TORPEDOS A TRAICIÓN

Quien diga  que la situación que estamos viviendo es fácil, mentirá como un cochino. Quien intente minimizar el alto coste que estamos pagando  las personas que vivimos confinadas desde hace ya un mes largo, se merece un buen cachete. Un poco más contundente incluso para los listos que quieren aliviar de forma tramposa la dureza del encierro considerando que se merecen un trato de favor por ser quienes son.

Fácil no es, lo que estamos pasando, porque lo que al principio parecía ser una experiencia provisional, digna de ser contada a nuestros nietos, dura pero concentrada en el tiempo, se está convirtiendo en una especie de pesadilla de la que no nos dejan despertar. Tanto tiempo viviendo con restricciones hace que las tensiones se acumulen y las carencias se hagan más evidentes. Y la incertidumbre sobre el final, no ayuda precisamente a sobrellevar una situación que requiere paciencia, confianza y responsabilidad a toneladas.

Por ello, no es tolerable que nadie pretenda  estafarnos haciendo uso de privilegios para darse un paseo al aire libre, como el que todo hijo de vecina se daría la mar de a gusto. Y es cierto que nos come la mala leche cuando se ve, por ejemplo,  a un Expresidente del Gobierno, a ese  que cuando camina mueve los bracitos como si fuera Lola la Piconera,  pillado  cuando se da su  paseo  habitual. Un paseo por el que hoy pagarían muchas personas.

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Verle a él, precisamente a él,  hunde un poco la moral de esa mayoría ciudadana que  en todo el Estado y en Xàtiva también,  está dando el callo, con una gran responsabilidad colectiva para levantar barreras ante un enemigo invisible y letal. Que no puede admitir trampas y deserciones, sobre todo en personajes cuyo compromiso debería ser ejemplar por las responsabilidades que han ocupado.

Pero igualmente son condenables, porque nos debilitan y nos hacen más vulnerables,  esas voces negras que desde el cinismo desacreditan el esfuerzo que realizamos, falseando la realidad. Esas voces negras que solo señalan los errores, que solo resaltan los traspiés que evidentemente se están produciendo para afrontar una situación para la que no hay manual, ni precedente, ni solución fácil e inmediata.

Lo cierto e innegable es que somos  mayoría los que apostamos por el bienestar común desde el encierro y solo unos pocos  ególatras  endiosados los  que se pasan por el forro lo anterior.  Porque conductas como la del Ex presidente,  no son la regla sino la excepción.

Lo honesto es reconocer que con improvisaciones, tropezones, incongruencias y seguro que multitud de errores,  a quienes les ha tocado este marrón están haciendo lo que mejor creen y pueden,  para solventar la situación de la mejor manera.

Así que sería hora, por una vez que este país de escépticos profesionales, de criticones crónicos bajara el cañón del fusil de la crítica destructiva que todo se lo lleva por delante  y arrimara el hombro. Lo cual no quiere decir, por supuesto, que en su momento, cuando de todo esto se pueda hablar en pasado,  se pasen cuentas, se haga balance y se asuman responsabilidades. Pero el sentido común impone una lógica espera, una necesaria espera hasta que la situación no se lea en base a insufribles cifras de personas fallecidas, sino pudiendo mirar hacia delante con esperanza.

En Xàtiva hay una lectura única y solidaria de la situación, compartida por toda la ciudadanía, por todo el Ayuntamiento, por todas las instituciones.

Una unidad de acción que hay que agradecer, y que ojala existiera en todo el país, porque bastante peligro y riesgo tiene la situación como para aumentar la tensión atacando con críticas y descalificaciones nuestra moral de victoria. Sólo saldremos de esto, juntos,  desde la confianza mutua, desde el apoyo recíproco. Solo con esperanza, con lealtad y concordia , encontraremos la puerta de salida de esta pesadilla que vivimos.

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