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AYER NOSOTROS, HOY ELLOS.

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Manuel es electricista y hace chapuzas. Cuando trabaja habla solo, como dándose indicaciones. Cuando hace una faena tiene que ser perfecta. La comprueba una y mil veces. Cuando pasa la factura, mira para otro lado. La desglosa con detalle, pero siempre se pone tenso. No puede evitarlo.

Manuela es limpiadora. De las que afronta la limpieza de las casas en las que trabaja como si fuera una batalla contra el desorden y la suciedad que no piensa perder. Ha sufrido muchas derrotas en su vida, pero nunca se ha rendido ante el desafío de una casa descuidada. No da lecciones, pero tampoco quiere recibirlas. Se apuntó a la falla de su barrio casi desde que llegó

Malik trabaja en una verdulería. Es amable hasta con las naranjas a las que trata con amabilidad cuando las dispone en el expositor. Con las clientas tiene una paciencia infinita. Las ayuda a cargar la compra, espera sin resoplar a que guarden el cambio y las despide con cariño. Jamás cobrará de más, pero fiará a más de una porque le da la gana.

Verónica atiende a la abuela con toda profesionalidad. Era, y es, auxiliar de geriatría, aunque aquí su título sea papel mojado. No cree que la gente mayor tenga que ser tratada como menores de edad mental. Siempre la trata con respeto y consideración, aunque parezca que sea un empeño inútil. Su hija toca la flauta dulce en una banda.

Emmanuel vende ropa en el mercado. Pregona sin cansancio la calidad y variedad del producto que vende. Está orgulloso de su puesto y siempre sonríe. Hace recomendaciones sobre tallas y medidas y casi nunca se equivoca. No regatea, aunque hace descuentos si lo considera. Habla la lengua de la tierra con desparpajo y seguridad.

Todas estas personas quizás puedan obtener sus permisos de residencia y trabajo con la regularización aprobada por el Gobierno y ahora en período de ejecución. Mejor ejecutar procesos que ofrecen futuro a quien se lo quiere ganar a pulso, que ejecutar a personas solo porque no nacieron aquí, pero vinieron para construirse una vida.

El odio no solo se hace visible fusilando a gente en las tapias de los cementerios o bombardeando una estación llena de gente inocente. El odio se inocula, gota a gota, con mentiras y bulos que buscan sacar lo peor de las personas.

Las personas migrantes, cuando se regularicen no tendrán derecho a voto en las elecciones generales, así que tratarlos con justicia no garantiza la compra de sus votos.

Las personas migrantes, cuando se regularicen, tendrán que acreditar ser buena gente estando libres de antecedentes penales, aquí y en su país de origen. También deberán haber vivido aquí desde hace más de cinco meses así que mienten como bellacos los que asustan con una imposible avalancha de peticiones improvisadas.

Esta gente, que ya está trabajando cómo y dónde puede, no le quita el trabajo a nadie. En España, hay más de 156.000 vacantes laborales sin cubrir en sectores como los servicios o la construcción, precisamente donde se concentra la mayoría del empleo de las personas susceptibles de ser regularizadas. Reconocer su existencia y autorizar su derecho a residir y a trabajar solo puede molestar a quienes les resulta más cómodo y provechoso que no haya garantías legales que les protejan de los abusos laborales. No son una carga para el sistema al que aportarán tras la regularización, sus cotizaciones y sus impuestos.

Nos cruzamos con ellos todos los días. En el ascensor, en la faena, en el supermercado. Hacemos amistad. Nos ayudan y les ayudamos. Aprenden de nosotros y nosotros de ellos. Algunos nos caen mejor que otros, como nos pasa con los que han nacido aquí.

Si cumplen requisitos, podrán presentar su nómina como aval o abrir una cuenta bancaria o firmar un contrato o hacer un bizum. ¿Dónde está el problema?

Solo en las mentiras que difunden el miedo y fomentan la ruindad. Solo en la ignorancia que hay que combatir con datos e información.

