Categoría: SOY MUJER

EN LA COLA DEL PAN

Este viernes pasado mataron a una vecina. Se llamaba Josefa Cuquerella, y tenía 75 años. Xàtiva es un pueblo grande o una ciudad pequeña, según se mire, así que es probable que mucha gente  la conociera de vista o de referencias. La cercanía hace que mucha gente reaccione con especial virulencia y congoja ante un nuevo asesinato machista, pero también que la esencia del suceso -una  mujer asesinada  por su condición de mujer- quede desdibujada  entre consideraciones gratuitas que rozan el comadreo pueblerino.

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Lo verdaderamente importante es el hecho de que la violencia sobre las mujeres, el monstruo  contra el  que se pelea día a día y desde hace tiempo en esta ciudad,  se ha manifestado en su forma más brutal muy cerca, casi en la calle de al lado.

Por eso, como debe ser, se convocó con toda celeridad, una concentración ante el Ayuntamiento, que durante cuatro minutos manifestó de forma  palpable el rechazo institucional y ciudadano ante un hecho tan repugnante.  Dado que el supuesto culpable ha sido detenido y ya está a disposición del juez, podría  parecer que  del triste  asunto, poco queda por decir. En breve, Josefa  quedará doblemente  enterrada  bajo una actualidad palpitante que pronto hará que de  su nombre y su terrible muerte no se acuerde ni dios. No es nada personal, es que son tantas…

Este año, del que no han pasado ni dos meses,  ya hay 12  nombres en esa lista de la vergüenza, contando a esa criatura de apenas un año,  a la  que mató  su padre tirándose con ella  por la ventana para, como dejó dicho, darle  a la madre donde más le pudiera doler. O esa niña de 14 años, que junto a su madre, fue acuchillada hasta la muerte. Es, desde luego,  verdaderamente escandaloso. Cualquier persona decente se lleva las manos a la cabeza y protesta  en la cola del pan, o en la barra del bar poseída de una legítima indignación. O maldice a quienes así  actúan. Y la mayoría lamenta sinceramente tantas muertes evitables.

Pero lo malo es que no es suficiente. No lo ha sido nunca, ni lo es ahora.  Las concentraciones en silencio lanzan un mensaje de rechazo que, indiscutiblemente,  precisa de una mayor concreción para dejar de ser un símbolo, positivo pero insuficiente.

Hace un año, el 7N, Madrid se llenó con una multitud cabreada que exigió que quienes pueden hacerlo, hicieran de una puñetera vez lo que tenían que hacer. Ese Pacto de Estado, ese  acuerdo que, por encima de cualquier otro interés, asignara a la lucha contra la violencia de género  los recursos necesarios. No vamos a volver todas las semanas. No se puede. Pero lo cierto es que no ha habido mucho éxito, para que engañarse. Con un panorama político tan animado como el que tenemos, las prioridades bailan a ritmo de samba, y lo que hoy es una urgencia, mañana es un marrón, que nadie quiere comerse. Y perdonen el cinismo, porque siempre hay honrosas excepciones, pero son los resultados los que cantan.

Tampoco contribuyen ciertas conductas individuales que son aparentemente inocuas, pero dan de comer al monstruo.  El lenguaje que no respeta a las mujeres, el desprecio al  valor de su trabajo, la indiferencia hacia conductas insultantes, la tolerancia ante abusos bien reconocibles..…. todo ayuda, alimentando prejuicios y estereotipos. Por eso,  las mujeres y  hombres, esos “nadies” que en realidad son el todo,  son también quienes en la barra del bar o en la cola del pan, pueden obligar al monstruo de la violencia machista a que cierre su asquerosa boca y deje de matar  a las mujeres.

Tan sencillo como ir en bicicleta, haciendo que ambas ruedas vayan en la misma dirección.

 

 

 

 

SI EL AMOR APRIETA, NO ES TU TALLA

Si con la Navidad sufrimos una epidemia de “Santas Klaus” obesos y renos de ojos saltones, en  San Valentín, que ya está al caer, nos entierran bajo una  avalancha  de corazones, mayormente rojos en un alarde de realismo, traspasados por una flecha y acompañados de una leyenda que con más o menos cursilería, alaba el amor y sus derivados.

