Categoría: SOY CIUDADANA

PARTICIPA COMO PUEDAS

Es  Ontinyent ciudad vecina y amiga de Xàtiva, pero  con la cual ,  como pasa en las mejores familias con los hermanos o primos,  se está en permanente competición , a ver quién puede más o llega más lejos, porque lo cortés, ya saben, no quita lo valiente.

En estas fechas allí  están  en pleno proceso de participación ciudadana para consultar y elegir las mejores propuestas a realizar para y desde la ciudadanía.

Esto de la participación es un entrenamiento que como en toda aquella disciplina donde se quiere adquirir maestría , no se acierta a la primera sino que se ha de persistir para ir aprendiendo . Porque toda innovación  como esta de orquestar procesos de participación abiertos y transparentes implica errores de más o menos calibre. Se va aprendiendo con la experimentación, puro método científico, y no hay guía publicada ni técnico cualificado que impida los batacazos. Se puede  pedir demasiado o pedir demasiado poco, se pueden incumplir las predicciones presupuestarias que se manejan, pueden aparecer factores que imposibiliten el cumplimiento de objetivos  que quizás se asumieron demasiado alegremente.   En fin que no deja de ser un mecanismo que se va afinando con el tiempo. De hecho en Ontinyent , ya llevan mas de 10 años, pero poco a poco lo van bordando.

En Xàtiva, se dio en otras legislaturas no muy lejanas,  un fuerte impulso a este tipo de iniciativas que sin embargo tras un arranque potente han acabado en el rincón del olvido.  Quizás porque supone más  complicaciones no solo para quien sea responsable del área sino  también para el conjunto de la estructura municipal  que ha de tensarse y volcarse para garantizar un procedimiento bien diseñado , fluido y racional, capaz de articular las mejores propuestas y por supuesto su aplicación en plazos razonables. Nadie dice que sea fácil.

Pero lo cierto es que no abordar el desafío de la participación ciudadana, poniéndose de perfil, o enfatizando otras actuaciones de indiscutible calado, no dice mucho, ni bueno del compromiso real del Ayuntamiento con la democracia abierta, transparente y participativa. Que como siempre, se demuestra con hechos  y no con discursos. Bienvenido sea el Consell de xiquets o xiquetes de reciente creación  para educar en la participación a las próximas generaciones. Pero ya tarda impulsar  para las actuales generaciones con plenos derechos políticos, un ejercicio práctico del calado de unos presupuestos participativos como toca.  

Y es que  la política y más en el ámbito municipal , no puede ser  cosa de dos equipos , los que mandan y los mandados sino que  hace falta tender puentes entre ambos para favorecer la empatía mutua y la responsabilidad compartida. A los gobernantes municipales  les puede venir muy bien asumir  sin soberbia y sin hostilidad, la visión ciudadana de la realidad de la ciudad tal como la viven quienes la habitan. Podrá no ser absolutamente acertada pero aporta información de indudable interés que debe tenerse en cuenta. Por otra parte, a la ciudadanía , esa masa que a veces opina con demasiada alegría y poca reflexión sobre las circunstancias de su vida en comunidad, le viene bien ese ejercicio de encajar las aspiraciones diversas en un marco común. Es buena lección de convivencia para  esa gente tan aficionada a pontificar sobre  lo que debe hacerse  sin tener en cuenta más que los propios intereses, ni  querer ver las limitaciones, ni preocuparse de las prioridades. 

La participación es una escuela de democracia que rebaja los humos e imprime seriedad y rigor a las decisiones y a las opiniones  políticas. Otra cosa es que los procesos participativos tengan sus reglas y sus exigencias de calidad, que no puedan ser improvisados ni tutelados, que exijan  una conjunción de factores a veces inestable y un esfuerzo innegable  para conjugar intereses y posibilidades.

Cierto que se trabaja más cómodo a puerta cerrada pero si no se deja entrar el aire , el resultado a la larga se empobrece porque le falta el oxígeno que lo enriquece .Trabajar para la gente, pero sin la gente , es una formula ya muy ensayada a lo largo de la historia que fracasa a pesar de las buenas intenciones.

ORINA DONDE TOCA

Hay conflictos de convivencia que parecen anecdóticos, pero no lo son. Desde el vecino asilvestrado que fuma puros en el ascensor hasta la que aparca ocupando dos plazas y media. Son incómodos problemas que hacen antipática la convivencia humana. Y que a veces se pueden solucionar con imaginación. Algunos, de vez en cuando y si la sangre no llega al río, son susceptibles de tratarse desde la óptica del humor que tampoco hace falta ser tan trascendentales todo el rato.

