Categoría: SOY MUJER

Suicidio

Se imaginó tumbada en las vías , oyendo el estruendo del tren pero descartó la idea. Demasiada  destrucción. Se vio luego cayendo  desde un sexto piso y la imagen resultaba placentera, hasta que el vuelo se convirtió en caída libre y el resultado era bastante catastrófico. Empezó a oír a su bebe de 7 días al otro lado de la puerta y se levantó para prestarle atención.

Buscó en Google la diferencia entre la lejía y el salfumán y comprobó que ambas opciones eran lentas y dolorosas. Observó con atención las cuchillas del baño pero la escena final era demasiado sangrienta. Siguió preparando con calma la mochila pensando que quizás este curso sería diferente porque todavía no había recibido ningún mensaje lleno de insultos y de odio.

Revisó todos los medicamentos almacenados durante largos años y lamentó el despilfarro realizado. Aunque quizás finalmente pudieran tener alguna utilidad. En la pared de la vieja casa todavía se apreciaba la mancha oscura causada por el disparo que hace muchos años cambió sus vidas.  Tenía que vaciar los armarios de la ropa que ya nadie necesitaría y empezar a pensar en la manera de seguir navegando sin patrón en el barco.

En 2021 murieron en España más de 4000 personas por suicidio. Más hombres que mujeres, porque cuando ellos lo deciden, son más efectivos. Pero más del 50% de mujeres entre 15 y 29 años ha experimentado ideas suicidas.

Contra el suicidio funciona la escucha, rompiendo el aislamiento y la incomunicación. Es indispensable la red social, capaz de recoger a las personas a punto de desintegrarse . Imprescindible la mirada atenta, respetuosa siempre, nunca indiferente.

En los momentos más tristes, negros y  oscuros es cuando más falta hace alguien que recuerde cómo se enciende la luz.

Besos

Vaya por delante que no me gustan los besos de cortesía. Que me resulta detestable , antihigiénica e incómoda esa costumbre nacional y no es ningún consuelo su existencia en otros países…. Es francamente aborrecible ese protocolo hipócrita de intercambiar fluidos con cualquiera que se te ponga delante. Desde el primo del cuñado de alguien que acabas de conocer y que posiblemente no volverás a ver nunca hasta el acompañante de algún conocido aunque sepas que tiene los días contados.


Besos al aire, hipócritas, vacíos de contenido. Besos confusos, empalagosos, de obligado cumplimiento para no parecer excesivamente cardo, exageradamente antipática. Besos que te presentan mucho más íntimamente de lo que quisieras a la contraparte, su olor, su textura, su relieve… Los más duros y feos, sin duda alguna, son los forzados en los que hay una participante que de forma evidente no quiere participar en la liturgia, o por lo menos pretende hacerlo con baja intensidad, y se encuentra con un abrazo de oso aborrecido, con un lametón indeseado, con un pico robado con premeditación y alevosía…


Es costumbre que atañe especialmente a las mujeres , como emisoras o receptoras, porque no es práctica frecuente entre los machos alfas, que optan por los palmeos de espalda desaforados y casi dolorosos, o en el caso de varones de menor perfil hormonal, con un apretón de manos que se ajusta más a la educación formal y no conlleva la invasión del espacio personal.


De espacios propios las mujeres no andan sobradas. Y si no que se le digan a la campeona del mundo de fútbol. También habría que decirle al besucón que debe aprender a controlar sus impulsos, con medicación si hace falta, porque ese entusiasmo tan fogoso le llevó a protagonizar un acto tan irrespestuoso como denigrante. No valen disculpas por la emoción del momento que quizás ha sido la causa de que el filtro de la corrección no haya funcionado. Lo grave es que subsista, bien enterrada pero activa, esa creencia tóxica de que las mujeres son seres que existen para ser besadas o lo que se tercie, iniciativas que en cualquier caso deben agradecer con humildad y satisfacción. Lo indignante es que el tipo en cuestión reaccione con agresividad , tratando de idiotas y tontos a quienes les rechina la escena. Lo preocupante es que entre ese entrenador que solo sabe hablar en masculino y ese presidente tan exaltado y machista, la victoria de las deportistas, su mérito, talento y esfuerzo quede opacado y falto del reconocimiento que merece. Son las campeonas del mundo, ahí queda eso. 

