Cuando era inocente y presenciaba conflictos afectivos y amorosos que terminaban en dolorosas rupturas, ella siempre pensaba ,desde la perspectiva pragmática y asertiva propia de la corta edad, de la inexperiencia y del coraje suicida, en la tontería implícita existente en las relaciones humanas . Cuando veía que no saben centrarse en lo fundamental y olvidar lo accesorio, cuando no hablan en tiempo y forma oportuna y optan por callar lo esencial, cuando asumen dudas autodestructivas y muchas veces infundadas…
Parejas que se amaban intensamente, rotas por un malentendido, que acababan pegándose un tiro en la boca. Madres que amaban infinitamente a sus hijos y no podían soportar su alejamiento físico o psicológico y terminaban locas y desgraciadas. Hijos que necesitaban desesperadamente la aprobación paterna y , al no ser ésta suficientemente explícita, reaccionaban con una hostilidad desmesurada que rompía todos los puentes. Hermanas que se envidiaban mutuamente con la misma intensidad con que se necesitaban pero, ignorantes, se distanciaban e intentaban odiarse. Amigas cuyo vínculo indestructible quedaba maldito por un suceso que podía ser explicable, pero que dinamitaba su relación.
Perdida hace tiempo la inocencia y gran parte del coraje , con una considerable colección acumulada de dudas e incertezas ella piensa ahora que vivir es difícil, pero todavía lo es más vivir en paz con una misma y también con las personas a las que se quiere.
Quien invente la pastilla, la aplicación, el tratamiento o el entrenamiento para conseguirlo, merecerá cien premios nobel de golpe, estatuas en todas las ciudades, que inscriban su nombre en el libro grande de la Historia de la Humanidad y miles de series biográficas.
