Categoría: sociedad

DÍA DE DIFUNTOS, AÑO DE DIFUNTOS

Este Día de Difuntos se presenta francamente diferente, como ha sucedido con todo lo relativo a este año 2020, que despediremos indudablemente con poca pena y nada de gloria.

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En un día como hoy, previo al de Todos los Santos, los informativos y medios de comunicación tendrían que estar ocupados en mostrar de mil y un maneras, con enfoques más o menos originales o costumbristas , eso que se podría llamar cultura funeraria, o tradiciones mortuorias que , tienen amplio seguimiento  en este país y conforman un nutrido grupo de costumbres que se practican fielmente en estas fechas.

Siendo las vísperas que son, se tendría que hablar hasta la saciedad de los arreglos realizados en los cementerios, de las medidas tomadas para organizar el tráfico y el aparcamiento. Sería el tema público obligado las toneladas de flores vendidas para la ocasión mientras que privadamente casi cualquiera tendría un momento de recuerdo íntimo para alguien que no se volverá a ver y al que se echa de menos. Pero hasta a los muertos, la pandemia les ha quitado el protagonismo, los ha escondido y enterrado nuevamente bajo toneladas de información, de cifras y estadísticas, de expectativas frustradas, de crecientes ansiedades y miedos alimentados. 

Por eso, lo que en general se está tratando son las medidas y recomendaciones que todos los Ayuntamientos han tomado para evitar a toda costa que la celebración de día de los Difuntos cause algún difunto más que pueda ser evitable.

Por eso se van a pintar los cementerios como si fueran circuitos de IKEA, señalando itinerarios de entrada y salida. O se limitará el tiempo de permanencia en el recinto o incluso el número de personas visitantes por familia, obligando a un triaje bien delicado.  Por eso, se regulan aspectos tan concretos como el origen del agua para las flores o para asear la lápida, que no podrá ser compartida y cada cual se deberá traer de su casa.

En resumen será una jornada dedicada a recordar a los que se fueron pero viven en nuestros corazones y nuestra memoria, ocasión para muchos de retomar conversaciones interrumpidas,  pero que, en todo caso a día de hoy, se ha de gestionar con un manual de instrucciones de obligado cumplimiento. Algo absolutamente necesario en aras de la prudencia y la seguridad pero poco recomendable desde el punto de vista de la naturalidad y la intimidad para mostrar sentimientos y afectos.

Aunque se produzca ese brutal cambio cromático que llena los camposantos de flores de colores vivos  que rompen la monotonía visual de las lápidas, aunque  el silencio de los muertos se vea roto unas horas por las conversaciones de los vivos,  este año nada va a ser igual aunque en el fondo se trate de lo mismo.

 Y la culpa de todo,  es evidente, la tiene el bicho, ese virus inhumano e implacable que nos derrota porque se aprovecha de nuestras debilidades y contradicciones… que nos acorrala en base a nuestra desmemoria, a nuestra soberbia y nuestra fragilidad.

En realidad, hemos vivido todo un año de difuntos, el que la muerte , que intentamos siempre mantener en el patio trasero de nuestro espíritu, ha impuesto  un protagonismo indebido a cuenta de una pandemia que en muchos sentidos,  nos ha puesto en nuestro lugar o por lo menos en una situación cuya superación exige lo mejor de cada cual. Si la felicidad consiste en encontrar el equilibrio entre las luces y las sombras, quizás la enorme sombra que proyectan las 35000 personas fallecidas en España en los últimos meses sean suficientes para valorar la alegría de vivir y tener salud.

HEROÍNAS, NO . GRACIAS.

Héroe es Superman, ese tipo ocurrente que va vestido con unas mallas ajustadas y se sube por las paredes. O quizás ése es Spiderman, no se acaban de distinguir bien. Heroína es Juana de Arco que ya sabe que no tuvo un final feliz.

Pero no son héroes ni tienen ningún interés en serlo muchas mujeres y hombres que así lo han declarado y que desean afrontar sus responsabilidad profesionales ahora, como  han hecho anteriormente, para hacer lo que les toca como toca, sin aspavientos admirativos, simplemente poniéndose su uniforme, fichando a su hora, cumpliendo sus obligaciones y ganándose el pan con dignidad y profesionalidad.

