Categoría: igualdad

OTROS 8M QUE CELEBRAR

Hay gente que  desearía fervientemente no tener que celebrar el puñetero 8M, Día Internacional de la Mujer. Por lo menos de la forma actual que, en realidad, consiste en exhibir en pantalla grande y a todo color , una enorme injusticia que la sociedad fomenta y tolera . La que se comete además contra la mitad de la Humanidad desde el principio de los tiempos. La que convirtió a las mujeres en el “sexo débil”, imprescindible para la procreación y para los cuidados que garantizaban la supervivencia de la especie. Y de paso,  a los hombres en el “sexo fuerte” , héroes garantes del sustento  a jornada completa y sin opción a desfallecimientos.

Quizás parezca un análisis trasnochado y superado por la realidad, pero se confirma viendo  como el derecho al aborto, que no es otra cosa que el  derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su maternidad, es cuestionado de forma permanente, siendo caballo de batalla de quienes abominan de la igualdad entre mujeres y hombres aunque tal cosa no figure en su programa electoral.  De  hecho, hubo que cargarse a todo un Ministro para abrirle camino en España. De hecho,  Francia acaba de blindar este derecho en la Constitución para evitar retrocesos intolerables que perviven siempre amenazantes. Pero es que  permitir que las mujeres decidan , elijan, siendo,  en definitiva,  dueñas de sus vidas resulta enormemente peligroso, al darles un poder que otros tenían sobre ellas  y es vital para la especie.

Seguimos en los mismos charcos, a pesar de los siglos de  coexistencia no siempre pacífica, viendo que  los cuidados, imprescindibles para evitar la extinción de la especie,  siguen estando asignados a las mujeres por mandato  social, impuesto por un mensaje cultural tácito y sutil,  que las hace responsables en completa soledad. Siguen siendo ellas las cuidadoras, las domésticas, las que mejor hacen la cama y limpian el WC, dotadas en exclusiva de las cualidades que permiten el mantenimiento de la vida. La empatía, la capacidad de sacrificio o la resistencia son cualidades que, al parecer,  les tocaron a ellas, en monopolio absoluto. Y siendo las mejores,  nadie debe pensar en sustituirlas.

Claro que el 8M es también la proclamación orgullosa y sin complejos del camino recorrido por las mujeres  desde las cuevas y las cocinas a las que estaban destinadas únicamente en razón de su sexo.  Y ciertamente hoy se viven  realidades muy diferentes en los espacios de trabajo, en el ámbito doméstico o las esferas  de la cultura o del ocio. El poder ya no puede excluir sistemáticamente a las mujeres, aunque tampoco se lo ponga fácil. El mundo laboral no ha tenido más  remedio que asumir la presencia de las mujeres,  aunque siempre valorando a la baja  sus condiciones laborales e intentando acotar sus espacios. La corresponsabilidad, la distribución equitativa de los cuidados, la racionalidad de los usos del tiempo, siguen de realidad incierta pero  enuncian  una pretensión que antes ni siquiera existía. La violencia permanece pero ya no es invisible y soterrada.

Quizás un retrato sin  triunfalismos  les puede servir a algunos  para desacreditar de un plumazo la lucha sacrificada y anónima de muchas   mujeres y  hombres por la igualdad. Pero se equivocan. Porque a día de hoy, lo que ha quedado demostrado es  que la igualdad es el camino, el factor de permanencia y supervivencia, la herramienta que garantiza un futuro abierto donde se pueden resolver los conflictos autodestructivos que proliferan cada vez más. Luchar por la igualdad nos ha traído hasta el presente que hoy vivimos, donde incuestionablemente queda mucho por hacer  desde  una situación mejorada y sin ninguna duda, mejorable.  

Por eso, siempre valdrá la pena celebrar el 8M, Día de las Mujeres para poner en valor el esfuerzo y la inteligencia de quienes consiguieron convertir las injusticias y abusos sufridos por las mujeres en vergonzosos recuerdos de imposible repetición.

TITULARES ENVENENADOS

Puede que hayan oído hablar de una encuesta que ha salido estos días que aportaba cierta información sobre la opinión ciudadana en relación con el feminismo y las políticas de igualdad.

