Categoría: política

BEGOÑA GÓMEZ

No me imagino a Begoña Gómez escondida en la trasera de un coche que la lleva fuera de España. Ni disfrazada con peluca y enormes gafas de sol subiendo a un avión que vuela a las Bahamas. He visto muchas pelis con tórridas historias de amor entre escoltas y protegidas, pero que quieren que les diga, no me puedo imaginar esas escenas.

Cierto que un señor, Puigdemont, protagonizó una escapada de ese tipo dejándonos a medio país con la boca abierta. Y recuerdo a otro más lejano, Roldán, que huyó cubriéndose la calva con una peluca de guateque barato.

Pero la comparación es imposible, más que nada porque los señores mencionados tenían razones reales más que suficientes para levantar el vuelo y las circunstancias de esta señora, ni parecen, ni son de la misma categoría delictiva.

Es evidente que a esa mujer no se la juzga por ser quien es, sino por con quien se ha casado. Y es cierto que el puesto de consorte que ocupa tiene sus ventajas y privilegios pero también sus servidumbres y exigencias. Que deben ser duras porque más de una en similar situación, cogió la puerta en cuanto pudo y se largó a vivir a su vida.

Cierto es , aunque demasiado manoseado ,aquello de que la mujer del Cesar no solo ha de ser honrada sino parecerlo. Pero también que no es honrado intentar cargarse al César a base de dar latigazos a su señora en plaza pública. Para eso, hay vías autorizadas y legítimas que nadie podría discutir.

Se pone difícil con tanta escandalera y sin formación jurídica, entender las acusaciones. Pero habría que hacer un esfuerzo por simplificar y entender de lo que se habla, dicho sea sin ningún ánimo de ejercer la defensa de nadie, pero sí de entender más allá del ruido, los prejuicio y el sesgo político, que lo contamina todo.

Parece ser que en esos años de supuestos negocios ilícitos, la acusada recaudó fondos para la Universidad Complutense y dirigió una catedra sin salario, ingresando algo menos de 35.000 euros en una década. Menuda birria de botín. Que el programa informático del que dicen que se apropió, era gratuito, así que es difícil encontrar los beneficios. Que recomendó a un amigo para unos contratos públicos al igual que otras 31 personas e instituciones hicieron también, incluidos el Ayuntamiento de Madrid. Y por último, que la asesora de la que disponía en su condición de consorte, pagada con fondos públicos, realizó tareas de apoyo en su ámbito privado consistentes en enviar 21 correos y asistir a diez actos en ocho años. Mucha menos faena que la del asistente del padre de Rajoy que durante dos años lo atendió en la Moncloa, con la dedicación que merece el padre de cualquiera.

Pero a estas alturas, la mayoría ha escogido bando y no está dispuesta a mover ni una sola coma de su docta opinión. Por eso, el relato anterior, será rápidamente discutido, criticado, desmentido -sería de agradecer que sin incluir insultos- , por quienes piensan que las cosas no fueron así, sino infinitamente peores, que la imputada es la cabecilla de una peligrosa trama de corrupción con unos beneficios de millones de euros muy bien escondidos por lo que no hay manera de demostrar su existencia aunque algún día aparecerán.. Y ven perfectamente coherente que se le pidan 24 años de cárcel a la susodicha, pena similar a la que se pide para terroristas y otros delincuentes que han cometido delitos gravísimos y sin ningún tipo de atenuantes.

Sin embargo, ante esta situación quien sale más perjudicada, la víctima real de todo este engendro, la que más pierde, es la justicia, que ni está ni se la espera. Esa en la que nadie confía aunque todos quieran apropiársela y hacerla suya, para que diga lo que quieren oír. La justicia, ese principio de convivencia que garantiza que los conflictos no los gane quien grite más alto, compre más titulares, discuta con más astucia o insulte con mayor contundencia. Esa pobre mujer con los ojos vendados, que en tiempos fue poderosa y soberana. Que tiene una balanza en la mano, mientras que con la otra sostiene una espada, quizás para poder defenderse.