Lo único que sucede es que  las circunstancias vividas han puesto en valor la enorme importancia de algunos trabajos y ocupaciones que gozaban de escaso visibilidad y prestigio social. Ese reconocimiento público se reservaba, por ejemplo,  para futbolistas y otros  animales  mediáticos que embobaban al personal en base a unos méritos que de ninguna manera justificaban sus privilegios sociales y económicos. Pero la experiencia del confinamiento trastocó esa visión inducida y mentirosa del valor de los trabajos y generó una valoración, en general sincera,  de  profesiones normalmente ignoradas y devaluadas que, de forma nada casual, desempeñan las mujeres. Sonó la hora de las cajeras  de los supermercados (aunque ahora en Xàtiva, haya grandes cadenas que  las dejan en la calle sin que les tiemble el pulso), de las limpiadoras, las auxiliares de enfermería.… un sinfín de categorías profesionales infravaloradas, y totalmente carentes de prestigio. Todas ellas, -por obra y gracia de ese bicho francamente desagradable, que pintan redondo y lleno de cráteres lunares-  se convirtieron en estrellas del sistema, merecedoras de reverencia y peloteo, susceptibles de obtener el homenaje social, aunque con fecha de caducidad. No hay nada mejor para curar la miopía existencial de la gente, que percibir que es una buena limpieza y desinfección lo que salvará nuestras vidas,  que nuestro bienestar no depende del gol de alguna carísima estrella, sino de la reponedora que nos facilita ese papel higiénico, objeto de nuestros deseos irracionales.

Seguro que todas ellas hubieran agradecido más allá de los aplausos pactados en horario prefijado, algunas medidas  concretas  que mejoraran sus condiciones laborales. Y ya no se trata solo de salarios, que también, sino del aumento de medios y  plantillas para hacer frente con todas las garantías a sus tareas.

 Ejercer de héroe o heroína, sale caro. Su vida es solitaria y se las ha de apañar sin ayuda. Cierto que al final suele salir ganando,  pero hasta alcanzar la victoria final,  lo que sucede casi cuando salen los títulos de crédito que anuncian el fin de la película, ha de recibir golpes y palizas e incluso perder a alguien a quien estimaba, y todo para ser rápidamente olvidado hasta la aparición del próximo villano.

La heroicidad no es buen negocio. Es  mucho más rentable la responsabilidad y el coraje. Ambas cosas necesarias  para caminar hacia adelante y mirar al futuro con esperanza. A estas alturas de la pesadilla, se hace imprescindible  huir del relato catastrófico,  del cuento de terror con el que algunos fomentan paranoias y cultivan la insolidaridad para imaginar, con inteligencia y sensatez,  que las  cosas pueden ir mejor. Y hacerlo, no desde el buenismo ingenuo  sino desde la confianza en poder hacerlo porque hay  gente que vale la pena.  Si no apostamos por la esperanza, si el relato de nuestro fracaso como sociedad no se nos cae de la boca, si nos regodeamos en las miserias propias y ajenas con verdadero obcecación, al final esa será la realidad de la que no podremos escapar.

IR DE COMPRAS

Seguimos saliendo a la calle, asustados ante la presencia de un virus invisible pero peligroso, pero empezamos a mirar el mañana, el día de después, que casi resulta igual de aterrador. Oir las cifras es como padecer una granizada al descubierto, porque cada una es peor que la anterior. Nos perdemos en los miles de millones, pero lo cierto es que cualquiera es capaz de anticipar que vienen malos tiempos, malísimos, en los que vamos a tener que cuadrarnos ante la andanada económica y protegernos mutuamente para que, a diferencia de lo que ha pasado en otras ocasiones, no haya una salida con alfombra roja para algunos, mientras que la gran mayoría intenta escabullirse aunque sea a cuatro patas para poder sobrevivir. apoyo al comercio

Un factor esencial para la recuperación es el mantenimiento de los pequeños comercios que al subir las persianas en las actuales circunstancias, no solo hacen una apuesta valerosa para salir adelante sino también una importante contribución al futuro de las ciudades y pueblos. No es fácil amasar grandes fortunas desde un pequeño comercio, pero con suerte se puede vivir bien a la vez que se presta un servicio fundamental a unas ciudades a las que facilitan un eje vertebrador  basado en la presencialidad y el reconocimiento mutuo. Ya antes del virus, sus negocios  no eran fáciles de sacar adelante porque exigían  mucho trabajo con cero garantías y en durísima competición con otros modelos (la venta online, las grandes superficies…) que no daban tregua en su inequívoca pretensión de ocupar el mercado. Parece cómodo y fácil comprar desde el sillón a golpe de tecla, pero el efecto final es demoledor para las economías de subsistencia  y  la convivencia.