JUGANDO CON LA IGUALDAD

La Navidad es un paréntesis artificial pero secundado universalmente, en el que las rutinas habituales se trastocan asumiendo que durante las próximas semanas se asistirá a multitud de reuniones familiares, encuentros sociales o celebraciones de empresa, en los que se brindará unos cuantos miles de veces deseando salud y felicidad a todo bicho viviente.

En absoluto hay que desmerecer el esfuerzo de anteponer durante esos días la felicidad colectiva a las dificultades privadas que cada cual pelea como puede. No hay porqué cuestionar la sinceridad de esas felicitaciones que se reparten indiscriminadamente a la vecina insolidaria, al colega insoportable o al cuñado chismoso. Hay una tregua tácita pero sólida para aparcar momentáneamente los roces y discrepancias, que ya habrá tiempo de volver a ellos cuando se cierre el paréntesis.

A group of cheerful kids with their palms and clothing painted

Sin embargo, es preciso mantener vivas y activas ciertas creencias que defendemos a capa y espada durante el resto del año, pero que ahora olvidamos, fruto quizás de la vorágine consumista que nos atrapa a todos y de cierto atontamiento generalizado fruto de tanto festejo y comilona. No hay paréntesis posible, ni excepción aceptable en la defensa de principios que no se pueden dejar aparcados bajo el árbol de Navidad.

El jolgorio navideño no puede borrar nuestra firme creencia de que las mujeres y los hombres son iguales en derechos y oportunidades. No se puede actuar desde la más absoluta incoherencia al pretender contentar a la gente pequeña,  un empeño que honra al mundo de los adultos pero que no puede llevarse a cabo transgrediendo principios que defendemos habitualmente.

Sabemos que en sus primeros años, niñas y niños están formándose su propia composición sobre su lugar en el mundo, sobre sus límites, sobre lo que pueden o no hacer, lo que se espera de ellos y lo que tienen prohibido. A ambos hay que mostrarles, no por la vía del discurso sino de la realidad palpable del juguete que reciben, que ser niño o niña no les obliga a nada, ni les impone ningún comportamiento, ni les marca límites que no puedan superar según sus capacidades. No se trata de exterminar a las muñecas sino de que criaturas de ambos sexos aprendan igualmente la importancia de las tareas de cuidado. Los superhéroes forman parte del universo infantil, pero no son solo ellos los que poseen los poderes y protagonizan las hazañas.

Según el Estudio sobre estereotipos y roles de género en la publicidad de juguetes (Instituto de la Mujer, 2020), casi el 40% de la publicidad juguetera, muestra a niñas dulces y guapas dedicadas al cuidado de bebes calvos o muñecas casi tan grandes como ellas. Por el contrario, se muestra a los niños en roles de poder, construyendo edificios, solucionando problemas, ganando batallas. De ahí el acierto del acuerdo suscrito con el sector publicitario y juguetero para fomentar una imagen de los menores plural, igualitaria y libre de estereotipos. Es un gran paso adelante, a falta de que la elección personal de quien saca finalmente la cartera sea también responsable y coherente con la defensa de la igualdad.

Los juguetes que reciben en estas fechas son un factor esencial en su proceso de socialización y quien reste importancia a esta cuestión, quien pretenda minimizarla para que no contamine un escenario tan blanco y navideño como el que vivimos, no tiene más que acordarse de las 11 mujeres asesinadas durante el último mes del año que dejamos atrás.  Es evidente a estas alturas la íntima relación entre la violencia machista que mata y la desigualdad que convierte a las mujeres en víctimas. No hay tregua posible en esta cuestión.

Parir a la carta

Lo de parir con dolor se ha quedado francamente anticuado y en los días que vivimos las mayoría de las personas no considera en absoluto a pesar del mandato bíblico que el sufrimiento sea imprescindible para traer a las criaturas al mundo.

