En tiempos de elecciones suceden, entre otros fenómenos que también proliferan, las presentaciones de las candidaturas. Son esos equipos de personas que posan en grupo, con la mejor de sus sonrisas y de sus atuendos, que miran a la cámara con una mezcla de incomodidad y expectación. En escaleras y plazas, delante de edificios personalísimos , buscan rincones con identidad propia, paisajes con mensaje peculiar, con los que de alguna manera buscan identificarse.
Ahora también actúan en vídeos más o menos caseros en los que se les ve gesticular, saludarse afectuosamente, abrazarse con cariño o mirar a su amado líder o lideresa con admiración ilimitada. Caminan juntos , doblan esquinas y protagonizan encuentros casuales que dan lugar a conversaciones algo artificiales porque ser candidato o candidata no implica dotes para la representación. O son entrevistados por su cabeza de lista que intenta mostrar su mejor cara, su afán de servicio o su alto grado de responsabilidad social.
Todos ellos, sin excepción, son unos valientes , con un coraje a prueba de bomba porque es bien difícil ponerse en el escaparate de la política y significarse saliendo de la cómoda ambigüedad del anonimato. Hacen lo que una inmensa mayoría de la ciudadanía no se atreve a hacer , dar la cara y comprometerse para trabajar en conseguir una sociedad más justa. Por eso, merecen nuestro absoluto respeto y consideración, excepto en el hipotético caso de que hubiera algún garbanzo negro de los que antes proliferaban tanto en el campo de la política y la convirtieron un lodazal inmundo lleno de corrupción y miseria moral. Afortunadamente a día de hoy, tras casi tocar fondo en este país, las reglas del juego han mejorado considerablemente a la hora de establecer cortafuegos y garantizar vacunas que eviten la podredumbre. Lo que no quita para que las cautelas sigan siendo necesarias para evitar tentaciones desastrosas.
Lo que sigue siendo una tara evidente en estos equipos es la constante infrarrepresentación de las mujeres como cabezas de lista. Porque así es, aunque sea lamentable y cansino tener que seguir reincidiendo en el tema. La Ley de Igualdad vigente, del año 2007, obliga a que la proporción entre sexos en las listas tenga como máximo una diferencia del 60% y 40%, y que esta se vea cada cinco puestos. Pero no dice nada sobre quien tiene que encabezar la lista.
En Xàtiva de las cuatro formaciones que optan a ocupar alguna silla o sillón, sillita o mecedora, el 50 % están dirigidas por mujeres ( Xàtiva Unida y Ciudadanos) lo que es de agradecer. Pero a nivel autonómico, de las seis candidaturas existentes, solo una la encabeza una mujer. Y por si acaso habrá que repetir una vez más, que tal exclusión no obedece a que las mujeres no estén capacitadas para la dirección política, ni porque sean tímidas o prefieran otras ocupaciones, sino a que la competencia es dura, el puesto goloso y el reglamento tácito del juego siempre las perjudica a ellas, sea cual sea el partido. Aunque ciertamente, en esto como en todo, no todos los partidos son iguales. De hecho a nivel nacional algunos partidos tienen hasta el 80% de mujeres como cabezas de lista lo que demuestra que sí se puede.
Sería estúpido entregar el voto en función del sexo de la persona. Pero sería inteligente juzgar a las formaciones políticas , entre otras cosas, por su capacidad de presentar candidaturas cuyo primer nombre corresponda única y exclusivamente a las mejores personas, las más preparadas y empeñadas en cambiar la vida del electorado a quien piden el voto. Y de esas muchas, sin duda, son mujeres.
7 mayo, 2023

