Categoría: política

OPOSICIÓN LEAL O CRIMINAL

Que el PP sea desleal a Sanchez no es ninguna novedad, como que los nacionalistas tiren para casa como hace la cabra al monte, porque es su naturaleza y no se puede evitar. Pero si entre unos y otros, por la aritmética de las votaciones, todo el entramado de protección jurídica y social que se ha levantado en este país se va a la mierda, la deslealtad no será entre los partidos, sino hacia una ciudadanía que ha hecho un esfuerzo histórico por asumir sus responsabilidades, a caballo entre el miedo y la esperanza.lealtad2Vivir en Estado de alarma no es algo deseable para nadie. Sentirse constreñido, controlado, dirigido hasta en las decisiones más personales, tutorizado por el Estado como si fuéramos menores de edad mental, a los que no se puede dejar a su libre albedrío no es situación grata para nadie. Vivir rodeados de prohibiciones, de normas, de horarios e imposiciones no es cómodo, ni fácil, ni deseable. Percibir un país parado que presencia pasivo como la inactividad nos conduce, lentos para seguros, a la ruina individual y colectiva, es una experiencia amarga y desasosegante.

Pero si, como la mayoría hemos acabado por comprender, es la única forma y garantía de superar un trance colectivo que afecta algo tan básico como la supervivencia, abrazamos el Estado de Alarma, no con cariño, pero sí con absoluta responsabilidad. Y no es amor al Gobierno, ni a los partidos que lo componen. No es seguidismo,  connivencia, complicidad. Responde a un instinto básico de conservación junto a una confianza relativa pero refrendada porque las decisiones tomadas parecen razonables, están avaladas por quienes tienen realmente el libro de instrucciones para combatir el virus y además parecen dar buen resultado.

Lo cual no quiere decir que los rojos se hagan rosas, o que los azules dejen de serlo. Que hayamos dejado de ser país de lealtades ciegas y odios infundados. Solo que la gente es mil veces más sensata y juiciosa de lo que está demostrando la oposición de este país que sigue practicando la política estrecha y mezquina  de dar leña al mono. Que al contrario de lo que están haciendo en otros países, está utilizando una crisis sanitaria global y descomunal para mantener ese sucio estilo opositor que consiste en ensuciar, desgastar y demoler aunque se dañe y se destruya de paso a toda la sociedad, sin ofrecer mejores alternativas, cultivando el rencor y la desazón para convertirlo en munición para sus intereses.

Pues ya se sabe, quien siembra vientos….y si se desarman todos los mecanismos de protección social dejando a las familias solas con su miseria, si se permiten los viajes y los abrazos que tanto ansiamos,  es muy probable que se pierdan los inestables avances en esta guerra sin cuartel. Y eso significa perder vidas que es lo único que debería preocupar a cualquier persona decente.

PAÍS EN CHANDAL

Igual que fue sorprendente en su día constatar el alto número de paseantes de perro que habitaba el país,  ha sido hoy emocionante descubrir  la fantástica y generalizada afición a la práctica deportiva.  En cualquiera de sus grados, desde el runner superequipado al que se solo se ve el trasero cuando te adelanta hasta el paseo cansino pero satisfecho de parejas convencionales que no van a ninguna parte.

odiar para flojitosTodo un país en chándal  ha tomado las calles y las avenidas para darse el sencillo placer de estirar las piernas o sudar las camisetas porque lo importante no era, aunque también, ver y dejarse ver después de tantos días de soledad. Ni tampoco estrenar ropa deportiva que mola, ni conseguir un cuerpo escultural, que eso vendrá después.  Era respirar aire libre precisamente el que no suele oler a nada, o levantar la vista sin toparse con una pared o una finca. Se trataba simplemente de  mover ese cuerpo anquilosado  al que parecían sobrarle las piernas después de tanta inactividad .

El paseo puede causar efectos alucinógenos tras el periodo de privación vivido, provocando desaforados  sentimientos de estima y solidaridad. Quizás por eso se vuelve con la idea pujante de que somos un país que se merece salir adelante, compuesto en su mayoría de buena gente, de gente decente que no le desea mal a nadie y solo quiere vivir en paz. Que no le pide a la vida grandes posesiones o inmensos poderes, sino  poder vivir con dignidad, con bienestar y en libertad, disfrutando sin privilegios ni exclusiones de placeres tan  básicos y usualmente poco valorados, como el de pasear una tarde de casi verano, a la hora de la puesta del sol.

