Categoría: violencia

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Todo el mundo  va al Ayuntamiento alguna vez en su vida, por muchas y diferentes razones. Para hacer trámites, para informarse, para reclamar…nos sabemos bien el camino porque hay variados motivos  que nos hacen acercarnos a esa Casa del Pueblo, que a veces lo es y a veces no, dependiendo en gran medida del talante de los inquilinos. Hay quien  se la apropia y exige invitación para entrar, y quienes hacen política de puertas abiertas, o por lo menos, entornadas.

19jestaspreparadaPues bien este próximo lunes, 19 de Junio,  hay una razón diferente e importante para acercarse por allí. No regalan nada, es cierto, ni va a haber ningún sorteo. Pero deberíamos ir. De verdad. Hay una  razón  de peso. Del peso que tengan en nuestras conciencias la interminable lista de mujeres asesinadas por la violencia machista.

Hay que ser muy marciano o vivir muy aislado del planeta Tierra, para no conocer la existencia de estos asesinatos de mujeres a cuenta de la violencia machista.

En lo que llevamos de  año, aunque el Gobierno de Rajoy, sólo reconoce 19 víctimas, hay cuentas que  hablan de 40 víctimas  porque incluyen a mujeres que sin ser asesinadas por sus parejas o exparejas, lo fueron por ser mujeres, que es a fin de cuentas de lo que trata la violencia machista. Aunque no valgan para las estadísticas.

Vease si no, si el caso de Hilda que denunció al novio de su sobrina por intentar matar a ésta y por ello fue asesinada. O el de Ana Belen Ledesma, que murió a manos de su pareja, que también se llevó por delante a su madre de 90 años, que tenía tan poca culpa como ella, pero no cuenta. Por eso la hija va en la lista, pero su madre no. Aunque estén igual de muertas, por el mismo verdugo.

La cuestión es que las matan, nos matan,  como a las hormigas,  cuatro de ellas  el mismo día como sucedió el 3 de Abril.  Y matan a las criaturas, 6 en lo que llevamos de año para hacer todavía más daño. A golpes, tirándolas desde una ventana, asfixiando a una bebe de 8 meses… para causar  una pérdida más grande que la propia vida. Una avalancha que ha de resultar insoportable e intolerable, sease hombre o mujer, de derechas o de izquierdas porque es un verdadero escándalo y produce una enorme vergüenza.

Recordar  hechos tan  crueles y dolorosos hoy no es  por el afán de morbo sino con  un objetivo claro. Ponernos todos a trabajar para evitar que sigan sucediendo.

Porque resulta que contra la violencia machista se multiplican las condenas, los discursos, las concentraciones y minutos de silencio, pero no las soluciones. Peor aún, contra la violencia machista se enumeran las medidas que hay que tomar para la prevención, la protección, la supervivencia, pero no se pasa de los dichos, a los hechos.

Al final, acaba pareciendo que no hay nada que hacer. Que solo cabe la resignación y el olvido. Que lo que procede es intentar digerir ese desasosiego y enorme malestar que nos causa cada nuevo nombre que se añade a la lista.

Oigan, la violencia machista tiene solución. No es fácil ni sencilla, pero la tiene. Se ha repetido miles de veces. Educación para la prevención en las escuelas e institutos. Detección desde el ámbito de sanitario. Correcto tratamiento del tema  desde los medios de comunicación. Formación y especialización de jueces y fiscales y también de las fuerzas y cuerpos de seguridad. Programas de apoyo social que presten ayuda psicológica para la recuperación de las mujeres. Ayudas económicas para la supervivencia. Recursos para su acogida .  Y desde luego ampliación del concepto enmarcado en la Ley, para que se reconozca como víctimas a todas aquellas que sufren violencia por su condición de mujer.

Hay medidas que tomar. Y hay también un precio que pagar. El que no quiere pagar el Gobierno de Rajoy, que no sabe contar los asesinatos , ni hacerse cargo del coste de las medidas necesarias.

De hecho, en los próximos presupuestos generales del Estado su propuesta de gasto para este fin es un 1º% inferior a la que había hace 6 años. Son 32 millones los destinados a esta partida de un total de 400.000 millones, lo que supone un 0’01% demostrativo del escaso interés de este Gobierno por hacer algo más que poner caras de pena e hilvanar discursos de condena.

