Categoría: SOY CIUDADANA

ELLAS ESTÁN AHÍ

lupa3Xàtiva, ciudad culta, amante de la literatura. Xàtiva, ciudad organizadora de certámenes literarios  de reconocido  prestigio. Xàtiva, ciudad  que no encuentra para formar parte de los eminentes jurados que librarán  importantes premios, a mujeres con la suficiente talla cultural o artística,  como para evitar que el listado de integrantes sea absolutamente monocolor, absolutamente masculino. No sólo sucede con la literatura. También con otras actividades, culturales y artísticas, donde suele ser un ejercicio decepcionante comprobar que nunca, y nunca es nunca, aparecen mujeres formando parte de los órganos encargados de la valoración, como si no existieran, como si no estuvieran cualificadas, como si su opinión no tuviera ningún valor.

A la hora de designar personalidades de reconocido prestigio del ámbito local que aporten con su rigor y cualidades, seriedad y transparencia a cualquier evento es enormemente llamativo, y si me permiten, algo insultante, que las mujeres nunca sean reclamadas, jamás designadas por ese dedo que parece  algo despistado, por no decir,  misógino.  Parece mentira, y lo es, que en una ciudad donde el 52% de la población es del sexo femenino, no haya, como hay entre los hombres, mujeres con suficiente nivel  en cualquiera de las áreas a valorar,  como para  ser objeto de este tipo de honores y consideraciones.

Más teniendo en cuenta que en la vida cultural de esta ciudad  las mujeres son un activo motor que impulsa, organiza, celebra y protagoniza multitud de encuentros e iniciativas.  Están ahí, quizás sin ocupar en el escaparate social el puesto que deberían,  por causas, de las que sin duda alguna, no son ellas responsables.

 

Están ahí y solo hay que hacer el esfuerzo de verlas, de ponerles nombres y apellidos, de reconocer sus méritos , de no permitir que sus talentos sean enmascarados , oscurecidos por los de los varones que sin duda, son también expertos acreditados cuya valía nadie puede discutir.

Están ahí, pero si no estuvieran, habría que poner los medios para que estuvieran porque una sociedad, una ciudad que no extrae todas las capacidades y posibilidades de la mitad de su población está haciendo un ejercicio de miopía que sin duda irá en su contra.

Apostar por la igualdad es algo más que sentidas declaraciones y actos simbólicos. Es cambiar la realidad, transformarla, introducir cambios reales y visibles, contantes y sonantes. En todas las áreas municipales. Sin excepción. Implica por ejemplo, que las ordenanzas fiscales del próximo año, en fase de exposición pública, pendientes de las alegaciones que puedan ser presentadas, incluyan entre quienes se benefician de exenciones y bonificaciones en el uso de instalaciones públicas a las mujeres especialmente vulnerables y necesitadas de protección, como son las víctimas de violencia machista.

El movimiento se demuestra andando. De los dichos a los hechos, a veces va un trecho tan grande que mientras se recorre, se pierde la memoria  y se cuelan urgencias y prioridades  que hacen olvidar  con enorme facilidad compromisos y promesas.

A las mujeres les pasa siempre. Siempre son las primeras sacrificadas en las crisis, las últimas en ver reconocido  su esfuerzo. Cuando reclaman, siempre reciben más mordiscos de los habituales, cuando callan son ignoradas sin ningún  sentimiento de culpa. Cuando triunfan, su éxito es menos brillante, cuando fracasan, a todos les parecía previsible. Su excelencia siempre es cuestionada y aprenden bien pronto que han de trabajar siempre  el doble para conseguir, muchas veces,  la mitad

Ya es hora de que las cosas cambien. Desde los pequeños detalles a los actos más revolucionarios. Empezando por buscarlas para que, en pie de igualdad, formen parte de quienes juzgan y puedan dejar así de ser juzgadas.

LAS DE TODA LA VIDA

pequeño comercio

Es un hecho constatado el esfuerzo realizado por el Ayuntamiento y su Concejalía de Promoción económica para dinamizar la economía de la ciudad impulsando la no siempre cómoda participación de las asociaciones del empresariado y comerciantes y promoviendo ofertas formativas y eventos como los Outlets que esta pasada semana ocupaba la Alameda. Quizás valga la pena detenerse, sin embargo, sólo un minuto, en reconocer la labor de otro tipo de negocio, de empresariado que no suele obtener ningún tipo de protagonismo en estas campañas , sin duda muy necesarias para fortalecer uno de los elementos esenciales de la economía de una ciudad de servicios como es Xàtiva.

