Circula estos días por las redes locales una carta abierta del sector hostelero de Xàtiva sobre la situación de la hostelería en la ciudad en la que se hace referencia a la importancia de un sector económico, el de la hostelería que se deriva no solo de su extensión -más de 300.000 bares, cafeterías y restaurantes en todo el país-, sino del papel esencial que juegan en el ocio y la convivencia de toda la población.

Dicen las estadísticas que nuestro país tiene cerca de 3 bares por cada 1.000 habitantes, pero es una media; hay localidades con un único bar, y otras en las que tocan a 4 por cada mil habitantes. Su existencia es fácil de explicar en razón de esa pulsión tan propia y bien afincada en nuestra idiosincrasia que nos hace adictos al contacto social, tras una barra, a media tarde o antes de comer para tomarse unas cañas, picar algo y pontificar sobre lo divino y lo humano.
Durante el confinamiento no fueron considerados servicios esenciales por razones evidentes, aunque a más de uno le hubiera gustado. Y tuvieron que cerrar sus puertas y aguantar el tirón como otras empresas y ocupaciones.
Cuando parecía que se veía la salida del callejón, levantaron sus persianas con alegría, propia y ajena, intentando recuperar su vieja normalidad. Quizás, como nos pasó a todos, con un exceso de confianza que junto a otros factores ha contribuido a que estemos afrontando ahora una situación igual o peor que la ya vivida.
A día de hoy circulan consejos y recomendaciones que a veces parecen contradictorias. Por un lado, se prescribe el aislamiento voluntario, con bien poco éxito también hay que decirlo. Pero se insiste en la conveniencia de quedarse en casa, de no hacer vida social, de refugiarse en grupos estables y cerrados en los que estemos más protegidos frente al contagio. Pero, al mismo tiempo, desde la avasalladora necesidad de reactivar la economía se escuchan múltiples llamamientos, como el de la hostelería, los gimnasios o las peluquerías que han entrado en la zona de peligro y no quieren de ninguna forma echar el cierre a negocios que permiten la subsistencia de miles de familias
Parece contradictorio pero podría no serlo si se consolidaran conductas y actitudes que permiten la coexistencia entre ambos planeamientos.
Porque, tal como se reclama en la carta, es momento de apoyar al sector, siempre con la firme determinación de disfrutar de un ocio totalmente sometido a los criterios sanitarios en lo que se refiere a aforos, distancias, uso de mascarillas, etc…Donde no haya lugar para los incumplimientos, ni resquicio para las conductas estúpidas y peligrosas.
Pero es intolerable la fotografía de una Plaza del Mercat atiborrada de gente, que incumple olímpicamente las normas de seguridad , de una muchedumbre que se hace trampas a sí misma, mientras el dueño del local hace caja complacido.
Por eso el explícito llamamiento del gremio de la hostelería en la ciudad pone las cosas en su sitio. Porque resalta su estricto compromiso con las medidas sanitarias, que se produce en la mayoría de los espacios . Porque proclama el dato objetivo de que solo un 3.5 de los contagios en todo el país se han producido en bares y restaurantes.
Que no paguen justos por pecadores. Que no se cierren negocios respetuosos con la salud pública, cumplidores de las normas, por falta de apoyo social. Y, por el contrario, que se controle y penalice a los listos y aprovechados que siempre encuentran la manera de barrer para su casa, aunque con el polvo que provocan nos acaben asfixiando a todos.
