Categoría: SOY CIUDADANA

VERANOS EXAGERADOS

No sería de extrañar que le empezaran a crecer membranas cartilaginosas en dedos de pies y manos. Al final tendría una apariencia bastante parecida a un pato, por ejemplo, animal que no le caía especialmente bien, pero que no era de las peores opciones.

Esa era la consecuencia de pasar tanto tiempo en el agua, muchas más, sin duda, que bajo techo, intentando así sobrevivir a una jornada de calor que transcurría con parsimonia y sin piedad.

El agua de la piscina, fresca aunque no fría, parecía el único lugar del mundo apto para la supervivencia, solo superado por los espacios cerrados donde un aparato de aire acondicionado rugía a cualquier hora del día para facilitar paz climática a sus habitantes.

Mientras se miraba las arrugadas yemas de los dedos, no causadas por la edad para variar, sino por el largo período en remojo, recordaba en ese mismo jardín los estanques helados con finos cucuruchos de hielo que colgaban de los árboles. Cuando la vegetación estaba cubierta por un consistente manto de nieve y la piscina por un fino cristal azulado. Cuando al respirar se podía jugar al efecto locomotora, lanzando un vaho que desaparecía rápidamente y no se exponía ni un milímetro de piel para evitar convertirse en un ser amoratado a consecuencia del frío.

Esos eran los inviernos obedientes con las normas climáticas estudiadas en los libros de escuela, que quizás nunca volverán. Nos dejan estos veranos tan exagerados como inhabitables que acompañaran un buen rato, quizás para siempre, a la humanidad autodestructiva e incompetente de la que formamos parte.

QUE LA GUERRA NO NOS SEA INDIFERENTE

La vida no nos da para más porque andamos muy ocupadas con nuestros problemas grandes y pequeños, cotidianos o excepcionales. Lo repetimos con frecuencia y quizás sea verdad.

Con lo nuestro ya tenemos suficiente, de ahí la tendencia universal a no levantar la vista y atreverse a mirar lo que les pasa a otros, a otras personas que se parecen demasiado a nosotras, pero que habitan escenarios muchísimo más despiadados y letales que el nuestro.

Pero ahí están, a poco más de 3000 Kilómetros. Aunque nadie quiera parecerse a esa pediatra palestina que salió una mañana de su casa camino al hospital dejando a sus 9 hijos, el menor de 6 meses, y los volvió a ver un ratito después, cuando los llevaron tras el bombardeo de su casa. Solo uno sobrevivió. O ser la abuela de esa niña enflaquecida y enferma que mira su propia imagen en el teléfono cuando posaba sonriente hace unos meses. Y no se reconoce. O conocer a ese hombre, que fuera de sí, mira los restos de su casa derruida donde estaban todos los que querían. O cruzarse con esa anciana encorvada que camina entre cascotes no se sabe a dónde. O presenciar el tristísimo espectáculo de esa muchedumbre infantil que agita recipientes ante una alambrada, peleando a muerte por una ración que significa la supervivencia.

Nula credibilidad tienen quienes llaman guerra, a lo que ya hace tiempo que solo es una estrategia de exterminio. Que el 70% de las víctimas sean mujeres y criaturas, desmonta cualquier intento de justificar la masacre.

Pero no es suficiente el rechazo de la mayoría de las personas decentes hacia el agresor y quienes les apoyan. Ni la solidaridad moral con un pueblo que tuvo la “mala suerte” de habitar un territorio que otros, más fuertes e inmorales, quieren ocupar.

Tampoco se paran las guerras desde la indignación con la que firmamos manifiestos y cartas. Y mucho menos con la resignación, cuando constatamos la mala suerte de esa pobre gente y de forma rápida cerramos la sesión y seguimos disfrutando de nuestra vida, que, sin duda, no es perfecta, pero transcurre sin que sobrevivir sea una de nuestras prioridades. Tenemos mejor suerte, sin duda alguna.

Solo hay un camino, como se hizo evidente hace 22 años, cuando las manifestaciones del “No a la guerra” ocuparon las calles de ciudades y pueblos de todo el mundo y lograron torcer la mano de aquellos figurones que jugaban con el destino del mundo.