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Fue  San Valentín, un hombre valiente que se enfrentó al Emperador romano de turno, que desaprobaba el  Cristianismo tanto como el matrimonio porque consideraba que desmotivaba a los hombres para unirse a sus ejércitos. Así que, ante el empeño del obispo  Valentín en seguir matrimoniando al personal, mandó  ejecutarlo en tres actos,  dice la leyenda,   para más recochineo: paliza, lapidación y decapitación final  para rematar, nunca mejor dicho. La exuberancia  creativa para estos menesteres de los emperadores romanos era notable y su inhumanidad recuerda la  de algunos recién nombrados Presidentes estadounidenses.

Lo cierto es que a partir de esta historia,  contada con variantes más o menos creíbles, San Valentín es un icono del amor romántico que reporta pingües beneficios, convenientemente utilizado. También el amor es  un sentimiento que, indecentemente manipulado, ha servido durante siglos para convertir a las mujeres en seres miedicas,  melindrosos e inseguros, dependientes y ansiosos, pasivos y muy a menudo, realmente  desgraciados.

No hay intención de ofender a nadie en sus sentimientos y creencias  más íntimos,  ya que quienes  opinan que el  amor es uno de los sentimientos que ennoblece la existencia del ser humano, tienen toda la razón. El deseo de amor, como el ansia de libertad son pasiones humanas que nos dignifican permitiendo una vida plena y provechosa.

Pero, a veces,   el amor deja de ser un sueño para convertirse en pesadilla, en una herramienta útil para convencer a las mujeres de que han de  besar sin desfallecer  al sapo que les tocó como marido.  Aunque les cause dolor y muerte, porfiando hasta que se convierta en príncipe, como promete  la milonga que les han contado.

El amor romántico es una peligrosa quimera , cantada en  coplas,  baladas, óperas, ahora y siempre en un consenso universal y patriarcal,  para alimentar  la peligrosa idea de que  mujer sin pareja es mujer fracasada, mientras que la emparejada debe estar dispuesta a disolver su propia identidad en la marea azucarada del amor, ofreciéndose, abierta en canal,  a los sacrificios que el amor imponga.

El amor entre iguales es una oportunidad única  porque permite vivir una experiencia extraordinaria basada en el  entendimiento y  el apoyo mutuo, que fomenta el crecimiento y garantiza la felicidad.  Y no tiene nada que ver con ese amor, que Marina Subirats califica como “el opio de las mujeres” que las condena a la dependencia, a la sumisión, a la anulación y la aceptación de la injusticia

Que se lo digan a las ocho  mujeres asesinadas en lo que va de año, que se emparejaron con sus asesinos, convencidas de que eran su príncipe azul, y no su verdugo. Que se lo digan a los más de dos millones de mujeres en este país, que conviven una media de ocho años con sus maltratadores, resignadas, rotas  y desamparadas,   porque nadie les enseñó que el príncipe azul no existe, pero el macho violento, por desgracia, sí.

El amor romántico puede ser causa de una muerte lenta y dolorosa, cruel y anunciada. Quizás no sería mucho pedir que en fechas como ésta, empezara a ser cuestionado en un mensaje social, comercial y mediático, dirigido sobre todo a las  niñas y adolescentes, para convencerlas de que el amor   a sí mismas,  es el primero al que deben aspirar para conseguir la felicidad.

 

EL BICHO VICTORIOSO

El año pasado llegó algo tarde a la Comunidad Valenciana, aunque se sabía que venir, vendría  y más de 30.000 personas intentaron protegerse de su ataque que no tiene piedad, ni da tregua.  En 2017, para compensar, se ha adelantado bastante. Nadie la espera con alegría, pero como los deseos ajenos  le importan bastante poco, ha hecho una entrada triunfal no sólo aquí sino en toda Europa, donde se está llevando por delante,  las previsiones realizadas y los recursos dispuestos para enfrentarse a ella.

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En resumen que si te ha de pillar, por mucho que te claves agujas para inmunizarte, te laves las manos hasta desollarte y comas naranjas a toneladas, la gripe te va a meter en la cama porque suele gana por goleada a una Humanidad que intenta hacerle frente inútilmente.  Esa Humanidad que se cree tan poderosa y  superior,  tan estúpidamente  soberbia que está convencida de ser dueña del planeta y de todos los seres vivientes que hay en él. Pues mira por donde, el virus de la gripe, un bicho pequeñito pero matón, está consiguiendo tumbar a millones de personas en todo el mundo,a las que impide continuar con su vida habitual, provocándoles diversos síntomas, a cual más desagradable, que han de sufrir con paciencia y resignación,  dos cualidades que no abundan demasiado .

