El blog de Mar Vicent Artículos destacados

EL VIVO AL HOYO Y ….

Mañana es el Día de los Difuntos y somos un país aficionado a procesionar a los cementerios, a llenarlos de flores, a comer en familia  para recordar a los ausentes haciendo un esfuerzo por revivirlos en nuestra memoria , porque según el tiempo pasado desde su marcha, su recuerdo se va desdibujando haciéndonos sentir más solos y un poco traidores.snoopy

Quizás sería bueno quitarle un poco de dramatismo al día y hacer un esfuerzo para convertirlo en una jornada  que no solo evoque tragedias y pérdidas sino que también provea de consuelo y  respiro  a quienes sufrieron una pérdida y han de vivir con ella, luchando por recuperar la alegría y el coraje de vivir.

Porque dice el refranero, que suele ser bastante bruto eso de “el muerto al hoyo y el vivo al bollo”, que es una gran verdad, expuesta con bastante poca diplomacia y cuidado de los sentimientos ajenos. Pero es una verdad tan grande como esas pirámides gigantescas que los egipcios construyeron para guardar momias olvidadas.

Si nacemos para morir, como tantos filósofos, grandes o de ir por casa,   han defendido a lo largo de la  historia de la Humanidad, ya sería hora de que nos fuéramos acostumbrando, naturalizando la idea y  asumiéndola con todas sus repercusiones para hacerla jugar en nuestro favor y no en nuestra contra. Si hay que morirse, vivamos sin miedo porque el final está cantado. Si hay que morirse, aprovechemos la vida sin racanería , relativicemos nuestros disgustos cotidianos y apostemos por la felicidad permanente. Solo hay una vida, una oportunidad y lo único que sabemos cierto es que es finita, porque lo de las prórrogas sobrenaturales, la luz al final del túnel y otras fantasías está por demostrar, aunque todo el mundo es libre de buscarse la vida y explicarse la muerte como mejor le parezca.

Tras esta declaración de principios, propia de un curso básico de autoayuda,  es evidente que habría que diferenciar entre la muerte ajena y la propia, porque no la procesamos, ni sentimos de la misma manera.

Nuestra propia muerte es un mal menor, mira por donde,  porque una vez muertos ya se nos pasó el momento de sufrir, quejarse, o protestar.  Aunque es bien cierto que  un deseo compartido por la mayoría del personal es el de tener garantizada una muerte digna, amable, elegante, sin dolor ni pérdida de dignidad. Es esa una íntima aspiración  de la mayoría de las personas a pesar de que algunos de nuestros representante políticos más impresentables mantengan  que ese es un tema que a nadie preocupa por lo que no son necesarias leyes que regulen un momento sobre el que todos querríamos poder decidir en la medida de lo posible sin someterse a decisiones ajenas que a veces no nos lo ponen nada fácil.

Que levanten la mano quienes nunca hayan imaginado su propio fallecimiento y hayan deseado poder decidir sino el cuándo, que por mucha vida sana y hábitos saludables no depende de nosotros,  por lo menos el cómo. No a todo al mundo le gusta programar la música de su entierro y el color de las flores pero sí que sería preferencia generalizada tener la seguridad de que el transito será  rápido e indoloro. Algo que una ley adecuada nos podría garantizar.

Es mucho más insoportable la muerte ajena, la de los seres queridos que estimamos porque la muerte nos obliga a prescindir de su compañía, a no disfrutar de su contacto, de la convivencia con ellos. La muerte es siempre un punto y  final para las relaciones basadas en el amor, en la necesidad y a nadie le gusta decir adiós. Por eso luchamos como jabatos para mantener el recuerdo, por recordar olores, voces y gestos que nos reviven a quien se fue, en una pelea eterna que dura hasta que nosotras mismas nos vamos a descansar. Dicen que el tiempo todo lo cura, pero las ausencias nunca dejan de doler. Simplemente nos acostumbramos a ellas, como a una muela que nos da avisos de vez en cuando de su dolorosa existencia.

Mañana se llenaran los cementerios. Se repetirán conversaciones nostálgicas de tiempos que nunca se repetirán con personas que ya no están aquí. Quienes sí que estamos, todavía, hemos de mirar la vida que tenemos y hacernos dueños de ella, para que cuando bajemos definitivamente la persiana, tengamos la mochila llena de alegrías y una multitud de personas que nos echen de menos. Eso es lo único que nos llevaremos y en realidad lo único que nos hace falta.