Nos cuentan que cuatro de cada diez señores han declarado estar convencidos de que las mujeres han ido demasiado lejos y demasiado deprisa y han aprovechado el tirón para dar la vuelta a la tortilla, dando paso a una sociedad que oprime a los hombres y les niega su derecho a ser iguales a las mujeres. Por ello se sienten oprimidos, víctimas de una injusticia flagrante e inmerecida. Importante señalar que el perfil mayoritario de varón que comparte esta opinión es el de un joven de 16 a 24 años, votante, en su caso, de partidos de derecha y ultraderecha.

Ninguna feminista que se precie debe afrontar esta encuesta desde la hostilidad o la desacreditación universal del sexo masculino. Sería una grave equivocación y es además parte de la trampa que incluye la afirmación inicial. Porque sin poner en duda las estadísticas, lo cierto es que hay muchas lecturas posibles de los datos obtenidos, y desde luego, muchas realidades incuestionables, aunque no sean percibidas como tales por cierta parte de la población. Algo tendrá que ver en ello que el 80% de los medios de comunicación sean propiedad de personas cuya ideología comulga bien poco con el feminismo y la igualdad.

Diferente conclusión inicial, leyendo los resultados a la inversa, podría ser que más de la mitad de los españoles opina que la igualdad no ha ido demasiado lejos y no los discrimina, lo que los convierte en apreciados compañeros de viaje en la lucha feminista, con la que comparten un análisis racional de la realidad. Cierto que el 20 % de la población siente antipatía por el movimiento feminista, pero se enfrenta a un mayoritario 84% firmemente convencido de que las mujeres aún sufren enormes desigualdades que hay que erradicar.

Y es que la verdad canta, aunque a veces no lo suficientemente alto como para apagar el ruido que algunos hacen.  Ellas dedican 43 horas semanales al cuidado del hogar e hijos, ellos 18. Ellas cobran un 18 % menos que ellos, casi 5000 euros En 2023 se denunciaron más de 3500 violaciones, una cada dos horas y hay más de 3600 niñas con riesgo de sufrir mutilación genital femenina. El sistema VIOGEN pretende proteger a más de 80000 mujeres amenazadas por la violencia machista.

El dato mata el relato, como suele pasar casi siempre si logra aflorar, a pesar de que la manipulación y la demagogia consigan calar en los hombres más jóvenes y en los que votan a la derecha cuya ideología, ahora y siempre, nunca ha simpatizado con la causa de la igualdad a pesar de declaraciones hipócritas en los momentos adecuados.

En todo caso, el malestar que manifiestan las jóvenes generaciones de hombres tendría que hacer reflexionar sobre las campañas de educación que proliferan desde las diferentes administraciones, que deberían acertar en el tono y en la forma para sortear el efecto rebote existente en muchos de los que escuchan. Una actitud que hace imposible la comunicación y menos todavía el cambio ideológico. Un dato optimista es el que señala que casi el 88% de los varones aprueba que un hombre recrimine a otros comportamientos machistas, porque significa que se advierte la necesidad de hacer campaña por la igualdad entre los suyos y sobre todo hacia los hombres jóvenes, creando modelos de masculinidad diferentes.

En todo caso, no es momento de triunfalismos estériles ni de hostilidades gratuitas, sino de apreciar que más allá de titulares envenenados, el movimiento por la igualdad es imparable e incluye a la mayor parte de la gente de este país.

No, no se acabó.

No, no se acabó. Ya nos gustaría a nosotras y a muchos más. Encantadas de que hiciera mutis por el foro tanto descerebrado machista que no entiende ni entenderá el fondo de la cuestión que es  mucho más que una anécdota. Es la manifestación pública y descarnada del poder que el sistema patriarcal otorga a los hombres sobre las mujeres.

Preocupante pero poco sorprendente que el mundo del fútbol, tan chillón y ruidoso,  permanezca tan silencioso. La mayoría de los jugadores , clubes y medios de comunicación, excepto honrosas excepciones , están tratando de no mojarse,  a la espera de acontecimientos, para determinar si es tormenta de verano o tsunami destructor.

Indignante que la  selección masculina, por su valor simbólico  y los grandes patrocinadores – 21 grandes empresas en total, cuyo soporte económico es esencial-  sigan empeñadas en presentar su peor perfil, el de la cobardía y la falta de compromiso con la igualdad. Solo tres de estas empresa, Iberdrola, Iberia y Renfe han manifestado con la boca pequeña su solidaridad con  las deportistas, aunque sin pedir dimisiones ni cuestionar su apoyo.