La cosa es que el tan elogiado como abandonado casco histórico de Xàtiva, sobre el que hay coincidencia universal en que debe configurarse como un punto de atracción innegable para el turisteo, huele mal. En sentido literal. Y por una vez, es evidente, que no es la población canina la culpable, sino la de dos patas.

Al albergar también la zona de copas y otras distracciones de la ciudad, ya eran conocidas las quejas de los residentes por los problemas de ruidos y algarabías, resultantes del estilo de diversión de este país, que no sabe expansionarse si no es a grito pelado y con la música a los máximos decibelios soportables por el oído humano.

Ahora se abre un nuevo flanco a cuenta de las denuncias formales de los dueños de comercios y locales de la zona por los antihigiénicos hábitos fisiológicos de algunos que convierten la zona en un urinario. Serán aguas menores, pero no es una cuestión menor, viendo la indignación de los comerciantes que claman y con razón por ofrecer una imagen tan desalentadora para la clientela teniendo, además, que hacerse cargo de gastos de limpieza y desinfección.

Es evidente que no se contribuye demasiado al fomento turístico de la zona permitiendo que los abundantes y desagradables restos de las juergas y francachelas queden expuestas a la vista de esos turistas que tanto se han de mimar para que vuelvan y gasten.

No es un asunto local. Sucede en todas las zonas de fiesta y desparrame como si la alegría y el bullicio dieran carta blanca para saltarse las normas de convivencia y a pesar de que la mayoría de las ordenanzas municipales recogen prohibiciones y normas que no prescriben cuando se está de juerga.

De hecho, las medidas sancionadoras son duras en sitios como Madrid o Barcelona donde la renuncia a dar uso a los WC puede suponer multas de 750 euros como mínimo. Originales los navarros que durante los últimos San Fermines, utilizaron en Pamplona un repelente para la orina que conseguía que la micción rebotara contra la fachada, salpicando los pantalones y el calzado del incontinente. Donde las dan, las toman, debe ser la filosofía. En Écija, apuestan por la vía de la tecnología, con drones que graban a los meones en plena faena.

En Xàtiva, respondiendo a las quejas, han hecho otra propuesta también imaginativa que, por lo que ha trascendido, consiste en instalar unos sensores que, al detectar movimientos inesperados en zonas oscuras, encenderán un potente foco que iluminará de pleno a los vándalos en plena hazaña delictiva. A más de uno se le cortará en seco su iniciación como delincuente urbano, aunque lo sea en pequeña escala. Y habrá escenas, rostros y reacciones que desgraciadamente no quedarán grabadas, pero facilitarían un archivo de imágenes con bastante vis cómica. Solo hay que usar la imaginación.

En cualquier caso, son actitudes incívicas que pueden y deben ser combatidas no solo desde la penalización sino también garantizando que los locales ofrecen aseos públicos en condiciones

que, en caso de ser insuficientes, podrían ser complementados con instalaciones municipales al uso como han hecho en Barcelona.

CASAS DE COMIDA

Casi un centenar de comercios te dice Google que existen en Xàtiva – solo en la ciudad de Xàtiva- cuando alguien quiere comida para llevar a casa. La verdad es que una cifra impresionante, aunque no del todo exacta. A descontar restaurantes y comercios que cerraron sus puertas y otros que, aunque admitan esa posibilidad, no se dedican a ello de forma prioritaria, siendo fieles al formato de mesa y mantel, carta y menú, postre y café.

El detonante principal que impulsó esta nueva forma de negocio y de alimentación fue sin duda la pandemia que hizo espabilarse al sector de la restauración para encontrar formas de subsistir. Y lo que al principio parecía una moda muy anglosajona se fue imponiendo con autoridad y vocación de permanencia. Por eso hoy casi todos los restaurantes anuncian su oferta de comida para llevar a quien no quiera sentarse en una mesa a degustar el menú con todos los rituales y normas sociales que ello conlleva. Y es que la comida puede ser un acto social gratificante pero también a veces una necesidad básica a cubrir sin excesiva inversión de tiempo, ni de dinero.

