El blog de Mar Vicent Artículos destacados

JUGANDO CON LA IGUALDAD

La Navidad es un paréntesis artificial pero secundado universalmente, en el que las rutinas habituales se trastocan asumiendo que durante las próximas semanas se asistirá a multitud de reuniones familiares, encuentros sociales o celebraciones de empresa, en los que se brindará unos cuantos miles de veces deseando salud y felicidad a todo bicho viviente.

En absoluto hay que desmerecer el esfuerzo de anteponer durante esos días la felicidad colectiva a las dificultades privadas que cada cual pelea como puede. No hay porqué cuestionar la sinceridad de esas felicitaciones que se reparten indiscriminadamente a la vecina insolidaria, al colega insoportable o al cuñado chismoso. Hay una tregua tácita pero sólida para aparcar momentáneamente los roces y discrepancias, que ya habrá tiempo de volver a ellos cuando se cierre el paréntesis.

A group of cheerful kids with their palms and clothing painted

Sin embargo, es preciso mantener vivas y activas ciertas creencias que defendemos a capa y espada durante el resto del año, pero que ahora olvidamos, fruto quizás de la vorágine consumista que nos atrapa a todos y de cierto atontamiento generalizado fruto de tanto festejo y comilona. No hay paréntesis posible, ni excepción aceptable en la defensa de principios que no se pueden dejar aparcados bajo el árbol de Navidad.

El jolgorio navideño no puede borrar nuestra firme creencia de que las mujeres y los hombres son iguales en derechos y oportunidades. No se puede actuar desde la más absoluta incoherencia al pretender contentar a la gente pequeña,  un empeño que honra al mundo de los adultos pero que no puede llevarse a cabo transgrediendo principios que defendemos habitualmente.

Sabemos que en sus primeros años, niñas y niños están formándose su propia composición sobre su lugar en el mundo, sobre sus límites, sobre lo que pueden o no hacer, lo que se espera de ellos y lo que tienen prohibido. A ambos hay que mostrarles, no por la vía del discurso sino de la realidad palpable del juguete que reciben, que ser niño o niña no les obliga a nada, ni les impone ningún comportamiento, ni les marca límites que no puedan superar según sus capacidades. No se trata de exterminar a las muñecas sino de que criaturas de ambos sexos aprendan igualmente la importancia de las tareas de cuidado. Los superhéroes forman parte del universo infantil, pero no son solo ellos los que poseen los poderes y protagonizan las hazañas.

Según el Estudio sobre estereotipos y roles de género en la publicidad de juguetes (Instituto de la Mujer, 2020), casi el 40% de la publicidad juguetera, muestra a niñas dulces y guapas dedicadas al cuidado de bebes calvos o muñecas casi tan grandes como ellas. Por el contrario, se muestra a los niños en roles de poder, construyendo edificios, solucionando problemas, ganando batallas. De ahí el acierto del acuerdo suscrito con el sector publicitario y juguetero para fomentar una imagen de los menores plural, igualitaria y libre de estereotipos. Es un gran paso adelante, a falta de que la elección personal de quien saca finalmente la cartera sea también responsable y coherente con la defensa de la igualdad.

Los juguetes que reciben en estas fechas son un factor esencial en su proceso de socialización y quien reste importancia a esta cuestión, quien pretenda minimizarla para que no contamine un escenario tan blanco y navideño como el que vivimos, no tiene más que acordarse de las 11 mujeres asesinadas durante el último mes del año que dejamos atrás.  Es evidente a estas alturas la íntima relación entre la violencia machista que mata y la desigualdad que convierte a las mujeres en víctimas. No hay tregua posible en esta cuestión.

Parir a la carta

Lo de parir con dolor se ha quedado francamente anticuado y en los días que vivimos las mayoría de las personas no considera en absoluto a pesar del mandato bíblico que el sufrimiento sea imprescindible para traer a las criaturas al mundo.

La ciencia avanza que es una barbaridad como decía la zarzuela y por eso hoy existen protocolos sanitarios para la atención al parto que no tienen nada que ver con esas escenas cinematográficas de parto realmente espeluznantes, llenas de gritos aterradores que rompían el tímpano de cualquiera y conducían directamente a la extinción de la especie.

Sin embargo el número de cesáreas se ha incrementado en nuestro país de forma exponencial incluyendo a la comunidad valenciana que además de ser la tierra de las flores, la luz y el amor, puede “presumir” de ser la autonomía con mayor porcentaje de cesáreas de todo el Estado debido, todo hay que decirlo, al número de éstas que se practica en los centros privados.

