No son tiempos de diatribas e improperios, pero hace falta un desahogo para manifestar la bilis que produce ver como la Santa Madre Iglesia, ejerciendo como siempre poco de Santa y menos de madre, en circunstancias como las que vivimos se queda totalmente al margen, callada como una zorra y disculpen el sesgo sexista, como si no estuviera en su mano colaborar, y de forma importante, en la situación que estamos viviendo.
La Iglesia Católica española posee como es público y notorio, infinidad de propiedades, casas de retiro, colegios mayores, residencias, seminarios, albergues…que podría poner al servicio de las necesidades colectivas que hoy por hoy se centran en espacios habilitados para atender y cuidar a los enfermos. La Iglesia, esa organización multinacional y multimillonaria dispone de enormes bienes patrimoniales y sobre todo, de una liquidez financiera que ya quisieran para sí muchos gobiernos. Esos que están movilizando recursos económicos desde el empeño en dar protección a los más desfavorecidos y vulnerables.
La Iglesia española como institución que se autootorga un protagonismo indiscutible en la vida social y cultural de este país, que defiende con uñas y dientes un derecho casi prehistórico a ostentar la representación de una gran parte de la ciudadanía, tendría ahora una ocasión irrepetible de demostrar quien es y a quien sirve. De hacer efectiva esa compasión y caridad que tanto predican. Esa que practican con dedicación y absoluta coherencia gran cantidad de religiosos y monjas que trabajan a pecho descubierto, cuidando y velando por el bienestar de la gente todos los días de su vida.
No se trata de lavar conciencias con donaciones engañosas, como hacen otros. Se trata de abrir sus puertas doradas y ofrecerlas para lo que haga falta, como espacios de cuidado y atención. Se podría – sin dejar de orar que toda ayuda es poca- dar bien fuerte con el mazo a este virus bastardo, con donaciones necesarias no solo para la adquisición de recursos inmediatos sino para dar continuidad a las investigaciones necesarias para que esta plaga, que no tiene nada de bíblica, no vuelva a repetirse jamás.
Iglesia de los pobres, de los enfermos, de los sufrientes…dice llamarse. Ojalá diera la cara y extendiera ese manto infinito del que tanto presume poniéndolo al servicio de quien lo necesita aquí y ahora. Y no para hacer esa caridad que humilla y doblega, sino desde la generosidad que no pide nada a cambio y se sustenta en el respeto absoluta a la dignidad de las personas.
El blog de Mar Vicent Artículos destacados
UN POLLO EN EL CONFINAMIENTO
Por diferentes causas que no viene a cuento explicar, estoy pasando esta cuarentena, acompañada por un pollo. Sí, un pollo, cuyo álbum fotográfico os adjunto para que nadie crea que esto es una metáfora de la vida, ni una fantasía fruto del confinamiento.
El pollo, que todavía no tiene nombre definido, porque antes ha de demostrar su carácter y cualidades, es pequeño pero matón y está demostrando múltiples utilidades. Por ejemplo, es un competidor nato de la Conga, porque recoge con su pico-aspiradora todo aquello que pilla en un suelo, por lo demás, inmaculado, dado que en algo que hay que entretenerse estos días. 
Por limpiar, te higieniza hasta el teclado del ordenador al que deja como los chorros del oro. Es depositarlo allí y ponerse las botas, paseando con sus patas descarnadas de la “Q” hasta el “Intro” con toda confianza. Convivir con él despierta sentimientos llenos de ternura, para qué negarlo, derivados de su fragilidad evidente, de su escaso tamaño, de su dependencia absoluta. Cuidar a alguien ajeno a ti misma, es un buen remedio para evitar el pánico que se genera cuando el autocuidado es la única preocupación.
Aunque, todo hay que decirlo, este bicho es también motivo de tensiones añadidas, nada bien recibidas. Porque circula detrás de ti, a velocidad sorprendente y es fácil pisarlo, lo cual dada la diferencia de tonelaje, implicaría su muerte rápida y violenta. De hecho, ya lleva un par de pisotones bien dados, aunque del todo involuntarios, que al parecer no han dejado secuelas, por pura suerte. Por eso te acostumbras al final, a un andar raro, como cansino, arrastrando los pies para evitar que se ponga debajo en una de sus locas carreras y se trunque la relación apenas iniciada. Un pollo muerto, no sería lo mismo.