En España, el virus de este año se llama, para que puedan maldecirlo con propiedad, H3N2, y es la causa de que  los hospitales de media España están colapsados por esta epidemia, que no es ninguna sorpresa, que tan familiar nos resulta y que nos convierte en seres doloridos, moqueantes, afiebrados  y quejicosos. Una enfermedad conocida, y superable aunque  puede representar un grave riesgo para determinados grupos de población. De hecho son más de 200 los casos considerados graves hasta el momento en el país.

En todo caso, como si algo nos interesa y preocupa es el propio bienestar, la noticia está ocupando portadas de informativos en todos los medios de comunicación,  siempre acompañada de titulares que proclaman la saturación de los servicios hospitalarios. No hay telediario que se precie que no abra con la noticia del frío y la epidemia gripal, de forma absolutamente similar a cuando en verano, el calor es tema de obligado tratamiento lo que no debería tener ninguna lógica a no ser que fuera al revés,  ya saben: 40 grados en Diciembre y llegar a los cero grados  en Agosto. Eso sí que sería un notición.

Sin embargo,  habría que distinguir, como siempre, lo fundamental de lo accesorio, lo inevitable de lo circunstancial y constatar que frente al bicho estamos en clara desventaja porque la derrota es previsible a pesar de los muros preventivos que levantemos. Pero que, por el contrario,  esa imagen vergonzosa a la que se  hace referencia obligada, de pasillos  repletos de gente doliente aparcada  en camillas o sillas de ruedas, es claramente evitable.

Es muy posible, casi se podría asegurar, que si no se hubieran recortado 10.000 millones de euros en el sistema sanitario, eliminado 6000 camas o despedido a más de 25000 trabajadores y trabajadoras de la sanidad, se podría evitar esa parte añadida de sufrimiento a las personas enfermas que supone demorar su tratamiento y no atenderles en las mejores condiciones.

No es más que el precio que el sistema sanitario tuvo que pagar, como la Educación o la Dependencia, a cuenta  de ese astronómico rescate de los bancos que alcanzó los  60.000 millones de euros y fueron pagados sin pestañear  por el anterior y actual Gobierno. Que encima mintió descaradamente  a la ciudadanía sobre la falta de consecuencias de tamaño agujero a las cuentas públicas.

Pues de aquello barros, estos lodos y ahí está la explicación del desastre. Pero como no se puede gobernar con la mirada en el retrovisor y la excusa permanente de la herencia, que de esa canción ya hemos oído muchas versiones,  habría que aprender la lección y tomar las medidas oportunas para paliar los efectos previsibles que se producen cuando medio país se pone enfermo a la vez afectado por una enfermedad como la gripe que se presenta de forma periódica y estacional.

Por eso la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, exige en el Estado pero también en las Comunidades Autónomas que se hacen cargo de la sanidad de la ciudadanía, un Plan de Emergencia que se anticipe, como su nombre indica a emergencias colectivas  que disminuyen la calidad de vida de las personas. Y para eso hay que abordar  las deficiencias que el sistema evidencia , no hoy, ni ayer, sino desde hace ya mucho  tiempo.

En resumidas cuentas, pillar la gripe puede depender de un  estornudo insolidario o de unas manos mal lavadas, pero recibir la atención necesaria, sin tener que acampar durante horas en pasillos desangelados depende de una correcta gestión de los servicios públicos.  Apostemos por la mejor solución.

EL CALVO Y LA ABUELA

El del calvo era el mejor. Sin ninguna duda, el anuncio de la Lotería que protagonizaba aquel calvo tan atractivo, con esa pizca de misterio y magia, era mucho mejor que el de este año con esa abuela que parece la de Heidi, tan edulcorada que no  parece,  ni debiera ser real.

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Las abuelas en ejercicio, las de hoy en día, deberían  negarse por sistema a verse reflejadas en la que publicita la televisión. No es que esa  abuela despistada   y generosa tenga nada de malo. Sólo faltaba. Simplemente es el estereotipo  que representa a  esa generación de mujeres que con enorme mérito se  han dedicado al cuidado de terceros  hasta el final de sus días, tanto en el ámbito privado como en el público. La del anuncio es maestra, como podía haber sido enfermera. Astronauta o monja no, por razones evidentes. Pero generosa hasta la santidad, entregando el premio a su hijo.

