Categoría: XÀTIVA

EL TREN QUE NO LLEGA

La conjunción de las protestas ciudadanas, la difusión mediática y la intervención política son tres elementos en íntima interrelación, cuya acción conjunta suele conseguir reacciones de calado, aunque no siempre definitivas.

Esta vez han conseguido la visita de toda una Ministra de Transportes que visitó recientemente la Estación del Norte de Valencia e intentó dar respuesta a los graves problemas existentes en la Red de Cercanías. Lo intentó, aunque lo consiguió muy relativamente, quizás porque el problema no se arregla con unas cuantas contrataciones, ni sustituyendo trenes por autobuses, ni devolviendo el dinero de los viajes fallidos.

A la mayoría de las personas usuarias de este servicio público les sabe a poco, a poquísimo, que haya informadores a pie de vía que ilustren sobre los retrasos y cancelaciones de los trenes que te debían llevar puntualmente al trabajo o a casa, después de un día cansado. De lo que se trata es de que no haya nada que informar en ese sentido.

Dijo la ministra que en un par de semanas serán contratados ocho maquinistas. Aleluya, porque es, efectivamente, uno de los elementos esenciales para que el tren funcione. Pero son  pocos para una plantilla con demasiadas bajas, por otra parte previsibles, en razón a las jubilaciones previstas que  nadie se ocupó de cubrir. De los restantes elementos imprescindibles para el saneamiento integral de la red de cercanías, nada dijo. Nada sobre las inversiones estructurales que se precisan para mejorar la red ferroviaria, nada sobre la adquisición de nuevos equipamientos. Que se abaraten los precios, es de agradecer pero el malestar de las personas usuarias no se resuelve con rebajas económicas sino con medidas que garanticen que todos los  trenes  previstos  salgan y  lleguen a su hora.

Eso no pasará mientras que la Red de cercanías siga siendo tratada como la hermana pobre, merecedora de una raquítica inversión de 3600 millones para sus más de 500 millones de pasajeros en todo el Estado frente a la generosidad con las líneas de alta velocidad que siendo utilizadas por  cerca de 30 millones de pasajeros han recibido una inversión de casi 56.000 millones de euros, según la AIREF. Las cifras aburren, pero permiten entender de un vistazo dónde está el origen del problema.

A la Comunidad valenciana, de esa “lluvia” escasa de millones nos han tocado unos 700 millones, que son calderilla en un paquete macroeconómico destinado a hacer frente a un conflicto  social de tan enorme envergadura.

El problema no admite demora. Más de ocho millones de viajeros se han buscado la vida para sus traslados personales o laborales y es seguro que las forzosas soluciones adoptadas no colaboran a la sostenibilidad medioambiental. Pero lo han hecho, hartos de verse perjudicados por un servicio público que les ha hecho llegar tarde al trabajo, perder consultas médicas, retrasarse ante exámenes decisivos…. Problemas del día a día que exasperan y desesperan, añadidos a otros tantos con los que hay que lidiar inevitablemente y absorben toda nuestra capacidad de resistencia a la frustración que se vive en un andén plagado de gente  cabreada.

Las propuestas de la ministra han conseguido, por otra parte, la total coincidencia en la respuesta de partidos políticos y entidades ciudadanas que han salido en tromba, con argumentos más o menos interesantes o interesados, a contradecir a la Ministra del ramo.

Ella se habrá vuelto, seguro que en el AVE, a su despacho en el Ministerio, aunque es de esperar que se haya llevado la potente impresión de que esta gente de la Comunidad Valenciana no va a parar hasta conseguir el tren que les lleve a donde quieren ir.

LEJANÍAS (5.10.2021)

Los llaman CERCANIAS, porque efectivamente son los más cercanos, los que más necesitamos, los que nos llevan a nuestros compromisos diarios, a estudiar o trabajar  en localidades cercanas . Nos llevan a las consultas médicas, a los trámites administrativos que no apetecen, pero son esenciales para nuestra vida.

Llevamos varios días en los que se han convertido en una pesadilla para miles de usuarios y usuarias que, si ya andaban bastante damnificados, han aprendido con esta experiencia que siempre se puede ir a peor.

La Red de Cercanías de la Comunidad Valenciana  ha perdido 10 millones de usuarios en la última década a cuenta de su mal servicio, del incumplimiento de sus horarios, de la incomodidad de sus trenes, de la escasez de personal, de la frecuencia inexplicable de sus averías. Un servicio que siendo público, sin búsqueda de beneficios, debería garantizar un acreditado  nivel de calidad . Y no se aprecia demasiada calidad viajando en trenes sobrecargados con demasiados años a cuesta, que circulan a velocidad de tortuga pasmada. No es nada satisfactorio que cada vez más maquinas atiendan a personas en la expedición de billetes, en la información de horarios e incidencias, cuyo funcionamiento defectuoso perjudica sin posibilidad de reclamación o queja.