Pero ahora, noqueados y llenos de temores, las peluquerías y las pastelerías,  las tiendas de ropa, los bares y restaurantes, las librerías y papelerías,  los gimnasios, herboristerías … no hablan de rendición, ni de resignación. Al modo de David contra Goliath, el pequeño comercio presenta una tozuda resistencia para no desaparecer.  Ya se sabe que no es  valiente quien no tiene miedo, sino quien se enfrenta a él.

Por ellos no va a quedar, y así queda demostrado en las redes sociales donde en un grupo llamado  “Yo compro en Xàtiva”, se suman esfuerzos, experiencias, consejos y algo de terapia. Se percibe su  firme voluntad de no tirar la toalla y pelear duro por sacar adelante sus negocios. Van a contar, sin duda,  con ayudas y subvenciones provenientes de las Administraciones, pero su mayor garantía de victoria es su capacidad de resistencia, de rebelarse  contra las cifras que sólo indican pérdidas, de no entregarse al catastrofismo y darse por derrotados,  buscando culpables a quien insultar  en lugar de soluciones para progresar. Saldrán adelante con imaginación y creatividad, con persistencia, con generosidad y humildad. Son comerciantes y tienen algo que las grandes superficies y el comercio electrónico no pueden ofrecer: contacto humano,  mutuo conocimiento,  trato amable y  cercanía. Y son también una forma de invertir en el futuro de la ciudad ya que los estudios demuestran que el dinero de las compras que se hacen en los negocios de proximidad se mueve en la ciudad tres veces más que el dinero invertido en grandes cadenas que sale casi de inmediato de la región y en muchas ocasiones del país Su existencia es  imprescindible si  queremos vivir en un espacio que sea sostenible, sano, donde no sea obligatorio coger el coche para comprar el pan.

Ir de compras es una actividad cotidiana de quienes somos el último eslabón del sistema económico, pero nuestra decisión, nuestra elección tiene repercusión directa en el modelo de sociedad que queremos vivir.

TORPEDOS A TRAICIÓN

Quien diga  que la situación que estamos viviendo es fácil, mentirá como un cochino. Quien intente minimizar el alto coste que estamos pagando  las personas que vivimos confinadas desde hace ya un mes largo, se merece un buen cachete. Un poco más contundente incluso para los listos que quieren aliviar de forma tramposa la dureza del encierro considerando que se merecen un trato de favor por ser quienes son.

Fácil no es, lo que estamos pasando, porque lo que al principio parecía ser una experiencia provisional, digna de ser contada a nuestros nietos, dura pero concentrada en el tiempo, se está convirtiendo en una especie de pesadilla de la que no nos dejan despertar. Tanto tiempo viviendo con restricciones hace que las tensiones se acumulen y las carencias se hagan más evidentes. Y la incertidumbre sobre el final, no ayuda precisamente a sobrellevar una situación que requiere paciencia, confianza y responsabilidad a toneladas.

Por ello, no es tolerable que nadie pretenda  estafarnos haciendo uso de privilegios para darse un paseo al aire libre, como el que todo hijo de vecina se daría la mar de a gusto. Y es cierto que nos come la mala leche cuando se ve, por ejemplo,  a un Expresidente del Gobierno, a ese  que cuando camina mueve los bracitos como si fuera Lola la Piconera,  pillado  cuando se da su  paseo  habitual. Un paseo por el que hoy pagarían muchas personas.

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Verle a él, precisamente a él,  hunde un poco la moral de esa mayoría ciudadana que  en todo el Estado y en Xàtiva también,  está dando el callo, con una gran responsabilidad colectiva para levantar barreras ante un enemigo invisible y letal. Que no puede admitir trampas y deserciones, sobre todo en personajes cuyo compromiso debería ser ejemplar por las responsabilidades que han ocupado.

Pero igualmente son condenables, porque nos debilitan y nos hacen más vulnerables,  esas voces negras que desde el cinismo desacreditan el esfuerzo que realizamos, falseando la realidad. Esas voces negras que solo señalan los errores, que solo resaltan los traspiés que evidentemente se están produciendo para afrontar una situación para la que no hay manual, ni precedente, ni solución fácil e inmediata.