Pero igual que Teruel también existen, los pequeños, los muy pequeños, comercios. Esos de toda la vida, que se ubican en calles y plazas de barrios donde los especialistas dicen que no hay negocio y por tanto son ignorados por las grandes cadenas. Esos que están en los barrios histórico o viejos según se mire, en las calles estrechas donde no se compra con coche, sino que se arrastran los carritos de la compra, -qué buen invento para las mujeres-, a pesar de las aceras raquíticas o los grandes escalones.

Son las pequeñas tiendas, las de toda la vida, que carecen de escaparate y a veces hasta de nombre, porque son la tienda de Pepita, o la de la esquina, o simplemente la del barrio porque es la única que resiste.

Tiendas oscuras, pero limpias. Carnicerías diminutas pero relucientes. Peluquerías de un solo secador. Fruterías con básculas del siglo pasado. Esas tiendas donde la clientela tiene nombre y apellido, y se conocen las anteriores y venideras generaciones. Donde siempre hay un rato para la cháchara y por eso, si caben, hay un par de sillas para que la gente, las mujeres que suelen ser mayores, descansen antes, durante y un ratito después de comprar.

Tiendas que son negocios, pero sólo técnicamente, porque sus beneficios son de risa y solo sirven para sustentar una existencia modesta y sin grandes aspiraciones económicas. Tiendas además que durante la época más dura de la crisis, en aquel momento en que muchas neveras se quedaron vacías de forma casi permanente y muchos niños almorzaban

pan con pan, fueron fundamentales para evitar situaciones verdaderamente dolientes.

Porque son tiendas modestas pero solidarias. Y muchas de ellas supieron comprender el tiempo que vivían y el papel que se exigía de ellas y actuaron con criterios poco comerciales pero muy humanos y generosos. Y fiaron dinero a quien necesitaba un respiro, que luego casi siempre recuperaron. Y adelantaron alimentos a quienes no se lo pedían, por vergüenza, sin hacer sufrir ni un milímetro a la dignidad de la persona.

Gracias a ellas, muchas personas superaron los meses más negros de un período que ahora nos dicen que terminó aunque en el camino se ha dejado mucha gente y mucho sufrimiento

En ellas se escucharon muchas confesiones, muchas pequeñas tragedias que se cuentan en voz baja, sin aspavientos ni altavoces, pero que reflejan el dolor que ahora parece que fue imaginario.

Ahora que salimos de la crisis, que dicen que volvemos a los tiempos de las vacas gordas, de la abundancia quizás alguien tendría que hablar por ellas, para reconocer su valor y su función y también, porqué no , para reivindicar que sean protegidas frente a la implacable invasión de las grandes cadenas y marcas contra las que les es imposible competir.

Cada vez que una de estas pequeñas tiendas baja la persiana para no subirla, el barrio queda más despoblado, más desprotegido… Muchas familias sentirán su ausencia y se replantearán vivir en un sitio tan abandonado y carente de servicios. Y se tomarán decisiones que afectarán mucho más que a los dueños que cerraron su pequeño negocio porque ya no podían aguantarlo más, o simplemente porque se hicieron tan mayores que decidieron que ya era hora de entender la vida como algo más que un trabajo.

Tiendas pequeñas, pequeño comercio. Pero grandes empresas humanas absolutamente necesarias en una ciudad que cuida a su gente y sabe que cosas son las que realmente importan en la vida

JUVENTUD, DIVINO TESORO

La juventud es una fase de la vida de limitada duración que se vincula a una serie de cualidades y privilegios de los que habría que mucho que hablar.

Es realmente un momento envidiable porque hay toda una vida por vivir, esa famosa página en blanco que unos escriben con letra de caligrafía y otros emborronan. En cualquier caso, es un período siempre prometedor de emociones y experiencias dignas de ser vividas que hemos de afrontar a ciegas, sin anticipar algunas de las que nos gustaría más prescindir.    vejez evitable

Ser joven es ciertamente un privilegio por lo que tiene de abundancia de energías, de ímpetu, de exuberancia vital y seguridad en la propia persona que se cree invulnerable y todopoderosa. Aunque el mismo tiempo, ser joven sea también un castigo en lo que se refiere a incertidumbres, miedos, complejos e inseguridades. Evidente contradicción que inaugura un catálogo interminable que viviremos a lo largo de nuestra existencia.

Quizás lo ideal sería tomar una pastilla tras la jubilación para recuperar la juventud y poder volver a afrontar la vida con las experiencias adquiridas. Pero esa oferta no está en el mercado. Vendría bien, quizás, no simplificar e ignorar los matices para no reverenciar ciegamente la condición juvenil, ni machacar groseramente la vejez, porque en ambos momentos vitales soplan vientos a favor y en contra.

