El blog de Mar Vicent Artículos destacados

SINRAZONES PARA LA DESIGUALDAD SALARIAL

Esta semana es el día de la Igualdad Salarial y se descuelgan los sindicatos como CCOO  con sesudos estudios que demuestran sin lugar a dudas que las mujeres cobran menos por realizar trabajos de igual valor. Pero quien lee los estudios en este país? Casi que nadie porque es  más fácil cuestionarlos de entrada desde la sensación absolutamente subjetiva y errónea de que a estas alturas  en un país moderno y civilizado como el nuestro, esto NO puede pasar.

Pero pasa. Lo dice la EPA que no es sospechosa de afiliación sindical y mantiene año tras año que del análisis de la tozuda realidad, guste o no guste, se desprende que ellas cobran una media de 4300 euros menos de salario medio. Un 18,6% que no es nada despreciable.

Y las razones las dan los Sindicatos, centrándose en tres razones fundamentales e incuestionables, porque también se apoyan en datos estadísticos de los que no se cocinan ni se prestan a interpretaciones sesgadas. Aunque siempre hay alguien que conoce a alguien que es mujer y cobra un pastizal y de ahí generaliza alegremente. O también quien opina que las mujeres se han vuelto demasiado reivindicativas y protestan por costumbre y tradición sin que haya razones que lo sustenten. No hay peor ciego, que el que no quiere ver.

Son tres las razones fundamentales de esta injusticia tan flagrante como antigua.

Primero, las mujeres soportan mayores tasas de trabajo parcial, ocupaciones sólo de algunas horitas para cobrar un poquito. Falta decir, que así es , no porque quieran sino porque no tienen otro remedio para atender sus otras y numerosísimas responsabilidades. Cómo si no , con los caóticos y absurdos horarios de este país, se podrían atender los horarios escolares, extraescolares, postescolares y demás? Solo si trabajas a media jornada por lo menos hasta que no se descubra el don de la ubicuidad. Solo si eres mujer y es tu obligación, aunque tal cosa ya no se diga en voz alta aunque permanece escrito con letras de oro en la conciencia social colectiva

Segundo porque en las nóminas aparece el sueldo base acompañado de diferentes complementos que premian determinadas características del trabajo desempeñado. Y que casualidad que la mayoría de estos complementos premien rasgos habituales de los trabajos que realizan mayormente hombres (esfuerzo físico, penosidad, nocturnidad…) frente a cualidades que se precisan para trabajos de mujeres (atención, precisión, resistencia….) que por lo que se ve no merecen ningún reconocimiento y reflejado en la nómina.

Por último y no menos importantes las mujeres como media, aunque existan las  correspondientes excepciones , cobran menos  salario en cálculo anual, porque más del 80% de las excedencias por cuidado de hijos e hijas las “disfrutan” ellas al igual que las reducciones de jornada que también se llevan otro pellizco. Lo tienen así mucho más difícil para ocupar los puestos mejor retribuidos y que también conllevan mayor responsabilidad y disponibilidad. Pero alguien tiene que estar en casa a la hora de bañar a las criaturas.

Soluciones las hay. Y de hecho , la aplicación de algunas de las medidas sindicales propuestas han reducido la brecha de forma manifiesta pero insuficiente. Acabar con la parcialidad femenina, valorar justamente los requisitos asociados a los  trabajos que realizan las mujeres, elaborar y aplicar planes de igualdad en las empresas son algunas de ellas. Y sobre todo avanzar en la conciliación y la corresponsabilidad que quiere decir  erradicar definitivamente la peligrosa, ancestral e interesada idea que viene muy bien a algunos, de que las mujeres son las reinas de la casa, garantes del bienestar doméstico porque esa es su mejor opción, para la que están mejor dotadas y que por supuesto no tiene precio. Ni salario, claro.

PARTICIPA COMO PUEDAS

Es  Ontinyent ciudad vecina y amiga de Xàtiva, pero  con la cual ,  como pasa en las mejores familias con los hermanos o primos,  se está en permanente competición , a ver quién puede más o llega más lejos, porque lo cortés, ya saben, no quita lo valiente.

En estas fechas allí  están  en pleno proceso de participación ciudadana para consultar y elegir las mejores propuestas a realizar para y desde la ciudadanía.