Demasiada gente callada, para parecer más guapos y menos cómplices. Hay otros que hablan demasiado, dedicados plenamente a la intoxicación, a la manipulación, a la demagogia. También mucha gente que se esfuerza en explicar, argumentar  y demostrar señalando, sin dudas, a culpables y víctimas. Y sobre todo una inmensa mayoría social cuyo dictamen es inapelable y se puede llevar por delante a toda una Federación de Futbol anclada en la misoginia y la discriminación.

Entonces, se acabará. Por lo menos, este capítulo vergonzoso y delirante, aunque habrá que seguir escribiendo con renglones bien rectos, el libro de la igualdad.

Besos

Vaya por delante que no me gustan los besos de cortesía. Que me resulta detestable , antihigiénica e incómoda esa costumbre nacional y no es ningún consuelo su existencia en otros países…. Es francamente aborrecible ese protocolo hipócrita de intercambiar fluidos con cualquiera que se te ponga delante. Desde el primo del cuñado de alguien que acabas de conocer y que posiblemente no volverás a ver nunca hasta el acompañante de algún conocido aunque sepas que tiene los días contados.


Besos al aire, hipócritas, vacíos de contenido. Besos confusos, empalagosos, de obligado cumplimiento para no parecer excesivamente cardo, exageradamente antipática. Besos que te presentan mucho más íntimamente de lo que quisieras a la contraparte, su olor, su textura, su relieve… Los más duros y feos, sin duda alguna, son los forzados en los que hay una participante que de forma evidente no quiere participar en la liturgia, o por lo menos pretende hacerlo con baja intensidad, y se encuentra con un abrazo de oso aborrecido, con un lametón indeseado, con un pico robado con premeditación y alevosía…


Es costumbre que atañe especialmente a las mujeres , como emisoras o receptoras, porque no es práctica frecuente entre los machos alfas, que optan por los palmeos de espalda desaforados y casi dolorosos, o en el caso de varones de menor perfil hormonal, con un apretón de manos que se ajusta más a la educación formal y no conlleva la invasión del espacio personal.


De espacios propios las mujeres no andan sobradas. Y si no que se le digan a la campeona del mundo de fútbol. También habría que decirle al besucón que debe aprender a controlar sus impulsos, con medicación si hace falta, porque ese entusiasmo tan fogoso le llevó a protagonizar un acto tan irrespestuoso como denigrante. No valen disculpas por la emoción del momento que quizás ha sido la causa de que el filtro de la corrección no haya funcionado. Lo grave es que subsista, bien enterrada pero activa, esa creencia tóxica de que las mujeres son seres que existen para ser besadas o lo que se tercie, iniciativas que en cualquier caso deben agradecer con humildad y satisfacción. Lo indignante es que el tipo en cuestión reaccione con agresividad , tratando de idiotas y tontos a quienes les rechina la escena. Lo preocupante es que entre ese entrenador que solo sabe hablar en masculino y ese presidente tan exaltado y machista, la victoria de las deportistas, su mérito, talento y esfuerzo quede opacado y falto del reconocimiento que merece. Son las campeonas del mundo, ahí queda eso. 

JUGANDO CON LA IGUALDAD

La Navidad es un paréntesis artificial pero secundado universalmente, en el que las rutinas habituales se trastocan asumiendo que durante las próximas semanas se asistirá a multitud de reuniones familiares, encuentros sociales o celebraciones de empresa, en los que se brindará unos cuantos miles de veces deseando salud y felicidad a todo bicho viviente.

En absoluto hay que desmerecer el esfuerzo de anteponer durante esos días la felicidad colectiva a las dificultades privadas que cada cual pelea como puede. No hay porqué cuestionar la sinceridad de esas felicitaciones que se reparten indiscriminadamente a la vecina insolidaria, al colega insoportable o al cuñado chismoso. Hay una tregua tácita pero sólida para aparcar momentáneamente los roces y discrepancias, que ya habrá tiempo de volver a ellos cuando se cierre el paréntesis.

