Categoría: SOY MUJER

NOSOTRAS SOMOS LA MANADA

Parece mentira que después de un 8 de Marzo que significó un anhelo de vida diferente justiciasegún Beatriz Gimeno, el Gobierno de emepuntorajoy se permita aprobar unos Presupuestos generales del Estado donde se incumplen flagrantemente los compromisos contraídos en el Pacto de Estado contra la violencia de género. Un Pacto que surgió en 2017 tras la visita, un 7N, de un millón de personas, entre ellas unos cuantos autobuses de Xàtiva, llenos de gente cabreada e indignada que exigía medidas efectivas que protegieran la vida de las mujeres. De aquella visita que no fue de cortesía sino como la del cobrador de frac, para cobrar una deuda que no admite demora, surgió ese Pacto de Estado que debía arbitrar soluciones y recursos. Prometieron para financiarlo 1000 millones de euros, bonita y redonda cantidad que lucía bien en los titulares, a razón de 200 millones anuales durante sus cinco años de vigencia.

Sin embargo ese acuerdo, que ya nació muerto para algunos, no ha llegado ni al estreno porque en su primer año de vigencia el Gobierno de emepuntorajoy ha hecho un habilidoso y descarado juego de manos presupuestario y donde dijo 200, ha dejado 80. Por eso, 120 millones, que se dice pronto, se han quedado por el camino.

Parece mentira que se olvide con tanta facilidad que este país se vistió de morado un 8 de Marzo, y no precisamente por ser el color de los golpes, sino porque simboliza la lucha de las personas decentes por la igualdad y contra el machismo. Y salió a la calle a reclamar para las mujeres igualdad y dignidad, reconociendo la imprescindible aportación que hacen a la sociedad, aunque el sistema no quiera hacerse cargo de la inmensa deuda que tiene contraída con todas ellas. Y muchos comenzaron a hacerse preguntas y otras encontraron respuestas que les permitían soñar con otro mundo mejor.

El 8 de Marzo fue un grito alto y claro, pero casi dos meses después no ha obtenido respuesta alguna de quien es duro de oído y de corazón. Por eso, sucede que cuando una mujer, cuya terrible experiencia no admite justificación ni dispensa de ninguna clase, recurre a la justicia para pedir reparación y castigo , se encuentra con una sentencia que sonroja a todo un país. Una sentencia que no hace justicia sino que al contrario, responde con violencia y desvergüenza, ante una realidad que cualquier criatura sabría calificar con más dureza que el tribunal responsable.

No hace falta entender de leyes porque no se trata de técnica jurídica sino de la percepción certera de que algo funciona muy mal. La ciudadanía como las criaturas, tiene una intuición siempre acertada para distinguir la justicia de la sinrazón. Y las mujeres han leído con claridad el mensaje oculto lanzado por ese Tribunal que banaliza el delito y penaliza a la víctima.

Es de agradecer que Ayuntamientos como el de esta ciudad y otros se hayan pronunciado en contra de una sentencia inadmisible y a favor de una víctima doblemente maltratada. Siguen así el mandato de una ciudadanía que ocupó calles y plazas, Juzgados y Ayuntamientos, con el corazón caliente, el ánimo tenso y el corazón encogido.

No se ha escrito el final de la historia. Se ha sembrado una semilla que está germinando y las calles no van a emmudecer. No hay marcha atrás. Se ha puesto en marcha una manada, que va a defender con fiereza su integridad y su vida y por eso, se va a seguir haciendo historia, de esa que se escribe con letra pequeña pero consigue los grandes titulares porque cambia el mundo.

NOSOTRAS, LAS MUJERES

Nosotras las mujeres, ya no aguantamos más. Hartas de venir al mundo, a veces con la mala suerte de caer en países donde nos sacrifican antes de nacer, porque somos bocas que no producen y que hay que alimentar. O donde nos casan en plena infancia, o nos mutilan o nos venden para el placer ajeno usando nuestros cuerpos sin permiso, sin preguntas, sin compasión.

Hartas de venir al mundo para parir criaturas como conejas como obligación impuesta por intereses ajenos. O para no parirlas porque no vamos a poder sacarlos adelante. O para hacerlo por encargo como negocio que a otros produce dividendos, a costa de convertir nuestro cuerpo en mercancía, en campo de batalla, en maquinaria de producción.el dia que

Hartas de un mercado laboral difícil para cualquiera, pero especialmente para nosotras a quien nos cierra la puerta en las narices a pesar de nuestra sobrada cualificación. Que nos ofrece salarios de miseria, doblemente humillantes porque son de cuantía inferior a los que otros perciben por trabajos de igual valor. Que debemos siempre demostrar el doble para conseguir la mitad, alcanzar siempre la excelencia y nunca, jamás sentirnos integrantes de pleno derecho del mundo laboral, sino sólo invitadas generosamente tratadas y por ello permanentemente agradecidas.