Esto de la participación es un entrenamiento que como en toda aquella disciplina donde se quiere adquirir maestría , no se acierta a la primera sino que se ha de persistir para ir aprendiendo . Porque toda innovación  como esta de orquestar procesos de participación abiertos y transparentes implica errores de más o menos calibre. Se va aprendiendo con la experimentación, puro método científico, y no hay guía publicada ni técnico cualificado que impida los batacazos. Se puede  pedir demasiado o pedir demasiado poco, se pueden incumplir las predicciones presupuestarias que se manejan, pueden aparecer factores que imposibiliten el cumplimiento de objetivos  que quizás se asumieron demasiado alegremente.   En fin que no deja de ser un mecanismo que se va afinando con el tiempo. De hecho en Ontinyent , ya llevan mas de 10 años, pero poco a poco lo van bordando.

En Xàtiva, se dio en otras legislaturas no muy lejanas,  un fuerte impulso a este tipo de iniciativas que sin embargo tras un arranque potente han acabado en el rincón del olvido.  Quizás porque supone más  complicaciones no solo para quien sea responsable del área sino  también para el conjunto de la estructura municipal  que ha de tensarse y volcarse para garantizar un procedimiento bien diseñado , fluido y racional, capaz de articular las mejores propuestas y por supuesto su aplicación en plazos razonables. Nadie dice que sea fácil.

Pero lo cierto es que no abordar el desafío de la participación ciudadana, poniéndose de perfil, o enfatizando otras actuaciones de indiscutible calado, no dice mucho, ni bueno del compromiso real del Ayuntamiento con la democracia abierta, transparente y participativa. Que como siempre, se demuestra con hechos  y no con discursos. Bienvenido sea el Consell de xiquets o xiquetes de reciente creación  para educar en la participación a las próximas generaciones. Pero ya tarda impulsar  para las actuales generaciones con plenos derechos políticos, un ejercicio práctico del calado de unos presupuestos participativos como toca.  

Y es que  la política y más en el ámbito municipal , no puede ser  cosa de dos equipos , los que mandan y los mandados sino que  hace falta tender puentes entre ambos para favorecer la empatía mutua y la responsabilidad compartida. A los gobernantes municipales  les puede venir muy bien asumir  sin soberbia y sin hostilidad, la visión ciudadana de la realidad de la ciudad tal como la viven quienes la habitan. Podrá no ser absolutamente acertada pero aporta información de indudable interés que debe tenerse en cuenta. Por otra parte, a la ciudadanía , esa masa que a veces opina con demasiada alegría y poca reflexión sobre las circunstancias de su vida en comunidad, le viene bien ese ejercicio de encajar las aspiraciones diversas en un marco común. Es buena lección de convivencia para  esa gente tan aficionada a pontificar sobre  lo que debe hacerse  sin tener en cuenta más que los propios intereses, ni  querer ver las limitaciones, ni preocuparse de las prioridades. 

La participación es una escuela de democracia que rebaja los humos e imprime seriedad y rigor a las decisiones y a las opiniones  políticas. Otra cosa es que los procesos participativos tengan sus reglas y sus exigencias de calidad, que no puedan ser improvisados ni tutelados, que exijan  una conjunción de factores a veces inestable y un esfuerzo innegable  para conjugar intereses y posibilidades.

Cierto que se trabaja más cómodo a puerta cerrada pero si no se deja entrar el aire , el resultado a la larga se empobrece porque le falta el oxígeno que lo enriquece .Trabajar para la gente, pero sin la gente , es una formula ya muy ensayada a lo largo de la historia que fracasa a pesar de las buenas intenciones.

SIN PANTALONES

El hombre atravesó la concurrida terraza del bar a pasitos cortos con los pantalones bajados. Dejaban ver unos calzoncillos amplios a pesar de que se agarraba con la mano sana la cinturilla del pantalón que al parecer, se le había desabrochado.  Pero lo tenía difícil lidiando al mismo tiempo con el bastón y la gorra. 

Se le veía confuso, entre avergonzado y cabreado. Impotente. 

