Hay una palabra que un día deja de tener sentido . Cuando eso sucede, ya no somos los mismos, ni lo seremos nunca más.
Siempre es un adverbio que acompaña a muchas cosas importantes de nuestra vida. Siempre te querré, siempre me gustará el chocolate, siempre el rojo será mi color preferido…
Siempre mi cuerpo estará a mi servicio y podré hacer lo que quiera con él, con algunas excepciones razonables.
Siempre tendré al lado a esas personas, la única que me hace reír, la que a ratos no soporto, la que cuando me mira, me ve…
Siempre podré seguir haciendo planes para el futuro que no ha llegado y dejar cosas para más adelante, cuando tenga un rato…
Pero de repente los “siempres” desaparecen y dinamitan nuestra existencia. A veces pasa de repente como una explosión que arrasa con todo o puede ser como resultado de un proceso sordo y discreto que apenas percibimos
En todo caso, frente a lo de siempre que ya no es, aparece el nunca, el nunca más, que se lleva por delante personas, rutinas, situaciones y emociones.
A esa nueva tesitura, hay que hacerle frente, aunque de un poco de miedo.
Pero vencer el miedo es lo que hemos hecho siempre.
Y no podemos dejarlo de hacer nunca.
