Hay personas que son incapaces de no devolver el carrito del supermercado a su sitio, aunque no hayan de recuperar moneda alguna. Otras, cuando no encestan en la papelera el papel, o la lata o lo que sea, son incapaces de abandonar las pruebas de su torpeza.Están los que aparcan y miran el espacio que dejan al coche de al lado para que pueda entrar. Hay personas que dan las gracias, sin grandes aspavientos, cuando les sirve la camarera y reclaman silencio para que pueda tomar nota sin volverse loca. Hay viajeros que bajan el volumen de su móvil en el tren para que todo el vagón no haya de seguir las peripecias del chino peleón que protagoniza la película que está viendo. O incluso que usan auriculares. Hay gente que, en lugar de dar explicaciones sobre la mansedumbre de su perro, lo ata para que no moleste a la gente que no les tiene tanto cariño.
Todo ello define a quienes creen en la convivencia respetuosa y es la base que sustenta a la gente que no participa en las discusiones para convencer al contrario de su postura, sino para comprobar si la suya se mantiene firme ante los argumentos contrarios. Que no quiere discutir, sino debatir, un fino matiz q indica la presencia de un interés común: buscar la verdad. Muchas personas desearían q las discrepancias fueran expuestas sin acritud, incluso con algún punto de humor. Sin implicar el sacrificio (metafórico) del oponente ni su exclusión de la lista de personas apreciadas. Una forma de aprender y mejorar sin ser causa de ataques de ansiedad.

Hay gente q tiene problemas, problemas serios y preocupantes que le hacen mirar el mundo con miedo. Para superarlo se encierra en su torre y desconfía de todo y de todos, maldice lo q no conoce, sospecha de lo que es diferente. Cree q así podrá sobrevivir porque sus verdades se lo garantizan. Como quienes creen haber descubierto la solución definitiva, la verdad y lo defienden con una vehemencia q roza con la furia. Otros, se creen poseedores de la verdad verdadera como dice la gente pequeña y se acostumbran a mirar al resto desde la atalaya en la que se sienten invulnerables.
En el miedo está la base de la autodestrucción. No protege sino que nos hace vulnerables y tristes
