Categoría: igualdad

SABEMOS LO QUE HAY QUE HACER

Nadie nos ha de decir a las mujeres lo que debemos hacer. Aunque algunos no lo tengan claro, somos personas adultas que formamos parte de una especie pensante, hecho incuestionable a pesar de alguno de sus individuos. Pero hay una enorme afición, una pretensión universal de decirnos a las mujeres, en diversas situaciones, y sin previa petición, lo que nos conviene, lo que está o no a nuestro alcance. A señalarnos nuestras limitaciones, a advertirnos de ciertas líneas rojas, por si acaso nosotras no hubiéramos sido capaces de detectarlas.

A nosotras, que damos vida, que defendemos la vida, que hemos luchado contra la enfermedad y la muerte, en primera línea en las más adversas circunstancias, nadie nos ha de decir lo valiosa que es y la importancia de defenderla. No es admisible que ante decisiones que estamos más que capacitadas para tomar, aparezcan miles de voces sentenciando, criticando , cuestionando sin darnos siquiera tiempo a equivocarnos. Cosa que, por otra parte, no pasa tan a menudo como algunos pretenden.

Toda esa tutela ya nos tiene demasiado hartas y con escasa paciencia. Quizás suene a soberbia o prepotencia, pero solo es el legítimo sentimiento que albergan muchísimas mujeres que se sienten muy capaces de tomar sus propias decisiones, consiguiendo además que sean las más acertadas.

En los prolegómenos de un 8 de Marzo, que antes de suceder ya despierta críticas, nadie nos ha de decir a las mujeres lo que debemos hacer. Sobran las recomendaciones sobre cómo debemos actuar para que ese día, jornada de reivindicación y  día festivo también, se desarrolle de la forma conveniente para no renunciar a nada, y desde luego, en ningún caso, a nuestra propia salud.

Hay muchas maneras de ser protagonistas, casi tantas como formas de robarlo, y este 8 de Marzo, desde el movimiento de mujeres se van a  utilizar casi todas. Los vídeos inundan las redes, los encuentros divulgativos, las imágenes, los textos de opinión se multiplican porque ese día la lucha feminista ha de brillar. Se va a bailar, a cantar en coro, a recitar poesía…Habrá performances llenas de creatividad y de fuerza…Igualmente en muchas localidades  se llenarán las calles de simbología feminista, de ese violeta tan explosivo como constructor de vida que es su seña de identidad.  Va a haber caravanas de coches que ocupen las calzadas lanzando un mensaje  inequívoco que visualice a las mujeres y sus derechos…y también va a haber concentraciones. Convocadas con todas las garantías sanitarias, de aforo limitado, descentralizadas, en las que la participación se someterá ineludiblemente a unas reglas que nadie nos tiene que imponer porque todas sabemos respetar.

Vamos a ser mucho más responsables y respetuosas que los organizadores de otras concentraciones mucho menos cuestionadas, desde los antivacunas a los detractores de la ley Celaa, desde los neonazis a los negacionistas del  barrio de Salamanca. Pero vamos a ocupar a la calle, el espacio, a impregnar el aire que respiramos e invadir el sonido ambiental, para que todo ello hable de igualdad y proclame que es el  Dia Internacional  de las Mujeres, orgullosas de serlo, nacidas para vivir libres y con todos los derechos.

MUJERES Y CIENCIA

La pandemia ha supuesto una oportunidad de oro para valorar en su justa medida el valor de la ciencia y la investigación. Ese ámbito que parecía algo ornamental, futurista y concitaba pocas pasiones a pesar de ser necesidad básica de una sociedad con futuro. Porque es la ciencia y no otra cosa, lo que ha posibilitado , y lo sigue haciendo, la existencia de las vacunas que son las mejores herramientas contra el virus a  día de hoy. Su aparición supuso que  laboratorios y hospitales de todo el mundo se pusieran a trabajar exclusivamente en la COVID aparcando proyectos en marcha, lo que también va a tener consecuencias.

De hecho el esfuerzo ha sido descomunal, hasta el punto de que la propia comunidad científica se maravilla por haber obtenido en 11 meses   resultados en algunas disciplinas que antes necesitaban una media de 10 años para ver la luz. Todo ello no por casualidad, sino porque cuando la necesidad aprieta se producen las condiciones necesarias como la inversión económica y la colaboración  de Gobiernos, compañías y  organismos .

