No son tiempos de diatribas e improperios, pero hace falta un desahogo para manifestar la bilis que produce ver como la Santa Madre Iglesia, ejerciendo como siempre poco de Santa y menos de madre, en circunstancias como las que vivimos se queda totalmente al margen, callada como una zorra y disculpen el sesgo sexista, como si no estuviera en su mano colaborar, y de forma importante, en la situación que estamos viviendo.
La Iglesia Católica española posee como es público y notorio, infinidad de propiedades, casas de retiro, colegios mayores, residencias, seminarios, albergues…que podría poner al servicio de las necesidades colectivas que hoy por hoy se centran en espacios habilitados para atender y cuidar a los enfermos. La Iglesia, esa organización multinacional y multimillonaria dispone de enormes bienes patrimoniales y sobre todo, de una liquidez financiera que ya quisieran para sí muchos gobiernos. Esos que están movilizando recursos económicos desde el empeño en dar protección a los más desfavorecidos y vulnerables.
La Iglesia española como institución que se autootorga un protagonismo indiscutible en la vida social y cultural de este país, que defiende con uñas y dientes un derecho casi prehistórico a ostentar la representación de una gran parte de la ciudadanía, tendría ahora una ocasión irrepetible de demostrar quien es y a quien sirve. De hacer efectiva esa compasión y caridad que tanto predican. Esa que practican con dedicación y absoluta coherencia gran cantidad de religiosos y monjas que trabajan a pecho descubierto, cuidando y velando por el bienestar de la gente todos los días de su vida.
No se trata de lavar conciencias con donaciones engañosas, como hacen otros. Se trata de abrir sus puertas doradas y ofrecerlas para lo que haga falta, como espacios de cuidado y atención. Se podría – sin dejar de orar que toda ayuda es poca- dar bien fuerte con el mazo a este virus bastardo, con donaciones necesarias no solo para la adquisición de recursos inmediatos sino para dar continuidad a las investigaciones necesarias para que esta plaga, que no tiene nada de bíblica, no vuelva a repetirse jamás.
Iglesia de los pobres, de los enfermos, de los sufrientes…dice llamarse. Ojalá diera la cara y extendiera ese manto infinito del que tanto presume poniéndolo al servicio de quien lo necesita aquí y ahora. Y no para hacer esa caridad que humilla y doblega, sino desde la generosidad que no pide nada a cambio y se sustenta en el respeto absoluta a la dignidad de las personas.
Categoría: sociedad
EN CASA
Siempre hay diferentes fórmulas de contar la realidad, múltiples maneras de sentirla e infinitas formas de explicarla. Todo ello, sin contradecir la versión oficial que hoy nos es sobradamente conocida y merece absoluto respeto, asumiendo sin discusión las responsabilidades que nos tocan.
Pero más allá de la obstinada realidad, la experiencia se puede contar de muchas maneras. Desde el drama, desde el amor o desde el humor. Con optimismo o miedo. Con paciencia o exaltación. En plan suicida o en plan Paquito el chocolatero. Y mientras podamos elegir, parece más inteligente apostar por el optimismo que no es candorosa ingenuidad, sino garantía y confianza en la vida que nos espera.
Poco de bueno tiene el el confinamiento que vivimos, término poco acertado porque en nuestro caso hay – debe haber- más de autoconfinamiento que de encierro impuesto e incomprensible. Pero, en todo caso, se dan experiencias seguro que ampliamente compartidas.
La obligada permanencia entre esas paredes que llamamos casa es un descubrimiento a analizar. Los escasos días que llevamos fueron, inicialmente, como una aventura vivida con cierta prevención ante la obligación de tener que habituarse a nuevos escenarios y habilitar nuevas rutinas. Pero en general, salimos triunfantes. Los salones han pasado a ser despachos, las cocinas, aulas de estudio, el pasillo, pista de entrenamiento. Quienes tienen terrazas o amplias balcones se felicitaron por su acierto y los que no maldijeron haber preferido en su momento la galería de la cocina.
