natural que en absoluto compromete su valor como seres humanos.

Para empezar, habría que erradicar esa actitud ligeramente condenatoria y salpicada de compasión que convierte la menopausia en una especie de punto final. Una microcatástrofe cuya aparición indica, desde la atrevida ignorancia, que la mujer está iniciando un proceso de deterioro irreversible que la privará paulatinamente de sus aptitudes físicas y mentales. No importa que, en realidad, lo único que haya terminado sea la capacidad reproductiva de la mujer, estando plenamente vigentes todas las restantes cualidades. La leyenda cuenta otra cosa.

Sin embargo, en ese momento, a los 45 o 50 años, las mujeres pueden vivir, si las dejan, un momento esplendoroso, en el que ser protagonistas de su propia vida como no lo han sido hasta entonces. La esperanza de vida de las mujeres en este país supera los 85 años, por lo que queda un puñado de años para vivir con esperanza y felicidad. Y con salud porque la menopausia no es una enfermedad, ni requiere siempre y en todos los casos tratamientos farmacológicos.

Hace falta acabar con los bulos y mentiras que rodean ese cambio hormonal, destruyendo la autoconfianza de quien sigue siendo quien era, a pesar de los intentos de desvalorizarla o llevarla al rincón de los trastos averiados. La menopausia no engorda, no produce cáncer, no te vuelve loca ni acaba con la vida sexual de nadie. Si se apuesta por una vida sana, por el cuidado en la alimentación y se desarrolla el ejercicio físico necesario y suficiente, el resultado será una mujer plena que no necesitará medicación.

Quizás es difícil creerlo en una sociedad como la nuestra que adora en sus altares la belleza y la juventud. La belleza según unos patrones preestablecidos y nada democráticos que impone con férrea tiranía, decidiendo cual ha de ser el aspecto de las mujeres en cualquier momento de su vida si quieren recibir la aprobación social. La juventud, de una forma falsa e hipócrita, porque si de verdad se valorara a la juventud de este país se actuaría de forma mucho más contundente para ofrecerles un futuro. Pero lo que se adora en realidad es la estética juvenil aun siendo una cualidad efímera, que inevitablemente se perderá con el tiempo.

Así pues, una mujer en fase menopáusica no es bella, tal como establecen los cánones. Tampoco es joven, obviamente, atendiendo exclusivamente al calendario. Pero si la mirada que recibe no es peyorativa, ni está cargada de prejuicios, se puede descubrir en ella a una mujer que ha acumulado experiencias que quizás la hayan hecho más sabia, emociones que le permiten entender conflictos ajenos, resistencias que le permite sobrevivir a pesar de obstáculos realmente difíciles. Una mujer pasada la menopausia puede elegir no ser bella, sino ser ella, tal como prefiera, en función de su propio recorrido vital. Una gran diferencia que marca solo una letra.

EL DILEMA DE LAS EXTRAESCOLARES

Muchas familias disfrutan anticipadamente del inicio del curso escolar, como agua de mayo en años de sequía, porque el verano se hace largo y tortuoso cuando se han de atender a criaturas de corta edad que no se pueden almacenar en vitrinas durante el verano. Sin olvidar que ellas están en su derecho de vivir días sin horarios ni obligaciones, en resumen, a tener vacaciones.

Es el manido tema de la conciliación, término al que se la va poniendo el apellido de la corresponsabilidad para significar que no es un problema unipersonal que sólo atañe a un miembro de la pareja, sino que son ambas partes las implicadas y responsables del cuidado de los menores a su cargo. Y esa es la intención, faltaría más, aunque sea ciertamente difícil conjugar las necesidades de unos con las obligaciones de otros, por lo que el caos está servido.

Tras el paréntesis veraniego, muchas familias andan como pollos sin cabeza intentando

Pablo picaso

Es la hora de las extraescolares porque la tendencia inmediata es buscar la colocación de las criaturas. Sobre todo, cuando no se tienen como antaño familiares con el suficiente grado de abnegación y buen estado de conservación como para afrontar esta responsabilidad. Hace 10 años el último estudio realizado por el Ministerio de Educación dictaminó que el 90% de los alumnos de Primaria ocupaba las tardes después de clase con actividades deportivas, aprendizaje de idiomas, música o baile.

