Da un poco de pesar, si eres mujer y tienes nietxs, que siendo tan cercanxs y tan queridxs , ya no lleven tu apellido. Habrá que utilizar otras armas, otros recursos para colarse en su memoria creando un recuerdo imborrable, más potente que ese apellido que, al fin y al cabo,es posible que también se pierda con rapidez. Porque ser recordada es ganar la inmortalidad, aunque hay que cuidar que el recuerdo genere eterno cariño y alegría y no todo lo contrario, que también puede pasar.
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EL CALVO Y LA ABUELA
El del calvo era el mejor. Sin ninguna duda, el anuncio de la Lotería que protagonizaba aquel calvo tan atractivo, con esa pizca de misterio y magia, era mucho mejor que el de este año con esa abuela que parece la de Heidi, tan edulcorada que no parece, ni debiera ser real.

Las abuelas en ejercicio, las de hoy en día, deberían negarse por sistema a verse reflejadas en la que publicita la televisión. No es que esa abuela despistada y generosa tenga nada de malo. Sólo faltaba. Simplemente es el estereotipo que representa a esa generación de mujeres que con enorme mérito se han dedicado al cuidado de terceros hasta el final de sus días, tanto en el ámbito privado como en el público. La del anuncio es maestra, como podía haber sido enfermera. Astronauta o monja no, por razones evidentes. Pero generosa hasta la santidad, entregando el premio a su hijo.
Pero el hecho es que hay que superar esa imagen, apolillada y reduccionista, actualizándola por otra más moderna en la que las abuelas no son sólo mujeres sumisas, currantes y serviciales. Mujeres sin vida propia, ni pasada ni presente y mucho menos en clave de futuro. Ancianas vestidas de negro, con toca y medias de lana como Doña Rogelia. Tuteladas por sus hijos, o incluso por sus nietos. Tratadas con cariño, siempre bendecidas y recordadas por su enorme capacidad de trabajo, aunque más ocasionalmente por sus opiniones o sus decisiones.
Hoy el concepto de abuela ha evolucionado aunque a algunos quizás no les guste. Pero es lo que hay, siendo evidente que las mujeres salimos ganando con el cambio.
Hoy las abuelas saben perfectamente el día en que viven, y no quieren ser protegidas de la verdad con mentiras piadosas porque son muy capaces de afrontarla. No viven para prepararles el colacao a sus nietos mientras que éstos las ignoran mirando en su móvil, sino que se manejan con el suyo, adquirido con su propia pasta, que para eso se han trabajado una pensión de jubilación, si el PP no consigue hacérsela perder con su irresponsable gestión. Matarían por sus nietos y nietas porque los quieren con todo su corazón y les ofrecen todo su amor a las criaturas y lo reciben, a su vez, como maná del cielo pero les ofrecen además de los cuidados, su experiencia, su sabiduría y visión del mundo por si quieren aprovecharla para evitar errores y dolores evitables.
Las abuelas de hoy tienen y exigen sus derechos, y uno de los principales es el derecho a ser tratadas con el respeto que supone decirles siempre la verdad. La del anuncio lo tiene claro, porque deben tener la intención de ingresarla en un asilo para que nunca conozca la terrible mentira que le han endosado. Es la única solución para evitar que se lleve una decepción mayúscula cuando sepa que se equivocó de fecha, que nadie la sacó de su error, ya sea por compasión o por cachondeo, -que no se sabe que es peor-, que todos se conjuraron para mantener el engaño sin que nadie confiara en su madurez, aprovechando para darse un paseo al faro y pagarse unas rondas en el bar.
Quizás todo se hace con muy buena intención, porque todos los que aparecen en el anuncio tienen cara de buenas personas, aunque puede que eso sólo sea mérito de un buen casting para elegir los actores. Dicen que de buenas intenciones, está el infierno lleno y uno de ellos es aquel en el que viven las mujeres a las que no tratan como personas adultas y responsables.
