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UN AÑO MÁS, 25 DE NOVIEMBRE

«Salir a la calle y recorrerla con las pancartas es denunciar un peligro letal y mostrar que son muchas las personas que reniegan del machismo y quieren derrotar la violencia que utilizan para someter a las mujeres. Es la forma de trasladar a los agresores que no son hombres, sino una vergüenza para todos los hombres. Y a las víctimas, que no están solas, aunque vivan en el silencio y la soledad.»

https://www.levante-emv.com/costera/2025/11/25/ano-25-noviembre-124077264.html?sfnsn=scwspwa&fbclid=IwY2xjawPaEHtleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZBAyMjIwMzkxNzg4MjAwODkyAAEe5AJ0ow_XKtd9iI1i4Pm2W8sKGC40RCLdw8GFrjL4VXTPeoSPf3QNMo3nLqY_aem_KcV4znSM5ucQ1LSvkAjSqA

PELICOT

Le han metido 20 años que es la pena máxima en Francia al exmarido violador de Gisele Pelicot, monumento vivo al machismo y la misoginia, que cuando habla parece ser de otro planeta, aunque haya ecos de su discurso en gente con la que nos cruzamos todos los días.

Lloró cuando conoció la sentencia, pero no se inmutó cuando relataban los abusos y vejaciones que sufrió la mujer con la que compartía cama y mantel. Pretendió extender la culpa al resto de hombres a los que facilitó el delito, obviando que su papel como inductor fue esencial .Quizás pretendía ser uno más de ese penoso grupo y difuminar así su responsabilidad, pero no le ha salido bien.

Todos los demás acusados han sido declarados culpables pero sus penas son bastante más suaves. En algunos casos solo con 3 años de prisión saldan su deuda con la sociedad y las mujeres. Los llaman “Señor cualquiera” porque son de todas las edades, profesiones y clases sociales. Y se han preocupado mucho de ocultar sus caras durante el juicio, de protestar si sus nombres se hacían públicos, defendiéndose con argumentaciones increíbles que alegan que el consentimiento del marido, amo y señor de aquella mujer drogada e indefensa, daba vía libre a la violación.

La que ha dado la cara con una valentía inigualable ha sido Gisele que ha batallado no solo para que se reconociera sin asomo de duda la culpabilidad de todos los acusados, sino por sobrellevar su condición de víctima con enorme coraje para lograr que la vergüenza no le arrebatará su identidad y le restara fuerza para reclamar justicia.

Ellos, a la cárcel. Ella a intentar recuperar su fe en la Humanidad. Y todas las mujeres deberían mantener viva en la memoria a quien ni calló, ni se escondió consiguiendo así que la vergüenza invadiera el bando de los culpables, los agresores, los machistas.

Justicia frente a violencia machista

Es bueno que el alcalde y la teniente de alcalde, representantes de las dos formaciones políticas que juntas dirigen la ciudad, tomen la iniciativa para reclamar de forma conjunta y planificada la vuelta de las competencias judiciales en materia de violencia de género.

Es bueno que el partido en la oposición local, pero con mando en plaza autonómica recuerde y asuma las promesas hechas respecto a la recuperación inmediata de unos recursos que nunca debieron desaparecer.

Sería bueno que existieran temas situados por encima de la confrontación política que permitieran una sincera acción conjunta entre los partidos, por muy alejadas que estén sus ideologías. La lucha contra la violencia machista debería ser uno de estos temas como se escenificó hace un año con la implicación del senador del PP, Fernando de Rosa. Pero es malo que las intenciones no se correspondan luego con las actuaciones.

No se entiende que el PSPV en les Corts Valencianes apoye una propuesta para mantener el plan de agrupación de partidos judiciales para la especialización de los juzgados de violencia sobre la mujer, lo que supone dejar las cosas como están. Mientras que el PSPV local mantiene un discurso guerrero y reivindicativo, como no podía ser de otra manera.

