El blog de Mar Vicent Artículos destacados

MI LIBÉLULA

Este verano no ha venido. Quizás esté semijubilada, como ella. O muerta, como ella no está, aunque a ratos así se siente.

Tampoco había tenido nunca asegurada su presencia. Pero la había acostumbrado año tras año a hacer acto de presencia al inicio del verano. Sin que la llamaran, sin invitación, solo porque sí. De repente, cuando menos se lo esperaba, invadía el espacio aéreo entre las tumbonas y los flotadores, con un desparpajo total, de aquí para allá , sin ningún tipo de contención y una alegría desbordante.

Pero este año le había fallado.

Su libélula azul, porque suya era y de nadie más, competía con el agua de la piscina y el cielo despejado con el color de sus alas, de un azul intenso, casi desafiante y provocador que desde luego no le permitían pasar inadvertida. Aleteaba con fuerza, en vuelos rasantes y atrevidos con los que exhibía su belleza y su agilidad. A veces se paraba sobre la piedra y se dejaba mirar, presumida y soberbia en su perfección. Pero en general disfrutaba de la vida volando, viéndolo todo desde perspectivas desconocidas y a toda velocidad.

Han venido otras. Rojas o naranjas que de ninguna manera podían competir con ella aunque han sido adoptadas por otros habitantes de la casa. Pero no pueden competir porque están muy lejos de poseer su atrevimiento y su belleza.

Mejor pensar que está decorando otra parte del mundo. Quizás otra piscina, o mejor un lago o un estanque donde deja boquiabiertos a quienes todavía conserven la facultad de ver cuando miran. Pero seguro que seguirá igual de exhibicionista y salvaje, de presumida y apasionado por una vida en libertad, sin compromisos ni ataduras.

Porque para jubilarse parecía joven.

CUESTIÓN DE OPINIONES

Interesante conversación entre abuela y nieto. La disyuntiva era entre Tarzán y Hulk, dos personajes míticos e impactantes correspondientes a  épocas diferentes e infancias muy distintas.

La abuela tiene una preferencia indiscutible por Tarzán, ese tipo apolíneo pero sin exagerar. Nada que ver con los modelos ciclados ,llenos de protuberancias y que brillan engrasados como un pato chino laqueado. Recuerda a la perfección las pelis de Weismuller, que lleva ya finiquitado un montón de años y  no era demasiado buen actor aunque lanzaba un grito inolvidable , auténtico, que ponía los pelos de punta sin que nadie nunca tuviera las cuerdas vocales necesarias para  reproducirlo .

El chiquillo, que además solo conoce versiones actualizadas y edulcoradas de Tarzán, apuesta por Hulk. Un monstruo verde y amorfo, que aparecía como resultado del ataque de ira que sufría el desgraciado poseedor de ese extraño poder de conversión. Hulk también tenía vozarrón pero sin matices. Llevaba poca ropa porque era experto en reventar camisas y pantalones que tras la explosión se quedaban en bermudas algo ridículas.  Tarzán llevaba en cambio un elegante taparrabos que ondeaba al viento con elegancia inigualable.

Para la abuela, el asunto está claro. Tarzán defendía a los débiles y aunque  parecía siempre a punto de ser vencido, siempre resurgía de sus cenizas. El crío defiende a Hulk ante el que se quedaba hipnotizado por su fuerza bruta, porque se imponía por el miedo, por su tamaño y su poderío. Solo  su presencia,  su rugido y algún mandoble que otro bastaban para quitarse de en medio a sus enemigos.

Qué escasez de recursos y pobre inteligencia  -pensaba la abuela.

Qué héroe más birrioso,  tan blanco y sin músculos -pensaba él.

Todas tenemos opiniones. Casi todas son respetables, excepto algunas que no son opiniones, sino delitos. Pero si se puede debatir  con alegría e ingenio, sin hostilidad ni generando animadversión; si  se pueden defender las propias opiniones con respeto y sin descalificar al contrario , incluso admitiendo la improbable pero teórica  posibilidad de cambiar la propia opinión, bienvenida sea la discrepancia. Nos hace  más sabios y aptos para vivir en sociedad.