Dos mujeres mayores lo miraron sobresaltadas. Una pareja joven hizo gestos de extrañeza. Una joven madre con su criatura al brazo, lo miraba con pena 

Pero fue un chaval veinteañero, con tatuajes en el cuello y anillo en la oreja quien se acercó a él y con toda naturalidad, con respeto pero sin dramas,  le propuso echarle una mano porque parecía que le  hacía falta. 

El viejo lo miró, primero hostil, luego desconfiado, al final solicitando con la mirada lo que no sabía trasladar con palabras, y aceptó su ayuda. Dieron la vuelta a la esquina, fuera de la mirada colectiva y al poco aparecieron, charlando y sonriendo hasta que chocaron puños a iniciativa del joven y se separaron.  

El hombre mayor llegó a su casa con el corazón contento, aunque ya no se acordaba exactamente de porqué. El chico se puso los cascos y siguió escuchando su música, extrañamente alegre también.  

PACIENTES COMO REYES

El rey Carlos III de Inglaterra, más conocido muy a su pesar por príncipe Carlos, porque ese es el título que ha ostentado toda su vida, está enfermo.

La cuestión es que tiene cáncer y esa será una noticia completamente irrelevante para gran parte de la población del planeta. Pero habrá gente que ante la noticia sentirá cierta sorpresa, quizás algo de extrañeza porque, a falta de una reflexión más rigurosa, a veces parece que hay ciertos seres privilegiados que están fuera del alcance de la enfermedad. Una enfermedad que te pilla cuando te toca, por mucho que se tengan hábitos sanos y una vida ejemplar en lo que se refiere al cuidado físico. Cuando te toca, te toca, y ahí empieza otra fase, que la experiencia dice que no conviene considerar guerra, lucha o batalla contra el cáncer porque así no entra en la ecuación el concepto de derrota o fracaso que, desgraciadamente, a veces pasa.

La cuestión es que sea rey o proletario, el cáncer es enfermedad que no conoce de clases sociales, ni de geografías, ni de sexos o edades. Para todos tiene peligro y representa una seria amenaza. Igual que la tuberculosis era enfermedad propia, aunque no exclusiva de los mineros por sus condiciones laborales, o las enfermedades de transmisión sexual se producen más frecuentemente en quienes disfrutan de una agitada vida sexual, el cáncer es enfermedad democrática que se contrae porque el destino, el elemento más injusto y arbitraria que interfiere en nuestras vidas, así lo decide. Aunque a veces reciba algo de ayuda, también.

Pero una vez te ha pillado el toro es curioso constatar que, por lo menos en ciertos países con determinados derechos, también el rico y el indigente serán iguales ante la enfermedad.

El rey Carlos III, es seguro que será tratado por un equipo de médicos altamente especializados, que le darán un trato personalizado y adaptado que le evitará demoras en las citas, listas de espera, viajes a consultas, etc…. Pero en lo que se refiere al tratamiento médico que reciba, el verdaderamente importante y decisivo que no tiene nada que ver con las formas y el protocolo, tendrá a su disposición los mismos conocimientos, y por tanto las mismas posibilidades, que un ciudadano corriente y moliente de cualquier país, que eso sí, posea sólido y bien engrasado, un sistema público de sanidad, universal y de calidad. Como, por ejemplo, España.

Entre el rey y el mendigo, y es una metáfora sin ánimo de ofender, lo cierto es que las posibilidades de supervivencia son las mismas porque el sistema, al ser público, facilitará a ambos los mejores tratamientos posibles. Y eso es motivo de reconciliación con la especie humana que en tantas cosas yerra, porque pone de manifiesto que también es capaz de arbitrar fórmulas de convivencia, que nos igualan a todos, sin discriminar a nadie, sin excluir de la atención médica y los

tratamientos a ningún ser humano porque todos tienen derecho a vivir. Cosa que, en otros países y latitudes, sí que pasa.

Por eso la privatización de la sanidad es un crimen humanitario que pretende que el dinero, el negocio marque la diferencia Por eso el sistema público, con sus averías y sus carencias, es una conquista irrenunciable que, en este país, se consiguió con lucha y empeño, a pesar de algunos.