Pero el hecho es que hay que superar esa imagen, apolillada y reduccionista,  actualizándola por otra más moderna en la que las abuelas no son sólo  mujeres sumisas, currantes  y serviciales. Mujeres sin vida propia, ni pasada ni presente y mucho menos en clave de futuro. Ancianas vestidas de negro, con toca y medias de lana como Doña Rogelia. Tuteladas por sus hijos, o incluso por sus nietos. Tratadas con cariño, siempre bendecidas y recordadas por su enorme capacidad de trabajo,  aunque más ocasionalmente por sus opiniones o sus decisiones.

Hoy el concepto de abuela ha evolucionado aunque a algunos quizás no les guste. Pero es lo que hay, siendo evidente que las mujeres salimos ganando con el cambio.

Hoy las abuelas saben perfectamente el día en que viven, y no quieren ser protegidas de la verdad con mentiras piadosas porque son muy capaces de afrontarla. No viven para prepararles el colacao a sus nietos mientras que éstos las ignoran mirando en su móvil, sino que  se manejan con el suyo,   adquirido con su propia pasta,  que para eso se han trabajado una  pensión de jubilación, si el PP no consigue hacérsela perder con su irresponsable gestión. Matarían por sus nietos y nietas porque los quieren con todo su corazón y les ofrecen todo su amor a las criaturas y lo reciben, a su vez, como maná del cielo pero les ofrecen además de los cuidados, su experiencia, su sabiduría  y  visión del mundo por si quieren aprovecharla para evitar errores y dolores evitables.

Las abuelas de hoy tienen y exigen sus derechos, y uno de los principales es el derecho a ser tratadas con el respeto que supone decirles siempre la verdad. La del anuncio lo tiene claro, porque deben tener la intención de ingresarla en un asilo para que nunca conozca la terrible mentira que le han endosado. Es la única solución  para evitar que se lleve una decepción mayúscula cuando sepa que se equivocó  de fecha, que nadie la sacó de su error, ya sea por compasión o por cachondeo, -que no se sabe que es peor-,  que todos se conjuraron para mantener el engaño sin que nadie confiara en su madurez, aprovechando para darse un paseo al faro y pagarse unas rondas en el bar.

Quizás  todo se hace con muy buena intención, porque todos los que aparecen en el anuncio tienen cara de buenas personas, aunque puede que eso sólo sea  mérito de un buen casting para elegir los actores. Dicen que de buenas intenciones, está el  infierno lleno y uno de ellos es aquel  en el que viven las mujeres a las que no tratan como personas adultas y responsables.

JUGUETES CON MENSAJE

Como los toros en el momento previo a cruzar el callejón,  valga la metáfora a pesar de la referencia a un tema tan delicado,  estamos ya a punto de empezar la campaña navideña. El Belén ya está en la Alameda instalado con todo su esplendor, inaugurado como toca, publicitado como se debe y destinado a contribuir de forma relevante al futuro económico y turístico de la ciudad. Las luces navideñas se han encendido, causando un grato cambio en una ciudad normalmente fosca, aunque sobre todo en las periferias, que no son precisamente las más beneficiadas de esta momentánea riqueza lumínica. Las grandes superficies  ponen velas a cualesquiera que sean sus dioses  pidiendo avalanchas de compradores compulsivos que les vacíen los stocks y disparen su contabilidad post-navideña. Los pequeños comerciantes también elevan sus plegarias  y confían que el vecindario se acuerde de ellos, de su esfuerzo de todo el año, de su trato personal y humano y acuda a ellos en busca de  ingredientes culinarios, de regalos y de todo aquello que puedan necesitar y que ellos también venden.

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Un producto de enorme demanda, por definición, son los juguetes. La Navidad es  la fiesta donde la gente pequeña aporta una sobredosis de energía positiva que es recompensada con el esfuerzo de la gente adulta en forma de obsequios varios, adquiridos con la mayor ilusión y a veces, con mucho esfuerzo. De hecho, según la consultora TNS para eBay, la media de gasto es de  235 euros, de los que 151 irán destinados a menores. Se estima que el 80% de las criaturas reciben cinco o más regalos durante estas fiestas y que muchas reciben 10 veces más regalos de los que necesitan.