 

 

 

PRESUPUESTOS Y MUJERES

No tenemos Presupuestos del Estado todavía para el año próximo y como en las buenas películas de suspense nos van a dejar con la incógnita durante un buen rato. El PSOE y Unidos Podemos han hecho una propuesta que puede resultar bastante satisfactoria pero el resultado final depende de conseguir el necesario cambalache aritmético en el Congreso de los Diputados donde todos deben mojarse.pptps2

Lo cierto es que no es una mala proposición porque, entre otras cosas, beneficia especialmente a las mujeres que bien que se lo han peleado sin lugar a dudas.

La subida del SMI, con ese tope mínimo de 900 euros para todo bicho viviente es para algunos una catástrofe sideral que conlleva la extinción de la Humanidad,  pero para las mujeres es un auténtico acto de justicia. Sólo se desbaratan ante la idea quienes cobrando 150.000 pavos al año, se creen legitimados para pedir austeridad. Quienes sufren una amnesia absoluta que les impide recordar que la Iglesia Católica percibe al año 11.000 millones de euros no se sabe exactamente porqué o que la corrupción ha supuesto un coste cifrado entre 24.000 y 90.000 millones de euros. Cifras que hacen que los 340 millones que supondrán la subida salarial sean pecata minuta.

La propuesta incluye otras medidas que serán recibidas como agua de mayo por las mujeres de este país. Como las cuidadoras, cuya cotización a la seguridad social se vio suspendida de golpe y repente cuando a los gobernantes populares les pareció que lo suyo debía ser devoción, sin nada que ver con la aportación que supone a la economía del país. O la rebaja del IVA del 10 al 4% que encarecía productos básicos de higiene femenina como compresas y pañales, como si fueran artículos de lujo, penalizando el bolsillo por un gasto que no tiene nada de fashion.

Y no solamente hay que hablar de medidas estrictamente económicas. El acuerdo incluye la firma y ratificación del convenio 189 de la OIT lo que permitirá a las Empleadas de Hogar, dejar de ser esclavas del hogar para ser trabajadoras con derechos. O la equiparación de los permisos de paternidad y maternidad que igualará a mujeres y hombres en sus obligaciones familiares, acabando de una vez por todas con el extra de responsabilidad que las relegaba del mercado laboral otorgándonos el dudoso honor de ser el segundo país de la Unión europea con mayor índice de paro femenino.

En relación a la lucha contra la violencia machista, duplica los fondos destinados a los Ayuntamientos que pasan de 20 a 40 millones devolviéndoles además las competencias que les fueron retiradas. Pone en marcha las reformas legislativas que permitirán acreditar la condición de víctima de violencia de género sin necesidad de denuncia y elimina la absurda diferencia entre abuso y agresión sexual. También se compromete con carácter de urgencia a abordar una Ley de Igualdad salarial que acabe con esa brecha que tanto se ha tardado en reconocer y mucho más en eliminar.

Es por eso una buena propuesta, que aún siendo mejorable -siempre lo es- va en la línea de corregir las enormes desigualdades que estaban convirtiendo este país en el paraíso de unos pocos y el purgatorio de la mayoría. Ojalá quienes están empeñados en que la propuesta se descalabre, no triunfen en su objetivo. Ojalá tengan que lamentar su derrota, eso sí, desde sus lujosas mansiones . Mucha pena no darán.

BANDERAS

Son las banderas un tema delicado por excelencia, porque toca vísceras y levanta pasiones, a veces poco racionales. Hay quien moriría por una bandera y quien no entiende dónde está el consuelo de ser enterrado con ella. Pero siempre las opiniones divergentes deberían merecer respeto, aunque no sean compartidas. A menos que amenacen la integridad ajena o no respeten las reglas de convivencia en cuyo caso, en legítima defensa, no cabe más que combatirlas con todos los medios a nuestro alcance.banderas2

Banderas. Telas que ondean al viento y lanzan un aireado mensaje en pro de ideologías, marcando preferencias o recordando efemérides. En sí mismas, no tienen ningún valor. Todo depende de lo que representen, pero también de quien las enarbole, de sus propósitos, del fin perseguido. Porque es fácil pillar banderas ajenas y esconderse tras ellas para cometer maldades. O falsificarlas adornándolas con mensajes engañosos. O directamente inventarlas abusando de la credibilidad e ignorancia ajenas. No olvidar que cuelgan de un palo que, en ocasiones, puede alcanzar un enorme y doloroso protagonismo.