Ya no podemos más. Hartas de desempeñar unas funciones perfectamente delimitadas, absolutamente esenciales y completamente invisibilizadas. No podemos con jornadas dobles y triples. Dentro y fuera de la casa. Responsables del trabajo que sostiene el mundo, que nadie cuantifica, que nadie reconoce, que nadie paga. Ya no aceptamos poemas, ni elogios, ni palabras como premio a esa abnegación obligatoria que aprendemos desde la culpa y la responsabilidad asfixiante. Ya no nos vale.

Nosotras, las mujeres, estamos muy hartas de ser valoradas a peso , sólo por nuestra imagen, de ser objeto de exhibición y manipulación o convertidas en objetos, carentes de alma y de derechos que cualquiera puede utilizar para hacerse propaganda, para lanzar el mensaje que necesite para enriquecerse un poco más.

Nosotras, las mujeres ya no aguantamos más los manoseos, las agresiones, los abusos. No aceptamos que cuestionen nuestras denuncias, que duden de nuestra versión frente a esa otra que siempre existe, en la que nosotras somos las embusteras, las farsantes, las ignorantes, las exageradas o cargantes.

No toleraremos ni un día más esa falsa moral que nos exige encarnar al mismo tiempo la virtud y el vicio. Que nos ensalza y nos destroza. Que no mira por nosotras, sino a través de nosotras, sin vernos en realidad. No necesitamos más favores. Ni piropos, ni protección. Queremos derechos. Todos los derechos. Ni uno más que el resto de la Humanidad, pero tampoco ni uno menos.

Sobre todo el derecho a vivir. Sin verdugos, sin machismo criminal que nos extermina, una a una, día a día, cuando ve que sacamos los pies del plato y queremos bajar del pedestal en que nos colocan para adorarnos y explotarnos.

El 8 de Marzo vamos a salir a la Huelga, vamos a tomar las calles. Con alegría, con dignidad, con convencimiento, con mucho orgullo. Porque no vamos a pisar a nadie sino a dejar nuestra huella. Vamos a gritar, a cantar, a bailar y a dejar de trabajar. En todos los espacios y en todas nuestras tareas. Las visibles y las invisibles. Las que se pagan con salarios y las que hacemos sin retribución. Queremos hacernos ver. Queremos dejar de ser ignoradas, ninguneadas, olvidadas, penalizadas.

Nosotras, las mujeres, estamos hartas. Ni un día más. Ni una menos. Por nuestras hijas y nuestras nietas. Por las que, antes de nosotras, salieron a las calles y arrancaron el derecho a vivir, a trabajar, a votar. Para proclamar que si las mujeres paran, el mundo para, porque somos nosotras las que movemos el mundo.

LAS NÓMINAS DE LAS MUJERES

Que no se puede, que está prohibido, que no es legal. Que es imposible, fruto de la exageración de las mentes calenturientas de algunas mujeres que ven agravios donde no los hay. Que algunas se creen que estamos en el siglo pasado, el de las sufragistas que se encadenaban para reclamar el derecho el voto.  Y no se dan cuenta de que la igualdad es una realidad, y a día de hoy a las mujeres no les respira nadie porque bastante empoderadas que andan ellas como para intentar timarles. Y más en el salario, que está la cosa como para regalar un euro a la patronal, con sueldos que son más una condena que una retribución, porque lo que único que permiten es una vida con muy pocas alegrías.BRECHA SALARIAL

Día de la igualdad salarial, y se repiten los datos que insisten en que la sociedad  tolera un enorme agujero negro, fuente esencial de discriminaciones y desigualdad que es la  brecha salarial. Furtiva a veces,  evidente otras, eficaz para conseguir  que el  trabajo de las mujeres,  siendo de  igual valor que el realizado por los hombres, no sea pagado con el mismo precio.

Es un hecho fuera de toda discusión. En España, más de 7 millones de mujeres cobran casi 6.000 euros menos de media al año que los hombres, lo que hace, mira por dónde,  que  las empresas se ahorren cerca de 42.000 millones de euros anuales

La diferencia es superior en el sector privado (28.46%) que en el público donde “sólo” es del 10.93% pero existe también en  las  Administraciones, por muy equitativas que pretendan ser. Con todo, las mayores diferencias salariales las sufren las mujeres del sector de actividades administrativas y  financieras que perciben de media unos 10.431 euros /año menos que los hombres. Especial castigo reciben las  mujeres que siguen trabajando superados los 65 años  que cobran casi un 50% menos de lo que cobran los hombres,  y no será porque no les haga falta.

Lo que hay que entender en todo caso, es que la diferencia salarial no viene recogida en convenio de forma transparente y escandalosa sino que es resultado de un cómputo global, del promedio salarial de todas las mujeres cuya realidad salarial se analiza.