Antes y después de una guerra indecente

Solo hay un mensaje: detengan el genocidio ya! que ha de llegar a Feras, de 19 años, un joven que luchó contra el cáncer de médula ósea durante cinco años y sobrevivió. O a Ahmed Abu Amsha, cuya familia no ha dejado de huir para salvar su vida, aunque nunca sin sus instrumentos con los que enseña música a los niños y niñas desplazados cerca de él. A Zaina Ghanem, cuya hija de seis años perdió la capacidad de hablar cuando allanaron su casa y las expulsaron con violencia. O a la escritora Neama Hassan, que contaba que era la undécima ocasión en que su familia cambiaba de refugio, pero que sus hijas habían conseguido salvar la albahaca que enseñaban sus hijas sonrientes.

Solo así se demuestra Humanidad y se puede creer en el futuro.

A TODOS LOS PADRES

A los nuevos padres, a los que se estrenan, a los que exploran realidades que han dejado de ser imaginadas. Que acunan a sus retoños desde la soberbia de creer que podrán protegerlos siempre y garantizarles una vida sin elecciones equivocadas que les causen dolor. Que están descubriendo el misterio de dejar de ser el centro de la propia vida para colocar allí a alguien que acaban de conocer. Que lo van a hacer bien porque nunca van a dejar de intentarlo.

A los padres en ejercicio, que han aprendido sin manual las difíciles artes de la crianza, que conocen la satisfacción de oírles roncar en su cama, la plenitud de verlos sanos y fuertes, la alegría basada en los éxitos ajenos y el deseo permanente de que la vida les trate bien. Que superan cada día miedos e incertidumbres intentando marcar la ruta que los lleve a puerto seguro.

A los padres en retirada, pero nunca jubilados que mantienen vivo ese vínculo tácito con quienes trajeron al mundo y los ven ahora adultos autónomos, que siguen tropezando y levantándose, intentando vivir sin hacer ni hacerse daño. Que recuerdan el trayecto sin nostalgia, pero con alegría, lleno de renuncias necesarias y satisfacciones impagables.

A los padres que se fueron, pero ahí están mirando un presente en el que les sería difícil encajar, desde viejas fotografías en ocasiones memorables. Los que siguen en ese recuerdo que parece inexistente, pero está sólidamente instalado en nuestra memoria y nos guiña el ojo a menudo, al ver unas manos, un gesto, una frase que lo saca a pasear. Esos padres que el tiempo desdibuja, pero jamás borra de nuestra memoria.

A todos ellos, feliz día!

EL AVE MARÍA EN FRANCÉS

https://www.levante-emv.com/costera/2025/02/28/ave-maria-frances-114763606.html

Hay gente, mucha, quizá demasiada, que no habla ni escribe correctamente el valenciano. Quizás fuera la lengua de su familia, pero en su infancia, se dejó de hablar en público y en su presencia. Hacerlo ya no estaba exactamente prohibido como en los feroces tiempos de la dictadura, pero era desaconsejable y parecía impropio de una familia bien. También porque otorgaba una cierta condición asociada a la incultura, a la pobreza que no casaba bien con esas familias que bregaban por hacerse un sitio más o menos cómodo en una sociedad extremadamente clasista e insolidaria. 

Por eso en los colegios pijos se podía aprender a recitar el Ave María en francés, mientras que el valenciano era escondido en el armario de las cosas prescindibles. Mala suerte entonces para los que de forma espontánea soltaban un “bondia” fuera de lugar y recibían una bronca o algo peor, que corregía su tremendo error de forma contundente.

En realidad, lo que se pretendía era borrar una identidad, una historia, unas raíces que no encajaban en ese país único a fuerza de martillazos, empeñado en negar la diversidad, que no tenía nada de grande porque en él ni siquiera cabían todas las personas y menos de libre porque tener juicio propio era una proeza.

De esa forma mucha gente olvidó o simplemente nunca aprendió a hablar en valenciano y así una lengua hablada por 600 millones de personas, el castellano, se superpuso a otra que nunca pensó en hacerle la competencia, sino que simplemente intentó resistir para no perder la identidad como dijo el poeta y cantó Raimon.