No se vayan muy lejos. Los profesionales sanitarios del área de Oncología del Hospital Lluis Alcanyis de Xàtiva cuentan con un altísimo índice de agradecimientos por la calidad de la atención recibida. Y seguro que es porque cuidan y sanan, si pueden, a sus pacientes como reyes.

ORINA DONDE TOCA

Hay conflictos de convivencia que parecen anecdóticos, pero no lo son. Desde el vecino asilvestrado que fuma puros en el ascensor hasta la que aparca ocupando dos plazas y media. Son incómodos problemas que hacen antipática la convivencia humana. Y que a veces se pueden solucionar con imaginación. Algunos, de vez en cuando y si la sangre no llega al río, son susceptibles de tratarse desde la óptica del humor que tampoco hace falta ser tan trascendentales todo el rato.

La cosa es que el tan elogiado como abandonado casco histórico de Xàtiva, sobre el que hay coincidencia universal en que debe configurarse como un punto de atracción innegable para el turisteo, huele mal. En sentido literal. Y por una vez, es evidente, que no es la población canina la culpable, sino la de dos patas.

Al albergar también la zona de copas y otras distracciones de la ciudad, ya eran conocidas las quejas de los residentes por los problemas de ruidos y algarabías, resultantes del estilo de diversión de este país, que no sabe expansionarse si no es a grito pelado y con la música a los máximos decibelios soportables por el oído humano.

Ahora se abre un nuevo flanco a cuenta de las denuncias formales de los dueños de comercios y locales de la zona por los antihigiénicos hábitos fisiológicos de algunos que convierten la zona en un urinario. Serán aguas menores, pero no es una cuestión menor, viendo la indignación de los comerciantes que claman y con razón por ofrecer una imagen tan desalentadora para la clientela teniendo, además, que hacerse cargo de gastos de limpieza y desinfección.

Es evidente que no se contribuye demasiado al fomento turístico de la zona permitiendo que los abundantes y desagradables restos de las juergas y francachelas queden expuestas a la vista de esos turistas que tanto se han de mimar para que vuelvan y gasten.

No es un asunto local. Sucede en todas las zonas de fiesta y desparrame como si la alegría y el bullicio dieran carta blanca para saltarse las normas de convivencia y a pesar de que la mayoría de las ordenanzas municipales recogen prohibiciones y normas que no prescriben cuando se está de juerga.

De hecho, las medidas sancionadoras son duras en sitios como Madrid o Barcelona donde la renuncia a dar uso a los WC puede suponer multas de 750 euros como mínimo. Originales los navarros que durante los últimos San Fermines, utilizaron en Pamplona un repelente para la orina que conseguía que la micción rebotara contra la fachada, salpicando los pantalones y el calzado del incontinente. Donde las dan, las toman, debe ser la filosofía. En Écija, apuestan por la vía de la tecnología, con drones que graban a los meones en plena faena.

En Xàtiva, respondiendo a las quejas, han hecho otra propuesta también imaginativa que, por lo que ha trascendido, consiste en instalar unos sensores que, al detectar movimientos inesperados en zonas oscuras, encenderán un potente foco que iluminará de pleno a los vándalos en plena hazaña delictiva. A más de uno se le cortará en seco su iniciación como delincuente urbano, aunque lo sea en pequeña escala. Y habrá escenas, rostros y reacciones que desgraciadamente no quedarán grabadas, pero facilitarían un archivo de imágenes con bastante vis cómica. Solo hay que usar la imaginación.

En cualquier caso, son actitudes incívicas que pueden y deben ser combatidas no solo desde la penalización sino también garantizando que los locales ofrecen aseos públicos en condiciones

que, en caso de ser insuficientes, podrían ser complementados con instalaciones municipales al uso como han hecho en Barcelona.

CASAS DE COMIDA

Casi un centenar de comercios te dice Google que existen en Xàtiva – solo en la ciudad de Xàtiva- cuando alguien quiere comida para llevar a casa. La verdad es que una cifra impresionante, aunque no del todo exacta. A descontar restaurantes y comercios que cerraron sus puertas y otros que, aunque admitan esa posibilidad, no se dedican a ello de forma prioritaria, siendo fieles al formato de mesa y mantel, carta y menú, postre y café.