Porque no es el salario base sino en los complementos (festividad, turnicidad, nocturnidad…) donde las mujeres pierden por goleada. A veces porque sus extensas obligaciones familiares no les permiten -ni pensarlo- trabajar en domingo o en turno de noche. También porque sus nóminas se reducen con frecuencia a cuenta de las reducciones de jornada, por ejemplo, que se toman ellas en el 95% de los casos para atender a menores y dependientes.

Además existe una tendencia generalizada  y contrastada a otorgar un valor inferior a los trabajos desempeñados por mujeres. Véase por ejemplo  ese hotel de Tenerife, condenado recientemente por el TSJ de Canarias, porque  clamaba al cielo que las camareras de piso (mujeres)  tuviesen un plus de productividad de 139 euros frente al de los camareros de sala (hombres) a los que se les asignaba una cuantía de 640. Y eso que pertenecen al mismo nivel profesional y tienen igual salario base.

Rajoy con su elocuente oratoria y sentido de la oportunidad manifestó hace pocos días su preocupación por el tema: ninguna. Va a tener algún dolor de cabeza porque con motivo del 8 de Marzo, le están preparando una huelga de las que hacen época para exigir una Ley de Igualdad salarial que no sea de cumplimiento opcional sino que venga reforzada por mecanismos fiscalizadores y sancionadores. Eso para empezar. Le conviene hacer provisión de analgésicos.

LOVE STORY

En su nombre se cometen tropelías y crueldades. Se le cita para justificar verdaderos horrores que se ejecutan sin que el pulso tiemble, porque todo está permitido en su nombre. Tantos trágicos destinos escritos siempre en femenino… Ellas mueren a menudo, o son asesinadas, pequeña gran diferencia, porque otros así lo deciden. Ellos, suelen quedar vivos aunque, a veces, algo melancólicos. san valentin

Es el amor. El amor romántico, el que todo lo puede. El que convierte a la bestia en bella, a la prostituta en dama, a los celos en prueba de amor, en lugar de inequívoca señal de desconfianza. Esa invención que pretende convencernos de su omnipotencia, de su poder para conseguirlo todo, hasta resucitar a quien duerme un sueño letal, véase Blancanieves, con un beso que nadie ha pedido.

Es el amor romántico que nos condena a pasar la vida en busca de una media naranja que será difícil encontrar entre los 7000 millones de personas que pueblan el planeta, a menos que tengamos la enorme suerte de que viva a una distancia que permita el encuentro.

El amor romántico, esa patraña que nos venden sobre todo a las mujeres, desde bien jóvenes para condicionar nuestras expectativas de futuro. Que hace de nuestro cuerpo, la tarjeta de presentación que nos permitirá

competir en el mercado para alcanzar el premio deseado. Es irrelevante que falsee la realidad, obviando las miserias y conflictos inherentes al ser humano, cuya superación nos hace mejores personas aunque haya que aprender a afrontarlas desde el respeto y la honestidad. El amor romántico idiotiza e incapacita para resolver crisis de convivencia y a veces de supervivencia.

Para el cursi Cupido solo es aceptable un modelo, el de la pareja heterosexual, ambos altos, blancos, sanos, bellos y con blancas dentaduras. La construcción cultural del amor romántico se empeña en hacernos coincidir con ese patrón, con esa ficción que casi nunca existe en la realidad. Igualmente nos impone como condición necesaria para que el amor sea amor, y no un sucedáneo, que sea eterno, que dure para siempre, durante los siglos de los siglos, amén. Como una condena de obligado cumplimiento ante la que no valen indultos, ni renuncias.

Por eso hay mujeres que se aferran con desesperación a relaciones ya finiquitadas que sólo producen dolor y una insoportable sensación de fracaso. En ese concepto casposo y extendido del amor, se sustentan muchas relaciones que no tienen nada de amorosas, sino que se basan en el dominio o la sumisión, sobre todo entre la gente más joven, pero no sólo entre ellos.

Esta semana han celebrado el Día de San Valentín. No tendría mayor trascendencia, si sólo fuera un evento comercial más para que pastelerías y demás comercios incentivaran el consumo

Pero es una grave amenaza cuando se acompaña de toda una avalancha de mensajes letales En Love Story, la película romántica por excelencia, aunque algo prehistórica, se decía aquello de “Amar es no decir nunca lo siento”, lo cual es todas luces una inmensa estupidez . En Pretty Woman, otro gran exponente, más reciente, se consigue que la sonrisa de Julia Roberts y los ojillos de Gere te hagan olvidar la sórdida historia que cuentan sobre una prostituta y su cliente que tiene ciertamente un final feliz, completamente absurdo y diferente del usual.