A group of cheerful kids with their palms and clothing painted

Sin embargo, es preciso mantener vivas y activas ciertas creencias que defendemos a capa y espada durante el resto del año, pero que ahora olvidamos, fruto quizás de la vorágine consumista que nos atrapa a todos y de cierto atontamiento generalizado fruto de tanto festejo y comilona. No hay paréntesis posible, ni excepción aceptable en la defensa de principios que no se pueden dejar aparcados bajo el árbol de Navidad.

El jolgorio navideño no puede borrar nuestra firme creencia de que las mujeres y los hombres son iguales en derechos y oportunidades. No se puede actuar desde la más absoluta incoherencia al pretender contentar a la gente pequeña,  un empeño que honra al mundo de los adultos pero que no puede llevarse a cabo transgrediendo principios que defendemos habitualmente.

Sabemos que en sus primeros años, niñas y niños están formándose su propia composición sobre su lugar en el mundo, sobre sus límites, sobre lo que pueden o no hacer, lo que se espera de ellos y lo que tienen prohibido. A ambos hay que mostrarles, no por la vía del discurso sino de la realidad palpable del juguete que reciben, que ser niño o niña no les obliga a nada, ni les impone ningún comportamiento, ni les marca límites que no puedan superar según sus capacidades. No se trata de exterminar a las muñecas sino de que criaturas de ambos sexos aprendan igualmente la importancia de las tareas de cuidado. Los superhéroes forman parte del universo infantil, pero no son solo ellos los que poseen los poderes y protagonizan las hazañas.

Según el Estudio sobre estereotipos y roles de género en la publicidad de juguetes (Instituto de la Mujer, 2020), casi el 40% de la publicidad juguetera, muestra a niñas dulces y guapas dedicadas al cuidado de bebes calvos o muñecas casi tan grandes como ellas. Por el contrario, se muestra a los niños en roles de poder, construyendo edificios, solucionando problemas, ganando batallas. De ahí el acierto del acuerdo suscrito con el sector publicitario y juguetero para fomentar una imagen de los menores plural, igualitaria y libre de estereotipos. Es un gran paso adelante, a falta de que la elección personal de quien saca finalmente la cartera sea también responsable y coherente con la defensa de la igualdad.

Los juguetes que reciben en estas fechas son un factor esencial en su proceso de socialización y quien reste importancia a esta cuestión, quien pretenda minimizarla para que no contamine un escenario tan blanco y navideño como el que vivimos, no tiene más que acordarse de las 11 mujeres asesinadas durante el último mes del año que dejamos atrás.  Es evidente a estas alturas la íntima relación entre la violencia machista que mata y la desigualdad que convierte a las mujeres en víctimas. No hay tregua posible en esta cuestión.

EL GOL DE LA HOMOFOBIA

De la homofobia solo se habla el día que toca, cuando los arco iris proliferan y la mirada se centra en el gravísimo problema que tienen algunas personas que no pueden soportar que existan otras con determinadas orientación o identidad sexual. Hay que empezar a hablar con propiedad y resaltar que el conflicto no lo provocan quienes son víctimas de insultos y ataques, sino  los agresores, los que se creen con derecho a meterse en las camas ajenas a poner orden, siempre su orden, que no se sabe por qué orden divina, prima sobre los derechos y libertades del resto de la humanidad.

Hemos avanzado mucho desde aquella ley de peligrosidad social que consideraba vagos y maleantes a quienes se salían de la norma obligada. Desde aquella sociedad hipócrita y cobarde que veía vicio y perversión donde sólo había humanidad y deseo de ser feliz. Hoy somos ciertamente un país a la cabeza de derechos LGTBI y de integración de la diversidad. Hemos reformado leyes y aprobado otras para poner remedio a injusticias históricas, pero hacerlo es mucho más fácil que cambiar usos y costumbres, que erradicar prejuicios muy consolidados en la conciencia individual.

La homofobia es algo tan vergonzoso para una sociedad que se dice civilizada que es necesario reiterar la condena un día sí y otro también hasta conseguir que sus manifestaciones autodescalifiquen automáticamente a quien las manifieste. Hasta crear un sólido muro de rechazo frente a los brutales ataques homófobos producidos en los últimos meses, con violentas palizas indiscriminadas, término curioso por lo que da a entender de que las hay necesarias.