Su deplorable situación no es fruto de la casualidad o del destino, sino de la ridícula inversión realizada en un servicio que es de uso preferente para miles de personas todos los días del año y que se decide  en despachos que ni están en Xàtiva, ni están en Valencia.

Es en Madrid  donde se decide cuánto y para qué se invierte en esta red, porque es suya la competencia y el poder que permite la toma de decisiones. Quizás eso explique porque se han invertido 98 euros por persona  en el AVE, que no un es tren utilizado por grandes multitudes todos los días, frente a los 0.0015 céntimos invertidos en la red de Cercanías.

Algunas de las reivindicaciones de los maquinistas, convocantes de la huelga, pueden ser compartidas en la medida en que contribuyen a la mejora del servicio. Siempre es conveniente ampliar y rejuvenecer la plantilla. Pero las huelgas son lo que son, medidas de presión necesarias, utilizadas por la  clase trabajadora  a lo largo de su historia para conquistar cada uno de sus derechos, porque ninguna ha sido regalo generoso de la patronal. Con todo, las huelgas tienen sus reglas, se someten a unas normas pactadas que de alguna manera “dosifican” el daño causado a la ciudadanía que casi siempre es la moneda de cambio que queda en medio de los intereses de las partes en conflicto.

Por eso, exige una cuota extra de solidaridad, paciencia y templanza soportar lo que no se sabe si es una huelga salvaje o asilvestrada como resultado de la gestión inepta de una empresa que no funciona ni en la normalidad, ni en la anormalidad.

Depender de un panel y de una voz robotizada para saber si llegarás al trabajo a la hora o si podrás volver a casa, es una experiencia sumamente desagradable. Oír como se anuncian cancelaciones que convierten los servicios mínimos en un espejismo, correr para pillar plaza a la desesperada en los pocos trenes que circulan o terminar haciendo un viaje infernal, notando en el cogote la respiración de una persona con la esperanza de que todo el vagón este correctamente vacunado contra el COVID genera una crispación e insolidaridad añadida que todos deberían intentar evitar.

Salvajes son las fieras de la selva, pero no deben serlo las huelgas, necesarias para adquirir derechos y mejorar un servicio público que tanta gente necesita.

AGUA

Agua que no has de beber déjala correr, dice el refranero a veces astuto, a veces francamente idiota. Y este es concreto, no es un buen consejo, porque el agua a día de hoy es un bien preciado y finito, a pesar de que se utilice y derroche como si las reservas fueran ilimitadas. Su gestión es hoy un elemento esencial en el gobierno de las ciudades tanto para facilitar su acceso en condiciones óptimas a la población, como para fomentar políticas de ahorro. Además, si procede, hay que impedir que factores añadidos, como el deficiente estado de redes de distribución a veces prehistóricas, generen daños materiales a viviendas y particulares, que son los paganos forzosos de una situación que no se puede cronificar.

En Xàtiva hay trabajo en este sentido, a la vista del festival de incidentes y accidentes causados por el deficiente estado de la red de abastecimiento que de vez en cuando, inunda alegremente viviendas y garajes. A eso hay que añadir, la reivindicación permanente y bastante justificada de una parte de la población que aspira con todo derecho a tener un suministro de agua potable con todas las garantías de calidad.

Todo ello no es una realidad sorprendente y repentina, sino resultado del muy deficiente estado de depósitos y cañerías que llevan años reclamando a gritos unas mejoras e inversiones que nunca han llegado. Es ejemplo válido de esas asignaturas pendientes que todo el mundo nombra en sus programas electorales pero que desaparecen mágicamente durante los años en que se dirige la gestión municipal para reaparecer cuando se vuelve a la oposición.

La costumbre parece hacer norma y nos hemos habituado a cortes de agua eso sí, previamente señalados con mucha amabilidad, que suceden un día sí y otro también. Últimamente parece que además de la ciudad de las fuentes donde el agua corre mansa, somos la ciudad de los géiseres, donde de repente el pavimento se abre y deja escapar un chorro de agua, furioso y

dañino. Los bajos y garajes de algunas zonas, en algunos barrios se convierten periódicamente en estanques de agua, y no precisamente japoneses.

Y todo ello, lógicamente va colmando la paciencia del vecindario que quizás no sea sabedor de los innumerables problemas que hay que superar para lograr una solución integral del problema pero que sinceramente, a estas alturas, mojados, cabreados y perjudicados, les da igual, porque quieren soluciones y no necesitan más explicaciones.

