MÓNICA OLTRA

No hay conocimiento personal de Mónica Oltra a pesar de haber compartido espacio en dos ocasiones. En la primero, ella presidía la reunión y fue bastante impertinente, brusca y con un punto autoritario. Una mujer sin tiempo para tonterías. Era la Vice entonces y presidía el Consell de les Dones.

En la segunda ocasión , cuando no lo era ni presidía nada, compartió mesa y mantel como antesala de un modesto acto informativo con público feminista en una pequeña población. La vio disfrutar de una cabezadita relajante después de comer y más tarde, la oyó hablar, arengar y argumentar en la distancia corta.

No hay pues cercanía política ni personal con esta mujer desgreñada y provocadora, de lengua larga y energía infinita.

Pero fue una buena noticia, saber que por segunda vez su causa había sido archivada con acuerdo de la Fiscalía y de una segunda jueza. No tanto conocer las predicciones que anuncian que las acusaciones volverán al ataque hasta conseguir sentarla en el banquillo dentro de dos o tres años, tras los cuales será absuelta por fin, desarmada pero no vencida.

Los protagonistas de la política institucional son los partidos en este país. Pero los partidos tienen la cara de las personas que los representan. A veces la representación es penosa ( véanse solo un par de titulares de actualidad, no más para no atragantarse) y otras no tanto. Difícil interceptar a quienes se acercan buscando beneficio propio y no de la ciudadanía. O a quienes tienen buena intención, de la que sirve para empedrar el camino al infierno. Pero es injusto no diferenciar a justos de pecadores.

Oltra era una de las dirigentes con “más tirón y mejor valoración de toda la izquierda”, dos cualidades difíciles de encontrar en la política autonómica o central. aunque se busque con lupa . Hoy sigue siendo de discurso comprensible, en absoluto aburrido, estés de acuerdo o no con él. Demostró ser una política eficiente, más allá del teatro mediático y dejó como demostración su reforma de los Servicios Sociales en la Comunidad Valenciana que hoy siguen defendiendo con verdadero fervor las profesionales del sector , lo que es un indicador realmente válido.

Nadie dice que haya que subirla a los altares y adjudicarle el don de la infalibilidad. Que haya que beatificarla o crear un club de fans entregados. Pero lo cierto es que si la primera imputación ya fue discutible, todo lo que viene después de su primer juicio, donde se resolvió archivar la causa tras dos años de investigaciones, no es más que una especie de lapidación en diferido, piedra a piedra, hasta conseguir machacarla.

No es justo, y sí muy preocupante, que dedicarse a la política sin rehuir la pelea para defender aquello que se dice defender, creándose enemigos tan potentes como implacables, conlleve un precio personal y político tan alto. No es tolerable que haya quien destroce por la vía de la infamia a quien no puede vencer en el debate abierto. La guillotina no funciona hace siglos, pero cortar cabezas sí que parece estar permitido por la vía del lawfare, palabro que define la técnica de destruir a una persona por la vía del acoso judicial sin que la justicia esté ni se la espere.

No hace falta ser amiga de Oltra, ni de su partido, ni siquiera compartir ideología para concluir que no se hace un país habitable sin unas reglas de juego moralmente admisibles. Se acabará por romper el tablero y no podremos jugar juntos. Será aburrido y demasiado peligroso. (Imagen Javier Mariscal)

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