Uno de sus peores defectos es su increíble capacidad para emitir sonidos. Un pio-pio taladrante, que no tiene nada de dulce ni celestial, sino que es como un grito de guerra que perfora los tímpanos y es imposible de resistir durante más de cinco minutos. Recuerda a algunos personajes de la tele y no se trata de señalar a nadie.
Pero con el pollo, el remedio es fácil porque sólo quiere que lo cojan, que lo metas en un bolsillo y lo mantengas en un rincón cómodo y caliente. Eso no funcionaría con Inda, pero en realidad no es nada del otro mundo, aunque no siempre es posible. Léase ducharse por ejemplo, mientras no inventen escafandras para pollos. Y es estresante hacerlo mientras te mira desesperado al otro lado de la mampara, piando desesperado.
Como decía, no tiene nombre, aunque tampoco le hace mucha falta porque no hace demasiado caso cuando le interpelas. En realidad tiene dos modalidades: o silencio durmiente, o pio-pio ininterrumpido. Pero, a pesar de todo, es costumbre habitual cuando a alguien le damos un valor especial, sacarlo del anonimato, dándole un nombre apropiado. Onomatopeyas y diminutivos no valen. Este es un pollo que, hoy por hoy, convive con adultos, aunque a ratos no lo parezcan. Así que hay que afinar. Si teneis un rato libre, se aceptan sugerencias.
EN CASA
Siempre hay diferentes fórmulas de contar la realidad, múltiples maneras de sentirla e infinitas formas de explicarla. Todo ello, sin contradecir la versión oficial que hoy nos es sobradamente conocida y merece absoluto respeto, asumiendo sin discusión las responsabilidades que nos tocan.
Pero más allá de la obstinada realidad, la experiencia se puede contar de muchas maneras. Desde el drama, desde el amor o desde el humor. Con optimismo o miedo. Con paciencia o exaltación. En plan suicida o en plan Paquito el chocolatero. Y mientras podamos elegir, parece más inteligente apostar por el optimismo que no es candorosa ingenuidad, sino garantía y confianza en la vida que nos espera.
Poco de bueno tiene el el confinamiento que vivimos, término poco acertado porque en nuestro caso hay – debe haber- más de autoconfinamiento que de encierro impuesto e incomprensible. Pero, en todo caso, se dan experiencias seguro que ampliamente compartidas.
La obligada permanencia entre esas paredes que llamamos casa es un descubrimiento a analizar. Los escasos días que llevamos fueron, inicialmente, como una aventura vivida con cierta prevención ante la obligación de tener que habituarse a nuevos escenarios y habilitar nuevas rutinas. Pero en general, salimos triunfantes. Los salones han pasado a ser despachos, las cocinas, aulas de estudio, el pasillo, pista de entrenamiento. Quienes tienen terrazas o amplias balcones se felicitaron por su acierto y los que no maldijeron haber preferido en su momento la galería de la cocina.
Hemos explorado territorios ignotos que teníamos al alcance de la mano, aunque siempre sin tiempo para bucear en ellos. Pero ahora llegó el momento de abrir armarios, en sentido literal –nada que ver con exponer la orientación sexual de nadie- y extraer de sus oscuros fondos, objetos, prendas, recuerdos, accesorios de todo tipo y mayormente de escasa utilidad. Hay quien ha recuperado cartas de las que se escribían a mano y se depositaban en un buzón, o el traje con el que se casó que no entiende como se pudo calzar en su día. O los patucos de aquellos niños que hoy son hombretones o la revista porno que escondió para que nadie encontrara. Todos descubrimientos que impulsan a escribir las memorias si creyéramos que a alguien las iba a leer. Aunque siempre es una opción.
Tanto tiempo en casa, sin tener que ir a ninguna parte, nos ha hecho sustituir actividades habituales, ahora descartadas, por otras, más infrecuentes. De ahí, el éxito del bricolaje, de la jardinería de interior, de los mandalas, de los tutoriales para hacer gimnasia o magnesia, qué más da……Hay quien ha desarrollado una pasión enfermiza por la limpieza que roza la asepsia total y persigue ferozmente a los virus que pueda haber sueltos por su casa. Y también, seguramente, quien se pasa el día durmiendo, recuperando el sueño perdido durante el último decenio.
