El blog de Mar Vicent Artículos destacados

DE VIRUS E INCOMPETENCIA

Les ha costado a muchas personas mayores superar y desmontar falsas creencias con las que se criaron. Asumir que el frío no resfría, sino que en todo caso son los virus los que atacan porque con el frío están más cómodo que con el calor. Olvidarse de una vez por todas del mito de que andar descalzo es motivo de enfriamiento, cuando parece estar superdemostrado, no ya la inexistente relación causa-efecto entre pies desnudos y constipado, sino incluso el beneficio y la conveniencia de que las criaturas anden descalzas para formar bien las plantas de sus pies.

Son también la generación del vino quinado para las criaturas que les ayudaba a crecer o de la leche con coñac que curaba de sopetón y de resopón las congestiones nasales. Se han criado con la férrea convicción de que tragar un chicle podía poner en riesgo la vida o de la inexcusable necesidad de respetar dos largas horas de digestión antes del baño. Han creído a pies juntillas, para desgracia de muchas mujeres, en la incompatibilidad de la menstruación con las duchas y baños.

Son creencias que ahora causan risa y permiten mirar con cierta superioridad a los incautos que se creyeron esas idioteces. Pero lo cierto es que, aunque la ciencia y la medicina avancen una barbaridad, sigue habiendo agujeros negros de ignorancia que afortunadamente se van superando con la investigación y la educación sanitaria de la población. Poco le queda al muy extendido recurso de colocar cebollas manifiestamente olorosas cerca de criaturas que no paran de toser por la noche.

Estamos en pleno pico epidemiológico de enfermedades respiratorias que amenazan con saturar el sistema sanitario. Proliferan esos titulares tan poco tranquilizadores que parece que compiten en anunciar catástrofes planetarias. Pero los datos, la hemeroteca, dice que siempre en estas fechas se producen esos picos infecciosos ante los cuales se debería actuar con previsión.

Para empezar, reforzando la prevención, es decir, la educación sanitaria de la población a la que se debería bombardear -como se sabe hacer a la perfección cuando conviene a otros intereses- fomentando hábitos que protegen la salud pública, es decir, la de todos. El lavado de manos es herramienta que salva vidas, que evita contagios y economiza recursos. Lo aprendimos cuando el miedo nos metió en casa durante la pandemia y lo olvidamos con demasiada rapidez. La ventilación suficiente y permanente sabemos que se lo pone difícil a los virus, por no hablar de la vacunación que no es más que la carta de presentación a nuestro sistema inmunitario del virus que se han de cargar en cuanto se lo encuentren. La mascarilla fue y es aliada insustituible y no hace falta que lo diga el Gobierno, para dejarnos guiar por la sensatez y la solidaridad social.

Cuando todo falla -porque no es cierto que el ser humano sea el rey del planeta y cualquier bicho invisible es muy capaz de bajarle los humos- lo razonable e inteligente sería garantizar los medios y recursos suficientes para que las personas enfermas fueran atendidas con agilidad y eficacia. En lugar de eso, año tras año, los servicios y departamentos sanitarios afrontan como sorprendidos, pillados a traición, una situación complicada con plantillas reducidas porque a nadie le ha preocupado solucionar la endémica falta de personal que sobre todo en Atención Primaria convierte en un safari, conseguir la consulta médica cuando la necesitas.

De ahí que resulte muchísimo más grave, de todo punto imperdonable, mantener año tras año, los mismos errores con sus terribles consecuencias, por falta de previsión y planificación. Porque el virus realmente peligroso es el de la incompetencia.

POESÍA GASTRONÓMICA

La Navidad es la época de los buenos deseos, los regalos, la lotería, y también del buen comer en cantidad y en calidad.  De llenarnos la panza como si no hubiera un mañana, de cargar las mesas de alimentos, que ya no parecen ser tales, porque pasan a ser gratificaciones, caprichos hedonistas que rozan el empacho, pulverizando momentáneamente cualquier pretensión de dieta sana. Nos los permitimos porque sabemos que solo durará un período limitado de tiempo ya que en caso contrario reventaríamos o nos arruinaríamos.

