El domingo próximo toca retratarse. Quizás sea en parte por sometimiento a los dictados comerciales, pero en cualquier caso las madres serán las protagonistas. Es el Día de la Madre y todos aquellos que disfrutan del privilegio de tenerlas cerca reservan un rato mas o menos largo de su tiempo para felicitarlas. Puede ser un minuto en Washapp o una comida con pleno familiar, de todo hay. Pero la maternidad es un sentimiento potente que siempre puntúa en positivo el regalo recibido, ya sea la postal de la escuela, el mensaje escueto o el cupón de los 17 millones.
Vaya por delante que madres no son solo las que paren hijos. También las tías abnegadas que cubren ausencias, las madres adoptivas por diferentes circunstancias, las parejas que ingresan en familias preexistentes y que ejercen la maternidad sin filtros…Otra puntualización necesaria es refutar esa histórica afirmación que dice que “madre no hay más que una”. A día de hoy, las familias y la crianza ha desbordado afortunadamente los estrechos marcos anteriores y hay familias de muy diferentes clases y composiciones.

En cualquier caso, es el día de las madres y hay que demostrarles el amor que se les tiene. Debería bastar con un buen abrazo de los que se sienten de verdad, cálidos y envolventes, sinceros y adictivos, pero no acabamos de comprender el valor de ese lenguaje del cariño. Y optamos por alternativas como el ramo de flores, la colonia, el pañuelo o en el colmo de la imaginación, el delantal de cocina. Y no es que no sean de agradecer estos detalles, igual que lo eran las manualidades hechas en el cole con tanto amor. Pero quizás si los adultos consiguieran evadirse de la presión consumista de la publicidad invasiva, descubrirían otro tipo de presentes.
Un regalo que muchas madres agradecerían seguramente es que sus hijos, hombres y mujeres hechos y derechos, las vieran alguna vez. No que las miraran, sino que las vieran como lo que son. Mujeres de cierta edad, con sus conflictos y contradicciones, con sus averías más o menos publicitadas, y a pesar de todo con sus propias expectativas. Que pueden ser hacer bolillos o ganar el premio Nobel de literatura. Bailar el tango o aprender a manejar el móvil. Seres humanos que además de madres amantísimas, son personas sometidas a una existencia con sus luces y sombras.
Un regalo premium sería que tras el descubrimiento del ser humano que se esconde tras esa madre -a la que quieren tanto como desconocen- se interesaran por ellas. Les hicieran preguntas desde el interés sincero y con ánimo de escuchar. Les dedicaran tiempo de calidad para conocer sus arenas movedizas y compartir con ellas los temores e ilusiones con los que amanecen cada día. Les brindaran su apoyo moral en sus aspiraciones y las consolaran en las derrotas. Es que además de madres, son humanas.
Ese sería un obsequio revolucionario en esta sociedad miope que da demasiadas cosas por hecho. Que le pone precio a casi todo, menos a las cosas realmente esenciales para salir adelante. Que idolatra la maternidad haciendo desaparecer tras ella a las mujeres. O, por el contrario, se apropia de ella pretendiendo arrebatar a las mujeres su derecho a decidir.
En un día tan señalado, toda madre en activo agradecerá la forma en que quieran honrarla. Dará así cumplimiento estricto a las instrucciones de la “Guía de la perfecta madre” que desde que nacemos van tatuando en el alma de las mujeres. La misma que recomienda amar a los hijos, a todos ellos, siempre y para siempre. Y eso no va a cambiar pase lo que pase el día de la madre.
(dedicado a M)