Lo cierto e innegable es que somos  mayoría los que apostamos por el bienestar común desde el encierro y solo unos pocos  ególatras  endiosados los  que se pasan por el forro lo anterior.  Porque conductas como la del Ex presidente,  no son la regla sino la excepción.

Lo honesto es reconocer que con improvisaciones, tropezones, incongruencias y seguro que multitud de errores,  a quienes les ha tocado este marrón están haciendo lo que mejor creen y pueden,  para solventar la situación de la mejor manera.

Así que sería hora, por una vez que este país de escépticos profesionales, de criticones crónicos bajara el cañón del fusil de la crítica destructiva que todo se lo lleva por delante  y arrimara el hombro. Lo cual no quiere decir, por supuesto, que en su momento, cuando de todo esto se pueda hablar en pasado,  se pasen cuentas, se haga balance y se asuman responsabilidades. Pero el sentido común impone una lógica espera, una necesaria espera hasta que la situación no se lea en base a insufribles cifras de personas fallecidas, sino pudiendo mirar hacia delante con esperanza.

En Xàtiva hay una lectura única y solidaria de la situación, compartida por toda la ciudadanía, por todo el Ayuntamiento, por todas las instituciones.

Una unidad de acción que hay que agradecer, y que ojala existiera en todo el país, porque bastante peligro y riesgo tiene la situación como para aumentar la tensión atacando con críticas y descalificaciones nuestra moral de victoria. Sólo saldremos de esto, juntos,  desde la confianza mutua, desde el apoyo recíproco. Solo con esperanza, con lealtad y concordia , encontraremos la puerta de salida de esta pesadilla que vivimos.

SANTA Y MADRE IGLESIA

No son tiempos de diatribas e improperios, pero hace falta un desahogo para manifestar la bilis que produce ver como la Santa Madre Iglesia, ejerciendo como siempre poco de Santa y menos de madre, en circunstancias como las que vivimos se queda totalmente al margen, callada como una zorra y disculpen el sesgo sexista, como si no estuviera en su mano colaborar, y de forma importante, en la situación que estamos viviendo.
IGLESIALa Iglesia Católica española posee como es público y notorio, infinidad de propiedades, casas de retiro, colegios mayores, residencias, seminarios, albergues…que podría poner al servicio de las necesidades colectivas que hoy por hoy se centran en espacios habilitados para atender y cuidar a los enfermos. La Iglesia, esa organización multinacional y multimillonaria dispone de enormes bienes patrimoniales y sobre todo, de una liquidez financiera que ya quisieran para sí muchos gobiernos. Esos que están movilizando recursos económicos desde el empeño en dar protección a los más desfavorecidos y vulnerables.
La Iglesia española como institución que se autootorga un protagonismo indiscutible en la vida social y cultural de este país, que defiende con uñas y dientes un derecho casi prehistórico a ostentar la representación de una gran parte de la ciudadanía, tendría ahora una ocasión irrepetible de demostrar quien es y a quien sirve. De hacer efectiva esa compasión y caridad que tanto predican. Esa que practican con dedicación y absoluta coherencia gran cantidad de religiosos y monjas que trabajan a pecho descubierto, cuidando y velando por el bienestar de la gente todos los días de su vida.
No se trata de lavar conciencias con donaciones engañosas, como hacen otros. Se trata de abrir sus puertas doradas y ofrecerlas para lo que haga falta, como espacios de cuidado y atención. Se podría – sin dejar de orar que toda ayuda es poca- dar bien fuerte con el mazo a este virus bastardo, con donaciones necesarias no solo para la adquisición de recursos inmediatos sino para dar continuidad a las investigaciones necesarias para que esta plaga, que no tiene nada de bíblica, no vuelva a repetirse jamás.
Iglesia de los pobres, de los enfermos, de los sufrientes…dice llamarse. Ojalá diera la cara y extendiera ese manto infinito del que tanto presume poniéndolo al servicio de quien lo necesita aquí y ahora. Y no para hacer esa caridad que humilla y doblega, sino desde la generosidad que no pide nada a cambio y se sustenta en el respeto absoluta a la dignidad de las personas.

EN CASA

Siempre  hay diferentes fórmulas  de contar la realidad, múltiples maneras de sentirla e infinitas formas de explicarla. Todo ello, sin contradecir la versión oficial que hoy nos  es sobradamente conocida y merece absoluto respeto,  asumiendo sin discusión las responsabilidades que nos tocan.