Un ayuntamiento progresista no puede de ninguna forma, permanecer impávido ante esas concentraciones de vecinos y vecinas cabreados que manifiestan su cabreo semana tras semana. No puede mirar a otra parte, no debe entender el conflicto desde la confrontación política y lavarse las manos, abandonando a quienes sólo disponen de agua sucia o ven dañadas repetidamente sus viviendas y garajes. Tiene que remangarse y articular soluciones definitivas, que no pueden ser el parcheo improvisado, sino la planificación de la inversión necesaria para garantizar la mejora estructural de la red hidráulica. No siendo cantidades menores y habiendo ayudas previstas para tal fin, hay que pelear con por ellas con el empeño suficiente y sin perezas recurrentes.

Lo que sea necesario para evitar que se cronifiquen, como está pasando, determinadas carencias básicas que alimentan unas protestas vecinales absolutamente justificadas. Porque no se puede pedir a nadie que viva desde hace 20 años consumiendo agua no apta para consumo humano, ni viendo caer la propia casa a cuenta de fugas y filtraciones.

No siempre el agua apaga fuegos sino que a veces, puede ser gasolina causante de graves incendios sociales que hay que atender con la urgencia que merecen.

CAJERAS

Hemos pasado de estar hasta las narices de ver cómo metían bastoncillo en las ídem de todo el mundo, a ver cómo se pinchan brazos musculosos o huesudos, pertenecientes a gente más o menos escéptica o asustada pero que apuesta por lo que a día de hoy es la única solución para salir de la triste situación que vivimos. Los informativos , en ese repaso cansino de cifras de contagios, botellones ilegales, informaciones internacionales y ,ahora, vacunaciones, no dejan de repetir en un bucle infinito las imágenes de esas colas ordenadas de gente que, o bien con cierta intimidad o de forma pública recibe su banderilla y acaba en una silla de plástico , en esos minutos de reflexión obligada y espera precavida en la que los hipocondríacos sienten todo tipo de efectos tan secundarios como imaginarios, mientras que la inmensa mayoría se dedica a charlar relajadamente con los compañeros de vacunación, colegas de aguja para siempre. El hecho de darse además una coincidencia generacional total, y verse rodeada de gente de la misma edad, causa también un ligero shock en quien no acaba de reconocerse en las canas y arrugas que uniforman a todos los presentes.

En todo caso, se puede afirmar que en Xàtiva la organización de las vacunaciones está siendo impecable, en cuanto a seguridad, puntualidad, trato y, es de esperar, que efectividad, algo que ya no depende de las autoridades sanitarias de la zona. La colaboración entre administraciones, mayormente el Ayuntamiento y la Conselleria, ha sido generosa y sin fisuras, aunque quizás, en una sugerencia algo gamberra, el material de lectura que se facilita para la espera con la misma finalidad que en la consulta de los buenos dentistas podría ser algo más variado, entretenido y con menos autobombo.

La convocatoria para la vacunación se está realizando, pues, en riguroso orden cronológico y profesional, según los criterios acordados en instancias superiores. Y es ahí donde se ha producido algún que otro olvido injusto e injustificado.

Se ha vacunado de forma prioritaria, por supuesto, al personal sanitario, a policías y bomberos , a personal de las farmacias o a quienes trabajan en los centros educativos. Pero no se ha considerado la necesidad de vacunar a quienes también trabajaron durante todo el confinamiento y lo siguen haciendo, en un trabajo que exigen cercanía y contacto con la clientela. Son las cajeras de supermercados y en general de tiendas de alimentación.

Muchas personas que estuvieron al pie del cañón, al principio protegidas de la forma más precaria como pasó a muchos colectivos. Recuérdense los patéticos delantales de bolsas de basura que improvisaban las sanitarias. Que después, han continuado en su puesto de trabajo, en las grandes cadenas, en las pequeñas tiendas de alimentación, cobrando y devolviendo el cambio correspondiente, embolsando productos, viendo desfilar cientos de personas al día, algunas más respetuosas que otras con la salud ajena.

Alguien debería haber pensado en ellas para incluirlas en esos listados de personal que precisaba de una vacunación preferente. No por conceder un premio, sino por proteger a un colectivo al que también se dedicaban los aplausos de las ocho, desde la plena conciencia de que poder comprar el pan y los suministros básicos dependía de que alguien rompiera el aislamiento protector para estar en su puesto de trabajo. En su caso, un puesto de trabajo que en muchos casos, está mal pagado y es precario.