No saber hablar la lengua de tu país, de tu ciudad, de tu pueblo, hace inevitablemente a las personas más ignorantes y menos cultas de lo que podrían ser. Han perdido el vínculo comunicativo que los unía a sus antecesores y tienen difícil la comunicación fluida con sus coetáneos en una lengua llena de matices y términos tan propios e intraducibles como “coentor”, “borinot” o “desfici”. Lo tienen difícil para comprender el camino recorrido, la conexión con un pasado que es causa y origen del tipo de sociedad valenciana que hoy vivimos.

El saber no ocupa lugar, frase hecha y cierta para variar. Y está por demostrar que tiene de maléfico o perjudicial el conocimiento de varias lenguas entre ellas especialmente, la propia. No se pierden neuronas en el camino, sino al contrario. No es elemento de desunión sino de solidaridad. No es motivo de soberbia, sino de orgullo legítimo. No duele, ni daña a nadie, aunque sí resulte hiriente y humillante el empeño en ahogar palabras e intoxicar la convivencia. 

Ninguna lengua se puede, ni se debe imponer, pero no hay argumento que legitime la prohibición ni el arrinconamiento de ninguna de ellas.  Todas las personas han de ser libres para expresarse en aquella que mejor refleje sus pensamientos. Pero para poder tener esa opción, han de conocerlas, han de aprenderlas en las escuelas, porque si no la posibilidad de elección no es más que un espejismo imposible. Ese es su derecho, el que se cuestiona con un referéndum en falso que habla de libertad, pero es intrínsecamente tramposo, como siempre que se iguala a David con Goliath, y se niega al más vulnerable el derecho a sobrevivir. 

RICO Y PELIGROSO

https://www.levante-emv.com/costera/2025/02/06/rico-peligroso-114033260.html

Elon Musk es un empresario, inversor y magnate. Y ahora también uno de los hombres con más poder político del mundo. La mano derecha, si es que le hacía falta más derecha, de Trump.  De su poderío económico queda todo dicho cuando se le atribuye un patrimonio de más 400.000 millones de dólares. Una cifra tan descomunal que se hace difícil de entender para cualquier intelecto normal. Aunque más difícil es de entender que quien todo lo pueda comprar, elija comprar miseria, odio, guerra y destrucción.

Es el dueño de la red social X, antes Twitter, que se compró en 2022 por 44.000 millones de dólares, un pellizquito insignificante en su fortuna total. Que haya perdido aproximadamente el 90% de su valor desde su compra, es algo que tampoco preocupa al comprador.  Parecía un capricho de milmillonario insatisfecho y juguetón, pero era una estrategia contundente para el objetivo perseguido.

Pero antes de cambiar de amo, Twitter, sin ser ninguna panacea, era una red social que funcionaba a modo de patio de debate público donde se podía encontrar información actualizada y opiniones muy diversas sobre todo tipo de temas. La información podía ser sesgada ciertamente, y las opiniones eran en algunos casos, bastante prescindibles. Había que aplicar, como en cualquier red social, ese principio de sensatez que dice que no hay que creer todo lo que se lee o escucha, ni dar crédito a opiniones, cuando se emiten como si fueran gases.

Pero cuando el pájaro azul voló y la X se impuso, se convirtió en otra cosa muy diferente y mucho más peligrosa. El efecto “Musk” ha sido evidente porque las desinformaciones y bulos se han multiplicado. Porque el relato ha dejado de estar en manos de las personas usuarias para ser propiedad exclusiva del dueño que cuenta lo que quiere y cómo quiere, extendiendo así un mensaje permanente de odio y violencia. Se ha convertido en una perfecta herramienta de guerra contra las mujeres, contra las personas diversas, las inmigrantes y en general, contra la gente vulnerable que somos casi todos.

Por eso, mucha gente ha tomado el camino de salida. Desde “The Guardian” a “La Vanguardia”, desde Ecologistas en acción a Greenpeace. Y también lo ha hecho en Xàtiva el colectivo de Xàtiva Unida, que cierra su cuenta y recomienda al Ayuntamiento que comparta su iniciativa.

Podrá parecer un gesto inútil, irrelevante, casi pueril, que no añade nada a los siete millones de usuarios que la marca pierde en EEUU cada mes o a los 30.000 franceses que dijeron “adieu” el mismo día que Trump tomó posesión. Pero tiene valor si se recuerda el efecto mariposa, esa creencia, que no es poesía sino experiencia vital, que habla de la gente pequeña, que, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.