Es preocupante advertir que, aunque hay una gran mayoría social que ya superó efectivamente la mirada torcida y maliciosa, asumiendo con naturalidad y respeto la realidad sexual de cada cual, existe también una reacción violenta que busca la crispación y la exclusión, patrocinada ideológicamente por quienes presumen de su intención, si consiguieran los votos suficientes, de negar derechos que hoy en día parecen de imposible cuestionamiento. Parecen, aunque no lo son.

Quizás todo se deba a que la visibilización y normalización de la diversidad sexual, ocupando el espacio público al que tienen tanto derecho como cualquiera, escuece y altera a los sectores más retrógrados de la sociedad, convenientemente estimulados por quienes quieren llegar al poder para encerrarlos a todos en el armario del que, para ellos, nunca debieron salir. Muy parecido a lo que pasa contra el feminismo que nunca había estado tan presente y, como reacción, nunca tan atacado y distorsionado.

El futbol no está libre de la homofobia, como bien saben los árbitros en los partidos en los que la deportividad y el respeto brillan por su ausencia. También los futbolistas de distintas generaciones, desde Míchel hasta Guti pasando por Cristiano Ronaldo. Todos ellos han recibido insultos que   denotan la pervivencia del prejuicio sustentado en los vestuarios y en las gradas que exige a los jugadores una heterosexualidad militante e incuestionable para no romper la falsa imagen que asocia hombría y calidad deportiva. Demasiado poco se ha trabajado para facilitar la existencia de referentes no heterosexuales en el mundo del fútbol, en gran parte para no fastidiar el negocio acusando la presión de los patrocinadores.

Pero a nadie se le escapa la enorme repercusión social del futbol y su capacidad pedagógica y ejemplificadora. Por eso es necesario  impulsar en todos los campos , desde el Paquito Coloma que tan bien conocemos hasta el Santiago Bernabeu,  conductas siempre deportivas, con especial énfasis en el respeto que merecen los jugadores,  como modelo de conducta para niños y niñas que allí aprenden a ser adultos.

LA REGLA DE LA DESIGUALDAD

La menstruación, la regla, el periodo, el mes…en fin, es ese suceso que les pasa a las mujeres y solo a las mujeres todos los meses de su vida a partir de cierta edad y no desaparece hasta alcanzar otra o durante los embarazos,  si éstos se producen. Es un fenómeno que tiene poco de fenomenal, del que todo el mundo tiene referencias en propia experiencia o por relato ajeno, pero del que bien poco, casi nada, se habla. Resulta un tema como muy privado, muy íntimo, algo poco elegante, poco apropiado para conversación de ascensor lo que   en verdad tiene cierta lógica,  en línea a la discreción que se aplica a otras funciones fisiológicas sobre las que se impone un pudoroso silencio social.

En todo caso, la menstruación sigue siendo para muchos y en demasiados sitios, un tabú que se sigue asociando con algo sucio, oscuro que es mejor callar y tapar. Tiene mala fama y se le acusa infundadamente de los cambios de humor en las mujeres, a pesar de la existencia de variados y sesudos estudios que desmienten que los cambios hormonales tengan  ningún impacto en la memoria, la atención el buen talante. Pero ha habido momentos de la historia en los que se consideraba que la sola presencia de mujeres con la regla podía causar daño a las plantas, los alimentos o los animales. A día de hoy hay culturas que consideran a las mujeres y niñas fuente de desgracia e impureza durante esos días por lo que son excluidas de ceremonias, se les prohíbe manipular alimentos o son incluso obligadas a abandonar la casa.

En las sociedad occidentales y modernas, donde las consecuencias no son tan crueles e injustas, existen también realidades relacionadas con la menstruación que hasta ahora no recibían reconocimiento ni respuesta. Rectificando en esa cuestión, y abordando por ejemplo las necesidades especiales que pueden generarse en el ámbito laboral, se aprobaron recientemente medidas como el permiso menstrual   en Ayuntamientos como el de Girona y Castellón.

Lo cierto es que, a pesar del respeto exigible para el tratamiento de este tipo de cuestiones íntimas y privadas, lo que no conviene es ocultar hechos relacionados que comprometen y penalizan a las mujeres. Por ejemplo, lo que se conoce como pobreza menstrual, que sufren dos de cada 10 españolas e implica no solo carecer de medios para la adquisición de productos de higiene menstrual, sino también no tener agua potable, jabón y otros recursos esenciales para la higiene y salud íntima.