SOLO NECESITAMOS EL SITIO Y LA HORA

bo un tiempo en el que cuando alguna llamaba, todas acudíamos. Cuando la realidad, la más triste, obscena y cruel realidad, nos afectaba a todas de igual manera porque las prioridades estaban claras. Cada mujer asesinada , cada agresión sexual, cada criatura maltratada era un empujón que nos hacía seguir adelante, desmintiendo falsedades, exigiendo soluciones. Incansables, ruidosas, beligerantes, creativas y siempre, siempre, unidas.

Daba igual el color y el pelaje, la edad y la perspectiva, cuál era nuestro libro, nuestra líder o nuestro lenguaje. Daban igual las discrepancias, porque aunque los principios y creencias de cada cual eran irrenunciables, no había reparto de carnets y todas sabíamos de la existencia de un vínculo común que nos hacía fuertes e inquebrantables. La confianza y la estima mutua triunfaban sobre el sectarismo y la condena fácil. Nunca fuimos del pensamiento único pero siempre supimos que la unidad de acción nos hacía invencibles.

Un tiempo en el que no se preguntaba quién es la que llama, sino solo el sitio y la hora.

Un tiempo en el que éramos una tormenta de rabia e indignación y nuestro grito tan clamoroso, tan potente y universal que el mundo tuvo que oírnos.

Se han roto demasiados puentes, creado demasiados demonios. La sororidad quedó enterrada bajo el peso de los dogmas. Perdimos la palabra y nos quedo el insulto. Destruimos la confianza mutua, la fe en las otras, quemando la hoja de ruta que marcaba el camino por el que todas podíamos transitar.

Ahora nos siguen matando los que nunca han dejado de hacerlo y ,espantadas, queremos llenar las calles de una marea humana que impida la condena tibia y la mirada indiferente.

Pero antes, amigas estimadas, necesarias y respetadas, habrá que volver a mirarnos a la cara, a los ojos, desde el corazón feminista que nos identifica, para vernos y reconocernos. Para hablarnos como las socias que somos en la lucha por la vida que merecemos. Haciéndolo, es evidente, desde las diferencias que ni pueden ni deben desaparecer, pero que en ningún caso, pueden ser herramienta de autodestrucción

LA REHABILITACIÓN

Cuando te quitan la escayola es como un parto en el que lo peor ha pasado y lo que se avecina tiene buena pinta, aunque no hay nada asegurado.

El brazo va a su bola y te recuerda constantemente su existencia con dolores de diferente clase e intensidad en cuanto te despistas y crees que eres una persona completa.  Los dedos de la mano que en principio no han sufrido ninguna rotura, son víctimas colaterales de la larga inmovilización. Aparecen morcillones, desteñidos, flácidos y absolutamente inútiles. Como mucho puedes moverlos a modo de saludo casual, sin extralimitarte demasiado.

Así que acudes a la consulta de rehabilitación esperando algún milagro que de forma instantánea te devuelva el control de todas las partes de tu cuerpo. Y claro, no es así, sino que la leve manipulación realizada te hace sudar la gota gorda anticipando dolorosas sesiones para conseguir el magnífico objetivo de cerrar el puño , aunque sin poder atizarle a nadie como desahogo.

Ya en la salida, esperando la recogida como el trasto inmovilizado que eres y en plena campaña de autocompasión llega una ambulancia de la que baja una chica peculiar que va en silla de ruedas. Pelo largo ,orejas perforadas, piel tatuada.. algo más de veinte años.

Tiene las dos piernas amputadas por debajo de la rodilla pero, riendo, desafía al conductor de la ambulancia que debía ayudarla y emprende una carrera a base de brazos para superar la corta rampa que la llevará a su sesión de rehabilitación, seguro que infinitamente más dura. Debe ser muy gamberra.