Hacen falta campañas que afirmen que el amor no es renuncia, ni sacrificio, ni dolor. Que no aprieta, ni asfixia, ni mata. Que a veces huele a flores, pero a veces a estiércol. Y sobre todo, que el más importante, sin duda alguna, es el amor propio que nos hará dueñas de nuestras vidas.

UNA ANGUSTIOSA OPERACIÓN

La mutilación genital femenina es una angustiosa operación que se práctica a las niñas en diversas partes del mundo, incluida España.

Consiste en la mutilación de forma intencional y por motivos no médicos de los órganos genitales femeninos. Dicho con todas las letras, consiste en rebanarle el clítoris a las mujeres en una operación que es de todo menos segura, que se practica sin anestesia de ningún tipo y en muy cuestionables condiciones de asepsia. Para realizarla se utilizan cuchillas u otros instrumentos cortantes y como consecuencia se producen importantes complicaciones como hemorragias, infecciones, tétanos y quedan secuelas permanentes como infecciones crónicas, infertilidad o graves dificultades en embarazo y parto. Sin hablar del trauma psicológico que puede causar a una cría de menos de 14 años pasar por esta trance, que dejaría gravemente dañada a una mujer hecha y derecha. Su finalidad es evitar que puedan sentir placer sexual, con la finalidad de que pueda llegar virgen al matrimonio, puesto que, si no es de ese modo, la mujer puede ser rechazada. También se realiza para evitar la supuesta promiscuidad de la mujer y asegurar que solamente tenga hijos con el marido. Como se ve razones muy coherentes para quien ve a las mujeres como una propiedad que debe ostentar la marca del amo y ser protegida ante usos ajenos indebidos.

ablacionDesde el de punto de vista, civilizado y propio de una sociedad cómoda y garantista es un acto salvaje que no admite ningún tipo de justificación. Para las culturas donde se practica, es un trámite imprescindible, un requisito básico exigido eso sí, solo a las mujeres, como ritual de pureza e iniciación para la vida adulta.

No es un tema nada agradable ni satisfactorio. Más bien de los que es mejor desconocer o dejar enterrado en el cajón de las cosas que nos desagradan profundamente. Pero resulta que es una práctica extendida en 28 países del mundo, que sufren cerca de 200 millones de mujeres, según UNICEF.

Y sucede que en España hay casi 19.000 niñas candidatas a tan terrible tratamiento, porque aunque residen en nuestro país , son originarias de países donde está practica tienen gran arraigo como Etiopía, Senegal, Sierra Leona, Mali, Gambia y Guinea. Hace poco se conoció el caso de cuatro niñas residentes en el País Vasco a

las que sus padres sometieron a una ablación del clítoris aprovechando un viaje a Mali, su lugar de origen. Y como ellas, muchas.

La Generalitat Valenciana se hace responsable, y con razón, de impedir que casi 1300 niñas menores de 15 años que comparten colegio o guardería con nuestras hijas, sufran tan tremenda experiencia. Para evitarlo se han suscrito protocolos y se realizan campañas de información y sensibilización a las familias porque aunque los riesgos de la “intervención” son evidentes, el deseo de las propias madres de dar a sus hijas todas las posibilidades de subsistencia y progreso social es una poderosa motivación contra la que es difícil luchar. Por eso las ONGs especializadas fomentan más que la represión policíaca, la información y la sensibilización, que es la que permitirá erradicar el origen de la cuestión.

Esta es la causa de la celebración en la semana próxima del Día Internacional de Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina. Porque es, por si alguien tiene duda, una clarísima violación de los derechos humanos, además de una evidente manifestación de la violencia machista que ha de contar con la condena explícita y contundente de la ciudadanía y las instituciones.

Tres millones de niñas, desde lactantes hasta preadolescentes en peligro, son más que suficientes razones para seguir luchando por la igualdad

BATAS BLANCAS

Uno   piensa en una mujer con bata blanca e intenta asignarle una profesión e inmediatamente piensa en una cocinera, limpiadora o enfermera. Casi nunca identificara a la mujer con lo que podría ser, y de hecho es, en muchos casos: científica.

Porque haberlas , haylas, pero lo tienen difícil en un mundo donde la ciencia es patrimonio de los varones porque ellas están dotadas de otras cualidades y talentos pero no tienen lo que hay que tener para un campo tan relevante y exigente como la ciencia. O eso creen algunos.mujeres y ciencia

Lo cierto es que un estudio reciente de la revista Sciencie concluía que a partir de los 6 años las niñas comienzan a percibir y condicionar su conducta con  estereotipos sexuales que las avasallan e insisten en que la ciencia no es lo suyo.

La cosa viene de lejos. En 1871 a cuenta de las teorías de Darwin, el de la evolución de la especie, se afirmaba con convencimiento y sin rubor que las mujeres eran una versión menos evolucionada del hombre, como probaba el hecho de que su cráneo fuera de menor tamaño.