Lo que  no ha cambiado demasiado  es la situación de las mujeres científicas,   que existir,  existen, ahora y siempre, aunque  sea difícil  para el común de los mortales dar un solo nombre más allá de la Curie . Resultado de una realidad  injusta que ha hecho de  la ciencia y la investigación espacios no aptos para las mujeres.

La bata blanca a la que aspiraban las niñas casi siempre estaba relacionada con tareas de cuidado en función de roles estereotipados de difícil erradicación.  A ello se suman los techos de cristal y los suelos pegajosos, es decir, las dificultades que las científicas tienen para compatibilizar la investigación con su vida personal y familiar. De hecho , en estos tiempos de confinamiento y teletrabajo la producción científica de las mujeres ha disminuido ostensiblemente, mientras que la de los hombres se ha incrementado. 

Pero es que además el reconocimiento y valoración del trabajo realizado por las mujeres científicos tampoco es fácil de obtener lo que ha dado lugar a la campaña llamada #NomoreMatildas originada por  la activista Matilda Joslyn Gage que ya  en 1870 denunció las dificultades de las científicas para ver reconocido su trabajo. La mayoría  solo firmaba sus descubrimientos con el nombre de un compañero de laboratorio, mientras  veían como sus méritos eran merecedores de un Premio Nobel que siempre recaían en hombres.

Este fenómeno social, conocido como «efecto Matilda», ha hecho que sistemáticamente los méritos de las mujeres se hayan silenciado o visibilizado tras el rostro de un hombre, lo que no solo perjudica a las científicas, sino que tiene un efecto perverso sobre las niñas que crecen sin referentes femeninos en los libros de texto, de historia o en los medios de comunicación.

Por ello sería interesante que cuando hablemos a los niños y niñas sobre la vacuna del coronavirus y el mundo de la ciencia perciban la existencia de las  mujeres científicas. Quizás podríamos memorizar el nombre de algunas como Jane Goodall,  Augusta Ada Byron, Rosalind Franklin,  Ada Lovelace, Rita Levi-Montalcini, Hedy Lamarr, Vera Rubin, Valentina Tereshkova, Josefina Castellví, Sara Borrell, Margarita Salas, María Blasco, Rosa Menéndez, Marta Macho, Paloma Domingo, Alicia Calderón Tazón, Elena García Armada y tantas otras

Por ello, hay que celebrar las iniciativas que persiguen atraer a un mayor número de mujeres a la ciencia, visibilizando  el trabajo que han desarrollado en este ámbito, y fomentando el interés de las niñas por las áreas tecnológicas, las matemáticas o las ingenierías. Ese sería un buen balance del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la ciencia.

ODIAR LA DIFERENCIA O RESPETAR LA DIVERSIDAD

Aunque cada vez menos,  ver a una pareja del mismo sexo mostrándose afecto mutuo, sigue siendo una imagen que a algunos perturba y que a unos pocos -repugnantes ellos- repugna.

Hay quien acepta con mayor facilidad  la  escena en la que  dos hombres se matan a tiros o se destripan a cuchilladas,  que aquella en la que dos varones hacen el amor. Y es que a pesar de que España es uno de los países que más ha avanzado en este terreno (un  88 % de los españoles se declara sin prejuicios), ha sido y sigue siendo difícil,  luchar contra cegueras y podredumbres insertadas en nuestro ADN durante los largos años vividos de mezquindad e hipocresía sexual.

Cerca del 6 % de la población europea pertenece al colectivo de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales e intersexuales (LGTBI), según un estudio que sitúa a España en segundo lugar tras Alemania, con un 6.9% de la población LGTBI.  Un  colectivo que ha tenido que hacer  un viaje duro y accidentado para superar estereotipos malignos que junto a condenas morales, tan hipócritas como letales, les asignaban vicios y taras de forma arbitraria y cruel. Personas que no merecen tolerancia, entendida ésta como “la cualidad de quien puede aguantar o soportar”, sino que la han tenido que practicar durante décadas para afrontar conductas inaceptables basadas en la más absoluta indecencia ética y moral.

Nunca lo tuvieron fácil y por eso, el 28 de Junio, el día del Orgullo intentan resumir  en un titular que son personas, humanas y corrientes,  que  a base de sangre, sudor y lágrimas han conseguido hacer calar el discurso del respeto y la dignidad frente al del odio y el rechazo social.