Tampoco que el senador del PP antes mencionado visite Ontinyent en marzo y defienda la permanencia allí de las competencias en materia de violencia machista y no su vuelta a Xàtiva, como dice que pretendía la anterior Consellera. Son las declaraciones apropiadas en cada lugar, aunque demuestran una incoherencia preocupante.

Es bueno que el Gobierno municipal se siente con profesionales del Derecho para diseñar estrategias conjuntas. Que piensen contar con la necesaria opinión de las Fuerzas de Seguridad. Que no se les olvide el apoyo inapreciable que puede prestar la ciudadanía y en concreto, las asociaciones de mujeres representadas en el Consell de les Dones.

Es malo olvidar que el conflicto no solo afecta a la ciudad de Xàtiva, sino que son 26 poblaciones de las dos comarcas, La Costera y la Canal de Navarrés, las afectadas por la medida que ya está obligando a las denunciantes, en algunos casos – siempre viene bien el recordatorio- a recorrer más de 100 kilómetros para ser atendida por la justicia.

Es bueno que desde el consistorio se intente ser propositivo, ofreciendo un local de titularidad municipal, pero es previsible que habrá que jugar con mucha más habilidad a la zanahoria y el palo, para mover a ese burro, dicho sea, con todos los respetos, que es la Administración personificada en el Ministerio de Justicia y el Consejo General del Poder Judicial, que anda ya muy entretenido con sus propias miserias como para atender peticiones tan minúsculas para ellos.

Es bueno que pretendan recabar datos y evidencias empíricas que argumenten la necesidad de que las competencias regresen al partido judicial de donde nunca debieron salir. Aunque por poco que se conozca el complejo juego de la política es fácil advertir que en las decisiones que se toman no solo, ni por desgracia, intervienen factores objetivos, sino que otras consideraciones, mucho más mezquinas, pesan de forma determinante.

Es malo, malísimo que haya habido que esperar un largo año, para recordar la reivindicación pendiente durante el cual ha habido escasa preocupación para garantizar que en Alzira se está atendiendo a las mujeres como merecen y necesitan. Se asigna así al conflicto un carácter “flotante”, a expensas de las circunstancias y los recordatorios apropiados, que no dice mucho, o quizás demasiado, de la prioridad que se le otorga al asunto. Porque resulta que las guerras no se ganan a ratos sueltos o en fechas señaladas.

Las cosas por su nombre

Diciembre del 2022 fue un mes malísimo porque mataron a 11 mujeres. En un solo mes.  Entre ellas, a  María de 67 años, enferma de esclerosis múltiple y Alzheimer que cayó al suelo donde estuvo 5 días agonizando sin que su marido  le prestara ningún tipo de ayuda ni avisara a nadie. Lo había denunciado pero de nada sirvió.

En enero se llevaron por delante a otras 7 mujeres  Y da mucha pena la muerte de India,  criatura de 8 años a la que mataron a puñaladas junto a su madre, Paloma.

En febrero, a  Elia de 17 años, sevillana,  con toda la vida por delante la mató su pareja con un arma de fuego. Tenía toda la vida por delante. En marzo le tocó  a Anna Marie de 63 años , jubilada británica que vivía en Orihuela.

En abril , el marido de Encarnación de 81 años la estranguló. Y llegó mayo con 5 asesinatos ,entre ellos el de Maialen, una alavesa de 32 años embarazada de 14 semanas. Llevaba gemelos que no llegaron a nacer.

En junio el marido de Francy la tiró por la ventana por lo que  murió 2 días después. Llegaba julio un mes terrible en el que arrebataron la vida a 8 mujeres en solo 30 días. Especialmente terrible el asesinato  de Salwa , de nacionalidad siria, a la que degolló su pareja tras lo cual se tiró al rio Ebro con sus dos hijas para acabar también con sus vidas, aunque ambas pudieron ser rescatadas. El asesino también.