Durante mucho tiempo, las cualidades que tan graciosamente nos asignaban a las mujeres implicaban también negarnos la capacidad y el talento como para destacar en ámbitos de enorme relevancia para el progreso de la Humanidad, como es el de la ciencia.

Y no sólo como protagonistas de dicha actividad, sino también como objeto de ella. Es decir, las mujeres científicas no existían porque eran una realidad antinatural, pero la ciencia tampoco apreciaba las evidentes diferencias entre mujeres y hombres a la hora de investigar y llegar a conclusiones, lo que a veces nos causaba muchos problemas.

Hagan el experimento de buscar en su memoria el nombre de una científica, y muy posiblemente el único nombre que les venga a la memoria será el de Marie Curie, dos veces ganadora del Nobel, pero mujer solitaria donde las haya en el Olimpo de las científicas reconocidas.

Y sin embargo hay la tira.

Hipatia de Alejandría fue la primera mujer en realizar una contribución sustancial al desarrollo de las matemáticas. Fue una verdadera precursora y hasta una mártir como mujer de ciencias lo que le ha dado cierta fama, con película incluida.

También se cargaron a Jane Goodall, que realizó  profundas y fructíferas investigaciones científicas sobre el comportamiento de los chimpancés. Barbara McClintock destacó en el campo de la genética y recibió el Nobel aunque un poco tarde, 30 años después de su descubrimiento.

Ada Lovelace fue la primera científica de la computación de la historia, la primera programadora del mundo y Susan Jocelyn Burnell  la astrofísica británica que descubrió la primera radioseñal de un púlsar, que la mayoría no sabemos lo que es,  pero que constituyo sin duda ungran avance.

A esta última no le dieron ningún premio, pero a su tutor sí,  repitiéndose así un caso frecuente que es el de las mujeres que trabajan para que otros se lleven el mérito.

Eso le pasó a una tal María Winkelmann que descubrió el  primer cometa, aunque  le robó el triunfo su marido, como el mismo reconoció 8 años después cuando ya a nadie interesaba. A la mujer de Einstein,  Mileva Maric, no la conoce casi nadie a pesar de que fue una brillante matemática que le procuró a su famoso marido la base  sobre la que se sustentan sus teorías.

Al final, las cuentas salen y el premio Nobel en el ámbito científico ha sido recibido por 572 hombres frente a 18 mujeres en todos sus años de existencia. Demasiado disparidad como para no evidenciar que hay algún factor que descompensa la balanza.

A la hora de definir el ámbito de investigación se produce también una curiosa limitación, que implica la exclusión de las mujeres como objeto de investigación. Por eso la medicina aplica a las mujeres, investigaciones realizadas en hombres, incluso aunque los resultados para ellas en el diagnóstico, la prevención y el tratamiento no se hayan estudiado de manera adecuada. Y es que durante años, las mujeres estuvieron sistemáticamente excluidas de los ensayos clínicos para nuevos medicamentos. De hecho,  hasta 1988, los ensayos de la agencia estatal de EEUU solo incluían a hombres, por lo que se desconocía si tendrían efectos adversos desconocidos en ellas.

Por todo ello, se celebra el Día de las mujeres científicas y proliferan actos y charlas sobre el tema. Acudan a alguna si pueden. Infórmense. Siempre es un error y una injusticia  la tendencia a excluir a las mujeres. Y en el campo de la ciencia y el conocimiento, como protagonistas y como objeto de investigación, también.

CUÁNTO?

 Todavía no ha pasado el suficiente tiempo como para olvidar el 19J. Fue aquel día de Junio de 2017 en el que los Ayuntamientos del país se llenaron de la energía y la rabia, de muchas personas que respondieron al llamamiento que la plataforma Alerta Feminista había realizado. Un llamamiento que pretendía reclamar al Gobierno la inclusión de 120 míseros millones de euros en los Presupuestos del Estado de inminente aprobación porque eran la cantidad cifrada por las asociaciones de mujeres para ser coherentes con las promesas realizadas.  Ni-una-menos (1)

Se argumentó entonces que los presupuestos eran la piedra de toque que marcaba la diferencia entre quienes vierten lágrimas de cocodrilo y quienes honestamente están dispuestos a hacer todo lo que esté en sus manos para frenar la violencia machista. Ese monstruo causante de inmenso dolor, impune e inmune a discursos y condenas simbólicas que al mismo tiempo que mata, va deslizando el veneno de sus ideas en la sociedad.

Ocuparon los Ayuntamientos quienes habían alcanzado un punto de rabia e indignación desde el que sólo aceptaban recursos y ni un solo discurso más .De los que se pagan con dinero . De los que son prosaicamente materiales, pero sirven para pagar a profesionales que apoyen la supervivencia de las mujeres o para dar de comer a las criaturas que se han librado por los pelos de un padre maltratador.