Con todo, el número de delitos de odio e incidentes discriminatorios registrados en 2017 triplicó los del año anterior. Y eso,  a pesar de que más del 80 % de la violencia contra personas LGTBI no se denuncia. Pero  siguen abundando ingeniosos comentarios que reclaman el Día del Heterosexual.

Más del 72% de las personas LGTBI ocultan su orientación sexual en el trabajo para evitar chistes, burlas e insultos o incluso la pérdida del empleo. Y eso a pesar de que se haya vuelto habitual presumir de tener amigos gays o trans como si eso fuera una vacuna contra la discriminación y el prejuicio.

Por todo ello, a pesar de reacciones paternalistas y pseudoprotectoras, a pesar de desprecios encubiertos o de manipulaciones llenas de demagogia, más que nunca hace falta abrir, en lugar de los armarios, las ventanas del corazón y la mente de muchas personas que se asfixian en sus propias miserias sexuales.

Por eso es imprescindible la existencia y presencia de Asociaciones como Arc de Sant Martí, Asociación LGTBI de Xàtiva y alrededores, que como ellos mismos dicen, estarán en la lucha  “…mentre hi haja una parella de dones o homes passejant per l’Albereda agafats de la mà, i algú els mire amb estranyesa o els increpe, mentre un bes al mig de la plaça del poble per una parella LGTBI continue molestant, mentre hi haja xiquetes i xiquets que estiguen sofrint bullying a l’escola per la seva orientació sexual o de gènere, etc… ”

Es de agradecer la programación realizada, online no hay más remedio,  el compromiso institucional, y sobre todo el coraje demostrado por quienes han de combatir demonios internos y externos, para reclamar su derecho  a ser y amar como quieran y a quien quieran, sin que haya censor, detractor o fustigador que se crea con derecho a vetar sentimientos y  juzgar aquello que pertenece a la más estricta intimidad de las personas.

 

FÚTBOL FEMENINO

Que el fútbol es un deporte complicado en el que confluyen muchos intereses, y no sólo los deportivos,  es algo que todo el mundo sabe.

Que las mujeres somos unas impertinentes que queremos hacer y estar allí donde nos da la gana porque consideramos que nada nos debe estar prohibido, ni somos menos aptas para ninguna actividad, también es algo que deberíamos empezar a asumir.futbol femenino

Es un hecho es que 40 millones de mujeres en todo el mundo juegan al futbol.  Que en España, cada vez más se pueden ver niñas disputando un partido de fútbol base, muchas veces participando con niños en las competiciones mixtas. Y que las escuelas de fútbol femeninas  proliferan mientras que las licencias federativas de mujeres futbolistas en España han crecido un 561% en los diez últimos años.

Con todo, efectivamente el deporte rey ya no es , como tantas otras cosas, cosa de hombres. Quizás desde que una tal  Ada Hegerberg, a la que nadie conoce pero que fue quien  ganó el primer Balón de Oro femenino,  lanzó un mensaje al recogerlo dirigido a todas las niñas del mundo que decía:  «creed en vosotras». Y muchas se lo tomaron al pie de la letra.

 A esta fecha, en el ámbito deportivo no sólo se trata de que las mujeres consigan los logros más señalados del deporte español en disciplinas como atletismo o natación, o en competiciones como los Juegos Olímpicos, sino de que en el día a día, a pie de calle, hay más mujeres que practican sin complejos su deporte favorito que va y resulta que es el futbol, un deporte que no tiene porqué tener sexo preferente, exactamente igual que el patinaje artístico o la natación sincronizada.

Sin embargo, si es difícil ganar partidos más lo es ganarse el derecho a intentarlo.  Las diferencias con el fútbol masculino son  evidentes porque factores como el merchandising, el seguimiento mediático, la acogida por parte de público…marcan una contundente diferencia en el prestigio y reconocimiento social de un talento deportivo que sin embargo, no debería depender del sexo de quien lo practique. Y no solamente se trata de la gloria, sino de  cuestiones más domésticas y materiales que deben estar resueltas para que una deportista pueda concentrarse únicamente en dar el mejor juego posible.

De ahí la huelga del futbol femenino de Primera División, convocada recientemente en  exigencia de  un salario mínimo, un protocolo para los casos de acoso, 30 días de vacaciones pagadas, coberturas sanitarias en caso de lesiones de larga duración y ayudas a la maternidad.