Tradicionalmente los reyes de la comida a domicilio han sido las pizzerías o los restaurantes chinos, seguidos de cerca por los Kebabs, pero paulatinamente han ido apareciendo otro tipo de negocios, centrados sobre todo en la comida tradicional aunque ofrezcan alguna exquisitez para no aburrir a la clientela. 

Apuestan por la comida casera que hacen al día, sin conservantes ni colorantes, y que no te envían a casa, ni falta que les hace dadas las largas colas que se suelen montar a las horas punta cuando el personal se acuerda de que es la hora de comer. Sirven paellas de una variedad sorprendente, arroz al horno que no podía faltar, pasta y las humildes legumbres, el gazpacho manchego o una oferta variada de ensaladas, siempre sin omitir la valenciana. También se hace patria con la comida.

Es una opción relativamente barata, aunque no se puede negar que menos accesible económicamente si se trata de alimentar a una familia, más o menos numerosa. Pero para personas solitarias o familias reducidas a la mínima expresión que, con o sin síndrome del nido vacío, han de comer todos los días, es una opción más que interesante. Y de esas hay muchas en Xàtiva, donde se calcula que en alrededor del 10% de las viviendas vive una persona sola, en la inmensa mayoría de los casos una mujer, que suele estar algo cansada de cocinar y poco motivada para hacerlo para ella sola.

Desde la perspectiva de género, aquella que analiza la realidad desde el punto de vista de cómo afecta a las mujeres, ya hace mucho tiempo que se entendió que la diferencia entre la cocina de vanguardia y la cocina doméstica no está en su calidad, sino en su valoración social. Porque no es lo mismo alimentar cinco bocas que pían insatisfechas si la ración no es suficiente o no es de su gusto, sin que nadie tenga el más mínimo gesto de agradecimiento, que la “haute cuisine”, aunque sea en formato familiar, reducido a la paella a leña que el cocinero aficionado cocina los domingos para toda la peña entre elogios complacientes.

Por eso, esta oferta culinaria viene muy bien a las mujeres que viviendo solas -que no es lo mismo que estar solas- o escasamente acompañadas pueden abdicar, si quieren, de sus tareas en la cocina y comprarse una ración de lo que les entra por los ojos para ser servidas y no al contrario que es lo que han conocido siempre.

ANIMALES

Esta semana ha sido San Antoni Abad, festividad con gran seguimiento popular que incluye la multitudinaria bendición de los animales que es un acto la mar de pintoresco y entrañable en el que las familias llevan desde el canario a la mula, pasando por la pecera y la jaula del hámster,  para que reciban las bendiciones de la Iglesia que  les  procurarán, o por lo menos esa es la idea, una  larga y buena vida.

Y es que el amor a los animales es patente en Xàtiva. Hay más de 4000 perros inscritos en el  censo de perros existente, siendo la segunda localidad con más animales registrados. Aunque no están todos los que son,  ya que según el colegio de veterinarios son más de 7000 los animales que viven en la ciudad. Una población perruna que da trabajo a más de 130 hospitales y clínicas veterinarias por lo que se convierte en un nicho laboral de considerable interés.

Lo cierto es que a pesar de algunas tradiciones que más valdría olvidar, el amor a los animales que es rasgo que dignifica a un país y a su ciudadanía, está muy extendido en España . Un amor en la mayoría de los casos que se manifiesta con responsabilidad y coherencia.  De hecho, el 52% de los españoles que tienen mascota reconocen que dedican más de cuatro horas al día a estar con sus animales, siendo así el país en el que más tiempo se dedica a los animales domésticos, por delante de Estados Unidos (39%), Francia (36%) y Alemania (35%).

No solo se trata de perros, aunque sea la opción preferente. Casi un 60 % se inclinan por los gatos y, sorprendentemente, los peces también representan una cifra muy elevada en comparación a otros países, con un 19% de españoles que tienen en casa un pez.

Con todo sigue habiendo prácticas más que rechazables como el abandono de más de 280.000 perros y gatos durante el 2022. Sin contar con episodios que trascienden de vez en cuando relacionados frecuentemente con perros de caza, así como casos de salvajismo con gatos, como el recientemente sucedido en Xàtiva , cuando alguien encontró divertido disparar balines a gatos vulnerables. Actividad que choca de frente con el trabajo y la preocupación que demuestran por el bienestar gatuno,  asociaciones muy activas en la ciudad como Una Huella en el Corazón y CES Colonias Felinas.