Hemos explorado territorios ignotos que teníamos al alcance de la mano, aunque siempre sin tiempo para bucear en ellos. Pero ahora llegó el momento de abrir armarios, en sentido literal –nada que ver con exponer la orientación sexual de nadie- y extraer de sus oscuros fondos, objetos, prendas, recuerdos, accesorios de todo tipo y mayormente de escasa utilidad. Hay quien ha recuperado cartas de las que se escribían a mano y se depositaban en un buzón, o el traje con el que se casó que no entiende como se pudo calzar en su día. O los patucos de aquellos niños que hoy son hombretones o la revista porno que escondió para que nadie encontrara. Todos descubrimientos que impulsan a escribir las memorias si creyéramos que a alguien las iba a leer. Aunque siempre es una opción.
Tanto tiempo en casa, sin tener que ir a ninguna parte, nos ha hecho sustituir actividades habituales, ahora descartadas, por otras, más infrecuentes. De ahí, el éxito del bricolaje, de la jardinería de interior, de los mandalas, de los tutoriales para hacer gimnasia o magnesia, qué más da……Hay quien ha desarrollado una pasión enfermiza por la limpieza que roza la asepsia total y persigue ferozmente a los virus que pueda haber sueltos por su casa. Y también, seguramente, quien se pasa el día durmiendo, recuperando el sueño perdido durante el último decenio.
Cada cual hace lo que puede, consciente de que el premio, que es salir indemnes de esta situación, será compartido. Una mención especial merecen quienes conviven con criaturas, con personas con discapacidad o gente mayor que no admite tregua en su atención y cuidado. Sobre todo los primeros que están haciendo un incuestionable esfuerzo de imaginación y creatividad ( véase la conga-vaquilla que persigue criaturas, los arco-iris en las ventanas, etc..)
Pero esto es una apuesta que, como bien nos han explicado, justifica todos los esfuerzos y sacrificios. Y por eso, ante el miedo y la incertidumbre, superando soledades y aceptando renuncias, hemos de sacar a pasear el amor a la vida y la esperanza en el futuro para hacernos fuertes y conseguir que ningún bicho asqueroso y rastrero pueda con nosotros.
21 DE MARZO
Las personas con síndrome de Down son personas cuya única diferencia con el resto de la Humanidad, a veces tan poco humana, es la existencia de un cromosoma de más. Por ello, muchas se enfrentan a una lucha tenaz durante toda su vida contra quienes pretenden excluirlos, minusvalorarlos, incluso eliminarlos, negando su derecho a la vida, con discursos explícitos como alguno que se ha oído recientemente que sólo puede provocar asco y disgusto. Hoy es el día de las personas con Síndrome de Down.
Y es que la discriminación, esa posibilidad de señalar con el dedo a quien es diferente, a quien se sale de la norma, es una tentación a la que se sucumbe con facilidad. Quizás porque implica sentirse más importante y poderoso que aquel a quien se discrimina, aunque para eso, da igual la causa utilizada. Es muy usual la excusa de la raza, la discriminación racial que no hace falta practicar con la misma crudeza que el Ku Klux Klan, sino simplemente con algunos comentarios y juicios, dichos en tono intrascendente, contra gitanos, rumanos u otros grupos étnicos, precedidos del obligatorio “yo no soy racista, pero….” . Como si el color o más bien tonalidad de la piel, pudiera ser el criterio para clasificar, juzgar y condenar a las personas. Hoy es el día contra la Discriminación Racial.
Cuando lo bien cierto es que para gustos, colores y de estos existe una gama infinita que constituye un claro ejemplo de diversificación inacabable en la que caben matices que a veces nos cuesta apreciar, siempre tendentes a ver las cosas en blanco o negro, en una simplificación automática que suele dejarse en el camino elementos muy relevantes. Los colores son uno de los fenómenos más influyentes en la vida de las personas y uno de los canales que contribuye en mayor proporción a nuestro conocimiento del mundo. Hoy es el Día internacional de los Colores.