LA MOCIÓN DEL AYUNTAMIENTO

El Ayuntamiento de Xàtiva, dispuesto a hacer los deberes cuando toca, se reúne  este sábado para aprobar la moción correspondiente al 8 de Marzo, Día de las Mujeres.

 Las mociones, como todo el mundo sabe, son mensajes que las instituciones lanzan al mundo  para manifestar su adhesión a causas o su rechazo a realidades que  intentan erradicar. Su operatividad es escasa, para qué vamos a engañarnos, pero su valor radica en el compromiso que explicita ante la sociedad, marcando una identidad que debería determinar las líneas de acción posteriores. Mucho peor sin duda, eran los tiempos en los que  conmemoraciones, hoy muy señaladas en el calendario, obtenían  respuesta cero, es decir, la total indiferencia como manifestación evidente del  peor de los desprecios.

Por eso , al trasladarse la propuesta de moción al Consell de les Dones, para recabar su opinión como está previsto dentro de sus competencias,  se propuso la adición de  un par de líneas, poca cosa, pero importantes para  convertir la palabra en acción, el mensaje en hecho, el compromiso en realidad.

“Asimismo renovamos nuestro compromiso con la Xàtiva Violeta y todas las acciones suscritas para conseguir una ciudad igualitaria donde las mujeres vivirán con dignidad e igualdad de derechos”,  fue el párrafo sugerido.

La Xàtiva violeta es un conjunto de acciones  concretas, por las que se comprometieron a trabajar los gobernantes de la ciudad elegidos en 2015 y también en  2019 . Algunas de ellas se han cumplido, en otras se ha avanzado pero sin rematar, y otras permanecen en el más cruel de los olvidos.

Es una realidad la existencia hoy en Xàtiva de una Casa de les Dones, dotada de presupuesto y un plan de gestión que aprueba el Consell de les Dones. Parece que está cerca, pero manteniéndose en el limbo de los anuncios repetidos e incumplidos, el Punto de Encuentro Familiar, recurso imprescindible para evitar situaciones difíciles relacionadas con menores, cuya apertura se lleva anunciando desde hace lustros pero que no acaba de hacerse realidad.

Y luego quedan , negro sobre blanco, más de una docena de acciones que siguen siendo palabras en un papel. Algunas se reiteran periódicamente sin encontrar respuesta,  como ese informe que debería acompañar a los Presupuestos municipales para certificar que no hay discriminación entre mujeres y hombres  a la hora de utilizar los fondos. Informe que, por otra parte, es  de existencia obligatoria por imperativo legal . Tampoco existe un Plan local para luchar contra la violencia machista ni grupo especializado en esta materia  en la Policía Local , ambas carencias que no se corresponden con las rotundas declaraciones que condenan sin fisuras las agresiones machistas.

Pero en las actuales circunstancias, el incumplimiento que  resulta especialmente doloroso  es la inexistencia de análisis que valoren el  impacto de las ayudas y subvenciones impulsadas ante las urgencias de la pandemia sobre más de la mitad de la población que son las mujeres. Demuestra una desalentadora  falta  de interés que no se haga o no se conozca la evaluación de las diferentes líneas de ayudas y subvenciones que el Ayuntamiento ha promovido. No se conocen porcentajes por sexo.   No hay información sobre el número de mujeres y hombres  beneficiarios de los numerosos planes de Empleo promovidos.

Y ese dato no es en absoluto trivial, ni anecdótico sino que permitiría certificar que en esta ciudad mujeres y hombres son atendidos y protegidos de igual manera sin que nadie, por su sexo, reciba más atención o disponga de menos ayudas. Esa es la idea matriz de la moción, el principio de igualdad que salimos  a pelear en la calle  el 8 de Marzo.

APARCA COMO PUEDAS

No se sabe quien tiene la culpa . A estas horas, después de tanta espera, tanta explicación, comentario, promesa y aclaración en relación al parking del Hospital Lluis Alcanyis, ya es difícil deshacer la madeja y decidir quien tiene la culpa, o por lo menos,  más culpa que los demás .

Pero lo que es cierto es que el parking del Hospital que tiene asignada una población que se acerca a las 200.000 personas, sigue siendo una necesidad imperiosa, urgente, casi  sangrante para la ciudadanía de Xàtiva  porque el actual con  sus 800 plazas solo cubre un porcentaje ridículo de las necesidades reales de quienes visitan el  Hospital y han de añadir en muchos casos, un factor de crispación y malestar a situaciones ya de por sí estresantes y angustiosas.