ZAPATERO

Para poder sobrevivir en este mundo, traidor pero fascinante, hace falta confiar en la honestidad intrínseca de algunos personajes de largas trayectorias políticas cuyos nombres ocupan titulares habitualmente. Sobre todo si existe el firme convencimiento de que la buena política es necesaria y también de que todos sus protagonistas no son iguales. Dos premisas muy cuestionadas por razones muy interesadas.

Mandela, Lula, Múgica…en el mundo. En España, Tierno Galván, Anguita…Quizás la lista no sea grande. Y cada cual tendrá la suya porque el color también condiciona, para qué negarlo. Pero hay gente a la que hemos de otorgar nuestra confianza aunque no les conozcamos más que por sus obras, que tampoco es una mala forma de conocer.

Cuando imputaron a Mónica Oltra hubo que contener el aliento y echarle paciencia para que el tiempo pusiera a cada cual en su lugar. Y lo hizo. A día de hoy, no hay ni habrá condena judicial para ella aunque siga habiendo quien pretenda mantener encendida la hoguera para incinerarla y quitarla de en medio, sea como sea.

Ahora imputan a Zapatero con gran sentido de la oportunidad y en franca discriminación con otras figuras merecedoras del mismo trato. Solo hay una reacción legítima y coherente: que lo investiguen, por supuesto. Que lo juzguen, si procede. Que lo castiguen, si lo merece. Pero también que le pidan perdón y restituyan su buen nombre si se equivocan, exigiendo responsabilidades si se demuestra la existencia de mala fe.

En el caso de Zapatero, antiguo ZP, hay gente que se niega a tirarlo precipitadamente al cubo de la basura de la historia. Gente que nunca le ha dado el voto y que comparte la idea de que a su partido le hace falta una buena limpieza de bajos. Llámenlo intuición, fe ciega, confianza, presentimiento, instinto…quizás sea incluso un mecanismo de defensa para no perder del todo la confianza en el ser humano que se dedica a la política. Pero Zapatero es alguien difícil de asimilar con un Ábalos, un Santos Cerdán o un Luis Roldán. Y menos con un Zaplana, Rodrigo Rato o Bárcenas.

Y no es porque sea un tipo feúcho y casi siempre sonriente, con bastante poca gracia. Es porque gracias a él pasaron cosas que siempre habrá que agradecer: la ley del divorcio, la que permitió el matrimonio homosexual, la ley de dependencia, la que reguló el aborto, la de violencia de género, la de igualdad…Reformas de esas que llaman “de amplio calado social” porque realmente mejoran la vida de la gente. También pasaron otras que no se recuerdan con alegría – díganselo al funcionariado- pero ya lo dijo Billy Wilder : nadie es perfecto.

Situaciones como ésta, son como una carrera de caballos donde hay que guiarse por el olfato para apostar por el caballo que llegará a meta y el que se derrumbará por el camino.. Si se apuesta, se apechuga con el riesgo y se defiende la esperanza, ésa que debe ser la última en perderse. Si se pierde la apuesta, dolerá. Otra ilusión perdida. Pero si al final gana el caballo de las cejas gordas, nos llevaremos dos copas, la de la verdad y la de la justicia.

AYER NOSOTROS, HOY ELLOS.

https://www.levante-emv.com/costera/2026/04/23/ayer-hoy-son-129409322.html?fbclid=IwY2xjawSlDoJleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEeip1-3co1FtSTGc5qxvG6Vi6jxHJhpPh-7F_HJSDhBgfdzKye1UkFQgEwGJg_aem_q30BWD_Ge7TYBuFOt4NSMw

Manuel es electricista y hace chapuzas. Cuando trabaja habla solo, como dándose indicaciones. Cuando hace una faena tiene que ser perfecta. La comprueba una y mil veces. Cuando pasa la factura, mira para otro lado. La desglosa con detalle, pero siempre se pone tenso. No puede evitarlo.