Una buena combinación de colores es la que exhibe un hayedo en otoño o un robledal en primavera. Los bosques son un espectáculo que no sólo cura el alma por su belleza, sino porque son también el pulmón del planeta, imprescindibles para seguir respirando, sin morir asfixiados por culpa de esa capa de residuos tóxicos que nosotros mismos producimos, incluso aunque supongan nuestra propia destrucción. Hoy es el Día de los Bosques.
Y bella es por excelencia la poesía , esa habilidad humana que ninguna especie puede imitar , capaz de utilizar las palabras que pueden ser tan crueles e hirientes para describir emociones y sentimientos que parecen imposibles de expresar , pero al final quedan plasmadas un poema que las hará eternas. Hoy el Día internacional de la Poesía.
Nuestra existencia no es eterna, pero vivimos con demasiada frecuencia una vida que no es la nuestra, sometida a intereses ilegítimos y muy poderosos, que se empeñan en hacer de nosotros títeres, marionetas sin capacidad de decisión ni de elección. No es una estrategia frontal, que actúe de cara, sino una táctica sibilina y silenciosa por la que actuamos, reaccionamos y vivimos con normas y hábitos que en realidad no compartimos, con las que no estamos cómodos ni nos reconocemos demasiado, pero que se imponen como la única opción a nuestro alcance. Hoy es el Día de las Marionetas.
Hoy, 21 de marzo, es el Día de las Personas con Síndrome de Down, de los Bosques, de los Colores, de la Poesía y las Marionetas. También el día contra la Discriminación racial. Lo dice la Wikipedia que todo lo sabe y todas son causas que merecen su minuto de atención.
ENCIENDE LA RADIO
Hoy, justamente hoy, es el Día de la radio. Un medio de comunicación muy longevo, inventado nada menos que en 1896 aprovechando otros descubrimientos anteriores. La autoría se la disputan como suele pasar con las buenas ideas, el italiano Marconi y el americano Tesla. Sin embargo, no fue hasta 1922 cuando apareció la primera radio portátil de la historia…,aunque de portátil tenía poco porque pesaba nada menos que diez kilos.
Hoy en pleno siglo XXI, la radio es una superviviente ante fortísimos competidores que le han ido apareciendo, pero frente a los cuales nunca ha agachado cabeza, sino que ha sabido mantenerse, reinventándose cada vez. Ni la televisión, ni Internet han conseguido acabar con su presencia social y el insustituible papel que juega la radio en el terreno de la comunicación social.
Claro que ahora, la radio ya no es ese artilugio que presidia las tardes de mesa camilla y punto de cruz. Ya no es la radio de los folletines y las consultas sentimentales. No es la del discurso monolítico, en tono plano, más bien aburrida, sólo a veces ocurrente, casi siempre previsible.
La radio es cómoda, la escuchas en la cama o en el cuarto de baño. En el coche o en el tren. Los avances tecnológicos permiten que administres, guardes, retrases los programas que te interesan. De aquellas cajas cuadradas, de aquellas ruedas dentadas para buscar emisoras, de aquellos trastos que tan malamente se oian a veces, hemos pasado a modelos minúsculos, a cascos mayúsculas, a radios por Internet. A una oferta que ofrece casi todo lo que se puede ofrecer; música, deporte cocina, política, arte, cultura.
La radio es hoy un espacio imaginativo, enormemente creativo que se supera a sí misma cuando es capaz de no solo de hacer un relato de lo que está sucediendo, sino de construir con las palabras una realidad que no por ser imaginada deja de ser real.
Hay que reconocerle el enorme mérito de haber sabido tejer lazos con los oyentes que de ser receptores pasivos, casi sin voz y desde luego sin voto, han pasado a ser activos protagonistas de las programaciones.
La radio es hoy inmediatez, cercanía, dinamismo, energía. También es opinión porque ya nadie cree en la neutralidad de los medios de comunicación, pero excepto deshonrosas excepciones, es sincera en sus aciertos y equivocaciones.
