LA PATRIA QUE DEFIENDO

Nunca entendió la palabra patria. Siempre le sonó a tricornio, a marcha militar, a vozarrón marcial, a leyenda para atrapar incautos…

Es que nunca le gustaron los uniformes , ni uniformarse. No podía creer -y ya le hubiera gustado- en las certezas absolutas, en las verdades a ciegas, en las lealtades incuestionables..

No podía tragar los discursos fervorosos y vacíos, los golpes de pecho, ni identificarse con quienes marcaban esa línea que solo admitía dentro a quienes tomaban la pastilla de la sinrazón.

Pero ahora viendo esas cadenas humanas, de gente armada con escobas que, sin necesidad de hacer discursos, caminaba con pocas esperanzas pero con absoluta determinación , descubrió la patria a la que quería pertenecer .

Los vio frágiles pero poseedores de enorme fuerza. Vulnerables pero generosos. Atacando el barro, puerta a puerta, calle a calle, sabiendo que aunque sus medios son insuficientes aportan algo infinitamente necesario para mirar con esperanza el futuro: la capacidad de compartir el sufrimiento sin resignación, la fe en el ser humano, la solidaridad entre iguales.

Y entendió cuál era la patria que quería defender.

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