Como se ven, condiciones laborales que tampoco son del otro mundo, pero que les permitirían no tener que renunciar a sus sueños ni echar a perder su talento deportivo.

Han tenido que ir a la huelga, secundada mayoritariamente y han podido desconvocarla recientemente, tras torcer la mano de la patronal que se ha resignado a negociar, consciente de que no puede dar la espalda a las que son ya capaces de congregar a más de 60000 personas para presenciar un partido como sucedió recientemente en el enfrentamiento entre los femeninos del Atlético de Madrid y el Barcelona.

Y es que escuchar la negativa de la patronal de clubes deportivos a fijar un salario mínimo digno para las jugadoras alegando escasez de presupuesto, suena poco creíble y bastante ridículo, dadas las cantidades estratosféricas que se manejan con naturalidad para los fichajes de las superestrellas masculinas , y  que nadie pone en cuestión. O negarse a reconocer los derechos de estas mujeres en relación a la maternidad o frente al acoso sexual , en los tiempos que corren, es simplemente inadmisible.

A señalar que en esta pugna, las jugadoras han contado con el apoyo de algunos, tampoco demasiados, jugadores varones que han expresado su solidaridad. A destacar el de Andrés Iniesta que cuando ha dicho: «Todo mi apoyo a las futbolistas que luchan por sus derechos. Por la igualdad» ha hecho una inmensa aportación a la causa de las mujeres. Porque con su mensaje ha demostrado que además de un deportista irrepetible y una figura admirada y respetada, es también un  hombre que cree en la igualdad entre mujeres y hombres.

MONÓLOGO DE NIÑA REBELDE

Pues sí.  Acabo  de nacer y soy una niña. Que pasa?

Algunos ya estarán pensando en agujerearme las orejas, cuando a lo mejor a mí me mola más un piercing en el ombligo. Otros me habrán comprado ya un fondo de armario de 0-3 meses, en total y monolítico color rosa que es mi color, sí o sí, el que me identifica y explica al mundo quien soy, sin lugar a dudas.

Acabo de llegar y ya me están diciendo que soy buena y tranquila. Que no doy guerra. Que soy guapa. Parece que tengo una nariz que ni Cleopatra….Me llaman princesa, santa, bellezón, pastelito…en fin, que no me dan opción a ser reina, pecadora ,  a asumir mis imperfecciones, ni a parecerme a una col.

Algunos ya me imaginan adulta ocupada en tareas y ocupaciones propias de mi sexo. Será enfermera, o maestra, o auxiliar de geriatría, predicen. Se ríen divertidos cuando alguna loca me propone para ingeniera, astronauta o directora de orquesta. Me recrean como  parte de una familia feliz a la que cuido y  contribuyo con entrega absoluta porque su existencia da sentido a mi vida. Como hicieron mis abuelas y bisabuelas, y seguramente mi madre.

Pues se van a enterar porque conmigo no van a poder. Soy niña del siglo 21, hija del feminismo, nieta de la igualdad.  Quizás no se todavía lo que quiero ser, pero cuando lo averigüe –solo es cuestión de tiempo- estoy a decidida a ser  dueña y señora  de mi vida. Es cierto que hoy tengo necesidades que otros han de cubrir. Pero mi plan de futuro pasa por conseguir autonomía e independencia. Se cúal va a ser el amor de mi vida: yo misma, porque en la medida en que lo sea podré estimar y ser estimada, desde la libertad y la honestidad. Tengo pocas certezas, pero estoy convencida de que, a diferencia de niñas que nacieron antes que yo,  voy a poder elegir aunque habré de ser valiente para ello y estar preparada para superar fracasos y digerir los éxitos.

Acabo de nacer. Estoy llorando a pleno pulmón, llena de indignación porque tardan en cambiarme el pañal, entretenidos diciendo tonterías. Soy una niña, sí, y  preveo que  voy a tener que ser algo impertinente y muy luchadora,  pero se que mi vida es mi privilegio y mi oportunidad y no voy a renunciar a nada para ser feliz. Ahora y siempre.

COMO ESTÁ EL PATIO

Patio colegioSe inicia el curso escolar y continua el Bruschetti esperando que se haga realidad el proyecto elegido por la ciudadanía en los presupuestos participativos de hace ya demasiados años. En el Pla de la Mezquita sueñan con su nuevo centro, cada vez más cerca. Siguen preocupados en el Teresa Coloma por una propuesta que no les satisface en absoluto y están dispuestos a experimentar la jornada continua en el Martinez Bellver o el Jacinto Castañeda. Celebra, porque el tiempo pasa veloz, sus 10 años el Gozalbes Vera.