No habría que olvidar que el trato hacia los animales no es más que la demostración del grado de civismo y capacidad de convivencia de una sociedad moderna. La brutalidad que demostraban antiguas tradiciones hoy ya extinguidas afortunadamente, la falta de respeto a la vida de otros seres desde la soberbia de considerarse superior y todopoderoso, no son rasgos que configuren precisamente a una sociedad madura. Ya están afortunadamente superados festejos consistentes en apalear a animales, lancearlos, colgarlos, prender fuego a partes de sus cuerpos o arrancárselas, lanzarlos desde alturas o al agua… con el sorprendente objetivo de honrar a patrones y patronas que allí donde estén debían alucinar ante tales espectáculos.

Existe una Ley de Bienestar animal ya aprobada y vigente que exige cambios e impone condiciones en el trato con los animales, pero está pendiente de desarrollos reglamentarios que clarificarán su aplicación. Hay que confiar en que las Administraciones no convertirán el tema en pelota sobre el tejado de otros, sino que lo afrontarán con sensatez y rigor, haciendo lo que haga falta para que los derechos de los animales y de sus amos sean respetados en su integridad y no colisionen entre ellos ni con el resto de la ciudadanía.

POESÍA GASTRONÓMICA

La Navidad es la época de los buenos deseos, los regalos, la lotería, y también del buen comer en cantidad y en calidad.  De llenarnos la panza como si no hubiera un mañana, de cargar las mesas de alimentos, que ya no parecen ser tales, porque pasan a ser gratificaciones, caprichos hedonistas que rozan el empacho, pulverizando momentáneamente cualquier pretensión de dieta sana. Nos los permitimos porque sabemos que solo durará un período limitado de tiempo ya que en caso contrario reventaríamos o nos arruinaríamos.

Las comidas además no solo se producen en el interior de los hogares como la mayoría de los días del resto del año. Es por excelencia época de comidas fuera de casa, de citas gastronómicas para comer y beber. Almuerzos de empresa, comidas de amigas, meriendas de colegio, cenas con el club deportivo, con la gente del gimnasio, de la banda de música o del club de lectura. Da igual la compañía, pero el motivo de la cita es inevitable. Comer y beber hasta límites insospechados.

En respuesta a esta demanda desorbitada se produce también una pelea titánica en el sector de la restauración para conseguir el mayor número de comensales, con estrategias comerciales que pretendiendo ser atrayentes y seductoras, confunden un poco al personal.

Así, los menús ofrecen platos que suenan bien en el oído, pero no dan pistas que indiquen si se comerán con cuchara, tenedor, palillos o con pajita. Es lo que sucede, cuando poseyendo una cultura gastronómica media, se ha de elegir entre un cubalibre de foie gras, de Quique Dacosta o unas aceitunas líquidas de Ferran Adriá. Grave problema para los afortunados que pisen sus comedores.

Sin osar opinar de instancias tan altas del cielo culinario de este país, quedándose en nuestra propia ciudad, se pueden encontrar ofertas de carrilladas con parmentier de boniato trompeta negra y su demiglacé que no aclara si es la ternera o el boniato el que toca la trompeta. A la contra, hay quien describe su plato principal como merluza que se muerde la cola con suquet de rap que ya da muchas más pistas de por dónde van los tiros.

En cualquier caso, todo debe estar buenísimo, y lo que se persigue es motivar la comanda para que resulte más atractiva. Y es que no tiene nada que ver pedirse un medallón de papa horneado con emulsión de aceite, ajo y cítricos que encargar unas patatas con alioli de toda la vida. O un bombón de bechamel envuelto en tempura de pan hidrolizado, como aparecen en algunos menús las sufridas croquetas de siempre. Son intentos imaginativos de renovación de los nombres de los platos clásicos pero insustituibles para que no pierdan su atractivo revistiéndolos de cierta capa de modernidad que les permita seguir manteniendo su encanto y poder de atracción.

Se trata de mantener el justo equilibrio entre tradición y renovación, valorando la clásica ropavieja de nombre inadecuado, pero sabor inmejorable y el coulant de chocolate que te hace tocar el cielo. O una buena tortilla de patata (ahora llamada en ocasiones semicuajo de campero con secreto de cebolla y patata pochada) que no tiene nada que envidiar a los revolucionarios y selectos chupa-chups de codorniz de algún restaurante de infinitas estrellas. 