Recientemente las mismas mujeres que lanzaron esa primera convocatoria se han movilizado para solicitar cierta información a los Ayuntamientos propiamente dichos. Que es cierto que funcionan asfixiados por ese Ministro con cara de Simpson, que utiliza su poder sobre la caja del dinero para imponer su mezquina forma de hacer política. Pero que, con todo, son dueños de sus decisiones políticas que reflejan a la perfección sus prioridades.

La campaña, denominada “Hay que pagar el precio de la vida de las mujeres” que lanza Alerta Feminista y en Xàtiva ha sido secundada por XATEBA, pretende averiguar la parte del presupuesto municipal que se destina a la lucha por la igualdad y contra la violencia. Reforzar la idea de que un

Ayuntamiento es muy dueño de decidir un reparto donde las partidas para la igualdad sean testimoniales o sean superiores incluso a lo que marca lo políticamente correcto. Aunque sea un tema que siempre trae polémicas poco convenientes y resulte poco atractivo porque no parece tener solución a corto plazo.

No se trata de fiscalizar desde el descaro o la soberbia. Las mujeres que luchan contra la violencia saben perfectamente que han de buscar alianzas y complicidades y no lo contrario. Quizás pueda parecer que es una forma de presión, de intromisión. Y en realidad, así podría entenderse por quienes entienden que la ciudadanía y las mujeres están más guapas calladas dejando hacer a quienes saben y velan por nuestra bienestar, siempre por nosotras pero sin nosotras. Pero el movimiento de las mujeres ya superó esa fase de la tutela y ha asumido dos verdades indiscutibles: que nadie hablará por ellas, mejor que ellas y que si la vida de las mujeres tiene precio hay que exigir el pago íntegro y rápido.

El Gobierno aprobó un Pacto de Estado contra la violencia al que dijo dotar de 1000 millones de euros, redonda cantidad que quedaba genial en los titulares. A día de hoy, todavía no ha consignado ni un solo euro a la aplicación de ninguna de las medidas propuestas. Calificar esta conducta requiere adjetivos poco adecuados para la expresión pública.. pero no lo duden, aunque quizás no los oigan todavía, están retumbando tambores de guerra que no le auguran nada bueno.

NO HAY JUGUETES SEXISTAS

No hay juguetes sexistas, sino gente adulta empeñada en decirles a las niñas y a los niños cómo y con qué han de jugar.  O folletos comerciales que parecen libros de instrucciones donde se prescribe a cada menor, según el sexo con el que haya venido al mundo,  el juguete que le conviene, prohibiendo terminantemente disfrutar con el  que no corresponda.

Tiene que ser terrible, si es que tenemos capacidad de imaginarlo, ser varón, pequeñito pero con personalidad,  y tener una extremada afición a jugar con muñecas o a pintarse las uñas de mil colores. Agobiante es,  a edades en que  la elección de colores  es tan importante,  ser fan del color rosa y sentirse literalmente enterrado bajo el azul celeste que conviene a los chicos. O ser niñita con pasión por tocar  la batería, y no la de cocina.  Porque nadie respeta esas preferencias que son tratadas como una amenaza para el triunfo social y personal de la inocente criatura.

 

Somos tan reiterativos  los adultos en nuestros errores y prejuicios…Nos repiten continuamente, y lo olvidamos con toda facilidad,   que el juego forja a las criaturas, que les enseña su lugar en el mundo, que les hace apreciar sus capacidades y talentos…Sabemos que machacar al machismo implica la no imposición de roles y estereotipos que empiezan por los colores, siguen con las aficiones y acaban con las profesiones. Tu, piloto. Ella, enfermera.

Pero nos empeñamos en olvidar que no son cuestiones menores, ni banales porque la niña a la que se educa para ser princesa, tendrá menos defensas ante quien quiera encerrarla en una jaula de oro. O el chiquitín al que se le haga creer que los hombres siempre  mandan y logran lo que quieren, porque son fuertes y triunfadores,  acabará creyendo que las niñas  no tienen derecho a disfrutar de la vida y los derechos que a él sí que están destinados.

Exigimos educación en igualdad con pasión y reiteración. Y luego olvidamos rápidamente que las criaturas no viven en una burbuja  sino en sociedad, educados por  la tribu, que es quien envía  mensajes machacones que conforman nuestra forma de ser y de relacionarnos. Por eso deberíamos  aprovechar el juego y la cultura del regalo para  educar en los  valores que defendemos a muerte ante cada víctima de la violencia machista. Sin imponer juegos, ni  prohibir a nadie la libre expresión de sus preferencias, sino al contrario, neutralizando esas miradas maliciosas que, a veces,  reciben las criaturas que juegan a lo que les da la gana, sin que les importe en absoluto llevar bragas o calzoncillos.