Hay cosas que cambian aunque otras permanecen inmutables. Como los patios de los colegios. Siempre fueron un espacio ruidoso, un sitio para jugar, para relacionarse, altamente emocionante por el riesgo de sucumbir ante un balonazo. Porque, ciertamente, el patio del recreo estaba siempre dominado por el campo de fútbol y esa chavalería que, amando el fútbol por encima de cualquier deporte ,lo practicaba con devoción infinita. En los bordes del patio, pegaditas a las paredes, bien enseñadas a no traspasar las fronteras invisibles que marcan el terreno de los chicos, las chicas se dedican a sus ocupaciones. Sus juegos son diferentes y se adaptan a la fuerza al espacio disponible. Es evidente que su posición es subordinada a las necesidades de otros. Y ahí se planta la semilla de la desigualdad.

Quienes se aferran a esa malhadada creencia que mantiene que lo que siempre ha sido así no tiene porqué cambiar, despreciarán la cuestión. Habrá quien considerarán que es un tema menor, una forma de rizar el rizo, de dar importancia a cosas que no la tienen y se negarán a analizar la realidad desde un punto de vista coherente con todas esas expectativas que se depositan en la educación como herramienta para cambiar el mundo.

Y, sin embargo, es tan cierto como que el sol sale cada día que, cuando se habla de desigualdad y de violencia machista se reivindica siempre, hasta el aburrimiento, que es en la educación donde todo empieza. Todo, desde la educación sexual a la educación vial, pasando por la correcta nutrición o la ecosostenibilidad, se encomienda a un sistema educativo que ante la impotencia generalizada, cambia a la velocidad de un caballo de mármol.

Tal como está el patio político, más revuelto y caótico que el de cualquier centro escolar, no parecen probables cambios legislativos. Así que nos seguimos comiendo la LOMCE, una Ley educativa bastante necesitada de revisión y actualización por no decir derogación. Sin embargo, en la espera, se podrían adelantar iniciativas renovadoras en un tema cotidiano e importante como es el funcionamiento de los patios escolares, lugar en el

que nuestra gente menuda pasa unas 525 horas al año, tiempo más que suficiente para aprender formas de relacionarse desde el respeto y desaprender otras que ojalá todos fuéramos capaces de olvidar.

Hay proyectos muy bien trabajados, que redistribuyen zonas, diferencian entornos y democratizan esos espacios para que todos y todas puedan jugar. Que reservan zonas para juegos de pelota, que nadie trata de prohibir, pero estableciendo otras para el sambori, el tres en raya, las chapas….sin pretender nunca asignar zonas por sexos, sino al contrario, fomentar la convivencia enriqueciendo su ocio desde el reconocimiento de la igualdad.

Según la Conselleria de Educación un 10% de los centros (unos 600) cuentan con patios inclusivos y coeducativos. En Xàtiva, el porcentaje es de un 0%. Quizás podría ser un solidario y coherente objetivo de ciudad trabajar entre todas las partes implicadas -Ayuntamiento, claustros, familias- por un recreo sin discriminaciones ni conflictos, donde las criaturas aprendieran a convivir y compartir un espacio común de gente diversa.

MATANDO EL TIEMPO

Este pasado fin de semana tuvimos que cambiar la hora de nuestros relojes en ese baile que sucede dos veces al año y que nos deja unos días algo más desorientados de lo normal, con trastornos del sueño que alimentan debates generalmente poco productivos. Es posible que sea una de las últimas veces que pasamos por la experiencia ya que el Parlamento Europeo parece decidido a acabar con esta medida a partir de 2021. Va a hacer caso a una evaluación promovida desde Bruselas en la que participaron casi 5 millones de personas que en su gran mayoría , 80% , opinaron que había que dejar los relojes en paz. Ahora solo falta determinar si nos quedamos con el horario veraniego o invernal, cuestión que también tiene su intríngulis y que hay esperar que no tardemos demasiado en resolver. hora cambiada

En todo caso, hablar de tiempo no es tanto hablar de horarios como del uso que hacemos de él. Aunque es cierto, para qué nos vamos a engañar, que el cambio se hace en función de parámetros que tienen más que ver con la economía, como la influencia sobre el turismo o el ahorro energético, que con el bienestar , por ejemplo, para favorecer el descanso de las personas.