Tanta unanimidad plantea diferentes reflexiones. La primera, ya antigüa, sobre los efectos causados a la población infantil con ese stress formativo, esa saturación de horarios , esa presión para desarrollar actividades dirigidas, que como a todo hijo de vecino, a veces les apetecerán y otras no tanto. Ya se va detectando que una de las carencias de la gente joven es la incapacidad para organizar sus tiempos, para aprender a administrarlos, algo que no aprenden en su infancia cuando sus horarios están pautados por lo menos cinco días a la semana desde que se levantan hasta que se lavan los dientes para irse a la cama y el concepto de tiempo libre es un puro espejismo.

Muy preocupante también, según avisan especialistas en la materia, es la desigualdad que generan las extraescolares, que a veces pueden ser un lujo al alcance de las familias con más recursos que arrincona a los más pobres. Si ya en edades tan tempranas, desde los 6 a los 12 años, hay quienes reciben refuerzo, amplían conocimientos, consolidan técnicas…se están gestando ya futuros diferentes. De ahí la importancia de una oferta de extraescolares pública, asequible y de calidad.

En todo caso, se debería ir pensando en soluciones que dieran tiempo de respiro a los menores, rechazando la prolongación de sus horas “lectivas” y apostando por la reducción de los tiempos de trabajo de los adultos. Algo que por supuesto no depende de la voluntad de quienes viven a costa del sudor de sus frentes y tienen poca voz y ningún voto en la organización del mundo laboral. Aunque van surgiendo, tímidas pero consistentes propuestas e iniciativas que apoyan la racionalidad de los horarios y la disminución de la jornada laboral. Y por ahí se abre un fecundo camino a recorrer.

10 EUROS Y RECORTES DE REVISTAS

Ha sido noticia recientemente la condena definitiva a tres años y medio de una pareja que aunque residente en otra población obligaba a una mujer a lo que denominan prostitución coactiva, actividad  que realizaba en un polígono industrial de Xàtiva.

La trajeron con engaños desde su país, le arrebataron cualquier posesión material y le privaron de cualquier contacto con persona humana  exceptuando por supuesto, a sus clientes. Y de estos debía de haber muchos dada la extensa jornada de “trabajo” impuesta a su “empleada” a la que durante dos años depositaban a las 10 de cada mañana en mitad de la huerta, para que durante 9 horas atendiera el negocio y consiguiera pingues beneficios. De hecho la pareja de proxenetas, que no tienen ocupación conocida,  han manejado considerables cantidades de dinero e incluso han comprado, al parecer, una casa en su país de origen.

Todo ello gracias a esa mujer, que no merece otro nombre que víctima y también, por supuesto, a los clientes. Es este un eufemismo amable  para denominar a los hombres, de todas las edades, de todas las clases sociales, de profesiones y ocupaciones diversas, que acudían en número considerable (uno de cada cuatro hombres en este país utiliza de forma habitual estos servicios).Eufemismo hipócrita porque se ha de ser muy poco hombre para pagar por tener relaciones sexuales con alguien que evidentemente lo hace de manera forzada, obligada por la violencia, el afán de subsistencia y la completa soledad.  Inmoralidad llevada al sumum, porque se ha de tener bien encallecida la conciencia,  para mirar las caras de  las  mujeres que se estiman y no entender el dolor y humillación que causan a la que pagan en el polígono.

Si no hubiera demanda, no habría oferta, dicen las abolicionistas. Y tienen toda la razón del mundo porque si no hubiera quien comprara cuerpos ajenos como quien compra carne animal, nadie se vería en el dilema de venderlos como forma de supervivencia, ni nadie podría enriquecerse mediante la explotación ajena. Son los usuarios del servicio quienes deberían estar en el foco de la condena pública y ser objeto de sanción disuasoria, porque son ellos los que dan origen al pingüe negocio, que no es el oficio más viejo del mundo,  sino la forma de explotación más antigüa que se conoce.

En Xàtiva no hay datos, y solo una negación absoluta y discutible sobre la existencia de este mercado infrahumano que en Valencia implica la existencia de 164 clubs y más de 17.000 pisos. No hay datos, pero noticias como esta salpican de vez en cuando los titulares de la actualidad local, lo que induce a pensar que quizás es un tema pringoso y desagradable que algunos piensan que es  mejor no mirar de frente. Otras localidades como Albal, sí lo hacen aprobando una ordenanza que multa a los puteros por demandar sexo pagado en el término municipal. Si lo hacen, será porque quieren y porque pueden, es la conclusión lógica, siendo un ejemplo a imitar.