Pero más allá de la obstinada realidad, la experiencia se puede contar de muchas maneras. Desde el drama, desde el amor o desde el humor. Con optimismo o miedo. Con paciencia o exaltación. En plan suicida o en plan Paquito el chocolatero. Y mientras podamos elegir, parece más inteligente apostar por el optimismo que no es candorosa ingenuidad, sino garantía y  confianza en la vida que nos espera.virus

Poco de  bueno tiene el  el confinamiento que vivimos, término poco acertado porque en nuestro caso hay – debe haber- más de autoconfinamiento que de encierro impuesto e incomprensible. Pero, en todo caso, se dan experiencias seguro que ampliamente compartidas.

La obligada permanencia entre esas paredes que llamamos casa  es un descubrimiento a analizar. Los escasos días que llevamos fueron, inicialmente, como una aventura vivida con cierta prevención ante la obligación de  tener que habituarse a nuevos escenarios y habilitar nuevas rutinas. Pero en general, salimos triunfantes. Los salones han pasado a ser despachos, las cocinas, aulas de estudio, el pasillo,  pista de entrenamiento. Quienes tienen terrazas o amplias balcones se felicitaron por su acierto y los que no maldijeron haber preferido en su momento la galería de la cocina.

Hemos explorado territorios ignotos que teníamos al alcance de la mano, aunque siempre sin tiempo para bucear en ellos. Pero ahora llegó el momento de abrir armarios, en sentido literal –nada que ver con exponer la orientación sexual de nadie- y extraer de sus oscuros fondos, objetos, prendas, recuerdos, accesorios de todo tipo y mayormente de escasa utilidad. Hay quien ha recuperado cartas de las que se escribían a mano y se depositaban en un buzón, o el traje con el que se casó que no entiende como se pudo calzar en su día. O los patucos de aquellos niños que hoy son hombretones o la revista porno que escondió para que nadie encontrara. Todos descubrimientos que impulsan a escribir las memorias si creyéramos que a alguien las iba a leer. Aunque siempre es una opción.

Tanto tiempo en casa, sin tener que ir a ninguna parte, nos ha hecho sustituir actividades habituales, ahora descartadas, por otras, más infrecuentes. De ahí, el éxito del bricolaje, de la jardinería de interior, de los mandalas, de los tutoriales para hacer gimnasia o magnesia, qué más da……Hay quien ha desarrollado  una pasión enfermiza por la limpieza que roza la asepsia total y persigue ferozmente  a los virus que pueda haber sueltos por su casa. Y también, seguramente, quien se pasa el día durmiendo, recuperando el sueño perdido durante el último decenio.

Cada cual hace lo que puede, consciente de que el premio, que es salir indemnes de esta situación, será compartido. Una mención especial merecen quienes conviven con criaturas, con personas con discapacidad o   gente mayor que no admite tregua en su atención y cuidado. Sobre todo los primeros que están haciendo un incuestionable esfuerzo de imaginación y creatividad ( véase la conga-vaquilla que persigue criaturas, los arco-iris en las ventanas, etc..)

Pero esto es una apuesta  que, como bien nos han explicado,  justifica todos los esfuerzos y sacrificios. Y por eso, ante el miedo y la incertidumbre, superando soledades y aceptando renuncias,  hemos de sacar a pasear el amor a la vida y la esperanza en el  futuro para hacernos fuertes y conseguir que ningún bicho asqueroso y rastrero pueda con nosotros.

21 DE MARZO

Las personas con síndrome de Down son personas cuya única diferencia con el resto de la Humanidad, a veces tan poco humana, es la existencia de un cromosoma de más. Por ello, muchas se enfrentan a una lucha tenaz durante toda su vida contra quienes pretenden excluirlos, minusvalorarlos, incluso eliminarlos, negando su derecho a la vida, con discursos explícitos como alguno que se ha oído recientemente que sólo puede provocar asco y disgusto. Hoy es el día de las personas con Síndrome de Down.

21mY es que la discriminación, esa posibilidad de señalar con el dedo a quien es diferente, a quien se sale de la norma, es una tentación a la que se sucumbe con facilidad. Quizás porque implica sentirse más importante y poderoso que aquel a quien se discrimina, aunque para eso, da igual la causa utilizada. Es muy usual la excusa de la raza, la discriminación racial que no hace falta practicar con la misma crudeza que el Ku Klux Klan, sino simplemente con algunos comentarios y juicios, dichos en tono intrascendente, contra gitanos, rumanos u otros grupos étnicos, precedidos del obligatorio “yo no soy racista, pero….” . Como si el color o más bien tonalidad de la piel, pudiera ser el criterio para clasificar, juzgar y condenar a las personas. Hoy es el día contra la Discriminación Racial.

