Primer día del verano convencional. Que levante la mano el que no haya hablado del calor en los últimos 5 días. Será alguien que haya permanecido encadenado al aire acondicionado susurrándole palabras de agradecimiento.
Dios, que calor.

Pero no es como el calor de antes. Parece la típica expresión de anciana nostálgica pero responde a la verdad. Es un calor infernal, insoportable, que derrite el cerebro y las pocas neuronas que nos van quedando. Hay quien las ha perdido todas.
A los vecinos europeos les ha pillado en bolas -que más quisieran ellos porque la ropa es un castigo- por no haber hecho los deberes… Están cayendo como moscas. Y no hay derecho. Alguien decidió hacerse el loco y han perdido. Claro que los sufrientes son los que tiran de ventilador y no los que deciden sobre las exigencias del desafío climático en sus despachos, con aire acondicionado a toda pastilla . Como podrían sino aguantar la corbata y la camiseta de tirantes?
Que risa la agenda 2030, decían algunos. Que exigía medidas urgentes para evitar el calentamiento global. Gilipolleces, decían algunos, pocos pero que gritan mucho. Trump se levantó de la mesa y se fue a montar un pollo en alguna parte del mundo. Y cuando el amo manda, hay quien se siente esclavo y no como Espartaco.
Total , que hace mucho calor. Felicidades a los fabricantes de abanicos.