La ciencia avanza que es una barbaridad como decía la zarzuela y por eso hoy existen protocolos sanitarios para la atención al parto que no tienen nada que ver con esas escenas cinematográficas de parto realmente espeluznantes, llenas de gritos aterradores que rompían el tímpano de cualquiera y conducían directamente a la extinción de la especie.

Sin embargo el número de cesáreas se ha incrementado en nuestro país de forma exponencial incluyendo a la comunidad valenciana que además de ser la tierra de las flores, la luz y el amor, puede “presumir” de ser la autonomía con mayor porcentaje de cesáreas de todo el Estado debido, todo hay que decirlo, al número de éstas que se practica en los centros privados.

Una cesárea es una operación quirúrgica que se lleva a cabo cuando los profesionales deciden que el parto por vía vaginal puede ser peligroso para el bebe o la madre. Siendo una intervención mayor que conlleva sus riesgos, no debería realizarse por libre elección de la madre, ni ser una decisión médica que no esté avalada por el diagnóstico necesario. De hecho, la OMS considera admisible sólo un 15% de cesáreas del total de los partos, porcentaje altamente superado en España, según el reciente estudio publicado en los medios de comunicación.

En el Hospital de Xàtiva se produjeron 9575 partos en los últimos 10 años de los cuales el 21 % fueron por cesárea. Mucha mejor marca que el hospital de Ontinyent cuyo porcentaje es del 41.2 % e infinitamente preferible al de cierto hospital privado de Alacant que practica cesáreas al 60% de las mujeres que acuden allí a parir.

En cualquier caso, lo que debería primar en este proceso es el bienestar y la salud del nonato que quiere dejar de serlo y de su madre, que se deberían imponer a las ansiedades personales o la agenda . Lo que no parece recomendable es que los partos se conviertan en una especie de menú a la carta en relación a los cuales la futura madre elige parir con cesárea o de forma natural, como quien elige el color de los patucos. Como tampoco debiera fijar hora y día el especialista responsable que programa las cesáreas según su agenda personal por aquello de la organización del trabajo y no en función de razones médicas fundadas y objetivas.

Las causas de este fenómeno son variadas y diversas. Las matronas dicen, y con razón, que cada vez son menos en la sanidad pública a pesar de que su intervención es decisiva para que las cosas se desarrollen lo más pacíficamente posible. Pero con dos matronas por cada 10.000 habitantes, son difíciles de encontrar. También se habla del perfil de las embarazadas cada vez de mayor edad, lo que no facilita los partos naturales y sobre todo de cierta tendencia a medicalizar el parto exagerando la nota, porque una cosa es cargarse de plano el mandato del dolor y otra añadir riesgos innecesarios al nacimiento de las criaturas. Queda pendiente hablar de la episiotomía, palabro desconocido para muchos pero de fácil y doloroso recuerdo para muchas madres.

En todo caso, parece necesario revisar los protocolos de algunos hospitales y hacer pedagogía con las mujeres que están embarazadas pero no son idiotas para rectificar tendencias peligrosas y bajar el porcentaje. Ganará el sistema, las mujeres y sobre todo las criaturas.

Querida menopausia

En ocasiones da la sensación de que es una enfermedad vergonzosa como la sarna o la gonorrea. Funciona bien como insulto faltón y grosero. Estás menopáusica, les dicen a las mujeres de cierta edad cuando están malhumoradas, cuando enrojecen con facilidad, cuando engordan…Algo similar al uso perverso que se hace de la menstruación adjudicándole un poder limitante sobre las capacidades de las mujeres.

La menopausia como la menstruación son procesos que las mujeres han aprendido a disimular, como si fueran algo vergonzoso. Y sin embargo no son más que diferentes fases que se presentan en la vida de las mujeres. No son ni deberían suponer un problema para ninguna de ellas, porque la modificación de su equilibrio hormonal es un proceso natural que en absoluto compromete su valor como seres humanos.