En cualquier caso, se puede aprovechar la coyuntura para reflexionar sobre el uso que damos al tiempo, o mas bien, a contrastar como el tiempo nos usa a nosotros.

No hay expresión más desafortunada que aquella de “matar el tiempo” sobre todo porque en realidad es el tiempo quien nos mata a nosotros. Así que desaprovecharlo es un crimen, del que nosotras somos las víctimas literalmente. El sentimiento de estancamiento mencionado es propio sobre todo de las edades tempranas, cuando uno puede sentarse a esperar a que le crezca el bigote y se aburre, bendito aburrimiento, creyendo que la vida es lineal y sin sobresaltos y el tiempo del que disponemos, infinito.

Luego llega, sin embargo, un momento vital, que cada persona vive de forma y en momento diferente, en el que la existencia se desmadra, en que todo es un torbellino de emociones, de obligaciones, de responsabilidades, de descubrimientos y no hay momento libre para mirar la hora en que vivimos. Puede ser la obtención de un trabajo, la maternidad o la paternidad, la transición de ser cuidado a ser cuidador/a…pueden ser diversas circunstancias, previsibles o no, las que nos privan de un capital irrecuperable que es el tiempo.

En lo laboral, seguimos viviendo una cultura que valora el presentismo, aunque sea para estar mirando el vuelo de las moscas y los horarios infinitos como símbolo del compromiso profesional, sin entender que ,a veces, más no es mejor, sino simplemente postureo o acumulación de errores. Sin mencionar aquellos empleos cuyas condiciones de trabajo son dignas de un esclavo de la antigua Grecia, con una disponibilidad absoluta y una explotación obscena manifestada en jornadas inacabables y horarios infernales.

El tiempo es el perro que muerde el culo de las mujeres, dicen, porque ellas acumulan jornadas imposibles, por aquello de haber salido de sus casas para abordar en legítimo derecho proyectos profesionales . Pero la contraparte, excepto honrosas excepciones, todavía no ha entrado, dispuesta a asumir esa mitad de lo doméstico que en justicia le corresponde. Y alguien tiene que hacer las camas.

Hacer del tiempo un aliado sin alimentar un conflicto permanente que nos desgasta, exige racionalizar los horarios conciliando las obligaciones personales, familiares y laborales no sólo desde el enunciado, sino consolidando políticas públicas, servicios, recursos y medidas. No basta con cambiar la aguja del reloj dos veces al año.

AUTOCRÍTICA FALLERA

Ya han brotado como setas en los rincones de la ciudad esos monumentos  falleros con fecha de caducidad que se alzan más o menos poderosos, según el capital invertido, lanzando críticas irreverentes y gamberras que a estas alturas a nadie asustan, ni molestan.. Y si lo hacen, ya pondrán  cuidado en disimularlo, porque no hay escudos protectores que permitan a nadie estar blindado frente a la mirada ácida del mundo fallero. Seas autoridad, eclesiástica o política, o si formas parte del famoseo local,  nadie te salva de recibir lo tuyo, sobre todo si durante el año te has puesto a tiro, cometiendo más errores de los permitidos.

 Son fallas y la ciudad cambia de aspecto en un plis plas. Y las calzadas se convierten en aceras donde todo el mundo transita con alegría y los semáforos parecen postes que guiñan el ojo, sin que nadie les haga ni puñetero caso. Es el momento de la anarquía, de ese caos asumido en el que la movilidad sostenible, eso de organizar los traslados urbanos respetando el derecho de las personas, se convierte en una utopía, aunque por otra parte, los coches, el eterno enemigo,  es absolutamente derrotados en estos días en los que han de tomarse un descanso obligado. falleras

Es la semana donde algunos añoran el silencio de un monasterio de frailes con voto de silencio, porque aquí  el ruido, el ruido tonto e innecesario, se convierte en un fondo obligado a casi todas las horas del día. Buena culpa la tienen las criaturas que  van tirando esas bombetas ridículas que los preparan para cuando les toque y crezcan,  y  les sea permitido  tirar unos  petardos ensordecedores y mucho más peligrosos.

