Si Patrocinio Camús levantara la cabeza se quedaría estupefacta al ver los conflictos y tensiones que se han generado en torno a un reconocimiento que nunca pretendió.
Ella, mujer discreta que nunca aspiró a homenajes y desagravios, fue hija de su tiempo y de la historia que le tocó vivir. Alguien que merece ser recordada en esta ciudad, especialmente escasa en referentes femeninos, no porque no existan, sino por la escasa preocupación en rescatarlos del olvido (¿cuántas estatuas de mujeres, nombres de calles en femenino, artistas o escritoras reconocidas…? )
Ya obtuvo un protagonismo no deseado cuando en tiempos del PP, año 2008, la Presidenta del Consell de les Dones, una vez comprobados los sospechosos antecedentes de la interfecta, se negó a rendirle el homenaje que XATEBA había propuesto.
Entonces resultó ridículo y doloroso que se negara el pan y la sal del recuerdo a una mujer tan inofensiva y poco peligrosa como Patrocinio. Resultó mezquino y vengativo que una Alcaldía y un equipo de Gobierno, monocolor , en un alarde de autoritarismo que es de esperar que hoy esté felizmente superado , negara cualquier homenaje institucional a una viejita de cabello blanco, “culpable”, sin duda, de enarbolar una bandera, legítimamente republicana. A una setabense en la que se quería representar a toda una generación de mujeres, supervivientes de la postguerra, que vivieron en difíciles condiciones a la sombra de sus maridos frente a los cuales su vida no tenía relevancia pero junto a los que pagaron el mismo precio de cárcel, destierro y miseria.
Felizmente superados los tiempos del rodillo y la rodilla en tierra, ocupado desde 2015 el Ayuntamiento por un Gobierno de coalición que, en teoría, actuaba de común acuerdo, desde la misma sensibilidad y sentido de la justicia, Camús recibió al final, el reconocimiento que merecía, de forma en todo caso, modesta: sólo su imagen, bandera en ristre, reproducida en una tranquila plaza de la ciudad. Imagen que, por cierto, hubo que defender inicialmente de los previsibles e infantiles ataques fascistoides, de esos que pintan cuernos y cometen otras tropelías, ignorantes de que esas acciones califican mucho más a quienes las realizan que a una mujer y a una Historia que ya es invulnerable a cualquier ataque.
En 2019, con un Gobierno municipal con diferentes presencias y señaladas ausencias, la imagen de Patrocinio aparece una mañana seccionada, desapareciendo la parte superior, justo la de la bandera tricolor, que es sustituida por un prosaico anuncio publicitario de la Empresa Municipal PROEXA. Una modificación susceptible de ser entendida fácilmente, como mínimo, como una falta de respeto a la persona y para muchos, como una ofensa totalmente innecesaria a la memoria histórica de una ciudad
En todo caso, parece más fácil reconocer un error y rectificar a tiempo que ofender de esa forma a quienes viendo la imagen íntegra, sentían reconocida, tras larga espera, su sensibilidad y visión de la historia. Lo que no hace ninguna falta es crear un amargo conflicto en torno a una de las escasas mujeres de Xàtiva que ha merecido un reconocimiento público. Duele que sea Patrocinio Camús, la pagana involuntaria e indefensa de una pugna que ella jamás quiso originar cuando enarboló la bandera de la legalidad vigente en Abril de 1936, sólo y exclusivamente porque simbolizaba la libertad y el progreso. La bronca es mezquina y sin justificación porque su origen está mucho más allá de la historia de la susodicha y ella, en realidad, en su muerte como en su vida, no es más que una mujer invisible a la que no se quiere reconocer como verdadera protagonista de la historia.
Los presupuestos participativos es una oportunidad de oro, nunca mejor dicho, de reclamar el mejor uso para los fondos públicos, siempre desde la premisa de que satisfagan el bienestar común y no el propio, el de mi gente o el de mi reducido grupo de colegas. Los espabilados que pretenden lanzar propuestas interesadas para que les asfalten la entrada de su garaje, les compren ese solar devaluado o les financien algún chiringuito de su propiedad han de saber que el juego no se juega así, y que el árbitro les va a pitar falta y expulsión.
Como todo la Navidad, tiene su parte de luz y de sombra. Aunque haría falta decidir previamente lo que entendemos por Navidad. Porque ciertamente es una fiesta religiosa que se sigue celebrando en Iglesias y centros de culta de forma algo residual aunque eso sí omnipresente, porque para eso vivimos en un país laico bastante rarito, donde la religión se cuela en todos los rincones de la práctica institucional y social. Es también momento vacacional, para algunos más que para otros, pero en general, momento de relajación laboral. También es momento de encuentros lúdico festivos, de los que obedecen a una inercia festera que a todos conviene, por lo que la mayoría se apunta sin hacer demasiado preguntas a cenas de empresa, de amigos y amigas, de comunidad de vecinos o de comunidad virtual que también las hay, que toda excusa es buena para darle al comercio y al bebercio. Así somos la gente de este país que nos apuntamos a un bombardeo, eso sí, si la gente es maja y se prevee que habrá buena comida y bebida.
Fue el 11 de Junio cuando asesinaron a una vecina de Xàtiva, Isabel Elena Raducanu. Todos los demás detalles que se dieron en su momento por algunos medios -no todos- rozaron el mal gusto y el sensacionalismo más mezquino pero sobre todo no tuvieron ninguna utilidad para hacer comprender la crueldad que esa muerte suponía y las causas reales que la provocaban. Algunos de los titulares que se emplearon para contar lo sucedido a la opinión pública, es mejor olvidarlos porque fueron vergonzosos, apelando a los más bajos instintos del personal y convirtiendo lo que era otro asesinato machista en una especie de espectáculo gore, en el que se jugaba con las hipótesis como quien participa en un espacio de ciencia ficción.
Quizás antaño, la práctica deportiva llevaba nombre de varón. Durante muchos años, hubo un único deporte rey y un único perfil de las personas aficionadas al ejercicio físico. Aunque las mujeres lo realizaban, por supuesto, atendiendo al número de calorías que se queman con las labores domésticas. Pero estaban excluidas de la práctica deportiva como tal, y, lo que es peor, no se veían con cualidades ni disponibilidad para ello. Tampoco ganaban campeonatos, ni ocupaban portadas de los periódicos. Hace apenas 50 años ni siquiera podían participar en carreras populares, hasta que en 1967, Katherin Switzer, burlando la prohibición expresa se convirtió en la primera mujer en competir en la maratón de Boston.