Cuando lo bien cierto es que para gustos, colores y de estos existe una gama infinita que constituye un claro ejemplo de diversificación inacabable en la que caben matices que a veces nos cuesta apreciar, siempre tendentes a ver las cosas en blanco o negro, en una simplificación automática que suele dejarse en el camino elementos muy relevantes. Los colores son uno de los fenómenos más influyentes en la vida de las personas y uno de los canales que contribuye en mayor proporción a nuestro conocimiento del mundo. Hoy es el Día internacional de los Colores.

Una buena combinación de colores es la que exhibe un hayedo en otoño o un robledal en primavera. Los bosques son un espectáculo que no sólo cura el alma por su belleza, sino porque son también el pulmón del planeta, imprescindibles para seguir respirando, sin morir asfixiados por culpa de esa capa de residuos tóxicos que nosotros mismos producimos, incluso aunque supongan nuestra propia destrucción. Hoy es el Día de los Bosques.

Y bella es por excelencia la poesía , esa habilidad humana que ninguna especie puede imitar , capaz de utilizar las palabras que pueden ser tan crueles e hirientes para describir emociones y sentimientos que parecen imposibles de expresar , pero al final quedan plasmadas un poema que las hará eternas. Hoy el Día internacional de la Poesía.

Nuestra existencia no es eterna, pero vivimos con demasiada frecuencia una vida que no es la nuestra, sometida a intereses ilegítimos y muy poderosos, que se empeñan en hacer de nosotros títeres, marionetas sin capacidad de decisión ni de elección. No es una estrategia frontal, que actúe de cara, sino una táctica sibilina y silenciosa por la que actuamos, reaccionamos y vivimos con normas y hábitos que en realidad no compartimos, con las que no estamos cómodos ni nos reconocemos demasiado, pero que se imponen como la única opción a nuestro alcance. Hoy es el Día de las Marionetas.

Hoy, 21 de marzo, es el Día de las Personas con Síndrome de Down, de los Bosques, de los Colores, de la Poesía y las Marionetas. También el día contra la Discriminación racial. Lo dice la Wikipedia que todo lo sabe y todas son causas que merecen su minuto de atención.

ENCIENDE LA RADIO

 Hoy, justamente hoy,  es el Día de la radio. Un medio de comunicación muy longevo, inventado nada menos que en 1896 aprovechando otros descubrimientos anteriores. La autoría se la disputan como suele pasar con las buenas ideas,  el italiano  Marconi y el americano Tesla. Sin embargo, no fue hasta 1922 cuando apareció  la primera radio portátil de la historia…,aunque de  portátil tenía poco porque  pesaba nada menos que  diez kilos.

Hoy en pleno siglo XXI, la radio es  una  superviviente ante fortísimos competidores que le   han ido apareciendo, pero frente a los cuales nunca ha agachado cabeza, sino que ha sabido mantenerse, reinventándose cada vez. Ni la televisión, ni Internet han conseguido acabar con su presencia social y el insustituible papel que juega la radio en el terreno de la comunicación social.

Claro que ahora, la radio ya no es  ese artilugio que presidia las tardes de mesa camilla y punto de cruz. Ya no es la radio de los folletines y  las consultas sentimentales.  No es la del discurso monolítico, en tono plano, más bien aburrida, sólo a veces ocurrente, casi siempre previsible.

La radio es cómoda, la escuchas en la cama o en el cuarto de baño. En el coche o en el tren. Los avances tecnológicos permiten que administres, guardes, retrases los programas que te interesan. De aquellas cajas cuadradas, de aquellas ruedas dentadas para buscar emisoras, de aquellos trastos  que tan malamente se oian a veces, hemos pasado a modelos minúsculos, a cascos mayúsculas, a radios por Internet. A una oferta que ofrece casi todo lo que se puede ofrecer; música, deporte cocina, política, arte, cultura.

La radio es hoy un espacio imaginativo, enormemente creativo que se supera a sí misma cuando es capaz de no solo de hacer un relato de lo que está sucediendo, sino de construir con las palabras una realidad que no por ser imaginada deja de ser real.

