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LA VEJEZ NO ES IDIOTEZ

Viejos pero no idiotas. Quizás suena un poco irrespetuoso, pero más lo es la forma en que se está tratando a la gente mayor de este país. En Xàtiva, un 18 % de la población supera los 64 años. Mucha gente vive o sobrevive con una pensión que nadie le ha regalado. Que suele compartir si hace falta, con sus familias, cuando necesitan ayuda para superar baches económicos que se prolongan angustiosamente a pesar de proclamas triunfales tan repetidas como engañosas. PENSION 1

Mayores, pero no muertos. Como algunos los querrían (“los ancianos viven demasiado y eso es un riesgo para la economía global” dixit C. Lagarde del FMI) para ahorrarse los gastos de mantenimiento y hacer como con los coches usados, que se llevan al desguace cuando han cumplido su misión.

Pero sucede que ellos y ellas no son objetos inanimados sin alma ni corazón. Es gente que tuvo y retuvo, que vivió y luchó, y que conquistó unos derechos a los que no está dispuesta a renunciar.

Porqué tendría que hacerlo? Les pretenden endosar una mentira estructural que mantiene que para sus pensiones no queda dinero. Y lo dicen, imperturbables, quienes han vaciado la llamada hucha de las pensiones, quienes se han empeñado en rescatar bancos y autopistas, quienes han consentido un estado de corrupción que ha permitido amasar grandes fortunas a costa del dinero público.

Lo dicen con un descaro infinito quienes gastan ahora mismo, ante sus narices, 10.000 millones en la compra de armamento y les niegan cantidades bastante menores, necesarias para superar ese insultante 0’25 % con el que pretenden seguir asfixiándolos un año más.

Han declarado la guerra a 10 millones de personas, creyendo que son un ejército cansado que pronto caerá derrotado. Utilizan todo su arsenal: la mentira, la hipocresía y sobre todo, el miedo. Son expertos en amenazas latentes que paralicen al adversario. En alimentar la idea de que las protestas son peligrosas e inútiles. También en refugiarse detrás de un puñado de “expertos” que venderán humo a precio de saldo. O en fomentar divisiones que debiliten. Si se tercia, cambiarán de estrategia y pretenderán firmar una falsa tregua, con propuestas tan traidoras como tramposas. Todo vale, porque el botín es grande: hacerse con el pastel de las pensiones públicas y cocinar el de las privadas, que implican riesgos cuidadosamente obviados y que, sobre todo, no están al alcance de cualquiera, por lo que rompen en mil pedazos el imprescindible principio de solidaridad que nos hace fuertes.

Gran equivocación la suya. No se dan cuenta de que se les están viendo las vergüenzas, es decir, la causa última generadora del problema que no es más que un reparto absolutamente desigual de la riqueza de este país, hecho causante de la insuficiencia de fondos para financiar servicios públicos esenciales. De ahí, la urgente necesidad de una reforma fiscal que evite que la riqueza española se distribuya en torno a un 46% para el trabajo y un 54% para el capital, mientras que el 75% de los impuestos (IRPF e IVA) se liquide por la clase trabajadora y sólo el 25% corresponda al capital (Miren Etxexarreta, UAB).

Vayan con cuidado los privilegiados, los aprovechados, las élites económicas y políticas que defienden un mundo hecho a su medida. También quienes defienden fielmente sus intereses, con mentiras y artimañas. Frente a ellos tienen a los pensionistas que nada tienen que perder. A la juventud, que lo tiene todo por ganar. Y a las mujeres, las más pobres entre los pobres, que ya han demostrado que no quieren ser la abuelita de Caperucita, sino más bien el lobo feroz.

ESAS DELINCUENTES VETERANAS

Se ha hecho famosa Paquita, esa señora de moño blanco que apareció en la Sexta noche,  echo la bronca a quien se le puso por delante, señalando que por ser mayor no era gilipollas y que ya estaba bien de abusos e injusticias. Tiene 91 años, que deben estar muy bien llevados porque también pudo asistir y hacer agudas declaraciones en Madrid en la concentración de protesta de los pensionistas  para denunciar la subida ridícula y humillante de las pensiones

viejitas

No son tan famosas dos hermanas de 94 y 83 años cuyo historia hay también que contar porque es emocionante, E indignante, porque nos hace ver una realidad que nos retrata en alguna medida como la sociedad que somos, pero no deberíamos ser.

Su historia la cuenta Sergio del Molino en un medio digital. Son dos hermanas, Encarna y Julia, de 83 y 94 años, que se fueron a vivir juntas a una residencia de Soria. La administración reaccionó con premura y diligencia bastante desacostumbrada en líneas generales,  enviándoles una carta en la que anunciaban que iban a retirarle a Encarna su pensión no contributiva de 370 euros porque, al compartir residencia con su hermana, consideraban que formaban una unidad familiar. Para evitar perder tan gran privilegio financiero, las dos hermanas decidieron separarse, aunque lo único que querían al vivir juntas era mitigar su soledad. Esta semana, Julia murió en Madrid, a 230 kilómetros de su hermana, sin ni siquiera poder despedirse de ella.

A quien le parezca que la historia no tiene un terrible fondo que se lo haga mirar. Porque es terrible pensar  que una Administración, cuyo índice de tolerancia con otro tipo de delitos  es extremadamente amplio, cuya efectividad y eficacia en la lucha contra determinadas faltas es  realmente inexistente,  sea capaz de actuar con tanta celeridad y caer como un rayo vengador cuando lo considera necesario.