Dado el flujo de vehículos que ha de atender todos los días, el problema no es que el aparcamiento sufra  eventualmente un colapso. El hecho es que está a reventar la mayoría de los días y a todas horas, convirtiéndose en un foco de tensiones, fuente de problemas, origen de situaciones de riesgo que añaden un plus de conflicto a la visita al Hospital totalmente innecesario.

Xàtiva ampliará el aparcamiento del hospital a partir de Junio tras cerrar la compra del suelo, se publicó en Enero de 2019 y la declaración causó muchos suspiros, entre el escepticismo y la satisfacción. Lo cierto es que el Ayuntamiento adquirió, vía subvención de la Diputación, los terrenos necesarios para ponerlos a disposición de la Consellería que es quien tiene la competencia para realizar la obra. Pero, ahora, vistos los Presupuestos para este año de la Generalitat Valenciana, por razones que seguro que existirán pero nunca conoceremos, no aparece presupuesto alguno para su construcción. Y si ya es complicado que se ejecuten los proyectos que cuentan con  presupuesto asignado, tal hazaña es completamente imposible  sin la existencia de partidas presupuestarias.

Se pueden dar explicaciones, otra vez, de lo sucedido para ignorar esta demanda perenne de la ciudadanía. Pero en todo caso, no hay justificaciones posibles para que, siendo incluso promesa invariable en los programas electorales de derechas e izquierdas,  no se priorice su realización.

Es cierto que conseguir mover  a una Administración pública es como empujar a un elefante obeso excesivamente miedoso a la hora de mover sus patas. Pero si, además, son dos Administraciones,  Ayuntamiento y  Consellería,  las que han de ponerse de acuerdo para trabajar de común acuerdo en la misma dirección, la tarea ya es heroica. Y es innegable -capítulo de justificaciones- que se está luchando contra una pandemia que absorbe, como corresponde, gran parte de las energías públicas y privadas. Pero intentando precisamente facilitar la vida de la gente, habría que empeñarse en dar solución a aquellos problemas cotidianos que la política, la buena política puede resolver.

Porque mientras se suceden las explicaciones, las disputas políticas, la utilización legítima o no, de la inacción ajena olvidando la propia, lo cierto es que pagan el pato los de siempre, la ciudadanía que padece, que se desespera para aparcar el coche al ir al Hospital, cuando quizás ya anda bastante desesperada.

El propio concejal de Obras no ha descartado, en declaraciones públicas, que sea el Ayuntamiento quien tenga, finalmente, que realizar la obra. Y  abre así  una posibilidad que se agradece frente  a la respuesta habitual,  basada  en la espera resignada de una  intervención de la Generalitat cada vez más improbable y que implica esperar unas cuantas décadas más pasándose la pelota y dando explicaciones pobres e inútiles que no hacen falta. Lo que hace falta es un aparcamiento en el Hospital.

HOSTELERÍA Y SALUD

Circula estos días por las redes locales una carta abierta del sector hostelero de Xàtiva sobre la situación de la hostelería en la ciudad en la que se hace referencia a la importancia de un sector económico, el de la hostelería que se deriva no solo de su extensión -más de 300.000 bares, cafeterías y restaurantes en todo el país-,  sino del  papel esencial que juegan  en el ocio y la convivencia de toda la población.

Dicen las estadísticas que nuestro país tiene cerca de 3 bares por cada 1.000 habitantes, pero es una media; hay localidades con un único bar, y otras en las que tocan a 4 por cada mil habitantes. Su existencia es fácil de explicar en razón de esa pulsión tan propia y bien afincada en nuestra idiosincrasia que nos hace adictos al contacto social, tras una barra, a media tarde o antes de comer para tomarse unas cañas, picar algo y pontificar sobre lo divino y lo humano.

Durante el confinamiento no fueron considerados servicios esenciales por razones evidentes,  aunque a más de uno le hubiera gustado. Y  tuvieron que cerrar sus puertas y aguantar el tirón como otras empresas y ocupaciones.

Cuando parecía que se veía la salida del  callejón, levantaron sus persianas con alegría, propia y ajena, intentando  recuperar su vieja normalidad.  Quizás, como nos pasó a todos, con un exceso de confianza que junto a otros factores ha contribuido a que estemos afrontando ahora una situación igual o peor que la ya vivida.