Solo sobran, en este paisaje idílico,  y no del todo irreal, ese puñado de ciudadanos que viven en y para el odio. Que disparan a todo lo que se mueve. Que llevan el NO tatuado en la conciencia, porque decir SI , si es muestra de apoyo mutuo o solidaridad, les parece que es muestra de debilidad Que mienten a los demás y a ellos mismos, que no saben construir nada porque su empeño es dinamitar las bases de la convivencia. No son muchos pero vociferan con una potencia que engaña y contamina. De hecho son capaces de arrastrar a quienes, aun estando a veces en las antípodas políticas, interiorizan ese discurso de desafección permanente y crítica feroz que sólo habla de lo mal que hacemos las cosas, de nuestro espíritu de insubordinación egoísta e irresponsable.

Pero somos un país que ha cumplido con lealtad y sacrificio las condiciones que le impusieron para garantizar un final feliz para todas las personas, sin dejar efectivamente a nadie atrás. Somos, es verdad, un país nada fácil  que todo lo discute y lo critica pero que en esta ocasión hemos dado la talla. Cada cual en la parte que le tocaba. En el compromiso colectivo y en la responsabilidad individual. Le pese a quien le pese.

Así que a pesar de que sean tan insistentes los tambores del odio, mejor no entrar en el refugio inútil del rencor y la descalificación global, y reconocer y celebrar que valemos la pena como sociedad, que el esfuerzo ha valido la pena  y que por eso hay que seguir luchando  por salir de ésta.

LA CASA DE PAJA

Esta es  una versión actualizada del famoso cuento de los tres cerditos, adaptada a las circunstancias como se suele decir. Todo el mundo sabe que  uno de los cerdos en cuestión se construyó , por aquello de trabajar lo menos posible, una casita de paja , que ardió con facilidad cuando el lobo atacó y le dejó, como vulgarmente se dice, con el culo el aire. Luego la  historia continuo, y tuvo un final feliz, que no voy a destripar por respeto a quienes a estas alturas, se hayan olvidado del relato. casita paja

Habría tenido poco éxito una versión, que relatara que el tonto del cerdo ante el lobo pirómano volvió a construir una casa exactamente igual, es decir, de paja. Porque todo el mundo hubiera captado la estupidez de tal decisión, que volvía a dejar al cochino en la misma situación vulnerable. El ataque se podría repetir  y  también la tragedia, incluso con peores resultados. Claro que el animal, que no tiene fama de listo precisamente,  podría alegar que lo necesario era levantar cuatro paredes para protegerse y que no era momento para ponerse exigente, porque el tiempo amenazaba lluvia y lo urgente era buscarse un techo, que más da que fuera de paja, madera o hierro.

A algo así suena lo que nos está pasando cuando se oye hablar de planes de reactivación, de vuelta a la normalidad, que pretenden reproducir sin variar una coma, el modelo económico que teníamos ante del desastre,  como si fuera un modelo perfecto e inamovible que no necesitara mejoras y nos permitía vivir en el mejor de los mundos posibles.

Quizás habría que recordar que en este país había mucha gente que trabajando vivía en la pobreza, con una precariedad humillante y unos salarios de miseria. Que la desigualdad era la norma con tremendas asimetrías entre unos y otras, que la convivencia era difícil porque el cuidado de las personas no estaba garantizado, porque el valor del trabajo siempre se medía en cifras y no en el bienestar común que generaba.

Quizas habrá que refrescar memorias y recordar que la pandemia que hemos sufrido no es casual, ni un accidente, ni una jugada del destino. Es la consecuencia lógica de una forma de administrar la riqueza que sólo tiene en cuenta el beneficio económico fomentando un consumo compulsivo a base de la explotación descontrolada de los recursos. Aunque sea a  costa de devastar un planeta cuyas posibilidades de subsistencia son finitas y dependen de un cuidado equilibrio de las especies que lo habitan. Todo eso del calentamiento y del cambio climático, de las catástrofes naturales, de la desaparición de especies vegetales y naturales no es un estudio de ciencia ficción que ni comprendemos ni nos importa un pimiento. Es la clave, el origen y la explicación de lo que está pasando y de lo que puede llegar a pasar. No es un discurso de gente moderna, de científicos locos, de políticos paranoicos. Es una realidad, una puñetera y terrible realidad que ahora se ha manifestado de la forma  más brutal, que ni aun así está consiguiendo hacer entrar en razón a los afectados, es decir, a nosotros, a la Humanidad.