Agosto repite la tendencia. Ya se sabe, el verano, la convivencia…nada nuevo para las estadísticas que se repiten año tras año. Fueron 8 los asesinatos  siendo especialmente terrible el de  Zhour en Almería asesinada con un cuchillo de cocina delante de sus tres hijos.

Claro que septiembre se lleva la palma. Hay que enterrar a 10 mujeres. Asesinan a Nicola que era enfermera, a Laura dependienta.  En Octubre matan a Paqui y en Noviembre,  Mateo, de tan solo  7 años,  con el que se arroja su padre, que no merecería tal nombre, desde un acantilado en Navarra  con el único y objetivo de causar  el máximo dolor a su madre.

De las 63 mujeres que ya no celebrarán estas Navidades, dos no habían cumplido los 20 años pero  cinco tenían más de 80. Treinta y nueve eran españolas y 23 habían nacido en otros países. Tenían muy diferentes ocupaciones y profesiones, camareras, limpiadoras, abogadas, comerciales, amas de casa….De todas ellas , 44 vivían con sus asesinos y solo 18 habían iniciado el tramite de separación o divorcio. Treinta tenían hijos que se criarán sin madre y tres murieron embarazadas junto a sus hijos no nacidos.  Imposible olvidar a India y Mateo, 8 años, que no volverán a su escuela.

Tantas mujeres, tan distintas, tan diversas tienen un solo nexo común: todas son mujeres y esa condición es la que causa sus muertes. Las asesinan porque son mujeres y eso las convierte  para algunos hombres en seres sin derechos, susceptibles de ser sometidas y humilladas, maltratadas y privadas del derecho más básico que es el derecho a la vida.

Negarlo, difuminar su realidad integrándola en la condena genérica y absolutamente compartida de todas las violencias que existen y existirán , es trasladar a quienes viven en el miedo permanente, aisladas y vulnerables,  que solo son ellas las responsables de su destino.

Reconocer e identificar correctamente el origen de la violencia machista  es la garantía para la protección y recuperación de las mujeres porque solo así se garantizan  recursos y especialistas No hacerlo,   sería lo más indecente que una sociedad que se cree civilizada podría hacer.

El 25 de Noviembre, Día Internacional contra la violencia de género, hay que exigir que se llame a las cosas por su nombre. Porque las palabras también matan.

Datos extraídos de www.feminicidio.net, Delegación Gobierno, Informe CGPJ

La cita de todos los días 25

Falta un mes para el 25 de Noviembre, que es el día Internacional contra la violencia de género, lo que dará lugar a muchos  actos e iniciativas en casi todas las ciudades . Amplias programaciones, actos simbólicos, manifiestos, datos… bien está que la mirada social se concentre por lo menos un día al año en esto que algunos llaman fenómeno como si fuera un ciclón, lacra como si fuera la peste , o tragedia porque lo es , y una de las más dolorosas para los seres humanos.

Pero más allá del 25N , en Xàtiva, los días 25 de los restantes once meses del año, desde el Consell de les Dones viene promoviéndose desde hace mucho, una concentración ante al Ayuntamiento organizada rotativamente por las entidades que lo integran . Desde el mundo fallero, hasta la Asociación de Amas de Casa Tiryus pasando por el Consell de la Joventut y CCOO, todas se hacen responsables de esa concentración una vez al año. También lo vienen haciendo todos los partidos políticos presentes en este órgano de participación, socialistas , populares y Xativa Unida junto a Vox que debutará este año. Lo hacen como consecuencia lógica de su compromiso en la lucha contra la violencia machista, que es una guerra cruenta que no tiene color político sino sobre todo humanidad y sentido de la justicia. Lo hacen porque son consecuentes en su rechazo frontal a los asesinatos de las mujeres que mueren por serlo. Lo hacen porque no quieren ser cómplices de los verdugos de las mujeres.