Lo cierto es que las circunstancias que les han tocado hoy a la gente joven no son para echar cohetes. Dos de cada tres jóvenes menores de 25 años están en paro a pesar del esfuerzo formativo, que hacen los propios interesados y sus familias. Se coleccionan titulaciones como para empapelar la muralla china lo que les convierte en la generación teóricamente más preparada que ninguna, aunque laboralmente más castigada que cualquier otra.

El panorama hace cundir el desaliento y es caldo de cultivo de actitudes derrotistas, autoexcluyentes y pasotas. Prima el individualismo más feroz, desconfiando de una sociedad que no sólo los bloquea, sino que además, en algunos casos, pretende desacreditarlos haciéndolos responsables de una situación que les ha sido impuesta y que se niegan legítimamente a aceptar. No es pereza, sino rebelión negarse a trabajar por salarios de miseria o directamente gratis. O hacerlo en faenas muy por debajo de su preparación, o si son acordes con ésta, esquivando fácilmente el reconocimiento profesional y salarial que merecen.

Por eso es de agradecer que una entidad como el Consell de la Joventut de Xàtiva se esfuerce para dinamizar el tejido social joven de la ciudad. Es vital no dejar que se amuermen, que se resignen, que se vayan.…muchos se han ido físicamente, pero otros lo han hecho en espíritu renegando de un país que a ellos como a tantas otras personas, ni les da , ni espera nada.

Y, sin embargo, a poco que se reflexione, es estúpido ignorar que son el futuro. Visto desde la perspectiva más materialista, el futuro de esas pensiones y prestaciones que todo el mundo aspira a cobrar. Y alzando la vista, a horizontes menos interesados pero más interesantes, el futuro de todo un país que, sin jóvenes, se va a la mierda.

Por eso conseguir que se vinculen a proyectos sociales y colectivos, que opten por defender opciones ideológicas y se comprometan con ellas rompiendo el nihilismo estéril y el individualismo embrutecedor en el que les quieren encerrar, es una tarea tan necesaria como compleja.

El Consell de la Joventut de Xàtiva y la Concejalía del ramo tiene que intentarlo. No lo tiene fácil y en ese empeño, ha de contar con la colaboración necesaria para recuperar a esa generación que no podemos dar por perdida.

NO NOS MOVERÁN

Movilidad: capacidad para moverse o ser movido. Y eso es lo que somos, seres movibles, que nos desplazamos de un lugar a otro por placer o por obligación. Que nos movemos por nuestros propios medios o por medios ajenos. Con más o menos facilidad y comodidad.

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Y que solemos hacerlo, si está en nuestra mano, de la forma más cómoda, es decir, en coche, y si es el propio, mejor. Con lo que nos cuesta adquirir nuestro propio medio de locomoción, nos empeñamos en sacarle el máximo rendimiento y por eso queremos ir con él a todas partes, y además de puerta a puerta. Claro que eso exige un número ilimitado de aparcamientos, llena la ciudad de humos y gases desagradables, incrementa el ruido ambiental y perjudica a una mayoría silenciosa, los peatones, que ven sacrificado alegremente su derecho a vivir en una ciudad transitable con comodidad.

Además solemos aplicar la ley del más fuerte y exigimos para nuestros vehículos paso preferente, y que nos dejen conducir con libertad. Por eso ignoramos las normas y protestamos con acritud cuando se regulan los espacios públicos intentando que beneficien por igual a toda la población. Y nos quejamos de las multas sintiéndonos injustamente perseguidos, cuando solamente duplicábamos la velocidad permitida, restringida de forma indignante o nos hemos saltado un semáforo que estaba casi verde. Nos sentimos atropellados en nuestros derechos cuando nosotros no hemos atropellado a nadie. Todavía.

Nuestro coche es nuestro castillo y nos gusta ir solos, sin tener que compartir espacio, ni acordar horarios, ni esperar a otros pasajeros. Cada uno en su coche, igual que en su casa, aunque hagamos el mismo trayecto a la misma hora. Somos así de independientes. El transporte público no es lo nuestro. En algunos casos por sus propias deficiencias, hay que reconocerlo. En otros, léase el inicio del párrafo y se encontrará la explicación.

Pero luego hay unanimidad en desear una ciudad limpia y sin humos. Donde se respire aire fresco y no contaminado. Que huela a campo. Y odiamos el ruido de los motores, sobre todo el de las motos que rugen encabritadas, o de las bocinas que algunos hacen sonar alegremente.

Y también nos gustaría que nuestros hijos e hijas fueran solos al colegio porque hubiera calles seguras, sin tráfico, donde su integridad física no estuviera amenazada de ninguna manera. No solemos sentirnos solidarios hasta que nos vemos en esa situación, con quien circula con dificultad porque sufre alguna discapacidad, permanente o momentánea y se encuentra con aceras invadidas por terrazas o mobiliario urbano mal ubicado o escalones imposibles de superar.