Hay que reconocerle el enorme mérito de haber sabido tejer lazos con los oyentes que de ser receptores pasivos, casi sin voz  y desde luego sin voto, han pasado a ser activos protagonistas de las programaciones.RADIO1

La radio es hoy inmediatez, cercanía, dinamismo, energía. También es opinión porque ya nadie cree en la neutralidad de los medios de comunicación, pero excepto deshonrosas excepciones, es sincera en sus aciertos y equivocaciones.

Y sobre todo es información urgente, inmediata, a pie del suceso, presente en el evento, contando la realidad sin filtros ni opacidad.

No se puede tampoco olvidar su capacidad formativa porque traslada conocimientos, regala sabiduría a quien la necesite o interese. También es entretenimiento, claro, pero sobre todo es compañía, buen rollo, mano tendida que no por ser virtual deja de ser bien acogida y muchas veces necesitada.

En la radio suenan voces que acaban siendo como de la familia, que hablan sobre cosas que nos preocupan, que nos agobian, A veces nos explican asuntos que es  difícil entender pero también explicar. A veces nos hace reir, sonreir si es el caso, lo cual es una gran victoria en una sociedad a veces entre tanta animosidad y mal rollo.

La radio  une a quienes la oyen, aunque estén  ubicados en muy diferentes espacios, realizando muy diversas tareas. Pero ante un primicia que suena en  la radio, ante un personaje cuya voz es respetada , ahí está la gente, unida por el mismo interés.

Hoy es el Día de la Radio, y ciertamente si no existiera habría que inventarla porque es uno de los inventos que más ha hecho por la Humanidad, conectando a las personas y facilitando la comunicación y el entendimiento. Que tenga larga vida, que no se rinda nunca y que siga siendo elemento facilitador del progreso y la convivencia.

 

PAPÁ, NO VENGAS EN TREN

Papa, ven en tren. Eso es lo que decía una antigüa campaña publicitaria, recomendando a los padres viajeros usar el tren para evitar los peligros de la carretera. Evidentemente, las mamis no viajaban entonces, que bastante faena tenían en casa, con la pata quebrada y los churumbeles.

TRENA día de hoy, el consejo no tendría mucha validez, sobre todo si se quiere preservar la salud, no solo física sino también psíquica, del mencionado progenitor ya que, tal y como funcionan estas últimas semanas los trenes, su uso representa una seria amenaza para la paz espiritual.

Mucha gente coge el tren todos los días para ir al trabajo, a estudiar o donde sea necesario. Para ello ha de utilizar un servicio que se dice público, aunque parece más útil a los fabricantes de coches, por lo que incentiva su uso

Y es que coger un tren es, a veces, una aventura a lo Indiana Jones porque nunca sabes, sentado en el asiento que religiosamente has pagado, si una voz fría y aséptica te informará de repente de la anulación precisamente de ese tren. Habrás de poner tus esperanzas en el próximo sin que a nadie le importe que tus citas médicas se vayan a la porra, que llegues tarde al trabajo o que pierdas la entrevista que tenías concertada…

En esos días de caos en los que parece que la RENFE no haya perdido un tornillo sino la caja de herramientas entera, es fácil que instalado ya en el tren, éste cambie súbitamente su destino, y ya no vaya a dónde tú creías,  sino a otro lugar, sin duda con algún atractivo turístico, pero que sin embargo, no es momento de visitar. O que sufra una avería mortal sin que haya McGyver cerca para arreglarlo.

Más de una vez, se producen situaciones que podrían ser jocosas sobre todo si uno no las protagoniza. Porque, innegablemente, hay una inmensa carga de comicidad en esa masa de aspirantes a pasajeros que vagan por los andenes buscando desesperados el tren que ha de llevarlos, sin que los altavoces lancen ni una maldita información, ni haya persona humana al alcance para disipar dudas, bastante urgentes y razonables.

Se les ve deambular por los andenes, al modo “walking dead”, buscando pistas que indiquen cual será el convoy que partirá temiendo, como alguna vez se ha visto, que a velocidad de vértigo se lancen los pitidos reglamentarios y se cierren las puertas, marchándose con algunos afortunados dentro, mientras que el resto, con menos olfato para oler el tren saliente, se desespera en el andén. Y eso a las 8 de la mañana, no tiene ninguna gracia.

