BULOS Y MENTIRAS

No hace mucho, la ciudad se despertó un día con una avalancha de audios en sus grupos de washapp que causaron un gran revuelo. Circularon hasta tres audios diferentes en los que una voz femenina contaba que en la ciudad estaba actuando un grupo de delincuencia organizada. Describía a las integrantes de la banda que atacaba a personas confiadas, sobre todo mujeres, pero sin olvidarse de niños y mayores en general. Decía el audio que para sus fines criminales utilizaban una técnica que ya forma parte de las leyendas urbanas,  que conseguía privar a sus víctimas de voluntad, 

Sin embargo, pocas horas después, la ciudadanía recibió un oportuno y conveniente mensaje del Ayuntamiento, que también tuvo una extensa difusión, en el que se desmentían tales hazañas delictivas. Hasta los más escépticos pudieron quedar tranquilos al recibir comunicación fehaciente en la que se aseguraba que, en realidad, había habido un único caso que estaba en investigación descartándose la existencia de una banda organizada apostada en cada esquina para desvalijar al transeúnte despistado. Mucho humo para tan poco fuego.

Sin embargo, hubo mucha gente honrada que reenvió los audios con la noble pretensión de poner en guardia al vecindario y evitar a otros la desagradable experiencia. Les dieron así una difusión que seguramente no esperaban sus autores. Ellos, quienes iniciaron el bulo sabiendo a ciencia cierta que era mentira, son los únicos que no merecen el calificativo de gente honrada.

Así pues, mucha gente se enteró del suceso en su falsa versión elevada al cubo. Y fue general la habitual conversación sobre lo mal que anda el mundo y la dificultad de ir por la calle sin que te atraquen, ideas ambas que no responden a la realidad, pero fomentan un potente sentimiento de inseguridad.

La importancia de esta anécdota es que no lo es. Se propagan con demasiada frecuencia mentiras peligrosas, a veces sustentadas en verdades deformadas, con el único objetivo de fomentar una agobiante sensación de miedo que acabe con la capacidad de convivencia de una sociedad. Pretenden alimentar paranoias que reclaman más porrazos y menos derechos como si el odio y la represión hubieran servido en algún momento para salir adelante.

Pretenden convencernos de que las calles están llenas de gente malvada de la que hay que protegerse haciendo olvidar que la mayoría de gente que las transita son nuestros vecinos y vecinas, colegas, amigos…  Quieren fomentar el miedo porque de ahí nace la desconfianza, la insolidaridad, el “sálvese el que pueda” que nos hunde a todos, porque solo saldremos adelante si lo hacemos juntos sin dejar a nadie atrás. Excepto los delincuentes que han de estar allí donde merecen.

De toda la historia se concluye que hay una asignatura pendiente relacionada con la información que suspendemos con gran facilidad.  Porque lo que se lee en la pantalla del móvil o incluso viene escrito en un papel, no siempre es cierto, sobre todo cuando se hace desde el anonimato. Hay que aprender a cribar, a identificar siempre las fuentes para comprobar su fiabilidad, siendo valientes para dejar de creer a pies juntillas solo lo que conviene a nuestras opiniones. Es tarea indispensable contrastar la información buscando certezas, para no vivir mangoneados en un mundo de bulos, rumores y falsedades.

Se trata, en resumen, de no creérselo todo, pecando de una ingenuidad que no nos podemos permitir a estas alturas, pero tampoco de apostar por no creerse nada. Porque no hay duda de que en algún sitio estará la verdad, que es la único que vale la pena defender.

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