El blog de Mar Vicent Artículos destacados

CASAS DE COMIDA

Casi un centenar de comercios te dice Google que existen en Xàtiva – solo en la ciudad de Xàtiva- cuando alguien quiere comida para llevar a casa. La verdad es que una cifra impresionante, aunque no del todo exacta. A descontar restaurantes y comercios que cerraron sus puertas y otros que, aunque admitan esa posibilidad, no se dedican a ello de forma prioritaria, siendo fieles al formato de mesa y mantel, carta y menú, postre y café.

El detonante principal que impulsó esta nueva forma de negocio y de alimentación fue sin duda la pandemia que hizo espabilarse al sector de la restauración para encontrar formas de subsistir. Y lo que al principio parecía una moda muy anglosajona se fue imponiendo con autoridad y vocación de permanencia. Por eso hoy casi todos los restaurantes anuncian su oferta de comida para llevar a quien no quiera sentarse en una mesa a degustar el menú con todos los rituales y normas sociales que ello conlleva. Y es que la comida puede ser un acto social gratificante pero también a veces una necesidad básica a cubrir sin excesiva inversión de tiempo, ni de dinero.

Tradicionalmente los reyes de la comida a domicilio han sido las pizzerías o los restaurantes chinos, seguidos de cerca por los Kebabs, pero paulatinamente han ido apareciendo otro tipo de negocios, centrados sobre todo en la comida tradicional aunque ofrezcan alguna exquisitez para no aburrir a la clientela. 

Apuestan por la comida casera que hacen al día, sin conservantes ni colorantes, y que no te envían a casa, ni falta que les hace dadas las largas colas que se suelen montar a las horas punta cuando el personal se acuerda de que es la hora de comer. Sirven paellas de una variedad sorprendente, arroz al horno que no podía faltar, pasta y las humildes legumbres, el gazpacho manchego o una oferta variada de ensaladas, siempre sin omitir la valenciana. También se hace patria con la comida.

Es una opción relativamente barata, aunque no se puede negar que menos accesible económicamente si se trata de alimentar a una familia, más o menos numerosa. Pero para personas solitarias o familias reducidas a la mínima expresión que, con o sin síndrome del nido vacío, han de comer todos los días, es una opción más que interesante. Y de esas hay muchas en Xàtiva, donde se calcula que en alrededor del 10% de las viviendas vive una persona sola, en la inmensa mayoría de los casos una mujer, que suele estar algo cansada de cocinar y poco motivada para hacerlo para ella sola.

Desde la perspectiva de género, aquella que analiza la realidad desde el punto de vista de cómo afecta a las mujeres, ya hace mucho tiempo que se entendió que la diferencia entre la cocina de vanguardia y la cocina doméstica no está en su calidad, sino en su valoración social. Porque no es lo mismo alimentar cinco bocas que pían insatisfechas si la ración no es suficiente o no es de su gusto, sin que nadie tenga el más mínimo gesto de agradecimiento, que la “haute cuisine”, aunque sea en formato familiar, reducido a la paella a leña que el cocinero aficionado cocina los domingos para toda la peña entre elogios complacientes.

Por eso, esta oferta culinaria viene muy bien a las mujeres que viviendo solas -que no es lo mismo que estar solas- o escasamente acompañadas pueden abdicar, si quieren, de sus tareas en la cocina y comprarse una ración de lo que les entra por los ojos para ser servidas y no al contrario que es lo que han conocido siempre.

ANIMALES

Esta semana ha sido San Antoni Abad, festividad con gran seguimiento popular que incluye la multitudinaria bendición de los animales que es un acto la mar de pintoresco y entrañable en el que las familias llevan desde el canario a la mula, pasando por la pecera y la jaula del hámster,  para que reciban las bendiciones de la Iglesia que  les  procurarán, o por lo menos esa es la idea, una  larga y buena vida.