Una cesárea es una operación quirúrgica que se lleva a cabo cuando los profesionales deciden que el parto por vía vaginal puede ser peligroso para el bebe o la madre. Siendo una intervención mayor que conlleva sus riesgos, no debería realizarse por libre elección de la madre, ni ser una decisión médica que no esté avalada por el diagnóstico necesario. De hecho, la OMS considera admisible sólo un 15% de cesáreas del total de los partos, porcentaje altamente superado en España, según el reciente estudio publicado en los medios de comunicación.

En el Hospital de Xàtiva se produjeron 9575 partos en los últimos 10 años de los cuales el 21 % fueron por cesárea. Mucha mejor marca que el hospital de Ontinyent cuyo porcentaje es del 41.2 % e infinitamente preferible al de cierto hospital privado de Alacant que practica cesáreas al 60% de las mujeres que acuden allí a parir.

En cualquier caso, lo que debería primar en este proceso es el bienestar y la salud del nonato que quiere dejar de serlo y de su madre, que se deberían imponer a las ansiedades personales o la agenda . Lo que no parece recomendable es que los partos se conviertan en una especie de menú a la carta en relación a los cuales la futura madre elige parir con cesárea o de forma natural, como quien elige el color de los patucos. Como tampoco debiera fijar hora y día el especialista responsable que programa las cesáreas según su agenda personal por aquello de la organización del trabajo y no en función de razones médicas fundadas y objetivas.

Las causas de este fenómeno son variadas y diversas. Las matronas dicen, y con razón, que cada vez son menos en la sanidad pública a pesar de que su intervención es decisiva para que las cosas se desarrollen lo más pacíficamente posible. Pero con dos matronas por cada 10.000 habitantes, son difíciles de encontrar. También se habla del perfil de las embarazadas cada vez de mayor edad, lo que no facilita los partos naturales y sobre todo de cierta tendencia a medicalizar el parto exagerando la nota, porque una cosa es cargarse de plano el mandato del dolor y otra añadir riesgos innecesarios al nacimiento de las criaturas. Queda pendiente hablar de la episiotomía, palabro desconocido para muchos pero de fácil y doloroso recuerdo para muchas madres.

En todo caso, parece necesario revisar los protocolos de algunos hospitales y hacer pedagogía con las mujeres que están embarazadas pero no son idiotas para rectificar tendencias peligrosas y bajar el porcentaje. Ganará el sistema, las mujeres y sobre todo las criaturas.

Querida menopausia

En ocasiones da la sensación de que es una enfermedad vergonzosa como la sarna o la gonorrea. Funciona bien como insulto faltón y grosero. Estás menopáusica, les dicen a las mujeres de cierta edad cuando están malhumoradas, cuando enrojecen con facilidad, cuando engordan…Algo similar al uso perverso que se hace de la menstruación adjudicándole un poder limitante sobre las capacidades de las mujeres.

La menopausia como la menstruación son procesos que las mujeres han aprendido a disimular, como si fueran algo vergonzoso. Y sin embargo no son más que diferentes fases que se presentan en la vida de las mujeres. No son ni deberían suponer un problema para ninguna de ellas, porque la modificación de su equilibrio hormonal es un proceso natural que en absoluto compromete su valor como seres humanos.

Para empezar, habría que erradicar esa actitud ligeramente condenatoria y salpicada de compasión que convierte la menopausia en una especie de punto final. Una microcatástrofe cuya aparición indica, desde la atrevida ignorancia, que la mujer está iniciando un proceso de deterioro irreversible que la privará paulatinamente de sus aptitudes físicas y mentales. No importa que, en realidad, lo único que haya terminado sea la capacidad reproductiva de la mujer, estando plenamente vigentes todas las restantes cualidades. La leyenda cuenta otra cosa.

Sin embargo, en ese momento, a los 45 o 50 años, las mujeres pueden vivir, si las dejan, un momento esplendoroso, en el que ser protagonistas de su propia vida como no lo han sido hasta entonces. La esperanza de vida de las mujeres en este país supera los 85 años, por lo que queda un puñado de años para vivir con esperanza y felicidad. Y con salud porque la menopausia no es una enfermedad, ni requiere siempre y en todos los casos tratamientos farmacológicos.