Hay banderas caducadas, casi podridas, a pesar de que quienes las defienden se empeñan en resucitarlas, aunque cada vez huelan más a muerto, muerto y enterrado, y próximamente vuelto a enterrar. Que pugnan y repugnan. Banderas que representan nostalgias criminales, llenas de odio y rencor, que hieren la vista e insultan la memoria de la historia. Esa historia que no admite cómodas adaptaciones a la medida de los propios intereses, porque la realidad no admite discusiones y no hay verdad más verdadera que la que afirma que el tiempo pone a cada cual en el lugar que merece. Aunque a veces haya tardado demasiado.

Las hay también excluyentes, impositivas, soberbias, que exigen total acatamiento so pena de condena de ostracismo, ese castigo que niega el saludo, el pan y la sal a quienes no se alinean tras ella. Quizás porque han conocido el infierno de la prohibición y el castigo, a veces, se llegan a considerar divinas y libres del juicio ajeno, confundiendo el respeto que, sin duda, merecen con el blindaje ante críticas o cuestionamientos. Exigen lealtades incondicionales, complicidades indiscutibles, para escapar de la crucifixión que espera a quien no grite su mensaje suficientemente alto y claro.

Otras tienen vocación de sábana más que de bandera y con su descomunal tamaño pretenden enterrar la verdad que no les conviene. Como también las hay tímidas, valerosas, fruto de íntimas emociones o convicciones personales que no desafían a nadie, ni pretenden convencer sino sólo expresar un principio, una querencia, un sentimiento que no se quiere esconder pero tampoco hay necesidad de exhibir. Que son sólidas y sentidas y no necesitan escenarios gigantes, ni himnos patrióticos pero concitan la fuerza del ser humano que lucha por lo que cree.

Hay banderas que no existen y deberían. Y quizás sean las que más valgan la pena. Porque son las banderas que unen a quienes creen en la solidaridad, la igualdad y la libertad y la democracia. Grandes palabras que no se pronuncian sino que se practican. Banderas que no tienen, ni falta que les hace, quienes acogen con generosidad, educan en solidaridad, trabajan por la dignidad, viven en libertad.

Esta es una semana de banderas. Y no todas son iguales. Imprescindible discriminar y asignar a cada una el valor que merece. En todo caso, recordando que son trozos de tela que ondean al viento, símbolos valiosos para la escenificación pero inútiles por sí mismos para satisfacer necesidades reales y aliviar sufrimientos. No vale la pena luchar por ellas, aunque sí sea necesario defender hasta la muerte lo que algunas representan

CÁNCER

La Alameda de Xàtiva se vistió el domingo de verde aceituna para celebrar la carrera anual contra el cáncer. Una oportunidad de oro para ver a nuestros cargos públicos vestidos de corto y en camiseta, luciendo palmito. Y, más en serio, la ocasión de manifestar el compromiso de la ciudadanía frente a una enfermedad que sigue afectando a una de cada ocho mujeres. Dicho esto, es conveniente resaltar también algunas ideas para contribuir a que el esfuerzo realizado por asociaciones, administraciones y personas de buena voluntad, concluyan en un abordaje óptimo de la enfermedad que va mucho más allá de un lazo rosa, que no es más que la estrategia de marketing de la compañía de cosméticos Esteé Lauder que en 1992 eligió el color rosa porque se asociaba con la feminidad y el espíritu festivo.

cancer mama

Esto es preciso?

Porque lo cierto es que el cáncer de mama no es una enfermedad fácil, ni sexy, ni cómoda, ni curable en el 100 por 100 de los casos. El cáncer de mama, todos los tipos de cáncer, son enfermedades duras y peligrosas que hay que afrontar con sinceridad, con apoyos, sin infantilismo y sin trivializar, ni banalizar situaciones que no se curan con lacitos, ni haciendo carreras. Ni bailando zumba, ni siquiera recogiendo fondos. Ojalá.

Su tratamiento exige incentivar no solo la prevención secundaria, que es la que corresponde al momento en que la enfermedad ya ha debutado, sino la primaria que es aquella que intenta impedir que aparezca ese proceso destructivo que se lleva por delante la vida o como poco, el bienestar, de tantas mujeres.

Y es que estando todavía lejos la curación de la enfermedad, está más que demostrada la existencia de agentes que intervienen como facilitadores o inductores de la enfermedad. Que no dependen de nuestro estilo de vida individual, por sano que queramos que sea, sino de las dañinas condiciones que se derivan a veces de nuestro entorno social o laboral, es decir, de factores que no podemos evitar porque están en el aire que respiramos o en los productos que consumimos.