Y sobre todo es información urgente, inmediata, a pie del suceso, presente en el evento, contando la realidad sin filtros ni opacidad.
No se puede tampoco olvidar su capacidad formativa porque traslada conocimientos, regala sabiduría a quien la necesite o interese. También es entretenimiento, claro, pero sobre todo es compañía, buen rollo, mano tendida que no por ser virtual deja de ser bien acogida y muchas veces necesitada.
En la radio suenan voces que acaban siendo como de la familia, que hablan sobre cosas que nos preocupan, que nos agobian, A veces nos explican asuntos que es difícil entender pero también explicar. A veces nos hace reir, sonreir si es el caso, lo cual es una gran victoria en una sociedad a veces entre tanta animosidad y mal rollo.
La radio une a quienes la oyen, aunque estén ubicados en muy diferentes espacios, realizando muy diversas tareas. Pero ante un primicia que suena en la radio, ante un personaje cuya voz es respetada , ahí está la gente, unida por el mismo interés.
Hoy es el Día de la Radio, y ciertamente si no existiera habría que inventarla porque es uno de los inventos que más ha hecho por la Humanidad, conectando a las personas y facilitando la comunicación y el entendimiento. Que tenga larga vida, que no se rinda nunca y que siga siendo elemento facilitador del progreso y la convivencia.
PAPÁ, NO VENGAS EN TREN
Papa, ven en tren. Eso es lo que decía una antigüa campaña publicitaria, recomendando a los padres viajeros usar el tren para evitar los peligros de la carretera. Evidentemente, las mamis no viajaban entonces, que bastante faena tenían en casa, con la pata quebrada y los churumbeles.
A día de hoy, el consejo no tendría mucha validez, sobre todo si se quiere preservar la salud, no solo física sino también psíquica, del mencionado progenitor ya que, tal y como funcionan estas últimas semanas los trenes, su uso representa una seria amenaza para la paz espiritual.
Mucha gente coge el tren todos los días para ir al trabajo, a estudiar o donde sea necesario. Para ello ha de utilizar un servicio que se dice público, aunque parece más útil a los fabricantes de coches, por lo que incentiva su uso
Y es que coger un tren es, a veces, una aventura a lo Indiana Jones porque nunca sabes, sentado en el asiento que religiosamente has pagado, si una voz fría y aséptica te informará de repente de la anulación precisamente de ese tren. Habrás de poner tus esperanzas en el próximo sin que a nadie le importe que tus citas médicas se vayan a la porra, que llegues tarde al trabajo o que pierdas la entrevista que tenías concertada…
En esos días de caos en los que parece que la RENFE no haya perdido un tornillo sino la caja de herramientas entera, es fácil que instalado ya en el tren, éste cambie súbitamente su destino, y ya no vaya a dónde tú creías, sino a otro lugar, sin duda con algún atractivo turístico, pero que sin embargo, no es momento de visitar. O que sufra una avería mortal sin que haya McGyver cerca para arreglarlo.
Más de una vez, se producen situaciones que podrían ser jocosas sobre todo si uno no las protagoniza. Porque, innegablemente, hay una inmensa carga de comicidad en esa masa de aspirantes a pasajeros que vagan por los andenes buscando desesperados el tren que ha de llevarlos, sin que los altavoces lancen ni una maldita información, ni haya persona humana al alcance para disipar dudas, bastante urgentes y razonables.
Se les ve deambular por los andenes, al modo “walking dead”, buscando pistas que indiquen cual será el convoy que partirá temiendo, como alguna vez se ha visto, que a velocidad de vértigo se lancen los pitidos reglamentarios y se cierren las puertas, marchándose con algunos afortunados dentro, mientras que el resto, con menos olfato para oler el tren saliente, se desespera en el andén. Y eso a las 8 de la mañana, no tiene ninguna gracia.