La gente de este país que no comparte su indiferencia que es letal, ni su mezquindad a la hora de repartir los fondos, se va a hacer presente en muchos Ayuntamientos de este país, el próximo lunes, a las 12 horas. Se trata de hacerse oir para  reclamar que en los Presupuestos 2017 se destinen los euros que hagan falta para esta cuestión.

En Xàtiva, el Consell de les Dones ha hecho suya la propuesta. Como en Valencia, Alacant, Castelló, Madrid, Barcelona, Lugo, Coruña….

Así que una vez más, vente al Ayuntamiento, este próximo  lunes a las 12 horas. Tienes muchas cosas que hacer, andas muy ocupado,  pero  a ver si se te ocurre algo más necesario que evitar muertes que ya están anunciadas.

EUROS CONTRA LA VIOLENCIA

En lo que llevamos de año han asesinado a 32 mujeres y son 5 las criaturas muertas con el único objeto de causar más daño. Dos millones y medios de mujeres sufren violencia en la pareja, cada ocho horas una mujer es violada en España y un millón y medio padece violencia sexual fuera de la pareja. Son las cifras del horror.

Ante el se convocan multitud de concentraciones y manifestaciones con la intención de  dar fe de que ninguna de ellas es olvidada,  condenar a los culpables y exigir una definitiva solución.

Porque la violencia de género tiene solución. Parece que no la hay en razón de su persistencia, pero la hay, aunque no es fácil ni sencilla. Exige un enorme consenso social, sustentado en una clara voluntad política que se ha de demostrar en la asignación de los medios necesarios para resolver el problema de fondo que alimenta la violencia machista, que no es otro que la desigualdad.IMG-20160128-WA0005

Porque si hubiera igualdad en este mundo desigual, y desaparecieran las dependencias económicas y afectivas a las que están sometidas las mujeres, si las niñas tuvieran que luchar por un futuro tan difícil como el de cualquiera, pero no más, es muy posible que a los maltratadores y asesinos de mujeres les costara más encontrar a sus víctimas.

Sin embargo, es evidente que la violencia machista no se derrota, ni la igualdad será realidad, sólo con minutos de silencio. Ni tampoco con algunas actitudes que no colaboran demasiado: la de quienes no hacen suyo el problema y se mantienen a cubierto. O la de quienes, ante los esfuerzos realizados, más o menos exitosos y casi siempre mejorables, siguen la insana costumbre de criticar, aunque sea hincando el diente en aspectos secundarios, a pesar de que así se desacrediten los avances realizados.

Luchar contra la violencia tiene un precio. En euros. Y no parece que quieran hacer este gasto quienes manejan las cuentas del reino y a la hora de la verdad, solos antes sus macrocifras, deciden asignar a la lucha contra la violencia machista un 0’0001 del Presupuesto, unos 28 millones de euros, que es un 11 % menos de lo que se dedicaba hace 7 años. Viene a ser, dicho de otra forma, como si de un salario de 1800 euros se dedicaran 2 euros a la protección de las mujeres de la familia amenazadas de muerte por el machismo. Es la fantástica cantidad de 6’9 euros al año destinados a cada mujer que sufre violencia.

Nadie en su sano juicio se alinea con los maltratadores, ni enarbola la bandera de la desigualdad, pero esa falta de coherencia presupuestaria proporciona coartada a la violencia machista, porque no hacer significa dejar hacer. La promesa de un Pacto de Estado para afrontar el problema sin fisuras desde todos los ámbitos sociales, hace aguas a la vista de estos Presupuestos. Desaparece por el desagüe la magnífica energía colectiva generada, si no se financian debidamente los recursos de prevención y protección necesarios y se articulan los medios para lograr el cambio cultural necesario que nacerá en las escuelas y prenderá en la sociedad.

Luchar por la igualdad es construir un edificio con frágiles materiales, a merced de vientos y tempestades, hasta hacerlo tan fuerte que las mujeres queden protegidas en él. Se trata de colaborar para que se levante fuerte y triunfante y no de soplar para derribarlo. Y de pagar el precio correspondiente. En euros.

