El blog de Mar Vicent Artículos destacados

TRUHÁN

Nunca fue un señor, siempre un baboso truhan. Pero fue el cantante preferido de muchas mujeres respetables de una generación ya caducada, que casi mejor que no presencien el bochornoso hundimiento de su ídolo. Mujeres que nunca dijeron la palabra sexo en voz alta, pero levitaban cuando Julio Iglesias, su Julio, cantaba mirándolas de esa forma que no sabían explicar.

Hubiera sido imposible convencerlas entonces de su indecente conducta. De ninguna forma lo hubieran admitido y habrían disparado a todas partes antes de centrar el tiro en el único culpable. No era solo un cantante guaperas. Quizás también su sueño húmedo, aunque puede que nunca lo supieran.

Hoy siguen habiendo voces que desde la hipocresía más descarada pretenden obviar el tema o vincularlo a envenenadas cuestiones de patriotismo. Que intentan focalizar en las víctimas, siempre fáciles de desacreditar. Que con la boca pequeña exigen el pronunciamiento de la ley que, siendo necesario, tardará. Y que, en todo caso, es compatible con un rechazo inmediato y contundente, basado en la existencia de una investigación impoluta que nadie se ha atrevido a cuestionar. Y ya querrían.

Pero durante estos años hay que reconocer que algo ha cambiado. Y la caterva de agresores sexuales -guapos, ricos y famosos, aunque no siempre a la vez- ya no disfruta de la misma impunidad.

Eso no se hace. A ninguna mujer. Seas quien seas. Y eso lo va aprendiendo gente como Plácido Domingo, Harvey Weistein, Roman Polanski, Bill Cosby, Woody Allen, Dustin Hoffman, Rob Lowe, Gerard Depardieu… que “usaban” a las mujeres en el término más degradante de la expresión.

Se lo han enseñado las mujeres que hablan de sexo y de poder. Del suyo para hacer con su cuerpo lo que quieran solo con quien quieran. Y una sociedad que ahora tiene un discurso común contra la violencia machista, aunque se esconda en versos sonoros pero degradantes.

“Me gustan las mujeres, me gusta el vino, y si tengo que olvidarlas, bebo y olvido”. Pues que lo intente ahora, pero las mujeres no lo van a olvidar a él. Y lo sabe.

SANIDAD PÚBLICA

Una enfermera de la sanidad pública, responsable de la realización de unas pruebas diagnósticas esenciales, se siente agotada porque tiene una carga de trabajo insoportable y nunca recibe la ayuda prometida.

La persona responsable del Departamento de Salud intenta cuadrar la demanda sanitaria con los recursos existentes. Pero sabe que es imposible encajar ambas realidades si no hay personal suficiente para garantizar la salud de la ciudadanía. Las peticiones se acumulan y la tardanza en ser atendidas es escandalosa.

La persona que no se encuentra bien, que sufre dolores, que tiene síntomas preocupantes, que a la fuerza está aprendiendo a convivir con limitaciones inesperadas…y que se encuentra jodida y sin diagnóstico está viviendo una pesadilla. No parece haber nadie al otro lado. Se siente y está sola frente a la adversidad.

La persona que ocupa un cargo político, en el que tiene responsabilidades de Gobierno relacionadas con la gestión de la Sanidad pública, lleva varios años ocupando un despacho y un sillón. Llegó pensando en mejorar las cosas. O quizás, simplemente contento de la suerte que había tenido. Ahora está incómodo porque los problemas se le amontonan y las críticas aumentan. Quizás se ha tomado las cosas con demasiada calma. O los de su partido están ocupados en otras cosas. O quizás hay otras prioridades. También hay quienes se angustian porque afrontaron la tarea con responsabilidad, pero no han sabido, no han podido o no les han dejado cambiar nada.

Y es que el sistema público de salud -antaño una verdadera joya de la corona- es ahora una estructura que no da respuestas, con profesionales sobrecargados al borde del colapso físico y psicológico.