Manuela es limpiadora. De las que afronta la limpieza de las casas en las que trabaja como si fuera una batalla contra el desorden y la suciedad que no piensa perder. Ha sufrido muchas derrotas en su vida, pero nunca se ha rendido ante el desafío de una casa descuidada. No da lecciones, pero tampoco quiere recibirlas. Se apuntó a la falla de su barrio casi desde que llegó

Malik trabaja en una verdulería. Es amable hasta con las naranjas a las que trata con amabilidad cuando las dispone en el expositor. Con las clientas tiene una paciencia infinita. Las ayuda a cargar la compra, espera sin resoplar a que guarden el cambio y las despide con cariño. Jamás cobrará de más, pero fiará a más de una porque le da la gana.

Verónica atiende a la abuela con toda profesionalidad. Era, y es, auxiliar de geriatría, aunque aquí su título sea papel mojado. No cree que la gente mayor tenga que ser tratada como menores de edad mental. Siempre la trata con respeto y consideración, aunque parezca que sea un empeño inútil. Su hija toca la flauta dulce en una banda.

Emmanuel vende ropa en el mercado. Pregona sin cansancio la calidad y variedad del producto que vende. Está orgulloso de su puesto y siempre sonríe. Hace recomendaciones sobre tallas y medidas y casi nunca se equivoca. No regatea, aunque hace descuentos si lo considera. Habla la lengua de la tierra con desparpajo y seguridad.

Todas estas personas quizás puedan obtener sus permisos de residencia y trabajo con la regularización aprobada por el Gobierno y ahora en período de ejecución. Mejor ejecutar procesos que ofrecen futuro a quien se lo quiere ganar a pulso, que ejecutar a personas solo porque no nacieron aquí, pero vinieron para construirse una vida.

El odio no solo se hace visible fusilando a gente en las tapias de los cementerios o bombardeando una estación llena de gente inocente. El odio se inocula, gota a gota, con mentiras y bulos que buscan sacar lo peor de las personas.

Las personas migrantes, cuando se regularicen no tendrán derecho a voto en las elecciones generales, así que tratarlos con justicia no garantiza la compra de sus votos.

Las personas migrantes, cuando se regularicen, tendrán que acreditar ser buena gente estando libres de antecedentes penales, aquí y en su país de origen. También deberán haber vivido aquí desde hace más de cinco meses así que mienten como bellacos los que asustan con una imposible avalancha de peticiones improvisadas.

Esta gente, que ya está trabajando cómo y dónde puede, no le quita el trabajo a nadie. En España, hay más de 156.000 vacantes laborales sin cubrir en sectores como los servicios o la construcción, precisamente donde se concentra la mayoría del empleo de las personas susceptibles de ser regularizadas. Reconocer su existencia y autorizar su derecho a residir y a trabajar solo puede molestar a quienes les resulta más cómodo y provechoso que no haya garantías legales que les protejan de los abusos laborales. No son una carga para el sistema al que aportarán tras la regularización, sus cotizaciones y sus impuestos.

Nos cruzamos con ellos todos los días. En el ascensor, en la faena, en el supermercado. Hacemos amistad. Nos ayudan y les ayudamos. Aprenden de nosotros y nosotros de ellos. Algunos nos caen mejor que otros, como nos pasa con los que han nacido aquí.

Si cumplen requisitos, podrán presentar su nómina como aval o abrir una cuenta bancaria o firmar un contrato o hacer un bizum. ¿Dónde está el problema?

Solo en las mentiras que difunden el miedo y fomentan la ruindad. Solo en la ignorancia que hay que combatir con datos e información.

BRUTALES Y MALVADOS

La regularización de las personas migrantes reconoce que todos somos seres humanos y tenemos derecho a una vida justa segura y sostenible.