Si no lo cambian, lo cambiarán otros a su medida, dejando fuera a la inmensa mayoría. Es cuestión de supervivencia.

FALSA NAVIDAD

Es un espejismo la celebración de los premios de la Lotería que han tocado en localidades afectadas por la Dana y la gestión de Mazón, porque no dejan de ser casos puntuales para alegría de algunas escasas familias, mientras que las de al lado siguen en su travesía por el desierto. Es una alucinación colectiva la que pretende hacernos creer que por ser Navidad, las sombras se desvanecen, las injusticias se borran y los abusos desaparecen

Es una utopía creer que la Navidad sea capaz de resolver todos los conflictos, dejando atrás todas las miserias con las que convivimos. Que sentados a la mesa seremos personas diferentes, sin pasado y con un historial limpio de rencores y carencias. Es pura ficción confiar en que por ser Navidad la felicidad se convertirá en un estado universal de carácter obligatorio para todo el mundo.

Es pura quimera que ese dolor , íntimo y privado, que todas llevamos dentro, se disuelva como la gaseosa porque lo dicen el calendario y los titulares. Los fantasmas siguen ahí, como heridas que quizás ya no sangran, pero duelen como el primer día.

Lo que es realidad y certeza como la vida misma, es que en Navidad compartimos un acuerdo general e implícito de resucitar, aunque sea durante unas horas, la fe en el futuro, la confianza en las personas y la esperanza en la justicia. Durará unos días, unas horas y a veces solo minutos, tras los cuales cerraremos el capítulo con resignación pero con obligado realismo. Y seguiremos trabajando por un futuro que quizás sea imposible pero es también obligatorio

LA PATRIA QUE DEFIENDO

Nunca entendió la palabra patria. Siempre le sonó a tricornio, a marcha militar, a vozarrón marcial, a leyenda para atrapar incautos…

Es que nunca le gustaron los uniformes , ni uniformarse. No podía creer -y ya le hubiera gustado- en las certezas absolutas, en las verdades a ciegas, en las lealtades incuestionables..

No podía tragar los discursos fervorosos y vacíos, los golpes de pecho, ni identificarse con quienes marcaban esa línea que solo admitía dentro a quienes tomaban la pastilla de la sinrazón.

Pero ahora viendo esas cadenas humanas, de gente armada con escobas que, sin necesidad de hacer discursos, caminaba con pocas esperanzas pero con absoluta determinación , descubrió la patria a la que quería pertenecer .

Los vio frágiles pero poseedores de enorme fuerza. Vulnerables pero generosos. Atacando el barro, puerta a puerta, calle a calle, sabiendo que aunque sus medios son insuficientes aportan algo infinitamente necesario para mirar con esperanza el futuro: la capacidad de compartir el sufrimiento sin resignación, la fe en el ser humano, la solidaridad entre iguales.

Y entendió cuál era la patria que quería defender.

CUESTIÓN DE OPINIONES

Interesante conversación entre abuela y nieto. La disyuntiva era entre Tarzán y Hulk, dos personajes míticos e impactantes correspondientes a  épocas diferentes e infancias muy distintas.

La abuela tiene una preferencia indiscutible por Tarzán, ese tipo apolíneo pero sin exagerar. Nada que ver con los modelos ciclados ,llenos de protuberancias y que brillan engrasados como un pato chino laqueado. Recuerda a la perfección las pelis de Weismuller, que lleva ya finiquitado un montón de años y  no era demasiado buen actor aunque lanzaba un grito inolvidable , auténtico, que ponía los pelos de punta sin que nadie nunca tuviera las cuerdas vocales necesarias para  reproducirlo .

El chiquillo, que además solo conoce versiones actualizadas y edulcoradas de Tarzán, apuesta por Hulk. Un monstruo verde y amorfo, que aparecía como resultado del ataque de ira que sufría el desgraciado poseedor de ese extraño poder de conversión. Hulk también tenía vozarrón pero sin matices. Llevaba poca ropa porque era experto en reventar camisas y pantalones que tras la explosión se quedaban en bermudas algo ridículas.  Tarzán llevaba en cambio un elegante taparrabos que ondeaba al viento con elegancia inigualable.