Algunos tipos de tumores, dice la ciencia médica, podrían prevenirse con medidas legales y macropolíticas saludables que dieran garantías a nuestras condiciones de vida y laborales. Pero a pesar de toda la evidencia acumulada, resulta sorprendente que apenas se inviertan recursos para entender e intervenir sobre estos determinantes sociales del cáncer. Buen ejemplo de la relevancia de la política como actividad capaz de incidir o no en la solución de problemas muy serios.

Es peligroso, además de falso, establecer una supuesta relación entre estilo de vida y cáncer que hace pensar que es una enfermedad causada por los estilos individuales de vida irresponsables (poco ejercicio, dieta rica en grasas, fumar, beber, etc.). Porque con este razonamiento, se podría prevenir el cáncer con un comportamiento adecuado. Y en esta lógica la enfermedad mata a quien no se cuida, a quien se descuida, en cierto modo, a quien se lo ha buscado. Y no es así.

Tampoco es positivo ese falso optimismo que trivializa la enfermedad y se acompaña de un cuasi fanático llamamiento a la lucha que se hace a las personas enfermas, depositando de alguna forma en ellas, la responsabilidad de curarse.

Siendo enormemente positivo, que corriendo y bailando, la ciudadanía afronte sus retos de salud, no se han de perder de vista los objetivos principales, es decir, evitar en lo posible la aparición de la enfermedad eliminando los factores que la favorecen y garantizar que las personas afectadas dispondrán del apoyo que precisen sin sufrir presiones innecesarias.

(pensando en A. Leal, amiga y vecina , luchadora incansable)

LAS QUE NO VOLVERÁN

No una, ni dos, ni tres. Sólo desde Julio, hay hasta 16 mujeres más, según las cifras oficiales, y 4 más que no entran en el conteo de la Administración pero también fueron asesinadas por su condición de mujeres, que no volverán tras las vacaciones a sus ocupaciones habituales. Dos criaturas también se quedaron en el camino.

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Es cansino, aburrido, amargo tener que reincidir tanto en el mismo tema. Se ha dicho, escrito, cantado y monologado todo lo que hacia falta decir. Sobran las palabras. Faltan los hechos

Porque conocemos las causas y la envergadura del monstruo. Sin leer manuales, ni guías, sabemos que hay hombres que matan a las mujeres porque son unos cafres que creen estar en su derecho de estrangularlas, tirarlas por el balcón o acuchillarlas. Que las matan porque no saben y no aprenden, ni a las buenas ni a las malas, lo que es la libertad, y el derecho a la vida. Porque se sienten autorizados. Lo hacen porque pueden, porque ellos son los putos amos, y ellas las sirvientas.

Ya está bien. De campañas mediáticas, de lacitos, de silencios….Ya sobran complicados procedimientos, normativas, pactos y otros compromisos que no pasan del papel a la realidad y si lo hacen, es de forma tan lenta, tan escalonada, tan difusa que sus efectos son casi nulos.

Basta de hablar de educación en las aulas y no garantizar que el profesorado tenga la formación necesaria para poder impartirla. De esperar que por ciencia infusa, hayan de promover valores y desmontar prejuicios, afrontando una responsabilidad descomunal sin haber recibido ningún tipo de formación ni ideológica, ni pedagógica. Cuando no saben ni lo que tienen que enseñar, ni cómo hacerlo. Y además casi, sin tiempo en la jornada escolar destinado a tal fin.

Ya está bien de pedir denuncias a las mujeres como quien pide aplausos, sin dar garantías de protección y de subsistencia. Sin preparar y formar debidamente a quienes serán responsables de su seguridad y tendrán el poder de decidir sobre sus vidas. Sin exigir responsabilidades por equivocaciones que podrían haberse evitado. Sin poner el foco sobre el delincuente y no sobre la víctima, penalizando a éste con traslados y seguimientos y no a ellas, que lo único que quieren es que las dejen vivir en paz.

Ya nos vale de asistir a concentraciones, ponernos lazos, y aguantar los chistes machistas y repugnantes en la barra del bar, o admitir condenas a mujeres sólo porque lo son, y no por los errores que puedan cometer. De oir canciones que mandan mensajes repugnantes o comprar prensa con titulares que dan ganas de vomitar. De tolerar opinadores y tertulianas que intentan hacer negocio y no justicia con el último asesinato de una mujer. Ya no toca asombrarse ante el último anuncio publicitario que utiliza a la mujer como un trozo de carne, sin derechos ni sentimientos, a disposición de quien lo pueda comprar porque lo que procede es declarar un boicot inexorable a la firma que se atreva a alimentar el monstruo de la violencia.