La prioridad nacional , eso que se han inventado en Extremadura los de Abascal, que ya han propuesto en el País valenciano y que quieren exportar al resto del país si pueden, es exactamente lo contrario: los de aquí vamos primero y el resto que espere su turno ,si llega.

Lo malo de las prioridades es que una vez que se empieza nunca se acaba.

Antes los hombres que las mujeres, la juventud frente a la gente mayor, los de rentas altas a los currantes, los que viven en capitales frente a los de pueblo, los que tienen estudios superiores frente a los que tienen los básicos…

Que brutalidad, no?

No mires a los de arriba cuando recortan los servicios, regatean los recursos o desmontan los sistemas públicos buscando siempre el negocio y la ganancia. Fíjate mejor en los que tienen menos que tú, son más vulnerables que tú, importan todavía menos que tú.

Cuanta maldad, no?

Vales más, mereces más, necesitas más… en función del lugar donde naciste.

Brutalidad rima con maldad.

BULOS Y MENTIRAS

No hace mucho, la ciudad se despertó un día con una avalancha de audios en sus grupos de washapp que causaron un gran revuelo. Circularon hasta tres audios diferentes en los que una voz femenina contaba que en la ciudad estaba actuando un grupo de delincuencia organizada. Describía a las integrantes de la banda que atacaba a personas confiadas, sobre todo mujeres, pero sin olvidarse de niños y mayores en general. Decía el audio que para sus fines criminales utilizaban una técnica que ya forma parte de las leyendas urbanas,  que conseguía privar a sus víctimas de voluntad, 

Sin embargo, pocas horas después, la ciudadanía recibió un oportuno y conveniente mensaje del Ayuntamiento, que también tuvo una extensa difusión, en el que se desmentían tales hazañas delictivas. Hasta los más escépticos pudieron quedar tranquilos al recibir comunicación fehaciente en la que se aseguraba que, en realidad, había habido un único caso que estaba en investigación descartándose la existencia de una banda organizada apostada en cada esquina para desvalijar al transeúnte despistado. Mucho humo para tan poco fuego.

Sin embargo, hubo mucha gente honrada que reenvió los audios con la noble pretensión de poner en guardia al vecindario y evitar a otros la desagradable experiencia. Les dieron así una difusión que seguramente no esperaban sus autores. Ellos, quienes iniciaron el bulo sabiendo a ciencia cierta que era mentira, son los únicos que no merecen el calificativo de gente honrada.

Así pues, mucha gente se enteró del suceso en su falsa versión elevada al cubo. Y fue general la habitual conversación sobre lo mal que anda el mundo y la dificultad de ir por la calle sin que te atraquen, ideas ambas que no responden a la realidad, pero fomentan un potente sentimiento de inseguridad.

La importancia de esta anécdota es que no lo es. Se propagan con demasiada frecuencia mentiras peligrosas, a veces sustentadas en verdades deformadas, con el único objetivo de fomentar una agobiante sensación de miedo que acabe con la capacidad de convivencia de una sociedad. Pretenden alimentar paranoias que reclaman más porrazos y menos derechos como si el odio y la represión hubieran servido en algún momento para salir adelante.

Pretenden convencernos de que las calles están llenas de gente malvada de la que hay que protegerse haciendo olvidar que la mayoría de gente que las transita son nuestros vecinos y vecinas, colegas, amigos…  Quieren fomentar el miedo porque de ahí nace la desconfianza, la insolidaridad, el “sálvese el que pueda” que nos hunde a todos, porque solo saldremos adelante si lo hacemos juntos sin dejar a nadie atrás. Excepto los delincuentes que han de estar allí donde merecen.

De toda la historia se concluye que hay una asignatura pendiente relacionada con la información que suspendemos con gran facilidad.  Porque lo que se lee en la pantalla del móvil o incluso viene escrito en un papel, no siempre es cierto, sobre todo cuando se hace desde el anonimato. Hay que aprender a cribar, a identificar siempre las fuentes para comprobar su fiabilidad, siendo valientes para dejar de creer a pies juntillas solo lo que conviene a nuestras opiniones. Es tarea indispensable contrastar la información buscando certezas, para no vivir mangoneados en un mundo de bulos, rumores y falsedades.

