Me pican los dedos porque necesito decir algo sobre la señora Ayuso. Y la llamo así con toda intención, porque creo que hay que llamar con respeto a todo el mundo, incluso a los dementes, los torpes, los malvados o los ladrones, aunque sea para no parecernos a quienes solo saben insultar y vociferar.
La señora Ayuso acaba de conceder la medalla internacional de Madrid a EEUU por ser “faro de la libertad en el mundo y ejemplo de democracia”. Es una apuesta fuerte como todas las suyas, fruto de la osadía o de la ignorancia, nunca se sabe. Pero lo cierto es que en el Dia de la Hispanidad, a cualquiera le sería difícil justificar el homenaje a un país y un gobernante que ha declarado la guerra a toda la población latina, dotándose de una policía especializada por encima de la ley que los encierra en macrocampos de concentración, saltándose alegremente cualquier convención democrática.
Es su hazaña más reciente , sin necesidad de bucear en el pasado donde habitan asuntos tan dolorosos como las personas fallecidas en las residencias, ni tan escandalosos como su apoyo al cantante que hacía revisiones ginecológicas a sus empleadas latinas como paso previo a su explotación sexual. No vale la pena incidir en los delitos confesados de su pareja de los que se beneficia cada vez que abre la puerta de su casa, en la crueldad contra las mujeres que necesitan abortar (“váyanse a otra parte”). Ya saben los perjudicados que en la sanidad pública madrileña tener pediatra es un lujo, pillar cama en un Hospital es como cantar un bingo y ser citado por un especialista en un plazo razonable, más milagroso que los de Lourdes.

Y sin embargo, muchos la aman – y la votan- y es esencial entender el porqué. La mayoría son trabajadores, estudiantes, mujeres , gente machacada por sus políticas de recortes que solo benefician a una minoría rica y poderosa . Pero la votan con lealtad. Eso es lo preocupante, ahí radica el verdadero misterio que exige un esfuerzo de entendimiento. Y es cuestión que no se puede solventar desde el desprecio o el espíritu de venganza hacia sus votantes, millón y medio en 2023 que se dice pronto, sino intentando entender las distintas claves que explican su éxito electoral.
Una de ellas es que quizás queden fascinados por su atrevimiento, su desparpajo. Les resulta atractiva la osadía de sus declaraciones, no tanto por el contenido que puede ser mentiroso o hipócrita, sino por el tono que utiliza tan castizo y garboso, como bailar un chotis. Nada que ver con el discurso de tantos políticos a quien nadie entiende. A ella se la entiende perfectamente, aunque no se comprenda nada, como suele ser habitual. Pero transmite poder, seguridad, desafío, victoria. Con ella no hay sitio para el aburrimiento. Siempre monta el pollo. Rompe las reglas. Se salta los protocolos de los políticos serios y profesionales. Hace reír al personal, utilizando ese sentido del humor provocador que roza la grosería pero que crea vínculos con quien se siente representado en lo que dice.
Pero su talón de Aquiles es que dice compartir los problemas de la gente y buscarles solución Y miente con total descaro e impunidad, como demuestran sus políticas, regalando 6000 millones en deducciones fiscales a los más ricos a la vez que hace negocio con la salud.
Para conseguir bajarla del pedestal y del sillón de la Comunidad hay que convencer a mucha gente de la estafa que están sufriendo. Eso es lo realmente importante. Y no basta con insultar o despotricar. Menos todavía con la burla a sus votantes desde la superioridad moral. Hay que argumentar, hacer evidente las mentiras y contradicciones. Hay que desarmar titulares con realidades. Hay que evitar la confrontación ridícula en torno a temas triviales (las gafas de la Presidenta y el Presidente..). Hay que cambiar el relato con los datos que hagan falta. Que rían con ella o de ella, pero que no la voten.