Las comidas además no solo se producen en el interior de los hogares como la mayoría de los días del resto del año. Es por excelencia época de comidas fuera de casa, de citas gastronómicas para comer y beber. Almuerzos de empresa, comidas de amigas, meriendas de colegio, cenas con el club deportivo, con la gente del gimnasio, de la banda de música o del club de lectura. Da igual la compañía, pero el motivo de la cita es inevitable. Comer y beber hasta límites insospechados.

En respuesta a esta demanda desorbitada se produce también una pelea titánica en el sector de la restauración para conseguir el mayor número de comensales, con estrategias comerciales que pretendiendo ser atrayentes y seductoras, confunden un poco al personal.

Así, los menús ofrecen platos que suenan bien en el oído, pero no dan pistas que indiquen si se comerán con cuchara, tenedor, palillos o con pajita. Es lo que sucede, cuando poseyendo una cultura gastronómica media, se ha de elegir entre un cubalibre de foie gras, de Quique Dacosta o unas aceitunas líquidas de Ferran Adriá. Grave problema para los afortunados que pisen sus comedores.

Sin osar opinar de instancias tan altas del cielo culinario de este país, quedándose en nuestra propia ciudad, se pueden encontrar ofertas de carrilladas con parmentier de boniato trompeta negra y su demiglacé que no aclara si es la ternera o el boniato el que toca la trompeta. A la contra, hay quien describe su plato principal como merluza que se muerde la cola con suquet de rap que ya da muchas más pistas de por dónde van los tiros.

En cualquier caso, todo debe estar buenísimo, y lo que se persigue es motivar la comanda para que resulte más atractiva. Y es que no tiene nada que ver pedirse un medallón de papa horneado con emulsión de aceite, ajo y cítricos que encargar unas patatas con alioli de toda la vida. O un bombón de bechamel envuelto en tempura de pan hidrolizado, como aparecen en algunos menús las sufridas croquetas de siempre. Son intentos imaginativos de renovación de los nombres de los platos clásicos pero insustituibles para que no pierdan su atractivo revistiéndolos de cierta capa de modernidad que les permita seguir manteniendo su encanto y poder de atracción.

Se trata de mantener el justo equilibrio entre tradición y renovación, valorando la clásica ropavieja de nombre inadecuado, pero sabor inmejorable y el coulant de chocolate que te hace tocar el cielo. O una buena tortilla de patata (ahora llamada en ocasiones semicuajo de campero con secreto de cebolla y patata pochada) que no tiene nada que envidiar a los revolucionarios y selectos chupa-chups de codorniz de algún restaurante de infinitas estrellas. 

El nombre del plato debería facilitar suficiente información para realizar la elección adecuada, más teniendo en cuenta el coste que supondrá, aunque se pueda dar cierta cabida a la imaginación. Es un rasgo de esta cocina que no persigue la supervivencia, sino que es otra forma de cultura, uno de los placeres que los seres humanos disfrutan cuando tienen suerte y oportunidad.

La Navidad y los turrones

La Lotería de Navidad tiene muchos enemigos, bastante merecidos, todo sea dicho. Porque a estas alturas todo el mundo sabe que representa, sobre todo, un inmenso negocio para las arcas del Estado, esas que son de todos, pero administran algunos, según su saber y entender, sin acertar siempre, ni guiarse sin despistarse por intereses legítimos y colectivos. Es un inmenso negocio, sí, aunque no tanto como los bulos alimentan, ya que no llega al 50 % el porcentaje recaudado

Este año la cantidad destinada a premios es de 2590 millones de euros, cifra impresionante, aunque relativamente, porque no supera por ejemplo a los casi 3500 millones de euros que las grandes empresas, Telefónica, Endesa, Iberdrola…pagaran en dividendos a sus accionistas en razón a los beneficios obtenidos 

Casi nadie ignora que las posibilidades de que le toque la Lotería con una cantidad importante que le saque de pobre y no solo sirva para cubrir agujeros que más parecen socavones, son ínfimas, ridículas, anecdóticas.  Si cada año, en el bombo de los números se introducen 100.000 bolas, que van desde el 00000 al 99.999, la cuenta es sencilla. Habiendo solo un número ganador para el primer, el segundo y tercer premio la probabilidad de que toque habiendo adquirido solamente un décimo es de 1 entre 100.000, por lo tanto, es del 0,0001%.