ENTRE EL DICHO Y EL HECHO, LAS MUJERES SON ASESINADAS

Los Presupuestos Generales son  la piedra filosofal de un Gobierno, porque indican más allá de discursos y promesas lo que realmente se compromete a hacer. Es una especie de confesión pública de sus prioridades, exponiendo a la luz pública sin trampa ni cartón sus verdaderos intereses.

Y ello es así, porque como todo el mundo sabe, vivimos en una sociedad en la que todo tiene un precio, o dicho de otro modo, todo se paga, así que todos los pronunciamientos previos se caen, ante la fuerza de los dineros, que son los que marcan la diferencia entre la realidad y las mentiras. Y en materia de igualdad el balance no puede ser más insatisfactorio.  2014-07-24 21.00.42

Aunque se les llena la boca hablando de ese crecimiento económico que quieren vender, lo cierto es que éste es completamente inexistente para quienes vienen sufriendo los efectos de la crisis: personas desempleadas, paradas, pensionistas….

Si en la anterior legislatura aumento formidablemente la pobreza en general y las desigualdades entre mujeres y hombres en concreto, afrontamos según se expone ahora en los Presupuestos una época si cabe peor.

Porque son unos PGE 2017 que no sólo no afrontan con los dineros públicos el deber de promoción de igualdad efectiva y de lucha contra las violencias machistas sino que ni siquiera intentan recuperar los recortes efectuados.

El dinero destinado a financiar las políticas de igualdad roza lo puramente testimonial. No hay crecimiento para las partidas de igualdad, reducidas desde que gobierna en un 37%, más de la tercera parte, y un 41,2% desde 2010.

Tampoco para la lucha contra las violencias machistas, un 9% por debajo de lo asignado en 2011 y un 10,8% menos que en 2010. De que sirvió llenar las calles de Madrid hace dos años un 7 de Noviembre que pretendía marcar una diferencia? De que sirve congregarse mes tras mes a la puerta del Ayuntamiento de tantas ciudades  si a la hora de la verdad, cuando hay que arremangarse , aparecen las excusas y los recortes ?

Si los presupuestos son un indicador clave del grado de compromiso del gobierno con su obligación de promover la igualdad efectiva de mujeres y hombres y de combatir la violencia de género, es evidente que a quienes nos gobiernan estos problemas le parecen insignificantes.

Y la triste realidad es que en materia de igualdad y de prevención de la violencia de género, no avanzar significa retroceder. No hacer nada significa que se autoriza a otros para que sigan haciendo lo que luego se pretende condenar. No invertir en  ayudas reales que permitan a las mujeres confiar en que las denuncias las llevarán a alguna parte que no sea el cementerio, no es solo una burla sino una crueldad inexplicable.

 

EN LA COLA DEL PAN

Este viernes pasado mataron a una vecina. Se llamaba Josefa Cuquerella, y tenía 75 años. Xàtiva es un pueblo grande o una ciudad pequeña, según se mire, así que es probable que mucha gente  la conociera de vista o de referencias. La cercanía hace que mucha gente reaccione con especial virulencia y congoja ante un nuevo asesinato machista, pero también que la esencia del suceso -una  mujer asesinada  por su condición de mujer- quede desdibujada  entre consideraciones gratuitas que rozan el comadreo pueblerino.

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Lo verdaderamente importante es el hecho de que la violencia sobre las mujeres, el monstruo  contra el  que se pelea día a día y desde hace tiempo en esta ciudad,  se ha manifestado en su forma más brutal muy cerca, casi en la calle de al lado.

Por eso, como debe ser, se convocó con toda celeridad, una concentración ante el Ayuntamiento, que durante cuatro minutos manifestó de forma  palpable el rechazo institucional y ciudadano ante un hecho tan repugnante.  Dado que el supuesto culpable ha sido detenido y ya está a disposición del juez, podría  parecer que  del triste  asunto, poco queda por decir. En breve, Josefa  quedará doblemente  enterrada  bajo una actualidad palpitante que pronto hará que de  su nombre y su terrible muerte no se acuerde ni dios. No es nada personal, es que son tantas…

Este año, del que no han pasado ni dos meses,  ya hay 12  nombres en esa lista de la vergüenza, contando a esa criatura de apenas un año,  a la  que mató  su padre tirándose con ella  por la ventana para, como dejó dicho, darle  a la madre donde más le pudiera doler. O esa niña de 14 años, que junto a su madre, fue acuchillada hasta la muerte. Es, desde luego,  verdaderamente escandaloso. Cualquier persona decente se lleva las manos a la cabeza y protesta  en la cola del pan, o en la barra del bar poseída de una legítima indignación. O maldice a quienes así  actúan. Y la mayoría lamenta sinceramente tantas muertes evitables.