Por ese motivo se han presentado nada menos que 70.000 firmas en el congreso pidiendo la gratuidad de los productos de higiene menstrual. Y no solo eso: su petición incluye la reducción del IVA al 4%, desde el 10% que se paga ahora, un estudio sobre el impacto de la pobreza menstrual en España y campañas de sensibilización y educación sobre el tema.

A quien le parezca exagerado el tema, se les debería hablar de las niñas que faltan a clase en este país determinados días del mes porque no tienen los medios adecuados para evitar vergüenzas indeseadas o de las mujeres adultas que, en tiempos de estrecheces como vivimos, han de elegir entre comprar compresas o arroz para comer. Quienes tienen dudas de la necesidad de educar sobre este tema, tan natural como la vida misma, deberían saber la cantidad de prejuicios, monsergas y engañifas relacionadas con el asunto. Desde creer que la menstruación protege de embarazos indeseados hasta que andar descalza incrementa los cólicos menstruales o es perjudicial lavarse el pelo en esos días.

La menstruación es un fenómeno que, ciertamente, sucede solo a las mujeres, pero no es un tema que solo a ellas les competa, porque es un tema de derechos humanos, de dignidad  y , una vez más, de discriminación en la medida en que a pesar de su envergadura, ya que afecta a más de la mitad de la población , todas ellas mujeres, no obtenga los recursos exigidos para que no suponga para nadie, en ningún caso, una limitación, una penalización o un estigma.

CON CARIÑO, A LOS PADRES

Poco se habla de los padres, que tantos hay como madres , pero  en el Día del Padre procede  una mención cariñosa, y enormemente agradecida a tantos hombres que hacen un esfuerzo considerable por romper modelos caducos y obsoletos para ejercer una paternidad responsable, cooperativa, integradora y completamente ajena a la figura paterna tradicional.

Ha llovido mucho, pero es fácil recordar esa figura paterna, perfectamente acotada,  cuyo amor a su descendencia, en la mayoría de los casos,  está fuera de toda duda al igual que el afecto incondicional que les profesaron sus hijos e hijas  a pesar de ser personajes permanentemente ausentes y cuasi desconocidos, a los que era difícil dar cariño y todavía más recibirlo, porque emociones y sentimientos no tenían demasiado margen de expresión.

Ocupaban su papel como  “pater familias”, con gusto o a disgusto pero sin opciones, desempeñando una posición de autoridad indiscutible en la familia, como proveedor y garante en exclusiva de la supervivencia de todos y cada uno de sus miembros, desde las criaturas a la señora de la casa, todas ellas ocupantes de una  posición subordinada y dependiente.

Son ya de otra generación -abuelos y bisabuelos incluso- aquellos  cuasi desconocidos que, ciertamente, echaban más horas fuera que dentro del hogar , absolutamente exentos de cualquier tipo de colaboración en el ámbito doméstico, encargados de hacer justicia sin contemplaciones, desconocedores de sus hijos y de sus rutinas, absorbidos por su función suministradora que les descargaba pero también les privaba, de las alegrías de la paternidad.

Hoy ese modelo es un anacronismo. La mayoría de los padres de hoy en día,  cambian pañales y dan biberones a cuatro manos, ponen lavadoras y tienden la ropa al sol sin ningún tipo de vergüenza como pasaba hace unas décadas. Siguen siendo esenciales para la economía familiar, pero tanto como sus parejas, si éstas consiguen abrir brecha en un mercado laboral que siempre se lo pone difícil. Hoy los núcleos de convivencia familiar ya no son jerárquicos, sino que se impone el trabajo en el equipo, las decisiones conjuntas, el cuidado y el apoyo mutuo.

Sería demasiado optimista afirmar que en todos los casos y circunstancias el reparto es al 50 %, que la distribución de  tareas es por completo equitativa, pero la tendencia impone una reformulación de los roles familiares que fomenta una paternidad corresponsable, en la que los hombres manifiestan y reciben el afecto de su descendencia, comparten emociones y sentimientos, conocen y se dan a conocer como seres humanos ante sus hijos e hijas y disfrutan y padecen de todo aquello que la convivencia comporta.