Tanto tesón , que para algunos es cabezonería porque no entienden la coherencia, tantos años  de concentraciones más o menos masivas ante el Ayuntamiento,  parece que han conseguido calar en la encallecida conciencia colectiva.

Así lo demuestra el hecho, que hay que agradecer sinceramente ,de que tanto este 25 de Octubre , como el próximo 25 de Noviembre, los partidos gobernantes, PSPV y Xàtiva Unida, hayan evitado contraprogramar a las concentraciones previstas, modificando incluso el horario de actividades municipales.

Con todo, hay que resaltar que la lucha contra la violencia machista no se desarrolla un día de cada treinta. No se gana así la batalla a los agresores, a los delincuentes disfrazados de hombres corrientes que tratan a las mujeres como seres culpables de delitos nunca conocidos, merecedoras de castigo permanente sin juicio ni sentencia. Tampoco se avanza en esta guerra si se esconden sus verdaderas causas, si no se reconoce que el origen es el machismo estructural, bien insertado en nuestro patrón de convivencia y no una serie interminable de “hechos luctuosos” que no pasan de la categoría de coincidencia. 

Contra la violencia de género se trabaja todos los días, desde la redacción del periódico o la radio , desde la  consulta  médica o en la fábrica. Se pelea palmo a palmo en los colegios e institutos, con profesorado motivado y formado suficientemente. Se enfrenta en la cena de Navidad, con el cuñado gracioso o la sobrina indiferente. También desde los programas electorales, en los campos de fútbol  y en los conciertos . En la barra del bar, en la competición ciclista o en el casal fallero. En el mercado, la sala de espera o la excursión de la peña.

Quizás a veces resulte difícil, tras tantos años al pie del cañón, resistirse a la tentación de tirar la toalla, de comprar resignación y acallar la conciencia. Sobre todo si nuestras vidas son cómodas y están libres de violencia. Pero transigir, consentir, renunciar no es una opción que permita luego dormir bien por las noches, sobre todo los días en que hay una mujer menos y un asesino más.

VIOLACIONES EN SERIE

No una, ni dos, sino tres violaciones múltiples se han producido en la Comunidad Valenciana en los cuatro últimos meses. Tres episodios diferentes en comarcas diferentes, en los que la víctima es una menor y los agresores un grupo de hasta veinte hombres, entre ellos menores, que utilizando drogas y violencia someten a abusos sexuales a tres niñas menores de 16 años.

Es un recopilatorio ingrato, del que preferiríamos no ser informados. Una realidad antipática que a nadie nos gusta tener que afrontar, porque es la exhibición más impúdica de lo peor del ser humano, con el añadido de que la juventud de algunos de los agresores no presagia nada bueno sobre el modelo de relaciones en las nuevas generaciones.

Pero hace falta mirar al diablo de cara y desafiarlo abiertamente porque si no lo hacemos, corremos el riesgo de que, mientras miramos a otra parte, se instale en la sociedad una resignación que es letal para las mujeres porque las condena a vivir en el miedo y la culpa.

Pongámosles nombres a las criaturas. No permitamos que sean solo unas iniciales, una estadística, una mención anónima e imaginemos que se llaman, por ejemplo, Desiré, Carmen y Victoria. Tres chavalinas menores de 16 años, alguna con 14 recién cumplidos, que como es propio de la edad, son atrevidas y confiadas y se creen invulnerables aunque, en realidad, necesitan todavía un recorrido vital más o menos extenso para captar las claves, los valores y cualidades que permiten crecer, disfrutar y convivir en paz.

 Pero a su edad es legítimo ser un poco locas, querer disfrutar a tope de la vida, hacer los descubrimientos por sí mismas. A su edad es de esperar que les guste la fiesta más que los helados, vestir como quieran, tomar sus propias decisiones y vivir  todas las experiencias. Todo ello acompañado casi siempre de altas cuotas de responsabilidad que las convierte en chicas estudiosas y cumplidoras, llenas de amor propio y ganas de demostrar al mundo lo mucho que valen.