Pero lo malo es que no es suficiente. No lo ha sido nunca, ni lo es ahora.  Las concentraciones en silencio lanzan un mensaje de rechazo que, indiscutiblemente,  precisa de una mayor concreción para dejar de ser un símbolo, positivo pero insuficiente.

Hace un año, el 7N, Madrid se llenó con una multitud cabreada que exigió que quienes pueden hacerlo, hicieran de una puñetera vez lo que tenían que hacer. Ese Pacto de Estado, ese  acuerdo que, por encima de cualquier otro interés, asignara a la lucha contra la violencia de género  los recursos necesarios. No vamos a volver todas las semanas. No se puede. Pero lo cierto es que no ha habido mucho éxito, para que engañarse. Con un panorama político tan animado como el que tenemos, las prioridades bailan a ritmo de samba, y lo que hoy es una urgencia, mañana es un marrón, que nadie quiere comerse. Y perdonen el cinismo, porque siempre hay honrosas excepciones, pero son los resultados los que cantan.

Tampoco contribuyen ciertas conductas individuales que son aparentemente inocuas, pero dan de comer al monstruo.  El lenguaje que no respeta a las mujeres, el desprecio al  valor de su trabajo, la indiferencia hacia conductas insultantes, la tolerancia ante abusos bien reconocibles..…. todo ayuda, alimentando prejuicios y estereotipos. Por eso,  las mujeres y  hombres, esos “nadies” que en realidad son el todo,  son también quienes en la barra del bar o en la cola del pan, pueden obligar al monstruo de la violencia machista a que cierre su asquerosa boca y deje de matar  a las mujeres.

Tan sencillo como ir en bicicleta, haciendo que ambas ruedas vayan en la misma dirección.

 

 

 

 

SI EL AMOR APRIETA, NO ES TU TALLA

Si con la Navidad sufrimos una epidemia de “Santas Klaus” obesos y renos de ojos saltones, en  San Valentín, que ya está al caer, nos entierran bajo una  avalancha  de corazones, mayormente rojos en un alarde de realismo, traspasados por una flecha y acompañados de una leyenda que con más o menos cursilería, alaba el amor y sus derivados.

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Fue  San Valentín, un hombre valiente que se enfrentó al Emperador romano de turno, que desaprobaba el  Cristianismo tanto como el matrimonio porque consideraba que desmotivaba a los hombres para unirse a sus ejércitos. Así que, ante el empeño del obispo  Valentín en seguir matrimoniando al personal, mandó  ejecutarlo en tres actos,  dice la leyenda,   para más recochineo: paliza, lapidación y decapitación final  para rematar, nunca mejor dicho. La exuberancia  creativa para estos menesteres de los emperadores romanos era notable y su inhumanidad recuerda la  de algunos recién nombrados Presidentes estadounidenses.

Lo cierto es que a partir de esta historia,  contada con variantes más o menos creíbles, San Valentín es un icono del amor romántico que reporta pingües beneficios, convenientemente utilizado. También el amor es  un sentimiento que, indecentemente manipulado, ha servido durante siglos para convertir a las mujeres en seres miedicas,  melindrosos e inseguros, dependientes y ansiosos, pasivos y muy a menudo, realmente  desgraciados.

No hay intención de ofender a nadie en sus sentimientos y creencias  más íntimos,  ya que quienes  opinan que el  amor es uno de los sentimientos que ennoblece la existencia del ser humano, tienen toda la razón. El deseo de amor, como el ansia de libertad son pasiones humanas que nos dignifican permitiendo una vida plena y provechosa.

Pero, a veces,   el amor deja de ser un sueño para convertirse en pesadilla, en una herramienta útil para convencer a las mujeres de que han de  besar sin desfallecer  al sapo que les tocó como marido.  Aunque les cause dolor y muerte, porfiando hasta que se convierta en príncipe, como promete  la milonga que les han contado.