Hace falta acabar con los bulos y mentiras que rodean ese cambio hormonal, destruyendo la autoconfianza de quien sigue siendo quien era, a pesar de los intentos de desvalorizarla o llevarla al rincón de los trastos averiados. La menopausia no engorda, no produce cáncer, no te vuelve loca ni acaba con la vida sexual de nadie. Si se apuesta por una vida sana, por el cuidado en la alimentación y se desarrolla el ejercicio físico necesario y suficiente, el resultado será una mujer plena que no necesitará medicación.

Quizás es difícil creerlo en una sociedad como la nuestra que adora en sus altares la belleza y la juventud. La belleza según unos patrones preestablecidos y nada democráticos que impone con férrea tiranía, decidiendo cual ha de ser el aspecto de las mujeres en cualquier momento de su vida si quieren recibir la aprobación social. La juventud, de una forma falsa e hipócrita, porque si de verdad se valorara a la juventud de este país se actuaría de forma mucho más contundente para ofrecerles un futuro. Pero lo que se adora en realidad es la estética juvenil aun siendo una cualidad efímera, que inevitablemente se perderá con el tiempo.

Así pues, una mujer en fase menopáusica no es bella, tal como establecen los cánones. Tampoco es joven, obviamente, atendiendo exclusivamente al calendario. Pero si la mirada que recibe no es peyorativa, ni está cargada de prejuicios, se puede descubrir en ella a una mujer que ha acumulado experiencias que quizás la hayan hecho más sabia, emociones que le permiten entender conflictos ajenos, resistencias que le permite sobrevivir a pesar de obstáculos realmente difíciles. Una mujer pasada la menopausia puede elegir no ser bella, sino ser ella, tal como prefiera, en función de su propio recorrido vital. Una gran diferencia que marca solo una letra.

EL DILEMA DE LAS EXTRAESCOLARES

Muchas familias disfrutan anticipadamente del inicio del curso escolar, como agua de mayo en años de sequía, porque el verano se hace largo y tortuoso cuando se han de atender a criaturas de corta edad que no se pueden almacenar en vitrinas durante el verano. Sin olvidar que ellas están en su derecho de vivir días sin horarios ni obligaciones, en resumen, a tener vacaciones.

Es el manido tema de la conciliación, término al que se la va poniendo el apellido de la corresponsabilidad para significar que no es un problema unipersonal que sólo atañe a un miembro de la pareja, sino que son ambas partes las implicadas y responsables del cuidado de los menores a su cargo. Y esa es la intención, faltaría más, aunque sea ciertamente difícil conjugar las necesidades de unos con las obligaciones de otros, por lo que el caos está servido.

Tras el paréntesis veraniego, muchas familias andan como pollos sin cabeza intentando

Pablo picaso

Es la hora de las extraescolares porque la tendencia inmediata es buscar la colocación de las criaturas. Sobre todo, cuando no se tienen como antaño familiares con el suficiente grado de abnegación y buen estado de conservación como para afrontar esta responsabilidad. Hace 10 años el último estudio realizado por el Ministerio de Educación dictaminó que el 90% de los alumnos de Primaria ocupaba las tardes después de clase con actividades deportivas, aprendizaje de idiomas, música o baile.

Tanta unanimidad plantea diferentes reflexiones. La primera, ya antigüa, sobre los efectos causados a la población infantil con ese stress formativo, esa saturación de horarios , esa presión para desarrollar actividades dirigidas, que como a todo hijo de vecino, a veces les apetecerán y otras no tanto. Ya se va detectando que una de las carencias de la gente joven es la incapacidad para organizar sus tiempos, para aprender a administrarlos, algo que no aprenden en su infancia cuando sus horarios están pautados por lo menos cinco días a la semana desde que se levantan hasta que se lavan los dientes para irse a la cama y el concepto de tiempo libre es un puro espejismo.

Muy preocupante también, según avisan especialistas en la materia, es la desigualdad que generan las extraescolares, que a veces pueden ser un lujo al alcance de las familias con más recursos que arrincona a los más pobres. Si ya en edades tan tempranas, desde los 6 a los 12 años, hay quienes reciben refuerzo, amplían conocimientos, consolidan técnicas…se están gestando ya futuros diferentes. De ahí la importancia de una oferta de extraescolares pública, asequible y de calidad.

En todo caso, se debería ir pensando en soluciones que dieran tiempo de respiro a los menores, rechazando la prolongación de sus horas “lectivas” y apostando por la reducción de los tiempos de trabajo de los adultos. Algo que por supuesto no depende de la voluntad de quienes viven a costa del sudor de sus frentes y tienen poca voz y ningún voto en la organización del mundo laboral. Aunque van surgiendo, tímidas pero consistentes propuestas e iniciativas que apoyan la racionalidad de los horarios y la disminución de la jornada laboral. Y por ahí se abre un fecundo camino a recorrer.