La psicología infantil  recomienda que madres y padres no pretendan demostrar su cariño con objetos, sino con presencia, lo cual parece tan sensato que no debiera hacer falta una carrera universitaria para llegar a esa conclusión. Y hacen también  algunas recomendaciones: regalar algo que tenga utilidad ,siempre un regalo relacionado con la lectura, que no falte algún objeto que sea de necesario uso , y por último, que tengan también ese regalo por el que las criaturas matarían, con el que no han dejado de dar la matraca y que colmará sin duda sus expectativas.

Por otra parte los juguetes son  determinantes a la hora de configurar los valores y el desarrollo de la personalidad de las criaturas. Y por eso tienen pleno sentido las campañas que recomiendan no ser cerriles empeñándose en vincular las niñas a entretenimientos vinculados con el cuidado de bebés, la limpieza del hogar, el baile o el diseño y a ellos con  actividades deportivas, la conducción o la construcción.

La exitosa campaña desarrollada por este Ayuntamiento de rechazo a la violencia machista, el NO es NO, debe conducir a una concepción igualitaria de mujeres y hombres que, a su vez,  implica que desde la infancia, deben educarse huyendo de estereotipos obsoletos. Y eso es, ni más ni menos, lo que hacen los juguetes que, a veces con demasiada ligereza, se regalan en estas fechas.

Si de verdad queremos que las niñas sean mujeres  independientes el mejor juguete es el que fomente sus cualidades para ser aquello que quieran ser: astronautas, ingenieras o amas de casa. Si queremos que los hombres del futuro  sean autónomos  hay que capacitarles para el cuidado propio y ajeno: deben aprender a  cocinar, limpiar y atender a quienes estimen.

Por eso el mejor regalo es el que no envía  ningún mensaje que  clasifique  a las criaturas por su sexo, sino que les abre todas las puertas para que crezcan en libertad.

UN CUENTO DE HADAS PARA EL 25N

Hoy es un buen día para contar un cuento. Pero no precisamente de hadas. Imagínense un país donde el mes de noviembre no tuviera que estar casi monográficamente dedicado a hablar de un tema como el de la violencia sobre las mujeres. Donde, durante este mes, la agenda de la sociedad no tuviera que estar ocupada casi en exclusiva por un tema tan repulsivo y desagradable como la violencia sobre las mujeres. Donde no hubiera que ir el día 25 a concentrarse ante la puerta del ayuntamiento de cada ciudad y pueblo para manifestar el rechazo y la condena de los asesinatos a mujeres.

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Imaginen, como diría el añorado John Lennon, que vivimos en otro momento de la historia de la humanidad y resulta que las mujeres, que siguen conformando la mitad de la humanidad, disfrutan de los mismos derechos y oportunidades que sus compañeros varones (aunque mantienen, afortunadamente, emocionantes y complementarias diferencias biológicas que jamás van acompañadas de ninguna otra que las penalice).

Una sociedad donde cada persona es como quiere ser, donde el respeto es la seña de identidad. Donde no se castiga a quien es diferente. Donde no se impone una forma de ser, vestir o actuar. Ni con quien debe acostarse o cuales han de ser sus preferencias y aficiones. Donde a nadie se le dice lo que debe hacer con su cuerpo y ningún ser humano vende ni compra los cuerpos ajenos.

Donde cada niña que nace tiene el futuro abierto para construirse una vida a base de esfuerzo y voluntad para sacar el mejor partido a su talento, pero sin encontrar obstáculos añadidos y traicioneros. Decidirá sobre la compañía o la soledad que quiera disfrutar, sobre el momento y las circunstancias de su maternidad. Y nadie la juzgará, ni utilizará sus circunstancias personales para vincular su existencia al éxito o al fracaso.
En esa sociedad, las mujeres tienen empleos que les permiten vivir dignamente, acordes con la preparación que han obtenido y las competencias que poseen. Perciben salarios correspondientes al valor del trabajo que realizan, sin ningún tipo de minoración. Y trabajan en aquello que más felicidad les proporciona, porque son las mejores, y se han preparado concienzudamente, sin que haya ningún tipo de asignación de oficios ni exclusión de profesiones.