El amor romántico es una peligrosa quimera , cantada en  coplas,  baladas, óperas, ahora y siempre en un consenso universal y patriarcal,  para alimentar  la peligrosa idea de que  mujer sin pareja es mujer fracasada, mientras que la emparejada debe estar dispuesta a disolver su propia identidad en la marea azucarada del amor, ofreciéndose, abierta en canal,  a los sacrificios que el amor imponga.

El amor entre iguales es una oportunidad única  porque permite vivir una experiencia extraordinaria basada en el  entendimiento y  el apoyo mutuo, que fomenta el crecimiento y garantiza la felicidad.  Y no tiene nada que ver con ese amor, que Marina Subirats califica como “el opio de las mujeres” que las condena a la dependencia, a la sumisión, a la anulación y la aceptación de la injusticia

Que se lo digan a las ocho  mujeres asesinadas en lo que va de año, que se emparejaron con sus asesinos, convencidas de que eran su príncipe azul, y no su verdugo. Que se lo digan a los más de dos millones de mujeres en este país, que conviven una media de ocho años con sus maltratadores, resignadas, rotas  y desamparadas,   porque nadie les enseñó que el príncipe azul no existe, pero el macho violento, por desgracia, sí.

El amor romántico puede ser causa de una muerte lenta y dolorosa, cruel y anunciada. Quizás no sería mucho pedir que en fechas como ésta, empezara a ser cuestionado en un mensaje social, comercial y mediático, dirigido sobre todo a las  niñas y adolescentes, para convencerlas de que el amor   a sí mismas,  es el primero al que deben aspirar para conseguir la felicidad.

 

UN CUENTO DE HADAS PARA EL 25N

Hoy es un buen día para contar un cuento. Pero no precisamente de hadas. Imagínense un país donde el mes de noviembre no tuviera que estar casi monográficamente dedicado a hablar de un tema como el de la violencia sobre las mujeres. Donde, durante este mes, la agenda de la sociedad no tuviera que estar ocupada casi en exclusiva por un tema tan repulsivo y desagradable como la violencia sobre las mujeres. Donde no hubiera que ir el día 25 a concentrarse ante la puerta del ayuntamiento de cada ciudad y pueblo para manifestar el rechazo y la condena de los asesinatos a mujeres.

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Imaginen, como diría el añorado John Lennon, que vivimos en otro momento de la historia de la humanidad y resulta que las mujeres, que siguen conformando la mitad de la humanidad, disfrutan de los mismos derechos y oportunidades que sus compañeros varones (aunque mantienen, afortunadamente, emocionantes y complementarias diferencias biológicas que jamás van acompañadas de ninguna otra que las penalice).

Una sociedad donde cada persona es como quiere ser, donde el respeto es la seña de identidad. Donde no se castiga a quien es diferente. Donde no se impone una forma de ser, vestir o actuar. Ni con quien debe acostarse o cuales han de ser sus preferencias y aficiones. Donde a nadie se le dice lo que debe hacer con su cuerpo y ningún ser humano vende ni compra los cuerpos ajenos.

Donde cada niña que nace tiene el futuro abierto para construirse una vida a base de esfuerzo y voluntad para sacar el mejor partido a su talento, pero sin encontrar obstáculos añadidos y traicioneros. Decidirá sobre la compañía o la soledad que quiera disfrutar, sobre el momento y las circunstancias de su maternidad. Y nadie la juzgará, ni utilizará sus circunstancias personales para vincular su existencia al éxito o al fracaso.
En esa sociedad, las mujeres tienen empleos que les permiten vivir dignamente, acordes con la preparación que han obtenido y las competencias que poseen. Perciben salarios correspondientes al valor del trabajo que realizan, sin ningún tipo de minoración. Y trabajan en aquello que más felicidad les proporciona, porque son las mejores, y se han preparado concienzudamente, sin que haya ningún tipo de asignación de oficios ni exclusión de profesiones.

Las que se lo proponen y demuestran su capacidad, exactamente igual que los varones con los que comparten espacio laboral, obtienen la acreditación necesaria y son jefas, directivas, responsables, gobernadoras, ministras, presidentas. Es totalmente indiferente lo que tienen entre las piernas. Su competencia profesional es más que suficiente para hacerlas ocupar las responsabilidades a las que aspiran.
En esta sociedad hay menores y personas dependientes que precisan cuidados. Y los reciben, de forma inmejorable con la implicación de toda la sociedad, que dispone los recursos necesarios. Hay ayudas, personal cualificado, instalaciones, servicios para garantizar una atención más que suficiente que se aborda como responsabilidad de la sociedad en su conjunto.