Y es que el amor a los animales es patente en Xàtiva. Hay más de 4000 perros inscritos en el  censo de perros existente, siendo la segunda localidad con más animales registrados. Aunque no están todos los que son,  ya que según el colegio de veterinarios son más de 7000 los animales que viven en la ciudad. Una población perruna que da trabajo a más de 130 hospitales y clínicas veterinarias por lo que se convierte en un nicho laboral de considerable interés.

Lo cierto es que a pesar de algunas tradiciones que más valdría olvidar, el amor a los animales que es rasgo que dignifica a un país y a su ciudadanía, está muy extendido en España . Un amor en la mayoría de los casos que se manifiesta con responsabilidad y coherencia.  De hecho, el 52% de los españoles que tienen mascota reconocen que dedican más de cuatro horas al día a estar con sus animales, siendo así el país en el que más tiempo se dedica a los animales domésticos, por delante de Estados Unidos (39%), Francia (36%) y Alemania (35%).

No solo se trata de perros, aunque sea la opción preferente. Casi un 60 % se inclinan por los gatos y, sorprendentemente, los peces también representan una cifra muy elevada en comparación a otros países, con un 19% de españoles que tienen en casa un pez.

Con todo sigue habiendo prácticas más que rechazables como el abandono de más de 280.000 perros y gatos durante el 2022. Sin contar con episodios que trascienden de vez en cuando relacionados frecuentemente con perros de caza, así como casos de salvajismo con gatos, como el recientemente sucedido en Xàtiva , cuando alguien encontró divertido disparar balines a gatos vulnerables. Actividad que choca de frente con el trabajo y la preocupación que demuestran por el bienestar gatuno,  asociaciones muy activas en la ciudad como Una Huella en el Corazón y CES Colonias Felinas.

No habría que olvidar que el trato hacia los animales no es más que la demostración del grado de civismo y capacidad de convivencia de una sociedad moderna. La brutalidad que demostraban antiguas tradiciones hoy ya extinguidas afortunadamente, la falta de respeto a la vida de otros seres desde la soberbia de considerarse superior y todopoderoso, no son rasgos que configuren precisamente a una sociedad madura. Ya están afortunadamente superados festejos consistentes en apalear a animales, lancearlos, colgarlos, prender fuego a partes de sus cuerpos o arrancárselas, lanzarlos desde alturas o al agua… con el sorprendente objetivo de honrar a patrones y patronas que allí donde estén debían alucinar ante tales espectáculos.

Existe una Ley de Bienestar animal ya aprobada y vigente que exige cambios e impone condiciones en el trato con los animales, pero está pendiente de desarrollos reglamentarios que clarificarán su aplicación. Hay que confiar en que las Administraciones no convertirán el tema en pelota sobre el tejado de otros, sino que lo afrontarán con sensatez y rigor, haciendo lo que haga falta para que los derechos de los animales y de sus amos sean respetados en su integridad y no colisionen entre ellos ni con el resto de la ciudadanía.

TITULARES ENVENENADOS

Puede que hayan oído hablar de una encuesta que ha salido estos días que aportaba cierta información sobre la opinión ciudadana en relación con el feminismo y las políticas de igualdad.

Nos cuentan que cuatro de cada diez señores han declarado estar convencidos de que las mujeres han ido demasiado lejos y demasiado deprisa y han aprovechado el tirón para dar la vuelta a la tortilla, dando paso a una sociedad que oprime a los hombres y les niega su derecho a ser iguales a las mujeres. Por ello se sienten oprimidos, víctimas de una injusticia flagrante e inmerecida. Importante señalar que el perfil mayoritario de varón que comparte esta opinión es el de un joven de 16 a 24 años, votante, en su caso, de partidos de derecha y ultraderecha.