Ya es hora de actuar y dejar de resignarse ante un fracaso crónico que endurece conciencias y nos hace cada día un poco más inhumanos.

EL RETORNO

Iniciado el mes de Septiembre hay  temas  de tratamiento obligatorio en la actualidad informativa, aunque sea en lugar secundario,  por lo menos hasta que recupere su tono habitual  la accidentada vida política y social a la que estamos acostumbrados.

Uno es el fin de las vacaciones, asunto sobre el que debería decaer la atención teniendo en cuenta que en este país, un 34% de las familias no se toma ni una mísera semana de vacaciones. Las vacaciones, en muchos casos, son un mito, un espejismo, porque quien percibe menos de 8000 euros anuales, bastante tiene con sobrevivir los 365 días del año. Y así vive el 25% de habitantes que toma el sol, sí, mientras que no le cueste dinero. Cierto es que, dado que siempre ha habido una cultura vacacional, se hace de la necesidad, virtud y  se utiliza esa ancestral táctica, entre el cariño y el abuso, que consiste en volver al pueblo o instalarse en domicilios familiares ajenos, donde se vive con las mismas estrecheces pero con un cambio de escenario que alimenta la fantasía vacacional a la que todo el mundo tiene derecho.VUELTA1

El otro tema obligado, va a ser sin duda el de la vuelta al cole. Un asunto al que casi todas las grandes marcas comerciales quieren brindar su nada desinteresada ayuda con promociones y campañas que convierten el retorno en un saqueo de las cuentas familiares.

Cuando algunos grandes almacenes se apropiaron desde sus departamentos de Publicidad de un hecho tan habitual y doméstico como la Vuelta al Cole, sabían lo que hacían. Lo convirtieron en una especie de festejo social que acaba exigiendo una inversión similar a la de bodas, bautizos y comuniones, quizá no en cuantía, pero sí en cuanto a la obligatoriedad de pasar por caja.

Jugaban con ventaja porque sabían que tras el desalojo de los centros escolares en Junio,  la vuelta del alumnado estaba garantizada, mientras que a la gente adulta que nunca se ha ido de sus trabajos porque no los tiene, ni de vacaciones porque no puede pagárselas, era más difícil convencerles de que había algo que celebrar.

Vuelta al cole, pero siempre, por supuesto, desde la óptica del consumo puro y duro, es decir, de fomentar la adquisición de multitud de artículos y accesorios que las criaturas han de llevar, flamantes, en su primer día de escuela como si su autoestima y sensación de seguridad tuviera que fundamentarse en el precio de sus gomas de borrar.

Hablamos,  no de libros de textos, asignatura felizmente superada, por lo menos en esta Comunidad, Andalucía y Navarra, sino de esa infinidad de artilugios y accesorios que las criaturas deben llevar en su primer día de clase. Sacapuntas, cuadernos, mochilas, lápices, rotuladores, reglas, calculadoras, estuches…Todo ello convenientemente decorado, según el sexo de las criaturas destinatarias cuya capacidad de elección queda derogada porque a las niñas les toca Frozen y a los críos Spiderman.

Aquello de huir de los estereotipos y apostar por educar personas sin imponerles   colores, ni, por derivación, lugares más o menos preferentes en el mundo, queda así en el rincón del olvido. Y se pierde, además,  una buena oportunidad de ahondar en otros de esos principios que compartimos en la teoría y machacamos en la práctica. Ese que se refiere a aquello del reciclaje, del reaprovechamiento, del consumo sostenible…

Pero nadie está por la labor de hacer comprender a las criaturas que esa mochila que costó una pasta hace pocos meses es perfectamente apta para su reutilización. Ni de aclarar que colores hay muchos, pero no significan nada y pueden elegir el que más les guste.

ESCLAVAS

Esclavas son quienes trabajan a cambio de nada o de muy poco. Se supone que ya no hay. Es creencia generalizada que la Humanidad ha ido progresando y superando realidades que hoy consideramos vergonzosas y degradantes.

Banksys Maid. Camden North London.Pero a nadie choca y esta perfectamente normalizado que en nuestras casas entren mujeres que sustituyen a las que allí viven cuando salen cada mañana a defender su puesto laboral con uñas y dientes, dado lo difícil que ha sido en mucho casos conseguirlo y lo complicado que es mantenerlo.  Hoy son residuales las mujeres que entienden que su supervivencia debe correr a cargo de persona ajena que las mantenga.