Por todo ello, se está celebrando esta semana en Xàtiva y en multitud de municipios la semana de la Movilidad. Desde 1999, se celebra en toda Europa como un esfuerzo de las Administraciones Públicas para afrontar un serio problema como es el reparto justo del espacio público asumiendo que el problema no es el tráfico, sino la movilidad, como bien explicó el experto Joan Olmos en esta ciudad hace unos pocos meses.

En Xàtiva, que incluso se ha dotado de un órgano de participación lleno de contenido y dinamismo, es un tema que va cogiendo alas, valga la parábola aérea, fruto del empeño pedagógico de un área municipal que ciertamente no coleccionará en algunos casos muchas simpatías, pero está haciendo aquello para lo que fue elegida: trabajar

por la ciudadanía y junto a la ciudadanía para construir una ciudad moderna, solidaria y sostenible. Una ciudad que ha de ser repensada para todas las personas que transitan por ella y no sólo para los coches y quienes los conducen.

LAS RENTAS DE LA IGLESIA

Estamos en plena operación recaudatoria , es decir, en mitad de ese período del año en el que nos toca hacer las cuentas correspondientes con el erario público, lo que resulta un acto tan necesario como ir al dentista por los beneficios que obtendremos, pero sin duda igual de  antipático y a veces doloroso.  facebook_1498136577353

Vivimos en una comunidad organizada  que necesita  fondos  para mantener servicios necesarios que exigimos  a voz en grito si hace falta. Y poco a poco estamos comprendiendo, que defraudar al fisco es hacerse trampas al solitario y sólo promueve una sociedad un poco más ruin y mezquina. Claro que no ayuda mucho a mantener viva la responsabilidad ciudadana , los centenares de casos destapados que muestran las vergüenzas de algún prócer de la patria que,  era una artista a la hora de estafar a la Hacienda pública, ahorrándose su parte, efectivamente muy considerable, dada su considerable fortuna. Artimañas legales y asesores muy especializados cubrían sus delitos a la perfección y asusta pensar que por muchos que vayan al talego, demasiados quedaran impunes con sus cuentas secretas y su dinero ennegrecido.

En cualquier caso, aunque haya frutos podridos hay que pensar que la mayoría social de este país es consciente de que lo que es público y contribuye a nuestra calidad de vida, entre todos se ha de pagar. Y por eso, convertidos en contribuyentes  más o menos remolones, pasamos en estas fechas por caja, para liquidar.

Hay sin embargo, una cuestión final sobre la que se oyen diversas leyendas urbanas, fruto de esa afición a opinar como si tuvieramos el titulo de asesor fiscal bajo el brazo. Es la que se refiere a esa casilla final que te obliga a elegir entre la Iglesia Católica y Fines sociales.

Vaya por delante que quien se considere católico, apostólico y romano, y sea un fiel practicante que quiere que su dinero financie a la Iglesia católica, a su clero y a su culto, está en todo su derecho de hacerlo. Faltaría más. Y lo tiene bien fácil .

El problema lo tienen quienes por el contrario, opinan que la religión es una cuestión privada que, en ningún caso, debe ser financiada con fondos públicos y tienen difícil ser respetados en su elección.

La formulación de la cuestión parece querer ya contribuir al despiste, porque lo cierto es que al señalar cualquiera de las dos opciones, la pasta acabará yendo a la Iglesia Católica en mayor o menor proporción.

Y esta no es una institución precisamente en riesgo de quebrar ya que recibe del Estado   más de  11.000 millones de euros al año, aunque sólo  250  llegan a través del IRPF. De hecho en  2016, el 65% de las declaraciones no tenía ninguna cruz en la casilla correspondiente lo que parece indicar que no hay una tendencia generalizada a favor de financiar a la Santa Madre Iglesia.

Quizás se deba a que no es una entidad precisamente maltratada por unos poderes públicos que le deparan un trato exquisito y muy generoso en materia de privilegios  y subvenciones. De hecho, no solo está exenta de pagar impuestos como el de  sociedades,  obras,  patrimonio y sobre todo, el IBI , lo que es un auténtico puntazo dada la abundancia de  bienes inmobiliarios sino que además  recibe muy importantes cantidades, hasta   5000 millones de euros, para financiar la enseñanza católica en colegios concertados.

Así que si usted, contribuyente, no desea subvencionar a ninguna entidad religiosa, la recomendación de los expertos es no marcar ninguna casilla. Hagámosles caso, por una vez.