Ninguna feminista que se precie debe afrontar esta encuesta desde la hostilidad o la desacreditación universal del sexo masculino. Sería una grave equivocación y es además parte de la trampa que incluye la afirmación inicial. Porque sin poner en duda las estadísticas, lo cierto es que hay muchas lecturas posibles de los datos obtenidos, y desde luego, muchas realidades incuestionables, aunque no sean percibidas como tales por cierta parte de la población. Algo tendrá que ver en ello que el 80% de los medios de comunicación sean propiedad de personas cuya ideología comulga bien poco con el feminismo y la igualdad.

Diferente conclusión inicial, leyendo los resultados a la inversa, podría ser que más de la mitad de los españoles opina que la igualdad no ha ido demasiado lejos y no los discrimina, lo que los convierte en apreciados compañeros de viaje en la lucha feminista, con la que comparten un análisis racional de la realidad. Cierto que el 20 % de la población siente antipatía por el movimiento feminista, pero se enfrenta a un mayoritario 84% firmemente convencido de que las mujeres aún sufren enormes desigualdades que hay que erradicar.

Y es que la verdad canta, aunque a veces no lo suficientemente alto como para apagar el ruido que algunos hacen.  Ellas dedican 43 horas semanales al cuidado del hogar e hijos, ellos 18. Ellas cobran un 18 % menos que ellos, casi 5000 euros En 2023 se denunciaron más de 3500 violaciones, una cada dos horas y hay más de 3600 niñas con riesgo de sufrir mutilación genital femenina. El sistema VIOGEN pretende proteger a más de 80000 mujeres amenazadas por la violencia machista.

El dato mata el relato, como suele pasar casi siempre si logra aflorar, a pesar de que la manipulación y la demagogia consigan calar en los hombres más jóvenes y en los que votan a la derecha cuya ideología, ahora y siempre, nunca ha simpatizado con la causa de la igualdad a pesar de declaraciones hipócritas en los momentos adecuados.

En todo caso, el malestar que manifiestan las jóvenes generaciones de hombres tendría que hacer reflexionar sobre las campañas de educación que proliferan desde las diferentes administraciones, que deberían acertar en el tono y en la forma para sortear el efecto rebote existente en muchos de los que escuchan. Una actitud que hace imposible la comunicación y menos todavía el cambio ideológico. Un dato optimista es el que señala que casi el 88% de los varones aprueba que un hombre recrimine a otros comportamientos machistas, porque significa que se advierte la necesidad de hacer campaña por la igualdad entre los suyos y sobre todo hacia los hombres jóvenes, creando modelos de masculinidad diferentes.

En todo caso, no es momento de triunfalismos estériles ni de hostilidades gratuitas, sino de apreciar que más allá de titulares envenenados, el movimiento por la igualdad es imparable e incluye a la mayor parte de la gente de este país.

DE VIRUS E INCOMPETENCIA

Les ha costado a muchas personas mayores superar y desmontar falsas creencias con las que se criaron. Asumir que el frío no resfría, sino que en todo caso son los virus los que atacan porque con el frío están más cómodo que con el calor. Olvidarse de una vez por todas del mito de que andar descalzo es motivo de enfriamiento, cuando parece estar superdemostrado, no ya la inexistente relación causa-efecto entre pies desnudos y constipado, sino incluso el beneficio y la conveniencia de que las criaturas anden descalzas para formar bien las plantas de sus pies.

Son también la generación del vino quinado para las criaturas que les ayudaba a crecer o de la leche con coñac que curaba de sopetón y de resopón las congestiones nasales. Se han criado con la férrea convicción de que tragar un chicle podía poner en riesgo la vida o de la inexcusable necesidad de respetar dos largas horas de digestión antes del baño. Han creído a pies juntillas, para desgracia de muchas mujeres, en la incompatibilidad de la menstruación con las duchas y baños.

Son creencias que ahora causan risa y permiten mirar con cierta superioridad a los incautos que se creyeron esas idioteces. Pero lo cierto es que, aunque la ciencia y la medicina avancen una barbaridad, sigue habiendo agujeros negros de ignorancia que afortunadamente se van superando con la investigación y la educación sanitaria de la población. Poco le queda al muy extendido recurso de colocar cebollas manifiestamente olorosas cerca de criaturas que no paran de toser por la noche.