Para empezar, habría que erradicar esa actitud ligeramente condenatoria y salpicada de compasión que convierte la menopausia en una especie de punto final. Una microcatástrofe cuya aparición indica, desde la atrevida ignorancia, que la mujer está iniciando un proceso de deterioro irreversible que la privará paulatinamente de sus aptitudes físicas y mentales. No importa que, en realidad, lo único que haya terminado sea la capacidad reproductiva de la mujer, estando plenamente vigentes todas las restantes cualidades. La leyenda cuenta otra cosa.

Sin embargo, en ese momento, a los 45 o 50 años, las mujeres pueden vivir, si las dejan, un momento esplendoroso, en el que ser protagonistas de su propia vida como no lo han sido hasta entonces. La esperanza de vida de las mujeres en este país supera los 85 años, por lo que queda un puñado de años para vivir con esperanza y felicidad. Y con salud porque la menopausia no es una enfermedad, ni requiere siempre y en todos los casos tratamientos farmacológicos.

Hace falta acabar con los bulos y mentiras que rodean ese cambio hormonal, destruyendo la autoconfianza de quien sigue siendo quien era, a pesar de los intentos de desvalorizarla o llevarla al rincón de los trastos averiados. La menopausia no engorda, no produce cáncer, no te vuelve loca ni acaba con la vida sexual de nadie. Si se apuesta por una vida sana, por el cuidado en la alimentación y se desarrolla el ejercicio físico necesario y suficiente, el resultado será una mujer plena que no necesitará medicación.

Quizás es difícil creerlo en una sociedad como la nuestra que adora en sus altares la belleza y la juventud. La belleza según unos patrones preestablecidos y nada democráticos que impone con férrea tiranía, decidiendo cual ha de ser el aspecto de las mujeres en cualquier momento de su vida si quieren recibir la aprobación social. La juventud, de una forma falsa e hipócrita, porque si de verdad se valorara a la juventud de este país se actuaría de forma mucho más contundente para ofrecerles un futuro. Pero lo que se adora en realidad es la estética juvenil aun siendo una cualidad efímera, que inevitablemente se perderá con el tiempo.

Así pues, una mujer en fase menopáusica no es bella, tal como establecen los cánones. Tampoco es joven, obviamente, atendiendo exclusivamente al calendario. Pero si la mirada que recibe no es peyorativa, ni está cargada de prejuicios, se puede descubrir en ella a una mujer que ha acumulado experiencias que quizás la hayan hecho más sabia, emociones que le permiten entender conflictos ajenos, resistencias que le permite sobrevivir a pesar de obstáculos realmente difíciles. Una mujer pasada la menopausia puede elegir no ser bella, sino ser ella, tal como prefiera, en función de su propio recorrido vital. Una gran diferencia que marca solo una letra.

10 EUROS Y RECORTES DE REVISTAS

Ha sido noticia recientemente la condena definitiva a tres años y medio de una pareja que aunque residente en otra población obligaba a una mujer a lo que denominan prostitución coactiva, actividad  que realizaba en un polígono industrial de Xàtiva.

La trajeron con engaños desde su país, le arrebataron cualquier posesión material y le privaron de cualquier contacto con persona humana  exceptuando por supuesto, a sus clientes. Y de estos debía de haber muchos dada la extensa jornada de “trabajo” impuesta a su “empleada” a la que durante dos años depositaban a las 10 de cada mañana en mitad de la huerta, para que durante 9 horas atendiera el negocio y consiguiera pingues beneficios. De hecho la pareja de proxenetas, que no tienen ocupación conocida,  han manejado considerables cantidades de dinero e incluso han comprado, al parecer, una casa en su país de origen.

Todo ello gracias a esa mujer, que no merece otro nombre que víctima y también, por supuesto, a los clientes. Es este un eufemismo amable  para denominar a los hombres, de todas las edades, de todas las clases sociales, de profesiones y ocupaciones diversas, que acudían en número considerable (uno de cada cuatro hombres en este país utiliza de forma habitual estos servicios).Eufemismo hipócrita porque se ha de ser muy poco hombre para pagar por tener relaciones sexuales con alguien que evidentemente lo hace de manera forzada, obligada por la violencia, el afán de subsistencia y la completa soledad.  Inmoralidad llevada al sumum, porque se ha de tener bien encallecida la conciencia,  para mirar las caras de  las  mujeres que se estiman y no entender el dolor y humillación que causan a la que pagan en el polígono.