 Además de las escasas posibilidades de que el azar nos escoja, es de dominio público que muchos de los exultantes ganadores que destaparon botellas de cava y se las prometieron muy felices, acabaron tristes, solos y arruinados. Porque el dinero no siempre trae la felicidad, aunque indudablemente ayude. Pero hay momentos vitales en los que es fácil creer que todas las respuestas están en la cuenta bancaria y que  no hay nada que amenace nuestra felicidad que no pueda ser neutralizado con un montón suficiente de euros. Cosa de la edad es averiguar, nunca desde la experiencia ajena y por la vía del batacazo a veces, que las cosas no son tan simples.

También se escuchan historias fantásticas que otorgan a videntes, magos y otras especies la capacidad no solo de sacar conejos del sombrero, algo que ya está muy visto y anticuado, sino de acertar con el número premiado. Pero no hay inteligencia artificial, ni natural, capaz de contradecir las leyes de probabilidades matemáticas.

La Lotería de Navidad además de enriquecer a unos pocos, poquísimos, aporta otro capital importante a las Fiestas que es su anuncio publicitario. Pequeñas obras de arte, dramones de alta calidad, que hacen saltar las lágrimas empatizando totalmente con sus personajes e impulsan a salir corriendo a la Administración de Lotería más cercana. El “Vuelve a casa, vuelve” sigue siendo un soniquete que remueve las entrañas de muchas familias. El de turrones Suchard de este año que habla de la acertada faena familiar de una pareja conmueve y hace pensar, aunque lo cierto, porque lo cortés no quita lo valiente, es que se omiten muchas otras realidades familiares que también lo hacen muy, muy bien. Sin hablar del calvo, el famoso calvo de la Navidad, espécimen encantador y elegante, capaz de superar la connotación peyorativa que se atribuyen injustamente a los cráneos pelados.

Creer que te va a tocar la lotería es como esperar con ansiedad a los Reyes Magos y acostarse el día previo con el corazón en un puño a la espera de que traigan el regalo deseado. Algo lógico a ciertas edades, pero inaudito a los 40 años. Aunque en un contexto tan vociferante y crispado como el que vivimos, quizás sea de valientes, inmunes al desaliento, permitirse una dosis mínima de ingenuidad.

Justicia frente a violencia machista

Es bueno que el alcalde y la teniente de alcalde, representantes de las dos formaciones políticas que juntas dirigen la ciudad, tomen la iniciativa para reclamar de forma conjunta y planificada la vuelta de las competencias judiciales en materia de violencia de género.

Es bueno que el partido en la oposición local, pero con mando en plaza autonómica recuerde y asuma las promesas hechas respecto a la recuperación inmediata de unos recursos que nunca debieron desaparecer.

Sería bueno que existieran temas situados por encima de la confrontación política que permitieran una sincera acción conjunta entre los partidos, por muy alejadas que estén sus ideologías. La lucha contra la violencia machista debería ser uno de estos temas como se escenificó hace un año con la implicación del senador del PP, Fernando de Rosa. Pero es malo que las intenciones no se correspondan luego con las actuaciones.

No se entiende que el PSPV en les Corts Valencianes apoye una propuesta para mantener el plan de agrupación de partidos judiciales para la especialización de los juzgados de violencia sobre la mujer, lo que supone dejar las cosas como están. Mientras que el PSPV local mantiene un discurso guerrero y reivindicativo, como no podía ser de otra manera.