El nombre del plato debería facilitar suficiente información para realizar la elección adecuada, más teniendo en cuenta el coste que supondrá, aunque se pueda dar cierta cabida a la imaginación. Es un rasgo de esta cocina que no persigue la supervivencia, sino que es otra forma de cultura, uno de los placeres que los seres humanos disfrutan cuando tienen suerte y oportunidad.

La Navidad y los turrones

La Lotería de Navidad tiene muchos enemigos, bastante merecidos, todo sea dicho. Porque a estas alturas todo el mundo sabe que representa, sobre todo, un inmenso negocio para las arcas del Estado, esas que son de todos, pero administran algunos, según su saber y entender, sin acertar siempre, ni guiarse sin despistarse por intereses legítimos y colectivos. Es un inmenso negocio, sí, aunque no tanto como los bulos alimentan, ya que no llega al 50 % el porcentaje recaudado

Este año la cantidad destinada a premios es de 2590 millones de euros, cifra impresionante, aunque relativamente, porque no supera por ejemplo a los casi 3500 millones de euros que las grandes empresas, Telefónica, Endesa, Iberdrola…pagaran en dividendos a sus accionistas en razón a los beneficios obtenidos 

Casi nadie ignora que las posibilidades de que le toque la Lotería con una cantidad importante que le saque de pobre y no solo sirva para cubrir agujeros que más parecen socavones, son ínfimas, ridículas, anecdóticas.  Si cada año, en el bombo de los números se introducen 100.000 bolas, que van desde el 00000 al 99.999, la cuenta es sencilla. Habiendo solo un número ganador para el primer, el segundo y tercer premio la probabilidad de que toque habiendo adquirido solamente un décimo es de 1 entre 100.000, por lo tanto, es del 0,0001%.

 Además de las escasas posibilidades de que el azar nos escoja, es de dominio público que muchos de los exultantes ganadores que destaparon botellas de cava y se las prometieron muy felices, acabaron tristes, solos y arruinados. Porque el dinero no siempre trae la felicidad, aunque indudablemente ayude. Pero hay momentos vitales en los que es fácil creer que todas las respuestas están en la cuenta bancaria y que  no hay nada que amenace nuestra felicidad que no pueda ser neutralizado con un montón suficiente de euros. Cosa de la edad es averiguar, nunca desde la experiencia ajena y por la vía del batacazo a veces, que las cosas no son tan simples.

También se escuchan historias fantásticas que otorgan a videntes, magos y otras especies la capacidad no solo de sacar conejos del sombrero, algo que ya está muy visto y anticuado, sino de acertar con el número premiado. Pero no hay inteligencia artificial, ni natural, capaz de contradecir las leyes de probabilidades matemáticas.

La Lotería de Navidad además de enriquecer a unos pocos, poquísimos, aporta otro capital importante a las Fiestas que es su anuncio publicitario. Pequeñas obras de arte, dramones de alta calidad, que hacen saltar las lágrimas empatizando totalmente con sus personajes e impulsan a salir corriendo a la Administración de Lotería más cercana. El “Vuelve a casa, vuelve” sigue siendo un soniquete que remueve las entrañas de muchas familias. El de turrones Suchard de este año que habla de la acertada faena familiar de una pareja conmueve y hace pensar, aunque lo cierto, porque lo cortés no quita lo valiente, es que se omiten muchas otras realidades familiares que también lo hacen muy, muy bien. Sin hablar del calvo, el famoso calvo de la Navidad, espécimen encantador y elegante, capaz de superar la connotación peyorativa que se atribuyen injustamente a los cráneos pelados.

Creer que te va a tocar la lotería es como esperar con ansiedad a los Reyes Magos y acostarse el día previo con el corazón en un puño a la espera de que traigan el regalo deseado. Algo lógico a ciertas edades, pero inaudito a los 40 años. Aunque en un contexto tan vociferante y crispado como el que vivimos, quizás sea de valientes, inmunes al desaliento, permitirse una dosis mínima de ingenuidad.

Justicia frente a violencia machista

Es bueno que el alcalde y la teniente de alcalde, representantes de las dos formaciones políticas que juntas dirigen la ciudad, tomen la iniciativa para reclamar de forma conjunta y planificada la vuelta de las competencias judiciales en materia de violencia de género.