Se trata, en resumen, de no creérselo todo, pecando de una ingenuidad que no nos podemos permitir a estas alturas, pero tampoco de apostar por no creerse nada. Porque no hay duda de que en algún sitio estará la verdad, que es la único que vale la pena defender.

AYUSO

Me pican los dedos porque necesito decir algo sobre la señora Ayuso. Y la llamo así con toda intención, porque creo que hay que llamar con respeto a todo el mundo, incluso a los dementes, los torpes, los malvados o los ladrones, aunque sea para no parecernos a quienes solo saben insultar y vociferar.

La señora Ayuso acaba de conceder la medalla internacional de Madrid a EEUU por ser “faro de la libertad en el mundo y ejemplo de democracia”. Es una apuesta fuerte como todas las suyas, fruto de la osadía o de la ignorancia, nunca se sabe. Pero lo cierto es que en el Dia de la Hispanidad, a cualquiera le sería difícil justificar el homenaje a un país y un gobernante que ha declarado la guerra a toda la población latina, dotándose de una policía especializada por encima de la ley que los encierra en macrocampos de concentración, saltándose alegremente cualquier convención democrática.

Es su hazaña más reciente , sin necesidad de bucear en el pasado donde habitan asuntos tan dolorosos como las personas fallecidas en las residencias, ni tan escandalosos como su apoyo al cantante que hacía revisiones ginecológicas a sus empleadas latinas como paso previo a su explotación sexual. No vale la pena incidir en los delitos confesados de su pareja de los que se beneficia cada vez que abre la puerta de su casa, en la crueldad contra las mujeres que necesitan abortar (“váyanse a otra parte”). Ya saben los perjudicados que en la sanidad pública madrileña tener pediatra es un lujo, pillar cama en un Hospital es como cantar un bingo y ser citado por un especialista en un plazo razonable, más milagroso que los de Lourdes.

Y sin embargo, muchos la aman – y la votan- y es esencial entender el porqué. La mayoría son trabajadores, estudiantes, mujeres , gente machacada por sus políticas de recortes que solo benefician a una minoría rica y poderosa . Pero la votan con lealtad. Eso es lo preocupante, ahí radica el verdadero misterio que exige un esfuerzo de entendimiento. Y es cuestión que no se puede solventar desde el desprecio o el espíritu de venganza hacia sus votantes, millón y medio en 2023 que se dice pronto, sino intentando entender las distintas claves que explican su éxito electoral.

Una de ellas es que quizás queden fascinados por su atrevimiento, su desparpajo. Les resulta atractiva la osadía de sus declaraciones, no tanto por el contenido que puede ser mentiroso o hipócrita, sino por el tono que utiliza tan castizo y garboso, como bailar un chotis. Nada que ver con el discurso de tantos políticos a quien nadie entiende. A ella se la entiende perfectamente, aunque no se comprenda nada, como suele ser habitual. Pero transmite poder, seguridad, desafío, victoria. Con ella no hay sitio para el aburrimiento. Siempre monta el pollo. Rompe las reglas. Se salta los protocolos de los políticos serios y profesionales. Hace reír al personal, utilizando ese sentido del humor provocador que roza la grosería pero que crea vínculos con quien se siente representado en lo que dice.

Pero su talón de Aquiles es que dice compartir los problemas de la gente y buscarles solución Y miente con total descaro e impunidad, como demuestran sus políticas, regalando 6000 millones en deducciones fiscales a los más ricos a la vez que hace negocio con la salud.

