LA VACUNA DE LA EDUCACIÓN

Así acaba cualquier análisis sobre la violencia machista. Es la razonable conclusión de cualquier reflexión sobre las personas que mueren en la carretera o el colofón al describir a una juventud que debe hacer frente a adicciones letales. Siempre se acaba diciendo lo mismo: el papel de la educación. En igualdad, en ciudadanía, en seguridad vial, para la vida saludable…Absoluta coincidencia sobre la rotunda necesidad de  educar a la juventud para que salga de  los centros educativos no sólo debidamente informada sobre  conocimientos que,  por otra parte, tienen hoy al alcance de un botón,  sino formadas en hábitos y valores  que les garanticen, salvo catástrofes imprevistas, una vida larga y feliz.

pin parental2Existe  un absoluto consenso en que el machismo como la homofobia o el racismo son, todas ellas,   patologías sociales que convierten a  las personas  en jueces implacables de su prójimo, incapaces de ver la viga en su propio ojo, pero preparadas para aniquilar a quien se salga de su orden de valores. Y la vacuna es la educación.

Pero ahora un partido, instalado en el odio a la diferencia y en la imposición de sus propias creencias, propone que sea  potestad de los padres (en ningún caso de las madres, porqué será?) eso que se ha llamado pin parental ,término bastante poco explicativo para dar a conocer tan peligrosa iniciativa. Mucho mejor lo de Pin Neandhertal que se ha inventado Gabriel Rufián o sencillamente la censura parental.

El PIN parental  es un documento que un padre podría dirigir al centro escolar de sus hijos e hijas, amenazando al profesorado con represalias legales si su retoño recibe formación sobre determinados valores y creencias que el progenitor no comparte.  Es decir que los trogloditas que sigan manteniendo aquello de la mujer con la pata quebrada…, quienes son partidarios de dejar morir en el mar a las personas  que aspiran a una vida mejor,  los que opinan que una paliza al moro, a su debido tiempo, sería de gran utilidad….estarían en su derecho de prohibir que su hijo reciba influencias externas para impedir que sea igual de machista, homófobo, racista y, en suma, tan inhumano como él.

Vociferan que los hijos son suyos y sólo ellos tienen derecho a decidir sobre su educación. Lo que implica, por ejemplo, que quien siga creyendo que la tierra es plana y no redonda, por lo que uno se puede caer si llega hasta el borde – teoría pintoresca que sin embargo algunos siguen compartiendo- , puede exigir que sus criaturas sean privadas del conocimiento y, por tanto,   destinadas a hacer el ridículo toda su vida. Convirtiendo así a los hijos e hijas en objetos que, como tales, pueden ser  tratados como propiedades carentes de derechos.

Por otra parte, permitir que la bestia del odio campe a sus anchas sin  trabajar por erradicarla de la forma más temprana posible, no sólo condiciona la felicidad de esas personas a las que se hace un flaco favor condenándolas a vivir en la ignorancia. Para ellas la vida no será más que una solitaria lucha permanente para sobrevivir entre la jauría humana,  matando para evitar  ser comido. A la vez, se  convierte a ese alumnado  en un peligro potencial para el resto, porque así se consiente que crezca el futuro agresor de las mujeres. O se permite el desarrollo de quien más tarde se sentirá con derecho a burlarse de quien es diferente, más gordo, más flaco… o con derecho a castigar a quien sea más oscuro de piel o tenga otra preferencia sexual.

Hay propuestas que las carga el diablo, empeñado en hacer de nuestra convivencia un infierno.

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