Es lo mismo que  sucede con las palabras, con el lenguaje que utilizamos. Nos resultan pesadas, a veces insufribles,  esas maníacas  que insisten, persisten y nunca desisten de exigir un lenguaje igualitario que nombre a las mujeres. Esas,  que parecen obsesionadas  con ese masculino lingüístico que les quita el sueño, cuando en realidad (se dice uno)   siempre hemos hablado así. Y no se quiere ver que contra el machismo solo funciona la igualdad. Una igualdad por la que se ha de apostar de forma permanente, sin que valgan excepciones o renuncias. Que se ignora especialmente a la hora de hablar, porque hablando construimos la  realidad, y si en ésta no tienen cabida las mujeres, malamente podrán ser reconocidas como seres humanos de iguales derechos.

SIN PERDÓN

Si su hija saliera en los papeles porque un malnacido la asesinó a cualquiera le herviría la sangre y sentiría una pena tan grande como su deseo de haber hecho lo posible para evitar su muerte.

Si un hombre le quitara la vida a su hermana, a su madre o a su amiga, habría muchas preguntas que hacer, la mayoría de las cuales no tendrían respuesta. Pero sobre todo se preguntaría sobre los porqués, sobre las razones por las que, a pesar de los avisos o de la ausencia de ellos, nadie vio nada, ni dijo nada, ni siquiera usted que tanto la quería.

Si se mira a la cara a las criaturas que han quedado huérfanas, casi 200 en los últimos cinco años por culpa de la violencia machista el corazón se encoge y se dispara la rabia pensando que han sido tragedias anunciadas que no se supieron evitar.

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La violencia machista no es una canción de moda. Ni siquiera es una canción. Es un responso que se canta a las mujeres cuando se las mata por el hecho de serlo. Cuyas causas se siembran desde la niñez, con estereotipos y prejuicios en apariencia inofensivos. Que se cultivan en la adolescencia cuando se asfixia a las jóvenes con corsés estéticos y sólo se les proponen a ellos modelos masculinos duros e insensibles. Se instala en la madurez, cuando se asume tranquilamente que las mujeres están hechas de otra pasta. Una pasta diferente y de menor calidad, que les asigna menos derechos y les arrebata el privilegio básico de elegir la vida que quieren vivir. Y aunque muy pocos defiendan a gritos la íntima creencia de que las mujeres sean seres de inferior categoría, necesitados de tutela, susceptibles de control y carentes de poder, lo cierto es que muchos comportamientos responden de hecho a esa idea. Véase algunos juicios y comentarios en relación al proceso de Pamplona contra esos cinco individuos que armados de drogas y de malas intenciones fueron de caza hace tres años convencidos de su derecho a agredir a la mujer que eligieran.

La violencia machista se produce porque es necesaria. Sirve para mantener e imponer ese asimétrico status de las mujeres. Es cierto que hay más muchas más personas que la rechazan frente a quienes la ejercen. Pero a éstas las ayuda un cierto sentimiento de resignación e impotencia, a veces hasta de incredulidad, que impide compartir la urgencia de protegerlas para que sobrevivan. Y en ese limbo de apatía e indolencia, los agresores se enrocan en sus miserables razones y sienten impunes para lastimar a las mujeres.

Por eso, la actuación contundente y explícita de toda la sociedad es imprescindible para desmontar los barrotes que encarcelan a las mujeres y las dejan a merced de sus verdugos. Si las mujeres acaban en ese encierro vital es porque nadie les abrió los ojos, les hizo ver las señales y las advirtió del triste final anunciado de esa relación. Si no huyen, es porque tienen miedo, se sienten solas y a veces tienen criaturas a las que no abandonarían nunca. Un apoyo simbólico no es garantía de que superar el miedo no tendrá un precio demasiado alto. Si acaban muertas, es porque no son suficientes los procedimientos y mecanismos que deberían garantizar su supervivencia. Y ese error, es una tragedia social que no debería tener perdón.

Si no hay perdón para los agresores, tampoco lo debería haber para las complicidades pasivas ni para un sistema que no remedia con diligencia sus carencias, porque por esos agujeros se escapa la vida de las mujeres.

SOBRE ACUERDOS NECESARIOS Y MEJORABLES.

A día de hoy, están sobre la mesa  dos acuerdos importantes que recogen medidas contra la violencia machista. Uno es el Pacto Estatal contra la violencia de género, que está en fase de consultas con CCAA , Ayuntamientos y sociedad civil, en base a las 213 medidas propuestas por la Subcomisión de Igualdad del Congreso de los Diputados tras 11 meses de trabajo y 66 comparecencias donde han sido oídas personas y entidades expertas.