Pero, a veces, se les atribuye una responsabilidad que no tienen en la terrible experiencia vivida, quizás desde la irreflexión y la visceralidad. No tenía que haber ido a la fiesta, no tenía que haberse vestido así, no debería haberse dejado acompañar por gente que no conocía, no debería haber bebido, o fumado, o….

Y aunque sea cierto que la prudencia es una cualidad que nos mantiene seguros, también lo es que se adquiere con la edad y la experiencia. Y lo que es una verdad absoluta es que el delito siempre es responsabilidad de quien lo comete, nunca de la víctima. Y que ser chica y querer vivir la vida con pasión y libertad no puede convertir a las mujeres en piezas de trofeo de depredadores sexuales ante la resignación colectiva.

Todos conocemos a muchas Desiré, Carmen o Victoria. Pueden ser nuestras hijas, nietas o sobrinas. Y sus decisiones, acertadas o no, sus elecciones y equivocaciones, como las de cualquiera no pueden disculpar, ni justificar la acción criminal de otros. Otros, a los que también se podría poner nombre, que se forman en la violencia y creen que ser hombre es ser macho y que las mujeres son solo ganado, carne fresca, a la que someter y de la que aprovecharse. Un mensaje reiterado que machacan desde la pornografía, a la que tantos chavales son adictos o desde los referentes sociales que presumen de virilidades violentas. Ellos son el resultado vergonzoso y amenazador de un sistema que los convierte en verdugos, al que hay que dinamitar como sea antes de que trunque más vidas.

SIN PERDÓN

Si su hija saliera en los papeles porque un malnacido la asesinó a cualquiera le herviría la sangre y sentiría una pena tan grande como su deseo de haber hecho lo posible para evitar su muerte.

Si un hombre le quitara la vida a su hermana, a su madre o a su amiga, habría muchas preguntas que hacer, la mayoría de las cuales no tendrían respuesta. Pero sobre todo se preguntaría sobre los porqués, sobre las razones por las que, a pesar de los avisos o de la ausencia de ellos, nadie vio nada, ni dijo nada, ni siquiera usted que tanto la quería.

Si se mira a la cara a las criaturas que han quedado huérfanas, casi 200 en los últimos cinco años por culpa de la violencia machista el corazón se encoge y se dispara la rabia pensando que han sido tragedias anunciadas que no se supieron evitar.

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La violencia machista no es una canción de moda. Ni siquiera es una canción. Es un responso que se canta a las mujeres cuando se las mata por el hecho de serlo. Cuyas causas se siembran desde la niñez, con estereotipos y prejuicios en apariencia inofensivos. Que se cultivan en la adolescencia cuando se asfixia a las jóvenes con corsés estéticos y sólo se les proponen a ellos modelos masculinos duros e insensibles. Se instala en la madurez, cuando se asume tranquilamente que las mujeres están hechas de otra pasta. Una pasta diferente y de menor calidad, que les asigna menos derechos y les arrebata el privilegio básico de elegir la vida que quieren vivir. Y aunque muy pocos defiendan a gritos la íntima creencia de que las mujeres sean seres de inferior categoría, necesitados de tutela, susceptibles de control y carentes de poder, lo cierto es que muchos comportamientos responden de hecho a esa idea. Véase algunos juicios y comentarios en relación al proceso de Pamplona contra esos cinco individuos que armados de drogas y de malas intenciones fueron de caza hace tres años convencidos de su derecho a agredir a la mujer que eligieran.

La violencia machista se produce porque es necesaria. Sirve para mantener e imponer ese asimétrico status de las mujeres. Es cierto que hay más muchas más personas que la rechazan frente a quienes la ejercen. Pero a éstas las ayuda un cierto sentimiento de resignación e impotencia, a veces hasta de incredulidad, que impide compartir la urgencia de protegerlas para que sobrevivan. Y en ese limbo de apatía e indolencia, los agresores se enrocan en sus miserables razones y sienten impunes para lastimar a las mujeres.