10 EUROS Y RECORTES DE REVISTAS

Ha sido noticia recientemente la condena definitiva a tres años y medio de una pareja que aunque residente en otra población obligaba a una mujer a lo que denominan prostitución coactiva, actividad  que realizaba en un polígono industrial de Xàtiva.

La trajeron con engaños desde su país, le arrebataron cualquier posesión material y le privaron de cualquier contacto con persona humana  exceptuando por supuesto, a sus clientes. Y de estos debía de haber muchos dada la extensa jornada de “trabajo” impuesta a su “empleada” a la que durante dos años depositaban a las 10 de cada mañana en mitad de la huerta, para que durante 9 horas atendiera el negocio y consiguiera pingues beneficios. De hecho la pareja de proxenetas, que no tienen ocupación conocida,  han manejado considerables cantidades de dinero e incluso han comprado, al parecer, una casa en su país de origen.

Todo ello gracias a esa mujer, que no merece otro nombre que víctima y también, por supuesto, a los clientes. Es este un eufemismo amable  para denominar a los hombres, de todas las edades, de todas las clases sociales, de profesiones y ocupaciones diversas, que acudían en número considerable (uno de cada cuatro hombres en este país utiliza de forma habitual estos servicios).Eufemismo hipócrita porque se ha de ser muy poco hombre para pagar por tener relaciones sexuales con alguien que evidentemente lo hace de manera forzada, obligada por la violencia, el afán de subsistencia y la completa soledad.  Inmoralidad llevada al sumum, porque se ha de tener bien encallecida la conciencia,  para mirar las caras de  las  mujeres que se estiman y no entender el dolor y humillación que causan a la que pagan en el polígono.

Si no hubiera demanda, no habría oferta, dicen las abolicionistas. Y tienen toda la razón del mundo porque si no hubiera quien comprara cuerpos ajenos como quien compra carne animal, nadie se vería en el dilema de venderlos como forma de supervivencia, ni nadie podría enriquecerse mediante la explotación ajena. Son los usuarios del servicio quienes deberían estar en el foco de la condena pública y ser objeto de sanción disuasoria, porque son ellos los que dan origen al pingüe negocio, que no es el oficio más viejo del mundo,  sino la forma de explotación más antigüa que se conoce.

En Xàtiva no hay datos, y solo una negación absoluta y discutible sobre la existencia de este mercado infrahumano que en Valencia implica la existencia de 164 clubs y más de 17.000 pisos. No hay datos, pero noticias como esta salpican de vez en cuando los titulares de la actualidad local, lo que induce a pensar que quizás es un tema pringoso y desagradable que algunos piensan que es  mejor no mirar de frente. Otras localidades como Albal, sí lo hacen aprobando una ordenanza que multa a los puteros por demandar sexo pagado en el término municipal. Si lo hacen, será porque quieren y porque pueden, es la conclusión lógica, siendo un ejemplo a imitar.

Y no es medida en absoluta desacertada si se quiere poner palos en la rueda del Cadillac en el  que pasean los “empresarios” del sector. Para que su negocio muera de inanición, hay que desalentar a los usuarios por la vía de la pedagogía y también por la vía de la sanción, efectiva y contundente. Todo ello acompañado es evidente, de las medidas necesarias  para que ellas, las que venden lo único que tienen que son sus cuerpos, abandonen las celdas solitarias en las que las obligan a vivir, teniendo como únicas posesiones materiales algunos recortes de fotografías de animales y 10 euros.

TIEMPO LOCO

En la cola de la frutería, un señor intentaba apasionadamente convencer a la clientela de que era normal y habitual que lloviera durante 20 días seguidos,  a pesar de que la mayoría del personal en absoluto acostumbrada a andar con  botas de agua, paraguas e impermeable, sienta ya la tentación de buscarse un Arca de Noe donde ponerse a resguardo. Hablaba del refranero ( en Abril, aguas mil…) de lo bueno que era para el campo ( aunque no parece haber unanimidad sobre ello..)… rememoraba nostálgico otras primaveras también muy lluviosas….en fin, que el hombre se esforzaba para normalizar el fenómeno, con poco éxito porque  lo cierto es que no tenía ninguna razón.