El detonante principal que impulsó esta nueva forma de negocio y de alimentación fue sin duda la pandemia que hizo espabilarse al sector de la restauración para encontrar formas de subsistir. Y lo que al principio parecía una moda muy anglosajona se fue imponiendo con autoridad y vocación de permanencia. Por eso hoy casi todos los restaurantes anuncian su oferta de comida para llevar a quien no quiera sentarse en una mesa a degustar el menú con todos los rituales y normas sociales que ello conlleva. Y es que la comida puede ser un acto social gratificante pero también a veces una necesidad básica a cubrir sin excesiva inversión de tiempo, ni de dinero.

Tradicionalmente los reyes de la comida a domicilio han sido las pizzerías o los restaurantes chinos, seguidos de cerca por los Kebabs, pero paulatinamente han ido apareciendo otro tipo de negocios, centrados sobre todo en la comida tradicional aunque ofrezcan alguna exquisitez para no aburrir a la clientela. 

Apuestan por la comida casera que hacen al día, sin conservantes ni colorantes, y que no te envían a casa, ni falta que les hace dadas las largas colas que se suelen montar a las horas punta cuando el personal se acuerda de que es la hora de comer. Sirven paellas de una variedad sorprendente, arroz al horno que no podía faltar, pasta y las humildes legumbres, el gazpacho manchego o una oferta variada de ensaladas, siempre sin omitir la valenciana. También se hace patria con la comida.

Es una opción relativamente barata, aunque no se puede negar que menos accesible económicamente si se trata de alimentar a una familia, más o menos numerosa. Pero para personas solitarias o familias reducidas a la mínima expresión que, con o sin síndrome del nido vacío, han de comer todos los días, es una opción más que interesante. Y de esas hay muchas en Xàtiva, donde se calcula que en alrededor del 10% de las viviendas vive una persona sola, en la inmensa mayoría de los casos una mujer, que suele estar algo cansada de cocinar y poco motivada para hacerlo para ella sola.

Desde la perspectiva de género, aquella que analiza la realidad desde el punto de vista de cómo afecta a las mujeres, ya hace mucho tiempo que se entendió que la diferencia entre la cocina de vanguardia y la cocina doméstica no está en su calidad, sino en su valoración social. Porque no es lo mismo alimentar cinco bocas que pían insatisfechas si la ración no es suficiente o no es de su gusto, sin que nadie tenga el más mínimo gesto de agradecimiento, que la “haute cuisine”, aunque sea en formato familiar, reducido a la paella a leña que el cocinero aficionado cocina los domingos para toda la peña entre elogios complacientes.

Por eso, esta oferta culinaria viene muy bien a las mujeres que viviendo solas -que no es lo mismo que estar solas- o escasamente acompañadas pueden abdicar, si quieren, de sus tareas en la cocina y comprarse una ración de lo que les entra por los ojos para ser servidas y no al contrario que es lo que han conocido siempre.

ANIMALES

Esta semana ha sido San Antoni Abad, festividad con gran seguimiento popular que incluye la multitudinaria bendición de los animales que es un acto la mar de pintoresco y entrañable en el que las familias llevan desde el canario a la mula, pasando por la pecera y la jaula del hámster,  para que reciban las bendiciones de la Iglesia que  les  procurarán, o por lo menos esa es la idea, una  larga y buena vida.

Y es que el amor a los animales es patente en Xàtiva. Hay más de 4000 perros inscritos en el  censo de perros existente, siendo la segunda localidad con más animales registrados. Aunque no están todos los que son,  ya que según el colegio de veterinarios son más de 7000 los animales que viven en la ciudad. Una población perruna que da trabajo a más de 130 hospitales y clínicas veterinarias por lo que se convierte en un nicho laboral de considerable interés.

Lo cierto es que a pesar de algunas tradiciones que más valdría olvidar, el amor a los animales que es rasgo que dignifica a un país y a su ciudadanía, está muy extendido en España . Un amor en la mayoría de los casos que se manifiesta con responsabilidad y coherencia.  De hecho, el 52% de los españoles que tienen mascota reconocen que dedican más de cuatro horas al día a estar con sus animales, siendo así el país en el que más tiempo se dedica a los animales domésticos, por delante de Estados Unidos (39%), Francia (36%) y Alemania (35%).