Para conseguir bajarla del pedestal y del sillón de la Comunidad hay que convencer a mucha gente de la estafa que están sufriendo. Eso es lo realmente importante. Y no basta con insultar o despotricar. Menos todavía con la burla a sus votantes desde la superioridad moral. Hay que argumentar, hacer evidente las mentiras y contradicciones. Hay que desarmar titulares con realidades. Hay que evitar la confrontación ridícula en torno a temas triviales (las gafas de la Presidenta y el Presidente..). Hay que cambiar el relato con los datos que hagan falta. Que rían con ella o de ella, pero que no la voten.

RUFIÁN

Creo formar parte de una gran parte de la población que tiene la sensación de ir cuesta abajo y sin frenos. La locomotora de ese tren es como el camarote de los Hermanos Marx, está llena de gente que, en general, me cae bien, aunque no siempre. Pero están tan absortos en la tarea de demostrar que son los mejores, tan empeñados en recuperar el control señalando los errores de los contrarios, que el batacazo es seguro.

Y menudo batacazo. No quiero alimentar la política del miedo que paraliza y hace que el personal centre sus esperanzas en el bunker que quiere construir en su jardín. No quiero incrementar el sentimiento de vértigo ante una realidad local, nacional y mundial que anuncia la victoria de quienes tienen clarísimo a quien van a defender y a quien piensan machacar. No quiero argumentar a favor de la desesperanza y el escepticismo que de eso vamos sobradas. Pero, oigan, ya está bien.

Parece que en la izquierda organizada de este país alguien está moviendo ficha. No hay solo uno, sino varios protagonistas. Que somos muy aficionados a elegir caballo ganador y apostar por su victoria, hasta que se rompe una pata y lo sacrificamos, pontificando sobre sus errores.

El más conocido, para bien o para mal, es Gabriel Rufián Romero porque se lo ha ganado a pulso durante estos años como parlamentario brillante, que lo es, independientemente de las coincidencias y discrepancias. Con su declaración de intenciones ya ha conseguido que por una vez y sin que sirva de precedente, el debate mediático se centre en el futuro de la izquierda y por derivación, del país en que vivimos. Más allá de eso se ha limitado a explicitar lo que tanta gente rumia en silencio. “Como no hablemos, esto se va al carajo”.

Le critican que durante estos 10 años le ha dado caña al Gobierno, pero también lo ha apoyado cuando le ha parecido conveniente. Algo que sin embargo debería ser una cualidad: ningún Gobierno ni presidente, lo hace todo bien o se equivoca siempre. Pero el hábito de las ovejas es seguir incondicionalmente al pastor para poder seguir perteneciendo al rebaño.

Le critican que deje de defender los intereses nacionalistas para situarse en órbita estatal. “Quien crea que el fascismo se va a detener en tu frontera, se equivoca…”

Le critican la soberbia que demuestra al postularse como Presidente, cosa que no ha hecho todavía y está por ver, aunque claramente está dentro de lo lógico y lo posible.

Yo, hoy y ahora, le apoyo. Porque se entiende a la perfección lo que dice y no se esconde en eufemismos o en el lenguaje críptico de la política. Porque ha abierto el debate lanzándolo a la calle impidiendo que sea un asunto a resolver en la intimidad de los despachos. Ahora está ante la mirada atenta de quienes los miramos para ver qué pesa más en sus decisiones: si sus legítimas opiniones de partido o su interés en proteger la democracia y el estado de bienestar. Porque no ha dicho lo que hay que hacer -dice que no lo sabe-, sino que algo hay que hacer como decisión colectiva de todos los personajes de la obra. Seguro que tendrá alguna idea, pero la subordina al empeño de conseguir la unidad de acción en esa locomotora que evite la catástrofe segura.

Yo, ahora, le apoyo. Mañana, quizás no. Cuando el debate avance habrá cosas que se podrán compartir y otras que no, todo depende del balance final. Si el debate no avanza porque los iluminados, puros de corazón, lo ahogan antes de empezar, nunca debería haber perdón.