Tampoco que el senador del PP antes mencionado visite Ontinyent en marzo y defienda la permanencia allí de las competencias en materia de violencia machista y no su vuelta a Xàtiva, como dice que pretendía la anterior Consellera. Son las declaraciones apropiadas en cada lugar, aunque demuestran una incoherencia preocupante.

Es bueno que el Gobierno municipal se siente con profesionales del Derecho para diseñar estrategias conjuntas. Que piensen contar con la necesaria opinión de las Fuerzas de Seguridad. Que no se les olvide el apoyo inapreciable que puede prestar la ciudadanía y en concreto, las asociaciones de mujeres representadas en el Consell de les Dones.

Es malo olvidar que el conflicto no solo afecta a la ciudad de Xàtiva, sino que son 26 poblaciones de las dos comarcas, La Costera y la Canal de Navarrés, las afectadas por la medida que ya está obligando a las denunciantes, en algunos casos – siempre viene bien el recordatorio- a recorrer más de 100 kilómetros para ser atendida por la justicia.

Es bueno que desde el consistorio se intente ser propositivo, ofreciendo un local de titularidad municipal, pero es previsible que habrá que jugar con mucha más habilidad a la zanahoria y el palo, para mover a ese burro, dicho sea, con todos los respetos, que es la Administración personificada en el Ministerio de Justicia y el Consejo General del Poder Judicial, que anda ya muy entretenido con sus propias miserias como para atender peticiones tan minúsculas para ellos.

Es bueno que pretendan recabar datos y evidencias empíricas que argumenten la necesidad de que las competencias regresen al partido judicial de donde nunca debieron salir. Aunque por poco que se conozca el complejo juego de la política es fácil advertir que en las decisiones que se toman no solo, ni por desgracia, intervienen factores objetivos, sino que otras consideraciones, mucho más mezquinas, pesan de forma determinante.

Es malo, malísimo que haya habido que esperar un largo año, para recordar la reivindicación pendiente durante el cual ha habido escasa preocupación para garantizar que en Alzira se está atendiendo a las mujeres como merecen y necesitan. Se asigna así al conflicto un carácter “flotante”, a expensas de las circunstancias y los recordatorios apropiados, que no dice mucho, o quizás demasiado, de la prioridad que se le otorga al asunto. Porque resulta que las guerras no se ganan a ratos sueltos o en fechas señaladas.

diciembre

Dice el refranero, cosas como “En diciembre no hay valiente que no tiemble”. Pero la verdad es que temblar, lo que se dice temblar puede suceder por muchas y diversas causas, pero desde luego, a causa del frío está difícil, vistas las temperaturas que padecemos en el año que ya se considera el más cálido desde que existen registros. Tomen nota los negacionistas cansinos y los cómodos indiferentes que ni se han enterado del fracaso total de la última cumbre climática celebrada en Dubai

Mejor no hacer caso al refranero en cuanto a sus predicciones porque leer que “en diciembre hielo y nieves, si quieres buen año el que viene” nos ha de dejar bastante preocupados ya que no se ha visto más hielo que el de la coca cola y la única Nieves que vemos es la vecina que saludamos todos los días. Otros refranes rematan la idea manteniendo que “cuando en diciembre veas nevar, ensancha el granero y el pajar”, lo que traducido al entorno urbanita más habitual viene a decir, que, si no nieva, como es el caso, mejor alquila el granero y vende el pajar porque de poco te van a servir. Vamos que vienen los apretones de cinturón.

Diciembre fue un mes malo, malísimo para los que iniciaron el viaje definitivo como Frank Sinatra, Beethoven, Elton John y Charlie Chaplin y quienes se vieron privadas de su talento y habilidad para hacernos felices. También para John Lennon al que un fan loco asesinó en la puerta de su casa. Claro que en diciembre vino al mundo Walt Disney, con su filmografía que tanto nos hizo llorar y sonreír, que nos educó tanto como nos confundió. También nació Nerón cuya llegada al mundo no parece que sea motivo de celebración a la vista de su piromanía y otras malas costumbres.