Hay cosas, sucesos, acontecimientos que no son normales, no son habituales, no son frecuentes y que no se prestan a  falsificar la verdad , a adaptarla a nuestro punto de vista , a nuestra manera de pensar a base de martillazos hasta que todo encaje.

Que llueva tanto no se debe sólo a que el tiempo este loco, que es un recurso muy común de conversación de ascensor, pero poco más. El tiempo está loco, sí, , y por eso a veces atravesamos épocas de sequías donde a los pantanos se les ven las vergüenzas porque se quedan casi vacíos  a los que siguen diluvios universales como este que estamos viviendo que dificulta enormemente la vida, genera problemas mentales poco asumidos pero evidentes, causa problemas de movilidad cortando carreteras y caminos y , sobre todo , origina enormes pérdidas a un sector tan castigado y prioritario como es el campo. Como el tiempo está loco han desaparecido las primaveras y los otoños y nos hemos acostumbrado a pasar del frío, tampoco demasiado exagerado, a días de enorme y bochornoso calor. Por eso la nieve se ha convertido en un bien escaso y en las estaciones de esquí la han de fabricar como quien fabrica algodón de azúcar. 

Pero la terrible cuestión que subyace es que el tiempo no está loco sino que lo hemos vuelto loco nosotros, la insensata Humanidad a pesar de avisos y amenazas que ya vienen de lejos pero que por un oído entran y por otro salen, como si no hubiera nada en medio.  Los viene haciendo la comunidad científica con argumentos que no deberían ser objeto de discusión,  sin conseguir que asumamos que el planeta y sus recursos son finitos, aunque nuestra estupidez y capacidad destructora sea infinita. Y ninguno hacemos lo que debemos. Ni a gran escala, ni a pequeña, no nos engañemos.

Los Gobiernos siguen aprobando directrices que ellos mismos incumplen sistemáticamente y el daño sigue produciéndose de forma inexorable desde el desprecio más o menos explícito a las políticas de sostenibilidad. En el papel se siguen proponiendo medidas y en los discursos abundan las buenas intenciones, pero en la práctica nadie pone freno a las grandes empresas que contaminan impunemente, que explotan recursos naturales sin ningún miramiento a lo que dejan atrás. Incluso hay políticos, cuya acción de gobierno si algún día llegaran a gobernar sería catastrófica, que afirman desde la más completa ignorancia y la mas estúpida soberbia que el cambio climático es una enorme mentira, una falacia, un espejismo. Que afirman con total descaro y desvergüenza que el calentamiento del planeta evitará que la gente muera de frío. Y que por ello votan en contra de las leyes que pretenden garantizar un planeta que podamos seguir habitando.

Pero existe  también una responsabilidad individual que no se puede negar. Empezando por la que nos obligaría a desmentir a quienes pueden aumentar el daño con sus mentiras. Continuando por incorporar a nuestros hábitos cotidianos las precauciones necesarias para contribuir al bien común. Desde evitar el uso innecesario del coche, hasta usar el transporte público pasando por reciclar correctamente o no hacer un uso abusivo de la climatización.  Desde consumir productos elaborados con respeto a la naturaleza hasta no participar en la orgía consumista que solo a algunos reporta beneficios.  Desde no usar bolsas de plástico que asfixian el medio ambiente hasta apagar luces, separar  la basura, usar bombillas de bajo consumo, evitar aparatos siempre enchufados, cerrar los grifos …No es una  lista de los boy scouts, es la descripción de la forma de actuar propia de personas inteligentes que quieren mantener vivo y en condiciones un lugar donde vivan las próximas generaciones.

30.3.2022

EL GOL DE LA HOMOFOBIA

De la homofobia solo se habla el día que toca, cuando los arco iris proliferan y la mirada se centra en el gravísimo problema que tienen algunas personas que no pueden soportar que existan otras con determinadas orientación o identidad sexual. Hay que empezar a hablar con propiedad y resaltar que el conflicto no lo provocan quienes son víctimas de insultos y ataques, sino  los agresores, los que se creen con derecho a meterse en las camas ajenas a poner orden, siempre su orden, que no se sabe por qué orden divina, prima sobre los derechos y libertades del resto de la humanidad.

Hemos avanzado mucho desde aquella ley de peligrosidad social que consideraba vagos y maleantes a quienes se salían de la norma obligada. Desde aquella sociedad hipócrita y cobarde que veía vicio y perversión donde sólo había humanidad y deseo de ser feliz. Hoy somos ciertamente un país a la cabeza de derechos LGTBI y de integración de la diversidad. Hemos reformado leyes y aprobado otras para poner remedio a injusticias históricas, pero hacerlo es mucho más fácil que cambiar usos y costumbres, que erradicar prejuicios muy consolidados en la conciencia individual.