El otro es el Pacto valenciano contra la violencia machista y de género suscrito el 18 de Septiembre por 63 entidades, asociaciones y responsables que abarcan desde la patronal y Sindicatos,  a los Colegios profesionales implicados, pasando por los Ayuntamientos, Cuerpos de Seguridad , asociaciones de mujeres y , es evidente, la propia Administración valenciana.

SUMATE

Son dos acuerdos de diferente índole, ya que el primero es un compromiso político que el Gobierno del Estado  piensa adoptar y el segundo, es un acuerdo social entre las diferentes agentes implicados, en el que la Administración valenciana ha actuado como elemento dinamizador aunque también ha suscrito compromisos de gran envergadura.

Habría que resaltar en primer lugar que la existencia de ambos acuerdos no es casual. Responde, entre otros factores,  a la presión en las calle de las mujeres y  de sus asociaciones que tras años de lucha sorda y constante para visualizar y conseguir complicidades sociales, dieron un paso cualitativo de gran importancia concentrando sus demandas en un Pacto de estado que integrara una serie de medidas, imprescindibles y evidentes para  interrumpir la sangrienta lista de mujeres asesinadas mes tras mes.

Por eso razón se convocaron y realizaron movilizaciones de gran alcance, como el 7N que ocupó las calles de Madrid con gente llegada de todos los puntos del Estado y que tuvo como reivindicación central el Pacto de Estado que ahora está a punto de concluirse. Otras convocatorias, como el 19J ocupando más de 150 Ayuntamientos para exigir un incremente de la dotación presupuestaria para la lucha contra la violencia de género, fueron también señal inequívoca de que las mujeres y sus asociaciones no estaban dispuestas a la resignación y la paciencia. Porque ya se había superado con creces la etapa de minutos de silencio y dolientes concentraciones y había llegado la hora de exigir soluciones, medidas operativas y consensuadas, ajenas al mercadeo político  y dotadas de consignación presupuestaria. Medidas, en resumen  que fueran capaces de dar solución y no compasión.

Ahora las mismas asociaciones y en general toda la ciudadanía que mostró su rechazo y su exigencia de soluciones, tiene un doble desafío. Por un lado, desde la responsabilidad y el compromiso  ha de conocer y evaluar ambos acuerdos para llegar a conclusiones justificadas sobre su validez y efectividad.  Esta es la razón que fundamenta la Jornada que Alerta Feminista ha organizado el 4 de Noviembre en Valencia, centrada en la explicación y valoración colectiva de ambos acuerdos.

Por otro lado,  más allá de reivindicar las mejoras que considere,  ha de mantener la presión y la fiscalización que garantice la aplicación del conjunto de medidas estipuladas.

No sería en absoluto extraño que tras el momento de gloria que supone la publicitación del Pacto, del avance que sus medidas suponen, se produjera desde los ámbitos de poder, un gran silencio, un gran vacío que diera lugar a  una interminable demora en su aplicación. Cierto es que nunca es aconsejable la precipitación y que los tiempos de la Administración son lentos y parsimoniosos. Pero también es cierto que no se luchado tanto, ni recibido tan buenas palabras como para consentir ahora que las medidas acordadas no tengan más realidad que el papel en que fueron escritas.

El Pacto Estatal ya presenta de entrada un interrogante preocupante en lo que se refiere a su financiación.  Porque si bien se presentó en sociedad, alardeando de su financiación, nada menos que mil millones de euros en 5 años, lo cierto es que en 2018, primer año de aplicación del Plan, no parece que se vayan a dar los pasos necesarios para hacer realidad dicha promesa. Siendo previsible la prórroga de los Presupuestos  del 2017 , se requeriría una modificación presupuestaria para hacerla realidad. Y no hay señales, ni movimiento en este sentido.

Por ello, y en general, como procedimiento habitual si se aspira no sólo a la denuncia sino a la transformación de una realidad incompetente y pasiva que ya resulta insoportable, hace falta un marcaje riguroso, una vigilancia extrema para que lleguen a buen término las medidas propuestas  en los plazos fijados y con los procedimientos necesarios.

Salimos a la calle el 7N en demanda de un Pacto útil y eficaz,  hartas de mentiras, de dilaciones, de promesas incumplidas. Igualmente el 19 J y también,  muchos más días en que ha habido concentraciones en multitud de localidades para leer desde la rabia y la indignación  nombres de mujeres y criaturas que ya no están. El proceso para la elaboración de estos Acuerdos ha sido largo y doloroso porque cualquier plazo es demasiado largo para ofrecer esperanza a quienes continúan sin ver que se adoptan  medidas  con las garantías suficientes  para   poner a salvo sus vidas.

No es posible pues la decepción, ni el incumplimiento.  Por eso, más que nunca y como siempre,  es necesaria la presión ciudadana de las mujeres y sus asociaciones. Más que nunca hay que apostar por la vida. Por una vida digna  para todas las mujeres. Porque no hemos nacido mujeres para que nos maten por serlo.