Porque somos tan miopes que tras el lamento sincero y lógico por las muertes ocasionadas, dominados por una comprensible preocupación por las situaciones de miseria económica que se van a generar, nos empeñamos en volver a la normalidad, esa normalidad que ahora tenemos la oportunidad de revisar de cabo a rabo, para ver  lo que  hay que mantener y  lo que hay que enterrar y erradicar, lo mejor y más rápido posible.

No se trata de perder ahora, precisamente ahora el contacto con la realidad y ponerse a pelear contra molinos de vientos. Pero sí es posible  tratar de hacer las cosas de otra forma,  enderezar el rumbo que claramente nos llevaba a un desastre anunciado, para establecer otras formas de subsistencia, de producción, de relación con la naturaleza y el entorno. Otros modelos productivos donde se valore  lo local, se trabaje por la autosuficiencia,  se proteja  la agricultura y la ganadería como fuente de recursos básicos. Donde la industria del turismo no sea el único recurso y las tareas de cuidado, de atención a las personas vulnerables, de limpieza,  merezcan la atención y los medios y el reconocimiento que merecen aunque ya no tengan los aplausos de las ocho. Donde la gente no viva para trabajar, sino que  trabaje para vivir, con salarios suficientes, con horarios y modelos de trabajo racionales que permitan la conciliación.

Vivíamos en un sistema lleno de contradicciones y lo sabíamos. Lo sufríamos. Y entramos ahora en un período de recesión  que amenaza duramente la subsistencia de muchísimas familias. Para hacerle frente se organizan los Ayuntamientos, como han hecho aquí en nuestra ciudad. Pero se trataría ahora de no olvidar lo aprendido e incluso lo prometido en programas electorales, para que al  trabajar para reactivar la ciudad no se reiteren  errores históricos. Para hacerlo  en clave de futuro,  sin tener miedo a quemar lo que es viejo y caduco al más puro estilo fallero y a innovar lo que haga falta, sin someterse a inercias que son cómodas pero no nos harán progresar.

No construyamos otra casa de paja, que nos puedan incendiar en cualquier momento.

 

 

 

 

 

UN DUELO DIFERENTE

Estamos viviendo una situación  dolorosa y llena de incertidumbres,  difícil de  asumir en toda su integridad, que, como en los duelos, implica atravesar  diversas  fases, aunque con alguna diferencia esencial.mujer pensando

Hubo un primer momento de negación  de mayor o menor duración según el índice de tozudez de cada cual. Parecía imposible, era una pesadilla, una inmensa broma, un delirio grandilocuente para tomar el  pelo a todo un país. Con todo, la inmensa mayoría asumió disciplinadamente los costes del confinamiento derivado del Estado de Alarma aunque, en algunos casos, superar la fase del descreimiento fue especialmente duro. Hubo quienes ofrecieron   brutales resistencias hasta que  la realidad se impuso con toda rotundidad. Entonces, los últimos recelosos, los más displicentes se vieron obligados a abandonar esa cómoda actitud de elegante escepticismo para hacer,  en algunos casos,  un rápido y sorprendente viaje al otro extremo, al de los que ya  habían captado la magnitud del problema mucho antes que cualquiera. Y por eso de ser abanderados del escepticismo y ridiculizar las primeras medidas,  acusando de catastrofistas cobardicas a quienes las proponían, pasaron a ser pontífices del desastre, almas en pena  predicando los mayores infortunios  como bien habían predicho ellos desde siempre. Sería divertido observar su vaivén si no fuera porque en ambos puntos del péndulo, su actitud solo ha servido para cavar más hondo el agujero, para echar más tierra en los ojos de quienes los tenían bien abiertos, absolutamente necesitados de encontrar un camino que ofreciera esperanza.

Avanzando  las semanas fue fácil sentir la ira, la indignación, las ganas de pelea que se veían enormemente frustradas por la falta de enemigo. Porque el virus que nos amenaza es omnipresente, pero el maldito no da la cara hasta que ya es demasiado tarde. Y eso alentaba, y mucho,  esa furia interior que necesitaba alguien a quien tumbar para no asfixiarse en la propia rabia. No todas las furias son iguales porque a las de origen espontáneo se unen otras,  fríamente fomentadas por gusanos sociales de negro corazón que sólo pretenden dinamitar los puentes para conseguir el propio beneficio, aún a costa de  un desastre fenomenal.