Es bueno que el partido en la oposición local, pero con mando en plaza autonómica recuerde y asuma las promesas hechas respecto a la recuperación inmediata de unos recursos que nunca debieron desaparecer.

Sería bueno que existieran temas situados por encima de la confrontación política que permitieran una sincera acción conjunta entre los partidos, por muy alejadas que estén sus ideologías. La lucha contra la violencia machista debería ser uno de estos temas como se escenificó hace un año con la implicación del senador del PP, Fernando de Rosa. Pero es malo que las intenciones no se correspondan luego con las actuaciones.

No se entiende que el PSPV en les Corts Valencianes apoye una propuesta para mantener el plan de agrupación de partidos judiciales para la especialización de los juzgados de violencia sobre la mujer, lo que supone dejar las cosas como están. Mientras que el PSPV local mantiene un discurso guerrero y reivindicativo, como no podía ser de otra manera.

Tampoco que el senador del PP antes mencionado visite Ontinyent en marzo y defienda la permanencia allí de las competencias en materia de violencia machista y no su vuelta a Xàtiva, como dice que pretendía la anterior Consellera. Son las declaraciones apropiadas en cada lugar, aunque demuestran una incoherencia preocupante.

Es bueno que el Gobierno municipal se siente con profesionales del Derecho para diseñar estrategias conjuntas. Que piensen contar con la necesaria opinión de las Fuerzas de Seguridad. Que no se les olvide el apoyo inapreciable que puede prestar la ciudadanía y en concreto, las asociaciones de mujeres representadas en el Consell de les Dones.

Es malo olvidar que el conflicto no solo afecta a la ciudad de Xàtiva, sino que son 26 poblaciones de las dos comarcas, La Costera y la Canal de Navarrés, las afectadas por la medida que ya está obligando a las denunciantes, en algunos casos – siempre viene bien el recordatorio- a recorrer más de 100 kilómetros para ser atendida por la justicia.

Es bueno que desde el consistorio se intente ser propositivo, ofreciendo un local de titularidad municipal, pero es previsible que habrá que jugar con mucha más habilidad a la zanahoria y el palo, para mover a ese burro, dicho sea, con todos los respetos, que es la Administración personificada en el Ministerio de Justicia y el Consejo General del Poder Judicial, que anda ya muy entretenido con sus propias miserias como para atender peticiones tan minúsculas para ellos.

Es bueno que pretendan recabar datos y evidencias empíricas que argumenten la necesidad de que las competencias regresen al partido judicial de donde nunca debieron salir. Aunque por poco que se conozca el complejo juego de la política es fácil advertir que en las decisiones que se toman no solo, ni por desgracia, intervienen factores objetivos, sino que otras consideraciones, mucho más mezquinas, pesan de forma determinante.

Es malo, malísimo que haya habido que esperar un largo año, para recordar la reivindicación pendiente durante el cual ha habido escasa preocupación para garantizar que en Alzira se está atendiendo a las mujeres como merecen y necesitan. Se asigna así al conflicto un carácter “flotante”, a expensas de las circunstancias y los recordatorios apropiados, que no dice mucho, o quizás demasiado, de la prioridad que se le otorga al asunto. Porque resulta que las guerras no se ganan a ratos sueltos o en fechas señaladas.

El cumple de Leonor

Esta semana ha sido el cumpleaños de una chavala cuyo destino está escrito desde que nació. Ha cumplido 18 años Leonor de Borbón, princesa de Girona, de Viana, duquesa de Montblanc, condesa de Cervera y señora de Balaguer, dice la Wikipedia. Heredera que un día ocupará el trono del Reino, con la esperanza de que el retiro de su padre no sea tan tormentoso como el de su abuelo.

Criatura expuesta al escrutinio público casi desde que nació, su vida tiene una vertiente aparentemente envidiable, pero otra que, bien pensado, da bastante lástima. Porque cuando se han presidido miles de actos solemnísimos, soltado cientos de discursos que otros han escrito, estrechado millones de manos de personas desconocidas, …aunque se viva en una jaula dorada, donde las necesidades básicas y mucho más estén cubiertas, el balance tiene que doler. Aunque sea un poquito. Al fin y al cabo, la aspiración de cualquiera es vivir la vida como se quiera, cómo y con quien se desee, algo que, evidentemente, no está al alcance de esta cumpleañera. Por eso, ningún mal hay que desear a la jovencita, que como persona y ciudadana merece todos los respetos y tiene todos los derechos.