Sin embargo queda oculto el hecho de que su derecho a trabajar se sustenta en  que otras mujeres entren en sus casas para hacerse cargo del rol que les sigue siendo adjudicado casi en exclusiva: el  cuidado de menores y dependientes y las tareas domésticas en general. La corresponsabilidad sigue siendo, excepto honrosas excepciones, un concepto bastante teórico pero atender debidamente a las criaturas menores de 3 años es una responsabilidad ineludible. Y solo el 8  % de ellas tienen plaza pública en escuela infantil.

Las esclavas del siglo XXI  no son  un colectivo minoritario. Hay cerca de 700.000 en todo el Estado, el 80% de ellas de otras nacionalidades. Aunque sólo 420.000 están dadas de alta en la Seguridad Social, a pesar de que es obligatorio desde 2012.   Su salario cuando trabajan a tiempo completo es hasta el 40% menor que el de cualquier otro trabajador, lo que no es una brecha salarial sino un precipicio,  aunque, ciertamente,  la mayoría de ellas trabajan a tiempo parcial. Son esclavas porque su salario es indigno y la regulación de sus condiciones de trabajo inexistentes. Nadie ha establecido sus horarios, sus vacaciones, sus descansos. No  tienen derecho a la prestación por desempleo. Cuando se jubilan sus pensiones son todavía más ridículas que las del resto: 520 euros/mes

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) suscribió en 2011 un Convenio, el 189,  que es un acuerdo de mínimos, reconociendo que el trabajo doméstico sigue siendo infravalorado e invisible, realizado principalmente por mujeres, muchas de las cuales son migrantes o forman parte de comunidades desfavorecidas, por lo que son más vulnerables a la discriminación con respecto a las condiciones de trabajo, así como a abusos de sus derechos humanos. Todos los países debían suscribirlo y llevar adelante las medidas que les garantizaran  dignidad y respeto en todos los países. Diecisiete ya lo han hecho,  pero el gobierno español del PP pidió prórroga. Y se la dieron, porque se comprometió a que en 2018, asumiría el Convenio con todas sus consecuencias. Pero al mentiroso como al cojo se le pilla siempre, y llegada la fecha, el Partido Popular, introdujo en los Presupuestos Generales del Estado una enmienda ,la 667, que pide más prórroga, en concreto 4 años más,  hasta el 2023, para reconocer unos derechos indiscutibles y mejorar una realidad laboral francamente insoportable.

Esa enmienda ha de ser derogada . Todas las personas decentes han de empeñarse en ello asumiendo su responsabilidad colectiva.  Porque hasta que las Empleadas de Hogar (ciertamente siempre en femenino,  porque mujeres son el 99 por cien de ellas), al igual que las Kellys o las trabajadoras de la fresa,  no obtengan un estatus de dignidad profesional equivalente al del resto de la clase trabajadora,  se está autorizando una realidad inmoral y escandalosa que comulga mal con las proclamas del 8 de Marzo más feminista de nuestra historia y la avalancha de épicas declaraciones a favor de la igualdad. No nos hagan poesía. Reconozcan nuestros derechos.

EL ARMARIO

Quienes se escondían en el armario, no era por gusto, sino muy a disgusto. El armario es un sitio pequeño y oscuro y muy, muy solitario. Pero cuando dentro, la persona se encuentra segura y protegida y no se siente amenazada ni perseguida, se convierte en un triste lugar, ciertamente, pero infinitamente mejor que la intemperie.

En este país, salir del armario ha significado  durante mucho tiempo, afrontar una vida de segunda, llena de prejuicios, soportando la ignorancia, la maledicencia, la mezquindad y la crueldad de una sociedad que asfixiaba hasta la muerte a quien se atreviera a ser diferente y mostrarlo  sin complejos y sin vergüenza, que es algo impropio de quien no tiene nada que esconder.

Ser, o mejor dicho, reconocer públicamente la condición de gay, lesbiana, transexual o cualquier otra identidad que no fuera la heterosexual, era comprar un billete seguro hacia la exclusión y el señalamiento social. Sólo había un modelo aceptable y aceptado, y todo lo demás significaba sufrir la condena colectiva, eterna y sin posibilidad de redención, que te colocaba fuera del mundo merecedor de respeto y consideración.

Quienes piensen que es exageración, sobre todo generaciones jóvenes con escasa información o generaciones más veteranas de escasa memoria, deberían saber o recordar,  que lo que hoy  se acepta con  mayoritaria y afortunada normalidad  fue causa, hasta hace escasos años, de mucho dolor y sufrimiento. Muchas  personas, mujeres y hombres, debieron negar y renegar de su orientación sexual hasta la propia autodestrucción, antes de correr el riesgo de ser quemados en la hoguera del puritanismo hipócrita y cruel.