Porque así sucedió a estas dos mujeres, a las que se les aplicó con rigor y rapidez todo el peso de la ley amenazándolas con un castigo que no se podían permitir, para forzarlas a   renunciar a su inapropiada aspiración: compartir la vida que  les quedaba, como se ve, bastante poca cosa,  en una tranquila residencia de Soria.

Mil millones de euros es la cantidad a pagar por el fracaso de las autopistas radiales que nadie utiliza , 60000 millones los que todos hemos pagado para salvar a los bancos de su propia codicia, y 370 euros los que estas viejillas hubieran cobrado indebidamente de haber vivido juntas en la Residencia.  Como se ve, absolutamente imposible consentir tan flagrante transgresión de las leyes. Un bochorno insoportable que un país civilizado consienta tal abuso . Y así nos va.

En fin, hay que preguntarse que funciona mal  en este mundo, en esta sociedad y en este país para que sucedan cosas tan inhumanas, sabiendo que el factor comparativo no nos da la razón pero tampoco nos la quita. Y que las leyes han de ser para todos, pero tienen que mirar a la cara a quienes la transgreden para buscar justicia y no venganza. Y sobre todo, que no pueden ser para algunos más  obligatorias que para otros y han de ser cumplidas, aunque  también hay que  cambiarlas si consagran la injusticia.

Es un tema delicado, ciertamente. Porque si  queremos mantener la convivencia, no  nos podemos saltar las reglas del juego Pero estas señoras, no parecían estar ya para muchos saltos, ni parece que su pretensión fuera obtener un lucro ilícito Toda su pretensión era  hacerse compañía mutua los años o días que les quedaran.

Ojalá no tardemos mucho más en  darnos cuenta de que vivimos sometidos a esa maldita ley del embudo que nos asigna la parte más estrecha y dolorosa  siempre a la misma mayoría sufridora y vulnerable mientras que  los mangantes poderosos están a salvo, aunque sean pocos mientras sean lo suficientemente crueles e inhumanos

PENSIONISTAS

La pasada semana un grupo numeroso de personas se congregó ante el Ayuntamiento de Xàtiva en una protesta que, como otras muchas, no tiene nada de resignada ni silenciosa. Eran pensionistas, mujeres y hombres que han alcanzado una etapa de la vida que antaño se identificaba con pérdida de facultades, dependencia e inminente fin del ciclo vital. Hoy, sin embargo, en la mayoría de los casos, llega a este status gente llena de energía y proyectos, perfectamente capaz y autónoma, y desde luego absolutamente convencida, con toda la razón, de que su contribución a la sociedad ya ha sido mucha y se merecen disfrutar, ahora o nunca, de un merecido momento de  relax y descanso.

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Es gente que ha conseguido llegar a esa edad prometida y esperada en la que se inicia una nueva etapa donde el empleo, como ocupación cotidiana, obligatoria, reglada y, a veces, muy poco gratificante, deja de ser una obligación. Gente que se ha ganado la vida y ha contribuido a la sociedad en la medida de sus posibilidades, alcanzando así el derecho a disfrutar del esfuerzo realizado durante muchos años. Y por eso cobran pensiones de jubilación, que nadie les regala graciosamente sino que es resultado directo de sus largas vidas laborales y de las aportaciones realizadas durante muchos años.

Congregadas ante el Ayuntamiento de Xàtiva, como sucedió  en muchos otros del país, pretendían hacer ver su justificado cabreo ante la subida de un ridículo 0’25 % de su pensión que puede llegar a suponer en el mejor de los casos, dos euros mensuales. Tan macanudo importe se presta a muchas bromas y chirigotas, pero lo cierto es que no tiene nada de gracia que por cuarto año consecutivo la pensión suba menos que ese puñetero IPC que señala el precio de las cosas y siempre supera las subidas  haciendo que la nómina o pensión se queden cada vez más cortas e impongan penurias derivadas de los excesos ajenos.

La OCDE advierte de que en España peligran las pensiones “decentes” aunque se olvida de las indecentes que también existen y también peligran como las pensiones de viudedad, que perciben mujeres en el 82% de los casos y cuya mísera cuantía hace de ellas un insulto más que una pensión imponiendo a sus “beneficiarias” la pobreza como compañía no deseada. Muchas mujeres perciben además, las llamadas pensiones no contributivas, porque su aportación laboral se ha dado en lo que se llama la economía informal, esa que sostiene el mundo pero no tiene regulación, ni reconocimiento, ni recompensa.

Todas peligran porque la llamada hucha de las pensiones ha sido metódicamente desvalijada, año tras año, lo que es motivo de auténtica preocupación. Sobre todo teniendo en cuenta que según el propio gobierno, el número de españoles mayores de 64 años se duplicará en las próximas cuatro décadas. En pocas palabras que esto no pinta nada bien.

La muy preocupante conclusión es que si las pensiones de hoy son una mierda como han sido calificadas con acierto aunque con poca elegancia, las del futuro no parecen gozar de buena salud, sino todo lo contrario. Y permitir que esta bola siga rodando, aceptando que las pensiones acaben siendo limosnas y que el sistema quiebre, dejando a cada cual que se apañe como pueda es un escenario que produce verdadero pánico.

Se impone quitarles de las manos la llave de la caja a los actuales gestores ante su inexcusable mala gestión y garantizar que quienes los sustituyan apuesten con firmeza por la calidad y la sostenibilidad del sistema público de pensiones, defendiendo la justicia social hasta sus últimas consecuencias