Pero otra cosa es enjuiciar la institución de la que forma parte y de la que un día ostentará la representación, magnífica con su cetro de armiño y su capa de oro, o al revés, que en materia de lujos y boatos es difícil estar muy puesta

Una institución, que ya en 2018, dos de cada cinco españoles eran partidarios de abolir. Porcentaje que en 2021, ascendió al 39.4% según encuestas independientes, dado que el CIS dejó de preguntar temiendo la respuesta a la pregunta.

El mantenimiento de la Casa Real se cifra en unos 8,5 millones de euros al año consignados tal cual en los Presupuestos generales del Estado. En honor a la verdad, no es de las más caras de Europa. Nada que ver con la monarquía británica que el pasado año obtuvo 100 millones de euros para gastos oficiales. Aunque el problema, sinceramente, no solo es la pasta. Somos gente que sabemos rascarnos el bolsillo, si el objetivo lo vale. Pero el caso es que cada vez más surgen dudas sobre la utilidad de una institución que en pleno siglo XXI parece más relacionada con el Juego de Tronos que con la Inteligencia Artificial.

Preguntar por la función de la monarquía en una prueba de acceso provocaría sin duda un buen sofocón a la mayoría de estudiantes porque la respuesta no es fácil. De hecho, uno de los factores que ha permitido la supervivencia de las monarquías europeas es su capacidad de pasar inadvertidas, de ser discretas, sin intervenir, ni molestar demasiado. Son un puro decorado, lleno de simbología y de nostalgia que al perpetuarse dicen algunos, nos indica de donde venimos obviando que ya sabemos que, en última instancia, provenimos de los monos.

Sin embargo, para muchas otras personas, no es más que una rémora, una manifestación de los privilegios e injusticias que se aceptaban en sociedades pasadas, estrictamente divididas entre los de arriba y los de abajo. Consideran que su carácter hereditario dinamita cualquier criterio de justicia implicando una contradicción insuperable con una democracia real basada en la elección y no en la designación.

Hacen trampa quienes ensalzan a las mujeres “reales”, destacando el poder que, en realidad, no tienen. Porque el feminismo es una apuesta absoluta por la igualdad de derechos y oportunidades entre todos los seres humanos. Y esa es precisamente la premisa que la Monarquía niega con soberbia, proclamando que su cuna y genealogía les otorga sus exclusivos privilegios.

La cita de todos los días 25

Falta un mes para el 25 de Noviembre, que es el día Internacional contra la violencia de género, lo que dará lugar a muchos  actos e iniciativas en casi todas las ciudades . Amplias programaciones, actos simbólicos, manifiestos, datos… bien está que la mirada social se concentre por lo menos un día al año en esto que algunos llaman fenómeno como si fuera un ciclón, lacra como si fuera la peste , o tragedia porque lo es , y una de las más dolorosas para los seres humanos.

Pero más allá del 25N , en Xàtiva, los días 25 de los restantes once meses del año, desde el Consell de les Dones viene promoviéndose desde hace mucho, una concentración ante al Ayuntamiento organizada rotativamente por las entidades que lo integran . Desde el mundo fallero, hasta la Asociación de Amas de Casa Tiryus pasando por el Consell de la Joventut y CCOO, todas se hacen responsables de esa concentración una vez al año. También lo vienen haciendo todos los partidos políticos presentes en este órgano de participación, socialistas , populares y Xativa Unida junto a Vox que debutará este año. Lo hacen como consecuencia lógica de su compromiso en la lucha contra la violencia machista, que es una guerra cruenta que no tiene color político sino sobre todo humanidad y sentido de la justicia. Lo hacen porque son consecuentes en su rechazo frontal a los asesinatos de las mujeres que mueren por serlo. Lo hacen porque no quieren ser cómplices de los verdugos de las mujeres.

Tanto tesón , que para algunos es cabezonería porque no entienden la coherencia, tantos años  de concentraciones más o menos masivas ante el Ayuntamiento,  parece que han conseguido calar en la encallecida conciencia colectiva.

Así lo demuestra el hecho, que hay que agradecer sinceramente ,de que tanto este 25 de Octubre , como el próximo 25 de Noviembre, los partidos gobernantes, PSPV y Xàtiva Unida, hayan evitado contraprogramar a las concentraciones previstas, modificando incluso el horario de actividades municipales.

