Va por la calle como una correcaminos incansable y en un minuto te cuenta los últimos avatares de su ajetreada vida. Y es que se acaba de comprar un coche. Nada extraño si no fuera porque tiene 83 años y se sacó el carnet al enviudar, cuando tenía 60 años.

Son mujeres de hierro de una generación resistente que ha sobrevivido con una energía física y mental, digna de elogio y de envidia. Ahora quienes las quieren, intentan que se dosifiquen, que administren fuerzas para que les duren mucho, pero ellas, que tienen perfectamente asumido que no van a vivir eternamente, tienen su propio plan de vuelo y saben que hay que construir vidas que valga la pena vivir.
La conversación es breve pero hay tiempo para la mención de la necesidad de fondos para la Asociación solidaria a la que entrega alma, vida y corazón. La oyente se va con la cartera vacía, pero contenta porque no es un atraco. Muy al contrario, conocer a gente así, es todo un regalo.