A día de hoy circulan consejos y recomendaciones que a veces parecen contradictorias. Por un lado, se prescribe el aislamiento voluntario, con bien poco éxito también hay que decirlo. Pero se insiste en la conveniencia de quedarse en casa, de no hacer  vida social, de refugiarse en grupos estables y cerrados en los que estemos más protegidos frente al contagio. Pero, al mismo tiempo,  desde la avasalladora necesidad de reactivar la economía se escuchan múltiples llamamientos,  como el de la hostelería, los gimnasios o las peluquerías que han entrado en la zona de peligro y  no quieren de ninguna forma echar el cierre a negocios que permiten la subsistencia de miles de familias

Parece contradictorio pero podría no serlo si se consolidaran  conductas y actitudes  que permiten la coexistencia entre ambos planeamientos.

Porque, tal como se reclama en la carta, es momento de apoyar al sector, siempre con la firme determinación de disfrutar de un  ocio  totalmente sometido a los criterios  sanitarios en lo que se refiere a aforos, distancias, uso de mascarillas, etc…Donde no haya lugar para los incumplimientos, ni resquicio para las conductas estúpidas y peligrosas.

Pero es intolerable la fotografía de una Plaza del Mercat atiborrada de gente,  que incumple olímpicamente las normas de seguridad , de una muchedumbre que se hace trampas a sí misma,  mientras el dueño del local hace caja complacido.

Por eso el explícito llamamiento del gremio de la hostelería en la ciudad pone las cosas en su sitio. Porque resalta su estricto compromiso con las medidas sanitarias, que se produce en la mayoría de los espacios . Porque proclama el dato objetivo de que solo un 3.5 de los contagios en todo el país se han producido en bares y restaurantes.

Que no paguen justos por pecadores. Que no se cierren negocios  respetuosos con la salud pública, cumplidores de las normas, por falta de apoyo social. Y, por el contrario, que se controle y penalice  a los listos y aprovechados que siempre encuentran la manera de barrer para su casa, aunque con el polvo que provocan nos acaben asfixiando a todos.

IR DE COMPRAS

Seguimos saliendo a la calle, asustados ante la presencia de un virus invisible pero peligroso, pero empezamos a mirar el mañana, el día de después, que casi resulta igual de aterrador. Oir las cifras es como padecer una granizada al descubierto, porque cada una es peor que la anterior. Nos perdemos en los miles de millones, pero lo cierto es que cualquiera es capaz de anticipar que vienen malos tiempos, malísimos, en los que vamos a tener que cuadrarnos ante la andanada económica y protegernos mutuamente para que, a diferencia de lo que ha pasado en otras ocasiones, no haya una salida con alfombra roja para algunos, mientras que la gran mayoría intenta escabullirse aunque sea a cuatro patas para poder sobrevivir. apoyo al comercio

Un factor esencial para la recuperación es el mantenimiento de los pequeños comercios que al subir las persianas en las actuales circunstancias, no solo hacen una apuesta valerosa para salir adelante sino también una importante contribución al futuro de las ciudades y pueblos. No es fácil amasar grandes fortunas desde un pequeño comercio, pero con suerte se puede vivir bien a la vez que se presta un servicio fundamental a unas ciudades a las que facilitan un eje vertebrador  basado en la presencialidad y el reconocimiento mutuo. Ya antes del virus, sus negocios  no eran fáciles de sacar adelante porque exigían  mucho trabajo con cero garantías y en durísima competición con otros modelos (la venta online, las grandes superficies…) que no daban tregua en su inequívoca pretensión de ocupar el mercado. Parece cómodo y fácil comprar desde el sillón a golpe de tecla, pero el efecto final es demoledor para las economías de subsistencia  y  la convivencia.

Pero ahora, noqueados y llenos de temores, las peluquerías y las pastelerías,  las tiendas de ropa, los bares y restaurantes, las librerías y papelerías,  los gimnasios, herboristerías … no hablan de rendición, ni de resignación. Al modo de David contra Goliath, el pequeño comercio presenta una tozuda resistencia para no desaparecer.  Ya se sabe que no es  valiente quien no tiene miedo, sino quien se enfrenta a él.

Por ellos no va a quedar, y así queda demostrado en las redes sociales donde en un grupo llamado  “Yo compro en Xàtiva”, se suman esfuerzos, experiencias, consejos y algo de terapia. Se percibe su  firme voluntad de no tirar la toalla y pelear duro por sacar adelante sus negocios. Van a contar, sin duda,  con ayudas y subvenciones provenientes de las Administraciones, pero su mayor garantía de victoria es su capacidad de resistencia, de rebelarse  contra las cifras que sólo indican pérdidas, de no entregarse al catastrofismo y darse por derrotados,  buscando culpables a quien insultar  en lugar de soluciones para progresar. Saldrán adelante con imaginación y creatividad, con persistencia, con generosidad y humildad. Son comerciantes y tienen algo que las grandes superficies y el comercio electrónico no pueden ofrecer: contacto humano,  mutuo conocimiento,  trato amable y  cercanía. Y son también una forma de invertir en el futuro de la ciudad ya que los estudios demuestran que el dinero de las compras que se hacen en los negocios de proximidad se mueve en la ciudad tres veces más que el dinero invertido en grandes cadenas que sale casi de inmediato de la región y en muchas ocasiones del país Su existencia es  imprescindible si  queremos vivir en un espacio que sea sostenible, sano, donde no sea obligatorio coger el coche para comprar el pan.