Si no hubiera demanda, no habría oferta, dicen las abolicionistas. Y tienen toda la razón del mundo porque si no hubiera quien comprara cuerpos ajenos como quien compra carne animal, nadie se vería en el dilema de venderlos como forma de supervivencia, ni nadie podría enriquecerse mediante la explotación ajena. Son los usuarios del servicio quienes deberían estar en el foco de la condena pública y ser objeto de sanción disuasoria, porque son ellos los que dan origen al pingüe negocio, que no es el oficio más viejo del mundo,  sino la forma de explotación más antigüa que se conoce.

En Xàtiva no hay datos, y solo una negación absoluta y discutible sobre la existencia de este mercado infrahumano que en Valencia implica la existencia de 164 clubs y más de 17.000 pisos. No hay datos, pero noticias como esta salpican de vez en cuando los titulares de la actualidad local, lo que induce a pensar que quizás es un tema pringoso y desagradable que algunos piensan que es  mejor no mirar de frente. Otras localidades como Albal, sí lo hacen aprobando una ordenanza que multa a los puteros por demandar sexo pagado en el término municipal. Si lo hacen, será porque quieren y porque pueden, es la conclusión lógica, siendo un ejemplo a imitar.

Y no es medida en absoluta desacertada si se quiere poner palos en la rueda del Cadillac en el  que pasean los “empresarios” del sector. Para que su negocio muera de inanición, hay que desalentar a los usuarios por la vía de la pedagogía y también por la vía de la sanción, efectiva y contundente. Todo ello acompañado es evidente, de las medidas necesarias  para que ellas, las que venden lo único que tienen que son sus cuerpos, abandonen las celdas solitarias en las que las obligan a vivir, teniendo como únicas posesiones materiales algunos recortes de fotografías de animales y 10 euros.

EL GOL DE LA HOMOFOBIA

De la homofobia solo se habla el día que toca, cuando los arco iris proliferan y la mirada se centra en el gravísimo problema que tienen algunas personas que no pueden soportar que existan otras con determinadas orientación o identidad sexual. Hay que empezar a hablar con propiedad y resaltar que el conflicto no lo provocan quienes son víctimas de insultos y ataques, sino  los agresores, los que se creen con derecho a meterse en las camas ajenas a poner orden, siempre su orden, que no se sabe por qué orden divina, prima sobre los derechos y libertades del resto de la humanidad.

Hemos avanzado mucho desde aquella ley de peligrosidad social que consideraba vagos y maleantes a quienes se salían de la norma obligada. Desde aquella sociedad hipócrita y cobarde que veía vicio y perversión donde sólo había humanidad y deseo de ser feliz. Hoy somos ciertamente un país a la cabeza de derechos LGTBI y de integración de la diversidad. Hemos reformado leyes y aprobado otras para poner remedio a injusticias históricas, pero hacerlo es mucho más fácil que cambiar usos y costumbres, que erradicar prejuicios muy consolidados en la conciencia individual.

La homofobia es algo tan vergonzoso para una sociedad que se dice civilizada que es necesario reiterar la condena un día sí y otro también hasta conseguir que sus manifestaciones autodescalifiquen automáticamente a quien las manifieste. Hasta crear un sólido muro de rechazo frente a los brutales ataques homófobos producidos en los últimos meses, con violentas palizas indiscriminadas, término curioso por lo que da a entender de que las hay necesarias.

Es preocupante advertir que, aunque hay una gran mayoría social que ya superó efectivamente la mirada torcida y maliciosa, asumiendo con naturalidad y respeto la realidad sexual de cada cual, existe también una reacción violenta que busca la crispación y la exclusión, patrocinada ideológicamente por quienes presumen de su intención, si consiguieran los votos suficientes, de negar derechos que hoy en día parecen de imposible cuestionamiento. Parecen, aunque no lo son.

