Si antaño el día 7 era el día del inicio de las rebajas, este año puede que también lo sea, si bien puede que se apliquen otro tipo de recortes y no precisamente en el precio de abrigos y pantalones. Quizás las rebajas vengan referidas a nuestras posibilidades de movernos libremente sin más limitación que el presupuesto y el tiempo libre que cada cual tenga. O se rebaje considerablemente la posibilidad de relacionarnos con personas amigas, y enemigas si hace falta, y no precisamente desde las frías pantallas sino con el cuerpo a cuerpo, cálido y amistoso, mucho más gratificante y enriquecedor que el trato con esos bustos parlantes, congelados y estáticos que nos hacen parecer estatuas de sal. Quizás las rebajas de este año 2021 que, por mucho que pretendamos ignorarlo, no es más que una continuación del anterior, nos impongan normas que no queremos y reduzcan nuestras posibilidades de elegir horarios, mantener contactos sociales y conservar hábitos y costumbres de los que no rendíamos cuenta a nadie.
La palabra elegida para definir el año finiquitado fue según la RAE, confinamiento. Con ella se describe una experiencia que nunca creímos que viviríamos, como sucedió con el ataque de las Torres Gemelas que dejó una impronta en el imaginario colectivo difícil de superar. De este suceso se hicieron tantos relatos que al final se desdibuja su crueldad. La pandemia por el contrario, ya fue protagonista de diversas películas que adelantaban catástrofes biológicas. Pero en todo caso, nunca sirvieron de aviso a navegantes, porque no supusieron mas que un relato de ficción, imaginativo y algo inquietante, ideal para pasar una tarde emocionante y volver luego a la apacible normalidad conocida.

Pero el confinamiento y sus causas, sobre todo la amenaza viral que lo provocó, ha tenido un impacto mucho más personal, mucho más cercano y a la vez universal, extendido por todo el planeta, sin distinción. Y nos ha cambiado a todas. O debería haberlo hecho. Y no en el discurso, sino en la acción.
Quizás la palabra clave hubiera debido ser otra que en lugar de definir el problema, indicara la solución. Por ejemplo, resiliencia. Que es según la RAE “ la capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos” Dicho con más glamour o sentimiento, también se la puede definir como “la capacidad de hacer frente a las adversidades de la vida , transformar el dolor en fuerza motora para superarse y salir fortalecido de ellas”.
No es un término filosófico, sino muy pragmático y sobre todo lleno de sentido común y generador de confianza en el futuro. Cuando un barco naufraga siempre surgen los que continúan haciendo lo mismo y acaban hundiéndose con el barco, véase la orquesta del Titanic. Pero también están quienes reaccionan para evitar un final anunciado al que no se resignan. Ahí están los relatos de resistencia y dignidad de las víctimas del Holocausto, por ejemplo. Todo depende de la posición en que nos coloquemos ante esa adversidad que es sin duda amenaza y fuente de dolor pero de la que podremos salir fortalecidos y llenos de confianza en nuestras inmensas posibilidades de supervivencia.
Es un manera de afrontar el fin del obligado paréntesis del calendario que acabamos de vivir al quedarnos solos nuevamente ante tantas incertidumbres, superar el susto existencial que nos causa haber perdido el control de nuestras vidas, o quizás, haber comprendido que no lo hemos tenido nunca.