Por eso, la actuación contundente y explícita de toda la sociedad es imprescindible para desmontar los barrotes que encarcelan a las mujeres y las dejan a merced de sus verdugos. Si las mujeres acaban en ese encierro vital es porque nadie les abrió los ojos, les hizo ver las señales y las advirtió del triste final anunciado de esa relación. Si no huyen, es porque tienen miedo, se sienten solas y a veces tienen criaturas a las que no abandonarían nunca. Un apoyo simbólico no es garantía de que superar el miedo no tendrá un precio demasiado alto. Si acaban muertas, es porque no son suficientes los procedimientos y mecanismos que deberían garantizar su supervivencia. Y ese error, es una tragedia social que no debería tener perdón.

Si no hay perdón para los agresores, tampoco lo debería haber para las complicidades pasivas ni para un sistema que no remedia con diligencia sus carencias, porque por esos agujeros se escapa la vida de las mujeres.

UN CUENTO DE HADAS PARA EL 25N

Hoy es un buen día para contar un cuento. Pero no precisamente de hadas. Imagínense un país donde el mes de noviembre no tuviera que estar casi monográficamente dedicado a hablar de un tema como el de la violencia sobre las mujeres. Donde, durante este mes, la agenda de la sociedad no tuviera que estar ocupada casi en exclusiva por un tema tan repulsivo y desagradable como la violencia sobre las mujeres. Donde no hubiera que ir el día 25 a concentrarse ante la puerta del ayuntamiento de cada ciudad y pueblo para manifestar el rechazo y la condena de los asesinatos a mujeres.

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Imaginen, como diría el añorado John Lennon, que vivimos en otro momento de la historia de la humanidad y resulta que las mujeres, que siguen conformando la mitad de la humanidad, disfrutan de los mismos derechos y oportunidades que sus compañeros varones (aunque mantienen, afortunadamente, emocionantes y complementarias diferencias biológicas que jamás van acompañadas de ninguna otra que las penalice).

Una sociedad donde cada persona es como quiere ser, donde el respeto es la seña de identidad. Donde no se castiga a quien es diferente. Donde no se impone una forma de ser, vestir o actuar. Ni con quien debe acostarse o cuales han de ser sus preferencias y aficiones. Donde a nadie se le dice lo que debe hacer con su cuerpo y ningún ser humano vende ni compra los cuerpos ajenos.

Donde cada niña que nace tiene el futuro abierto para construirse una vida a base de esfuerzo y voluntad para sacar el mejor partido a su talento, pero sin encontrar obstáculos añadidos y traicioneros. Decidirá sobre la compañía o la soledad que quiera disfrutar, sobre el momento y las circunstancias de su maternidad. Y nadie la juzgará, ni utilizará sus circunstancias personales para vincular su existencia al éxito o al fracaso.
En esa sociedad, las mujeres tienen empleos que les permiten vivir dignamente, acordes con la preparación que han obtenido y las competencias que poseen. Perciben salarios correspondientes al valor del trabajo que realizan, sin ningún tipo de minoración. Y trabajan en aquello que más felicidad les proporciona, porque son las mejores, y se han preparado concienzudamente, sin que haya ningún tipo de asignación de oficios ni exclusión de profesiones.

Las que se lo proponen y demuestran su capacidad, exactamente igual que los varones con los que comparten espacio laboral, obtienen la acreditación necesaria y son jefas, directivas, responsables, gobernadoras, ministras, presidentas. Es totalmente indiferente lo que tienen entre las piernas. Su competencia profesional es más que suficiente para hacerlas ocupar las responsabilidades a las que aspiran.
En esta sociedad hay menores y personas dependientes que precisan cuidados. Y los reciben, de forma inmejorable con la implicación de toda la sociedad, que dispone los recursos necesarios. Hay ayudas, personal cualificado, instalaciones, servicios para garantizar una atención más que suficiente que se aborda como responsabilidad de la sociedad en su conjunto.

