Gran Hermano es un concurso que empezó a emitirse en el año 2000 así que está a punto de cumplir 20 años. Seguramente no haga falta explicar su contenido y funcionamiento, porque raro será quien en uno u otro momento no haya pasado un rato, sobre todo al principio, viéndolo en la caja llamada tonta, pero muy poderosa. Y puede ser que quedara fascinado ante un programa que encerraba a personas como quien encierra osos polares y mostraba en público sus vergüenzas y desvergüenzas, desnudos en sentido literal y figurado ante una clientela que al final no creía tener ante sí seres humanos, sino sólo personajes actuantes con papeles más o menos significados.
Fue el primer programa de telerrealidad que se veía en este país y supuso toda una novedad audiovisual que generó verdadera expectación. Ver a personas más o menos normales, aunque eso sí, con un alto grado de exhibicionismo, encerradas sin posibilidad de escape y mostrando su más íntima cotidianidad ante miles de televidentes, tenía ciertamente un atractivo morboso que enganchó a mucho personal.
De hecho, el programa ha sido líder de audiencias en casi todas sus ediciones con unas cuotas de pantalla por las que algunos y algunas matarían .
La cosa tuvo que ir complicándose para mantener ese impacto y así e fueron incorporando cada vez personajes y situaciones más descarnadas, conflictivas, introduciendo de forma desaforada sentimientos y emociones en un guión libre, pero muy dinámico que impedía a muchos volver a la lectura de un buen libro, lo que hubiera sido mucho más beneficioso para este país.
El programa lleva ya 18 ediciones así que el efecto novedad se ha evaporado. Para mantener la emoción, por su famosa casa de Guadalix han pasado una caterva de personajes, cada vez más increíbles y empeñados en armar la más gorda posible para lograr que su minuto de fama se convirtiera en una eternidad en la que poder vivir cómodamente. Para lograrlo, algunos de ellos han sido capaces de dejar boquiabiertos al personal que se hacía cruces ante determinadas actitudes, miserias, poses y conductas.
Esa ascensión a los infiernos del ser humano, ha expulsado afortunadamente a mucha gente que dejó hace años de seguir un programa que no tenía nada de telerrealidad y todo de telebasura. Aunque sus audiencias, imposible negarlo, han seguido siendo millonarias.
Pero era un juego peligroso para propios y ajenos y al final parece que se han traspasado ciertos límites por los que deberán pagar una factura que tal vez, ojala, les arruine.
En 2017 una concursante fue violada en directo mientras estaba inconsciente sin que nadie del programa hiciera ningún intento por evitarlo. Más aún, al día siguiente le mostraron imágenes de lo sucedido recomendándole que guardara silencio.
Al parecer los productores del programa que vieron lo que estaba sucediendo sólo pensaron en los beneficios que les podía reportar el descomunal escándalo que se podía armar. Quizás creyeron que era una actuación digna de Oscar aunque la protagonista no estuviera en condiciones de representar ningún guión.
Lo positivo del caso, si es que hay algo que positivar es que muchísimas de las marcas anunciantes han anulado sus patrocinios. Empresas tan potentes como Nescafé, Movistar, Telepizza o BBVA se han borrado porque intuyen, a perspicacia no les gana nadie, que no es bueno para sus empresas verse vinculadas a realidades tan sórdidas y merecedoras de absoluto rechazo social.
Pero lo enormemente negativo, lo que hace desear bajarse de este planeta habitado por una Humanidad bastante loca es que las cuotas de pantalla del desgraciado reality se mantienen e incluso crecen. La productora pidió disculpas dos años después de la violación y considera que aunque el caso está pendiente de juicio, a sus efectos ya está cerrado y la función debe continuar.
No deberían. No deberíamos consentir que se tratara con ningún tipo d tolerancia ni laxitud todas aquellas actitudes que conllevan cierta comprensión, algo de indiferencia e incluso simpatía con la violencia sexual. Porque de esos barros, estos lodos que nos asquean a todos cuando pensamos en Diana Quer o Laura Luelmo o tantas otras chicas, mujeres que un día se levantaron para no volver a ver amanecer.
