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EL GOL DE LA HOMOFOBIA

De la homofobia solo se habla el día que toca, cuando los arco iris proliferan y la mirada se centra en el gravísimo problema que tienen algunas personas que no pueden soportar que existan otras con determinadas orientación o identidad sexual. Hay que empezar a hablar con propiedad y resaltar que el conflicto no lo provocan quienes son víctimas de insultos y ataques, sino  los agresores, los que se creen con derecho a meterse en las camas ajenas a poner orden, siempre su orden, que no se sabe por qué orden divina, prima sobre los derechos y libertades del resto de la humanidad.

Hemos avanzado mucho desde aquella ley de peligrosidad social que consideraba vagos y maleantes a quienes se salían de la norma obligada. Desde aquella sociedad hipócrita y cobarde que veía vicio y perversión donde sólo había humanidad y deseo de ser feliz. Hoy somos ciertamente un país a la cabeza de derechos LGTBI y de integración de la diversidad. Hemos reformado leyes y aprobado otras para poner remedio a injusticias históricas, pero hacerlo es mucho más fácil que cambiar usos y costumbres, que erradicar prejuicios muy consolidados en la conciencia individual.

La homofobia es algo tan vergonzoso para una sociedad que se dice civilizada que es necesario reiterar la condena un día sí y otro también hasta conseguir que sus manifestaciones autodescalifiquen automáticamente a quien las manifieste. Hasta crear un sólido muro de rechazo frente a los brutales ataques homófobos producidos en los últimos meses, con violentas palizas indiscriminadas, término curioso por lo que da a entender de que las hay necesarias.

Es preocupante advertir que, aunque hay una gran mayoría social que ya superó efectivamente la mirada torcida y maliciosa, asumiendo con naturalidad y respeto la realidad sexual de cada cual, existe también una reacción violenta que busca la crispación y la exclusión, patrocinada ideológicamente por quienes presumen de su intención, si consiguieran los votos suficientes, de negar derechos que hoy en día parecen de imposible cuestionamiento. Parecen, aunque no lo son.

Quizás todo se deba a que la visibilización y normalización de la diversidad sexual, ocupando el espacio público al que tienen tanto derecho como cualquiera, escuece y altera a los sectores más retrógrados de la sociedad, convenientemente estimulados por quienes quieren llegar al poder para encerrarlos a todos en el armario del que, para ellos, nunca debieron salir. Muy parecido a lo que pasa contra el feminismo que nunca había estado tan presente y, como reacción, nunca tan atacado y distorsionado.

El futbol no está libre de la homofobia, como bien saben los árbitros en los partidos en los que la deportividad y el respeto brillan por su ausencia. También los futbolistas de distintas generaciones, desde Míchel hasta Guti pasando por Cristiano Ronaldo. Todos ellos han recibido insultos que   denotan la pervivencia del prejuicio sustentado en los vestuarios y en las gradas que exige a los jugadores una heterosexualidad militante e incuestionable para no romper la falsa imagen que asocia hombría y calidad deportiva. Demasiado poco se ha trabajado para facilitar la existencia de referentes no heterosexuales en el mundo del fútbol, en gran parte para no fastidiar el negocio acusando la presión de los patrocinadores.

Pero a nadie se le escapa la enorme repercusión social del futbol y su capacidad pedagógica y ejemplificadora. Por eso es necesario  impulsar en todos los campos , desde el Paquito Coloma que tan bien conocemos hasta el Santiago Bernabeu,  conductas siempre deportivas, con especial énfasis en el respeto que merecen los jugadores,  como modelo de conducta para niños y niñas que allí aprenden a ser adultos.

ORGULLO Y ALGO MÁS

El día 28, en casi todos los pueblos y ciudades de España se celebra de un modo u otro, el Día del Orgullo LGTB. Esa sopa de letras que todavía genera en mucha gente, una cierta confusión que hay que digerir a base de información y pedagogía.homofobia

Las personas LGTB son personas cuya orientación o identidad sexual es diferente a la que durante mucho tiempo nos han enseñado a creer que era la única, la conveniente, la tolerable. Las personas LGTB (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales y algunas otras categorías) son aquellas que siempre han existido y siempre han sido invisibilizadas y cruelmente tratadas por una ideología hipócrita y podrida que se adjudicaba el derecho a imponer patrones de conducta en algo tan íntimo y privado como es el sexo. Las personas LGTB no son en absoluto débiles, ni frágiles, sino que son luchadoras curtidas que no se han rendido nunca a pesar de insultos, golpes y exclusión social. Que han sufrido muchas bajas siendo atacadas desde muchos flancos. Que hoy más que nunca, están en el ojo del huracán fascista de algunas formaciones políticas

La celebración del Día del Orgullo LGTB es mucho más que una parafernalia vistosa y colorista, que también lo es. Es ciertamente una jornada festiva, para conmemorar con banderas y luces la victoria de la libertad, del respeto a la diversidad frente a la mojigatería, la pudibundez y la visión atascada y aburrida que algunos tienen del sexo. No es casual. Una extensa generación de españolitos/as han sido educados en el desprecio, casi miedo a una de las expresiones vitales más humanas que hay, como es el sexo, sobre todo si era diferente al único modelo tolerado. 