Vendieron hace poco el wifi gratis en las estaciones como una gran mejora, señal inequívoca de la modernización de la empresa. Seguramente la mayoría de usuarios prescindiría gustosamente de ese wifi, malo y limitado, a cambio de contar con personal humano y accesible en las taquillas a todas horas. Porque es duro tener que hablar con tornos que no se abren o máquinas expendedoras de billetes, que ni saben ni contestan.
Dicen las estadísticas que la Comunidad Valenciana es una de las más impuntuales porque la mayoría de los trenes supera los tres minutos de retraso sobre la hora prevista. El caos circulatorio general de las últimas semanas es mucho más estresante que tres o incluso treinta minutos de retraso soportados con resignación aprendida.
Papa, ven en tren, decían. Pero habría que añadir, y tómatelo con calma, ten los nervios templados y, sobre todo, no tengas prisa. Nosotros, tu feliz familia, te esperaremos con paciencia, por tarde y cabreado que llegues.
EL RETORNO
Iniciado el mes de Septiembre hay temas de tratamiento obligatorio en la actualidad informativa, aunque sea en lugar secundario, por lo menos hasta que recupere su tono habitual la accidentada vida política y social a la que estamos acostumbrados.
Uno es el fin de las vacaciones, asunto sobre el que debería decaer la atención teniendo en cuenta que en este país, un 34% de las familias no se toma ni una mísera semana de vacaciones. Las vacaciones, en muchos casos, son un mito, un espejismo, porque quien percibe menos de 8000 euros anuales, bastante tiene con sobrevivir los 365 días del año. Y así vive el 25% de habitantes que toma el sol, sí, mientras que no le cueste dinero. Cierto es que, dado que siempre ha habido una cultura vacacional, se hace de la necesidad, virtud y se utiliza esa ancestral táctica, entre el cariño y el abuso, que consiste en volver al pueblo o instalarse en domicilios familiares ajenos, donde se vive con las mismas estrecheces pero con un cambio de escenario que alimenta la fantasía vacacional a la que todo el mundo tiene derecho.
El otro tema obligado, va a ser sin duda el de la vuelta al cole. Un asunto al que casi todas las grandes marcas comerciales quieren brindar su nada desinteresada ayuda con promociones y campañas que convierten el retorno en un saqueo de las cuentas familiares.
Cuando algunos grandes almacenes se apropiaron desde sus departamentos de Publicidad de un hecho tan habitual y doméstico como la Vuelta al Cole, sabían lo que hacían. Lo convirtieron en una especie de festejo social que acaba exigiendo una inversión similar a la de bodas, bautizos y comuniones, quizá no en cuantía, pero sí en cuanto a la obligatoriedad de pasar por caja.
Jugaban con ventaja porque sabían que tras el desalojo de los centros escolares en Junio, la vuelta del alumnado estaba garantizada, mientras que a la gente adulta que nunca se ha ido de sus trabajos porque no los tiene, ni de vacaciones porque no puede pagárselas, era más difícil convencerles de que había algo que celebrar.
Vuelta al cole, pero siempre, por supuesto, desde la óptica del consumo puro y duro, es decir, de fomentar la adquisición de multitud de artículos y accesorios que las criaturas han de llevar, flamantes, en su primer día de escuela como si su autoestima y sensación de seguridad tuviera que fundamentarse en el precio de sus gomas de borrar.
Hablamos, no de libros de textos, asignatura felizmente superada, por lo menos en esta Comunidad, Andalucía y Navarra, sino de esa infinidad de artilugios y accesorios que las criaturas deben llevar en su primer día de clase. Sacapuntas, cuadernos, mochilas, lápices, rotuladores, reglas, calculadoras, estuches…Todo ello convenientemente decorado, según el sexo de las criaturas destinatarias cuya capacidad de elección queda derogada porque a las niñas les toca Frozen y a los críos Spiderman.