En otros países,  no hay que engañarse era y es todavía más arriesgado porque allí la condición sexual puede ser causa de durísimo castigo o, incluso de muerte. Hasta en 79 países es delito la relación sexual entre personas del mismo sexo, siendo en siete de ellos  motivo de pena de muerte.

Pero en sociedades que se decían civilizadas y respetuosas con los derechos de las personas, pero que lo hacían con la boca pequeña y mentirosa de quien dice lo que no piensa, también las personas  diferentes sufrían un castigo tácito y encubierto que las despojaba de su dignidad y de su autoestima. Y lo hacía de forma especialmente cruel y mezquina desde la ridiculización y el estereotipo más negativo, que convertía en depravación y vicio ajeno, lo que no era más que la propia mirada, sucia e indecente.

El 28 de Junio se celebra el Día del Orgullo Gay, más necesario que nunca para limpiar tanta suciedad acumulada en el cerebro de los que más puros de corazón se consideran.

En Rusia aprueban leyes que prohíben “la propaganda de las relaciones sexuales no tradicionales” que en la práctica suponen que los homosexuales no pueden organizar actos ni protestas en público, ni tampoco utilizar los medios de comunicación. En Hungría recientemente, prohibieron el musical Billy Elliot por inducir a la homosexualidad, una extraña decisión casi imposible de entender por un ser humano normal. En Valencia, hace pocos días dos mujeres fueron insultadas por hacer visible su orientación sexual. Parece que la asignatura  no está aprobada y el progreso es insuficiente.

Quizás el Día del Orgullo sea, con el tiempo, la ocasión de mostrar orgullo por formar parte de una sociedad a la que sea indiferente el sexo de las personas que se aman.

EL DILEMA

El cambio climático anunciado por el mundo de la ciencia desde hace ya muchos años, y negado con la misma insistencia por algunos políticos ignorantes y atrevidos, es ya una realidad que podemos percibir en cada inundación, en cada tornado, en cada fenómeno climático que nos deja boquiabiertos ante su potencia y su capacidad destructiva. PLASTICOS 1

El cambio climático nos acabará destruyendo a todos. No hace falta ser Nostradamus   para hacer la predicción. Destruirá a los que creen en él y se movilizan para impedirlo y a quienes en un ejercicio intolerable de egoísmo e insolidaridad, predican aquello del sálvese quien pueda, o peor aún consideran que no les afecta el asunto porque cuando se produzca el desastre anunciado, ellos estarán criando malvas.

Así  piensan algunos de la tercera edad, porque la acumulación de años no siempre hace más sabias y generosas a las personas. Pero también lo piensa parte de la gente joven, que es incapaz de interesarse por nada que no le afecte de forma individual, porque lo colectivo les resbala y presumen de su escepticismo como si eso fuera virtud en lugar de cobardía y estupidez. Y también hay adultos, ni jóvenes ni viejos, que se dedican a sobrevivir en el día a día que a veces se les presenta muy duro, trabajando, afrontando y resolviendo problemas, construyendo una existencia sin darse cuenta de que todo eso son edificios construidos en una bola, en un planeta,  que rueda hacia el desastre.

No nos pongamos apocalípticos. Que para eso ya hay películas la mar de descriptivas y angustiosas. También hay pasos en la dirección correcta  como los dados por el Parlamento de Navarra, o se proponen por la Comisión europea.

Si uno lo piensa, es un placer ver aumentar en las ciudades el número de personas que utilizan medios de transporte alternativos en lugar de coger el coche para ir al kiosco de la  esquina. Da un poco de susto ver la proliferación de  patinetes, tablas y otros inventos con los que la gente se desplaza de forma rápida y nada contaminante, aunque generando a veces cierto peligro para la integridad física del resto de peatones que ocupan la calle. Pero ciertamente son un avance indicativo de la colaboración necesaria en un esfuerzo colectivo , grande y permanente, que  será el único capaz de frenar la degradación de este planeta que nos acoge y que estamos demostrando que somos muy capaces de destruir.