En este cuento, las mujeres mueren por las mismas causas que los hombres. Por enfermedades incurables, accidentes€ pero ha desaparecido de las estadísticas el asesinato de las mujeres, como síntoma de una sociedad desigual y discriminatoria que ahora sólo es un recuerdo bochornoso.
Imaginen, que decía John Lennon y lo que es más importante, trabajen por conseguirlo

GUERRA SIN CUARTEL

Caen como moscas, pero no son una especie protegida. Son las mujeres, la mitad de la Humanidad, sometida a un ataque sistemático que no es casual, ni ocasional. Es una guerra sin cuartel pero no entre las mujeres y los hombres, a pesar de los esfuerzos interesados de algunos en falsear el conflicto y confundir sus causas. En realidad, el desafío está planteado entre quienes creen que todos los seres humanos son iguales y los que piensan, aunque sea en el rincón más profundo de su alma oscura, que las mujeres son ese desecho salido de la costilla de Adán, imperfectas en su naturaleza como decía Aristóteles, inferiores en sus capacidades como decía Rousseau.

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Cada nuevo asesinato es una victoria del machismo, ese veneno, del que algunos presumían como característica patria, pero que hoy, afortunadamente, ya presenta su cara más negra, perfectamente identificado como causa última que arma a los maltratadores y no tiene nada de divertido. Por el contrario, cada mujer que deja de ser víctima y pasa a ser superviviente, cada hombre que cruza la línea y se coloca en el lado de la igualdad y la justicia es una victoria silenciosa de la mejor esencia de las personas. Cada ser humano que lucha contra sus propios demonios, esos que ha ido tragando desde la más tierna infancia, y logra enterrarlos tan hondo que dejan de hacerle daño a él mismo y a los que le rodean, es un triunfador que contribuye de forma indiscutible a cambiar la realidad.

Durante mucho tiempo esta guerra se libró en la oscuridad, mediante emboscadas en espacios aislados e incomunicados, que llamaban hogar. Las pérdidas „las mujeres muertas„ no se publicitaban. Las agresiones se disfrazaban, se trivializaban, se normalizaban… y así nadie tomaba partido por ellas, las más débiles, las más indefensas. Luego, ellas conquistaron la esperanza. La esperanza que vence al miedo. Y empezó la rebelión, al intentar huir de las celdas solitarias donde estaban a merced de su verdugo. Hoy las siguen matando, justo en ese momento, pero muchas lo siguen intentando. Quizás porque aun sin certidumbres, ni garantías, han visto la luz de la esperanza. Y son unas valientes.

Por eso fue necesario hablar hasta perder la voz, gritar y manifestarse hasta desgastar el suelo. Nunca calladas, siempre beligerantes. Porque ellas miraban. Y se trataba de conseguir que no se sintieran solas, sino acompañadas de una sociedad más atenta y dispuesta a intervenir, abriendo ventanas de donde salía un fuerte y desagradable olor a pánico y miseria. Una sociedad que empezó a asumir que el maltrato sobre las mujeres obedecía a una forma de entender las relaciones entre ambos sexos, que otorgaba a unos el poder sobre las otras. Y que por tanto, había que igualar, luchar por la igualdad para que ninguna mujer fuera vulnerable ni ningún hombre tuviera poder para dañarlas.

A la lucha por la igualdad, se sumaron instituciones, organizaciones, entidades, personas, en miles de concentraciones, proclamas, gestos, cuyo valor es indiscutible. Pero hoy, algunos de boca grande pero corazón pequeño, creen que la condena es suficiente y no ven, o no quieren ver, que ha pasado la hora de las palabras.

La abrumadora coincidencia en el lenguaje verbal no puede contribuir a la pasividad en la acción real. No debe haber coartadas para la inacción derivadas de palabras gratuitas. Es indecente escuchar condenas a la violencia de quienes a continuación van a negar los recursos necesarios para combatirla. Hay que dejarlos desnudos en su vergüenza, aislados en su clamorosa hipocresía que alimenta promesas que no piensan cumplir para exigir avances rigurosos y objetivos en las soluciones.