Pero es también una cita reivindicativa, orgullosa de los logros de esas personas que se atrevieron a salir del armario lúgubre y solitario en el que las habían encerrado. Que dejaron de mentirse a sí mismas sobre sus preferencias sexuales, por miedo a perder el respeto ajeno. Que ya no ocultaron sus sentimientos, afrontando el riesgo de la expulsión casi automática del mundo laboral sin resignarse a vivir en una soledad impuesta bajo una mirada ajena extremadamente cruel.

Es de agradecer que en Xàtiva no haya un total desgobierno y, desde este Ayuntamiento que ha estado demasiado días en stand-by, en parálisis parcial al no tener las concejalías adjudicadas, se mantengan celebraciones que no pueden ser olvidadas. En relación al Orgullo 2019, existe una programación que continua la iniciada hace algunos pocos años desde el Consell de la Joventut, la Concejalía de Igualdad y una Asociación joven pero empeñada, llamada Arc de San Marti.

Una programación apreciable que consiste fundamentalmente en la lectura de un manifiesto, exhibición de banderas y encendido de luces seguido de fiesta juvenil. Desde el cariño, quizás se podría alegar sin embargo, que esta programación tiene mucho de simbología y jolgorio, pero anda escasa de acciones dirigidas a sensibilizar a toda la sociedad, y no sólo a la juventud, sobre la necesidad de la igualdad real de derechos de las personas lesbianas, gays, transexuales y bisexuales.

Quizás falte el anuncio de iniciativas como la elaboración de un Plan de Diversidad sexual con el que algunos Ayuntamientos ya cuentan o que fortalezcan el aspecto

pedagógico de esta fiesta que podrá ser así referente de les Comarques Centrals como aparece en el programa de este Ayuntamiento de una sola voz

En todo caso, el Día del Orgullo muchas personas estarán orgullosas de su celebración en Xàtiva, aunque sin perder de vista que el Orgullo es alegría pero también reivindicación y sobre todo, pedagogía.

EL ARMARIO

Quienes se escondían en el armario, no era por gusto, sino muy a disgusto. El armario es un sitio pequeño y oscuro y muy, muy solitario. Pero cuando dentro, la persona se encuentra segura y protegida y no se siente amenazada ni perseguida, se convierte en un triste lugar, ciertamente, pero infinitamente mejor que la intemperie.

En este país, salir del armario ha significado  durante mucho tiempo, afrontar una vida de segunda, llena de prejuicios, soportando la ignorancia, la maledicencia, la mezquindad y la crueldad de una sociedad que asfixiaba hasta la muerte a quien se atreviera a ser diferente y mostrarlo  sin complejos y sin vergüenza, que es algo impropio de quien no tiene nada que esconder.

Ser, o mejor dicho, reconocer públicamente la condición de gay, lesbiana, transexual o cualquier otra identidad que no fuera la heterosexual, era comprar un billete seguro hacia la exclusión y el señalamiento social. Sólo había un modelo aceptable y aceptado, y todo lo demás significaba sufrir la condena colectiva, eterna y sin posibilidad de redención, que te colocaba fuera del mundo merecedor de respeto y consideración.

Quienes piensen que es exageración, sobre todo generaciones jóvenes con escasa información o generaciones más veteranas de escasa memoria, deberían saber o recordar,  que lo que hoy  se acepta con  mayoritaria y afortunada normalidad  fue causa, hasta hace escasos años, de mucho dolor y sufrimiento. Muchas  personas, mujeres y hombres, debieron negar y renegar de su orientación sexual hasta la propia autodestrucción, antes de correr el riesgo de ser quemados en la hoguera del puritanismo hipócrita y cruel.

En otros países,  no hay que engañarse era y es todavía más arriesgado porque allí la condición sexual puede ser causa de durísimo castigo o, incluso de muerte. Hasta en 79 países es delito la relación sexual entre personas del mismo sexo, siendo en siete de ellos  motivo de pena de muerte.

Pero en sociedades que se decían civilizadas y respetuosas con los derechos de las personas, pero que lo hacían con la boca pequeña y mentirosa de quien dice lo que no piensa, también las personas  diferentes sufrían un castigo tácito y encubierto que las despojaba de su dignidad y de su autoestima. Y lo hacía de forma especialmente cruel y mezquina desde la ridiculización y el estereotipo más negativo, que convertía en depravación y vicio ajeno, lo que no era más que la propia mirada, sucia e indecente.

El 28 de Junio se celebra el Día del Orgullo Gay, más necesario que nunca para limpiar tanta suciedad acumulada en el cerebro de los que más puros de corazón se consideran.

En Rusia aprueban leyes que prohíben “la propaganda de las relaciones sexuales no tradicionales” que en la práctica suponen que los homosexuales no pueden organizar actos ni protestas en público, ni tampoco utilizar los medios de comunicación. En Hungría recientemente, prohibieron el musical Billy Elliot por inducir a la homosexualidad, una extraña decisión casi imposible de entender por un ser humano normal. En Valencia, hace pocos días dos mujeres fueron insultadas por hacer visible su orientación sexual. Parece que la asignatura  no está aprobada y el progreso es insuficiente.

Quizás el Día del Orgullo sea, con el tiempo, la ocasión de mostrar orgullo por formar parte de una sociedad a la que sea indiferente el sexo de las personas que se aman.