Es la fiesta valenciana por excelencia, que muchos esperan todo el año para vivirla a todo tren. Pero en todo caso, la diversión no está reñida con la reflexión,  y la capacidad de juicio y razonamiento no debe desaparecer frente a estímulos lúdicos por muy ruidosos que sean éstos. Tampoco se hace ningún favor a la Fiesta si nos empeñamos en no aplicarle la misma mirada crítica que las Fallas utilizan al analizar la realidad que las rodea.

La Universidad de Valencia ha realizado recientemente un Informe que analiza  las Fallas de la ciudad de València desde una perspectiva de género. Y sus conclusiones son previsibles.

Dice el estudio que en Valencia, la presidencia de las más de 200 fallas plantadas  la ostentan hombres en el 88% de los casos,  con porcentajes similares en las vicepresidencias. La competencia de la Tesorería ya va siendo desempeñada por más mujeres aunque  ellas son abrumadora mayoría en la delegación de infantiles. No solo la organización, sino también los monumentos responden a una realidad que pone en el centro a los hombres. En el 48% de los casos, los remates que es la parte con más visibilidad que corona las fallas,  representa a hombres. El 71% de los ninots representan a varones y cuando son figuras femeninas, en el 63% de los casos son hembras, que no mujeres, hipersexualizadas hasta la caricatura.

No se trata de amargar la fiesta a nadie, ni de negar que  se detectan señales muy positivas del compromiso con la igualdad del mundo fallero.  Se podría decir que el objetivo es dar una ración de su propia medicina a la fiesta fallera, para que se autoanalice con la misma frescura y sinceridad que utiliza en sus análisis externos. El esfuerzo quizás pique un poco, pero seguro que redundará en una fiesta más igualitaria y por eso, más justa y con un enorme futuro por delante.

NO HAGAN HUELGA

No. No debe hacerla si cree usted firmemente que las mujeres mienten, que los medios de comunicación mienten, que los organismos internacionales mienten, cuando afirman que, en el mundo, 130 millones de niñas son mutiladas genitalmente o que 1400 mujeres mueren al día por causas relacionadas con el embarazo. No debe hacer huelga si se la trae al pairo que sean niñas entre 13 y 18 años el lucrativo producto que abastece la industria del sexo, ya saben, esa que no se menciona pero de la que hacen uso cuatro de cada diez hombres de este país. Si no le impresiona que España se denuncie una violación cada cinco horas, ni le asquea que haya diez denuncias diarias por abusos IMG_20180209_000754sexuales a menores, no tenga ninguna duda, esta huelga no es para usted.

Quizás es usted persona de poca imaginación a la que solo preocupa lo inmediato, su experiencia cercana y personal. Quizás en su entorno, las mujeres que estima, esas de las que se siente orgulloso y desea que tengan la mejor vida posible, tengan el empleo que merecen, cobren por su trabajo un salario justo, y disfruten contratos estables que les permitan tener proyectos de vida digna. Puede que no conozca a ninguna de esas que, después de formarse durante años, no encuentra salida profesional acorde con sus capacidades porque sólo le ofrecen contratos de menos de una semana (el 30% de éstos, los ocupan mujeres), o a tiempo parcial (tres de cada cuatro son para ellas), o simplemente no lo encuentran porque son menos aprovechables para las empresas por la hipotética “amenaza” de su maternidad. Es posible que esté dotado de la virtud de la paciencia y crea conveniente esperar los 170 años que dice la ONU que son necesarios para cerrar la brecha salarial entre mujeres y hombres. O que no le parezca mal que tres de cada cuatro mujeres en paro tengan que vivir con menos de 430 euros al mes. Tal vez no conozca usted ningún caso de mujeres que se han pasado la vida cuidando criaturas, personas enfermas o dependientes en las que han invertido toda su energía, condicionando su propia vida y asumiendo con generosidad una tarea en la que no han tenido casi ayuda, ni reconocimiento. Quizás no ha sentido nunca vergüenza viendo anuncios donde las mujeres son mercancía o descarado objeto de negocio.

De verdad, no debe usted participar en las manifestaciones previstas para el 8 de Marzo si cuando asesinan mujeres, cuando las atropellan, las tiran al vacío o les rompen la cabeza usted tiene la plena convicción de que es una desgracia inevitable ante la que solo cabe la resignación. O incluso sospecha que puede haber razones justificativas que provocan la pérdida de control de hombres que luego algunos califican de amables vecinos. Algunos creen que todo es una gigantesca conspiración mentirosa. En este

caso, sin duda alguna, esta huelga no es la suya. No se junte con gente que opina de forma diametralmente opuesta y que está dispuesta a hacer las huelgas que sean necesarias y a participar en las manifestaciones que haga falta para frenar esa violencia machista que consideran intolerable.

