VIOLENCIA INÚTIL

 Todo el que haya visto ese vídeo que circula estos días por las redes sociales a cuenta de lo sucedido, al parecer,  en una discoteca de Xàtiva, tiene que quedarse con mal cuerpo. Se ve a un chaval aporreado e inmovilizado, por dos, tres y hasta cinco empleados de seguridad, es de suponer que  en el desempeño de sus funciones, con toda profesionalidad,

no violenciaLo malo que tienen las imágenes es que no aportan contexto. Te cuentan la historia tal cual, sin adjetivos ni juicios de valor. En este caso se ve a un chaval, común  y corriente, alto, flaco,  pelado, nervioso, que no se sabe si quiere entrar o salir, ni de dónde, al que detienen y retienen unos hombres uniformados que para hacerlo propinan puñetazos, atizan patadas y sacuden con potentes empujones a la vez que manejan la porra con una alegría y contundencia francamente preocupante.  El vídeo acaba con el joven e involuntario protagonista inmovilizado y casi enterrado bajo el peso y la mirada de cinco triunfantes empleados de seguridad

La explicación de la empresa, según se explicó en este mismo diario,  es que se trata de la expulsión de alguien que se comportó de forma violenta cuando fue desalojado del recinto por estar drogándose en el baño. La otra versión, que la hay evidentemente,  cuenta que sólo se trataba de entrar de nuevo en la discoteca, sin pagar por un nuevo “cuño” , ya que había salido por error.

Dos versiones efectivamente contrapuestas, que no admiten consenso alguno. Muy raro sería que los seguratas admitieran que se les fue la mano, o que el chaval reconociera que se puso burro.

Pero sea cual sea la historia real,  el hecho incuestionable es que, excepto a raros especímenes que disfrutan con la violencia porque mueve en ellos turbias pasiones inconfesables, a la mayoría del personal les remueve las tripas ver tratada así a una persona. Sea joven o vejete venerable o a una mujer madura, que tampoco hay porqué hay que establecer diferencias. La cuestión es que drogata o no, violento o no, equivocado o con razón, nadie debiera  ser sometido a tratamiento tan violento y agresivo, sobre todo si, a priori,  no parece resultar indispensable para disuadirle de sus propósitos.

Sobre todo teniendo en cuenta la franca superioridad numérica y de volumen de una parte de los contendientes. Sobre todo teniendo en cuenta, que los hijos y nietos de cualquiera son capaces de hacer tonterías por el estilo y no parece deseable que reciban como castigo una paliza que recuerda a las que se ven en las películas de acción, con la diferencia de que aquí el dolor causado es real.

Porque incluso aunque fuera un peligroso delincuente juvenil, vivimos o queremos vivir en una sociedad que no utiliza la violencia para dar respuesta a las conductas antisociales o delictivas sino que apuesta por la reeducación y la recuperación de las personas. Lo cual no quiere decir que haya consentimiento o debilidad a la hora de defender los derechos colectivos y la eliminación de toda aquella conducta que amenace la convivencia en paz. Pero la violencia solo enseña violencia y es ajena a cualquier regla de conducta y comportamiento que permita vivir la vida en paz.

En el vídeo, viendo volar las porras golpeando a un chaval descontrolado, alguien que lo  presencia se lamenta y dice que no puede ver esas cosas. Lo cierto es que no se pueden ver, ni deben suceder. Acabaremos en feos escenarios si consentimos que en la vida cotidiana se resuelvan los conflictos según la ley del más fuerte y más bruto.

 

 

 

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