Las que se lo proponen y demuestran su capacidad, exactamente igual que los varones con los que comparten espacio laboral, obtienen la acreditación necesaria y son jefas, directivas, responsables, gobernadoras, ministras, presidentas. Es totalmente indiferente lo que tienen entre las piernas. Su competencia profesional es más que suficiente para hacerlas ocupar las responsabilidades a las que aspiran.
En esta sociedad hay menores y personas dependientes que precisan cuidados. Y los reciben, de forma inmejorable con la implicación de toda la sociedad, que dispone los recursos necesarios. Hay ayudas, personal cualificado, instalaciones, servicios para garantizar una atención más que suficiente que se aborda como responsabilidad de la sociedad en su conjunto.

En este cuento, las mujeres mueren por las mismas causas que los hombres. Por enfermedades incurables, accidentes€ pero ha desaparecido de las estadísticas el asesinato de las mujeres, como síntoma de una sociedad desigual y discriminatoria que ahora sólo es un recuerdo bochornoso.
Imaginen, que decía John Lennon y lo que es más importante, trabajen por conseguirlo

GUERRA SIN CUARTEL

Caen como moscas, pero no son una especie protegida. Son las mujeres, la mitad de la Humanidad, sometida a un ataque sistemático que no es casual, ni ocasional. Es una guerra sin cuartel pero no entre las mujeres y los hombres, a pesar de los esfuerzos interesados de algunos en falsear el conflicto y confundir sus causas. En realidad, el desafío está planteado entre quienes creen que todos los seres humanos son iguales y los que piensan, aunque sea en el rincón más profundo de su alma oscura, que las mujeres son ese desecho salido de la costilla de Adán, imperfectas en su naturaleza como decía Aristóteles, inferiores en sus capacidades como decía Rousseau.

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Cada nuevo asesinato es una victoria del machismo, ese veneno, del que algunos presumían como característica patria, pero que hoy, afortunadamente, ya presenta su cara más negra, perfectamente identificado como causa última que arma a los maltratadores y no tiene nada de divertido. Por el contrario, cada mujer que deja de ser víctima y pasa a ser superviviente, cada hombre que cruza la línea y se coloca en el lado de la igualdad y la justicia es una victoria silenciosa de la mejor esencia de las personas. Cada ser humano que lucha contra sus propios demonios, esos que ha ido tragando desde la más tierna infancia, y logra enterrarlos tan hondo que dejan de hacerle daño a él mismo y a los que le rodean, es un triunfador que contribuye de forma indiscutible a cambiar la realidad.

Durante mucho tiempo esta guerra se libró en la oscuridad, mediante emboscadas en espacios aislados e incomunicados, que llamaban hogar. Las pérdidas „las mujeres muertas„ no se publicitaban. Las agresiones se disfrazaban, se trivializaban, se normalizaban… y así nadie tomaba partido por ellas, las más débiles, las más indefensas. Luego, ellas conquistaron la esperanza. La esperanza que vence al miedo. Y empezó la rebelión, al intentar huir de las celdas solitarias donde estaban a merced de su verdugo. Hoy las siguen matando, justo en ese momento, pero muchas lo siguen intentando. Quizás porque aun sin certidumbres, ni garantías, han visto la luz de la esperanza. Y son unas valientes.

Por eso fue necesario hablar hasta perder la voz, gritar y manifestarse hasta desgastar el suelo. Nunca calladas, siempre beligerantes. Porque ellas miraban. Y se trataba de conseguir que no se sintieran solas, sino acompañadas de una sociedad más atenta y dispuesta a intervenir, abriendo ventanas de donde salía un fuerte y desagradable olor a pánico y miseria. Una sociedad que empezó a asumir que el maltrato sobre las mujeres obedecía a una forma de entender las relaciones entre ambos sexos, que otorgaba a unos el poder sobre las otras. Y que por tanto, había que igualar, luchar por la igualdad para que ninguna mujer fuera vulnerable ni ningún hombre tuviera poder para dañarlas.

A la lucha por la igualdad, se sumaron instituciones, organizaciones, entidades, personas, en miles de concentraciones, proclamas, gestos, cuyo valor es indiscutible. Pero hoy, algunos de boca grande pero corazón pequeño, creen que la condena es suficiente y no ven, o no quieren ver, que ha pasado la hora de las palabras.