 

EL NEGOCIO DE LA MUJER OBJETO

Uno de los mejores abonos para alimentar el  machismo que la ciudadanía de Xàtiva y buena parte de sus representantes municipales condenan los días 25  de cada mes en la puerta del Ayuntamiento, es la cosificación de las mujeres. Tal palabro define el procedimiento por el cual se convierte a las mujeres en objetos, a ser posible de bonita apariencia,  aunque no del todo inanimados porque un poco de ánimo marchoso siempre viene bien  para el objetivo buscado.

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Éste es su explotación como fuente de negocio y beneficio,  como no podía ser de otra manera en esta sociedad mercantilizada donde todo se compra y se vende  . Y a esa finalidad,  prioritaria y descarada,  se subordina todo los demás: principios,  valores, creencias… En un mundo donde el dinero es la medida de casi todas las cosas, las mujeres son muy útiles para proporcionar, convenientemente cosificadas, pingües beneficios en innumerables negocios.

Así sucede, ya sea como usuarias de florecientes industrias derivadas de la más cruda tiranía estética, o como producto en venta  mediante la utilización de su cuerpo por partes, según su  uso y aprovechamiento: la vagina para el placer (en la prostitución) o el útero para parir (en las maternidades por encargo).  Sin olvidar otros tipos de explotación que, por su carácter más habitual, parecen menores: entrada gratis de las chicas en las discotecas como reclamo sexual, publicidad  sexista llena de piernas y escotes de imposible relación con el producto a promocionar …

También es cosificar, esa tendencia en apariencia inocente, de convertir a las mujeres en símbolos llamadas mises, reinas o festeras, con funciones de representación del  resto de la especie femenina .Cualquiera  sirve para personificarlas a todas, como si lo que tuvieran en común las mujeres no pasara de un diseño biológico básico, despreciando las cualidades y creencias , que son las que realmente  nos asignan  cualidad de seres humanos individuales.

Deriva también en la existencia de  profesiones tan curiosas como azafatas o paragüeras cuya función consiste  básicamente en lucir palmito, reuniendo requisitos tan curiosos como calzar un 38, amén de ser extrovertidas y simpáticas. Condiciones  absolutamente necesarias como todo el mundo sabe, para llevar un paragüas, durante tres días, de 8 a 18 horas, por 100 euros. Una oferta laboral que indudablemente no se puede rechazar.

Con todo, hoy  peligran  algunas de estas mal llamadas tradiciones, cuyo mérito está por demostrar. Así los australianos han sido los primeros en ofrecer a los ciclistas que participan en la   Tour Down Under, un ramito de flores pero no una muñeca de plástico. También en la Vuelta ciclista al País Vasco se han tomado medidas en igual sentido a las que se ha sumado el Ayuntamiento de Jerez,  desatando una agria polémica, como siempre ocurre cuando se tocan estos temas relativos a las mujeres, en los que no suele primar la sensatez sino el derecho de cualquiera  a opinar desde las vísceras.

En la Fira de  Xàtiva, en 2015 y 2016,  se pudo ver con motivo de la muy masculina carrera de motos, un ramillete de jovencitas,  en la calle y en formación militar, uniformadas con pantaloncillo escaso y camiseta blanca,  en algunos casos de talla inexplicablemente inferior a la necesaria,  que posaban sonrientes con el motero ganador o sujetaban paragüas para que las motos no sufrieran con el calor.

Es de esperar  que esta tradición por lo menos, desaparezca este año. Como desapareció la de tirar patos del campanario o ir a lavar la ropa al lavadero.  Más que nada por comprobar que esta  ciudad no va de farol y no quiere perder en su apuesta por la igualdad.cosificacion

MICROCORRUPCIÓN

Anda el personal bastante rebotado viendo como, telediario tras telediario,  van apareciendo casos de corrupción cada uno más tremendo  que  el anterior. Hasta 30 causas y 800 imputados. Parece mentira que tanta gente deshonesta,  al parecer, se haya refugiado  en el mismo partido. Eso sí que es mala suerte. chorizo

La lista de casos que  están en procesos judiciales es cuasi infinita sin que se pueda saber cuándo llegarán a término  viendo lo lenta y poco inexorable que es  la justicia por lo menos, en determinados casos. La condena en firme sería lo único que quizás aliviaría la sensación general de ser una sociedad estafada impunemente por unos cuantos impresentables repeinados que además, se van de rositas. Aunque lo interesante, como se exige hasta la saciedad, es que devuelvan lo robado y no saquen beneficio, ni presente ni futuro, ni ellos ni su entorno,  del delito cometido. Porque, en caso contrario,  sale barato penar unos cuantos años para disfrutar después de una privilegiada  vida a cuenta de lo robado.