No solo se trata de perros, aunque sea la opción preferente. Casi un 60 % se inclinan por los gatos y, sorprendentemente, los peces también representan una cifra muy elevada en comparación a otros países, con un 19% de españoles que tienen en casa un pez.

Con todo sigue habiendo prácticas más que rechazables como el abandono de más de 280.000 perros y gatos durante el 2022. Sin contar con episodios que trascienden de vez en cuando relacionados frecuentemente con perros de caza, así como casos de salvajismo con gatos, como el recientemente sucedido en Xàtiva , cuando alguien encontró divertido disparar balines a gatos vulnerables. Actividad que choca de frente con el trabajo y la preocupación que demuestran por el bienestar gatuno,  asociaciones muy activas en la ciudad como Una Huella en el Corazón y CES Colonias Felinas.

No habría que olvidar que el trato hacia los animales no es más que la demostración del grado de civismo y capacidad de convivencia de una sociedad moderna. La brutalidad que demostraban antiguas tradiciones hoy ya extinguidas afortunadamente, la falta de respeto a la vida de otros seres desde la soberbia de considerarse superior y todopoderoso, no son rasgos que configuren precisamente a una sociedad madura. Ya están afortunadamente superados festejos consistentes en apalear a animales, lancearlos, colgarlos, prender fuego a partes de sus cuerpos o arrancárselas, lanzarlos desde alturas o al agua… con el sorprendente objetivo de honrar a patrones y patronas que allí donde estén debían alucinar ante tales espectáculos.

Existe una Ley de Bienestar animal ya aprobada y vigente que exige cambios e impone condiciones en el trato con los animales, pero está pendiente de desarrollos reglamentarios que clarificarán su aplicación. Hay que confiar en que las Administraciones no convertirán el tema en pelota sobre el tejado de otros, sino que lo afrontarán con sensatez y rigor, haciendo lo que haga falta para que los derechos de los animales y de sus amos sean respetados en su integridad y no colisionen entre ellos ni con el resto de la ciudadanía.

TITULARES ENVENENADOS

Puede que hayan oído hablar de una encuesta que ha salido estos días que aportaba cierta información sobre la opinión ciudadana en relación con el feminismo y las políticas de igualdad.

Nos cuentan que cuatro de cada diez señores han declarado estar convencidos de que las mujeres han ido demasiado lejos y demasiado deprisa y han aprovechado el tirón para dar la vuelta a la tortilla, dando paso a una sociedad que oprime a los hombres y les niega su derecho a ser iguales a las mujeres. Por ello se sienten oprimidos, víctimas de una injusticia flagrante e inmerecida. Importante señalar que el perfil mayoritario de varón que comparte esta opinión es el de un joven de 16 a 24 años, votante, en su caso, de partidos de derecha y ultraderecha.

Ninguna feminista que se precie debe afrontar esta encuesta desde la hostilidad o la desacreditación universal del sexo masculino. Sería una grave equivocación y es además parte de la trampa que incluye la afirmación inicial. Porque sin poner en duda las estadísticas, lo cierto es que hay muchas lecturas posibles de los datos obtenidos, y desde luego, muchas realidades incuestionables, aunque no sean percibidas como tales por cierta parte de la población. Algo tendrá que ver en ello que el 80% de los medios de comunicación sean propiedad de personas cuya ideología comulga bien poco con el feminismo y la igualdad.

Diferente conclusión inicial, leyendo los resultados a la inversa, podría ser que más de la mitad de los españoles opina que la igualdad no ha ido demasiado lejos y no los discrimina, lo que los convierte en apreciados compañeros de viaje en la lucha feminista, con la que comparten un análisis racional de la realidad. Cierto que el 20 % de la población siente antipatía por el movimiento feminista, pero se enfrenta a un mayoritario 84% firmemente convencido de que las mujeres aún sufren enormes desigualdades que hay que erradicar.

Y es que la verdad canta, aunque a veces no lo suficientemente alto como para apagar el ruido que algunos hacen.  Ellas dedican 43 horas semanales al cuidado del hogar e hijos, ellos 18. Ellas cobran un 18 % menos que ellos, casi 5000 euros En 2023 se denunciaron más de 3500 violaciones, una cada dos horas y hay más de 3600 niñas con riesgo de sufrir mutilación genital femenina. El sistema VIOGEN pretende proteger a más de 80000 mujeres amenazadas por la violencia machista.