Estamos en pleno pico epidemiológico de enfermedades respiratorias que amenazan con saturar el sistema sanitario. Proliferan esos titulares tan poco tranquilizadores que parece que compiten en anunciar catástrofes planetarias. Pero los datos, la hemeroteca, dice que siempre en estas fechas se producen esos picos infecciosos ante los cuales se debería actuar con previsión.

Para empezar, reforzando la prevención, es decir, la educación sanitaria de la población a la que se debería bombardear -como se sabe hacer a la perfección cuando conviene a otros intereses- fomentando hábitos que protegen la salud pública, es decir, la de todos. El lavado de manos es herramienta que salva vidas, que evita contagios y economiza recursos. Lo aprendimos cuando el miedo nos metió en casa durante la pandemia y lo olvidamos con demasiada rapidez. La ventilación suficiente y permanente sabemos que se lo pone difícil a los virus, por no hablar de la vacunación que no es más que la carta de presentación a nuestro sistema inmunitario del virus que se han de cargar en cuanto se lo encuentren. La mascarilla fue y es aliada insustituible y no hace falta que lo diga el Gobierno, para dejarnos guiar por la sensatez y la solidaridad social.

Cuando todo falla -porque no es cierto que el ser humano sea el rey del planeta y cualquier bicho invisible es muy capaz de bajarle los humos- lo razonable e inteligente sería garantizar los medios y recursos suficientes para que las personas enfermas fueran atendidas con agilidad y eficacia. En lugar de eso, año tras año, los servicios y departamentos sanitarios afrontan como sorprendidos, pillados a traición, una situación complicada con plantillas reducidas porque a nadie le ha preocupado solucionar la endémica falta de personal que sobre todo en Atención Primaria convierte en un safari, conseguir la consulta médica cuando la necesitas.

De ahí que resulte muchísimo más grave, de todo punto imperdonable, mantener año tras año, los mismos errores con sus terribles consecuencias, por falta de previsión y planificación. Porque el virus realmente peligroso es el de la incompetencia.

POESÍA GASTRONÓMICA

La Navidad es la época de los buenos deseos, los regalos, la lotería, y también del buen comer en cantidad y en calidad.  De llenarnos la panza como si no hubiera un mañana, de cargar las mesas de alimentos, que ya no parecen ser tales, porque pasan a ser gratificaciones, caprichos hedonistas que rozan el empacho, pulverizando momentáneamente cualquier pretensión de dieta sana. Nos los permitimos porque sabemos que solo durará un período limitado de tiempo ya que en caso contrario reventaríamos o nos arruinaríamos.

Las comidas además no solo se producen en el interior de los hogares como la mayoría de los días del resto del año. Es por excelencia época de comidas fuera de casa, de citas gastronómicas para comer y beber. Almuerzos de empresa, comidas de amigas, meriendas de colegio, cenas con el club deportivo, con la gente del gimnasio, de la banda de música o del club de lectura. Da igual la compañía, pero el motivo de la cita es inevitable. Comer y beber hasta límites insospechados.

En respuesta a esta demanda desorbitada se produce también una pelea titánica en el sector de la restauración para conseguir el mayor número de comensales, con estrategias comerciales que pretendiendo ser atrayentes y seductoras, confunden un poco al personal.

Así, los menús ofrecen platos que suenan bien en el oído, pero no dan pistas que indiquen si se comerán con cuchara, tenedor, palillos o con pajita. Es lo que sucede, cuando poseyendo una cultura gastronómica media, se ha de elegir entre un cubalibre de foie gras, de Quique Dacosta o unas aceitunas líquidas de Ferran Adriá. Grave problema para los afortunados que pisen sus comedores.