Para la abuela, el asunto está claro. Tarzán defendía a los débiles y aunque  parecía siempre a punto de ser vencido, siempre resurgía de sus cenizas. El crío defiende a Hulk ante el que se quedaba hipnotizado por su fuerza bruta, porque se imponía por el miedo, por su tamaño y su poderío. Solo  su presencia,  su rugido y algún mandoble que otro bastaban para quitarse de en medio a sus enemigos.

Qué escasez de recursos y pobre inteligencia  -pensaba la abuela.

Qué héroe más birrioso,  tan blanco y sin músculos -pensaba él.

Todas tenemos opiniones. Casi todas son respetables, excepto algunas que no son opiniones, sino delitos. Pero si se puede debatir  con alegría e ingenio, sin hostilidad ni generando animadversión; si  se pueden defender las propias opiniones con respeto y sin descalificar al contrario , incluso admitiendo la improbable pero teórica  posibilidad de cambiar la propia opinión, bienvenida sea la discrepancia. Nos hace  más sabios y aptos para vivir en sociedad.

8M, UNA MANIFESTACIÓN DIFERENTE

Esta semana las calles de Xàtiva se van a llenar de gente. Es la manifestación de las mujeres, con motivo de la celebración del  Día internacional  instaurado por la ONU en 1975,  que celebra en todo el mundo los avances conseguidos por las mujeres señalando el camino a recorrer. Es una causa más que suficiente para que mucha gente que no tiene la asistencia a manifestaciones entre sus ocupaciones habituales, haga  un hueco en su agenda y acuda a una marcha que es diferente a otras convocatorias.

Maribel acude con su hermana. Ambas son mayores, ya felizmente jubiladas pero acuden religiosamente a esta manifestación porque entienden que es la que habla de ellas y por ellas, de las mujeres silenciosas  que vivieron vidas anónimas, sacrificando mucho y recibiendo poco o nada. Acuden porque tienen hijas y no quieren para ellas lo que les tocó vivir a su generación. Que no hayan de consentir que nadie les ponga una mano encima. Quieren que puedan elegir, que no tengan sólo  obligaciones sino una vida propia que vivir.

Acudirán también muchas  mujeres jóvenes , de las que están empeñadas en  encontrar su espacio, en construir un proyecto vital en el que puedan aportar su talento o su capacidad. Se manifiestan desde la exigencia y la beligerancia porque necesitan que las puertas se abran para  poder entrar a demostrar quienes son y lo que valen. Quieren vivir en paz, sin miedo y con libertad, siendo protagonistas y no comparsas, tomando decisiones y asumiendo consecuencias.

Esther acude con sus amigas. A punto de titularse, están luchando a codazos por abrirse paso buscando ocupación para poder independizarse  y vivir sus vidas. No quieren privilegios, ni regalos pero tampoco piensan tolerar que por su sexo o edad, no se reconozca su valía. Quieren salarios dignos en trabajos con condiciones razonables. Están preparadas y dispuestas a salir al mundo y lo quieren hacer sin miedo, cuando y como quieran, sin necesidad de dar explicaciones ni pedir perdón. Van a la manifestación del 8M porque no quieren callar y consentir sino reclamar la existencia libre y digna a la que tienen derecho.

Hay quien asiste para mostrar  su aprecio en las mujeres de su vida, las madres, hijas, hermanas o amigas a las que respetan y valoran desde la distancia corta, en las que confían y a las que necesitan para seguir adelante. Convencidos de que  se lo merecen todo ,  salen a celebrar su existencia, el placer de haberlas conocido y convivir con ellas.

Pepe asiste porque, aunque le ha costado un poco,  ha aprendido a valorar a las mujeres y apreciar su inteligencia, su dedicación y resistencia.. Siempre creyó que él era quien debía tener el mando y solucionar los problemas pero la vida le demostró que las mujeres tenían capacidad más que de sobra para afrontar los más duros reveses de la vida. Cuando a él le dejaron noqueado fueron ellas las que reaccionaron y consiguieron salir  adelante. Y  el aprendió que ni ellas estaban para obedecer, ni él para mandar. Y lo agradeció con sinceridad,  reconociéndoles a ellas el  mérito y a él sus limitaciones. Por eso, asiste todos los años a la manifestación de las mujeres, quizás no en primera fila , pero siempre infinitamente agradecido.