Lo que es evidente es que, haciendo lo mismo, el mismo pésimo resultado está asegurado. Y que cambiar significa renuncias, olvido de agravios, visión estratégica, transparencia, generosidad, juego limpio. Algo que la ciudadanía agradecerá infinitamente porque si se pierde la batalla de las urnas, asusta lo que vendrá después.

PENSIONISTAS JUBILOSOS

Cualquier pensionista que se precie mira con lupa la primera pensión que le ingresan este año para detectar si es la prevista, la justa y necesaria.

Lo previsto, según las promesas del Gobierno, sí ha sido. Un 2’7 % clavado. Jamás se ha visto que la Seguridad Social, como los Bancos, se equivoquen en el cálculo.

Lo justo sería una cuestión discutible. Hay pensiones muy bajas y otras muy generosas, en función de los salarios recibidos. Estos responden a diversos factores relacionados con el esfuerzo personal pero también con las circunstancias de partida. La vida no es justa y aunque haya gente que lo olvide, sigue habiendo clases, con una distancia entre ellas cada vez mayor.

Su cuantía será la necesaria si se mantiene una mínima correlación entre el nivel de las pensiones y el nivel de vida. De forma que la jubilación sea compatible con una existencia digna. No es digna una pensión que no permita afrontar realidades como el precio de la cesta de la compra, los suministros básicos o los alquileres.

Habría que romper una lanza, pero en el lomo, de los partidos de derecha y ultraderecha, q votan en contra de la actualización de las pensiones inspirados por sus ídolos -de Milei a Netanyahu- personajes que no parecen perder el sueño pensando en las miserias de sus mayores. Y botarlos, con “b” para impedir que tengan mayor poder de decisión. Qué suerte no ser pensionista en Argentina, Israel o Chile donde parece que pretendan, por la vía de la exterminación, reducir la población de las personas cuya vida laboral está finiquitada Se debería recordar a quienes protestan amargamente porque hay demasiados pensionistas que no reciben un regalo conseguido en una tómbola, sino el resultado de su contribución a un sistema de reparto del que ahora se benefician.

Las pensiones públicas son un derecho conquistado que demuestra que vivimos en una sociedad solidaria que ha progresado mucho desde que llevaba a las personas que no producían, las viejas o impedidas a morir al bosque. Algo que metafóricamente puede ocurrir, aunque sea disfrazado de ese discurso neoliberalista moderno que sacrifica a las personas y se queda tan ancho.

Jubilado viene de júbilo, como los de la foto.

SANIDAD PÚBLICA

Una enfermera de la sanidad pública, responsable de la realización de unas pruebas diagnósticas esenciales, se siente agotada porque tiene una carga de trabajo insoportable y nunca recibe la ayuda prometida.

La persona responsable del Departamento de Salud intenta cuadrar la demanda sanitaria con los recursos existentes. Pero sabe que es imposible encajar ambas realidades si no hay personal suficiente para garantizar la salud de la ciudadanía. Las peticiones se acumulan y la tardanza en ser atendidas es escandalosa.

La persona que no se encuentra bien, que sufre dolores, que tiene síntomas preocupantes, que a la fuerza está aprendiendo a convivir con limitaciones inesperadas…y que se encuentra jodida y sin diagnóstico está viviendo una pesadilla. No parece haber nadie al otro lado. Se siente y está sola frente a la adversidad.

La persona que ocupa un cargo político, en el que tiene responsabilidades de Gobierno relacionadas con la gestión de la Sanidad pública, lleva varios años ocupando un despacho y un sillón. Llegó pensando en mejorar las cosas. O quizás, simplemente contento de la suerte que había tenido. Ahora está incómodo porque los problemas se le amontonan y las críticas aumentan. Quizás se ha tomado las cosas con demasiada calma. O los de su partido están ocupados en otras cosas. O quizás hay otras prioridades. También hay quienes se angustian porque afrontaron la tarea con responsabilidad, pero no han sabido, no han podido o no les han dejado cambiar nada.