La abrumadora coincidencia en el lenguaje verbal no puede contribuir a la pasividad en la acción real. No debe haber coartadas para la inacción derivadas de palabras gratuitas. Es indecente escuchar condenas a la violencia de quienes a continuación van a negar los recursos necesarios para combatirla. Hay que dejarlos desnudos en su vergüenza, aislados en su clamorosa hipocresía que alimenta promesas que no piensan cumplir para exigir avances rigurosos y objetivos en las soluciones.

LOS RECORTES EN SALUD, MATAN.

Se acaba de publicar un informe  elaborado por 13 organizaciones llamado “Deficiencias e inequidad en los servicios de salud sexual y reproductiva e España”. En él se valora la situación del sistema público de salud en España tras la reforma de 2012. Pero, para variar, lo hace  pensando en las mujeres, en cómo son tratadas cuando son atendidas en el sistema público de salud.

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Por ejemplo, la reducción de los servicios de salud mental, tuvo un efecto directo en las mujeres, principales usuarias de este servicio que tuvo que reducir tratamientos,  pasando a dar solución al problema  de forma generalizada con medicamentos, los ansiolíticos. De hecho los consumen el 21 % de las mujeres, frente al 11 % de los hombres.

El informe recuerda medidas que en su momento nos indignaron porque causaron graves prejuicios, como fue el copago, o mejor llamado repago de los medicamentos, aunque hoy la medida ya no existe en esta Comunidad autónoma, gracias al cambio de Gobierno. Para que luego digan algunos que da igual que gobiernen unos u otros.

Pero el  copago farmacéutico, fue  una medida con  consecuencias directas sobre la salud de las mujeres, que sentó especialmente mal a las  mujeres mayores, que suelen sufrir patologías crónicas y perciben    pensiones no   demasiado generosas. Muchas de ellas, renunciaron directamente a los  tratamientos que necesitaban, en vista de su imposibilidad de pagárselo. No parece demasiado justo que la calidad de vida de las  mujeres ancianas quede mermada porque no pueden adquirir medicamentos que aliviarían sus dolencias. Así que es de agradecer el esfuerzo de nuestros actuales políticos valencianos, para que casi un millón de personas, pensionistas o con rentas muy bajas, no tengan que renunciar a medicarse y hayan dejado de pagar con sus pensiones la fiesta del derroche y la corrupción que otros se montaron.

A día de hoy, y desde el 2013, algunos anticonceptivos hormonales dejaron  de estar cubiertos por la Seguridad Social,  por lo que las mujeres tuvieron que buscarse la vida por su cuenta si eran partidarias de una maternidad responsable y  una sexualidad sin condiciones. Tuvieron que rascarse el bolsillo y financiar el tratamiento que la sanidad publica les negaba,  lo que supuso aumentar, evidentemente, la  carga económica de cerca de un millón de mujeres, según estima la Federación de Planificación Familiar estatal.

Para  las jóvenes, los recortes en sanidad también tuvieron consecuencias porque se redujeron  drásticamente los programas de prevención de enfermedades de transmisión sexual, siempre necesarios, para prevenir y detectar antes de que la ignorancia o la imprudencia comprometan gravemente la salud de las chicas.

En relación  a la interrupción voluntaria del embarazo,  dice el informe que en la mayoría de los casos se producen en centros privados por lo que son las propias mujeres o sus familias quienes hacen frente al gasto. Por cierto , dice el informe que la nueva ley de plazos, arrancada a Gallardón, está dando ya sus primeros resultados favorables, ya que está descendiendo el número de abortos practicados, lo que siempre es un éxito.

En 2012  se adelgazó  el presupuesto real del Plan Nacional contra el Sida en un 90 %, lo que implica dejar de afrontar un tema que sigue siendo igual de peligroso y comprometedor para la vida de las personas. Contraer a estar alturas esta enfermedad, cuando puede ser evitable es un hecho lamentable e indefendible.

Y para rematar hay que señalar   lo que cuenta el informe sobre los recursos asignados para la lucha contra la violencia de género.

En cifras totales, el presupuesto del  Ministerio de Sanidad y Servicios  para la prevención de la violencia machista se  ha reducido un 21.6 %. En políticas de igualdad, un 18 %.

Cuadra eso bien poco con un Gobierno preocupado de verdad por la violencia, empeñado en erradicarla. Dice mucho, por el contrario, de quien  es capaz de  guardar un respetuoso minuto de silencio por respeto y recuerdo a las mujeres asesinados, y a continuación, regatea presupuesto y ningunea las medidas necesarias para que efectivamente no haya más asesinatos.