Es también una medida acertada la restricción del uso del plástico por lo que tiene de contaminante de efecto permanente. El 90% de las bolsas de plástico se usan una sola vez, durante un período de entre 12 y 25 minutos como máximo y luego tardan más de 100 en descomponerse. Cualquiera se estremece cuando le dicen que cada segundo llegan al mar 200 kilos de plástico. Queda la pregunta de si hacernos pagar por las dichosas bolsas causará el suficiente disuasorio para abandonar su uso. Pagamos por ellas un precio ridículo desde el 1 de Julio aunque habrá que esperar al 2021 para su prohibición total.

España es el segundo país, detrás de Turquía, que más plástico está vertiendo en el Mediterráneo, ese que nos enamora, que cantó Serrat y que estamos convirtiendo en un vertedero asqueroso de toallitas. Quizás sea ahora de ponerse en serio a hacer los deberes, asumiendo que no hay nave espacial ni héroe forzudo que nos salve del desastre, si todas y cada una de nosotras, las personas, no entendemos que nos estamos jugando  nuestro presente y nuestro futuro, por unos hábitos y costumbres que no nos podemos permitir. No hay margen. No queda tiempo. No hay excusas.

O ecologistas  de corazón y de práctica, o especie de extinción. Ese es el dilema.

ANDARINAS

andarinas2Así son las mujeres de muchas ciudades a las que es fácil ver pasear o  correr, en estas fechas cuando el sol lo permite,  y el resto del año, a cualquier hora en que les sea posible en razón a  las múltiples obligaciones que suelen tener.

Hay de todas las edades y tamaños,  equipadas algunas con minucioso detalle, desde el color de las uñas  hasta la visera más fashion, cruzándose felices con las que calzan deportivas de los chinos y gorra que hace publicidad del taller de coches del cuñado.  Las ves a paso ligero o de procesión, solas o en grupo… Decenas de mujeres toman las calles, en una práctica a mitad de camino entre lo deportivo y lo simplemente saludable, empeñadas en cuidarse un poco a sí mismas,  decididas a poner de su parte para que el cuerpo aguante lo que tenga que aguantar, que faena no falta a las mujeres,  por muchos años que cumplan.

Caminar  es una elección como disciplina deportiva que se adapta muy bien a los usos y costumbres de las mujeres. No es un deporte de alto riesgo, que de esos, y sobre todo,  a cierta edad,  ya no quedan  ganas de nuevas experiencias. Tampoco  es una actividad competitiva donde haya que superar a las rivales convirtiendo en fuente de estrés lo que sólo busca un momento de bienestar. Tampoco es una actividad solitaria, sino que por el contrario permite la socialización plena, la charla distendida y la terapia que para muchas mujeres significa la posibilidad de darle a la lengua en ambiente amigo y comprensivo.

Aunque también las hay que prefieren salir solas,  colocarse los cascos y aislarse de un entorno a veces  complejo y estresante, para dejarse  invadir por la música preferida que suena a toda castaña  impidiendo totalmente el recuerdo de los problemas, ajenos y propios, de las incertidumbres y  preocupaciones inacabables. Entonces,  andar  se convierte en una forma de salvaguardar la salud mental, presentando  resistencia ante la posibilidad siempre presente de acabar petando ante tanto requerimiento externo y  tanta autoexigencia interna.

Algunas, las más valientes,  no sólo caminan  sino que incluso corren. Hay que tener en cuenta que hacerlo, sobre todo en ciertas fases de la vida, depende de factores externos (exceso de peso, existencia de prótesis, capacidad pulmonar, estado de articulaciones) pero también de la capacidad de aceptar retos personales, que a veces se ganan y alimentan la autoestima y a veces ser pierden, obligando a pasar página con humildad. A los 30/40 años es factible mantener un trotecillo elegante,  porque el cuerpo todavía aguanta casi lo que le eches, y aunque una se despeine y sude, no se producen daños graves o irremediables. Sin embargo, superada cierta edad, si se fuerza la maquinaria,  el cuerpo empieza a hacer ruidos extraños mandando señales inequívocas de que no está para trotes, en el sentido literal de la expresión.

Con todo, caminar/correr es un placer irrenunciable que no debería ser excluido del catálogo de recursos que hacen sentirse mejor a las mujeres. Cierto que hace falta superar  la fase de de agujetas y calambres. Y la de  los miedos,  que los hay de todos los tipos (a hacerse daño, a hacer el ridículo…) También la fase de la culpabilidad que surge de la nefasta y habitual idea de que deberíamos dedicarnos a cosas más serias y útiles. Pero una vez rebasadas esas dificultades adicionales, llega el momento del placer puro y duro que surge de la autosuperación, y la victoria frente a límites ante los que nos sometemos sin resistencia.   Sólo por eso, ya es un necesario entrenamiento.