Sin osar opinar de instancias tan altas del cielo culinario de este país, quedándose en nuestra propia ciudad, se pueden encontrar ofertas de carrilladas con parmentier de boniato trompeta negra y su demiglacé que no aclara si es la ternera o el boniato el que toca la trompeta. A la contra, hay quien describe su plato principal como merluza que se muerde la cola con suquet de rap que ya da muchas más pistas de por dónde van los tiros.

En cualquier caso, todo debe estar buenísimo, y lo que se persigue es motivar la comanda para que resulte más atractiva. Y es que no tiene nada que ver pedirse un medallón de papa horneado con emulsión de aceite, ajo y cítricos que encargar unas patatas con alioli de toda la vida. O un bombón de bechamel envuelto en tempura de pan hidrolizado, como aparecen en algunos menús las sufridas croquetas de siempre. Son intentos imaginativos de renovación de los nombres de los platos clásicos pero insustituibles para que no pierdan su atractivo revistiéndolos de cierta capa de modernidad que les permita seguir manteniendo su encanto y poder de atracción.

Se trata de mantener el justo equilibrio entre tradición y renovación, valorando la clásica ropavieja de nombre inadecuado, pero sabor inmejorable y el coulant de chocolate que te hace tocar el cielo. O una buena tortilla de patata (ahora llamada en ocasiones semicuajo de campero con secreto de cebolla y patata pochada) que no tiene nada que envidiar a los revolucionarios y selectos chupa-chups de codorniz de algún restaurante de infinitas estrellas. 

El nombre del plato debería facilitar suficiente información para realizar la elección adecuada, más teniendo en cuenta el coste que supondrá, aunque se pueda dar cierta cabida a la imaginación. Es un rasgo de esta cocina que no persigue la supervivencia, sino que es otra forma de cultura, uno de los placeres que los seres humanos disfrutan cuando tienen suerte y oportunidad.

La Navidad y los turrones

La Lotería de Navidad tiene muchos enemigos, bastante merecidos, todo sea dicho. Porque a estas alturas todo el mundo sabe que representa, sobre todo, un inmenso negocio para las arcas del Estado, esas que son de todos, pero administran algunos, según su saber y entender, sin acertar siempre, ni guiarse sin despistarse por intereses legítimos y colectivos. Es un inmenso negocio, sí, aunque no tanto como los bulos alimentan, ya que no llega al 50 % el porcentaje recaudado

Este año la cantidad destinada a premios es de 2590 millones de euros, cifra impresionante, aunque relativamente, porque no supera por ejemplo a los casi 3500 millones de euros que las grandes empresas, Telefónica, Endesa, Iberdrola…pagaran en dividendos a sus accionistas en razón a los beneficios obtenidos 

Casi nadie ignora que las posibilidades de que le toque la Lotería con una cantidad importante que le saque de pobre y no solo sirva para cubrir agujeros que más parecen socavones, son ínfimas, ridículas, anecdóticas.  Si cada año, en el bombo de los números se introducen 100.000 bolas, que van desde el 00000 al 99.999, la cuenta es sencilla. Habiendo solo un número ganador para el primer, el segundo y tercer premio la probabilidad de que toque habiendo adquirido solamente un décimo es de 1 entre 100.000, por lo tanto, es del 0,0001%.

 Además de las escasas posibilidades de que el azar nos escoja, es de dominio público que muchos de los exultantes ganadores que destaparon botellas de cava y se las prometieron muy felices, acabaron tristes, solos y arruinados. Porque el dinero no siempre trae la felicidad, aunque indudablemente ayude. Pero hay momentos vitales en los que es fácil creer que todas las respuestas están en la cuenta bancaria y que  no hay nada que amenace nuestra felicidad que no pueda ser neutralizado con un montón suficiente de euros. Cosa de la edad es averiguar, nunca desde la experiencia ajena y por la vía del batacazo a veces, que las cosas no son tan simples.

También se escuchan historias fantásticas que otorgan a videntes, magos y otras especies la capacidad no solo de sacar conejos del sombrero, algo que ya está muy visto y anticuado, sino de acertar con el número premiado. Pero no hay inteligencia artificial, ni natural, capaz de contradecir las leyes de probabilidades matemáticas.