Hay países, que sin tener la solución definitiva porque no se trata de otorgar certificados de santidad, tienen el tema algo más controlado. Hubo un presidente alemán que  dimitió por un nimio asunto de favores y un ministro de Defensa que hizo lo mismo por plagiar su tesis doctoral. En Francia llegaron a condenar a un Presidente de la Republica por malversación de fondos públicos. En Japón, llegó al impensable e indeseable extremo en 2007 del suicidio del  ministro de Agricultura , Toshikatsu Matsuoka, que  se quitó la vida horas antes de afrontar una sesión parlamentaria sobre la ocultación de donaciones económicas. Incluso aquí en España, no hace tanto,  un político de primer nivel,  dimitió por tener un hermano aprovechado que ocupaba despachos oficiales por la cara.

En cualquier caso,  quienes despotrican hasta la afonía contra tanto mangante deberían reflexionar sobre la parte de responsabilidad colectiva existente. Porque un sistema corrupto no nace, crece y se reproduce en solitario, sino que prospera , entre otras cosas,  gracias a una permisividad ambiental que fomenta y tolera  conductas en apariencia inofensivas.

Somos un país de listos, de pícaros que ensalza a quienes -dicho amablemente- cazan al vuelo las  oportunidades, aunque en el camino se queden algunos de los principios que luego se enarbolan como bandera y se exigen a gritos. Por eso, nos burlamos de quien devuelve el mazo de billetes que se encontró olvidado en el taxi. O competimos a ver quien engaña más en la declaración de la renta.  O nos quedamos con el cambio que nos dieron equivocadamente. O pedimos facturas sin IVA. Por eso, a veces, identificamos honradez con estupidez y desacreditamos, con más o menos crueldad,  a quien no admite cambalaches, ni comete aprovechamientos ilícitos ni siquiera a la hora de llevarse folios de la oficina.

La corrupción es el cuarto problema más importante para la población mundial tras las drogas, el terrorismo y el tráfico de armas. Véase pues la urgencia de que las personas decentes actúen contra ese monstruo,  desde su trinchera, con humildad y con decisión, sobre todo cuando sólo les vigila su propia conciencia.

Pero es la clase política, sin excepciones, la que debe dar un ejemplo inflexiblemente rígido de honestidad, sin sitio  para la más mínima transgresión. Ni la más tonta, ni la más insignificante, ni la más inocente. Conscientes de que hoy,  cualquier atisbo de abuso de poder, de aprovechamiento ilícito, de privilegio indebido, que implique el incumplimiento de las normas que rigen para cualquier mortal que carece de cargo público, es letal para la credibilidad de cualquier Gobierno, especialmente en el ámbito municipal.

TÚ DECIDES

Han lanzado un desafío. Este Ayuntamiento, demostrando su clara vocación de tender puentes hacia la calle huyendo del cómodo silencio de los despachos,  ha hecho una oferta que no se puede ignorar.  Se ha dirigido a todas las mujeres y hombres mayores de 16 años ofreciendo  la emocionante posibilidad de abandonar fugazmente el ingrato papel de  espectadores pasivos  para decidir, sin intermediarios, importantes cuestiones que se miden en dinero, que al fin y al cabo,  es el valor que más apreciamos.

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Como quien no quiere la cosa, desde el mandato de la participación ciudadana, han lanzado  un  guante a la cara de la gente y  han dicho “Ahí tenéis eso. Es vuestra oportunidad. Aprovechadla.”

“Eso” son 250.000 euracos del presupuesto municipal, casi 42 millones de pesetas de las de antes. Y lo que hay que  hacer es decidir su uso, haciendo propuestas de inversiones que reviertan en beneficio de la comunidad. Son los presupuestos participativos. Es una película fácil de contar y, previsiblemente, con final feliz porque todo el mundo ha de salir ganando.

Se trata de  imaginar que el Alcalde ha sido desalojado  momentáneamente de su sillón, ocupado ahora por cada vecino o vecina de la ciudad  que, pletórico de buenas intenciones, tiene la encomienda de administrar un considerable presupuesto para conseguir la mayor satisfacción colectiva.   Hay que soñar, como en aquel mítico y casposo  programa “Reina por un día”, que se tiene por  un rato, la llave del cofre del dinero  y esforzarse para tomar la mejor decisión sobre su uso.