Cada cual hace lo que puede, consciente de que el premio, que es salir indemnes de esta situación, será compartido. Una mención especial merecen quienes conviven con criaturas, con personas con discapacidad o gente mayor que no admite tregua en su atención y cuidado. Sobre todo los primeros que están haciendo un incuestionable esfuerzo de imaginación y creatividad ( véase la conga-vaquilla que persigue criaturas, los arco-iris en las ventanas, etc..)
Pero esto es una apuesta que, como bien nos han explicado, justifica todos los esfuerzos y sacrificios. Y por eso, ante el miedo y la incertidumbre, superando soledades y aceptando renuncias, hemos de sacar a pasear el amor a la vida y la esperanza en el futuro para hacernos fuertes y conseguir que ningún bicho asqueroso y rastrero pueda con nosotros.
LA RUINA DE LA IGLESIA CATÓLICA
Hay relaciones complicadas en las que a veces prima la mutua utilización frente al amor sincero. Que vienen de lejos y han pasado por fases de enamoramiento incondicional, de disputa o de franco rechazo. Sobre todo a la hora de valorar quien obtiene más beneficios o asume mayores pérdidas en esa prolongada relación. Esto es lo que pasa con las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado español, laico en teoría, pero vinculado a la Iglesia católica, apostólica y romana desde hace generaciones que a ella le deben gran parte de sus filias y fobias.
No se trata de faltarle al respeto a nadie, sobre todo a las personas que están en su legítimo derecho de profesar unas creencias con las que intentan ser coherentes en su práctica diaria. Gente con principios religiosos arraigados que practica su religión con dedicación , sin hacerse ni hacer trampas a nadie, siempre desde el empeño de ser mejor persona y mejor ser humano .
Pero de esos quedan pocos en España. Según datos de la propia Conferencia episcopal cada año desciende el número de bautizos que hoy no recibe el 40% de los recién nacidos. El 70% de las bodas son civiles. Solo una de cada 3 personas se declara católica, proporción que desciende considerablemente en los jóvenes menores de 35 años. Con todo, sean pocos o muchos, poseer y practicar principios éticos y morales acredita a las personas y es un derecho incuestionable a proteger.
Otra cosa es la institución que patrimonializa esas creencias, esa Santa Madre dependiente del Vaticano que tiene poco de madre y menos de santa, por lo menos según el criterio indudablemente sesgado de quienes la juzgan a la vista de su experiencia histórica , pasada y presente. Sin contar con todas aquellas entidades que no tienen personalidad jurídica civil, la Iglesia tiene más de 40.000 terminales: desde parroquias a monasterios, desde órdenes a congregaciones, desde ONG hasta fundaciones, desde Manos Unidas a la Universidad Pontificia de Comillas. Eso es la Iglesia en un sentido amplio.
Es una institución que se lleva al año el 1% del PIB, lo que supone unos 11.000 millones de euros, siendo la mayor propietaria de este país después del Estado. Según el informe 2017 de Europa Laica, a través de sus más de 40.000 instituciones, la Iglesia conforma un enorme patrimonio, consistente en bienes mobiliarios e inmobiliarios. Entre ellas, más de 110.000 propiedades, entre lugares de culto, pisos, locales, etc. Por si no era suficiente, en las últimas dos décadas puso a su nombre alrededor de 30.000 propiedades, desde catedrales, iglesias, ermitas… a
casas parroquiales o de maestro, plazas, fuentes, frontones y todo tipo de parcelas según los datos que el Colegio de Registradores entregó al Gobierno. Además posee el 70% del suelo habitable de Toledo, Ávila, Burgos y Santiago y porcentajes menores en los más de 8.000 municipios del Estado amén de más de 150.000 hectáreas en tierras agrícolas. Sin mencionar el enorme y rentable privilegio de estar exenta de pagar una serie de impuestos como el IBI, el de de Sucesiones, etc…
Por eso la noticia de que la Seu de Xàtiva va a cobrar una entrada de 3 euros de la que no se librarán ni las criaturas que gozarán de rebaja, aunque no de exención total como las personas devotas que vayan a orar, no ha de ser causa de alarmismos catastrofistas y temores claramente infundados. A la vista de lo descrito, no hay ningún riesgo de presenciar la quiebra económica de una institución tan antigüa, necesaria, transparente y democrática como la Santa Madre Iglesia.