BRUTALES Y MALVADOS

La regularización de las personas migrantes reconoce que todos somos seres humanos y tenemos derecho a una vida justa segura y sostenible.

La prioridad nacional , eso que se han inventado en Extremadura los de Abascal, que ya han propuesto en el País valenciano y que quieren exportar al resto del país si pueden, es exactamente lo contrario: los de aquí vamos primero y el resto que espere su turno ,si llega.

Lo malo de las prioridades es que una vez que se empieza nunca se acaba.

Antes los hombres que las mujeres, la juventud frente a la gente mayor, los de rentas altas a los currantes, los que viven en capitales frente a los de pueblo, los que tienen estudios superiores frente a los que tienen los básicos…

Que brutalidad, no?

No mires a los de arriba cuando recortan los servicios, regatean los recursos o desmontan los sistemas públicos buscando siempre el negocio y la ganancia. Fíjate mejor en los que tienen menos que tú, son más vulnerables que tú, importan todavía menos que tú.

Cuanta maldad, no?

Vales más, mereces más, necesitas más… en función del lugar donde naciste.

Brutalidad rima con maldad.

UN AÑO MÁS, 25 DE NOVIEMBRE

«Salir a la calle y recorrerla con las pancartas es denunciar un peligro letal y mostrar que son muchas las personas que reniegan del machismo y quieren derrotar la violencia que utilizan para someter a las mujeres. Es la forma de trasladar a los agresores que no son hombres, sino una vergüenza para todos los hombres. Y a las víctimas, que no están solas, aunque vivan en el silencio y la soledad.»

https://www.levante-emv.com/costera/2025/11/25/ano-25-noviembre-124077264.html?sfnsn=scwspwa&fbclid=IwY2xjawPaEHtleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEe5AJ0ow_XKtd9iI1i4Pm2W8sKGC40RCLdw8GFrjL4VXTPeoSPf3QNMo3nLqY_aem_KcV4znSM5ucQ1LSvkAjSqA

ADIÓS A LA ESCAYOLA

El tipo se acerca con las tijeras pero no resulta amenazador. Coge el brazo y empieza a cortar decidido, es de  suponer que porque sabe que no hay riesgo de seccionar venas y arterias. Algo que la paciente no tiene tan claro. Tiene que hacer fuerza porque la escayola, dura como una piedra, no se deja reventar así como así .Pero una vez el tajo está hecho, la batalla está perdida y aplicando un poco de fuerza bruta abandona al final ese antebrazo y mano que parasitaba o protegía desde hace tantas semanas.

La dueña de la extremidad tiene una especie de colapso emocional. Por un lado, la visión de esa piel castigada la impresiona. También se siente expuesta, enormemente vulnerable, como si hubieran desnudado una parte inconveniente de su anatomía.  Luego aparece un potente sentimiento de liberación al intuir que es el primer paso para recuperar la propia vida, la independencia y la autonomía.

Aunque ese sentimiento es rápidamente machacado al percibir que la mano y el brazo, antaño tan funcionales y apreciados, se han convertido en dos tarugos inertes e hinchados, de aspecto desagradable y apariencia tan vulnerable que casi hacen echar de menos la dureza protectora de la escayola.

El traumatólogo, de una juventud y salud envidiable y una empatía mejorable, explica los ejercicios a realizar, cuya sola visión aterroriza a la paciente. Sí que siente los dedos a diferencia de aquel idiota quejica famoso, pero solo para preocuparse por si el roce del aire le causa dolor.

Sale de la consulta con una única obsesión: sumergir el brazo bajo un chorro de agua fría, aunque sea en la primera fuente que encuentre en la calle, aunque dé la nota y la crean loca Pero tiene la sensación de que, aunque no resuciten así sus tendones y articulaciones, la piel fina y delicada, y ahora tensa como la piel de un tambor,  agradecerá enormemente, casi tanto como ella, ese alivio refrescante después de tanto encierro y oscuridad.