Los recortes matan, y perjudican la salud. Y no es un lema, es una realidad. En el caso de las mujeres, como se ha visto, de forma concreta y objetiva, por lo que de la misma forma, con la misma concreción hay que reclamar la reversión de los recortes y la recuperación de un sistema publico de salud que cuide a las personas y  no las discrimine ni por ser mujeres, ni por ser pobres.

 

 

EL CASO DE LA MUJER LOCA

Hay una médica en Galicia, que tiene 62 años y ha sido madre recientemente..

Fijense que atrevimiento el de esta mujer, que se niega a convertirse en una  abuela respetable, destinada a ser cuidada . O que, si está  bien conservada , debería tener como máxima aspiración convertirse en leal e impagable cuidadora de sus nietecillos y nietecillas que corretearían entre su largas faldas….Que irresponsabilidad la de esta mujer, que trae hijos, en este caso una hija, al mundo cuando le da la gana, ignorando que está escrito que su muerte  está cercana por lo  que dejará sola a esa criatura o en el peor de los casos le generará una carga extra de cuidado y atención. ..Que loca esa mujer, que ha desobedecido los dictados de la Madre Naturaleza utilizando la ciencia para satisfacer sus caprichos, sin pensar en los riesgos a los que somete a ese retoño que se gesta en una madre caducada y averiada.

El caso es que la buena señora, al salir el caso a la luz se ha ganado un sinfín de críticas, juicios y  casi maldiciones por su decisión.

Y sin embargo, hagamos funcionar  eso que tenemos encima del cuello y entre las orejas y que debe servir para pensar con autonomía e inteligencia: el cerebro

Porque resulta que conocemos montones de caso en que señores  de 70 u 80 años aspiran en el tercero, cuarto o quinto  intento a encontrar la esposa ideal, buscando para ello casi siempre a mujeres más jóvenes por razones que alguien debería atreverse a explicar. Muchas veces consiguen que  su semillita fecunde una nueva vida y entonces,  que es lo que pasa?

Pues que para empezar se le adjudica una cierta aureola picarona y triunfadora. También se suele ensalzar su amor a la vida. Y desde luego, nadie cuestiona el futuro, ni la calidad de vida del fruto de su pasión. Debe ser porque se da por hecho la salud económica del feliz padre que proveerá lo que haga falta, y sobre todo la existencia de una madre amantísima y joven que garantizará  el cuidado del bebé.

La cosa es que todos celebran el éxito de este anciano señor sin mencionar, ni dar ninguna trascendencia al hecho de que quizás la ciencia en forma de pastilla ha tenido alguna intervención en su éxito reproductor a edad tan provecta. Nadie discute su decisión, ni se cree con derecho a limitar su derecho a tener hijos cuando le de la gana como parte de su proyecto vital. Al fin y al cabo es un hombre, y la paternidad es una decisión personal que cada individuo toma cuando lo cree conveniente. Faltaría más, que la sociedad les dijera a los hombres cuando deben o no ser padres…

Y sin embargo, cuando es una mujer la que ejerce esa misma decisión le llueven,  no piedras,  sino ladrillos, por su atrevimiento.  Y eso sucede, sobre todo, dejémonos de monsergas, porque es ella quien  decide. Porque  ella manda sobre su propio cuerpo. Porque no se rinde ni ante la presión social, ni ante condicionamientos éticos de otros que pretenden imponer sobre los propios. Porque hace lo que cree que debe y puede hacer. Y eso tiene mucho peligro.

Una decisión como la de esta médica gallega, se puede compartir o no, pero desde luego se ha de respetar. No ha de ser excusa para criminalizarla, llamándola loca, inconsciente, caprichosa, egoísta, ignorante…No puede justificar pretensiones de fijar por ley cuando las mujeres pueden parir o deben dejar de hacerlo. Es una excelente oportunidad para visualizar la enorme e injusta diferencia en el tratamiento recibido por ellos y nosotras.

Y por ello, la absoluta necesidad de pedir igualdad, de que se aplique exactamente la misma vara de medir a unos que a otras, sin hacer trampas ni estafar a las mujeres. Porque jóvenes o ancianas, de aquí o allá cada vez tenemos más claro quienes somos y lo que queremos, y vamos a hacerlo respetar.