El dato mata el relato, como suele pasar casi siempre si logra aflorar, a pesar de que la manipulación y la demagogia consigan calar en los hombres más jóvenes y en los que votan a la derecha cuya ideología, ahora y siempre, nunca ha simpatizado con la causa de la igualdad a pesar de declaraciones hipócritas en los momentos adecuados.

En todo caso, el malestar que manifiestan las jóvenes generaciones de hombres tendría que hacer reflexionar sobre las campañas de educación que proliferan desde las diferentes administraciones, que deberían acertar en el tono y en la forma para sortear el efecto rebote existente en muchos de los que escuchan. Una actitud que hace imposible la comunicación y menos todavía el cambio ideológico. Un dato optimista es el que señala que casi el 88% de los varones aprueba que un hombre recrimine a otros comportamientos machistas, porque significa que se advierte la necesidad de hacer campaña por la igualdad entre los suyos y sobre todo hacia los hombres jóvenes, creando modelos de masculinidad diferentes.

En todo caso, no es momento de triunfalismos estériles ni de hostilidades gratuitas, sino de apreciar que más allá de titulares envenenados, el movimiento por la igualdad es imparable e incluye a la mayor parte de la gente de este país.

DE VIRUS E INCOMPETENCIA

Les ha costado a muchas personas mayores superar y desmontar falsas creencias con las que se criaron. Asumir que el frío no resfría, sino que en todo caso son los virus los que atacan porque con el frío están más cómodo que con el calor. Olvidarse de una vez por todas del mito de que andar descalzo es motivo de enfriamiento, cuando parece estar superdemostrado, no ya la inexistente relación causa-efecto entre pies desnudos y constipado, sino incluso el beneficio y la conveniencia de que las criaturas anden descalzas para formar bien las plantas de sus pies.

Son también la generación del vino quinado para las criaturas que les ayudaba a crecer o de la leche con coñac que curaba de sopetón y de resopón las congestiones nasales. Se han criado con la férrea convicción de que tragar un chicle podía poner en riesgo la vida o de la inexcusable necesidad de respetar dos largas horas de digestión antes del baño. Han creído a pies juntillas, para desgracia de muchas mujeres, en la incompatibilidad de la menstruación con las duchas y baños.

Son creencias que ahora causan risa y permiten mirar con cierta superioridad a los incautos que se creyeron esas idioteces. Pero lo cierto es que, aunque la ciencia y la medicina avancen una barbaridad, sigue habiendo agujeros negros de ignorancia que afortunadamente se van superando con la investigación y la educación sanitaria de la población. Poco le queda al muy extendido recurso de colocar cebollas manifiestamente olorosas cerca de criaturas que no paran de toser por la noche.

Estamos en pleno pico epidemiológico de enfermedades respiratorias que amenazan con saturar el sistema sanitario. Proliferan esos titulares tan poco tranquilizadores que parece que compiten en anunciar catástrofes planetarias. Pero los datos, la hemeroteca, dice que siempre en estas fechas se producen esos picos infecciosos ante los cuales se debería actuar con previsión.

Para empezar, reforzando la prevención, es decir, la educación sanitaria de la población a la que se debería bombardear -como se sabe hacer a la perfección cuando conviene a otros intereses- fomentando hábitos que protegen la salud pública, es decir, la de todos. El lavado de manos es herramienta que salva vidas, que evita contagios y economiza recursos. Lo aprendimos cuando el miedo nos metió en casa durante la pandemia y lo olvidamos con demasiada rapidez. La ventilación suficiente y permanente sabemos que se lo pone difícil a los virus, por no hablar de la vacunación que no es más que la carta de presentación a nuestro sistema inmunitario del virus que se han de cargar en cuanto se lo encuentren. La mascarilla fue y es aliada insustituible y no hace falta que lo diga el Gobierno, para dejarnos guiar por la sensatez y la solidaridad social.