Con todo, hay que resaltar que la lucha contra la violencia machista no se desarrolla un día de cada treinta. No se gana así la batalla a los agresores, a los delincuentes disfrazados de hombres corrientes que tratan a las mujeres como seres culpables de delitos nunca conocidos, merecedoras de castigo permanente sin juicio ni sentencia. Tampoco se avanza en esta guerra si se esconden sus verdaderas causas, si no se reconoce que el origen es el machismo estructural, bien insertado en nuestro patrón de convivencia y no una serie interminable de “hechos luctuosos” que no pasan de la categoría de coincidencia. 

Contra la violencia de género se trabaja todos los días, desde la redacción del periódico o la radio , desde la  consulta  médica o en la fábrica. Se pelea palmo a palmo en los colegios e institutos, con profesorado motivado y formado suficientemente. Se enfrenta en la cena de Navidad, con el cuñado gracioso o la sobrina indiferente. También desde los programas electorales, en los campos de fútbol  y en los conciertos . En la barra del bar, en la competición ciclista o en el casal fallero. En el mercado, la sala de espera o la excursión de la peña.

Quizás a veces resulte difícil, tras tantos años al pie del cañón, resistirse a la tentación de tirar la toalla, de comprar resignación y acallar la conciencia. Sobre todo si nuestras vidas son cómodas y están libres de violencia. Pero transigir, consentir, renunciar no es una opción que permita luego dormir bien por las noches, sobre todo los días en que hay una mujer menos y un asesino más.

Vivir en Xàtiva, morir en Gaza

A veces, no siempre, somos capaces de apartar la mirada de nuestro ombligo, que, aun siendo una ocupación legítima, nos absorbe demasiado y nos priva de la oportunidad y la obligación de apreciar que el mundo y la vida es mucho más que nosotros y nuestras circunstancias.

Al levantar la vista y ver la ciudad en la que vivimos, el balance no suele ser trágico, aunque es fácil reconocer las carencias y discordancias de nuestra vida en sociedad. Xàtiva es una ciudad civilizada, donde la seguridad ciudadana está garantizada según la información facilitada recientemente. Aunque mandan más los coches que los peatones es, atendiendo a su tamaño, una ciudad cómoda y asequible. Eso sí, con unas temperaturas totalmente inapropiadas que son señal evidente de que algo va muy mal, y no sólo en Xàtiva, que por otra parte no sabe defenderse de ellas con el suficiente empeño……Una ciudad que no acaba de hacerse responsable de su patrimonio cultural, con una red de aguas que pide urgentes mejoras a golpe de reventón, un núcleo antiguo que se desmorona…Pero vivimos bien.

Nada que ver con lo que está pasando sólo a 3000 kilómetros. Es aburrido verlo día si y otro también en los periódicos. Nos perdemos entre tanto relato histórico, tanto personaje histérico e histórico, tanta bulla. Estamos ya inmunizados frente a fotografías o vídeos de gente destrozada, que aúlla su dolor frente a unas cámaras que ya han retratado toda la miseria humana.

Pero si perdemos de vista el ombligo, aunque sea un minuto y miramos más allá de nuestra ventana que da a la calle que tan bien conocemos e imaginamos lo que se está viviendo tan cerca y a la vez tan lejos, no más que Oslo o Estocolmo, se puede ver algo que nos causará dolor y desasosiego, pero también nos hará más humanos.

En Gaza, el estado de Israel está cometiendo un genocidio. En directo y a la vista del mundo, parte del cual está empeñado en mirar hacia otro lado. No es una guerra entre militares que son los profesionales de la guerra -allá ellos-, sino contra la población civil. Contra mujeres y criaturas y hombres desarmados sometidos a un destino histórico del que no tienen ninguna culpa. Gente corriente que llevaba años luchando por sobrevivir en un entorno hostil que ha sido el caldo de cultivo para que organizaciones terroristas hagan lo que saben hacer: aterrorizar para dinamitar cualquier posibilidad de entendimiento. Que paguen ellos el precio de sus actos, pero no quienes habitan Gaza donde la vida es todo un privilegio.

Y nosotros, los que retomamos nuestras plácidas vidas tras un merecido descanso, no seamos tan indecentes como para apostar por la equidistancia, ni tan inhumanos que permitamos crecer el callo en nuestra conciencia que nos protege de la vergüenza y la rabia ante tanta crueldad.