Categoría: personal

PRINCIPIO DE AÑO

Qué principio de año tan malo. Por lo menos en lo que se refiere a la panorámica. Es posible que nuestro pequeño mundo esté más o menos en orden, aunque tenga sus agujeros negros: miserias escondidas, dolores encubiertos, infinitas preocupaciones justificadas o no, que, sin embargo, nos sentimos capaces de enfrentar. Conviven además con momentos placenteros, donde todo parece tener su encaje y que aportan la justa dosis de energía y esperanza para continuar.

Pero el otro mundo, el que está más allá de nuestras fronteras, pero comparte el mismo cielo, el mismo planeta, está hecho un verdadero cristo. Como si nos hubiera tocado un director de orquesta realmente loco que está imponiendo un repertorio que no nos gusta a casi nadie. Como si no hubiéramos aprendido nada. Como si el sentido común de la mayoría silenciosa hubiera sido secuestrado y amordazado. ¿O es que hay alguien que mire más allá de su ventana y sienta satisfacción y confianza?

Es demasiado intensa la sensación de que vamos en caída libre porque no hemos dejado casi nada a lo que agarrarnos. De que hemos perdido la fe en lo que nos hacía grandes, lo que nos hacía gustarnos entre nosotros, protegiendo lo que nos permitía sobrevivir. Tras dos mil años de historia para llegar aquí no parece un balance muy positivo y autoriza la duda sobre nuestra inteligencia colectiva.

Se impone un arduo trabajo para volver a dibujar las líneas rojas que permitían la convivencia y eran garantía de futuro. Ahora no las hay y es urgente recuperarlas.

EXPERIENCIAS

He iniciado el año con dos experiencias gratificantes. Una ha sido comer erizos de mar. Parecido a la experiencia de comer una perdiz escabechada hace años. Ante el pajarito que exhibía sus huesecillos descarnados incluida su cabeza minúscula , me sentí asesina despiadada .

Los erizos no resultaban tan fúnebres. Conservan su apariencia externa, con sus púas afiladas aunque un poco flácidas. Se que se defienden como fieras, después de muertos, para dejarse cocinar siendo difíciles de manipular. Se comen con cucharita y tienen un fuerte sabor a mar,a roca de mar,a aire de mar, sin concesiones. Pero resulta más bonito imaginarlos pegados a su roca.

La segunda experiencia fue ver el concierto de Año Nuevo en Viena, costumbre adquirida hace años sin pretenderlo. La dirigía un señor que no era extremadamente viejo, ni de pelo blanco, que sonreía todo el tiempo y sudaba como un albañil. Se llama Yannick Nézet Seguin y es un canadiense con pendiente y uñas pintadas, que disfrutó e hizo disfrutar. Entusiasmó con su energía, su sentido del humor y su calidad musical a un público de japoneses venerables, mujeres chinas elegantes y muchas otras personas que deben haber ahorrado mucho tiempo para estar en esa sala repleta. Debe valer la pena.

No volveré a comer erizos pero es bueno saber que siempre quedan experiencias que vivir. Volveré a oír el concierto desde el sillón esperando que algún día sea una mujer, igual de capaz y valiente, la que lleve la batuta. Todo puede pasar. Y algunas cosas ya tardan

MIEDO

Hay personas que son incapaces de no devolver el carrito del supermercado a su sitio, aunque no hayan de recuperar moneda alguna. Otras, cuando no encestan en la papelera el papel, o la lata o lo que sea, son incapaces de abandonar las pruebas de su torpeza.Están los que aparcan y miran el espacio que dejan al coche de al lado para que pueda entrar. Hay personas que dan las gracias, sin grandes aspavientos, cuando les sirve la camarera y reclaman silencio para que pueda tomar nota sin volverse loca. Hay viajeros que bajan el volumen de su móvil en el tren para que todo el vagón no haya de seguir las peripecias del chino peleón que protagoniza la película que está viendo. O incluso que usan auriculares. Hay gente que, en lugar de dar explicaciones sobre la mansedumbre de su perro, lo ata para que no moleste a la gente que no les tiene tanto cariño.

Todo ello define a quienes creen en la convivencia respetuosa y es la base que sustenta a la gente que no participa en las discusiones para convencer al contrario de su postura, sino para comprobar si la suya se mantiene firme ante los argumentos contrarios. Que no quiere discutir, sino debatir, un fino matiz q indica la presencia de un interés común: buscar la verdad. Muchas personas desearían q las discrepancias fueran expuestas sin acritud, incluso con algún punto de humor. Sin implicar el sacrificio (metafórico) del oponente ni su exclusión de la lista de personas apreciadas. Una forma de aprender y mejorar sin ser causa de ataques de ansiedad.