Tras verla, se acaba para siempre la autoterapia compasiva y queda desmontado hasta los cimientos el discurso de la lamentación. Queda claro el grado de estupidez al que nos conduce creernos el centro del mundo perdiendo totalmente el sentido de la relatividad, que no es una fórmula matemática descubierta por Einstein, sino la capacidad de entender la realidad propia y ajena desde la empatía y la objetividad.

ADIÓS A LA ESCAYOLA

El tipo se acerca con las tijeras pero no resulta amenazador. Coge el brazo y empieza a cortar decidido, es de  suponer que porque sabe que no hay riesgo de seccionar venas y arterias. Algo que la paciente no tiene tan claro. Tiene que hacer fuerza porque la escayola, dura como una piedra, no se deja reventar así como así .Pero una vez el tajo está hecho, la batalla está perdida y aplicando un poco de fuerza bruta abandona al final ese antebrazo y mano que parasitaba o protegía desde hace tantas semanas.

La dueña de la extremidad tiene una especie de colapso emocional. Por un lado, la visión de esa piel castigada la impresiona. También se siente expuesta, enormemente vulnerable, como si hubieran desnudado una parte inconveniente de su anatomía.  Luego aparece un potente sentimiento de liberación al intuir que es el primer paso para recuperar la propia vida, la independencia y la autonomía.

Aunque ese sentimiento es rápidamente machacado al percibir que la mano y el brazo, antaño tan funcionales y apreciados, se han convertido en dos tarugos inertes e hinchados, de aspecto desagradable y apariencia tan vulnerable que casi hacen echar de menos la dureza protectora de la escayola.

El traumatólogo, de una juventud y salud envidiable y una empatía mejorable, explica los ejercicios a realizar, cuya sola visión aterroriza a la paciente. Sí que siente los dedos a diferencia de aquel idiota quejica famoso, pero solo para preocuparse por si el roce del aire le causa dolor.

Sale de la consulta con una única obsesión: sumergir el brazo bajo un chorro de agua fría, aunque sea en la primera fuente que encuentre en la calle, aunque dé la nota y la crean loca Pero tiene la sensación de que, aunque no resuciten así sus tendones y articulaciones, la piel fina y delicada, y ahora tensa como la piel de un tambor,  agradecerá enormemente, casi tanto como ella, ese alivio refrescante después de tanto encierro y oscuridad.

PELEA A MUERTE

La miraba con sus ojos planos, desafiante, desde el silencio más absoluto. Su gran envergadura era en sí misma, una amenaza latente que avisaba que cualquier intento de imponer límites y reducir sus dimensiones  no sería aceptado sin una feroz resistencia.

Pero había que hacerlo porque el calor apretaba y ese edredón campando a sus anchas con todo su volumen ocupaba un espacio indebido y creaba un caos insoportable.

La pelea no era justa. Un edredón enorme, vigoroso, lleno de aire indomable contra una solitaria mano izquierda bastante torpe y cansada que trataba de reducirlo a la mínima expresión para meterlo en una bolsa plastificada donde debía reposar los próximos meses.

Todo un desafío.

 A él le bastaba con dejarse hacer, con una resistencia pasiva, casi burlona.

La mano luchadora, por el contrario, tenía que lanzar un ataque infernal , en alianza  con cualquier otra parte útil de la anatomía: dientes, torso,  codos, rodillas… Todo aquello que sirviera para someter y doblegar la resistencia infame de esa masa amorfa y rebelde.

No hay sonido en la gran batalla como si fuera una película muda, o mejor una película porno llena de gemidos, bramidos, suspiros y sudores,  todos con el mismo origen.

Hay dos finales posibles . Aviso a navegantes que se creen invencibles como el bote de mermelada,  la  pastilla del lavavajillas o el cierre anti-niños de algunos productos.

Para acertar, solo hay que recordar el poder de una mujer enfurecida, empeñada en salir victoriosa ante un adversario prepotente y burlón que parece no tomarla en serio.