Tras la cólera que agota y es estéril, se intenta negociar. Pero hay poco que negociar en esta situación.  Este enemigo no hace prisioneros, ni ofrece tregua. Aquí no caben soluciones individuales, ni tratos de favor. Aunque no todos sean igual de vulnerables y frágiles, se necesita un compromiso universal para hacer triunfar a la vida sobre la muerte. Y por eso la negociación es no sólo es  imposible, sino inútil.

Y entonces llega la depresión, la tristeza que paraliza, la nostalgia de lo que teníamos y no dábamos valor. Recordar a quienes éramos ayer es constatar la infravaloración de todo aquello que constituía nuestra vida y que entonces nos parecía, en muchos casos, insuficiente. Anticipar el futuro es desalentador porque todas las señales indican que va a ser mucho más complejo y dificultoso de lo que somos capaces de imaginar.

Alcanzamos entonces la fase de la aceptación que incorpora una diferencia esencial.  Porque ante la muerte de los seres queridos no hay más herramienta que el recuerdo. Pero al final de este duelo motivado por la desaparición de una forma de vivir y convivir,  la pérdida no es irreparable, aunque sí lo sean las miles de vidas truncadas. Cuando aterricemos en esa realidad difícil y arriesgada que nos espera, tenemos la posibilidad, solo la posibilidad, de reaccionar como nunca hemos sabido hacer hasta ahora, sacando lo mejor que cada persona lleva dentro para construir un presente diferente y prometedor, libre de todo tipo de virus tóxicos, los  microscópicos y los bien visibles.

OLVIDOS IMPOSIBLES

Hace ahora 75 años del final de la Segunda Guerra Mundial, acontecimiento que hoy se estudia en los libros de Historia y parece un episodio más de los vividos por la Humanidad durante su existencia. Nos acostumbran  a rememorarla en películas que incluso constituyen un género, el género bélico,  donde los malos son muy malos, francamente insoportables,  y los buenos, héroes, guapos e inteligentes que siempre acaban ganando. Al final, entre tanto relato de ficción, olvidamos la realidad de una guerra que, como cualquiera de ellas,  no tiene nada de bello y glorioso, porque es simplemente el intento de imponerse a otros  mediante la violencia indiscriminada y cruel. antinazis3

Sería bueno recordar que esta guerra acabó con la vida de 75 a 80 millones de personas, entre  combatientes, población civil y sobre todo aquellos grupos humanos a los que se pretendió exterminar como fueron los judíos, los homosexuales, los gitanos… en resumen, todo aquel que no cumplía los standards de raza que el fascismo pretendió imponer.  Es terrible constatar que la mayoría de los países  perdieron más población durante la ocupación alemana y sus continuas «purgas», que durante el enfrentamiento bélico propiamente dicho ante los Ejércitos del Eje.

La II Guerra Mundial, duró  6 años y un día e implicó a 23 países. Se calcula que acabó con la vida del 3 % de la población mundial existente en 1940.

Por este motivo,  se programan conferencias, actos y exposiciones realizadas con la pretensión de que la sociedad recuerde y no olvide, mal que le pese, el horror y la crueldad con el que somos capaces de comportarnos los seres humanos si nos ponen en la circunstancia necesaria para sacar de nosotros nuestra alma más bestial e inhumana.

Habrá quien piense que es un empeño innecesario y nostálgico, porque la Historia ya fue vivida y saldría más a cuenta, correr un tupido velo y borrar de la memoria  aquellos espantosos sucesos que horrorizan a cualquiera. Hay quien no tiene estómago para afrontar esos horrores y prefiere no mirar de frente a un monstruo verdaderamente angustioso y sobrecogedor. También hay  quien quiere vivir feliz en su nube, ajeno a las miserias humanas que por supuesto condena y rechaza, pero desde la cómoda distancia de la zona de confort que habita donde no hay sitio para campos de concentración y cuerpos torturados.

Todas ellas son actitudes peligrosas, porque las guerras, ninguna de ellas son explosiones imprevistas e inesperadas, sino que se declaran tras un largo y complejo proceso de preparación, que va ajustando las condiciones políticas hasta que sólo las armas tienen la palabra. Por eso quienes no queremos de ninguna forma repetir esa historia maldita hemos de estar alertas y participativos para que nunca más nadie, en nuestro nombre, tome decisiones que desencadenen catástrofes similares

Pero son especialmente peligrosos quienes en  un alarde de ignorancia voluntaria y premeditada, fruto de un interés tramposo en falsear la historia para que sirva a sus intereses, quieren negar una realidad que no les conviene,  para poder así repetir errores y difundir mensajes capaces de llevarnos al mismo destino. Esos que  quieren borrar de la memoria no sólo a las víctimas sino sobre todo a los causantes, porque comparten con ellos, aunque siempre en sordina y sin hacer alardes, su ideología criminal y excluyente.