Vendieron hace poco el wifi gratis en las estaciones como una gran mejora, señal inequívoca de la modernización de la empresa. Seguramente la mayoría de usuarios prescindiría gustosamente de ese wifi, malo y limitado, a cambio de contar con personal humano y accesible en las taquillas a todas horas. Porque es duro tener que hablar con tornos que no se abren o máquinas expendedoras de billetes, que ni saben ni contestan.

Dicen las estadísticas que la Comunidad Valenciana es una de las más impuntuales porque la mayoría de los trenes supera los tres minutos de retraso sobre la hora prevista. El caos circulatorio general de las últimas semanas es mucho más estresante que tres o incluso treinta minutos de retraso soportados con resignación aprendida.

Papa, ven en tren, decían. Pero habría que añadir, y tómatelo con calma, ten los nervios templados y, sobre todo, no tengas prisa. Nosotros, tu feliz familia, te esperaremos con paciencia, por tarde y cabreado que llegues.

EL RETORNO

Iniciado el mes de Septiembre hay  temas  de tratamiento obligatorio en la actualidad informativa, aunque sea en lugar secundario,  por lo menos hasta que recupere su tono habitual  la accidentada vida política y social a la que estamos acostumbrados.

Uno es el fin de las vacaciones, asunto sobre el que debería decaer la atención teniendo en cuenta que en este país, un 34% de las familias no se toma ni una mísera semana de vacaciones. Las vacaciones, en muchos casos, son un mito, un espejismo, porque quien percibe menos de 8000 euros anuales, bastante tiene con sobrevivir los 365 días del año. Y así vive el 25% de habitantes que toma el sol, sí, mientras que no le cueste dinero. Cierto es que, dado que siempre ha habido una cultura vacacional, se hace de la necesidad, virtud y  se utiliza esa ancestral táctica, entre el cariño y el abuso, que consiste en volver al pueblo o instalarse en domicilios familiares ajenos, donde se vive con las mismas estrecheces pero con un cambio de escenario que alimenta la fantasía vacacional a la que todo el mundo tiene derecho.VUELTA1

El otro tema obligado, va a ser sin duda el de la vuelta al cole. Un asunto al que casi todas las grandes marcas comerciales quieren brindar su nada desinteresada ayuda con promociones y campañas que convierten el retorno en un saqueo de las cuentas familiares.

Cuando algunos grandes almacenes se apropiaron desde sus departamentos de Publicidad de un hecho tan habitual y doméstico como la Vuelta al Cole, sabían lo que hacían. Lo convirtieron en una especie de festejo social que acaba exigiendo una inversión similar a la de bodas, bautizos y comuniones, quizá no en cuantía, pero sí en cuanto a la obligatoriedad de pasar por caja.

Jugaban con ventaja porque sabían que tras el desalojo de los centros escolares en Junio,  la vuelta del alumnado estaba garantizada, mientras que a la gente adulta que nunca se ha ido de sus trabajos porque no los tiene, ni de vacaciones porque no puede pagárselas, era más difícil convencerles de que había algo que celebrar.

Vuelta al cole, pero siempre, por supuesto, desde la óptica del consumo puro y duro, es decir, de fomentar la adquisición de multitud de artículos y accesorios que las criaturas han de llevar, flamantes, en su primer día de escuela como si su autoestima y sensación de seguridad tuviera que fundamentarse en el precio de sus gomas de borrar.

Hablamos,  no de libros de textos, asignatura felizmente superada, por lo menos en esta Comunidad, Andalucía y Navarra, sino de esa infinidad de artilugios y accesorios que las criaturas deben llevar en su primer día de clase. Sacapuntas, cuadernos, mochilas, lápices, rotuladores, reglas, calculadoras, estuches…Todo ello convenientemente decorado, según el sexo de las criaturas destinatarias cuya capacidad de elección queda derogada porque a las niñas les toca Frozen y a los críos Spiderman.

Aquello de huir de los estereotipos y apostar por educar personas sin imponerles   colores, ni, por derivación, lugares más o menos preferentes en el mundo, queda así en el rincón del olvido. Y se pierde, además,  una buena oportunidad de ahondar en otros de esos principios que compartimos en la teoría y machacamos en la práctica. Ese que se refiere a aquello del reciclaje, del reaprovechamiento, del consumo sostenible…

Pero nadie está por la labor de hacer comprender a las criaturas que esa mochila que costó una pasta hace pocos meses es perfectamente apta para su reutilización. Ni de aclarar que colores hay muchos, pero no significan nada y pueden elegir el que más les guste.