Es Ontinyent ciudad vecina y amiga de Xàtiva, pero con la cual , como pasa en las mejores familias con los hermanos o primos, se está en permanente competición , a ver quién puede más o llega más lejos, porque lo cortés, ya saben, no quita lo valiente.
En estas fechas allí están en pleno proceso de participación ciudadana para consultar y elegir las mejores propuestas a realizar para y desde la ciudadanía.
Esto de la participación es un entrenamiento que como en toda aquella disciplina donde se quiere adquirir maestría , no se acierta a la primera sino que se ha de persistir para ir aprendiendo . Porque toda innovación como esta de orquestar procesos de participación abiertos y transparentes implica errores de más o menos calibre. Se va aprendiendo con la experimentación, puro método científico, y no hay guía publicada ni técnico cualificado que impida los batacazos. Se puede pedir demasiado o pedir demasiado poco, se pueden incumplir las predicciones presupuestarias que se manejan, pueden aparecer factores que imposibiliten el cumplimiento de objetivos que quizás se asumieron demasiado alegremente. En fin que no deja de ser un mecanismo que se va afinando con el tiempo. De hecho en Ontinyent , ya llevan mas de 10 años, pero poco a poco lo van bordando.
En Xàtiva, se dio en otras legislaturas no muy lejanas, un fuerte impulso a este tipo de iniciativas que sin embargo tras un arranque potente han acabado en el rincón del olvido. Quizás porque supone más complicaciones no solo para quien sea responsable del área sino también para el conjunto de la estructura municipal que ha de tensarse y volcarse para garantizar un procedimiento bien diseñado , fluido y racional, capaz de articular las mejores propuestas y por supuesto su aplicación en plazos razonables. Nadie dice que sea fácil.
Pero lo cierto es que no abordar el desafío de la participación ciudadana, poniéndose de perfil, o enfatizando otras actuaciones de indiscutible calado, no dice mucho, ni bueno del compromiso real del Ayuntamiento con la democracia abierta, transparente y participativa. Que como siempre, se demuestra con hechos y no con discursos. Bienvenido sea el Consell de xiquets o xiquetes de reciente creación para educar en la participación a las próximas generaciones. Pero ya tarda impulsar para las actuales generaciones con plenos derechos políticos, un ejercicio práctico del calado de unos presupuestos participativos como toca.
Y es que la política y más en el ámbito municipal , no puede ser cosa de dos equipos , los que mandan y los mandados sino que hace falta tender puentes entre ambos para favorecer la empatía mutua y la responsabilidad compartida. A los gobernantes municipales les puede venir muy bien asumir sin soberbia y sin hostilidad, la visión ciudadana de la realidad de la ciudad tal como la viven quienes la habitan. Podrá no ser absolutamente acertada pero aporta información de indudable interés que debe tenerse en cuenta. Por otra parte, a la ciudadanía , esa masa que a veces opina con demasiada alegría y poca reflexión sobre las circunstancias de su vida en comunidad, le viene bien ese ejercicio de encajar las aspiraciones diversas en un marco común. Es buena lección de convivencia para esa gente tan aficionada a pontificar sobre lo que debe hacerse sin tener en cuenta más que los propios intereses, ni querer ver las limitaciones, ni preocuparse de las prioridades.
La participación es una escuela de democracia que rebaja los humos e imprime seriedad y rigor a las decisiones y a las opiniones políticas. Otra cosa es que los procesos participativos tengan sus reglas y sus exigencias de calidad, que no puedan ser improvisados ni tutelados, que exijan una conjunción de factores a veces inestable y un esfuerzo innegable para conjugar intereses y posibilidades.
Cierto que se trabaja más cómodo a puerta cerrada pero si no se deja entrar el aire , el resultado a la larga se empobrece porque le falta el oxígeno que lo enriquece .Trabajar para la gente, pero sin la gente , es una formula ya muy ensayada a lo largo de la historia que fracasa a pesar de las buenas intenciones.