VIOLENCIA INÚTIL
Todo el que haya visto ese vídeo que circula estos días por las redes sociales a cuenta de lo sucedido, al parecer, en una discoteca de Xàtiva, tiene que quedarse con mal cuerpo. Se ve a un chaval aporreado e inmovilizado, por dos, tres y hasta cinco empleados de seguridad, es de suponer que en el desempeño de sus funciones, con toda profesionalidad,
Lo malo que tienen las imágenes es que no aportan contexto. Te cuentan la historia tal cual, sin adjetivos ni juicios de valor. En este caso se ve a un chaval, común y corriente, alto, flaco, pelado, nervioso, que no se sabe si quiere entrar o salir, ni de dónde, al que detienen y retienen unos hombres uniformados que para hacerlo propinan puñetazos, atizan patadas y sacuden con potentes empujones a la vez que manejan la porra con una alegría y contundencia francamente preocupante. El vídeo acaba con el joven e involuntario protagonista inmovilizado y casi enterrado bajo el peso y la mirada de cinco triunfantes empleados de seguridad
La explicación de la empresa, según se explicó en este mismo diario, es que se trata de la expulsión de alguien que se comportó de forma violenta cuando fue desalojado del recinto por estar drogándose en el baño. La otra versión, que la hay evidentemente, cuenta que sólo se trataba de entrar de nuevo en la discoteca, sin pagar por un nuevo “cuño” , ya que había salido por error.
Dos versiones efectivamente contrapuestas, que no admiten consenso alguno. Muy raro sería que los seguratas admitieran que se les fue la mano, o que el chaval reconociera que se puso burro.
Pero sea cual sea la historia real, el hecho incuestionable es que, excepto a raros especímenes que disfrutan con la violencia porque mueve en ellos turbias pasiones inconfesables, a la mayoría del personal les remueve las tripas ver tratada así a una persona. Sea joven o vejete venerable o a una mujer madura, que tampoco hay porqué hay que establecer diferencias. La cuestión es que drogata o no, violento o no, equivocado o con razón, nadie debiera ser sometido a tratamiento tan violento y agresivo, sobre todo si, a priori, no parece resultar indispensable para disuadirle de sus propósitos.
Sobre todo teniendo en cuenta la franca superioridad numérica y de volumen de una parte de los contendientes. Sobre todo teniendo en cuenta, que los hijos y nietos de cualquiera son capaces de hacer tonterías por el estilo y no parece deseable que reciban como castigo una paliza que recuerda a las que se ven en las películas de acción, con la diferencia de que aquí el dolor causado es real.
Porque incluso aunque fuera un peligroso delincuente juvenil, vivimos o queremos vivir en una sociedad que no utiliza la violencia para dar respuesta a las conductas antisociales o delictivas sino que apuesta por la reeducación y la recuperación de las personas. Lo cual no quiere decir que haya consentimiento o debilidad a la hora de defender los derechos colectivos y la eliminación de toda aquella conducta que amenace la convivencia en paz. Pero la violencia solo enseña violencia y es ajena a cualquier regla de conducta y comportamiento que permita vivir la vida en paz.
En el vídeo, viendo volar las porras golpeando a un chaval descontrolado, alguien que lo presencia se lamenta y dice que no puede ver esas cosas. Lo cierto es que no se pueden ver, ni deben suceder. Acabaremos en feos escenarios si consentimos que en la vida cotidiana se resuelvan los conflictos según la ley del más fuerte y más bruto.
LA TRISTE HISTORIA DE PATROCINIO CAMÚS
Si Patrocinio Camús levantara la cabeza se quedaría estupefacta al ver los conflictos y tensiones que se han generado en torno a un reconocimiento que nunca pretendió.
Ella, mujer discreta que nunca aspiró a homenajes y desagravios, fue hija de su tiempo y de la historia que le tocó vivir. Alguien que merece ser recordada en esta ciudad, especialmente escasa en referentes femeninos, no porque no existan, sino por la escasa preocupación en rescatarlos del olvido (¿cuántas estatuas de mujeres, nombres de calles en femenino, artistas o escritoras reconocidas…? )
Ya obtuvo un protagonismo no deseado cuando en tiempos del PP, año 2008, la Presidenta del Consell de les Dones, una vez comprobados los sospechosos antecedentes de la interfecta, se negó a rendirle el homenaje que XATEBA había propuesto.
