CENAS MÁGICAS

Le encantaban esas cenas mágicas donde se hablaba de todo y de nada, donde cabía la risa y la emoción, la anécdota, el chisme y la confidencia.

Donde unas hablaban más que otras y había quien callaba, pero todo lo escuchaba.

Cenas de mujeres, preferiblemente con el techo de la noche, sin paredes que encierren las palabras.

Que discurren como episodios de una serie con inicio, nudo y desenlace. Con su propio ritmo, con sus propias reglas. Con sus picos de alegría y sus llanuras de cotidianidad. También sus pozos de pena y miedos.

Cenas de amigas que lo fueron y lo serán, aunque no ejerzan, aunque vivan en galaxias diferentes, pero entre las que queda siempre el eco de la estima.

Vuelta a casa en una ciudad que se retira pronto, por unas calles vacías donde resuenan los pasos entre ventanas encendidas.

Unas calles que después, todas las noches, antes de entrar en la oscuridad, se miran desde la ventana, recordando el último paseo, agradecidas a la vida y a la amistad.

(dedicado a CCh, la mejor conversadora conocida)

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