También fue en diciembre del 2019, cuando las autoridades sanitarias de la ciudad de Wuhan informaron sobre la aparición de un virus llamado COVID-19, que nos sonó a todos a chino, y perdonen el chiste malo, pero llegó a afectar a más de 770 millones de personas en todo el mundo.

Pero fue Rafael Alberti, nacido un mes de Diciembre, quien dijo aquello que tanta falta haría hoy en día: “Yo nunca seré de piedra, lloraré cuando haga falta, gritaré cuando haga falta, reiré cuando haga falta, cantaré cuando haga falta”.

El hombre deseado

Mas de uno circula por la vida satisfecho consigo mismo, desde la convicción de que nada tiene que ver con él ese prototipo de hombre machista y retrogrado, que nunca ha salido de las caverna y se cree superior a las mujeres, Considera, orgulloso, que nada tiene en común con los que agreden sexualmente a las mujeres, con los que las maltratan o incluso asesinan. Jamás haría algo así y condena con sinceridad a tales energúmenos.

Son hombres que no se consideran machistas y se esfuerzan por hacer evidente que ellos son de otra tribu, absolutamente respetuosa con la libertad y la vida de las mujeres. Son muchos, muchísimos…, que nunca aprobarían que ellas percibieran menos salario o tuvieran peores empleos,  que siempre reconocerían que son las mujeres las que deben ser dueñas de sus cuerpos, de su maternidad y de su vida, que jamás levantarían la mano a una mujer.  Que acuden a concentraciones, se informan e incluso se consideran feministas, aunque siempre en período de prueba porque son consciente de que el machismo está insertado en su ADN. Exactamente como les pasa a muchas mujeres. Son muchos, lo cual es tranquilizador y gratificante. Y su  posicionamiento es de agradecer y en absoluto menospreciable, aunque debería darse por defecto y, desgraciadamente, en los tiempos que corren no sea suficiente.

Hay otros hombres cuyo discurso es algo más confuso y menos coherente. Quizás tiene más agujeros en su credibilidad, resultando mucho más peligroso. Son los que repiten como un mantra protector aquello de «No soy machista, tengo madre e hijas», como si esta afirmación fuera una etiqueta protectora capaz de alejar toda sospecha. Son los que escuchan impresionados el relato del último asesinato machista, pero creen que ellos están libres de responsabilidad porque asumen tareas domésticas haciendo la paella de los domingos, o reconocen como iguales a las mujeres aunque no soporten la autoridad de su jefa  o las  respetan aunque paguen por sexo como hace uno de cada cuatro hombres en este país.

La estima a las mujeres de la propia vida no garantiza automáticamente una perspectiva libre de prejuicios machistas. Porque el machismo no trata solo de actos evidentes de discriminación o violencia, sino que también se manifiesta en actitudes sutiles, comentarios pasivos y comportamientos arraigados que perpetúan la desigualdad de género. Amar con locura a la propia pareja no evita conductas esencialmente machistas como tomar decisiones por ella, sentir celos o negarle su espacio personal. Adorar a las hijas no impide hacer comentarios sexistas sobre mujeres de edad similar o culpabilizar a las víctimas de agresiones por su forma de vestir.  El amor de madre no implica fregar los platos para que no lo haga ella.

En cualquier caso,  el aprecio  a las mujeres del entorno más cercano no se extiende siempre hacia las mujeres en general. Que, además, son diversas y tienen sus propias limitaciones sin que en ningún caso, su heterogeneidad justifique su discriminación como sexo.

El primer paso para construir un modelo de hombre igualitario es reconocer el machismo en las propias actitudes y comportamientos, no para flagelarse inútilmente, sino para promover un cambio no solo en las relaciones personales sino en el compromiso activo con la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres.

El segundo es asumir que el machismo no es solo un problema individual, sino también estructural lo que exige al conjunto de la sociedad  erradicar creencias y actitudes que perpetúan la desigualdad. Y ponerse manos a la obra.