Ir de compras es una actividad cotidiana de quienes somos el último eslabón del sistema económico, pero nuestra decisión, nuestra elección tiene repercusión directa en el modelo de sociedad que queremos vivir.

QUE NADIE SE QUEDE ATRÁS

Se ha reunido ya, y al parecer lo va a hacer con carácter semanal,  una comisión convocada por el Ayuntamiento para empezar  a trabajar en la reactivación de la ciudad. Estamos lejos de cantar victoria en la crisis sanitaria, pero no viene mal esforzarse en definir las vías de recuperación de una ciudad  que como tantas otras, afronta una situación económica que roza la tragedia,  aunque ciertamente no se hayan puesto todavía sobre la mesa las cifras exactas del desastre.

FOTO XATIVAEn esa comisión no va a ser como la de los hermanos Marx que recomendaban formar comisiones para garantizar el fracaso de cualquier proyecto. Participa el   Gobierno municipal, la oposición y los agentes sociales y es una apuesta muy seria porque son muy graves los problemas que se han de afrontar. En ese sentido, quizás se podría pensar  que le  falta gente porque Xàtiva es una ciudad vivida de diversas maneras por muchas personas y toda ayuda es necesaria para  resurgir de las cenizas, algo que los setabenses saben hacer tan bien. Más  aún, cuando se debería tener la  pretensión añadida de aprovechar la oportunidad para impulsar un nuevo modelo de ciudad, que dejara atrás  los lastres que la empobrecían y diera paso a una  comunidad diversa, sostenible, moderna y culta de la que nadie sea excluido.

Esa es la idea, al parecer. Que nadie debe quedar atrás. Por ello, es obligado  que los esfuerzos iniciales,  el primer empujón,  la primera ayuda se destina a  los que más atrás se han quedado. A los que más han perdido,  y han  quedado más desnudos y expuestos que nadie porque así estaban antes de que  sonaran las sirenas y todo lo sucedido no ha contribuido precisamente a mejorar su estado de cuentas.

La primera prioridad debiera ser constatar con toda crudeza y realismo las nuevas  situaciones de necesidad aparecidas en materias tan básicas como la comida o el techo por  la desaparición de medios de vida sustentados en la economía informal, no reconocida pero que daban de comer a muchas familias. Es prioritario atender a la gente que hace semanas que  no percibe ningún tipo de ingreso y no tiene  colchón alguno  que amortigüe su desgarro económico o asumir la nueva realidad de las familias que se mantenían, casi rozando la  exclusión social pero luchando con uñas y dientes para sobrevivir y ahora se ven ahora completamente noqueadas

A esa gente hay que darles respuesta ya. Esas neveras se han de llenar,  esos recibos de la luz  y esas facturas de gas, esos alquileres han de encontrar solución. Y no se trata de incrementar la caridad, jodido concepto que siempre resulta humillante porque transita de arriba abajo, sino de hacer un reparto equitativo de lo que se dispone. No se trata de subvencionar por compasión sino de facilitar ese oxígeno imprescindible  que ahora tantos necesitan para poder retomar el control sobre sus vidas.

Habrá quien no entenderá la urgencia, incapaz de empatizar con situaciones tan desesperadas. Quien pensará en la intimidad de su conciencia,  que merecen ahogarse quienes se tiran al  río sin salvavidas. Y a esos habrá que explicarles que no superaremos en realidad la crisis, no seremos mejor ciudad, ni será posible alcanzar el nivel de bienestar al que aspiramos, si no es participado por todos y resultante también del esfuerzo común.

En cualquier caso,  la recuperación de una ciudad como Xàtiva está vinculada de forma indiscutible a la recuperación del pequeño comercio y las medianas empresas. Muchas de ellas andan en la cuerda floja, haciendo difíciles equilibrios entre el cierre definitivo y la acumulación de deudas y facturas, con tristes  balances sin ingresos, ni ventas, mientras que sus deudas  y compromisos financieros siguen vigentes. Son multitud en Xàtiva los  y las autónomas,  gente valiente que arriesga su capital y aporta su inmenso esfuerzo en una apuesta sin garantías que a veces sale bien, y a veces se estrella contra la dura realidad. Profesionales que se esmeran en progresar, gente joven que desde la nada quiere hacerse su hueco de futuro y que ahora han naufragado ante una tormenta perfecta que ha desbancado todas sus posibilidades.