Y no es medida en absoluta desacertada si se quiere poner palos en la rueda del Cadillac en el  que pasean los “empresarios” del sector. Para que su negocio muera de inanición, hay que desalentar a los usuarios por la vía de la pedagogía y también por la vía de la sanción, efectiva y contundente. Todo ello acompañado es evidente, de las medidas necesarias  para que ellas, las que venden lo único que tienen que son sus cuerpos, abandonen las celdas solitarias en las que las obligan a vivir, teniendo como únicas posesiones materiales algunos recortes de fotografías de animales y 10 euros.

TIEMPO LOCO

En la cola de la frutería, un señor intentaba apasionadamente convencer a la clientela de que era normal y habitual que lloviera durante 20 días seguidos,  a pesar de que la mayoría del personal en absoluto acostumbrada a andar con  botas de agua, paraguas e impermeable, sienta ya la tentación de buscarse un Arca de Noe donde ponerse a resguardo. Hablaba del refranero ( en Abril, aguas mil…) de lo bueno que era para el campo ( aunque no parece haber unanimidad sobre ello..)… rememoraba nostálgico otras primaveras también muy lluviosas….en fin, que el hombre se esforzaba para normalizar el fenómeno, con poco éxito porque  lo cierto es que no tenía ninguna razón.

Hay cosas, sucesos, acontecimientos que no son normales, no son habituales, no son frecuentes y que no se prestan a  falsificar la verdad , a adaptarla a nuestro punto de vista , a nuestra manera de pensar a base de martillazos hasta que todo encaje.

Que llueva tanto no se debe sólo a que el tiempo este loco, que es un recurso muy común de conversación de ascensor, pero poco más. El tiempo está loco, sí, , y por eso a veces atravesamos épocas de sequías donde a los pantanos se les ven las vergüenzas porque se quedan casi vacíos  a los que siguen diluvios universales como este que estamos viviendo que dificulta enormemente la vida, genera problemas mentales poco asumidos pero evidentes, causa problemas de movilidad cortando carreteras y caminos y , sobre todo , origina enormes pérdidas a un sector tan castigado y prioritario como es el campo. Como el tiempo está loco han desaparecido las primaveras y los otoños y nos hemos acostumbrado a pasar del frío, tampoco demasiado exagerado, a días de enorme y bochornoso calor. Por eso la nieve se ha convertido en un bien escaso y en las estaciones de esquí la han de fabricar como quien fabrica algodón de azúcar. 

Pero la terrible cuestión que subyace es que el tiempo no está loco sino que lo hemos vuelto loco nosotros, la insensata Humanidad a pesar de avisos y amenazas que ya vienen de lejos pero que por un oído entran y por otro salen, como si no hubiera nada en medio.  Los viene haciendo la comunidad científica con argumentos que no deberían ser objeto de discusión,  sin conseguir que asumamos que el planeta y sus recursos son finitos, aunque nuestra estupidez y capacidad destructora sea infinita. Y ninguno hacemos lo que debemos. Ni a gran escala, ni a pequeña, no nos engañemos.

Los Gobiernos siguen aprobando directrices que ellos mismos incumplen sistemáticamente y el daño sigue produciéndose de forma inexorable desde el desprecio más o menos explícito a las políticas de sostenibilidad. En el papel se siguen proponiendo medidas y en los discursos abundan las buenas intenciones, pero en la práctica nadie pone freno a las grandes empresas que contaminan impunemente, que explotan recursos naturales sin ningún miramiento a lo que dejan atrás. Incluso hay políticos, cuya acción de gobierno si algún día llegaran a gobernar sería catastrófica, que afirman desde la más completa ignorancia y la mas estúpida soberbia que el cambio climático es una enorme mentira, una falacia, un espejismo. Que afirman con total descaro y desvergüenza que el calentamiento del planeta evitará que la gente muera de frío. Y que por ello votan en contra de las leyes que pretenden garantizar un planeta que podamos seguir habitando.