El tercero es disfrutar del desafío desde el convencimiento de que con su esfuerzo están construyendo un modelo de hombre igualitario indispensable para la supervivencia social.

La chica ye-yé

La chica yeyé tendría el pelo alborotado, pero las ideas muy claras.

La chica yeyé sabía que hay demasiada gente que no se quería enterar y les desafiaba desde la alegría y la verdad.

La chica yeyé no era una chica de brilli-brilli sino una mujer inteligente, cualidad sorprendente y escasamente valorada en su mundo y en su época.

No era un cuerpazo solo para la exhibición hipócrita, ni una fuente eterna de risas y simpatía.

Tenía filo y cortaba si era necesario. Tenía voz y no solo para cantar coplas. Tenía ojazos y veía con claridad que el mundo en que vivía no estaba hecho a la medida de las mujeres.

No era artista a la que el mundo le fuera ajeno, sino mujer de carne y hueso, que lidió con la desgracia , superó miserias y se reinventó cuando hizo falta.

Buscó y encontró el valor para ser artista, pero también para vivir y sobrevivir a todas las vidas en las que fue protagonista indiscutible.

El desafío del SIDA

Si contraer una enfermedad y tener que aprender a convivir con ella ya es una mala jugada del destino, cuando la enfermedad es el SIDA, todavía el desafío va más allá.

En sus orígenes, cuando todo era desconocido, misterioso y enormemente amenazador, la infección por VIH se consideró desde la ignorancia supina, claro, como una especie de maldición bíblica, castigo celestial a las gentes de mal vivir cuyas conductas depravadas merecían un castigo divino del que no se iban a librar.

Fueron tiempos oscuros, difíciles de sobrellevar para los enfermos con escasas, casi nulas, esperanzas de futuro, que además debían intentar disfrazar ante la sociedad su padecimiento, porque darlo a conocer era arriesgarse a sufrir un rechazo explícito y enormemente cruel. Luchando contra prejuicios infundados que asignaban alegremente culpas y responsabilidades

No es que la empatía salve vidas, pero es evidente que ayuda a vivir ese último tránsito con alguna serenidad. En la década de los años 1990, la infección por VIH y el posterior desarrollo del SIDA era la primera causa de muerte en la población de 25 a 44 años en España.  El señalamiento social de las personas que al desarrollar la enfermedad no podían ocultarla y era estigmatizadas por su apariencia física o a la vista de sus síntomas evidentes es uno de las respuestas más inhumanas y crueles que se pueden presenciar.

Contraer la infección por VIH era una sentencia inexorable que obligaba a afrontar un  pronóstico fatal, junto al  estigma social que llevaba aparejada esta enfermedad, manifestada a veces de forma ostentosa e irracional, fruto del miedo que deshumaniza y anula principios morales básicos de convivencia y solidaridad. 

Casi 40 años de que se iniciara la epidemia de VIH y sida en el mundo, la infección ahora ha pasado a ser una enfermedad crónica. Nada que ver con la condena que representaba en los inicios de la enfermedad, que ha causado la muerte de 36 millones de personas en todo el mundo y 60.000 en España, desde 1981.Solo se conocen los casos de tres personas  en todo el mundo que han logrado superar el VIH, es decir, hacerlo desaparecer de su organismo. Aun así, una detección precoz y un tratamiento adecuado permiten hoy a la persona portadora tenga una vida de calidad y una esperanza de vida similar a la de la población sana.

A día de hoy se estima que, en nuestro país viven con VIH entre 1.360.000 y 162.000 personas. Es decir, personas que portan el virus aunque no han desarrollado la enfermedad. La mayoría conoce su situación y sabe que con el tratamiento adecuado su esperanza de vida supera en mucho los 2-3 años prometidos en la década de los 90. También conoce su responsabilidad individual a la hora de evitar el contagio.

El 1 de diciembre se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el SIDA. Un día dedicado a la divulgación, a la concienciación y a la eliminación del estigma que acompaña a todo aquel que se ha contagiado con el VIH. Un día en el que se reconocen los avances en la investigación de medicamentos que han permitido que la infección por VIH y sida haya  dejado de ser una sentencia de muerte en la mayoría de los países.