LA AMBULANCIA Y LAS URGENCIAS

La experiencia de la ambulancia,  aunque no es la primera vez, sucede como con el sexo que siempre, o casi siempre, es diferente. El personal sanitario que acude está entrenado para transmitir amabilidad y empatía lo que no obsta para que se acerquen con prevención al no saber lo que se van a encontrar.

Al ver sentada en el banquito a alguien con la mirada un poco perdida pero sin sangre ni otros fluidos corporales desparramados por el asfalto se tranquilizan. Entablan una animada conversación con el policía para determinar los hechos como si la víctima estuviera incapacitada para el habla y no para jugar a los bolos, por ejemplo. Cosas de la profesión.

El servicio de Urgencias del hospital de referencia es como todos, deplorable y deprimente por el exceso de trabajo y la falta de recursos que repercuten en un puñado de gente, más o menos fastidiada, que se amontona en las salas de espera

A la transeúnte besa-suelos la aparcan en su silla de ruedas al lado por pura casualidad de una criatura con uniforme escolar que llora a moco tendido al parecer como resultado de una lesión similar a la suya porque se agarra el bracito con la misma delicadeza y aúlla para protegerlo hasta de las miradas. Aprovecha para reclamar a su padre una extensa lista de privilegios y adquisiciones compensatorias y la adulta de al lado lamenta mucho que no le esté permitida  una conducta similar.

Tras las horas necesarias para hacer la obligada rueda de pruebas y contar la misma historia, que cada vez interesa menos, a estresados profesionales sanitarios que a veces parecen más fastidiados que los pacientes que esperan , la mujer caída, dicho sea sin ninguna connotación moral, se va a su casa con una bonita fractura distal de radio y una escayola que se hace antipática desde el primer momento y con la que tendrá que convivir de forma obligada como una hemorroides mal ubicada pero igual de molesta durante las próximas semanas

EL BATACAZO

Esa sensación cuando tropiezas con un desnivel de cinco centímetros que no debería haber estado allí y sales propulsada por un motor invisible que te empuja con fuerza contra el suelo. Antes de llegar , previendo que tu cabeza va a sufrir mucho con el impacto usas tu brazo derecho para amortiguar. Aún así cuando llega el dolor es tan fuerte que no sabes exactamente dónde empieza y dónde acaba.

 El tiempo es relativo, lo dijo Einstein ,y así se percibe claramente cuando el rato que te quedas aplastada contra el pavimento ,se hace eterno hasta que aparece el primer alma caritativa a socorrerte .

Es un chaval  joven que hace la  pregunta improcedente y provocadora pero lógica por la inercia:  señora está usted bien ?

Como no sabes por dónde empezar ni exactamente que responder para no ser desagradecida y desagradable te callas e intentas evaluar daños.

Tras él llegan los refuerzos, sobre todo, y es curioso, mujeres, hasta doce o quince que se congregan a tu alrededor. Tú solo quieres que te enderecen un poco para no sentirte como un chicle pegado al asfalto y revisar los daños causados que sigues sin tener claros

Este es un país al que le gustan los debates democráticos y tras un pequeña discusión sobre la conveniencia del cambio de postura,  con mención a conmociones cerebrales o roturas de cuello algo preocupantes, acabas en un banquito cercano al que también llevan todas tus pertenencias, dispersas por la zona de guerra. Alguien muy amable que se identifica como médica  te palpa el antebrazo con verdadera pasión y te hace ver que no morirás en ese momento aunque el dolor sea absoluto. Pero es un consuelo que no sea el definitivo.

Te ofrecen agua y ahí se abre otro pequeño debate sobre la conveniencia o no de su ingesta, a cuenta de futuros e hipotéticos vómitos pero pesa la opinión de la profesional.

En la espera de la ambulancia que llega precedida de la Policía local hay un interesante intercambio de experiencias vividas en relación a caídas propias o ajenas, a sus secuelas y sobre todo relacionadas con la búsqueda implacable de un culpable que es el Ayuntamiento, como no podía ser de otra manera.