Se lo han cargado desde dentro, empobreciéndolo, limitando sus recursos, permitiendo su ruina progresiva. Incentivando por el contrario la alternativa privada, un negocio lleno de sonrisas que a veces disfrazan la falta de soluciones. Que no está al alcance de cualquiera.

Dedicado a los que piensan que la política no les interesa y que usarán su voto para manifestar su inmenso desprecio. A los que dicen que todos son iguales.

Que la salud los acompañe siempre.

PRINCIPIO DE AÑO

Qué principio de año tan malo. Por lo menos en lo que se refiere a la panorámica. Es posible que nuestro pequeño mundo esté más o menos en orden, aunque tenga sus agujeros negros: miserias escondidas, dolores encubiertos, infinitas preocupaciones justificadas o no, que, sin embargo, nos sentimos capaces de enfrentar. Conviven además con momentos placenteros, donde todo parece tener su encaje y que aportan la justa dosis de energía y esperanza para continuar.

Pero el otro mundo, el que está más allá de nuestras fronteras, pero comparte el mismo cielo, el mismo planeta, está hecho un verdadero cristo. Como si nos hubiera tocado un director de orquesta realmente loco que está imponiendo un repertorio que no nos gusta a casi nadie. Como si no hubiéramos aprendido nada. Como si el sentido común de la mayoría silenciosa hubiera sido secuestrado y amordazado. ¿O es que hay alguien que mire más allá de su ventana y sienta satisfacción y confianza?

Es demasiado intensa la sensación de que vamos en caída libre porque no hemos dejado casi nada a lo que agarrarnos. De que hemos perdido la fe en lo que nos hacía grandes, lo que nos hacía gustarnos entre nosotros, protegiendo lo que nos permitía sobrevivir. Tras dos mil años de historia para llegar aquí no parece un balance muy positivo y autoriza la duda sobre nuestra inteligencia colectiva.

Se impone un arduo trabajo para volver a dibujar las líneas rojas que permitían la convivencia y eran garantía de futuro. Ahora no las hay y es urgente recuperarlas.

EXPERIENCIAS

He iniciado el año con dos experiencias gratificantes. Una ha sido comer erizos de mar. Parecido a la experiencia de comer una perdiz escabechada hace años. Ante el pajarito que exhibía sus huesecillos descarnados incluida su cabeza minúscula , me sentí asesina despiadada .

Los erizos no resultaban tan fúnebres. Conservan su apariencia externa, con sus púas afiladas aunque un poco flácidas. Se que se defienden como fieras, después de muertos, para dejarse cocinar siendo difíciles de manipular. Se comen con cucharita y tienen un fuerte sabor a mar,a roca de mar,a aire de mar, sin concesiones. Pero resulta más bonito imaginarlos pegados a su roca.

La segunda experiencia fue ver el concierto de Año Nuevo en Viena, costumbre adquirida hace años sin pretenderlo. La dirigía un señor que no era extremadamente viejo, ni de pelo blanco, que sonreía todo el tiempo y sudaba como un albañil. Se llama Yannick Nézet Seguin y es un canadiense con pendiente y uñas pintadas, que disfrutó e hizo disfrutar. Entusiasmó con su energía, su sentido del humor y su calidad musical a un público de japoneses venerables, mujeres chinas elegantes y muchas otras personas que deben haber ahorrado mucho tiempo para estar en esa sala repleta. Debe valer la pena.

No volveré a comer erizos pero es bueno saber que siempre quedan experiencias que vivir. Volveré a oír el concierto desde el sillón esperando que algún día sea una mujer, igual de capaz y valiente, la que lleve la batuta. Todo puede pasar. Y algunas cosas ya tardan

MIEDO

Hay personas que son incapaces de no devolver el carrito del supermercado a su sitio, aunque no hayan de recuperar moneda alguna. Otras, cuando no encestan en la papelera el papel, o la lata o lo que sea, son incapaces de abandonar las pruebas de su torpeza.Están los que aparcan y miran el espacio que dejan al coche de al lado para que pueda entrar. Hay personas que dan las gracias, sin grandes aspavientos, cuando les sirve la camarera y reclaman silencio para que pueda tomar nota sin volverse loca. Hay viajeros que bajan el volumen de su móvil en el tren para que todo el vagón no haya de seguir las peripecias del chino peleón que protagoniza la película que está viendo. O incluso que usan auriculares. Hay gente que, en lugar de dar explicaciones sobre la mansedumbre de su perro, lo ata para que no moleste a la gente que no les tiene tanto cariño.