Entonces resultó ridículo y doloroso que se negara el pan y la sal del recuerdo a una mujer tan inofensiva y poco peligrosa como Patrocinio. Resultó mezquino y vengativo que una Alcaldía y un equipo de Gobierno, monocolor , en un alarde de autoritarismo que es de esperar que hoy esté felizmente superado , negara cualquier homenaje institucional a una viejita de cabello blanco, “culpable”, sin duda, de enarbolar una bandera, legítimamente republicana. A una setabense en la que se quería representar a toda una generación de mujeres, supervivientes de la postguerra, que vivieron en difíciles condiciones a la sombra de sus maridos frente a los cuales su vida no tenía relevancia pero junto a los que pagaron el mismo precio de cárcel, destierro y miseria.
Felizmente superados los tiempos del rodillo y la rodilla en tierra, ocupado desde 2015 el Ayuntamiento por un Gobierno de coalición que, en teoría, actuaba de común acuerdo, desde la misma sensibilidad y sentido de la justicia, Camús recibió al final, el reconocimiento que merecía, de forma en todo caso, modesta: sólo su imagen, bandera en ristre, reproducida en una tranquila plaza de la ciudad. Imagen que, por cierto, hubo que defender inicialmente de los previsibles e infantiles ataques fascistoides, de esos que pintan cuernos y cometen otras tropelías, ignorantes de que esas acciones califican mucho más a quienes las realizan que a una mujer y a una Historia que ya es invulnerable a cualquier ataque.
En 2019, con un Gobierno municipal con diferentes presencias y señaladas ausencias, la imagen de Patrocinio aparece una mañana seccionada, desapareciendo la parte superior, justo la de la bandera tricolor, que es sustituida por un prosaico anuncio publicitario de la Empresa Municipal PROEXA. Una modificación susceptible de ser entendida fácilmente, como mínimo, como una falta de respeto a la persona y para muchos, como una ofensa totalmente innecesaria a la memoria histórica de una ciudad
En todo caso, parece más fácil reconocer un error y rectificar a tiempo que ofender de esa forma a quienes viendo la imagen íntegra, sentían reconocida, tras larga espera, su sensibilidad y visión de la historia. Lo que no hace ninguna falta es crear un amargo conflicto en torno a una de las escasas mujeres de Xàtiva que ha merecido un reconocimiento público. Duele que sea Patrocinio Camús, la pagana involuntaria e indefensa de una pugna que ella jamás quiso originar cuando enarboló la bandera de la legalidad vigente en Abril de 1936, sólo y exclusivamente porque simbolizaba la libertad y el progreso. La bronca es mezquina y sin justificación porque su origen está mucho más allá de la historia de la susodicha y ella, en realidad, en su muerte como en su vida, no es más que una mujer invisible a la que no se quiere reconocer como verdadera protagonista de la historia.
SI YO FUERA ALCALDESA…( O TÚ…)
Trescientos mil pavos no son precisamente moco de pavo, sino una cantidad prometedora por todo lo que permitiría hacer en una ciudad como Xàtiva. Es el importe asignado a los presupuestos participativos del año próximo, para los que no habrá olvido ni perdón porque es un compromiso proclamado y vendido por el actual Equipo de Gobierno y comprado por una ciudadanía deseosa de conocer en propia carne, para variar, la experiencia de tener un Ayuntamiento cumplidor de sus promesas.
Los presupuestos participativos es una oportunidad de oro, nunca mejor dicho, de reclamar el mejor uso para los fondos públicos, siempre desde la premisa de que satisfagan el bienestar común y no el propio, el de mi gente o el de mi reducido grupo de colegas. Los espabilados que pretenden lanzar propuestas interesadas para que les asfalten la entrada de su garaje, les compren ese solar devaluado o les financien algún chiringuito de su propiedad han de saber que el juego no se juega así, y que el árbitro les va a pitar falta y expulsión.
Tampoco se trata de escribir una ingenua carta a los Reyes Magos como si el cielo fuera el límite y no hubiera un mañana, porque hay que respetar determinados límites presupuestarios y normas autoimpuestas para que sea factible y realista la realización de los proyectos aprobados.
Estamos ante un ejercicio de democracia que exige hacer frente a los mensajeros del escepticismo que recomiendan quedarse en casa, a los profesionales del cinismo y apóstoles del individualismo que solo nos condenan a la soledad y la amargura.