La Lotería de Navidad además de enriquecer a unos pocos, poquísimos, aporta otro capital importante a las Fiestas que es su anuncio publicitario. Pequeñas obras de arte, dramones de alta calidad, que hacen saltar las lágrimas empatizando totalmente con sus personajes e impulsan a salir corriendo a la Administración de Lotería más cercana. El “Vuelve a casa, vuelve” sigue siendo un soniquete que remueve las entrañas de muchas familias. El de turrones Suchard de este año que habla de la acertada faena familiar de una pareja conmueve y hace pensar, aunque lo cierto, porque lo cortés no quita lo valiente, es que se omiten muchas otras realidades familiares que también lo hacen muy, muy bien. Sin hablar del calvo, el famoso calvo de la Navidad, espécimen encantador y elegante, capaz de superar la connotación peyorativa que se atribuyen injustamente a los cráneos pelados.

Creer que te va a tocar la lotería es como esperar con ansiedad a los Reyes Magos y acostarse el día previo con el corazón en un puño a la espera de que traigan el regalo deseado. Algo lógico a ciertas edades, pero inaudito a los 40 años. Aunque en un contexto tan vociferante y crispado como el que vivimos, quizás sea de valientes, inmunes al desaliento, permitirse una dosis mínima de ingenuidad.

Justicia frente a violencia machista

Es bueno que el alcalde y la teniente de alcalde, representantes de las dos formaciones políticas que juntas dirigen la ciudad, tomen la iniciativa para reclamar de forma conjunta y planificada la vuelta de las competencias judiciales en materia de violencia de género.

Es bueno que el partido en la oposición local, pero con mando en plaza autonómica recuerde y asuma las promesas hechas respecto a la recuperación inmediata de unos recursos que nunca debieron desaparecer.

Sería bueno que existieran temas situados por encima de la confrontación política que permitieran una sincera acción conjunta entre los partidos, por muy alejadas que estén sus ideologías. La lucha contra la violencia machista debería ser uno de estos temas como se escenificó hace un año con la implicación del senador del PP, Fernando de Rosa. Pero es malo que las intenciones no se correspondan luego con las actuaciones.

No se entiende que el PSPV en les Corts Valencianes apoye una propuesta para mantener el plan de agrupación de partidos judiciales para la especialización de los juzgados de violencia sobre la mujer, lo que supone dejar las cosas como están. Mientras que el PSPV local mantiene un discurso guerrero y reivindicativo, como no podía ser de otra manera.

Tampoco que el senador del PP antes mencionado visite Ontinyent en marzo y defienda la permanencia allí de las competencias en materia de violencia machista y no su vuelta a Xàtiva, como dice que pretendía la anterior Consellera. Son las declaraciones apropiadas en cada lugar, aunque demuestran una incoherencia preocupante.

Es bueno que el Gobierno municipal se siente con profesionales del Derecho para diseñar estrategias conjuntas. Que piensen contar con la necesaria opinión de las Fuerzas de Seguridad. Que no se les olvide el apoyo inapreciable que puede prestar la ciudadanía y en concreto, las asociaciones de mujeres representadas en el Consell de les Dones.

Es malo olvidar que el conflicto no solo afecta a la ciudad de Xàtiva, sino que son 26 poblaciones de las dos comarcas, La Costera y la Canal de Navarrés, las afectadas por la medida que ya está obligando a las denunciantes, en algunos casos – siempre viene bien el recordatorio- a recorrer más de 100 kilómetros para ser atendida por la justicia.

Es bueno que desde el consistorio se intente ser propositivo, ofreciendo un local de titularidad municipal, pero es previsible que habrá que jugar con mucha más habilidad a la zanahoria y el palo, para mover a ese burro, dicho sea, con todos los respetos, que es la Administración personificada en el Ministerio de Justicia y el Consejo General del Poder Judicial, que anda ya muy entretenido con sus propias miserias como para atender peticiones tan minúsculas para ellos.