La homofobia es algo tan vergonzoso para una sociedad que se dice civilizada que es necesario reiterar la condena un día sí y otro también hasta conseguir que sus manifestaciones autodescalifiquen automáticamente a quien las manifieste. Hasta crear un sólido muro de rechazo frente a los brutales ataques homófobos producidos en los últimos meses, con violentas palizas indiscriminadas, término curioso por lo que da a entender de que las hay necesarias.

Es preocupante advertir que, aunque hay una gran mayoría social que ya superó efectivamente la mirada torcida y maliciosa, asumiendo con naturalidad y respeto la realidad sexual de cada cual, existe también una reacción violenta que busca la crispación y la exclusión, patrocinada ideológicamente por quienes presumen de su intención, si consiguieran los votos suficientes, de negar derechos que hoy en día parecen de imposible cuestionamiento. Parecen, aunque no lo son.

Quizás todo se deba a que la visibilización y normalización de la diversidad sexual, ocupando el espacio público al que tienen tanto derecho como cualquiera, escuece y altera a los sectores más retrógrados de la sociedad, convenientemente estimulados por quienes quieren llegar al poder para encerrarlos a todos en el armario del que, para ellos, nunca debieron salir. Muy parecido a lo que pasa contra el feminismo que nunca había estado tan presente y, como reacción, nunca tan atacado y distorsionado.

El futbol no está libre de la homofobia, como bien saben los árbitros en los partidos en los que la deportividad y el respeto brillan por su ausencia. También los futbolistas de distintas generaciones, desde Míchel hasta Guti pasando por Cristiano Ronaldo. Todos ellos han recibido insultos que   denotan la pervivencia del prejuicio sustentado en los vestuarios y en las gradas que exige a los jugadores una heterosexualidad militante e incuestionable para no romper la falsa imagen que asocia hombría y calidad deportiva. Demasiado poco se ha trabajado para facilitar la existencia de referentes no heterosexuales en el mundo del fútbol, en gran parte para no fastidiar el negocio acusando la presión de los patrocinadores.

Pero a nadie se le escapa la enorme repercusión social del futbol y su capacidad pedagógica y ejemplificadora. Por eso es necesario  impulsar en todos los campos , desde el Paquito Coloma que tan bien conocemos hasta el Santiago Bernabeu,  conductas siempre deportivas, con especial énfasis en el respeto que merecen los jugadores,  como modelo de conducta para niños y niñas que allí aprenden a ser adultos.

HUELE MAL

Esta semana se ha recordado una vez más, una realidad maloliente que, como no desaparece, se hace necesario repasar año tras año. Maloliente es lo que huele mal, y así se ha de percibir el hecho de que las mujeres con empleo remunerado de este país, en cómputo general, reciban salarios inferiores al de los hombres.

La diferencia salarial, no es un espejismo, ni un montaje demagógico que inventan algunas mujeres a las que les gusta sentirse víctimas. Es un hecho empírico que queda demostrado fehacientemente tras el análisis de los datos salariales provenientes de fuentes oficiales. Que establece, fuera de toda discusión, que, en 2019, las mujeres ganaron 5.252 euros menos al año que los hombres. CCOO traduce esta cantidad en una brecha del 24%, que es el porcentaje en el que se debería aumentar el salario anual de las mujeres para igualar al de los hombres.

El primer truco consiste en pagar de forma distinta empleos que en realidad tienen igual valor, si se consideraran las funciones desempeñadas. Hay que hilar fino para encontrar la diferencia entre las tareas de administración y secretaría que determinan que la  primera tenga retribución más alta que la segunda,  dándose la pasmosa casualidad de que los puestos de administrativos suelen ser ocupados por hombres mientras que el secretariado, tradicionalmente, es cosa de mujeres.

Otro elemento causante de que las nóminas de las mujeres sean, casi siempre y en general inferiores, es la falta de corresponsabilidad. Abordar la tarea de los cuidados casi en solitario, excepto honrosas excepciones, mengua significativamente la bolsa salarial de las mujeres. No solo en su presente, sino también en su futuro. Las jornadas parciales que casi monopolizan para poder atender todas sus obligaciones, no son nada rentables. Todas esas reducciones de jornada para atender a menores y dependientes, todas esas excedencias forzadas por circunstancias familiares conforman una vida laboral con grandes agujeros que derivan en pensiones inferiores por término medio, a las de los hombres que, ciertamente, tampoco son para echar cohetes.