También obliga a un doble esfuerzo. A los gobernantes, porque poca gracia les debe hacer renunciar, aunque sea en una parte mínima, a su absoluto poder de decisión sobre el presupuesto municipal. Y es también un desafío para la gente común, para la ciudadanía porque ha de salir del modo de la queja pasiva, del espíritu destructivo del gruñido en la barra del bar, para sentirse Alcalde por un día y dueño -sin haber atracado un banco- de la nada despreciable cantidad de 300.000 euros sobre los que tiene la potestad de decidir su mejor uso. Alcalde o alcaldesa, se debería añadir, porque siendo las mujeres la mitad de la población setabense y haciendo un cálculo algo tramposo, se podría afirmar que la mitad de esa cantidad debería ser invertida en inversiones que beneficiaran especialmente a las mujeres. Porque como ya deberíamos saber a estas alturas, los presupuestos, las inversiones, las subvenciones no repercuten casi nunca exactamente igual en unos que en otros, ni atienden a las necesidades vitales específicas de las mujeres que en muchos casos, tienen carácter propio e intransferible.
Por eso, esta oportunidad ha de ser aprovechada para las mujeres, de toda edad, clase y condición para imaginarse con ese bastón de mando que no tiene nada que ver con una varita mágica, en ese despacho a veces demasiado insonorizado, en posición de decidir las cosas que hay que cambiar en la ciudad para vivir con mayor calidad de vida, aliviando los problemas con que nos encontramos cada día.
Se trata de identificar aquello que cada día complica la vida a las mujeres, nos hace maldecir y crisparnos, nos altera, nos agota y nos preocupa intentando ver si su solución estaría vinculada a una de esas inversiones susceptibles de ser financiadas con esos 300.000 euros disponibles.
Seguro que no todo tiene solución por esta vía, pero vale la pena pensarlo porque es seguro que el esfuerzo será productivo. En la preparación de este evento hay una cita fijada, el 15 de Febrero. Allí nos han de encontrar.
OLVIDOS IMPOSIBLES
Hace ahora 75 años del final de la Segunda Guerra Mundial, acontecimiento que hoy se estudia en los libros de Historia y parece un episodio más de los vividos por la Humanidad durante su existencia. Nos acostumbran a rememorarla en películas que incluso constituyen un género, el género bélico, donde los malos son muy malos, francamente insoportables, y los buenos, héroes, guapos e inteligentes que siempre acaban ganando. Al final, entre tanto relato de ficción, olvidamos la realidad de una guerra que, como cualquiera de ellas, no tiene nada de bello y glorioso, porque es simplemente el intento de imponerse a otros mediante la violencia indiscriminada y cruel. 
Sería bueno recordar que esta guerra acabó con la vida de 75 a 80 millones de personas, entre combatientes, población civil y sobre todo aquellos grupos humanos a los que se pretendió exterminar como fueron los judíos, los homosexuales, los gitanos… en resumen, todo aquel que no cumplía los standards de raza que el fascismo pretendió imponer. Es terrible constatar que la mayoría de los países perdieron más población durante la ocupación alemana y sus continuas «purgas», que durante el enfrentamiento bélico propiamente dicho ante los Ejércitos del Eje.
La II Guerra Mundial, duró 6 años y un día e implicó a 23 países. Se calcula que acabó con la vida del 3 % de la población mundial existente en 1940.
Por este motivo, se programan conferencias, actos y exposiciones realizadas con la pretensión de que la sociedad recuerde y no olvide, mal que le pese, el horror y la crueldad con el que somos capaces de comportarnos los seres humanos si nos ponen en la circunstancia necesaria para sacar de nosotros nuestra alma más bestial e inhumana.
Habrá quien piense que es un empeño innecesario y nostálgico, porque la Historia ya fue vivida y saldría más a cuenta, correr un tupido velo y borrar de la memoria aquellos espantosos sucesos que horrorizan a cualquiera. Hay quien no tiene estómago para afrontar esos horrores y prefiere no mirar de frente a un monstruo verdaderamente angustioso y sobrecogedor. También hay quien quiere vivir feliz en su nube, ajeno a las miserias humanas que por supuesto condena y rechaza, pero desde la cómoda distancia de la zona de confort que habita donde no hay sitio para campos de concentración y cuerpos torturados.