Hay gente q tiene problemas, problemas serios y preocupantes que le hacen mirar el mundo con miedo. Para superarlo se encierra en su torre y desconfía de todo y de todos, maldice lo q no conoce, sospecha de lo que es diferente. Cree q así podrá sobrevivir porque sus verdades se lo garantizan. Como quienes creen haber descubierto la solución definitiva, la verdad y lo defienden con una vehemencia q roza con la furia. Otros, se creen poseedores de la verdad verdadera como dice la gente pequeña y se acostumbran a mirar al resto desde la atalaya en la que se sienten invulnerables.

En el miedo está la base de la autodestrucción. No protege sino que nos hace vulnerables y tristes

ARTE

solo es artista el que hace exposiciones públicas, el que recibe premios y reconocimientos o pasa a la historia por su talento creador.

Si el arte es una actividad humana que permite expresar la creatividad que la vida cotidiana ahoga…

Si el arte es esa manía persecutoria que se apodera del tiempo y la vida de las personas como si les fuera la vida en ello, como si fuera su forma de ser felices y hacer felices a los demás…

Si el arte es comunicación, emoción, expresión simbólica de la forma propia de ver la vida, desde la sinceridad total, sin filtros ni zonas oscuras…

Es todo un regalo y un privilegio y así deberíamos verlo y reconocerlo, compartirlo y disfrutarlo.

INICIACIÓN LABORAL

Su primer empleo remunerado fue en unos grandes almacenes de nombre olvidado, que pasaron a la historia por ser los primeros que instalaron una bonita escalera mecánica que hacía más ruido que el puente levadizo de un castillo medieval. Era un empleo para la campaña de Navidad, una semana escasa con horario indefinido en función de las necesidades. No había papeles, ni contrato, ni acuerdo de salario…Total, era para una menor que se quería sacar unas pesetas avalada por su padre que había pedido algún favor para conseguir el puesto.

Y allí estaba ella que, en lugar de largarse a la Feria, fue instalada en un pupitre minúsculo, con una única misión: empaquetar objetos de todas las formas y tamaños a velocidad supersónica para no impacientar a la distinguida clientela.

Sus herramientas: un pesado rollo de papel, casi de su altura, estampado con renos salidos directamente de Disney, unas tijeras gigantescas que se le escurrían de los dedos y varios rollos de celo transparente aficionados a pegarse entre sí. Sin olvidar unos florones bastante cursis, con lazos colgantes que obligatoriamente debían decorar el producto final.

La quinceañera no estaba acostumbrada a trabajar bajo presión. Si apuran, no estaba acostumbrada a trabajar, más allá de las tareas domésticas siempre susceptibles de negociación. Así que la tragedia estaba anunciada. Hay que reconocer que la faena tenía su complicación. No hay más que intentar envolver una cometa o una olla Magefesa que entonces no se servían en cajas de cartón sino a pelo, con todas sus curvas y ángulos.

La pelea con el rollo de papel acabó pronto en derrota, dado que no había superficie suficiente para extenderlo , el celo se pegaba en todas partes menos allí donde estaba indicado, la clientela no demostraba ni pizca de espíritu navideño sino más bien un rencor inexplicable hacia la pobre criatura, y ésta, para acabarlo de rematar, dominada por los nervios, se pegó un pellizco importante con las malditas tijeras, que aunque no se llevó por delante ningún dedo, la hizo sangrar como una cerdita degollada, causando un empastre total en lo que llamaban pomposamente “área de embalaje”.

Ahí acabó su primera aventura laboral. Ahí decidió que ningún trabajo manual estaba hecho para ella. Ahí aprendió que la clase trabajadora siempre sale perdiendo si va a pecho descubierto, en solitario. Ahí asumió que el dinero no da siempre la felicidad.

Con su dedo mal vendado, porque los riesgos laborales ni estaban, ni se les esperaba, abandonó el establecimiento por la puerta grande y se fue a la Feria a ver si todavía encontraba a sus amigos.

LIBROS QUE NO SE LEEN

Lo intentó con todas sus fuerzas. Volvió a él una y otra vez, pero no pudo. Y lo cierto es que le gustaba el padre de la criatura. Un tío joven, con un punto gamberro , encantador y picarón. Simpático y feliz en apariencia, pero con fondos submarinos que hablaban de su perfecto conocimiento de la crueldad y el sufrimiento a cuenta del lado oscuro de la vida.

No en este momento, evidentemente, cuando es el hombre de moda, el autor literario por el que se pelean los medios, el escritor del libro que ha dado la última campanada. Es #daviducles y ha escrito un libro que es, efectivamente, una obra maestra. Está más que justificado que haya tardado 15 años en escribirlo. Y tiene muchísimo mérito su empeño/testarudez para llevarlo a término.