Quizás todo se deba a que la visibilización y normalización de la diversidad sexual, ocupando el espacio público al que tienen tanto derecho como cualquiera, escuece y altera a los sectores más retrógrados de la sociedad, convenientemente estimulados por quienes quieren llegar al poder para encerrarlos a todos en el armario del que, para ellos, nunca debieron salir. Muy parecido a lo que pasa contra el feminismo que nunca había estado tan presente y, como reacción, nunca tan atacado y distorsionado.

El futbol no está libre de la homofobia, como bien saben los árbitros en los partidos en los que la deportividad y el respeto brillan por su ausencia. También los futbolistas de distintas generaciones, desde Míchel hasta Guti pasando por Cristiano Ronaldo. Todos ellos han recibido insultos que   denotan la pervivencia del prejuicio sustentado en los vestuarios y en las gradas que exige a los jugadores una heterosexualidad militante e incuestionable para no romper la falsa imagen que asocia hombría y calidad deportiva. Demasiado poco se ha trabajado para facilitar la existencia de referentes no heterosexuales en el mundo del fútbol, en gran parte para no fastidiar el negocio acusando la presión de los patrocinadores.

Pero a nadie se le escapa la enorme repercusión social del futbol y su capacidad pedagógica y ejemplificadora. Por eso es necesario  impulsar en todos los campos , desde el Paquito Coloma que tan bien conocemos hasta el Santiago Bernabeu,  conductas siempre deportivas, con especial énfasis en el respeto que merecen los jugadores,  como modelo de conducta para niños y niñas que allí aprenden a ser adultos.

APOSTANDO POR LA VIDA

Hay que tener el corazón de piedra y la mente en blanco para asumir  que más de medio centenar de mujeres perderán la vida en el próximo año sólo por ser mujeres o que la mitad de las mujeres con las que convives y a las que estimas, sufrirán en algún grado la violencia machista. Es lo que va a pasar, según advierten predicciones basadas en datos objetivos, mucho más precisas que las de Nostradamus.

Hay que carecer de alma para resignarse ante las agresiones sexuales que se producen en este país cada cuatro horas. O para sentirse indiferente ante el acoso sexual en el trabajo, que no es más que la manifestación de la violencia machista en horario laboral. Es lógico descomponerse frente a la inocencia de las criaturas, ante la posibilidad de que algunas acaben convirtiéndose en víctimas y otros en verdugos.

Todo ello encardinado en un entramado cultural que alienta la sumisión de las mujeres y la soberbia de los hombres, convirtiendo en normalidad lo que no es más que una terrible y sangrante injusticia.   

La proliferación de casos,  la saturación emocional, la asfixiante impotencia  consiguen incorporar cada vez a más gente al pelotón de los duros de corazón , de  los cortos de vista y sordos al sufrimiento que no quieren comprometer su existencia con causas que consideran o bien imaginarias o bien perdidas.

Hay demasiadas excusas para la inacción, para ponerse de perfil y no leer la noticia que avanza el titular, para huir de otro  relato patético y preocupante de sangre y miseria. Influye también la decepción ante la incoherencia de quienes preparan el discurso adecuado en la circunstancia apropiada pero no consiguen esconder el infame postureo que sustenta su actitud. Se suman además los discursos que niegan lo evidente y rematan a las víctimas, quitándoles credibilidad y la oportunidad de ser recordadas como inocentes que perdieron injustamente la vida. Se añade el cansancio legítimo y explicable de quien lleva años invirtiendo inteligencia, tiempo y energía, en esa guerra sin tregua contra una violencia desatada, irracional y eminentemente cruel. Ahí se va acumulando la desesperanza que carcome y debilita ante un combate permanente en el que todo el mundo pierde.

Pero con todo y a pesar de todo, llega el 25 de noviembre, Día internacional contra la violencia machista, y se vuelven a llenar las calles y se percibe la fuerza de una ciudadanía que quiere vivir en la paz y en el respeto. Sería injusto negar la existencia en esta ciudad y en otras muchas, de personas que no se acomodan a vivir en una sociedad, podrida en su indiferencia, que no han perdido su capacidad de rabia e indignación ante los discursos que niegan la evidencia más desgraciada, desde la mentira y la manipulación.  