Todas ellas son actitudes peligrosas, porque las guerras, ninguna de ellas son explosiones imprevistas e inesperadas, sino que se declaran tras un largo y complejo proceso de preparación, que va ajustando las condiciones políticas hasta que sólo las armas tienen la palabra. Por eso quienes no queremos de ninguna forma repetir esa historia maldita hemos de estar alertas y participativos para que nunca más nadie, en nuestro nombre, tome decisiones que desencadenen catástrofes similares
Pero son especialmente peligrosos quienes en un alarde de ignorancia voluntaria y premeditada, fruto de un interés tramposo en falsear la historia para que sirva a sus intereses, quieren negar una realidad que no les conviene, para poder así repetir errores y difundir mensajes capaces de llevarnos al mismo destino. Esos que quieren borrar de la memoria no sólo a las víctimas sino sobre todo a los causantes, porque comparten con ellos, aunque siempre en sordina y sin hacer alardes, su ideología criminal y excluyente.
Hay ahí mucho peligro, porque permitir que prenda la semilla de su odio indiscriminado, de su insolidaridad e inhumanidad nos hace a todos, la mayoría restante, un poco más vulnerables y susceptibles de volver a ser espectadores de una tragedia global que esta vez, probablemente, sería la definitiva.
Así que bienvenidas sean programaciones y actos que refresquen la memoria que nunca ha de quedar dormida. Bienvenidas las iniciativas de los centros educativos para que las jóvenes generaciones conozcan a la perfección los caminos que jamás han de transitar. Deseables todas aquellas manifestaciones, públicas y privadas donde todos y cada uno de nosotros, rememoremos el horror y nos conjuremos para que nunca jamás vuelva a repetirse.Que las guerras nunca vuelvan a salir de los libros de historia. Con nosotros, no. En nuestro nombre, jamás.
LA VACUNA DE LA EDUCACIÓN
Así acaba cualquier análisis sobre la violencia machista. Es la razonable conclusión de cualquier reflexión sobre las personas que mueren en la carretera o el colofón al describir a una juventud que debe hacer frente a adicciones letales. Siempre se acaba diciendo lo mismo: el papel de la educación. En igualdad, en ciudadanía, en seguridad vial, para la vida saludable…Absoluta coincidencia sobre la rotunda necesidad de educar a la juventud para que salga de los centros educativos no sólo debidamente informada sobre conocimientos que, por otra parte, tienen hoy al alcance de un botón, sino formadas en hábitos y valores que les garanticen, salvo catástrofes imprevistas, una vida larga y feliz.
Existe un absoluto consenso en que el machismo como la homofobia o el racismo son, todas ellas, patologías sociales que convierten a las personas en jueces implacables de su prójimo, incapaces de ver la viga en su propio ojo, pero preparadas para aniquilar a quien se salga de su orden de valores. Y la vacuna es la educación.
Pero ahora un partido, instalado en el odio a la diferencia y en la imposición de sus propias creencias, propone que sea potestad de los padres (en ningún caso de las madres, porqué será?) eso que se ha llamado pin parental ,término bastante poco explicativo para dar a conocer tan peligrosa iniciativa. Mucho mejor lo de Pin Neandhertal que se ha inventado Gabriel Rufián o sencillamente la censura parental.
El PIN parental es un documento que un padre podría dirigir al centro escolar de sus hijos e hijas, amenazando al profesorado con represalias legales si su retoño recibe formación sobre determinados valores y creencias que el progenitor no comparte. Es decir que los trogloditas que sigan manteniendo aquello de la mujer con la pata quebrada…, quienes son partidarios de dejar morir en el mar a las personas que aspiran a una vida mejor, los que opinan que una paliza al moro, a su debido tiempo, sería de gran utilidad….estarían en su derecho de prohibir que su hijo reciba influencias externas para impedir que sea igual de machista, homófobo, racista y, en suma, tan inhumano como él.
Vociferan que los hijos son suyos y sólo ellos tienen derecho a decidir sobre su educación. Lo que implica, por ejemplo, que quien siga creyendo que la tierra es plana y no redonda, por lo que uno se puede caer si llega hasta el borde – teoría pintoresca que sin embargo algunos siguen compartiendo- , puede exigir que sus criaturas sean privadas del conocimiento y, por tanto, destinadas a hacer el ridículo toda su vida. Convirtiendo así a los hijos e hijas en objetos que, como tales, pueden ser tratados como propiedades carentes de derechos.