Hay ahí mucho peligro, porque permitir que prenda la semilla de su odio indiscriminado, de su insolidaridad e inhumanidad nos hace a todos, la mayoría restante, un poco más vulnerables y susceptibles de volver a ser espectadores de una tragedia global que esta vez, probablemente, sería la definitiva.

Así que bienvenidas sean programaciones y actos que refresquen la memoria que nunca ha de quedar dormida. Bienvenidas las iniciativas de los centros educativos para que las jóvenes generaciones conozcan a la perfección los caminos que jamás han de transitar. Deseables todas aquellas manifestaciones, públicas y privadas donde todos y cada uno de nosotros, rememoremos el horror y nos conjuremos para que nunca jamás vuelva a repetirse.Que las guerras nunca vuelvan a salir de los libros de historia. Con nosotros, no. En nuestro nombre, jamás.

LA VACUNA DE LA EDUCACIÓN

Así acaba cualquier análisis sobre la violencia machista. Es la razonable conclusión de cualquier reflexión sobre las personas que mueren en la carretera o el colofón al describir a una juventud que debe hacer frente a adicciones letales. Siempre se acaba diciendo lo mismo: el papel de la educación. En igualdad, en ciudadanía, en seguridad vial, para la vida saludable…Absoluta coincidencia sobre la rotunda necesidad de  educar a la juventud para que salga de  los centros educativos no sólo debidamente informada sobre  conocimientos que,  por otra parte, tienen hoy al alcance de un botón,  sino formadas en hábitos y valores  que les garanticen, salvo catástrofes imprevistas, una vida larga y feliz.

pin parental2Existe  un absoluto consenso en que el machismo como la homofobia o el racismo son, todas ellas,   patologías sociales que convierten a  las personas  en jueces implacables de su prójimo, incapaces de ver la viga en su propio ojo, pero preparadas para aniquilar a quien se salga de su orden de valores. Y la vacuna es la educación.

Pero ahora un partido, instalado en el odio a la diferencia y en la imposición de sus propias creencias, propone que sea  potestad de los padres (en ningún caso de las madres, porqué será?) eso que se ha llamado pin parental ,término bastante poco explicativo para dar a conocer tan peligrosa iniciativa. Mucho mejor lo de Pin Neandhertal que se ha inventado Gabriel Rufián o sencillamente la censura parental.

El PIN parental  es un documento que un padre podría dirigir al centro escolar de sus hijos e hijas, amenazando al profesorado con represalias legales si su retoño recibe formación sobre determinados valores y creencias que el progenitor no comparte.  Es decir que los trogloditas que sigan manteniendo aquello de la mujer con la pata quebrada…, quienes son partidarios de dejar morir en el mar a las personas  que aspiran a una vida mejor,  los que opinan que una paliza al moro, a su debido tiempo, sería de gran utilidad….estarían en su derecho de prohibir que su hijo reciba influencias externas para impedir que sea igual de machista, homófobo, racista y, en suma, tan inhumano como él.

Vociferan que los hijos son suyos y sólo ellos tienen derecho a decidir sobre su educación. Lo que implica, por ejemplo, que quien siga creyendo que la tierra es plana y no redonda, por lo que uno se puede caer si llega hasta el borde – teoría pintoresca que sin embargo algunos siguen compartiendo- , puede exigir que sus criaturas sean privadas del conocimiento y, por tanto,   destinadas a hacer el ridículo toda su vida. Convirtiendo así a los hijos e hijas en objetos que, como tales, pueden ser  tratados como propiedades carentes de derechos.

Por otra parte, permitir que la bestia del odio campe a sus anchas sin  trabajar por erradicarla de la forma más temprana posible, no sólo condiciona la felicidad de esas personas a las que se hace un flaco favor condenándolas a vivir en la ignorancia. Para ellas la vida no será más que una solitaria lucha permanente para sobrevivir entre la jauría humana,  matando para evitar  ser comido. A la vez, se  convierte a ese alumnado  en un peligro potencial para el resto, porque así se consiente que crezca el futuro agresor de las mujeres. O se permite el desarrollo de quien más tarde se sentirá con derecho a burlarse de quien es diferente, más gordo, más flaco… o con derecho a castigar a quien sea más oscuro de piel o tenga otra preferencia sexual.