Aquello de huir de los estereotipos y apostar por educar personas sin imponerles colores, ni, por derivación, lugares más o menos preferentes en el mundo, queda así en el rincón del olvido. Y se pierde, además, una buena oportunidad de ahondar en otros de esos principios que compartimos en la teoría y machacamos en la práctica. Ese que se refiere a aquello del reciclaje, del reaprovechamiento, del consumo sostenible…
Pero nadie está por la labor de hacer comprender a las criaturas que esa mochila que costó una pasta hace pocos meses es perfectamente apta para su reutilización. Ni de aclarar que colores hay muchos, pero no significan nada y pueden elegir el que más les guste.
FELIZ DÍA DEL LIBRO
Hoy es el Día del Libro y se trata de celebrar ese objeto, presente en casi todas nuestras casas, en mayor o menor medida, que puede ser de muchas clases y tipologías, con diferentes apellidos y utilidades.
Háganse una idea. Hay libros de bolsillo, de cabecera, de contabilidad, de escolaridad, de familia, de texto. Hay libros blancos, libros sagrados, libros prohibidos…
Dice la UNESCO, basándose en la definición oficial que habla de conjunto de hojas de papel encuadernadas, que han de ser más de 50 para dejar de ser folleto, y subir de categoría, convirtiéndose en libro. Claro que entonces quizás no se había generalizado el uso de esos trastos, los e-books, fruto del avance tecnológico, que te permiten una lectura interminable a cambio de privarte del placer de ver, oler y tocar esos objetos que a veces son, en sí mismos, preciosos.
Todos hemos tenido alguno en nuestras manos alguna vez en nuestra vida. A algunos los hemos amado, a otros, odiado. Con algunos hemos sufrido enamoramiento a primera vista y nos han acompañado toda la vida. Aunque a veces por el contrario, uno se nos atragantó y no hubo manera de lidiar con él, hasta que acabo sujetando la pata de una mesa que cojeaba. Hay quien los compra según colores, porque conjuntan con las cortinas. O quien compra extensas colecciones que algún día piensa tener la oportunidad de leer. Nos recomendamos libros a veces para compartir descubrimientos o decepciones. Los leemos con ansiedad, con paciencia, para llorar o divertirnos, para aprender o desaprender.
Muchas veces no los valoramos en su justo valor, ignorando que son armas revolucionarias capaces de mover y remover conciencias, de inspirar luchas y encender hogueras. Por eso, la Alemania nazi por ejemplo, los quemaba con furia y por eso, surgió la censura, necesaria para regímenes despóticos y dictatoriales, que los mutilaba o directamente los prohibía.
Los leemos porque para eso han sido escritos, a veces con mucho esfuerzo, con sangre, sudor y lágrimas. Siempre para ser leídos y transmitir realidades que no son las nuestras y que a veces resultan muy interesantes y otras francamente aburridas.
Todos ellos son una interesante aportación a la Humanidad, que con la escritura pudo empezar a dejar constancia de su existencia, con sus luces y sombras, y en los libros la fue acumulando convirtiéndolos en una herramienta de comunicación que hoy por hoy, no tiene rival , sea cual fuere el formato que asuma.
Hoy es su día. Un 23 de Abril, según decidió la UNESCO ya que ese día fallecieron autores insignes como Cervantes o Garcilaso. Un dato curioso: si la celebridad de un personaje se mide por la cantidad de libros que se le han dedicado, Jesucristo con gran diferencia es el personaje del que más se ha escrito y su madre María es la única mujer que aparece entre los 30 primeras personas dignas de tal honor. La sigue más de 500 puestos atrás, Juana de Arco. Como era de esperar no han recibido las mujeres, mucha más atención que en la realidad.
Es un buen día para hacer un turismo especial, para visitar librerías y bibliotecas. Aunque sólo sea para tener la oportunidad de tocarlos, olerlos y sentir que las historias que cuentan, sus argumentos, tesis y opiniones son un fiel reflejo de lo que somos capaces de hacer. Para no dejarlos morir entre tanto mensaje comprimido y fugaz que a veces es vacío y totalmente falto de interés.
Para agradecer, en resumen, que existan porque son responsables sin duda alguna de nuestros progresos y culpables también de nuestros errores. Feliz Día del Libro.