Con todo, no está mal recordar, que, del SIDA, como aprendimos con el coronavirus, no nos libraremos en la medida en que no se reconozca que las oportunidades de supervivencia han de ser iguales para todas las personas. Y aprendamos que el miedo y la ignorancia, los prejuicios y las aprensiones, ni curan ni protegen, sino que nos hacen más vulnerables.

Las cosas por su nombre

Diciembre del 2022 fue un mes malísimo porque mataron a 11 mujeres. En un solo mes.  Entre ellas, a  María de 67 años, enferma de esclerosis múltiple y Alzheimer que cayó al suelo donde estuvo 5 días agonizando sin que su marido  le prestara ningún tipo de ayuda ni avisara a nadie. Lo había denunciado pero de nada sirvió.

En enero se llevaron por delante a otras 7 mujeres  Y da mucha pena la muerte de India,  criatura de 8 años a la que mataron a puñaladas junto a su madre, Paloma.

En febrero, a  Elia de 17 años, sevillana,  con toda la vida por delante la mató su pareja con un arma de fuego. Tenía toda la vida por delante. En marzo le tocó  a Anna Marie de 63 años , jubilada británica que vivía en Orihuela.

En abril , el marido de Encarnación de 81 años la estranguló. Y llegó mayo con 5 asesinatos ,entre ellos el de Maialen, una alavesa de 32 años embarazada de 14 semanas. Llevaba gemelos que no llegaron a nacer.

En junio el marido de Francy la tiró por la ventana por lo que  murió 2 días después. Llegaba julio un mes terrible en el que arrebataron la vida a 8 mujeres en solo 30 días. Especialmente terrible el asesinato  de Salwa , de nacionalidad siria, a la que degolló su pareja tras lo cual se tiró al rio Ebro con sus dos hijas para acabar también con sus vidas, aunque ambas pudieron ser rescatadas. El asesino también.

Agosto repite la tendencia. Ya se sabe, el verano, la convivencia…nada nuevo para las estadísticas que se repiten año tras año. Fueron 8 los asesinatos  siendo especialmente terrible el de  Zhour en Almería asesinada con un cuchillo de cocina delante de sus tres hijos.

Claro que septiembre se lleva la palma. Hay que enterrar a 10 mujeres. Asesinan a Nicola que era enfermera, a Laura dependienta.  En Octubre matan a Paqui y en Noviembre,  Mateo, de tan solo  7 años,  con el que se arroja su padre, que no merecería tal nombre, desde un acantilado en Navarra  con el único y objetivo de causar  el máximo dolor a su madre.

De las 63 mujeres que ya no celebrarán estas Navidades, dos no habían cumplido los 20 años pero  cinco tenían más de 80. Treinta y nueve eran españolas y 23 habían nacido en otros países. Tenían muy diferentes ocupaciones y profesiones, camareras, limpiadoras, abogadas, comerciales, amas de casa….De todas ellas , 44 vivían con sus asesinos y solo 18 habían iniciado el tramite de separación o divorcio. Treinta tenían hijos que se criarán sin madre y tres murieron embarazadas junto a sus hijos no nacidos.  Imposible olvidar a India y Mateo, 8 años, que no volverán a su escuela.

Tantas mujeres, tan distintas, tan diversas tienen un solo nexo común: todas son mujeres y esa condición es la que causa sus muertes. Las asesinan porque son mujeres y eso las convierte  para algunos hombres en seres sin derechos, susceptibles de ser sometidas y humilladas, maltratadas y privadas del derecho más básico que es el derecho a la vida.

Negarlo, difuminar su realidad integrándola en la condena genérica y absolutamente compartida de todas las violencias que existen y existirán , es trasladar a quienes viven en el miedo permanente, aisladas y vulnerables,  que solo son ellas las responsables de su destino.