Pero existe  también una responsabilidad individual que no se puede negar. Empezando por la que nos obligaría a desmentir a quienes pueden aumentar el daño con sus mentiras. Continuando por incorporar a nuestros hábitos cotidianos las precauciones necesarias para contribuir al bien común. Desde evitar el uso innecesario del coche, hasta usar el transporte público pasando por reciclar correctamente o no hacer un uso abusivo de la climatización.  Desde consumir productos elaborados con respeto a la naturaleza hasta no participar en la orgía consumista que solo a algunos reporta beneficios.  Desde no usar bolsas de plástico que asfixian el medio ambiente hasta apagar luces, separar  la basura, usar bombillas de bajo consumo, evitar aparatos siempre enchufados, cerrar los grifos …No es una  lista de los boy scouts, es la descripción de la forma de actuar propia de personas inteligentes que quieren mantener vivo y en condiciones un lugar donde vivan las próximas generaciones.

30.3.2022

EL GOL DE LA HOMOFOBIA

De la homofobia solo se habla el día que toca, cuando los arco iris proliferan y la mirada se centra en el gravísimo problema que tienen algunas personas que no pueden soportar que existan otras con determinadas orientación o identidad sexual. Hay que empezar a hablar con propiedad y resaltar que el conflicto no lo provocan quienes son víctimas de insultos y ataques, sino  los agresores, los que se creen con derecho a meterse en las camas ajenas a poner orden, siempre su orden, que no se sabe por qué orden divina, prima sobre los derechos y libertades del resto de la humanidad.

Hemos avanzado mucho desde aquella ley de peligrosidad social que consideraba vagos y maleantes a quienes se salían de la norma obligada. Desde aquella sociedad hipócrita y cobarde que veía vicio y perversión donde sólo había humanidad y deseo de ser feliz. Hoy somos ciertamente un país a la cabeza de derechos LGTBI y de integración de la diversidad. Hemos reformado leyes y aprobado otras para poner remedio a injusticias históricas, pero hacerlo es mucho más fácil que cambiar usos y costumbres, que erradicar prejuicios muy consolidados en la conciencia individual.

La homofobia es algo tan vergonzoso para una sociedad que se dice civilizada que es necesario reiterar la condena un día sí y otro también hasta conseguir que sus manifestaciones autodescalifiquen automáticamente a quien las manifieste. Hasta crear un sólido muro de rechazo frente a los brutales ataques homófobos producidos en los últimos meses, con violentas palizas indiscriminadas, término curioso por lo que da a entender de que las hay necesarias.

Es preocupante advertir que, aunque hay una gran mayoría social que ya superó efectivamente la mirada torcida y maliciosa, asumiendo con naturalidad y respeto la realidad sexual de cada cual, existe también una reacción violenta que busca la crispación y la exclusión, patrocinada ideológicamente por quienes presumen de su intención, si consiguieran los votos suficientes, de negar derechos que hoy en día parecen de imposible cuestionamiento. Parecen, aunque no lo son.

Quizás todo se deba a que la visibilización y normalización de la diversidad sexual, ocupando el espacio público al que tienen tanto derecho como cualquiera, escuece y altera a los sectores más retrógrados de la sociedad, convenientemente estimulados por quienes quieren llegar al poder para encerrarlos a todos en el armario del que, para ellos, nunca debieron salir. Muy parecido a lo que pasa contra el feminismo que nunca había estado tan presente y, como reacción, nunca tan atacado y distorsionado.

El futbol no está libre de la homofobia, como bien saben los árbitros en los partidos en los que la deportividad y el respeto brillan por su ausencia. También los futbolistas de distintas generaciones, desde Míchel hasta Guti pasando por Cristiano Ronaldo. Todos ellos han recibido insultos que   denotan la pervivencia del prejuicio sustentado en los vestuarios y en las gradas que exige a los jugadores una heterosexualidad militante e incuestionable para no romper la falsa imagen que asocia hombría y calidad deportiva. Demasiado poco se ha trabajado para facilitar la existencia de referentes no heterosexuales en el mundo del fútbol, en gran parte para no fastidiar el negocio acusando la presión de los patrocinadores.

Pero a nadie se le escapa la enorme repercusión social del futbol y su capacidad pedagógica y ejemplificadora. Por eso es necesario  impulsar en todos los campos , desde el Paquito Coloma que tan bien conocemos hasta el Santiago Bernabeu,  conductas siempre deportivas, con especial énfasis en el respeto que merecen los jugadores,  como modelo de conducta para niños y niñas que allí aprenden a ser adultos.