Por último, hay un tercer mecanismo, origen de esta brecha que es casi precipicio, que son los complementos salariales, cantidades asignadas a cada trabajador o trabajadora que valoran aspectos determinados de su tarea. Es curioso que se retribuya la circunstancia de estar disponible a toda hora, de currar en festivos o de noche que son “méritos” asequibles para los hombres, quizás porque hay alguien que se queda con la familia durante su ausencia. Es intrigante la razón por la que complementos como la toxicidad se asigna sin discusión a operarios que manejan productos químicos, pero no a las trabajadoras de la limpieza que manejan un verdadero arsenal. Es difícil explicar porque se recompensa, muy justamente, con un plus el esfuerzo físico de quien levanta sacos de 50 Kg, pero no a las mujeres que movilizan a pulso y con cuidado a personas enfermas que superan ese peso.

El diagnóstico está hecho. Da igual tu ocupación o tu formación: si eres mujer, la brecha salarial te roba más de una hora de sueldo al día. Si eres mujer y vives en Valencia trabajas gratis desde el 15 de octubre.                            Si eres mujer trabajarás el doble para cobrar la mitad.

Falta el capítulo de soluciones que pasan por valorar con justicia cada puesto de trabajo, hacer una asignación justa de los complementos que correspondan y, sobre todo, por equilibrar y redistribuir la tarea de los cuidados entendiéndola como factor esencial y determinante de la economía de un país que no puede seguir recayendo abusivamente sobre las sobrecargadas espaldas de las mujeres. Ya toca empezar a hablar de eso.

MEMORIA HISTÓRICA

A veces, hay que vencer esa insidiosa tentación de encerrar bajo siete llaves cualquier recuerdo o mención a episodios tan insoportables como las políticas de exterminio vividas durante la Segunda Guerra Mundial. Para mucha gente, resultan tan increíblemente crueles y denotan tal anestesia moral y crueldad infinita que resulta imposible asimilarlas. Más teniendo en cuenta que más allá del ingente número de víctimas, hubo una considerable parte de la población que se sumó, no ya con su silencio sino incluso con su protagonismo activo al bando criminal. Esa innegable realidad, vista con los ojos de la memoria histórica, es especialmente inquietante por lo que demuestra de nuestra capacidad de enterrar de un plumazo nuestros valores en un pozo oscuro donde no molesten. Aunque de ello pudiera depender la supervivencia, dice muy poco de esa superioridad moral que decimos que nos identifica y nos hace superiores a los animales.

Se puede comprender que haya gente que nunca visitaría Auschwitz en un placentero viaje de turismo, ni un horno crematorio, ni la casa de Ana Frank. O que no leería jamás “El Pijama a rayas” por muy best seller que fuera, o vería a regañadientes “La vida es bella”, sólo porque la calidad cinematográfica del guion permitía soportar  el retortijón y la angustia hábilmente mezcladas  con el sentido del humor y la ternura. En todo caso, ninguna opción es cuestionable porque cada cual afronta sus miedos y congojas como puede.

De lo que nunca deberíamos prescindir, en todo caso, es del recuerdo como homenaje a las víctimas y como garantía del nunca más. Y sobre todo de lo que no deberíamos abdicar jamás es de denunciar, acusar, recriminar e inculpar siempre y en todo lugar a los personajes, y sobre todo a las ideologías que están en el origen de la matanza y la tortura de tantísimos millones de personas. No son admisibles los silencios cansados, la indiferencia desde la superioridad , el desprecio mudo que no se comparte. No caben aquí criterios de rendimiento político, de prioridades en función de intereses partidistas o personales. Es una obligación personal y colectiva negar el pan y la sal, cerrando todas las puertas a todas aquellas teorías, personas u organizaciones, que empiezan trivializando, siguen poniendo en duda y acaban por negar una historia que efectivamente la inmensa mayoría preferiría que no hubiera existido. Porque su objetivo no es otro que es recrear un escenario donde fueran más afortunados en el reparto de poder y  pudieran repetirse tales hazañas. Y eso tiene mucho peligro.