Hay propuestas que las carga el diablo, empeñado en hacer de nuestra convivencia un infierno.

UN TIRO EN EL PIE

La tentación es grande. Nos lo pide el cuerpo. La venganza, en frío o en caliente, es un plato de gusto porque calma la frustración causada por la surrealista repetición de las elecciones. Tras el sofocón que produjo la convocatoria, hubo quien se juramentó para no volver a pisar un colegio electoral más que por la fiesta de fin de curso de las criaturas .Un tsunami de amargo escepticismo y profunda decepción nos intoxicó a todos, robándonos la esperanza de mejores tiempos. Así que apetece mucho canalizar ese legítimo descontento quedándose en casa el próximo Domingo para que vaya a votar Rita la Cantaora, sea quien sea esa pobre mujer a la que le toca hacer siempre lo que los demás no queremos.

TIRO2Sin embargo, no votar sería un enorme error. Un verdadero tiro en el pie. En el derecho o en el izquierdo, da igual. Significaría esconder la cabeza bajo tierra para huir del espanto del fracaso político presenciado, dejando expuestas de forma imprudente, otras partes de la anatomía muy vulnerables.

Hay un señor que debuta en esta ocasión, y dice cosas que cualquiera ha sentido o pensado alguna vez. Ideas que sin embargo se esfuman con rapidez cuando uno se acuerda de Aylan, aquella criatura ahogada en la playa que aspiraba a un futuro que no alcanzó, a resultas de unas políticas de inmigración que este hombre quiere endurecer. Es un hombre que mira a la cámara con sinceridad, como si supiera lo que dice, pero habla de prohibir partidos, de sacar el ejército a la calle para resolver con violencia lo que solo se solucionará con entendimiento. Tiempo atrás abogó por fomentar el uso de las armas imitando a EEUU, una sociedad pacífica y libre de violencia como todo el mundo sabe. Se expresa de forma clara y pausada cuando habla de la corrupción pero omite relevantes datos tanto sobre su experiencia personal como sobre la efectividad de las medidas que propone, resultonas pero completamente mentirosas. Es un caballero protector de las mujeres, madres y esposas, que a las otras ni las menciona porque no merecen su atención. Dice defender las pensiones y los salarios pero no las mínimas sino las que ya alcanzan cuantías considerables. Eso sí, es un patriota que venera la bandera ondeante aunque no sirva para tapar las miserias de la gente y levita ante el himno marcial aunque no haya gente con alegría para cantarlo.

Es un lobo con piel de oveja, ya viejo y rancio, pero maqueado para parecer moderno y seductor. Lo conocemos bien en este país, tan triste y oscuro durante muchos años, instalado en el orden del miedo y la paz de los cementerios.

Y luego están los otros. Un par de colegas, gemelos en realidad, que se quieren y se odian a partes iguales y se atizan continuamente empeñados en tener el monopolio de un espacio, el de la derecha civilizada, que no quieren compartir.

Y la otra pareja, que ya no son gemelos sino más bien primos lejanos , que deberían dejar de hablar de pasado y reinventarse en clave de futuro, que es algo que no tendrán sino se entienden lo suficiente.

Y luego estamos nosotros, la ciudadanía, que tenemos derecho a la decepción, a la indignación y hasta a la ira y que podemos sentirnos burlados, mangoneados y muy cabreados. Pero que, con todo, hemos de ir a votar el próximo domingo, no como corderos, sino para defender una vida en libertad y con dignidad. Porque si no votamos, no hacemos política y entonces, no lo duden, la harán sin nosotros y contra nosotros.

PARTICIPACIÓN DE IDA Y VUELTA

Oigan, pues parecían una buena idea. Una iniciativa moderna y rentable políticamente porque generaba un nuevo espacio de participación que no era para hablar del sexo de los ángeles y arcángeles, sino para que el personal opinara sobre el uso de los dineros. Que es tema jugoso y polémico porque nada hay más difícil que administrar los fondos, siempre limitados, ordenando prioridades según decisión de la mayoría.

Los presupuestos participativos eran, como poco un sano ejercicio de democracia, de participación y de fomento de la empatía social con variadas utilidades. Por un lado permitían a quienes mandan, plantar oreja y escuchar la voz del pueblo. Y no en sentido metafórico, sino del todo real. Es evidente la existencia de una sólida línea divisoria entre gobernantes y gobernados. Mecanismos como los Presupuestos participativos en los que se piden propuestas surgidas del interés ciudadano para elegir y llevar a la práctica la mejor de ellas, contribuyen a permeabilizar ese muro y evitar el síndrome del político aislado en su torre de cristal. Siempre que haya cierta disposición a la escucha, claro.