Hay condiciones, claro. Siempre las hay. Pero parecen sensatas, necesarias  y factibles. No se pueden proponer proyectos mirándose el ombligo, por muy bonito y necesitado que éste parezca. No vale pedir la construcción de la Muralla China, o solicitar un servicio que exija inversiones durante años comprometiendo presupuestos posteriores. No hay que insistir en lo que ya está previsto. Hay que pensar en el aquí y en el ahora, ajustándose al presupuesto y respetando los plazos. Hace falta echarle imaginación, inteligencia, creatividad y sobre todo, sentido común y de comunidad. Hay que ser realistas, generosos y competentes. Habrá que priorizar. Y buscar apoyos, encajando  diferentes intereses para encontrar acuerdos donde tendrá  que haber cesiones y ganancias. En fin, hay que hacer política, pero de la buena, de la que engrasa la convivencia  y evita los roces buscando el beneficio colectivo.

Puede pasar que haya quien no se entere, porque ni lea, ni escuche ni sea usuario de redes sociales por lo que es imprescindible que a todas las casas llegue la información. Y también quienes no se crean nada, pasotas y desconfiados, porque tantos desengaños a cuenta de la casta, les ha llevado al escepticismo más absoluto, generador de impotencia y esterilidad.  Hay que remover esas cenizas para que recuperen  su confianza en lo público. Y  luego están los perezosos,  los indolentes, los que andan muy ocupados y  no tienen tiempo para ir a votar y mucho menos para hacer propuestas. Y votar es absolutamente necesario como manifestación inequívoca de la responsabilidad ciudadana y el compromiso con la participación.

Xàtiva tiene una oportunidad de oro para comprobar, tras la amarga experiencia de haber sido víctima de peligrosas e incompetentes decisiones, que hay otra forma de  administrar el dinero público, el más importante, el dinero de todos. Pontificar, criticar, maldecir o reclamar son lógicas y necesarias reacciones  ciudadanas,   pero también apreciar un nuevo modelo de gasto e inversión totalmente diferente y enormemente productivo. Tiene un valor indiscutible porque cuenta con la inteligencia colectiva, evita los privilegios y busca el bien común. Tratemos de estar a la altura de las circunstancias.

EN LA COLA DEL PAN

Este viernes pasado mataron a una vecina. Se llamaba Josefa Cuquerella, y tenía 75 años. Xàtiva es un pueblo grande o una ciudad pequeña, según se mire, así que es probable que mucha gente  la conociera de vista o de referencias. La cercanía hace que mucha gente reaccione con especial virulencia y congoja ante un nuevo asesinato machista, pero también que la esencia del suceso -una  mujer asesinada  por su condición de mujer- quede desdibujada  entre consideraciones gratuitas que rozan el comadreo pueblerino.

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Lo verdaderamente importante es el hecho de que la violencia sobre las mujeres, el monstruo  contra el  que se pelea día a día y desde hace tiempo en esta ciudad,  se ha manifestado en su forma más brutal muy cerca, casi en la calle de al lado.

Por eso, como debe ser, se convocó con toda celeridad, una concentración ante el Ayuntamiento, que durante cuatro minutos manifestó de forma  palpable el rechazo institucional y ciudadano ante un hecho tan repugnante.  Dado que el supuesto culpable ha sido detenido y ya está a disposición del juez, podría  parecer que  del triste  asunto, poco queda por decir. En breve, Josefa  quedará doblemente  enterrada  bajo una actualidad palpitante que pronto hará que de  su nombre y su terrible muerte no se acuerde ni dios. No es nada personal, es que son tantas…

Este año, del que no han pasado ni dos meses,  ya hay 12  nombres en esa lista de la vergüenza, contando a esa criatura de apenas un año,  a la  que mató  su padre tirándose con ella  por la ventana para, como dejó dicho, darle  a la madre donde más le pudiera doler. O esa niña de 14 años, que junto a su madre, fue acuchillada hasta la muerte. Es, desde luego,  verdaderamente escandaloso. Cualquier persona decente se lleva las manos a la cabeza y protesta  en la cola del pan, o en la barra del bar poseída de una legítima indignación. O maldice a quienes así  actúan. Y la mayoría lamenta sinceramente tantas muertes evitables.

Pero lo malo es que no es suficiente. No lo ha sido nunca, ni lo es ahora.  Las concentraciones en silencio lanzan un mensaje de rechazo que, indiscutiblemente,  precisa de una mayor concreción para dejar de ser un símbolo, positivo pero insuficiente.

Hace un año, el 7N, Madrid se llenó con una multitud cabreada que exigió que quienes pueden hacerlo, hicieran de una puñetera vez lo que tenían que hacer. Ese Pacto de Estado, ese  acuerdo que, por encima de cualquier otro interés, asignara a la lucha contra la violencia de género  los recursos necesarios. No vamos a volver todas las semanas. No se puede. Pero lo cierto es que no ha habido mucho éxito, para que engañarse. Con un panorama político tan animado como el que tenemos, las prioridades bailan a ritmo de samba, y lo que hoy es una urgencia, mañana es un marrón, que nadie quiere comerse. Y perdonen el cinismo, porque siempre hay honrosas excepciones, pero son los resultados los que cantan.

