SOBRE ESPERAS QUE DESESPERAN

Hay dulces esperas que dicen personajes cursis,   fans de los embarazos que seguramente nunca vivieron. Esperas aburridas en salas claustrofóbicas e impersonales. Esperas desesperadas de uñas comidas y malestar intestinal. Algunas duran mucho, toda una vida. Otras se resuelven rápido,  sin darnos tiempo a prepararnos para el resultado.

En todo caso, estar esperando implica por definición una actitud de pasividad, de inactividad . Lo cual no quiere decir que no pase nada, sino que al no pasar lo que más nos interesa, todo lo demás pierde interés.

 Si las noticias esperadas son importantes, casi se podría decir que vitales, la espera se vuelve roja , el color del miedo. O negra, el color del pesimismo o gris, cuando la espera agota y ya casi nos da igual el resultado. A veces , si la espera acaba con una buena nueva, se abre una etapa en un blanco prometedor donde todo está por escribir.

Alguien nos tendría que haber enseñado a afrontar esperas trascendentales, que al terminar nos mostraran la vida  como un negro túnel o como un horizonte abierto y sin límites. Nos enseñan cosas mucho más ridículas, como  decir gracias o por favor, llevar paraguas cuando llueve, cruzar las piernas o  no utilizar lenguaje soez, pero nadie nos enseña a esperar.

 Y tiene su técnica porque no es fácil dominar el tiempo y las horas cuando transcurren tan despacio que parece que haya una huelga general de relojes.  Ni es sencillo controlar la maraña incontrolable de pensamientos, algunos tan estúpidos como sinceros. Ni someter nuestras emociones al férreo control que necesitan para que no se disparen como torpedos  autodestructivos .

Sería de agradecer haber contado con ayuda, en algún momento de la vida, para aprender la técnica de la espera y el cultivo de la esperanza para afrontarla con éxito y no salir con más daños de los obligados. En resumen, según últimos descubrimientos, eso significa no perder el control de nuestra alegría, la fe en ciertos valores, el amor a nuestra gente, cosillas en fin,  que ningún  resultado, por indeseado que sea, debe ser capaz de arruinar.

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