Es bueno que pretendan recabar datos y evidencias empíricas que argumenten la necesidad de que las competencias regresen al partido judicial de donde nunca debieron salir. Aunque por poco que se conozca el complejo juego de la política es fácil advertir que en las decisiones que se toman no solo, ni por desgracia, intervienen factores objetivos, sino que otras consideraciones, mucho más mezquinas, pesan de forma determinante.

Es malo, malísimo que haya habido que esperar un largo año, para recordar la reivindicación pendiente durante el cual ha habido escasa preocupación para garantizar que en Alzira se está atendiendo a las mujeres como merecen y necesitan. Se asigna así al conflicto un carácter “flotante”, a expensas de las circunstancias y los recordatorios apropiados, que no dice mucho, o quizás demasiado, de la prioridad que se le otorga al asunto. Porque resulta que las guerras no se ganan a ratos sueltos o en fechas señaladas.

diciembre

Dice el refranero, cosas como “En diciembre no hay valiente que no tiemble”. Pero la verdad es que temblar, lo que se dice temblar puede suceder por muchas y diversas causas, pero desde luego, a causa del frío está difícil, vistas las temperaturas que padecemos en el año que ya se considera el más cálido desde que existen registros. Tomen nota los negacionistas cansinos y los cómodos indiferentes que ni se han enterado del fracaso total de la última cumbre climática celebrada en Dubai

Mejor no hacer caso al refranero en cuanto a sus predicciones porque leer que “en diciembre hielo y nieves, si quieres buen año el que viene” nos ha de dejar bastante preocupados ya que no se ha visto más hielo que el de la coca cola y la única Nieves que vemos es la vecina que saludamos todos los días. Otros refranes rematan la idea manteniendo que “cuando en diciembre veas nevar, ensancha el granero y el pajar”, lo que traducido al entorno urbanita más habitual viene a decir, que, si no nieva, como es el caso, mejor alquila el granero y vende el pajar porque de poco te van a servir. Vamos que vienen los apretones de cinturón.

Diciembre fue un mes malo, malísimo para los que iniciaron el viaje definitivo como Frank Sinatra, Beethoven, Elton John y Charlie Chaplin y quienes se vieron privadas de su talento y habilidad para hacernos felices. También para John Lennon al que un fan loco asesinó en la puerta de su casa. Claro que en diciembre vino al mundo Walt Disney, con su filmografía que tanto nos hizo llorar y sonreír, que nos educó tanto como nos confundió. También nació Nerón cuya llegada al mundo no parece que sea motivo de celebración a la vista de su piromanía y otras malas costumbres.

También fue en diciembre del 2019, cuando las autoridades sanitarias de la ciudad de Wuhan informaron sobre la aparición de un virus llamado COVID-19, que nos sonó a todos a chino, y perdonen el chiste malo, pero llegó a afectar a más de 770 millones de personas en todo el mundo.

Pero fue Rafael Alberti, nacido un mes de Diciembre, quien dijo aquello que tanta falta haría hoy en día: “Yo nunca seré de piedra, lloraré cuando haga falta, gritaré cuando haga falta, reiré cuando haga falta, cantaré cuando haga falta”.

El hombre deseado

Mas de uno circula por la vida satisfecho consigo mismo, desde la convicción de que nada tiene que ver con él ese prototipo de hombre machista y retrogrado, que nunca ha salido de las caverna y se cree superior a las mujeres, Considera, orgulloso, que nada tiene en común con los que agreden sexualmente a las mujeres, con los que las maltratan o incluso asesinan. Jamás haría algo así y condena con sinceridad a tales energúmenos.