En cualquier caso hay que destacar el cariño, la atención y el buen trato recibido por parte de todas las viandantes, sus buenas intenciones y su perfecta actuación que quieras que no facilita la situación y te permite no ser protagonista sino espectadora , aunque lo que querrías es salirte del cine e irte a tu casa a meterte en la cama.

OTROS 8M QUE CELEBRAR

Hay gente que  desearía fervientemente no tener que celebrar el puñetero 8M, Día Internacional de la Mujer. Por lo menos de la forma actual que, en realidad, consiste en exhibir en pantalla grande y a todo color , una enorme injusticia que la sociedad fomenta y tolera . La que se comete además contra la mitad de la Humanidad desde el principio de los tiempos. La que convirtió a las mujeres en el “sexo débil”, imprescindible para la procreación y para los cuidados que garantizaban la supervivencia de la especie. Y de paso,  a los hombres en el “sexo fuerte” , héroes garantes del sustento  a jornada completa y sin opción a desfallecimientos.

Quizás parezca un análisis trasnochado y superado por la realidad, pero se confirma viendo  como el derecho al aborto, que no es otra cosa que el  derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su maternidad, es cuestionado de forma permanente, siendo caballo de batalla de quienes abominan de la igualdad entre mujeres y hombres aunque tal cosa no figure en su programa electoral.  De  hecho, hubo que cargarse a todo un Ministro para abrirle camino en España. De hecho,  Francia acaba de blindar este derecho en la Constitución para evitar retrocesos intolerables que perviven siempre amenazantes. Pero es que  permitir que las mujeres decidan , elijan, siendo,  en definitiva,  dueñas de sus vidas resulta enormemente peligroso, al darles un poder que otros tenían sobre ellas  y es vital para la especie.

Seguimos en los mismos charcos, a pesar de los siglos de  coexistencia no siempre pacífica, viendo que  los cuidados, imprescindibles para evitar la extinción de la especie,  siguen estando asignados a las mujeres por mandato  social, impuesto por un mensaje cultural tácito y sutil,  que las hace responsables en completa soledad. Siguen siendo ellas las cuidadoras, las domésticas, las que mejor hacen la cama y limpian el WC, dotadas en exclusiva de las cualidades que permiten el mantenimiento de la vida. La empatía, la capacidad de sacrificio o la resistencia son cualidades que, al parecer,  les tocaron a ellas, en monopolio absoluto. Y siendo las mejores,  nadie debe pensar en sustituirlas.

Claro que el 8M es también la proclamación orgullosa y sin complejos del camino recorrido por las mujeres  desde las cuevas y las cocinas a las que estaban destinadas únicamente en razón de su sexo.  Y ciertamente hoy se viven  realidades muy diferentes en los espacios de trabajo, en el ámbito doméstico o las esferas  de la cultura o del ocio. El poder ya no puede excluir sistemáticamente a las mujeres, aunque tampoco se lo ponga fácil. El mundo laboral no ha tenido más  remedio que asumir la presencia de las mujeres,  aunque siempre valorando a la baja  sus condiciones laborales e intentando acotar sus espacios. La corresponsabilidad, la distribución equitativa de los cuidados, la racionalidad de los usos del tiempo, siguen de realidad incierta pero  enuncian  una pretensión que antes ni siquiera existía. La violencia permanece pero ya no es invisible y soterrada.

Quizás un retrato sin  triunfalismos  les puede servir a algunos  para desacreditar de un plumazo la lucha sacrificada y anónima de muchas   mujeres y  hombres por la igualdad. Pero se equivocan. Porque a día de hoy, lo que ha quedado demostrado es  que la igualdad es el camino, el factor de permanencia y supervivencia, la herramienta que garantiza un futuro abierto donde se pueden resolver los conflictos autodestructivos que proliferan cada vez más. Luchar por la igualdad nos ha traído hasta el presente que hoy vivimos, donde incuestionablemente queda mucho por hacer  desde  una situación mejorada y sin ninguna duda, mejorable.  