Un relato original y atrevido, pero también riguroso y comprometido, sobre esa Guerra Civil que nos convirtió en el país que somos y tanta pena da. Ojalá fuera ciencia ficción y no un relato histórico, con las licencias justas, pero obscenamente veraz.

Porque a pesar de la magia, la historia contada, nuestra historia, duele demasiado y sobre todo atemoriza hoy ,cuando aquello de la reconciliación, que no fue más que una hábil maniobra de despiste, ha sido sustituido por la crispación y la furia.

De recomendable lectura para gente de cualquier color ideológico por su utilidad para barrer de un plumazo cualquier creencia en las guerras como factor de progreso histórico. No porque no haya causas justas que merezcan ser defendidas, sino porque la violencia resultante matará indiscriminadamente a quienes no saldrán en los libros de historia.

LOLA

Va por la calle como una correcaminos incansable y en un minuto te cuenta los últimos avatares de su ajetreada vida. Y es que se acaba de comprar un coche. Nada extraño si no fuera porque tiene 83 años y se sacó el carnet al enviudar, cuando tenía 60 años.

Son mujeres de hierro de una generación resistente que ha sobrevivido con una energía física y mental, digna de elogio y de envidia. Ahora quienes las quieren, intentan que se dosifiquen, que administren fuerzas para que les duren mucho, pero ellas, que tienen perfectamente asumido que no van a vivir eternamente, tienen su propio plan de vuelo y saben que hay que construir vidas que valga la pena vivir.

La conversación es breve pero hay tiempo para la mención de la necesidad de fondos para la Asociación solidaria a la que entrega alma, vida y corazón. La oyente se va con la cartera vacía, pero contenta porque no es un atraco. Muy al contrario, conocer a gente así, es todo un regalo.

CENAS MÁGICAS

Le encantaban esas cenas mágicas donde se hablaba de todo y de nada, donde cabía la risa y la emoción, la anécdota, el chisme y la confidencia.

Donde unas hablaban más que otras y había quien callaba, pero todo lo escuchaba.

Cenas de mujeres, preferiblemente con el techo de la noche, sin paredes que encierren las palabras.

Que discurren como episodios de una serie con inicio, nudo y desenlace. Con su propio ritmo, con sus propias reglas. Con sus picos de alegría y sus llanuras de cotidianidad. También sus pozos de pena y miedos.

Cenas de amigas que lo fueron y lo serán, aunque no ejerzan, aunque vivan en galaxias diferentes, pero entre las que queda siempre el eco de la estima.

Vuelta a casa en una ciudad que se retira pronto, por unas calles vacías donde resuenan los pasos entre ventanas encendidas.

Unas calles que después, todas las noches, antes de entrar en la oscuridad, se miran desde la ventana, recordando el último paseo, agradecidas a la vida y a la amistad.

(dedicado a CCh, la mejor conversadora conocida)

ROBERT REDFORD

No tuve el placer de haberlo conocido, pero fue un premio estético desde la distancia porque no solo era una cara bonita, un tipo atractivo como pocos a pesar de su cara marcada y su escaso culo.
También era eso que es tan difícil a veces de encontrar, una mezcla de simpatía y melancolía, un hombre pícaro y divertido pero con un punto de insatisfacción irremediable. Capaz de ser enérgico pero también algo pasota, desastrado pero elegante.
Se murió durmiendo y se agradece la suerte que tuvo con una muerte tan pacífica por todas las veces que nos regaló felices sueños.

MI ÚLTIMO CUMPLEAÑOS

Hoy, Día del Chocolate, es también mi cumpleaños. Por ello me están felicitando personas que conozco y otras que no, lo que se me hace raro, aunque a ambas estoy igualmente agradecida.

En todo caso, acogiéndome a la ley no escrita y que me acabo de inventar, que dice que puedo pedir este día el deseo que me de la gana, traslado a quien corresponda mi petición: Quiero que este sea mi último cumpleaños.

Pero que se me entienda bien, a ver si alguien se confunde y la liamos.

Es mi deseo no cumplir más años para quedarme con los que tengo y apañarme con ellos como pueda.

Tiene su complicación pero es factible. Quiero detener el contador y no afrontar una pelea perdida de antemano. No quiero descubrir lo que hay más allá de la curva. Nada bueno, ni interesante por lo que se sabe.

Así que mi deseo no es más que aquel ruego a la Virgencita, o a quien sea, para que me quede como estoy que no será la situación ideal , pero es mejor que otras que quizás esperan al otro lado de la curva.

Desde luego, no quiero retroceder a la época anterior a las canas, ni volver a tener 20 años, que horror. No quiero una pócima que me prive de mis recuerdos y mis aprendizajes. Para nada aspiro a la vida eterna que, si se piensa bien, es más un castigo que una bendición.

Solo quiero celebrar el Dia del Chocolate , durante muchos años más.