Todo ello define a quienes creen en la convivencia respetuosa y es la base que sustenta a la gente que no participa en las discusiones para convencer al contrario de su postura, sino para comprobar si la suya se mantiene firme ante los argumentos contrarios. Que no quiere discutir, sino debatir, un fino matiz q indica la presencia de un interés común: buscar la verdad. Muchas personas desearían q las discrepancias fueran expuestas sin acritud, incluso con algún punto de humor. Sin implicar el sacrificio (metafórico) del oponente ni su exclusión de la lista de personas apreciadas. Una forma de aprender y mejorar sin ser causa de ataques de ansiedad.

Hay gente q tiene problemas, problemas serios y preocupantes que le hacen mirar el mundo con miedo. Para superarlo se encierra en su torre y desconfía de todo y de todos, maldice lo q no conoce, sospecha de lo que es diferente. Cree q así podrá sobrevivir porque sus verdades se lo garantizan. Como quienes creen haber descubierto la solución definitiva, la verdad y lo defienden con una vehemencia q roza con la furia. Otros, se creen poseedores de la verdad verdadera como dice la gente pequeña y se acostumbran a mirar al resto desde la atalaya en la que se sienten invulnerables.

En el miedo está la base de la autodestrucción. No protege sino que nos hace vulnerables y tristes

ARTE

solo es artista el que hace exposiciones públicas, el que recibe premios y reconocimientos o pasa a la historia por su talento creador.

Si el arte es una actividad humana que permite expresar la creatividad que la vida cotidiana ahoga…

Si el arte es esa manía persecutoria que se apodera del tiempo y la vida de las personas como si les fuera la vida en ello, como si fuera su forma de ser felices y hacer felices a los demás…

Si el arte es comunicación, emoción, expresión simbólica de la forma propia de ver la vida, desde la sinceridad total, sin filtros ni zonas oscuras…

Es todo un regalo y un privilegio y así deberíamos verlo y reconocerlo, compartirlo y disfrutarlo.

MÓNICA OLTRA

No hay conocimiento personal de Mónica Oltra a pesar de haber compartido espacio en dos ocasiones. En la primero, ella presidía la reunión y fue bastante impertinente, brusca y con un punto autoritario. Una mujer sin tiempo para tonterías. Era la Vice entonces y presidía el Consell de les Dones.

En la segunda ocasión , cuando no lo era ni presidía nada, compartió mesa y mantel como antesala de un modesto acto informativo con público feminista en una pequeña población. La vio disfrutar de una cabezadita relajante después de comer y más tarde, la oyó hablar, arengar y argumentar en la distancia corta.

No hay pues cercanía política ni personal con esta mujer desgreñada y provocadora, de lengua larga y energía infinita.

Pero fue una buena noticia, saber que por segunda vez su causa había sido archivada con acuerdo de la Fiscalía y de una segunda jueza. No tanto conocer las predicciones que anuncian que las acusaciones volverán al ataque hasta conseguir sentarla en el banquillo dentro de dos o tres años, tras los cuales será absuelta por fin, desarmada pero no vencida.

Los protagonistas de la política institucional son los partidos en este país. Pero los partidos tienen la cara de las personas que los representan. A veces la representación es penosa ( véanse solo un par de titulares de actualidad, no más para no atragantarse) y otras no tanto. Difícil interceptar a quienes se acercan buscando beneficio propio y no de la ciudadanía. O a quienes tienen buena intención, de la que sirve para empedrar el camino al infierno. Pero es injusto no diferenciar a justos de pecadores.

