Se ha hecho famosa Paquita, esa señora de moño blanco que apareció en la Sexta noche, echo la bronca a quien se le puso por delante, señalando que por ser mayor no era gilipollas y que ya estaba bien de abusos e injusticias. Tiene 91 años, que deben estar muy bien llevados porque también pudo asistir y hacer agudas declaraciones en Madrid en la concentración de protesta de los pensionistas para denunciar la subida ridícula y humillante de las pensiones

No son tan famosas dos hermanas de 94 y 83 años cuyo historia hay también que contar porque es emocionante, E indignante, porque nos hace ver una realidad que nos retrata en alguna medida como la sociedad que somos, pero no deberíamos ser.
Su historia la cuenta Sergio del Molino en un medio digital. Son dos hermanas, Encarna y Julia, de 83 y 94 años, que se fueron a vivir juntas a una residencia de Soria. La administración reaccionó con premura y diligencia bastante desacostumbrada en líneas generales, enviándoles una carta en la que anunciaban que iban a retirarle a Encarna su pensión no contributiva de 370 euros porque, al compartir residencia con su hermana, consideraban que formaban una unidad familiar. Para evitar perder tan gran privilegio financiero, las dos hermanas decidieron separarse, aunque lo único que querían al vivir juntas era mitigar su soledad. Esta semana, Julia murió en Madrid, a 230 kilómetros de su hermana, sin ni siquiera poder despedirse de ella.
A quien le parezca que la historia no tiene un terrible fondo que se lo haga mirar. Porque es terrible pensar que una Administración, cuyo índice de tolerancia con otro tipo de delitos es extremadamente amplio, cuya efectividad y eficacia en la lucha contra determinadas faltas es realmente inexistente, sea capaz de actuar con tanta celeridad y caer como un rayo vengador cuando lo considera necesario.
Porque así sucedió a estas dos mujeres, a las que se les aplicó con rigor y rapidez todo el peso de la ley amenazándolas con un castigo que no se podían permitir, para forzarlas a renunciar a su inapropiada aspiración: compartir la vida que les quedaba, como se ve, bastante poca cosa, en una tranquila residencia de Soria.
Mil millones de euros es la cantidad a pagar por el fracaso de las autopistas radiales que nadie utiliza , 60000 millones los que todos hemos pagado para salvar a los bancos de su propia codicia, y 370 euros los que estas viejillas hubieran cobrado indebidamente de haber vivido juntas en la Residencia. Como se ve, absolutamente imposible consentir tan flagrante transgresión de las leyes. Un bochorno insoportable que un país civilizado consienta tal abuso . Y así nos va.
En fin, hay que preguntarse que funciona mal en este mundo, en esta sociedad y en este país para que sucedan cosas tan inhumanas, sabiendo que el factor comparativo no nos da la razón pero tampoco nos la quita. Y que las leyes han de ser para todos, pero tienen que mirar a la cara a quienes la transgreden para buscar justicia y no venganza. Y sobre todo, que no pueden ser para algunos más obligatorias que para otros y han de ser cumplidas, aunque también hay que cambiarlas si consagran la injusticia.
Es un tema delicado, ciertamente. Porque si queremos mantener la convivencia, no nos podemos saltar las reglas del juego Pero estas señoras, no parecían estar ya para muchos saltos, ni parece que su pretensión fuera obtener un lucro ilícito Toda su pretensión era hacerse compañía mutua los años o días que les quedaran.
Ojalá no tardemos mucho más en darnos cuenta de que vivimos sometidos a esa maldita ley del embudo que nos asigna la parte más estrecha y dolorosa siempre a la misma mayoría sufridora y vulnerable mientras que los mangantes poderosos están a salvo, aunque sean pocos mientras sean lo suficientemente crueles e inhumanos