Todas ellas saben que es la desigualdad es la que alimenta al monstruo de la violencia. Que son esas grandes diferencias en la situación de unos y otras, la inexistencia de un reparto equitativo de la riqueza, del empleo (aunque del bueno no hay casi para nadie), el sometimiento de las mujeres, que a las buenas o a las malas, deben aprender y ejercer sus ancestrales, imprescindibles y jamás reconocidas tareas de cuidado, las que sustentan el edificio donde la violencia sobre las mujeres es útil y admisible.

 Ese edificio lo vamos a destruir.  Ojala más pronto que tarde, a base de  constancia sin treguas ni rendiciones, de contundencia en las acciones y de total beligerancia con las actitudes falsas e hipócritas. Siempre que permanezcamos unidas, apostando por la vida y un futuro feliz para todas las mujeres.

OBESIDAD LETAL

La gordura es un concepto relativo, como es bien sabido a la vista de las enormes variaciones que a lo largo de la historia ha habido sobre el standard deseable relacionado con el peso y formas de los seres humanos. No hay uniformidad de criterios y lo que en un país es belleza, en otros no es más que un saco de huesos o, por el contrario, el cuerpo que unos aprecian, para otros no es más que adiposidad y flacidez.

En todo caso, a estas alturas, los criterios sanitarios deberían primar sobre los estéticos, por lo menos en aquellas sociedades que tienen el privilegio de poder elegir.

Hoy, la obesidad de personas adultas y menores es un problema en este país. Que el 40% de los niños/as, uno de cada tres, tengan sobrepeso es un serio aviso de lo que vendrá después: graves problemas de salud  que comprometerán la calidad de vida de esos niños que serán adultos,  sufridores de patologías que podrían haberse evitado.

De ahí, la medida del Gobierno de limitar la publicidad de alimentos, que entrará en vigor en 2022 y abarcará todos los medios, incluida televisión, radio, redes sociales y aplicaciones. Se pretende prohibir que se publiciten como alimentos, productos que en realidad no son tales, insanos por definición o que falsifican su composición. Impedir que seduzcan con malas artes a la gente pequeña que es mayormente la que sufre el bombardeo y se hace adicta a productos comestibles pero insanos. Cierto que las medidas restrictivas por definición, no gustan y producen rechazo, pero a veces hace falta prohibir determinadas conductas peligrosas para uno mismo y los ajenos, a riesgo de tener que oír ridículas e irresponsables declaraciones de personajes públicos que se atreven a reclamar, por ejemplo, su derecho a beber y conducir sin mesura ni restricción.

La publicidad al servicio del negocio de la alimentación nos hace comer con los ojos sucumbiendo ante envases coloridos, de productos de escasa calidad, que te regalan tonterías innecesarias. Fomenta la imitación de modelos estereotipados de criaturas angelicales, gente joven guapa o personas ancianas de melenas blancas y dentaduras perfectas que se hinchan a comer chocolatinas. Es sibilina la intención de quien dispone las estanterías de los supermercados para que, en las cajas, donde se realizan las esperas y a la altura de los ojos de la gente pequeña estén todos esos productos, baratos, atractivos, insanos y perfectamente prescindibles.

Con todo, la lucha contra la obesidad requiere abrir otros frentes como la educación nutricional, el fomento de la actividad física o la reducción de grasas y azúcares en determinados productos. En Japón, la introducción de la asignatura de educación nutricional en los colegios redujo en un 20% la obesidad infantil en dos años. Hay  familias dispuestas a comer bien pero que no saben cómo hacerlo. Quizá por ello, el 60% de los escolares desayuna galletas y solo dos de cada diez toma fruta fresca en la primera comida del día.