Tampoco contribuyen ciertas conductas individuales que son aparentemente inocuas, pero dan de comer al monstruo.  El lenguaje que no respeta a las mujeres, el desprecio al  valor de su trabajo, la indiferencia hacia conductas insultantes, la tolerancia ante abusos bien reconocibles..…. todo ayuda, alimentando prejuicios y estereotipos. Por eso,  las mujeres y  hombres, esos “nadies” que en realidad son el todo,  son también quienes en la barra del bar o en la cola del pan, pueden obligar al monstruo de la violencia machista a que cierre su asquerosa boca y deje de matar  a las mujeres.

Tan sencillo como ir en bicicleta, haciendo que ambas ruedas vayan en la misma dirección.

 

 

 

 

CIUDAD LIBRE DE DESAHUCIOS

Ciudades libres de desahucios, ese es el objetivo. Pero quien esté libre de pecados que tire la primera piedra. Y desde luego no podrá ser nuestra ciudad donde se siguen produciendo desalojos que no se frenan con buenas intenciones.

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Tener que abandonar la propia casa es una de las experiencias más duras para un ser humano. El techo en que te proteges, el lugar en donde creces, el espacio de convivencia con la familia es un terreno sagrado, que incluso la ley, en otras de sus vertientes, protege como espacio inviolable .

Sin embargo, hay quienes están autorizados a transgredir esta regla básica. Son los bancos que pueden desalojar a la gente de sus casas ante los impagos de hipotecas porque la ley , ciega, sorda y a veces torpe, se lo permite.

Mientras la crisis siga castigando a las personas, miles de familias deberán dejar de pagar la hipoteca, igual que han dejado de calentar su casa, para poder comer. Cuestión de prioridades.

También ha habido, por cierto, entidades bancarias codiciosas que por su mala gestión han tenido que ser apuntaladas por el Estado con cantidades astronómicas, que han dejado tambaleándose las cuentas públicas. Fondos donados generosamente, sin intención de reclamar su pago, como inversión obligada de un Gobierno que sabe de quien es la mano que mece la cuna.

Quienes firmaron hipotecas con cláusulas abusivas a las que no pudieron hacer frente cuando las cosas se pusieron imposibles, no han merecido el mismo trato solidario y empático. En muchos casos, pagan caro su atrevimiento de querer poseer una vivienda y su errónea confianza a la hora de firmar una hipoteca.

Lo cierto es que La ley española de desahucios vulnera la normativa comunitaria porque no garantiza una protección eficaz de los consumidores frente a posibles cláusulas contractuales abusivas en las hipotecas. Lo cierto es que se producen actuaciones que siendo legales, son absolutamente inmorales, injustas y contradictorias. Sólo habría que preguntarse porqué es tan importante respaldar el derecho de los bancos a cobrar su deuda , pero no lo es respetar el derecho constitucional de las personas a tener una vivienda.

Esta semana estaba previsto que el Juzgado ejecutara en la ciudad de Xàtiva, un lanzamiento que es el término, bastante gráfico, utilizado para describir la acción material de un desahucio. No se produjo porque la Plataforma Antidesahucios de Xàtiva, hizo un llamamiento que encontró respaldo legal y humano. Porque la sociedad civil se hizo presente y arrimó el hombro en lugar de dar la espalda.

No es un caso único. Según la PAH durante 2016 se produjeron 550 desalojos en el partido judicial de Xàtiva. Cuentan que hay gente que lleva más de 4 años esperando una orden de ejecución que puede llegar cualquier día y que los pondrá automáticamente de patitas en la calle. Esa no es forma de vivir.

Por eso, en positivo hoy se puede celebrar que una familia siga durmiendo en su casa (con cautelas, porque sólo es una prórroga) .Siendo conscientes, no obstante, de que el apoyo institucional previo junto a asesoramiento cualificado hubiera evitado el aislamiento y la desinformación que son factores de segura derrota

En negativo, hay que lamentar la inaplicación de las medidas aprobadas por todos los grupos del Ayuntamiento de Xàtiva en Septiembre de 2015. En concreto, elaborar un convenio con los Juzgados para anticiparse y poder actuar ante estas situaciones así como realizar un inventario de pisos vacíos que fueran propiedad de entidades financieras para estudiar un posible recargo del IBI.

Xàtiva, ciudad libre de desahucios, no es un slogan electoral. Es una impostergable aspiración ciudadana que exige respuestas coherentes.