SARAO PAPAL

Menudo sarao montado con la visita del Papa Leon XIV. Por otra parte nada nuevo bajo el sol ya que se pueden recordar otras visitas en las que el espectáculo también es mucho y los resultados más bien nulos. Aunque la última fue hace 15 años con Juan Pablo II que vino hasta en cinco ocasiones. Nos han tenido un poco abandonados.

Es un Jefe de Estado, sí, un Estado pequeñito pero matón, dicho sea sin segundas intenciones. Cabeza también de una Iglesia de gran arraigo histórico y cultural en este país, con sus luces, es cierto , y también con sus múltiples y documentadas sombras. Una Iglesia que a estas horas, está en sus horas más bajas. Según el último CIS, la población católica en España es el 53%. Según Francisco Delgado, durante muchos años presidente de Europa Laica, los católicos practicantes en España son 5 millones.

En cualquier caso, movilizarse para ver al Papa, una figura lejana vestida de rojo y blanco, es una decisión muy personal. Se puede compartir o no . Lo que no es tan personal sino más bien político, como casi todo, son los criterios utilizados, los espacios elegidos, los actos organizados, la participación de responsables públicos que también representan al amplio surtido de creencias y religiones que proliferan en este país.

Líbrenos dios de prohibir las creencias de nadie. Pero también de imponerlas. Y menos de subvencionarlas. Cosa que al parecer se ha obviado esta vez, según declaraciones de la Conferencia Episcopal que afirma que son donaciones privadas las que financian el viaje. Hasta un millón de euros se abonan con alegría por quien puede y quiere merendar con el Santo Pontífice.

Además de los creyentes practicantes , habrá otros también satisfechos. Y es que la coincidencia entre la visita de León XIV a España y los conciertos de Bad Bunny en Madrid ha provocado un fuerte aumento de los precios hoteleros. Hasta 637 por una habitación doble en la capital durante una noche.

Que los disfruten los fans de uno u otro, o de los dos a la vez, aunque es una coincidencia algo rara. Ambos son espectáculo, hacen caja. Dan respuesta a necesidades emocionales o ideológicas de la sociedad. No pasa nada. Siempre que nadie emprenda una cruzada.

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