En este cuento, las mujeres mueren por las mismas causas que los hombres. Por enfermedades incurables, accidentes€ pero ha desaparecido de las estadísticas el asesinato de las mujeres, como síntoma de una sociedad desigual y discriminatoria que ahora sólo es un recuerdo bochornoso.
Imaginen, que decía John Lennon y lo que es más importante, trabajen por conseguirlo

GUERRA SIN CUARTEL

Caen como moscas, pero no son una especie protegida. Son las mujeres, la mitad de la Humanidad, sometida a un ataque sistemático que no es casual, ni ocasional. Es una guerra sin cuartel pero no entre las mujeres y los hombres, a pesar de los esfuerzos interesados de algunos en falsear el conflicto y confundir sus causas. En realidad, el desafío está planteado entre quienes creen que todos los seres humanos son iguales y los que piensan, aunque sea en el rincón más profundo de su alma oscura, que las mujeres son ese desecho salido de la costilla de Adán, imperfectas en su naturaleza como decía Aristóteles, inferiores en sus capacidades como decía Rousseau.

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Cada nuevo asesinato es una victoria del machismo, ese veneno, del que algunos presumían como característica patria, pero que hoy, afortunadamente, ya presenta su cara más negra, perfectamente identificado como causa última que arma a los maltratadores y no tiene nada de divertido. Por el contrario, cada mujer que deja de ser víctima y pasa a ser superviviente, cada hombre que cruza la línea y se coloca en el lado de la igualdad y la justicia es una victoria silenciosa de la mejor esencia de las personas. Cada ser humano que lucha contra sus propios demonios, esos que ha ido tragando desde la más tierna infancia, y logra enterrarlos tan hondo que dejan de hacerle daño a él mismo y a los que le rodean, es un triunfador que contribuye de forma indiscutible a cambiar la realidad.

Durante mucho tiempo esta guerra se libró en la oscuridad, mediante emboscadas en espacios aislados e incomunicados, que llamaban hogar. Las pérdidas „las mujeres muertas„ no se publicitaban. Las agresiones se disfrazaban, se trivializaban, se normalizaban… y así nadie tomaba partido por ellas, las más débiles, las más indefensas. Luego, ellas conquistaron la esperanza. La esperanza que vence al miedo. Y empezó la rebelión, al intentar huir de las celdas solitarias donde estaban a merced de su verdugo. Hoy las siguen matando, justo en ese momento, pero muchas lo siguen intentando. Quizás porque aun sin certidumbres, ni garantías, han visto la luz de la esperanza. Y son unas valientes.

Por eso fue necesario hablar hasta perder la voz, gritar y manifestarse hasta desgastar el suelo. Nunca calladas, siempre beligerantes. Porque ellas miraban. Y se trataba de conseguir que no se sintieran solas, sino acompañadas de una sociedad más atenta y dispuesta a intervenir, abriendo ventanas de donde salía un fuerte y desagradable olor a pánico y miseria. Una sociedad que empezó a asumir que el maltrato sobre las mujeres obedecía a una forma de entender las relaciones entre ambos sexos, que otorgaba a unos el poder sobre las otras. Y que por tanto, había que igualar, luchar por la igualdad para que ninguna mujer fuera vulnerable ni ningún hombre tuviera poder para dañarlas.

A la lucha por la igualdad, se sumaron instituciones, organizaciones, entidades, personas, en miles de concentraciones, proclamas, gestos, cuyo valor es indiscutible. Pero hoy, algunos de boca grande pero corazón pequeño, creen que la condena es suficiente y no ven, o no quieren ver, que ha pasado la hora de las palabras.