Es un enorme avance para la sociedad en su conjunto, para las mujeres en general, y para los hombres en concreto.  En nuestro país hemos conseguido una de las mejores políticas públicas en corresponsabilidad, que es equiparar los permisos de paternidad y maternidad, aunque se  siguen requiriendo iniciativas políticas y sociales que favorezcan que los hombres se acojan a excedencias y otras medidas de conciliación.

Para las mujeres, el abandono de estereotipos es la garantía de poder disfrutar de maternidades en pareja , enriquecedoras pero no agotadoras, de poder luchar por proyectos propios de vida y  aspirar a relaciones personales basadas en el respeto mutuo y la colaboración .

Finalmente, para los hombres, la paternidad corresponsable es un enorme regalo porque impide que sean convidados de piedra en su propia casa, seres desconocidos amados, pero también temidos desde la distancia y la ignorancia. Son así  referentes cercanos, modelos de comportamiento, objeto del cariño y ternura de aquellos a quienes dan la vida y cuyo amor necesitan y aprecian tanto como cualquiera.

MUJERES Y CIENCIA

La pandemia ha supuesto una oportunidad de oro para valorar en su justa medida el valor de la ciencia y la investigación. Ese ámbito que parecía algo ornamental, futurista y concitaba pocas pasiones a pesar de ser necesidad básica de una sociedad con futuro. Porque es la ciencia y no otra cosa, lo que ha posibilitado , y lo sigue haciendo, la existencia de las vacunas que son las mejores herramientas contra el virus a  día de hoy. Su aparición supuso que  laboratorios y hospitales de todo el mundo se pusieran a trabajar exclusivamente en la COVID aparcando proyectos en marcha, lo que también va a tener consecuencias.

De hecho el esfuerzo ha sido descomunal, hasta el punto de que la propia comunidad científica se maravilla por haber obtenido en 11 meses   resultados en algunas disciplinas que antes necesitaban una media de 10 años para ver la luz. Todo ello no por casualidad, sino porque cuando la necesidad aprieta se producen las condiciones necesarias como la inversión económica y la colaboración  de Gobiernos, compañías y  organismos .

Lo que  no ha cambiado demasiado  es la situación de las mujeres científicas,   que existir,  existen, ahora y siempre, aunque  sea difícil  para el común de los mortales dar un solo nombre más allá de la Curie . Resultado de una realidad  injusta que ha hecho de  la ciencia y la investigación espacios no aptos para las mujeres.

La bata blanca a la que aspiraban las niñas casi siempre estaba relacionada con tareas de cuidado en función de roles estereotipados de difícil erradicación.  A ello se suman los techos de cristal y los suelos pegajosos, es decir, las dificultades que las científicas tienen para compatibilizar la investigación con su vida personal y familiar. De hecho , en estos tiempos de confinamiento y teletrabajo la producción científica de las mujeres ha disminuido ostensiblemente, mientras que la de los hombres se ha incrementado. 

Pero es que además el reconocimiento y valoración del trabajo realizado por las mujeres científicos tampoco es fácil de obtener lo que ha dado lugar a la campaña llamada #NomoreMatildas originada por  la activista Matilda Joslyn Gage que ya  en 1870 denunció las dificultades de las científicas para ver reconocido su trabajo. La mayoría  solo firmaba sus descubrimientos con el nombre de un compañero de laboratorio, mientras  veían como sus méritos eran merecedores de un Premio Nobel que siempre recaían en hombres.

Este fenómeno social, conocido como «efecto Matilda», ha hecho que sistemáticamente los méritos de las mujeres se hayan silenciado o visibilizado tras el rostro de un hombre, lo que no solo perjudica a las científicas, sino que tiene un efecto perverso sobre las niñas que crecen sin referentes femeninos en los libros de texto, de historia o en los medios de comunicación.