Oltra era una de las dirigentes con “más tirón y mejor valoración de toda la izquierda”, dos cualidades difíciles de encontrar en la política autonómica o central. aunque se busque con lupa . Hoy sigue siendo de discurso comprensible, en absoluto aburrido, estés de acuerdo o no con él. Demostró ser una política eficiente, más allá del teatro mediático y dejó como demostración su reforma de los Servicios Sociales en la Comunidad Valenciana que hoy siguen defendiendo con verdadero fervor las profesionales del sector , lo que es un indicador realmente válido.

Nadie dice que haya que subirla a los altares y adjudicarle el don de la infalibilidad. Que haya que beatificarla o crear un club de fans entregados. Pero lo cierto es que si la primera imputación ya fue discutible, todo lo que viene después de su primer juicio, donde se resolvió archivar la causa tras dos años de investigaciones, no es más que una especie de lapidación en diferido, piedra a piedra, hasta conseguir machacarla.

No es justo, y sí muy preocupante, que dedicarse a la política sin rehuir la pelea para defender aquello que se dice defender, creándose enemigos tan potentes como implacables, conlleve un precio personal y político tan alto. No es tolerable que haya quien destroce por la vía de la infamia a quien no puede vencer en el debate abierto. La guillotina no funciona hace siglos, pero cortar cabezas sí que parece estar permitido por la vía del lawfare, palabro que define la técnica de destruir a una persona por la vía del acoso judicial sin que la justicia esté ni se la espere.

No hace falta ser amiga de Oltra, ni de su partido, ni siquiera compartir ideología para concluir que no se hace un país habitable sin unas reglas de juego moralmente admisibles. Se acabará por romper el tablero y no podremos jugar juntos. Será aburrido y demasiado peligroso. (Imagen Javier Mariscal)

INICIACIÓN LABORAL

Su primer empleo remunerado fue en unos grandes almacenes de nombre olvidado, que pasaron a la historia por ser los primeros que instalaron una bonita escalera mecánica que hacía más ruido que el puente levadizo de un castillo medieval. Era un empleo para la campaña de Navidad, una semana escasa con horario indefinido en función de las necesidades. No había papeles, ni contrato, ni acuerdo de salario…Total, era para una menor que se quería sacar unas pesetas avalada por su padre que había pedido algún favor para conseguir el puesto.

Y allí estaba ella que, en lugar de largarse a la Feria, fue instalada en un pupitre minúsculo, con una única misión: empaquetar objetos de todas las formas y tamaños a velocidad supersónica para no impacientar a la distinguida clientela.

Sus herramientas: un pesado rollo de papel, casi de su altura, estampado con renos salidos directamente de Disney, unas tijeras gigantescas que se le escurrían de los dedos y varios rollos de celo transparente aficionados a pegarse entre sí. Sin olvidar unos florones bastante cursis, con lazos colgantes que obligatoriamente debían decorar el producto final.

La quinceañera no estaba acostumbrada a trabajar bajo presión. Si apuran, no estaba acostumbrada a trabajar, más allá de las tareas domésticas siempre susceptibles de negociación. Así que la tragedia estaba anunciada. Hay que reconocer que la faena tenía su complicación. No hay más que intentar envolver una cometa o una olla Magefesa que entonces no se servían en cajas de cartón sino a pelo, con todas sus curvas y ángulos.

La pelea con el rollo de papel acabó pronto en derrota, dado que no había superficie suficiente para extenderlo , el celo se pegaba en todas partes menos allí donde estaba indicado, la clientela no demostraba ni pizca de espíritu navideño sino más bien un rencor inexplicable hacia la pobre criatura, y ésta, para acabarlo de rematar, dominada por los nervios, se pegó un pellizco importante con las malditas tijeras, que aunque no se llevó por delante ningún dedo, la hizo sangrar como una cerdita degollada, causando un empastre total en lo que llamaban pomposamente “área de embalaje”.

Ahí acabó su primera aventura laboral. Ahí decidió que ningún trabajo manual estaba hecho para ella. Ahí aprendió que la clase trabajadora siempre sale perdiendo si va a pecho descubierto, en solitario. Ahí asumió que el dinero no da siempre la felicidad.