Por eso hace falta mucha pedagogía para la gente joven a la que resulta difícil percibir en el aburrido relato de los libros de historia , el pánico vivido en los campos de exterminio. Mucha persuasión para no olvidar que las urgencias sociales que hoy vivimos , nuestras preocupaciones cotidianas serían invalidadas si cambiaran las reglas básicas del juego de la convivencia que nos permite la supervivencia. Imprescindible fomentar el respeto y el entendimiento entre las personas, negando cualquier legitimidad al discurso del odio y huyendo del buenismo fatuo para construir con inteligencia una sociedad asentada en la justicia y la igualdad .

Hace falta un discurso permanente que no solo mire atrás, sino también al presente para identificar y extirpar todos los rebrotes envenenados que intentan renacer. Y convendría que fuera un discurso único y sin fisuras de todos los partidos democráticos sin ausencias ni desencuentros que deberían subordinarse a la relevancia del objetivo que se persigue.  Nos jugamos mucho ante un desafío, fruto del eterno conflicto entre el amor y el odio, que nos hace invencibles o nos condena a la autodestrucción.

EL TREN QUE NO LLEGA

La conjunción de las protestas ciudadanas, la difusión mediática y la intervención política son tres elementos en íntima interrelación, cuya acción conjunta suele conseguir reacciones de calado, aunque no siempre definitivas.

Esta vez han conseguido la visita de toda una Ministra de Transportes que visitó recientemente la Estación del Norte de Valencia e intentó dar respuesta a los graves problemas existentes en la Red de Cercanías. Lo intentó, aunque lo consiguió muy relativamente, quizás porque el problema no se arregla con unas cuantas contrataciones, ni sustituyendo trenes por autobuses, ni devolviendo el dinero de los viajes fallidos.

A la mayoría de las personas usuarias de este servicio público les sabe a poco, a poquísimo, que haya informadores a pie de vía que ilustren sobre los retrasos y cancelaciones de los trenes que te debían llevar puntualmente al trabajo o a casa, después de un día cansado. De lo que se trata es de que no haya nada que informar en ese sentido.

Dijo la ministra que en un par de semanas serán contratados ocho maquinistas. Aleluya, porque es, efectivamente, uno de los elementos esenciales para que el tren funcione. Pero son  pocos para una plantilla con demasiadas bajas, por otra parte previsibles, en razón a las jubilaciones previstas que  nadie se ocupó de cubrir. De los restantes elementos imprescindibles para el saneamiento integral de la red de cercanías, nada dijo. Nada sobre las inversiones estructurales que se precisan para mejorar la red ferroviaria, nada sobre la adquisición de nuevos equipamientos. Que se abaraten los precios, es de agradecer pero el malestar de las personas usuarias no se resuelve con rebajas económicas sino con medidas que garanticen que todos los  trenes  previstos  salgan y  lleguen a su hora.

Eso no pasará mientras que la Red de cercanías siga siendo tratada como la hermana pobre, merecedora de una raquítica inversión de 3600 millones para sus más de 500 millones de pasajeros en todo el Estado frente a la generosidad con las líneas de alta velocidad que siendo utilizadas por  cerca de 30 millones de pasajeros han recibido una inversión de casi 56.000 millones de euros, según la AIREF. Las cifras aburren, pero permiten entender de un vistazo dónde está el origen del problema.

A la Comunidad valenciana, de esa “lluvia” escasa de millones nos han tocado unos 700 millones, que son calderilla en un paquete macroeconómico destinado a hacer frente a un conflicto  social de tan enorme envergadura.

El problema no admite demora. Más de ocho millones de viajeros se han buscado la vida para sus traslados personales o laborales y es seguro que las forzosas soluciones adoptadas no colaboran a la sostenibilidad medioambiental. Pero lo han hecho, hartos de verse perjudicados por un servicio público que les ha hecho llegar tarde al trabajo, perder consultas médicas, retrasarse ante exámenes decisivos…. Problemas del día a día que exasperan y desesperan, añadidos a otros tantos con los que hay que lidiar inevitablemente y absorben toda nuestra capacidad de resistencia a la frustración que se vive en un andén plagado de gente  cabreada.

Las propuestas de la ministra han conseguido, por otra parte, la total coincidencia en la respuesta de partidos políticos y entidades ciudadanas que han salido en tromba, con argumentos más o menos interesantes o interesados, a contradecir a la Ministra del ramo.

Ella se habrá vuelto, seguro que en el AVE, a su despacho en el Ministerio, aunque es de esperar que se haya llevado la potente impresión de que esta gente de la Comunidad Valenciana no va a parar hasta conseguir el tren que les lleve a donde quieren ir.