Por otra parte, permitir que la bestia del odio campe a sus anchas sin trabajar por erradicarla de la forma más temprana posible, no sólo condiciona la felicidad de esas personas a las que se hace un flaco favor condenándolas a vivir en la ignorancia. Para ellas la vida no será más que una solitaria lucha permanente para sobrevivir entre la jauría humana, matando para evitar ser comido. A la vez, se convierte a ese alumnado en un peligro potencial para el resto, porque así se consiente que crezca el futuro agresor de las mujeres. O se permite el desarrollo de quien más tarde se sentirá con derecho a burlarse de quien es diferente, más gordo, más flaco… o con derecho a castigar a quien sea más oscuro de piel o tenga otra preferencia sexual.
Hay propuestas que las carga el diablo, empeñado en hacer de nuestra convivencia un infierno.
EL DESAFÍO DE LOS BUENOS PROPÓSITOS
Estrenamos un año que es como un libro de hojas blancas en el que escribiremos la historia de nuestra existencia. A fuerza de la costumbre nos pasa desapercibido el privilegio de iniciar un año donde todo está por decir y por hacer y que por eso mismo, puede ser el año de nuestras vidas, de nuestra revolución pendiente, de nuestra rendición definitiva o de nuestra victoria.
Es el momento de los propósitos que habría que intentar que no se convirtieran en brindis al sol, astro rey que ya debe estar aburrido de tanta reiteración farisea. Valdría la pena ser más realistas intentando mirarnos con la distancia necesaria para descubrir nuestro talón de Aquiles y nuestra mayor fortaleza. Con estos datos, las conclusiones serán evidentes e innegociables, a pesar de nuestra proverbial blandura y autocomplacencia.
En cualquier caso, en un alarde de madurez casi imposible de lograr ante estas disyuntivas, se podría intentar traducir los usuales deseos semiutópicos para el nuevo año, en exigencias reales que favorezcan su consecución, superando así la etapa inicial y fallida de su simple enunciación. Ese sería el desafío real.
Al parecer el primer deseo compartido por la gran mayoría es cuidar la salud, el estado físico. Esto incluye una amplia gama de propósitos, según edad, peso y condición: desde levantarse del sofá de vez en cuando hasta correr la maratón de Nueva York. También incluye hacerse chequeos médicos aleatorios, comer sólo lo que sea de color verde y además sin sal, reducir el consumo de alcohol y otras drogas legales, practicar alguna técnica reductora de stress… Sin embargo, quizás saldría más rentable y desde luego sería más funcional, canalizar esta legítima aspiración hacia la exigencia a los poderes públicos de políticas de salud, sanitarias, medioambientales, de movilidad y otras muchas más, cuya existencia y aplicación eficaz son el complemento indispensable al necesario esfuerzo individual. Así se impulsaría el imprescindible cambio de modelo capaz de consolidar nuevos hábitos, modificar conductas tóxicas y facilitar los conocimientos necesarios para diferenciar las majaderías de las verdades científicas. Es más fácil cuidar la salud en ciudades sin contaminación, , sin listas de espera en la sanidad pública, llena de jardines y grandes árboles que dan sombra y oxígeno, con un tráfico subordinado a las personas, instalaciones públicas de ocio y deportivas suficientes y accesibles y programas municipales de salud…
Otro deseo habitual es aprender idiomas -sobre todo el omnipresente inglés- leer libros, ampliar conocimientos en temáticas que nos resultan apasionantes y que han estado fuera de nuestro alcance. Nada que objetar a tan legítima pretensión, que sin duda, nos hará crecer como personas y resolverá carencias que nos limitan. Que se ha de satisfacer, además, desde el ámbito privado en el caso de las personas que abandonaron hace tiempo los espacios públicos de aprendizaje y educación. Sin embargo, como muestra de solidaridad con las generaciones venideras, sería de agradecer que no se repitieran errores y se reivindicaran políticas educativas capaces de conseguir un alumnado políglota, empeñadas en fomentar el hábito de la lectura de formas ingeniosas y creativas.
Nada tiene de malo actualizar propósitos para el nuevo año. Pero para hacerlos realidad, si se desconfía del poder de las hadas y duendes, conviene incidir en los factores que realmente ayudarán a conseguirlos, complementando nuestra fuerza de voluntad, raquítica a veces. Siempre desde la conciencia de formar parte de un todo que ha de facilitar nuestro sincero propósito de ponernos en forma y aprender inglés.