Con su dedo mal vendado, porque los riesgos laborales ni estaban, ni se les esperaba, abandonó el establecimiento por la puerta grande y se fue a la Feria a ver si todavía encontraba a sus amigos.

LIBROS QUE NO SE LEEN

Lo intentó con todas sus fuerzas. Volvió a él una y otra vez, pero no pudo. Y lo cierto es que le gustaba el padre de la criatura. Un tío joven, con un punto gamberro , encantador y picarón. Simpático y feliz en apariencia, pero con fondos submarinos que hablaban de su perfecto conocimiento de la crueldad y el sufrimiento a cuenta del lado oscuro de la vida.

No en este momento, evidentemente, cuando es el hombre de moda, el autor literario por el que se pelean los medios, el escritor del libro que ha dado la última campanada. Es #daviducles y ha escrito un libro que es, efectivamente, una obra maestra. Está más que justificado que haya tardado 15 años en escribirlo. Y tiene muchísimo mérito su empeño/testarudez para llevarlo a término.

Un relato original y atrevido, pero también riguroso y comprometido, sobre esa Guerra Civil que nos convirtió en el país que somos y tanta pena da. Ojalá fuera ciencia ficción y no un relato histórico, con las licencias justas, pero obscenamente veraz.

Porque a pesar de la magia, la historia contada, nuestra historia, duele demasiado y sobre todo atemoriza hoy ,cuando aquello de la reconciliación, que no fue más que una hábil maniobra de despiste, ha sido sustituido por la crispación y la furia.

De recomendable lectura para gente de cualquier color ideológico por su utilidad para barrer de un plumazo cualquier creencia en las guerras como factor de progreso histórico. No porque no haya causas justas que merezcan ser defendidas, sino porque la violencia resultante matará indiscriminadamente a quienes no saldrán en los libros de historia.

STOP EUROVISIÓN

Han pasado varios siglos desde que una cría tontaina veía Eurovisión en una tele en blanco y negro, beneficiándose de una licencia extraordinaria en la hora de acostarse. Podía así presenciar ese espectáculo, donde las actuaciones daban casi igual, porque lo importante era la votación final, emocionante y apasionada , donde todo el país se alineaba para defender la patria en forma de canción.

Es un recuerdo prehistórico suscitado por el disgusto de la gente que lamenta la noticia de que España no participará este año en el concurso , en protesta por la admisión del estado sionista de Israel. Gente que denuncia, como si fuera una norma sagrada que se rompe una costumbre ancestral . Algunos esgrimen el consabido mantra de que en un Festival no tiene sitio la política, ignorando no solo que la política y sus decisiones impregna todos los ámbitos de nuestra vida, sino que en concreto ese Festival en sus 65 años de vida, ha sido escenario permanente de las complejas relaciones políticas entre los Estados participantes. Y por último, están los que diagnostican que es un esfuerzo inútil que solo sirve para significarnos más de lo que ya estamos.

Quizás sea cierto que a Netanyahu y su Gobierno se la trae al pairo el festival, pero no se corresponde con la intensa actividad que han desarrollado para evitar ser excluidos por la comisión organizadora, que al final ha doblado la rodilla, con llamamientos al diálogo cultural(!) Parece mentira que no sepan con quien están hablando.

Quizás que un puñadito de países se desmarquen no les provoca ni picores, pero al hacerlo vuelve a ser visible una bandera irrenunciable, la denuncia del genocidio que el estado de Israel sigue cometiendo en Gaza, a pesar de que una manta espesa de opacidad y desinformación haya caído sobre el tema.
Quizás sea otro acto hipócrita de postureo, decidido por razones no del todo legítimas, pero contribuye a reavivar la rabia que llenó las calles de protesta hace pocas semanas, a evitar la amnesia colectiva fruto de la desinformación que hace creer que el exterminio de la población de Gaza ha terminado.
Alguien lo ha resumido muy bien: Eurovisión es un concurso. Los derechos humanos, no.