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ZAPATERO

Para poder sobrevivir en este mundo, traidor pero fascinante, hace falta confiar en la honestidad intrínseca de algunos personajes de largas trayectorias políticas cuyos nombres ocupan titulares habitualmente. Sobre todo si existe el firme convencimiento de que la buena política es necesaria y también de que todos sus protagonistas no son iguales. Dos premisas muy cuestionadas por razones muy interesadas.

Mandela, Lula, Múgica…en el mundo. En España, Tierno Galván, Anguita…Quizás la lista no sea grande. Y cada cual tendrá la suya porque el color también condiciona, para qué negarlo. Pero hay gente a la que hemos de otorgar nuestra confianza aunque no les conozcamos más que por sus obras, que tampoco es una mala forma de conocer.

Cuando imputaron a Mónica Oltra hubo que contener el aliento y echarle paciencia para que el tiempo pusiera a cada cual en su lugar. Y lo hizo. A día de hoy, no hay ni habrá condena judicial para ella aunque siga habiendo quien pretenda mantener encendida la hoguera para incinerarla y quitarla de en medio, sea como sea.

Ahora imputan a Zapatero con gran sentido de la oportunidad y en franca discriminación con otras figuras merecedoras del mismo trato. Solo hay una reacción legítima y coherente: que lo investiguen, por supuesto. Que lo juzguen, si procede. Que lo castiguen, si lo merece. Pero también que le pidan perdón y restituyan su buen nombre si se equivocan, exigiendo responsabilidades si se demuestra la existencia de mala fe.

En el caso de Zapatero, antiguo ZP, hay gente que se niega a tirarlo precipitadamente al cubo de la basura de la historia. Gente que nunca le ha dado el voto y que comparte la idea de que a su partido le hace falta una buena limpieza de bajos. Llámenlo intuición, fe ciega, confianza, presentimiento, instinto…quizás sea incluso un mecanismo de defensa para no perder del todo la confianza en el ser humano que se dedica a la política. Pero Zapatero es alguien difícil de asimilar con un Ábalos, un Santos Cerdán o un Luis Roldán. Y menos con un Zaplana, Rodrigo Rato o Bárcenas.

Y no es porque sea un tipo feúcho y casi siempre sonriente, con bastante poca gracia. Es porque gracias a él pasaron cosas que siempre habrá que agradecer: la ley del divorcio, la que permitió el matrimonio homosexual, la ley de dependencia, la que reguló el aborto, la de violencia de género, la de igualdad…Reformas de esas que llaman “de amplio calado social” porque realmente mejoran la vida de la gente. También pasaron otras que no se recuerdan con alegría – díganselo al funcionariado- pero ya lo dijo Billy Wilder : nadie es perfecto.

Situaciones como ésta, son como una carrera de caballos donde hay que guiarse por el olfato para apostar por el caballo que llegará a meta y el que se derrumbará por el camino.. Si se apuesta, se apechuga con el riesgo y se defiende la esperanza, ésa que debe ser la última en perderse. Si se pierde la apuesta, dolerá. Otra ilusión perdida. Pero si al final gana el caballo de las cejas gordas, nos llevaremos dos copas, la de la verdad y la de la justicia.

MÓNICA OLTRA

No hay conocimiento personal de Mónica Oltra a pesar de haber compartido espacio en dos ocasiones. En la primero, ella presidía la reunión y fue bastante impertinente, brusca y con un punto autoritario. Una mujer sin tiempo para tonterías. Era la Vice entonces y presidía el Consell de les Dones.

En la segunda ocasión , cuando no lo era ni presidía nada, compartió mesa y mantel como antesala de un modesto acto informativo con público feminista en una pequeña población. La vio disfrutar de una cabezadita relajante después de comer y más tarde, la oyó hablar, arengar y argumentar en la distancia corta.

No hay pues cercanía política ni personal con esta mujer desgreñada y provocadora, de lengua larga y energía infinita.

Pero fue una buena noticia, saber que por segunda vez su causa había sido archivada con acuerdo de la Fiscalía y de una segunda jueza. No tanto conocer las predicciones que anuncian que las acusaciones volverán al ataque hasta conseguir sentarla en el banquillo dentro de dos o tres años, tras los cuales será absuelta por fin, desarmada pero no vencida.

Los protagonistas de la política institucional son los partidos en este país. Pero los partidos tienen la cara de las personas que los representan. A veces la representación es penosa ( véanse solo un par de titulares de actualidad, no más para no atragantarse) y otras no tanto. Difícil interceptar a quienes se acercan buscando beneficio propio y no de la ciudadanía. O a quienes tienen buena intención, de la que sirve para empedrar el camino al infierno. Pero es injusto no diferenciar a justos de pecadores.

Oltra era una de las dirigentes con “más tirón y mejor valoración de toda la izquierda”, dos cualidades difíciles de encontrar en la política autonómica o central. aunque se busque con lupa . Hoy sigue siendo de discurso comprensible, en absoluto aburrido, estés de acuerdo o no con él. Demostró ser una política eficiente, más allá del teatro mediático y dejó como demostración su reforma de los Servicios Sociales en la Comunidad Valenciana que hoy siguen defendiendo con verdadero fervor las profesionales del sector , lo que es un indicador realmente válido.

Nadie dice que haya que subirla a los altares y adjudicarle el don de la infalibilidad. Que haya que beatificarla o crear un club de fans entregados. Pero lo cierto es que si la primera imputación ya fue discutible, todo lo que viene después de su primer juicio, donde se resolvió archivar la causa tras dos años de investigaciones, no es más que una especie de lapidación en diferido, piedra a piedra, hasta conseguir machacarla.

No es justo, y sí muy preocupante, que dedicarse a la política sin rehuir la pelea para defender aquello que se dice defender, creándose enemigos tan potentes como implacables, conlleve un precio personal y político tan alto. No es tolerable que haya quien destroce por la vía de la infamia a quien no puede vencer en el debate abierto. La guillotina no funciona hace siglos, pero cortar cabezas sí que parece estar permitido por la vía del lawfare, palabro que define la técnica de destruir a una persona por la vía del acoso judicial sin que la justicia esté ni se la espere.

No hace falta ser amiga de Oltra, ni de su partido, ni siquiera compartir ideología para concluir que no se hace un país habitable sin unas reglas de juego moralmente admisibles. Se acabará por romper el tablero y no podremos jugar juntos. Será aburrido y demasiado peligroso. (Imagen Javier Mariscal)