La abrumadora coincidencia en el lenguaje verbal no puede contribuir a la pasividad en la acción real. No debe haber coartadas para la inacción derivadas de palabras gratuitas. Es indecente escuchar condenas a la violencia de quienes a continuación van a negar los recursos necesarios para combatirla. Hay que dejarlos desnudos en su vergüenza, aislados en su clamorosa hipocresía que alimenta promesas que no piensan cumplir para exigir avances rigurosos y objetivos en las soluciones.

PARA TODAS LAS PERSONAS, TAMBIÉN PARA LAS MUJERES

El Pleno del Ayuntamiento es un acontecimiento que pasa demasiado desapercibido, teniendo en cuenta que esta reunión periódica y pública de los representantes electos es el foro donde se toman, o por lo menos se publicitan, decisiones de enorme repercusión en la vida cotidiana de la ciudadanía.

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De hecho en el último se aprobaron los presupuestos del 2017, que no es cuestión menor como recoge la famosa hemeroteca donde aparecen las contundentes críticas de los antaño opositores, exigiendo unos presupuestos que sirvieran a las personas y al presente y al futuro de la ciudad. Ahora son quienes toman las decisiones y esa parece ser su pretensión, aunque lastrados por el pago de la enorme deuda heredada, resaca de la fiesta que otros se montaron.

Sin embargo, carecen de algo tan importante como la perspectiva de género, que no es más que la pretensión de que se analice si la aplicación del presupuesto va a repercutir de igual manera en las mujeres y en los hombres de la ciudad. Parece una obviedad, pero si uno se para a analizar, por mencionar alguna cosa, el número de hombres y mujeres que se beneficiaron de las políticas de empleo recientemente impulsadas, quizá descubra que no han sido igualmente beneficiados. Teniendo en cuenta que el 52 por cien de quienes viven en la ciudad son mujeres, no es un hecho de importancia menor la existencia de desigualdad, involuntaria pero real, en la ocupación obtenida. Y realizar este análisis sí que es un compromiso suscrito por todos los partidos que hoy gobiernan, olvidado con demasiada facilidad.

Estos presupuestos destinan una pasta a la participación Y falta que hace, porque es prioritario recuperar la implicación de la ciudadanía. Es sintomático que tras la concentración que interrumpió el Pleno para manifestar la firme protesta por el asesinato machista de la joven Vanessa, ni una sola de las numerosas personas asistentes tuviera interés en presenciar la continuación del pleno municipal.

Esa es la otra incidencia del Pleno que vale la pena recordar. Sólo en el mes de Octubre, se han añadido siete nombres a la terrible lista de mujeres asesinadas: la que mató en Salamanca, su exmarido, anteriormente juzgado y absuelto, la de Granada muerta a golpes; aquella que de Torremolinos a la que su hermano atizó con una plancha y la transexual que murió al caer por el balcón mientras huía de su agresor en Santa Cruz de Tenerife. No hay que olvidar a la que murió en Barcelona tras la explosión de gas causada por su marido, ni a la mujer de 75 años asesinada en Calp, ni a la última, Vanessa, la chiquilla de 15 años que no volverá a sonreir.

El Congreso en su sesión de investidura guardó un minuto de silencio por todas ellas, aunque el Gobierno, pasado y presente, lleva recortados un 26 % en políticas de igualdad desde 2010. El Gobierno valenciano, sin embargo, aumentó en un 50 % la cantidad destinada a la lucha contra la violencia de género. Formas diferentes de hacer política que desmienten ese dicho traidor que iguala a todos en la desvergüenza.

El próximo día 5 un autobús saldrá de Xàtiva para acudir a Tarragona donde una vez más se reclamará el necesario pacto de Estado que saque la lucha contra la violencia machista del mercadeo político y lo afronte como una prioridad indiscutible. También, se celebrará aquí en Xàtiva, el encuentro que XATEBA ha organizado para dar voz a las supervivientes y aprender de su valor y su resistencia. Formas complementarias de luchar contra el monstruo de la violencia que no podemos alimentar con nuestra indiferencia.