Por eso, siempre valdrá la pena celebrar el 8M, Día de las Mujeres para poner en valor el esfuerzo y la inteligencia de quienes consiguieron convertir las injusticias y abusos sufridos por las mujeres en vergonzosos recuerdos de imposible repetición.

8M, UNA MANIFESTACIÓN DIFERENTE

Esta semana las calles de Xàtiva se van a llenar de gente. Es la manifestación de las mujeres, con motivo de la celebración del  Día internacional  instaurado por la ONU en 1975,  que celebra en todo el mundo los avances conseguidos por las mujeres señalando el camino a recorrer. Es una causa más que suficiente para que mucha gente que no tiene la asistencia a manifestaciones entre sus ocupaciones habituales, haga  un hueco en su agenda y acuda a una marcha que es diferente a otras convocatorias.

Maribel acude con su hermana. Ambas son mayores, ya felizmente jubiladas pero acuden religiosamente a esta manifestación porque entienden que es la que habla de ellas y por ellas, de las mujeres silenciosas  que vivieron vidas anónimas, sacrificando mucho y recibiendo poco o nada. Acuden porque tienen hijas y no quieren para ellas lo que les tocó vivir a su generación. Que no hayan de consentir que nadie les ponga una mano encima. Quieren que puedan elegir, que no tengan sólo  obligaciones sino una vida propia que vivir.

Acudirán también muchas  mujeres jóvenes , de las que están empeñadas en  encontrar su espacio, en construir un proyecto vital en el que puedan aportar su talento o su capacidad. Se manifiestan desde la exigencia y la beligerancia porque necesitan que las puertas se abran para  poder entrar a demostrar quienes son y lo que valen. Quieren vivir en paz, sin miedo y con libertad, siendo protagonistas y no comparsas, tomando decisiones y asumiendo consecuencias.

Esther acude con sus amigas. A punto de titularse, están luchando a codazos por abrirse paso buscando ocupación para poder independizarse  y vivir sus vidas. No quieren privilegios, ni regalos pero tampoco piensan tolerar que por su sexo o edad, no se reconozca su valía. Quieren salarios dignos en trabajos con condiciones razonables. Están preparadas y dispuestas a salir al mundo y lo quieren hacer sin miedo, cuando y como quieran, sin necesidad de dar explicaciones ni pedir perdón. Van a la manifestación del 8M porque no quieren callar y consentir sino reclamar la existencia libre y digna a la que tienen derecho.

Hay quien asiste para mostrar  su aprecio en las mujeres de su vida, las madres, hijas, hermanas o amigas a las que respetan y valoran desde la distancia corta, en las que confían y a las que necesitan para seguir adelante. Convencidos de que  se lo merecen todo ,  salen a celebrar su existencia, el placer de haberlas conocido y convivir con ellas.

Pepe asiste porque, aunque le ha costado un poco,  ha aprendido a valorar a las mujeres y apreciar su inteligencia, su dedicación y resistencia.. Siempre creyó que él era quien debía tener el mando y solucionar los problemas pero la vida le demostró que las mujeres tenían capacidad más que de sobra para afrontar los más duros reveses de la vida. Cuando a él le dejaron noqueado fueron ellas las que reaccionaron y consiguieron salir  adelante. Y  el aprendió que ni ellas estaban para obedecer, ni él para mandar. Y lo agradeció con sinceridad,  reconociéndoles a ellas el  mérito y a él sus limitaciones. Por eso, asiste todos los años a la manifestación de las mujeres, quizás no en primera fila , pero siempre infinitamente agradecido.

Susana va porque tiene una criatura y quiere para ella un futuro sin sombras ni amenazas,  en el que pueda convivir con respeto y armonía. Sin mentiras y  sin violencia.

Xàtiva se llenará sin duda la tarde del 8 de Marzo de gente decente  que cree en las mujeres y sus derechos. Por muchas razones, todas legítimas y compartidas.