A la inversa también resultaban útiles para que la ciudadanía comprendiera la dificultad de llevar adelante los proyectos, la complejidad de los trámites, las limitaciones y condicionantes que surgen como setas a la hora de impulsar cualquier proyecto de carácter público. Así debe ser como garantía de transparencia y eficacia, pero así sucede también que los procedimientos son eternos y se complican hasta el infinito.

Corresponde hablar en tiempo pasado porque, aunque impera cierta confusión, lo cierto es que el nuevo Gobierno municipal surgido de las elecciones de Mayo, no tiene previsto realizar una nueva convocatoria.

Quizás sea una buena decisión ya que es arriesgado decir lo contrario sin conocer la explicación que la justifique. Pero no coincide exactamente con lo planteado en el programa electoral del partido mayormente gobernante en Xàtiva e interrumpe de forma un tanto abrupta una iniciativa que contaba con apoyo unánime de todas las fuerzas políticas. Se agradecería una argumentación suficiente para hacer ver que la participación ciudadana sigue siendo un eje central de las políticas del Ayuntamiento de Xàtiva que , de hecho, ha recibido una importante subvención en reconocimiento y para el reforzamiento de éstas.PARTICIPACIÓN

No se trata de mantener experiencias por inercias conservadoras, ni de apostar por la repetición mecánica de dinámicas inútiles. Sin duda, las

tentativas realizadas permiten detectar errores, identificar carencias y articular procedimientos que funcionen más y mejor, solventando problemas, grandes y pequeños, que comprometían la credibilidad de los Presupuestos participativos. El descenso en la participación, la difícil viabilidad de algunas propuestas, el solapamiento entre proyectos municipales y propuestas ciudadanas…son deficiencias detectadas a las que se debe poner remedio

Pero con sus luces y sombras, los Presupuestos participativos ampliaron de forma visible la cultura democrática de la ciudad con la constitución y funcionamiento del Consejo de ciudad en 2017 o la participación de la gente menuda en la convocatoria de Presupuestos hecha a su medida, como sucedió en 2018.

No merecen desaparecer sin pena ni gloria. Imperdonable que desaparezcan porque se los lleve por delante la pugna entre partidos. Impensable que siendo promesa preelectoral, pasen a ser incumplimiento postelectoral.

Lo dijo el Alcalde de Xàtiva -maldita hemeroteca- cuando en Marzo de 2017 con motivo de la primera convocatoria, afirmó que “Este paso que hemos dado no tiene vuelta atrás y los presupuestos participativos son una realidad para Xàtiva “. Que así sea, que haya una explicación pública y convincente de su desaparición y que ésta sea provisional, para volver en breve plazo, mejor diseñados, más transparentes y eficaces

DESAHOGO

Hay momentos pelín angustiosos, desasosegantes que te obligan a hablar aunque el silencio resulte mucho más cómodo. Algo relacionado con la  coherencia, la honestidad, el necesario desahogo para no reventar de impotencia y frustración…

DUELEEstamos a punto de ver convocadas unas elecciones que todos dicen no desear, aunque algunos con la boca más pequeña y mentirosa que otros. Y ciertamente suponen una apuesta peligrosa o un suicidio cantado para muchas aspiraciones y expectativas creadas tras la última  victoria electoral de las fuerzas progresistas, ansiada durante mucho tiempo y que no fue  en absoluto fácil.

El momento es tan serio que no valen las ambigüedades ni las equidistancias. Ni deberían valer las lealtades blindadas vacías de juicio crítico.  Todos podrían haberlo hecho mejor, indudablemente,  pero es evidente que el PSOE tiene una responsabilidad esencial porque sus argumentos para el bloqueo político son insostenibles y en algunos casos insultantes para la inteligencia ajena. Su error de cálculo lo pagaremos todos, y muy caro. Si tras la última cita electoral, la ciudadanía decía que la política les inspiraba desconfianza (34,2%)l aburrimiento (15,8%) o indiferencia (13,3%) la percepción no va a mejorar .

Pero, en todo caso, es importante diferenciar en una  crítica que no admite paliativos,  a la Dirección del partido, sus estructuras de decisión,  de lo que es su militancia de base, tantos fieles, abnegados y desinteresados militantes de a pie, sin cargo orgánico ni institucional, que han aguantado tormentas y desastres,   con una lealtad y generosidad infinita.

