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10 EUROS Y RECORTES DE REVISTAS

Ha sido noticia recientemente la condena definitiva a tres años y medio de una pareja que aunque residente en otra población obligaba a una mujer a lo que denominan prostitución coactiva, actividad  que realizaba en un polígono industrial de Xàtiva.

La trajeron con engaños desde su país, le arrebataron cualquier posesión material y le privaron de cualquier contacto con persona humana  exceptuando por supuesto, a sus clientes. Y de estos debía de haber muchos dada la extensa jornada de “trabajo” impuesta a su “empleada” a la que durante dos años depositaban a las 10 de cada mañana en mitad de la huerta, para que durante 9 horas atendiera el negocio y consiguiera pingues beneficios. De hecho la pareja de proxenetas, que no tienen ocupación conocida,  han manejado considerables cantidades de dinero e incluso han comprado, al parecer, una casa en su país de origen.

Todo ello gracias a esa mujer, que no merece otro nombre que víctima y también, por supuesto, a los clientes. Es este un eufemismo amable  para denominar a los hombres, de todas las edades, de todas las clases sociales, de profesiones y ocupaciones diversas, que acudían en número considerable (uno de cada cuatro hombres en este país utiliza de forma habitual estos servicios).Eufemismo hipócrita porque se ha de ser muy poco hombre para pagar por tener relaciones sexuales con alguien que evidentemente lo hace de manera forzada, obligada por la violencia, el afán de subsistencia y la completa soledad.  Inmoralidad llevada al sumum, porque se ha de tener bien encallecida la conciencia,  para mirar las caras de  las  mujeres que se estiman y no entender el dolor y humillación que causan a la que pagan en el polígono.

Si no hubiera demanda, no habría oferta, dicen las abolicionistas. Y tienen toda la razón del mundo porque si no hubiera quien comprara cuerpos ajenos como quien compra carne animal, nadie se vería en el dilema de venderlos como forma de supervivencia, ni nadie podría enriquecerse mediante la explotación ajena. Son los usuarios del servicio quienes deberían estar en el foco de la condena pública y ser objeto de sanción disuasoria, porque son ellos los que dan origen al pingüe negocio, que no es el oficio más viejo del mundo,  sino la forma de explotación más antigüa que se conoce.

En Xàtiva no hay datos, y solo una negación absoluta y discutible sobre la existencia de este mercado infrahumano que en Valencia implica la existencia de 164 clubs y más de 17.000 pisos. No hay datos, pero noticias como esta salpican de vez en cuando los titulares de la actualidad local, lo que induce a pensar que quizás es un tema pringoso y desagradable que algunos piensan que es  mejor no mirar de frente. Otras localidades como Albal, sí lo hacen aprobando una ordenanza que multa a los puteros por demandar sexo pagado en el término municipal. Si lo hacen, será porque quieren y porque pueden, es la conclusión lógica, siendo un ejemplo a imitar.

Y no es medida en absoluta desacertada si se quiere poner palos en la rueda del Cadillac en el  que pasean los “empresarios” del sector. Para que su negocio muera de inanición, hay que desalentar a los usuarios por la vía de la pedagogía y también por la vía de la sanción, efectiva y contundente. Todo ello acompañado es evidente, de las medidas necesarias  para que ellas, las que venden lo único que tienen que son sus cuerpos, abandonen las celdas solitarias en las que las obligan a vivir, teniendo como únicas posesiones materiales algunos recortes de fotografías de animales y 10 euros.

YA NO SE VENDEN MUJERES

Desde hace unos días este diario (Levante EMV)  que  leen, ha enflaquecido. Pero no es que ande mal de salud, o que se haya puesto a dieta. Es que ha perdido una parte que ciertamente era una excrecencia, una verruga de la que fácilmente se podía prescindir ya que no contribuía en forma alguna al buen funcionamiento de  las constantes vitales de un medio de comunicación  que juega un papel esencial en la sociedad valenciana.

Dese hace unos pocos días, este periódico para satisfacción de muchas personas que nunca lo abrían por las páginas finales,  no publica anuncios por  palabras que fomenten o divulguen la prostitución o el sexismo. Esos anuncios, breves y directos, tan habituales como repulsivos que contenían  ofertas infames y  servicios inaceptables. Esas páginas inacabables,  donde se vendían los cuerpos de las mujeres,  a quienes los quisieran comprar, a un precio bastante asequible para cualquier economía. cosificacion

La prostitución, dejemos los eufemismos,  es una forma de esclavitud, desigualdad y violencia de género, que convierte a la mujer en mercancía que se compra, se vende, se desprecia cuando se estropea o deja de proporcionar beneficio. Y ese tablón de anuncios que todos los días se exponía a la visión pública, no era más que una subasta para que proxenetas, traficantes y en general todos aquellos que se lucran con la industria del sexo, lo tuvieran más fácil para aumentar sus márgenes de beneficios.

La prostitución, hablemos con propiedad,  es un pingüe negocio que ocupa el tercer lugar en términos de beneficios a escala global de todas las economías ilegales. Las mujeres y niñas prostituidas, están  en su gran mayoría en situación irregular o poseen escasísimos recursos económicos o culturales, siendo en su gran mayoría  víctimas de las redes de trata de personas.

Los anuncios de prostitución fueron objeto de un estudio realizado por Rosa Cobo,  profesora de Sociología del Género y directora del Centro de Estudios de Género y Feministas de la Universidad de A Coruña que concluyó que una de las preferencias más acusadas de los demandantes dentro de esta industria del sexo, eran las mujeres embarazadas. Quien piense que hay que facilitar la satisfacción de tal preferencia, que se lo haga mirar.

En 2011 el Consejo de Estado recomendó su supresión  aunque ningún Gobierno quiso mancharse las manos. Antes, en 2007, el Gobierno instó a los periódicos a retirar este tipo de anuncios aunque  estimó que los diarios españoles ingresaban unos 40 millones de euros cada año gracias a la publicidad de prostitución. Lógica y deplorable  la resistencia, máxime cuando no son ilegales, como no lo es prostitución en este país.  La autorregulación que fue la única recomendación adoptada en su día, solo causó efecto en tres medios, la Razón, Público y Avui que eliminaron estos anuncios.

Ahora en  el País valenciano, el acuerdo suscrito entre  Compromís, PSPV y Podemos en relación a   la Ley de Publicidad Institucional impedirá a la Generalitat valenciana contratar publicidad institucional con empresas y medios de comunicación que contengan anuncios de comercio sexual o fomenten la prostitución, mecanismo disuasorio de efectividad manifiesta.

Así se cumple también  el  Pacto autonómico  contra la Violencia de Género y Machista al que todos los partidos se adhirieron en septiembre de 2017 que en su  artículo 17 del cuarto eje se compromete a que «las administraciones públicas valencianas no contratarán y/o subvencionarán medios de comunicación que utilizan la cosificación de las mujeres y la prostitución”

El mejor Gobierno es el que hace lo que promete, el mejor Pacto el que se cumple y el mejor periódico el que no incluye anuncios que ponen en  venta a  seres humanos.