Cada cual come y da de comer lo que quiere, es cierto. Faltaría más. Pero asumiendo que la salud que deseamos fervientemente para quienes estimamos depende en gran medida de la alimentación, sabemos sin lugar a dudas que no es lo mismo alimentarse de gominolas, chocolatinas y bollicaos que de lechugas, lentejas y plátanos. 

El resultado final en nuestros cuerpos no será igual ni de lejos, y por eso, para empezar, sean bienvenidas las medidas que apoyan a quienes con nervios de acero han de hacer frente a los aullidos infantiles que exigen su ración de azúcar  o al ansia irracional de un bombón para sobrevivir.

TÓCATE LAS TETAS

Ese el consejo, directo y contundente que ha facilitado una diputada en el Congreso con motivo de la reciente celebración del Dia Mundial de la lucha contra el Cáncer de mama, jornada en la que todos nos acordamos de esa maldita enfermedad. Aunque hay quien se acuerda de ella todos los días porque le ha tocado sobrellevarla, enfrentarse a ella y vivirla en primera persona, por lo que no hace falta que nadie les recuerde nada, ni les dé lecciones de coraje y superación.

Solo en España, cada año se diagnostican alrededor de 28.000 nuevos cánceres de mama. Una de cada ocho mujeres lo padecerá en algún momento de su vida.

Por eso, el consejo de la diputada es acertado. Lo primero que hay que hacer para enfrentar una enfermedad que mata a 6500 mujeres al año es intentar prevenirla, detectarla con la mayor anticipación posible porque así las posibilidades de superación serán mucho mayores, como todo el mundo sabe. Y hacerlo no sólo ha de depender de la actuación individual (tócate…) sino de la existencia de programas de cribado suficientes que contribuyen a reducir hasta en un 30 % la tasa de mortalidad.

Lo que todo el mundo no sabe es que el cáncer de mama tiene causas multifactoriales, lo que quiere decir que nadie está predestinada a sufrirlo ni nadie está libre de padecerlo. Lo que todo el mundo debería saber es que lo peor que se puede hacer cuando se trata con personas enfermas es adjudicarles cualquier tipo de responsabilidad o culpa, por sus hábitos, sus antecedentes o sus circunstancias.

Otra cosa que solemos hacer fatal es afrontar la enfermedad como una batalla, en la que se vence o se muere, porque de ahí se infiere que quienes fallecen son perdedoras que no fueron capaces de alcanzar la victoria. Quizás sería mucho mejor abandonar todas esas metáforas bélicas que hablan de guerra contra la enfermedad, de derrotas y triunfos y considerar la enfermedad como lo que es: un suceso vital aleatorio que no hay que afrontar con resignación pero que hay que vivir con serenidad y confianza en el futuro.

Tampoco hay que permitir que los lazos rosados disimulen la dureza de la enfermedad y nos hagan olvidar donde están las soluciones. No es en las carreras populares, en los desfiles de modas o en las camisetas apropiadas, todas ellas iniciativas surgidas mayormente de la buena voluntad que, sin embargo, no deben ocultar los elementos que en realidad nos protegen de la enfermedad.

Uno es una Sanidad pública, fuerte y bien dotada de todos los recursos necesarios desde tecnología punta hasta personal sanitario especializado. En este terreno, como en todos aquellos que comprometen la vida de las personas no puede haber listas de espera, pruebas demoradas, consultas tardías, tratamientos condicionados por la economía… La Sanidad pública y quienes la defienden con hechos y no con palabras deben contar con el apoyo incondicional de todas las personas que son y serán susceptibles de necesitar sus servicios, sin que el tamaño de su cartera importe.

El otro es la existencia de líneas de investigación científica que no sean reclamos testimoniales, de bajo coste y escasa proyección. Hace falta mimar al personal que investiga tratamientos, que mejora procedimientos de cribado y detección, que persigue un conocimiento amplio y profundo de la enfermedad para detectarla y curarla con la mayor rapidez. Sus frutos se verán a medio y largo plazo, pero deben contar con los recursos presupuestarios para hacer su trabajo durante el tiempo que sea necesario hasta conseguir los objetivos propuestos.

Esta es la receta: ponte el lacito, vota sin equivocarte y tócate las tetas.