Con ellos y para ellos se ha de establecer la hoja de ruta que permita construir una Xàtiva moderna pero respetuosa con el pasado, sostenible en su relación con el entorno, diversa en su modelo productivo, justa en el reparto de la riqueza. Una ciudad con pasado y con futuro que siempre pueda presumir de que, cuando vinieron mal dadas, hizo el esfuerzo necesario para hacer de la desdicha, oportunidad, actuando con inteligencia para deshacerse de modelos obsoletos y con generosidad  para no dejar a nadie atrás.

TORPEDOS A TRAICIÓN

Quien diga  que la situación que estamos viviendo es fácil, mentirá como un cochino. Quien intente minimizar el alto coste que estamos pagando  las personas que vivimos confinadas desde hace ya un mes largo, se merece un buen cachete. Un poco más contundente incluso para los listos que quieren aliviar de forma tramposa la dureza del encierro considerando que se merecen un trato de favor por ser quienes son.

Fácil no es, lo que estamos pasando, porque lo que al principio parecía ser una experiencia provisional, digna de ser contada a nuestros nietos, dura pero concentrada en el tiempo, se está convirtiendo en una especie de pesadilla de la que no nos dejan despertar. Tanto tiempo viviendo con restricciones hace que las tensiones se acumulen y las carencias se hagan más evidentes. Y la incertidumbre sobre el final, no ayuda precisamente a sobrellevar una situación que requiere paciencia, confianza y responsabilidad a toneladas.

Por ello, no es tolerable que nadie pretenda  estafarnos haciendo uso de privilegios para darse un paseo al aire libre, como el que todo hijo de vecina se daría la mar de a gusto. Y es cierto que nos come la mala leche cuando se ve, por ejemplo,  a un Expresidente del Gobierno, a ese  que cuando camina mueve los bracitos como si fuera Lola la Piconera,  pillado  cuando se da su  paseo  habitual. Un paseo por el que hoy pagarían muchas personas.

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Verle a él, precisamente a él,  hunde un poco la moral de esa mayoría ciudadana que  en todo el Estado y en Xàtiva también,  está dando el callo, con una gran responsabilidad colectiva para levantar barreras ante un enemigo invisible y letal. Que no puede admitir trampas y deserciones, sobre todo en personajes cuyo compromiso debería ser ejemplar por las responsabilidades que han ocupado.

Pero igualmente son condenables, porque nos debilitan y nos hacen más vulnerables,  esas voces negras que desde el cinismo desacreditan el esfuerzo que realizamos, falseando la realidad. Esas voces negras que solo señalan los errores, que solo resaltan los traspiés que evidentemente se están produciendo para afrontar una situación para la que no hay manual, ni precedente, ni solución fácil e inmediata.

Lo cierto e innegable es que somos  mayoría los que apostamos por el bienestar común desde el encierro y solo unos pocos  ególatras  endiosados los  que se pasan por el forro lo anterior.  Porque conductas como la del Ex presidente,  no son la regla sino la excepción.

Lo honesto es reconocer que con improvisaciones, tropezones, incongruencias y seguro que multitud de errores,  a quienes les ha tocado este marrón están haciendo lo que mejor creen y pueden,  para solventar la situación de la mejor manera.

Así que sería hora, por una vez que este país de escépticos profesionales, de criticones crónicos bajara el cañón del fusil de la crítica destructiva que todo se lo lleva por delante  y arrimara el hombro. Lo cual no quiere decir, por supuesto, que en su momento, cuando de todo esto se pueda hablar en pasado,  se pasen cuentas, se haga balance y se asuman responsabilidades. Pero el sentido común impone una lógica espera, una necesaria espera hasta que la situación no se lea en base a insufribles cifras de personas fallecidas, sino pudiendo mirar hacia delante con esperanza.

En Xàtiva hay una lectura única y solidaria de la situación, compartida por toda la ciudadanía, por todo el Ayuntamiento, por todas las instituciones.

Una unidad de acción que hay que agradecer, y que ojala existiera en todo el país, porque bastante peligro y riesgo tiene la situación como para aumentar la tensión atacando con críticas y descalificaciones nuestra moral de victoria. Sólo saldremos de esto, juntos,  desde la confianza mutua, desde el apoyo recíproco. Solo con esperanza, con lealtad y concordia , encontraremos la puerta de salida de esta pesadilla que vivimos.