Son much@s y están por todas partes. En la asociación, en el barrio, en el  curro y viven una jodida disyuntiva, porque tontos , no son. Son gente buena, gente sana, gente luchadora con la que se puede ir a cualquier parte. Se les puede entender, aunque no se comparta su fidelidad y se perciban sus contradicciones. Pero merecen respeto porque su responsabilidad política y su honestidad está fuera de toda duda. Ellos y ellas  no tienen nada que ver con un aparato que actúa movido por intereses ilegítimos anteponiendo intereses de partido, electorales que  priman sobre las garantías de un futuro de progreso solidario que todas pretendíamos.

Hay que reconocer su existencia porque son lo mejor que tiene el PSOE y  de su presión, su empuje pueden depender muchas decisiones. Aunque sea en el futuro y no ahora, cuando parece que la suerte está echada.

 

A UNA DIPUTADA NOVATA

Resacón en las Vegas es el título de una famosa película  que hizo partirse de risa a toda una generación. Resacón electoral es un rótulo apropiado para estos días, llenos de valoraciones, interpretaciones y disputas tertulianas sobre ganadores y damnificados tras la apertura de las urnas. Eso contribuye a que la resaca no pueda superarse adecuadamente, con una buena aspirina, tisana o siesta a pierna suelta.

Porque queda, además,  la segunda parte a celebrar el próximo 26 de Mayo , así que sigue la partida en el tablero, aunque es cierto que las elecciones en los Ayuntamientos tienen otras reglas y otros protagonistas, más visibles  en las distancias cortas, más expuestos en lo cotidiano y por ello juzgados con una muy diferente vara de medir.

Lo cierto es que, resuelto el primer combate electoral, las personas elegidas van dejando de ser personajes anónimos de una lista, enterrados tras la propaganda partidista para dejarse ver con absoluta  claridad. Y a veces dan susto.IMG_20141023_092151

Es el caso de una reciente diputada, de un partido cuyo nombre es posible adivinar de inmediato, que en las redes sociales se define diciendo que «El #8MNoMeRepresenta. La mayoría de las mujeres no tenemos nada que ver con esta panda de mamarrachas resentidas, anticlericales y llenas de odio que sólo consiguen denigrar a la mujer, no dignificarla”

Se llama Carla Toscano y está en todo su derecho de identificarse como le venga en gana, pero no tanto en el de faltar al respeto a quienes no piensan como ella. Que por otra parte, son la inmensa mayoría, porque sus votantes, cifras en mano, son testimoniales. El grueso del electorado, ignorando bravuconadas y acallando  fanfarrones,  ha establecido con toda claridad que vivimos en un país que cree en la justicia social, en el respeto al prójimo, en el feminismo y  la igualdad.

Da la casualidad, nada casual por otra parte,  de que si ella puede ocupar su sillón en el Congreso es, en gran parte, porque muchas mamarrachas se partieron el alma, primero para conseguir  el derecho al voto, objetivo alcanzado apenas hace dos días,  y después para tener posibilidades de ser elegidas acabando  con el monopolio masculino  de la clase dirigente de este país.

Su aseveración, insultante y faltona, sí que es una muestra evidente de resentimiento que no parece ayudar mucho a la convivencia en paz que es el deseo mayoritario, a la luz de los resultados obtenidos. Toda su declaración de principios parece, dicho educadamente,  algo indocumentada porque el anticlericalismo no ha sido nunca un rasgo identitario del feminismo.  Más bien se apuesta por la laicidad desde el deseo de que a nadie se le imponga o prohíba ningún tipo de sentimiento religioso. Sobre el odio las mujeres sabemos mucho, porque llevamos sufriendo sus efectos desde hace siglos, por lo que nadie tiene más empeño que nosotras en  erradicarlo de la vida de las personas y lograr que éstas se relacionen desde la libertad y el respeto mutuo.

En Xàtiva, 1345 personas dieron su voto a esta ideología que  realmente transmite odio y se basa en la ignorancia. Que aparenta   otras cualidades, firmeza, transparencia… para seducir a personas que posiblemente no compartan  la violencia y exclusión que preconizan. Hace falta cortar el tallo tóxico desde la raíz,  desarbolando argumentos, dando información, y sobre todo,  no confrontando el odio con más odio. Por eso,  hay que desearle a la digna diputada que su trabajo redunde en el bienestar y libertad de todas las mujeres con la seguridad de que, en esa tarea,  podrá contar con el apoyo de muchas mamarrachas resentidas, pero felices y contentas.