Y es que el sistema público de salud -antaño una verdadera joya de la corona- es ahora una estructura que no da respuestas, con profesionales sobrecargados al borde del colapso físico y psicológico.

Se lo han cargado desde dentro, empobreciéndolo, limitando sus recursos, permitiendo su ruina progresiva. Incentivando por el contrario la alternativa privada, un negocio lleno de sonrisas que a veces disfrazan la falta de soluciones. Que no está al alcance de cualquiera.

Dedicado a los que piensan que la política no les interesa y que usarán su voto para manifestar su inmenso desprecio. A los que dicen que todos son iguales.

Que la salud los acompañe siempre.

MÓNICA OLTRA

No hay conocimiento personal de Mónica Oltra a pesar de haber compartido espacio en dos ocasiones. En la primero, ella presidía la reunión y fue bastante impertinente, brusca y con un punto autoritario. Una mujer sin tiempo para tonterías. Era la Vice entonces y presidía el Consell de les Dones.

En la segunda ocasión , cuando no lo era ni presidía nada, compartió mesa y mantel como antesala de un modesto acto informativo con público feminista en una pequeña población. La vio disfrutar de una cabezadita relajante después de comer y más tarde, la oyó hablar, arengar y argumentar en la distancia corta.

No hay pues cercanía política ni personal con esta mujer desgreñada y provocadora, de lengua larga y energía infinita.

Pero fue una buena noticia, saber que por segunda vez su causa había sido archivada con acuerdo de la Fiscalía y de una segunda jueza. No tanto conocer las predicciones que anuncian que las acusaciones volverán al ataque hasta conseguir sentarla en el banquillo dentro de dos o tres años, tras los cuales será absuelta por fin, desarmada pero no vencida.

Los protagonistas de la política institucional son los partidos en este país. Pero los partidos tienen la cara de las personas que los representan. A veces la representación es penosa ( véanse solo un par de titulares de actualidad, no más para no atragantarse) y otras no tanto. Difícil interceptar a quienes se acercan buscando beneficio propio y no de la ciudadanía. O a quienes tienen buena intención, de la que sirve para empedrar el camino al infierno. Pero es injusto no diferenciar a justos de pecadores.

Oltra era una de las dirigentes con “más tirón y mejor valoración de toda la izquierda”, dos cualidades difíciles de encontrar en la política autonómica o central. aunque se busque con lupa . Hoy sigue siendo de discurso comprensible, en absoluto aburrido, estés de acuerdo o no con él. Demostró ser una política eficiente, más allá del teatro mediático y dejó como demostración su reforma de los Servicios Sociales en la Comunidad Valenciana que hoy siguen defendiendo con verdadero fervor las profesionales del sector , lo que es un indicador realmente válido.

Nadie dice que haya que subirla a los altares y adjudicarle el don de la infalibilidad. Que haya que beatificarla o crear un club de fans entregados. Pero lo cierto es que si la primera imputación ya fue discutible, todo lo que viene después de su primer juicio, donde se resolvió archivar la causa tras dos años de investigaciones, no es más que una especie de lapidación en diferido, piedra a piedra, hasta conseguir machacarla.

No es justo, y sí muy preocupante, que dedicarse a la política sin rehuir la pelea para defender aquello que se dice defender, creándose enemigos tan potentes como implacables, conlleve un precio personal y político tan alto. No es tolerable que haya quien destroce por la vía de la infamia a quien no puede vencer en el debate abierto. La guillotina no funciona hace siglos, pero cortar cabezas sí que parece estar permitido por la vía del lawfare, palabro que define la técnica de destruir a una persona por la vía del acoso judicial sin que la justicia esté ni se la espere.

No hace falta ser amiga de Oltra, ni de su partido, ni siquiera compartir ideología para concluir que no se hace un país habitable sin unas reglas de juego moralmente admisibles. Se acabará por romper el tablero y no podremos jugar juntos. Será aburrido y demasiado peligroso. (Imagen Javier Mariscal)