Por ello sería interesante que cuando hablemos a los niños y niñas sobre la vacuna del coronavirus y el mundo de la ciencia perciban la existencia de las  mujeres científicas. Quizás podríamos memorizar el nombre de algunas como Jane Goodall,  Augusta Ada Byron, Rosalind Franklin,  Ada Lovelace, Rita Levi-Montalcini, Hedy Lamarr, Vera Rubin, Valentina Tereshkova, Josefina Castellví, Sara Borrell, Margarita Salas, María Blasco, Rosa Menéndez, Marta Macho, Paloma Domingo, Alicia Calderón Tazón, Elena García Armada y tantas otras

Por ello, hay que celebrar las iniciativas que persiguen atraer a un mayor número de mujeres a la ciencia, visibilizando  el trabajo que han desarrollado en este ámbito, y fomentando el interés de las niñas por las áreas tecnológicas, las matemáticas o las ingenierías. Ese sería un buen balance del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la ciencia.

ODIAR LA DIFERENCIA O RESPETAR LA DIVERSIDAD

Aunque cada vez menos,  ver a una pareja del mismo sexo mostrándose afecto mutuo, sigue siendo una imagen que a algunos perturba y que a unos pocos -repugnantes ellos- repugna.

Hay quien acepta con mayor facilidad  la  escena en la que  dos hombres se matan a tiros o se destripan a cuchilladas,  que aquella en la que dos varones hacen el amor. Y es que a pesar de que España es uno de los países que más ha avanzado en este terreno (un  88 % de los españoles se declara sin prejuicios), ha sido y sigue siendo difícil,  luchar contra cegueras y podredumbres insertadas en nuestro ADN durante los largos años vividos de mezquindad e hipocresía sexual.

Cerca del 6 % de la población europea pertenece al colectivo de lesbianas, gais, bisexuales y transexuales e intersexuales (LGTBI), según un estudio que sitúa a España en segundo lugar tras Alemania, con un 6.9% de la población LGTBI.  Un  colectivo que ha tenido que hacer  un viaje duro y accidentado para superar estereotipos malignos que junto a condenas morales, tan hipócritas como letales, les asignaban vicios y taras de forma arbitraria y cruel. Personas que no merecen tolerancia, entendida ésta como “la cualidad de quien puede aguantar o soportar”, sino que la han tenido que practicar durante décadas para afrontar conductas inaceptables basadas en la más absoluta indecencia ética y moral.

Nunca lo tuvieron fácil y por eso, el 28 de Junio, el día del Orgullo intentan resumir  en un titular que son personas, humanas y corrientes,  que  a base de sangre, sudor y lágrimas han conseguido hacer calar el discurso del respeto y la dignidad frente al del odio y el rechazo social.

Con todo, el número de delitos de odio e incidentes discriminatorios registrados en 2017 triplicó los del año anterior. Y eso,  a pesar de que más del 80 % de la violencia contra personas LGTBI no se denuncia. Pero  siguen abundando ingeniosos comentarios que reclaman el Día del Heterosexual.

Más del 72% de las personas LGTBI ocultan su orientación sexual en el trabajo para evitar chistes, burlas e insultos o incluso la pérdida del empleo. Y eso a pesar de que se haya vuelto habitual presumir de tener amigos gays o trans como si eso fuera una vacuna contra la discriminación y el prejuicio.

Por todo ello, a pesar de reacciones paternalistas y pseudoprotectoras, a pesar de desprecios encubiertos o de manipulaciones llenas de demagogia, más que nunca hace falta abrir, en lugar de los armarios, las ventanas del corazón y la mente de muchas personas que se asfixian en sus propias miserias sexuales.

Por eso es imprescindible la existencia y presencia de Asociaciones como Arc de Sant Martí, Asociación LGTBI de Xàtiva y alrededores, que como ellos mismos dicen, estarán en la lucha  “…mentre hi haja una parella de dones o homes passejant per l’Albereda agafats de la mà, i algú els mire amb estranyesa o els increpe, mentre un bes al mig de la plaça del poble per una parella LGTBI continue molestant, mentre hi haja xiquetes i xiquets que estiguen sofrint bullying a l’escola per la seva orientació sexual o de gènere, etc… ”

Es de agradecer la programación realizada, online no hay más remedio,  el compromiso institucional, y sobre todo el coraje demostrado por quienes han de combatir demonios internos y externos, para reclamar su derecho  a ser y amar como quieran y a quien quieran, sin que haya censor, detractor o fustigador que se crea con derecho a vetar sentimientos y  juzgar aquello que pertenece a la más estricta intimidad de las personas.