Reconocer e identificar correctamente el origen de la violencia machista  es la garantía para la protección y recuperación de las mujeres porque solo así se garantizan  recursos y especialistas No hacerlo,   sería lo más indecente que una sociedad que se cree civilizada podría hacer.

El 25 de Noviembre, Día Internacional contra la violencia de género, hay que exigir que se llame a las cosas por su nombre. Porque las palabras también matan.

Datos extraídos de www.feminicidio.net, Delegación Gobierno, Informe CGPJ

El cumple de Leonor

Esta semana ha sido el cumpleaños de una chavala cuyo destino está escrito desde que nació. Ha cumplido 18 años Leonor de Borbón, princesa de Girona, de Viana, duquesa de Montblanc, condesa de Cervera y señora de Balaguer, dice la Wikipedia. Heredera que un día ocupará el trono del Reino, con la esperanza de que el retiro de su padre no sea tan tormentoso como el de su abuelo.

Criatura expuesta al escrutinio público casi desde que nació, su vida tiene una vertiente aparentemente envidiable, pero otra que, bien pensado, da bastante lástima. Porque cuando se han presidido miles de actos solemnísimos, soltado cientos de discursos que otros han escrito, estrechado millones de manos de personas desconocidas, …aunque se viva en una jaula dorada, donde las necesidades básicas y mucho más estén cubiertas, el balance tiene que doler. Aunque sea un poquito. Al fin y al cabo, la aspiración de cualquiera es vivir la vida como se quiera, cómo y con quien se desee, algo que, evidentemente, no está al alcance de esta cumpleañera. Por eso, ningún mal hay que desear a la jovencita, que como persona y ciudadana merece todos los respetos y tiene todos los derechos.

Pero otra cosa es enjuiciar la institución de la que forma parte y de la que un día ostentará la representación, magnífica con su cetro de armiño y su capa de oro, o al revés, que en materia de lujos y boatos es difícil estar muy puesta

Una institución, que ya en 2018, dos de cada cinco españoles eran partidarios de abolir. Porcentaje que en 2021, ascendió al 39.4% según encuestas independientes, dado que el CIS dejó de preguntar temiendo la respuesta a la pregunta.

El mantenimiento de la Casa Real se cifra en unos 8,5 millones de euros al año consignados tal cual en los Presupuestos generales del Estado. En honor a la verdad, no es de las más caras de Europa. Nada que ver con la monarquía británica que el pasado año obtuvo 100 millones de euros para gastos oficiales. Aunque el problema, sinceramente, no solo es la pasta. Somos gente que sabemos rascarnos el bolsillo, si el objetivo lo vale. Pero el caso es que cada vez más surgen dudas sobre la utilidad de una institución que en pleno siglo XXI parece más relacionada con el Juego de Tronos que con la Inteligencia Artificial.

Preguntar por la función de la monarquía en una prueba de acceso provocaría sin duda un buen sofocón a la mayoría de estudiantes porque la respuesta no es fácil. De hecho, uno de los factores que ha permitido la supervivencia de las monarquías europeas es su capacidad de pasar inadvertidas, de ser discretas, sin intervenir, ni molestar demasiado. Son un puro decorado, lleno de simbología y de nostalgia que al perpetuarse dicen algunos, nos indica de donde venimos obviando que ya sabemos que, en última instancia, provenimos de los monos.

Sin embargo, para muchas otras personas, no es más que una rémora, una manifestación de los privilegios e injusticias que se aceptaban en sociedades pasadas, estrictamente divididas entre los de arriba y los de abajo. Consideran que su carácter hereditario dinamita cualquier criterio de justicia implicando una contradicción insuperable con una democracia real basada en la elección y no en la designación.

Hacen trampa quienes ensalzan a las mujeres “reales”, destacando el poder que, en realidad, no tienen. Porque el feminismo es una apuesta absoluta por la igualdad de derechos y oportunidades entre todos los seres humanos. Y esa es precisamente la premisa que la Monarquía niega con soberbia, proclamando que su cuna y genealogía les otorga sus exclusivos privilegios.