Hay contundentes razones para no participar en la huelga de este 8 Marzo. Sólo hay que dejarse caer en el sillón, ponerse las necesarias vendas en los ojos y cerrar el corazón a realidades insoportables que mas vale ignorar. Pero se corre el riesgo de que al final ese sillón se convierta en cárcel, esas vendas nos dejen ciegos y el corazón sea sólo un músculo funcionando en personas que, en realidad, están muertas.

LA NÓMINA DE MANUELA Y PEPE

Mañana es el Día Mundial contra la brecha salarial que es ese concepto que muchos miran de reojo porque les parece artificioso y carente de realidad. Un invento de algunas mujeres quejicas a las que gusta hacerse las víctimas. Les parece imposible que, en un tema tan sensible como la pasta, las mujeres puedan sufrir una discriminación tan brutal por mucho que lo reconozcan organismos internacionales, Administraciones y evidentemente las propias mujeres a las que, en su inmensa mayoría, nadie debe convencer de la discriminación económica que sufren. algo con pene

En el Día contra la brecha salarial es oportuno intentar aclarar ideas a los escépticos, en especial si sus dudas provienen del desconocimiento y la falta de información y no de la testarudez enquistada de quienes no quieren atender a razones. El hecho es que esa diferencia salarial no es individual, sino considerada colectivamente. Quizás la nómina de Manuela y de Pepe, ambos trabajadores de igual categoría en la misma empresa sea exactamente igual. Pero si sacamos la media de las nóminas de todas las Manuelas y la comparamos con la de todos los Pepes, es seguro que entre las cantidades finales habrá una diferencia a favor de ellos. Seguro. En concreto, una diferencia de 6000 euros anuales, aproximadamente, que es una cantidad suficientemente importante como para no rendirse en la denuncia constante y la exigencia de rectificar tamaña injusticia.

Las razones están a la vista si se sabe y se quiere verlas. Para empezar, porque las ocupaciones que ocupan mayoritariamente ellas se pagan peor que las de los varones. Ocurre hasta en la supuestamente igualitaria Administración Pública, en la que entre el sueldo, por ejemplo, de los conductores (ellos en su mayoría) y el de las auxiliares de enfermería (ellas, siempre cuidando) aun siendo del mismo grupo, hay una diferencia anual superior a 4500 euros.

Hablamos siempre de un cómputo global porque las causas son globales. Son las mujeres las que ocupan en un 75% de los casos los trabajos a tiempo parcial, cuya hora de trabajo se paga un 27% menos que cuando se trabaja a tiempo completo. Son ellas las que no tienen acceso a pluses que premian la disponibilidad (¿y quien estaría a la hora de la cena de los niños?) o la peligrosidad (¿porqué a las limpiadoras no les toca nunca el plus de peligrosidad por productos químicos?)

Cualquiera puede entender que los frecuentes agujeros en las carreras profesionales de las mujeres para atender el cuidado de menores y dependientes, no son demasiado beneficiosos para sus posibilidades de promoción, ni para sus cotizaciones que serán causa después de pensiones muy bajas, todavía más bajas.

Esta es la brecha salarial que una parte de la sociedad mira con escepticismo, cuando no con burla o mala leche, pensando que ellas exageran, dramatizan o se quejan de vicio.

La mala vida no permite malos vicios y las mujeres tienen mucho que pelear como para permitirse distracciones. La brecha salarial existe y duele pero la primera estrategia para derrotarnos es intentar desmentir la existencia del problema para así impedir el abordaje de soluciones. Hay otras: la fingida solidaridad sabiamente mezclada con el postureo, la eterna postergación ante urgencias más fáciles de resolver, el reconocimiento de la propia impotencia que no manifiesta más que la incapacidad de dar respuesta a los problemas …

De todo eso, las mujeres están muy hartas. Tanto que el próximo 8 de Marzo, salimos a la calle con la loca y radical pretensión de que, de una vez por todas, nuestro trabajo se retribuya con justicia: ni un euro de más, pero ni uno de menos.