Cuando todo falla -porque no es cierto que el ser humano sea el rey del planeta y cualquier bicho invisible es muy capaz de bajarle los humos- lo razonable e inteligente sería garantizar los medios y recursos suficientes para que las personas enfermas fueran atendidas con agilidad y eficacia. En lugar de eso, año tras año, los servicios y departamentos sanitarios afrontan como sorprendidos, pillados a traición, una situación complicada con plantillas reducidas porque a nadie le ha preocupado solucionar la endémica falta de personal que sobre todo en Atención Primaria convierte en un safari, conseguir la consulta médica cuando la necesitas.

De ahí que resulte muchísimo más grave, de todo punto imperdonable, mantener año tras año, los mismos errores con sus terribles consecuencias, por falta de previsión y planificación. Porque el virus realmente peligroso es el de la incompetencia.

POESÍA GASTRONÓMICA

La Navidad es la época de los buenos deseos, los regalos, la lotería, y también del buen comer en cantidad y en calidad.  De llenarnos la panza como si no hubiera un mañana, de cargar las mesas de alimentos, que ya no parecen ser tales, porque pasan a ser gratificaciones, caprichos hedonistas que rozan el empacho, pulverizando momentáneamente cualquier pretensión de dieta sana. Nos los permitimos porque sabemos que solo durará un período limitado de tiempo ya que en caso contrario reventaríamos o nos arruinaríamos.

Las comidas además no solo se producen en el interior de los hogares como la mayoría de los días del resto del año. Es por excelencia época de comidas fuera de casa, de citas gastronómicas para comer y beber. Almuerzos de empresa, comidas de amigas, meriendas de colegio, cenas con el club deportivo, con la gente del gimnasio, de la banda de música o del club de lectura. Da igual la compañía, pero el motivo de la cita es inevitable. Comer y beber hasta límites insospechados.

En respuesta a esta demanda desorbitada se produce también una pelea titánica en el sector de la restauración para conseguir el mayor número de comensales, con estrategias comerciales que pretendiendo ser atrayentes y seductoras, confunden un poco al personal.

Así, los menús ofrecen platos que suenan bien en el oído, pero no dan pistas que indiquen si se comerán con cuchara, tenedor, palillos o con pajita. Es lo que sucede, cuando poseyendo una cultura gastronómica media, se ha de elegir entre un cubalibre de foie gras, de Quique Dacosta o unas aceitunas líquidas de Ferran Adriá. Grave problema para los afortunados que pisen sus comedores.

Sin osar opinar de instancias tan altas del cielo culinario de este país, quedándose en nuestra propia ciudad, se pueden encontrar ofertas de carrilladas con parmentier de boniato trompeta negra y su demiglacé que no aclara si es la ternera o el boniato el que toca la trompeta. A la contra, hay quien describe su plato principal como merluza que se muerde la cola con suquet de rap que ya da muchas más pistas de por dónde van los tiros.

En cualquier caso, todo debe estar buenísimo, y lo que se persigue es motivar la comanda para que resulte más atractiva. Y es que no tiene nada que ver pedirse un medallón de papa horneado con emulsión de aceite, ajo y cítricos que encargar unas patatas con alioli de toda la vida. O un bombón de bechamel envuelto en tempura de pan hidrolizado, como aparecen en algunos menús las sufridas croquetas de siempre. Son intentos imaginativos de renovación de los nombres de los platos clásicos pero insustituibles para que no pierdan su atractivo revistiéndolos de cierta capa de modernidad que les permita seguir manteniendo su encanto y poder de atracción.

Se trata de mantener el justo equilibrio entre tradición y renovación, valorando la clásica ropavieja de nombre inadecuado, pero sabor inmejorable y el coulant de chocolate que te hace tocar el cielo. O una buena tortilla de patata (ahora llamada en ocasiones semicuajo de campero con secreto de cebolla y patata pochada) que no tiene nada que envidiar a los revolucionarios y selectos chupa-chups de codorniz de algún restaurante de infinitas estrellas. 

El nombre del plato debería facilitar suficiente información para realizar la elección adecuada, más teniendo en cuenta el coste que supondrá, aunque se pueda dar cierta cabida a la imaginación. Es un rasgo de esta cocina que no persigue la supervivencia, sino que es otra forma de cultura, uno de los placeres que los seres humanos disfrutan cuando tienen suerte y oportunidad.