Son hombres que no se consideran machistas y se esfuerzan por hacer evidente que ellos son de otra tribu, absolutamente respetuosa con la libertad y la vida de las mujeres. Son muchos, muchísimos…, que nunca aprobarían que ellas percibieran menos salario o tuvieran peores empleos,  que siempre reconocerían que son las mujeres las que deben ser dueñas de sus cuerpos, de su maternidad y de su vida, que jamás levantarían la mano a una mujer.  Que acuden a concentraciones, se informan e incluso se consideran feministas, aunque siempre en período de prueba porque son consciente de que el machismo está insertado en su ADN. Exactamente como les pasa a muchas mujeres. Son muchos, lo cual es tranquilizador y gratificante. Y su  posicionamiento es de agradecer y en absoluto menospreciable, aunque debería darse por defecto y, desgraciadamente, en los tiempos que corren no sea suficiente.

Hay otros hombres cuyo discurso es algo más confuso y menos coherente. Quizás tiene más agujeros en su credibilidad, resultando mucho más peligroso. Son los que repiten como un mantra protector aquello de «No soy machista, tengo madre e hijas», como si esta afirmación fuera una etiqueta protectora capaz de alejar toda sospecha. Son los que escuchan impresionados el relato del último asesinato machista, pero creen que ellos están libres de responsabilidad porque asumen tareas domésticas haciendo la paella de los domingos, o reconocen como iguales a las mujeres aunque no soporten la autoridad de su jefa  o las  respetan aunque paguen por sexo como hace uno de cada cuatro hombres en este país.

La estima a las mujeres de la propia vida no garantiza automáticamente una perspectiva libre de prejuicios machistas. Porque el machismo no trata solo de actos evidentes de discriminación o violencia, sino que también se manifiesta en actitudes sutiles, comentarios pasivos y comportamientos arraigados que perpetúan la desigualdad de género. Amar con locura a la propia pareja no evita conductas esencialmente machistas como tomar decisiones por ella, sentir celos o negarle su espacio personal. Adorar a las hijas no impide hacer comentarios sexistas sobre mujeres de edad similar o culpabilizar a las víctimas de agresiones por su forma de vestir.  El amor de madre no implica fregar los platos para que no lo haga ella.

En cualquier caso,  el aprecio  a las mujeres del entorno más cercano no se extiende siempre hacia las mujeres en general. Que, además, son diversas y tienen sus propias limitaciones sin que en ningún caso, su heterogeneidad justifique su discriminación como sexo.

El primer paso para construir un modelo de hombre igualitario es reconocer el machismo en las propias actitudes y comportamientos, no para flagelarse inútilmente, sino para promover un cambio no solo en las relaciones personales sino en el compromiso activo con la lucha por la igualdad entre mujeres y hombres.

El segundo es asumir que el machismo no es solo un problema individual, sino también estructural lo que exige al conjunto de la sociedad  erradicar creencias y actitudes que perpetúan la desigualdad. Y ponerse manos a la obra.

El tercero es disfrutar del desafío desde el convencimiento de que con su esfuerzo están construyendo un modelo de hombre igualitario indispensable para la supervivencia social.

La chica ye-yé

La chica yeyé tendría el pelo alborotado, pero las ideas muy claras.

La chica yeyé sabía que hay demasiada gente que no se quería enterar y les desafiaba desde la alegría y la verdad.

La chica yeyé no era una chica de brilli-brilli sino una mujer inteligente, cualidad sorprendente y escasamente valorada en su mundo y en su época.

No era un cuerpazo solo para la exhibición hipócrita, ni una fuente eterna de risas y simpatía.

Tenía filo y cortaba si era necesario. Tenía voz y no solo para cantar coplas. Tenía ojazos y veía con claridad que el mundo en que vivía no estaba hecho a la medida de las mujeres.

No era artista a la que el mundo le fuera ajeno, sino mujer de carne y hueso, que lidió con la desgracia , superó miserias y se reinventó cuando hizo falta.

Buscó y encontró el valor para ser artista, pero también para vivir y sobrevivir a todas las vidas en las que fue protagonista indiscutible.