Susana va porque tiene una criatura y quiere para ella un futuro sin sombras ni amenazas,  en el que pueda convivir con respeto y armonía. Sin mentiras y  sin violencia.

Xàtiva se llenará sin duda la tarde del 8 de Marzo de gente decente  que cree en las mujeres y sus derechos. Por muchas razones, todas legítimas y compartidas.

SINRAZONES PARA LA DESIGUALDAD SALARIAL

Esta semana es el día de la Igualdad Salarial y se descuelgan los sindicatos como CCOO  con sesudos estudios que demuestran sin lugar a dudas que las mujeres cobran menos por realizar trabajos de igual valor. Pero quien lee los estudios en este país? Casi que nadie porque es  más fácil cuestionarlos de entrada desde la sensación absolutamente subjetiva y errónea de que a estas alturas  en un país moderno y civilizado como el nuestro, esto NO puede pasar.

Pero pasa. Lo dice la EPA que no es sospechosa de afiliación sindical y mantiene año tras año que del análisis de la tozuda realidad, guste o no guste, se desprende que ellas cobran una media de 4300 euros menos de salario medio. Un 18,6% que no es nada despreciable.

Y las razones las dan los Sindicatos, centrándose en tres razones fundamentales e incuestionables, porque también se apoyan en datos estadísticos de los que no se cocinan ni se prestan a interpretaciones sesgadas. Aunque siempre hay alguien que conoce a alguien que es mujer y cobra un pastizal y de ahí generaliza alegremente. O también quien opina que las mujeres se han vuelto demasiado reivindicativas y protestan por costumbre y tradición sin que haya razones que lo sustenten. No hay peor ciego, que el que no quiere ver.

Son tres las razones fundamentales de esta injusticia tan flagrante como antigua.

Primero, las mujeres soportan mayores tasas de trabajo parcial, ocupaciones sólo de algunas horitas para cobrar un poquito. Falta decir, que así es , no porque quieran sino porque no tienen otro remedio para atender sus otras y numerosísimas responsabilidades. Cómo si no , con los caóticos y absurdos horarios de este país, se podrían atender los horarios escolares, extraescolares, postescolares y demás? Solo si trabajas a media jornada por lo menos hasta que no se descubra el don de la ubicuidad. Solo si eres mujer y es tu obligación, aunque tal cosa ya no se diga en voz alta aunque permanece escrito con letras de oro en la conciencia social colectiva

Segundo porque en las nóminas aparece el sueldo base acompañado de diferentes complementos que premian determinadas características del trabajo desempeñado. Y que casualidad que la mayoría de estos complementos premien rasgos habituales de los trabajos que realizan mayormente hombres (esfuerzo físico, penosidad, nocturnidad…) frente a cualidades que se precisan para trabajos de mujeres (atención, precisión, resistencia….) que por lo que se ve no merecen ningún reconocimiento y reflejado en la nómina.

Por último y no menos importantes las mujeres como media, aunque existan las  correspondientes excepciones , cobran menos  salario en cálculo anual, porque más del 80% de las excedencias por cuidado de hijos e hijas las “disfrutan” ellas al igual que las reducciones de jornada que también se llevan otro pellizco. Lo tienen así mucho más difícil para ocupar los puestos mejor retribuidos y que también conllevan mayor responsabilidad y disponibilidad. Pero alguien tiene que estar en casa a la hora de bañar a las criaturas.

Soluciones las hay. Y de hecho , la aplicación de algunas de las medidas sindicales propuestas han reducido la brecha de forma manifiesta pero insuficiente. Acabar con la parcialidad femenina, valorar justamente los requisitos asociados a los  trabajos que realizan las mujeres, elaborar y aplicar planes de igualdad en las empresas son algunas de ellas. Y sobre todo avanzar en la conciliación y la corresponsabilidad que quiere decir  erradicar definitivamente la peligrosa, ancestral e interesada idea que viene muy bien a algunos, de que las mujeres son las reinas de la casa, garantes del bienestar doméstico porque esa es su mejor opción, para la que están mejor dotadas y que por supuesto no tiene precio. Ni salario, claro.